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Hangar rojo – 2026 – Juan Pablo Sallato – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo vivir un golpe de Estado pegado al cogote de un capitán

 

El chileno Juan Pablo Sallato firma Hangar rojo, una película pequeña en duración pero bastante grande en impacto.

 

Del director no hay demasiada información pública ni una filmografía extensa y conocida en el circuito comercial internacional.

 

Todo apunta a que se mueve sobre todo en el ámbito del cine independiente chileno y de los festivales.

 

Con Hangar rojo parece dar un salto importante de visibilidad.

 

Y, visto lo visto, sería buena idea seguirle la pista.


 

 

Cutrecomentario

 

La segunda jornada del Festival de Málaga arrancó con una de esas sorpresas que te reconcilian con levantarte temprano para ir al cine.

 

Porque a veces pasa lo contrario: madrugas, te tragas un café malísimo del festival y luego la película es peor que el café. Pero aquí no.

 

Hangar rojo es una producción chilena rodada en un blanco y negro precioso, de esos que parecen tallados con cincel.

 

Dura apenas 81 minutos, lo cual, en tiempos de películas que duran lo mismo que una boda gitana, ya es un alivio.

 

La historia nos pega literalmente al cogote del capitán Jorge Silva durante las horas previas y posteriores al golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile.

 

Ese día en el que Augusto Pinochet y compañía decidieron que la democracia era un concepto demasiado moderno para ellos y que el presidente Salvador Allende debía desaparecer del mapa.

 

El capitán es un militar de carrera: disciplinado, serio, responsable. Un tipo que cree en la cadena de mando.

 

El problema llega cuando la cadena de mando empieza a exigir cosas que chocan de frente con la Constitución y con la conciencia.

 

Ahí está el corazón de la película: el dilema moral de un hombre atrapado en medio de una maquinaria que empieza a devorar todo lo que toca.

 

El actor Nicolás Zárate sostiene prácticamente toda la película sobre sus hombros. Y lo hace con una interpretación sobria, contenida y muy inteligente. Apenas necesita gestos grandes: con miradas, silencios y pequeñas tensiones en el rostro transmite perfectamente la inquietud y el conflicto interno del personaje.

 

La película funciona como thriller político, como drama íntimo y como reconstrucción histórica. Y lo hace sin necesidad de discursos ni de grandes explicaciones. Todo se respira en el ambiente: la tensión, el caos, el miedo, la sensación de que el país se está rompiendo en pedazos.

 

En apenas hora y veinte consigue transmitir muchísimo.

 

Es de esas películas que salen pequeñas en presupuesto pero grandes en densidad dramática.

 

Ahora bien, no todo es perfecto en esta vida. Porque Sallato tiene una fijación preocupante con los planos de cogote. Mucho plano detrás del capitán, siguiendo su nuca como si la película fuera un documental sobre cervicales. Y ya se sabe: el plano-cogote es uno de los pecados capitales del lenguaje cinematográfico.

 

Aun así, el resultado es soberbio.

 

Una película seca, tensa, muy bien medida, que te mete dentro de una situación moral imposible.

 

Y lo mejor: te obliga a preguntarte qué habrías hecho tú.

 

Que es, probablemente, la pregunta más incómoda que puede provocar una película. Y también la más interesante.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Festivales 2026

7/03/2026

 

 

 

 

 

2026

Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

 

 

 

 

 

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Corredora – 2026 – Laura García Alonso – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

7/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Correr para no pensar (o cómo huir de tus propios fantasmas)

 

La directora Laura García Alonso firma Corredora, que ha presentado en el Festival de Málaga 2026.

 

No es una cineasta especialmente conocida todavía y su filmografía es muy breve, por lo que esta película funciona prácticamente como carta de presentación.

 

En bases de datos de cine apenas aparecen trabajos previos relevantes como largometraje, lo que sitúa a Corredora en el terreno de la ópera prima o del primer trabajo con cierta visibilidad dentro del circuito festivalero.

 

 

Cutrecomentario

 

Corredora nos cuenta la historia de Cris, una atleta de élite que vive en un centro de alto rendimiento y cuya especialidad es, básicamente, correr. Correr mucho. Correr siempre. Correr como si le persiguiera algo. Y, en cierto modo, sí: le persigue su propio pasado.

 

La protagonista está interpretada con bastante naturalidad por Alba Sáez, que da vida a una chica marcada por una tragedia temprana: la muerte de su madre cuando era niña. Desde entonces su vida ha sido una huida constante hacia adelante.

 

Correr como terapia, correr como anestesia emocional, correr como si el cronómetro pudiera borrar los recuerdos.

 

Pero el pasado tiene la mala costumbre de volver. Y lo hace en forma de delirios paranoides que se cuelan en su cabeza y que le empujan a comportamientos cada vez más inquietantes.

 

No estamos ante el típico drama deportivo de superación personal con música épica de fondo. Aquí la carrera es más mental que física.

 

Alrededor de Cris orbitan dos figuras clave: su hermana, interpretada por Marina Salas, y su padre, al que da vida Álex Brendemühl. Ambos representan esa mezcla de amor, desconcierto y miedo que suele rodear a la enfermedad mental en las familias.

 

Porque uno de los grandes aciertos de la película es abordar un tema que rara vez se muestra con claridad en el cine: la psicosis y los delirios paranoides.

 

La película muestra algo muy real: el enfermo muchas veces no reconoce su enfermedad y la sociedad, por su parte, tampoco sabe muy bien qué hacer con ella. A eso se suma otro detalle incómodo pero cierto: los efectos secundarios de la medicación antipsicótica pueden ser muy duros, lo que convierte el tratamiento en una carrera de obstáculos.

 

Así que Chris sigue corriendo. Corre porque no sabe hacer otra cosa. Corre para intentar dejar atrás una mente que a veces parece ir en su contra.

 

El resultado es una película interesante, bastante sólida y con un tema de fondo potente.

 

No es cine de palomitas ni pretende serlo.

 

Más bien es una historia sobre cómo convivir con una mente que, de vez en cuando, decide jugar en tu contra.

 

Y sobre lo poco preparada que sigue estando la sociedad para entender algo tan complejo como la enfermedad mental.

 

En resumen: una película que se ve con interés, que abre un melón incómodo y que recuerda que, a veces, la carrera más dura no es la que se hace en la pista, sino la que ocurre dentro de la cabeza.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Altas capacidades – 2026 – Víctor García León – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

7/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mi hijo es superdotado… o eso digo yo en el grupo de WhatsApp del cole

 

Víctor García León, especialista en observar nuestras pequeñas miserias

 

El madrileño Víctor García León lleva años moviéndose con bastante soltura en el territorio de la comedia incómoda, esa que mira a la clase media con una mezcla de ironía y mala leche.

 

Debutó con Más pena que gloria (2001), una película que ya dejaba claro su gusto por los personajes algo perdidos.

 

Después firmó Selfie (2017), una sátira política muy afilada sobre el hijo pijo de un ministro corrupto que fue muy celebrada en festivales.

 

También ha trabajado en televisión en series como Vota Juan, Vamos Juan o Venga Juan, donde volvió a demostrar su habilidad para retratar el ridículo humano sin demasiada piedad.

 

Su cine suele fijarse en personajes bastante patéticos… lo cual, siendo sinceros, nos incluye a casi todos.


 

 

Cutrecomentario

 

Altas capacidades se mueve en el terreno de la comedia social contemporánea, ese territorio en el que uno se ríe… pero también se reconoce un poquito en la pantalla, lo cual siempre da un poco de vergüencilla.

 

La historia gira alrededor de una pareja interpretada por Marian Álvarez e Israel Elejalde, padres de un niño llamado Fer (Fernando para los documentos oficiales, Fer para el caos cotidiano) que empieza a dar problemas en su colegio público.

 

La solución que aparece en el horizonte es la típica fantasía aspiracional de cierta clase media: llevar al niño a uno de esos colegios privados carísimos donde, además de educar al crío, parece que también te suben el estatus social automáticamente. Algo así como comprarte un coche de alta gama… pero con uniforme escolar.

 

En medio de todo este lío aparece el jefe del personaje de Israel Elejalde, interpretado por Juan Diego Botto, que está francamente estupendo haciendo de ese jefe gilipollas que cree que es gracioso. De esos que sueltan bromitas incómodas en la oficina mientras todo el mundo sonríe por compromiso. Cada vez que aparece en pantalla la película gana bastante vida.

 

Botto demuestra, una vez más, que es un actor magnífico.

 

La película arranca con una idea bastante potente y con bastante brío.

 

Parece que va a convertirse en una sátira bastante mordaz sobre el postureo social, esa obsesión moderna por aparentar que tu hijo es un genio, un talento especial o, en el peor de los casos, un incomprendido por el sistema educativo.

 

Pero poco a poco la cosa se va suavizando. El guion prometía más mala leche de la que finalmente ofrece, y uno se queda con la sensación de que podría haber sido una comedia mucho más afilada.

 

Lo curioso es que prácticamente todos los personajes son bastante idiotas. No se salva casi nadie. Padres obsesionados con el ascenso social, entornos escolares absurdos, egos inflados… todo el mundo tiene algo de ridículo.

 

Los únicos personajes que parecen tener algo de sentido común son los padres del personaje de Marián Álvarez, que funcionan como una especie de oasis de cordura dentro del caos.

 

Y también destaca Natalia Reyes, que interpreta a la viuda de un narco asesinado cuyo hijo, Samu, también estudia en ese mismo colegio. Su personaje aporta un contrapunto curioso y bastante interesante dentro de este microcosmos social.

 

La película no aburre, avanza con soltura y tiene momentos divertidos.

 

Pero deja la sensación de que ese guion, que apuntaba maneras muy prometedoras, podría haber dado más de sí.

 

Eso sí, la idea de fondo está muy bien tirada: vivimos en una sociedad donde el postureo lo invade todo, y donde muchos padres están convencidos de que su hijo es especial, único y extraordinario… aunque a veces lo único extraordinario sea la capacidad de negarse a ver la realidad.

 

En resumen: Altas capacidades es una comedia simpática y reconocible que se deja ver con agrado, aunque uno sale del cine pensando que podría haber sido bastante más salvaje.

 

Y quizá también pensando en el grupo de WhatsApp del cole… que da para otra película entera.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

 

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Calle Málaga – 2025 – Maryam Touzani – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

7/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando tu hija quiere vender tu casa… y tú solo quieres bajar a comprar tomates

 

Maryam Touzani, una cineasta que mira a los personajes con cariño

 

La directora marroquí Maryam Touzani se ha convertido en una de las voces más interesantes del cine del Magreb en los últimos años.

 

Antes de ponerse detrás de la cámara fue actriz y guionista, colaborando estrechamente con Nabil Ayouch.

 

Como directora llamó mucho la atención con Adam (2019), un delicado drama sobre dos mujeres que conviven en Casablanca, y dio un paso más con El caftán azul (The Blue Caftan, 2022), una película elegante y muy celebrada en festivales que incluso fue la candidata de Marruecos a los Óscar.

 

Su cine suele moverse en territorios íntimos: personajes heridos, emociones contenidas y conflictos domésticos que terminan diciendo mucho sobre la sociedad en la que viven.

 

No es una directora de grandes aspavientos; lo suyo es la mirada tranquila y la sensibilidad.


 

 

Cutrecomentario

 

Calle Málaga llega con una buena carta de presentación: pasó por el Festival de Venecia y además fue la película elegida por Marruecos para representar al país en los Premios Óscar. Pero más allá de ese pedigrí festivalero, lo que realmente sostiene la película es un nombre propio: Carmen Maura.

 

Aquí interpreta a Mari Ángeles, una señora mayor que vive en Tánger, donde nació, hija de españoles y completamente integrada en el barrio. Su universo es pequeño pero muy reconocible: el tendero de confianza, el verdulero, el paseo por la calle y esa sensación maravillosa de pertenecer a un sitio donde todo el mundo te conoce.

 

Ese lugar se llama Calle Málaga —sí, existe de verdad— y es su pequeño paraíso cotidiano.

 

Pero claro, el cine vive de los problemas, no de la felicidad estable.

 

Y el conflicto llega cuando aparece su hija, interpretada por Marta Etura, que está pasando por un divorcio complicado. Necesita dinero y resulta que la casa donde vive la madre está a su nombre porque el padre la puso así en su día.

 

Traducido al castellano claro: hay que vender la casa.

 

Y aquí empieza el drama. Porque Mari Ángeles se encuentra de repente con una decisión brutal encima de la mesa: abandonar la casa de su vida, irse a una residencia o trasladarse a Madrid con su hija a un entorno que no conoce y que probablemente le resulte hostil.

 

La película juega con un tono muy cálido, casi de caricia emocional.

 

Touzani no busca el melodrama desatado sino algo más suave: la empatía.

 

Habla de algo bastante universal, esa curiosa ceguera que a veces tienen los hijos cuando creen que la vida de sus padres mayores ya está prácticamente amortizada.

 

Pero resulta que no.

 

Porque incluso en la tercera edad se puede seguir viviendo, eligiendo, riendo… e incluso enamorándose. Y eso le ocurre a Mari Ángeles cuando aparece en su vida un anticuario que le devuelve una chispa que parecía apagada.

 

El ritmo es tranquilo, sosegado, de esos que hoy en día algunos espectadores llaman “lento” y otros llaman “civilizado”.

 

Es una película tierna, amable y sin demasiadas pretensiones, pero precisamente ahí está su encanto: no intenta epatar, intenta emocionar.

 

Y lo consigue.

 

Además, Carmen Maura está magnífica. Tiene esa mezcla de ironía, fragilidad y carácter que hace que el personaje resulte absolutamente creíble.

 

Después de la proyección en el Festival de Málaga, en la rueda de prensa estuvo encantadora y dejó una frase muy sensata: para ella lo importante es que las películas las vea la gente, porque hacer cine para que nadie lo vea no tiene demasiado sentido.

 

No le falta razón.

 

Calle Málaga termina con un final abierto que deja flotando la pregunta sobre qué significa realmente “tener un hogar”.

 

Y sales del cine con la sensación de haber visto una historia pequeña… pero muy humana.

 

Ojalá encuentre su público. Porque es de esas películas que no hacen ruido, pero dejan buen sabor de boca.

 

Y en estos tiempos de explosiones digitales y superhéroes musculados, eso casi se agradece.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Ser o no ser – 1942 – Ernst Lubitsch – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

6/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ernst Lubitsch (1892-1947) fue uno de los grandes maestros del cine clásico, nacido en Berlín y posteriormente figura clave en Hollywood.

 

Empezó como actor y director en el cine alemán mudo, donde ya destacó con comedias sofisticadas y operetas filmadas.

 

En los años veinte se trasladó a Estados Unidos y se convirtió en uno de los directores más elegantes de la comedia hollywoodiense.

 

Su estilo refinado y lleno de insinuaciones dio lugar a lo que se llamó el famoso “toque Lubitsch”.

 

Entre sus películas más celebradas están Ninotchka (1939), El bazar de las sorpresas (1940) y Ser o no ser (1942).

 

Lubitsch dominaba como pocos el arte de sugerir más que mostrar, con un humor inteligente y muy europeo.

 

Su influencia en la comedia romántica y en el cine sofisticado sigue siendo enorme.

 

Ser o no ser (1942), dirigida por Ernst Lubitsch, tuvo un impacto social muy peculiar porque se estrenó en plena Segunda Guerra Mundial, cuando el nazismo estaba en su momento de mayor poder en Europa.

 

La película utilizaba la comedia y la sátira para ridiculizar a Hitler y al aparato nazi, algo que en 1942 resultaba bastante atrevido. De hecho, a algunos espectadores y críticos de la época les pareció inapropiado bromear con un tema tan trágico mientras la guerra estaba en curso.

 

Sin embargo, con el paso del tiempo la película se convirtió en un ejemplo brillante de cómo el humor puede ser una herramienta política poderosa.

 

Lubitsch desmontaba la solemnidad del nazismo mostrando a los jerarcas como personajes ridículos y mediocres, lo que tenía un claro efecto desmitificador.

 

Además, la película también fue significativa porque defendía el papel del teatro, la cultura y la inteligencia frente al totalitarismo.

 

Los protagonistas, una compañía teatral polaca, utilizan precisamente la interpretación y el engaño escénico para burlar a los nazis.

 

Hoy Ser o no ser se considera una de las grandes sátiras políticas de la historia del cine y una demostración de que incluso en los momentos más oscuros el humor puede ser una forma de resistencia.

 

Poco se puede decir de Ser o no ser que no se haya dicho ya. Una de las mejores comedias de la historia del cine.

 

Diálogos ingeniosos, divertidos, dichos a velocidad de vértigo. Con un ritmo impresionante. Sin que la trama decaiga en ningún momento.

 

Actores en estado de gracia.

 

Frases memorables. Hemos hecho con Polonia lo mismo que Joseph Tura hizo con Hamlet.

 

Es un gran homenaje a los actores de teatro. ¿Quién mejor que ellos para interpretar una trama de espías?

 

Carole Lombard está maravillosa es el núcleo de la trama y el único personaje femenino. Fue su última peli. Murió en un accidente aéreo después de regresar de una gira de venta de bonos de guerra. Lógicamente la frase de “¿Qué puede suceder en un avión?” fue eliminada de la película.

 

Miriam Hopkins fue la elección original de Maria TuraCarole Lombard interpretó el papel a pesar de la intensa oposición de su marido, Clark Gable.

 

Después de terminar el rodaje, Carole Lombard dijo a mucha gente que esta película fue la experiencia más feliz de su carrera de principio a fin.

 

Cuando el padre de Jack Benny fue a ver esta película, se indignó al comprobar a su hijo con uniforme nazi en la primera escena y salió de la sala.

 

Cuando estalla la guerra en Polonia hay una escena donde lápidas son destruidas por los bombardeos de las fuerzas alemanas. Una de las tumbas de piedra que se rompe tiene el nombre de “Benjamin Kubelsky“, el nombre de nacimiento de Jack Benny.

 

Según el libro ‘The United Artists Story‘ de Ronald Bergan: “Desafortunadamente, en su lanzamiento, Pearl Harbor había sido atacado, Alemania estaba barriendo a toda Europa, y la estrella de la película, Carole Lombard, murió en un accidente aéreo. Por tanto, ni los críticos, ni los públicos estaban de humor para reír, encontraron la película de mal gusto y cruel. A través de los años, sin embargo, recuperó sus costes de producción y se convirtió en un clásico”.

 

Ernst Lubitsch era judío, nacido en Rusia pero nacionalizado alemán, se trasladó a EE.UU. a los treinta años. Fue guionista, actor, productor pero su faceta más conocida fue la de director de más de 70 películas. Supo imprimir a todas sus obras de un carácter especial, lo que se ha dado en llamar el toque Lubitsch.

 

Como decía su colega y admirador Billy Wilder: “durante veinte años todos nosotros intentamos encontrar el secreto del toque Lubitsch. De vez en cuando, con un poco de suerte, lográbamos algún que otro metro de película que brillaba momentáneamente como si fuera de Lubitsch, pero no era realmente suyo”.

 

El toque Lubitsch era como el aroma de un buen vino que todo el mundo detecta y degusta pero que nadie acierta a explicar del todo. Estaba compuesto por un argumento elegante y sofisticado, por un refinamiento que se deslizaba a menudo hacia la ironía fina. En cada escena era tanto lo que se sugería como lo que se mostraba y, en muchas de sus películas, subyacía un erotismo tan sutil, que los censores nunca podían cortarlo, porque no se puede cortar un aroma.

 

Eran las de Lubitsch comedias de apariencia ligera pero que deslizaban un compromiso moral y social.

 

El 13 de marzo de 1947, Hollywood le dedicó un Oscar especial por toda su carrera. En el escenario sufrió un súbito dolor en el pecho. Logró recuperarse, pero ocho meses más tarde otro ataque al corazón acabó con él. Tenía 55 años.

 

Cuando terminó el entierro, Billy Wilder le comentó con tristeza al director William Wyler“Se acabó Lubitsch”. Y Wyler replicó: “Peor aún, se acabaron las películas de Lubitsch”.

 

No recuerdo cuando fue la primera vez que vi esta peli, pero desde luego fue en mi infancia en televisión. En casa la hemos visto en muchas ocasiones. Me sé las escenas y tengo risa anticipatoria, me parto antes de tiempo porque sé lo que va ocurrir.

 

Se ha injuriado a Lubitsch calificando de ligera una comedia sobre la ocupación alemana de Polonia. A mí me parece que la mejor manera de vencer a la fuerza bruta de las armas y a la sinrazón de la violencia es con la inteligencia del humor y la ironía.

 

Mi puntuación: 10/10.

 

 

 

Dirigido por Ernst Lubitsch:

 

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Alcarria TV – Al Cine con Ramón – Goya 2026 – Los premiados, la gala, el famoseo – #Goya2026

6/03/2026

 

 

 

 

 

Programa semanal para radio y televisión dedicado al cine y a las series.

 

Coordinado por José Luis Solano y con la presencia del productor y cinéfilo Diego Gismero y con la del crítico de cine Ramón Bernadó.

 

Espacio grabado en Zoom para Alcarria TV y EsRadio Guadalajara.

 

Se analizan las películas que son estrenadas en los Multicines Guadalajara y las series de todas las plataformas de streaming.

 

Goya 2026 – Los premiados, la gala, el famoseo – #Goya2026

 

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The Rocky Horror Picture Show (Musical) – 1975 – Jim Sharman – Academia de Cine

6/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

The Rocky Horror Picture Show o cuando el cine decidió ponerse corsé, medias de rejilla… y perder la vergüenza para siempre.

 

El director

 

El responsable de este delirio maravilloso es Jim Sharman, director australiano más conocido por su trabajo en teatro que por una extensa carrera cinematográfica.

 

De hecho, The Rocky Horror Picture Show (1975) es, con diferencia, su película más famosa y la que lo convirtió en una figura de culto.

 

Antes había dirigido Shirley Thompson vs. the Aliens (1972), una rareza de ciencia ficción bastante olvidada.

 

Pero su verdadero terreno era el escenario: Sharman había dirigido en teatro el musical original The Rocky Horror Show, escrito por Richard O’Brien, y fue precisamente él quien llevó esa locura escénica al cine.

 

Después su carrera en el cine fue bastante irregular, con títulos como The Night the Prowler (1978).

 

Pero nada volvió a alcanzar el impacto cultural de esta película, que terminó convirtiéndose en una de las mayores obras de culto de la historia del cine.

 

Vamos, que hizo una y le salió inmortal.

 

 

Cutrecomentario

 

En la Academia de Cine tocaba sesión especial y allí apareció uno acompañado de su adorada Gema para ver The Rocky Horror Picture Show.

 

Una película mítica, legendaria, de culto absoluto… y que, sorprendentemente, nunca había visto entera.

 

Eso sí, trozos había visto miles: números musicales, escenas sueltas, comentarios, homenajes y esas performances delirantes que cada año montan los fans.

 

Porque esta película tiene ya más de cincuenta años y sigue generando auténticos rituales colectivos. No muchas pueden decir lo mismo.

 

La Academia organizaba el pase con toda la lógica del mundo: una de sus protagonistas es una jovencísima Susan Sarandon, que este año ha recibido el Goya de Honor Internacional. Así que era una buena excusa para revisitar el asunto.

 

Y lo cierto es que la película sigue funcionando estupendamente.

 

Es una gamberrada monumental.

 

Un musical descarado, provocador, muy libre y absolutamente hijo de su tiempo.

 

Un cine que quiere romper moldes y divertirse con ello.

 

Si hubiera que definirla de forma rápida, sería algo así como The Rocky Horror Picture Show mezclando ciencia ficción serie B, sexualidad desatada y números musicales pegadizos.

 

La historia arranca con una pareja de novios bastante inocentes que acaban en un castillo donde vive el inolvidable Dr. Frank-N-Furter, interpretado por un desatado Tim Curry, que directamente se come la pantalla.

 

Lo que ocurre a partir de ahí es un festival de excesos, humor, provocación y canciones que se te quedan pegadas al cerebro como un chicle en una suela.

 

La película celebra el sexo, la libertad, lo raro, lo extravagante y lo que en los años setenta todavía escandalizaba bastante. Y lo hace con una alegría contagiosa. Hay momentos verdaderamente hilarantes.

 

Los números musicales funcionan de maravilla.

 

Canciones como “Time Warp” o “Sweet Transvestite” se convirtieron en auténticos himnos y hoy forman parte de la cultura popular.

 

Y luego están los actores: Tim Curry está sencillamente fabuloso, absolutamente desatado.

 

Susan Sarandon, jovencísima, ya apuntaba maneras.

 

Y el resto del reparto entra perfectamente en este carnaval de extravagancias.

 

Los decorados son de cartón piedra, sí. Pero eso forma parte del juego.

 

La película no pretende realismo: pretende diversión. Y lo consigue.

 

Uno sale del cine con la sensación de haber visto algo muy libre, muy divertido y muy poco frecuente hoy en día. Ese tipo de cine que simplemente quiere que el público se lo pase bien.

 

Cine gamberro del bueno. Del que ya se hace poco.

 

Por cierto, no consta que Carlos Boyero haya escrito específicamente sobre esta película.

Pero uno sospecha que probablemente diría algo parecido a: “no es mi tipo de fiesta”.

 

 

Algunas curiosidades del fenómeno

 

  • La película fracasó en su estreno en 1975. Sí, fracasó. Pero empezó a proyectarse en sesiones de medianoche en cines de Estados Unidos y se convirtió en un fenómeno de culto imparable.

 

  • Es el film que más tiempo ha permanecido en cartelera de forma continuada en la historia del cine. Décadas proyectándose en pases nocturnos.

 

  • En muchas proyecciones los espectadores van disfrazados, cantan las canciones y participan activamente en la película. Es casi más un espectáculo que una proyección.

 

  • Tim Curry ya interpretaba al Dr. Frank-N-Furter en el musical original de teatro, y repitió el papel en el cine.

 

  • Durante el rodaje, Susan Sarandon enfermó de neumonía porque muchas escenas se rodaron empapada y con frío.

 

  • El creador del musical y actor en la película, Richard O’Brien, ideó la historia como un homenaje a las películas de terror y ciencia ficción de serie B de los años 50.

 

 

En resumen: una película irrepetible, provocadora, divertida y absolutamente libre.

 

Y eso, en el cine, siempre se agradece. Aunque te obligue a salir del cine con ganas de bailar el Time Warp. Y eso ya no hay quien lo evite. 💃🕺

 

Mi puntuación: 8,55/10.

 

 

 

Dirigido por Jim Sharman:

 

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Los miserables. El origen – Jean Valjean – 2025 – Éric Besnard – #YoVoyAlCine

6/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo pasar de cabreado profesional a persona decente gracias a un cura con paciencia infinita.

 

 

El director

 

El francés Éric Besnard no es ningún recién llegado. Lleva años moviéndose con soltura en el cine histórico y en ese cine francés de época que parece rodado entre pan recién hecho, barro y dignidad humana.

 

Empezó como guionista —por ejemplo en Babylon A.D. (2008), de Mathieu Kassovitz—, pero donde realmente ha brillado es como director.

 

Entre sus películas más conocidas están Le Goût des merveilles (2015), la estupenda Delicioso (Délicieux, 2021), ambientada en el nacimiento de la restauración moderna en Francia, y Louise Violet (2024).

 

Besnard suele apostar por historias humanistas, personajes que buscan redención y una puesta en escena muy pegada a la tierra.

 

Nada de artificios innecesarios: barro, campo, personas y conflictos morales. Vamos, lo que le va perfecto a Victor Hugo.

 

 

Cutrecomentario

 

Esta Los miserables: el origen se centra en la primera etapa del personaje de Jean Valjean, cuando todavía es básicamente un señor cabreado con la humanidad.

 

No es para menos: acaba en la cárcel por un delito injusto y sale de allí convertido en una mezcla entre animal herido y bomba emocional a punto de estallar.

 

La película arranca precisamente en ese punto: un tipo que ha perdido la fe en todo y que ve el mundo como un sitio donde lo único que merece la pena es devolver los golpes.

 

Pero claro, entonces aparece el famoso obispo que le da cobijo. Y ahí está el corazón de la historia: el momento en que una persona puede elegir entre seguir siendo un cabrón resentido o intentar convertirse en alguien decente.

 

No es un dilema menor. Básicamente es la eterna pregunta: ¿somos lo que nos hacen o lo que decidimos ser?

 

La película plantea esa idea con bastante inteligencia.

 

No es una versión histérica ni melodramática.

 

Besnard opta por un tono bastante sobrio, incluso naturalista.

 

Mucho exterior, paisajes que huelen a campo francés del siglo XIX y decorados que parecen reales, no de cartón piedra.

 

Se agradece: aquí no hay sensación de parque temático histórico.

 

Además, la narración está muy bien estructurada. Va directa al conflicto moral del personaje sin ponerse demasiado solemne. Algo que, tratándose de Victor Hugo, ya es mérito.

 

Otra cosa interesante es que no intenta competir con otras versiones de Los miserables. Y menos todavía con el musical cinematográfico Los miserables (2012) de Tom Hooper, que jugaba a otra liga completamente distinta: canciones, lágrimas y primeros planos sudorosos.

 

Aquí la apuesta es otra: contar el origen del personaje con un tono más contenido, más adulto, casi reflexivo.

 

Una película pensada para un público que disfruta de los dilemas morales más que de los numeritos musicales.

 

Y lo cierto es que funciona. Porque cuando una historia habla de algo tan básico como la posibilidad de elegir entre ser buena persona o convertirse en un psicópata resentido… siempre resulta interesante.

 

En resumen: una adaptación sobria, bien rodada, con un aire muy naturalista y que podría ser perfectamente el arranque de una saga dedicada a Los miserables. Y si siguen por este camino, no sería mala idea.

Por cierto, no me consta que Carlos Boyero haya escrito todavía sobre esta película. Aunque uno se lo imagina diciendo algo así como: “no está mal, pero sigo prefiriendo cuando Jean Valjean canta”. Y tampoco sería raro. 😏

 

#YoVoyAlCine

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Éric Besnard:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Goya 2026 – Los premiados, la gala, el famoseo – #Goya2026

3/03/2026

 

 

 

 

 

 

Barcelona, ciudad de Goya y de furgón policial

 

Barcelona es un decorado natural. Eso ya lo sabíamos. Pero vestida de Goya, con su brisilla fresca y su cielo de “mejor ponte bufanda”, tenía ese punto de ciudad europea encantada de haberse conocido.

 

Susan Sarandon, Goya Internacional de Honor, dijo que era la mejor ciudad española por su gente, sus museos, su arquitectura y su gastronomía. Vamos, que si le dan cinco minutos más, se empadrona en Gràcia.

 

No desaproveché la ocasión de visitar la Sagrada Familia, que ya luce su torre central. Impresiona. Sales de allí con tortícolis y cierta sensación de insignificancia existencial. El día no acompañaba mucho para pasear, pero cayeron kilómetros como si estuviera entrenando para la San Silvestre Vallecana.

 

Eso sí: me llamó poderosamente la atención el despliegue policial. Mossos por todas partes. En el tren desde Atocha —con agentes recorriendo vagones como si buscaran a alguien que hubiera ganado un Goya sin estar nominado— y un festival de furgones en los alrededores del auditorio. Supongo que la presencia del presidente del Gobierno ayudó a que aquello pareciera más una cumbre internacional que una gala de cine.

 


 

 

Premios: la noche de Alauda Ruiz de Azúa

 

La gran vencedora moral y artística fue Alauda Ruiz de Azúa con Los domingos, que se llevó los premios gordos: película, dirección, guion,  actriz protagonista para Patricia López Arnaiz y actriz de reparto para Nagore Aranburu. Cinco Goyas de los que pesan.

 

Es verdad que Sirat acumuló seis, pero más en el terreno técnico. Mucho mérito también, pero ya sabemos cómo funciona esto: el titular se lo lleva quien conquista el trío dirección-película-guion.

 

En su discurso, Ruiz de Azúa recordó a Isabel Coixet y Pilar Miró, subrayando lo excepcional que sigue siendo que una mujer gane el Goya a mejor dirección. Y ahí el aplauso fue sincero.

 

Ojo a Miriam Garlo, hermana de la directora y protagonista, que se llevó el Goya a actriz revelación.

 

Y mención especial a Álvaro Cervantes, premiado por Sorda, que aprovechó para hablar de discapacidad con naturalidad y elegancia. Me alegré muchísimo por él… y lamenté que su hermana, Ángela, no se llevara el cabezón por La furia, porque estaba extraordinaria. Pero bueno, si lo ganó Patricia López Arnaiz, tampoco vamos a quejarnos demasiado.

 

Y el Goya a mejor actor protagonista fue para José Ramón Soroiz por Máspalomas, encarnando a ese anciano homosexual lleno de matices. Discurso en euskera, breve y contenido. Milagro en la tierra.

 

 


 

 

Una gala más corta… y más plana

 

Duró hora y cuarto menos que la del año pasado. ¿El motivo? Agradecimientos comprimidos. Nadie hizo la lista telefónica de Albacete. Incluso José Ramón Soroiz, que prometía discurso enciclopédico, fue conciso. Bien.

 

El problema no fue la duración. Fue el contenido. Mucha ristra de nombres sin relato. Mucho “gracias a todos” sin que sepamos muy bien a qué.

 

Los presentadores, Rigoberta Bandini y Luis Tosar, no estuvieron finos.

 

Guion flojísimo, cero chispa.

 

Todo muy plano.

 

El único momento con algo de vida fue el discurso institucional de Fernando Méndez-Leite, que coló la única broma decente de la noche.

 

Muy bien Susan Sarandon, generosa con España y hasta con su presidente.

 

Elegante Gonzalo Suárez en su intervención, con Maria de Medeiros entregando el Goya de Honor.

 

Y siempre estimulante escuchar a Albert Serra, que tiene más personalidad que la mitad del patio de butacas junto.

 

Pero, en conjunto, gala aburrida.

 

Más corta, sí. Más vibrante, no.

 


 

 

 

Actuaciones musicales: entre el aprobado y el ole

 

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Si el año pasado las actuaciones tuvieron más brillo que una chaqueta de lentejuelas, este año se quedaron en notable raspadito.

 

El arranque fue con Rigoberta Bandini y Luis Tosar, apareciendo desde detrás del escenario con Hoy puede ser un gran día. Ella tirando de potencia vocal, que la tiene. Él… bueno, digamos que actuar se le da mejor que afinar. Fue un inicio digno, simpático, sin fuegos artificiales.

 

Uno de los momentos más bonitos llegó con Tu Mirá. Alba Molina y Ángeles Toledano, acompañadas por 14 niños de la Escolania del Orfeó Català, se marcaron una versión emocionante del clásico de Lole y Manuel. Aquí sí hubo duende, sensibilidad y un montaje escénico impecable. Para mí, la mejor actuación de la noche. Vibró todo. Hasta los que estaban mirando el móvil, que no eran pocos.

 

Cerca de la medianoche apareció el combo pop: Ana Mena junto a La Casa Azul, mezclando español e italiano en una versión muy particular de La Bamba (con ese aire eurovisivo que siempre entra bien a esas horas). Correcto, vistoso, pero sin hacer historia.

 

El bloque catalán tuvo doble homenaje:
Bad Gyal con Arrels de Gràcia reivindicando la rumba barcelonesa al estilo Gato Pérez, y la propia Rigoberta Bandini interpretando Tot cor, del mallorquín Tomeu Penya, en catalán. Fue un guiño claro a la sede y a la identidad cultural del lugar.

 

Y luego llegó el momento serio: el In Memoriam. Este año ha sido especialmente doloroso para la Academia; una auténtica sangría de nombres ilustres.

Belén Aguilera y Dani Fernández interpretaron Si te vas mientras desfilaban los rostros de quienes nos dejaron. Silencio respetuoso y alguna lágrima furtiva.

Un homenaje, también, a Roberto Iniesta.

Belén comenzó la actuación, que subió de nivel cuando Roberto entró en escena. Es una pena porque  ella no se le entendía la potente letra de una estupenda canción.

 

En conjunto, actuaciones bien resueltas, aunque sin la chispa memorable de otras ediciones.

 

Eso sí, imagino a Susan Sarandon con el Goya Internacional en la mano, mirando a su alrededor mientras sonaba flamenco y rumba catalana a todo trapo, y pensando: “Vale, esto en Hollywood no lo tengo cada domingo”.

Y oye, por eso también molan los Goya.

 

Noche de cine y reivindicación política

 

Este año en Barcelona los Premios Goya han estado salpicados de mensajes políticos. Que si Free Palestine por aquí, que si discursos sobre genocidios y guerras por allá… El cine español se manifiesta, como ha hecho casi siempre.

 

Desde la alfombra roja hubo actores y actrices con pin de solidaridad con Gaza y mensajes pidiendo el fin de la violencia, y se notó que el conflicto israelo-palestino fue el tema recurrente de la noche.

 

En el escenario fueron frecuentes las referencias a conflictos internacionales.

 

La noche se convirtió en un altavoz moral.

 

Pero claro, las reacciones no fueron unánimes: hubo quien habló de “propaganda” y de empacho de consignas, y hasta comentarios que insinuaban que quizá sobraba pancarta en una gala que, en teoría, iba de cine.

 

Al final, el debate quedó servido: ¿son los Goya un escenario legítimo para posicionamientos públicos? ¿O debería haber más focos en las películas que en las banderas?

 

Como dijo hace poco Ana Belén (aunque hablando de cine y política en general), “todo es político, incluso la vida cotidiana”.

 

Guste o no, en esta edición los discursos, las intervenciones y los símbolos políticos tuvieron bastante protagonismo.

 

 

 

Organización y fiesta: menos brillo

 

Aquí hay que decirlo claro: organización deficiente.

 

Llegada de autobuses caótica, entrada con aglomeración impropia de un evento de este nivel.

 

Nada que ver con la calidez y el orden de Granada o Valladolid en años anteriores.

 

La fiesta posterior —3.500 invitados, que se dice pronto— parecía una macrodiscoteca industrial.

 

Música altísima, imposible conversar sin dejarse las cuerdas vocales.

 

Catering más flojo que en otras ediciones. Y no es una opinión aislada: era comentario generalizado entre académicos.

 

Barcelona no transmitió el calor popular que sí se vivió en otras sedes. Más protocolo que pasión.

 


 

 

 

El famoseo: abrazos y confidencias

 

Recorrimos la nave entera, como quien hace inspección técnica del cotilleo.

 

No vimos a todos los amigos que queríamos, pero sí nos encontramos con Diego Ferro, siempre simpático, siempre cercano.

 

Pudimos felicitar a Álvaro Cervantes y transmitirle nuestra admiración (y nuestra pequeña espinita por su hermana).

 

Conversamos un rato con Oliver Laxe, director de Sirat, entrañable y sincero como siempre.

 

Y cuando ya nos íbamos, apareció Albert Serra. Le expresé mi admiración y se arrancó con charla larga: próximo proyecto casi terminado, reparto internacional, temas de actualidad… y objetivo claro: Cannes. Muy francés él. Y muy querido allí. No me extrañaría verlo en la Croisette.


 

 

 

Epílogo

 

Viaje agotador, sí. Horas intensas, también. Pero participar en la gran fiesta anual del cine español sigue siendo un privilegio.

 

Aunque la gala sea aburrida. Aunque el catering flojee. Aunque haya más Mossos que chistes.

 

Al final, estar allí compensa. Porque el cine —cuando es bueno— siempre merece la pena. Y el Goya, con sus luces y sus sombras, sigue siendo nuestro gran ritual colectivo.

 

 

 

 

 

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El salario del crimen – 1964 – Julio Buchs

26/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el sueldo no da… pero la femme fatale sí pasa factura

 

Julio Buchs fue uno de esos directores todoterreno del cine español que se movió con soltura entre el thriller, el western patrio y el cine de aventuras.

 

No era precisamente un estilista, pero sí un narrador eficaz.

 

Firmó títulos como Muerte en primavera (1962), el western Antes llega la muerte (1964) o la popular El hombre que mató a Billy el Niño (1967).

 

Su cine siempre tuvo algo de producto industrial, pero sabía adaptarse al género que tocara… y aquí se mete de lleno en el noir a la española.

 

Porque sí: el cine español también tuvo su cine negro. Y El salario del crimen es un ejemplo bastante canónico.

 

Aquí tenemos a Arturo Fernández en modo policía serio —sí, serio— interpretando a un inspector joven, metódico y aparentemente íntegro, bajo la supervisión de un comisario encarnado por José Bódalo. Un rostro que era prácticamente patrimonio nacional televisivo y cinematográfico de la época.

 

Pero claro, todo noir necesita su elemento desestabilizador… y aquí aparece la francesa Françoise Brion, ejerciendo de mujer fatal con elegancia venenosa.

 

Resulta llamativo que se recurriera a una actriz extranjera para este papel.

 

En plena España franquista, quizá una actriz nacional no podía permitirse ser tan peligrosamente seductora sin que el moralómetro se disparara.

 

La historia gira en torno a la caída de este policía honrado, arrastrado a un nivel de vida que su sueldo no puede sostener. Lujos, caprichos, excesos… y la inevitable pendiente hacia el abismo. Noir clásico: la tentación no viene con pistola, sino con perfume caro.

 

El reparto se completa con caras tan reconocibles como Manuel Alexandre —en un papel de policía que la propia película se permite bromear, porque ni sus compañeros parecen creérselo—, además de Tomás Blanco, José María Caffarel y Margot Cottens.

 

La película está bien dirigida, bien armada y con una atmósfera sorprendentemente oscura para el cine español de los 60.

 

Quizá el final se entrega demasiado al melodrama, como si el castigo moral tuviera que quedar bien subrayado para pasar el filtro de la época.

 

Un noir castizo donde el crimen no paga… pero la mala vida sí se cobra intereses.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

Dirigido por Julio Buchs:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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No hay crimen impune – Down Three Dark Streets – 1954 – Arnold Laven

26/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Tres crímenes, un FBI y ni una sola femme fatale… esto sí que es innovar

 

Arnold Laven fue uno de esos artesanos eficaces del Hollywood de los 50 que quizá no tenga el aura de autor, pero sí una filmografía muy sólida dentro del policiaco y el western televisivo y cinematográfico.

 

Codirigió Sin ley y sin alma (Without Warning!, 1952) y más tarde desarrolló una carrera muy ligada a la televisión, participando en series míticas como The Rifleman.

 

En cine firmó títulos como Gerónimo (1962) o El glorioso regreso de los siete (1966).

 

No era un revolucionario, pero sabía perfectamente dónde colocar la cámara y cómo hacer que la historia avanzara sin marear al espectador.

 

Lo curioso de No hay crimen impune es que se presenta como cine negro… sin serlo del todo.

 

Es más bien un procedural de manual, casi didáctico, donde el FBI se marca un publirreportaje elegante resolviendo tres casos distintos.

 

La película arranca con el asesinato de un agente federal y, a partir de ahí, el relato se ramifica en tres investigaciones que orbitan —cómo no— alrededor de tres mujeres muy distintas.

 

Ahí aparecen Ruth Roman y Marisa Pavan, aportando matices emocionales más que tentaciones fatales.

 

Aquí no hay vamp ni humo de cigarrillo en penumbra. Hay burocracia, método y eficacia.

 

Broderick Crawford lidera la función como agente del FBI con ese rostro que parece haber sido tallado a base de expedientes y café frío.

 

Todo el conjunto desprende un aroma propagandístico bastante evidente: el FBI como maquinaria perfecta en tiempos de Eisenhower (detalle subrayado con su retrato presidiendo comisarías).

 

Y, sin embargo, funciona. Porque está muy bien rodada, con planos sobrios pero precisos, y un tono inquietante que convierte lo rutinario en desasosegante.

 

No hay glamour del noir clásico, pero sí una sensación constante de amenaza y de orden intentando imponerse al caos.

 

Un policiaco seco, sin grasa, sin femme fatale… y sorprendentemente eficaz. Como un informe bien redactado: no emociona, pero convence.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Arnold Laven:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Centauros de la Alcarria – Episodio 150 – La películas que siempre quisiste ver en el cine: Wilder Cinema

26/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

El programa ampliado y extendido se puede oír en el Podcast de Centauros de la Alcarria.

 

 

Centauros de La Alcarria es un programa de cine de Nueva Alcarria, que se difunde en GuadaTV Media, con la presencia del veterano cutrecomentarista Ramón Bernadó.

 

Van a diseccionar la cartelera de los Multicines Guadalajara, hablando de estrenos y de eventos cinematográficos en la provincia de Guadalajara.

 

Sin olvidar referencias a los clásicos y las fobias y las filias cinéfilas que padecen.

 

Además todas las semanas desarrollan un debate sobre la película más interesante de la cartelera, en sección Spoiler Total.

 

Este programa se puede ver en la tele de Guadalajara, en YouTube, en Instagram y escuchar en Ivoox y Spotify. Lo puedes encontrar en mi web y en la de Nueva Alcarria.

 

Centauros de la Alcarria en Nueva Alcarria

 

Podcast de Centauros de la Alcarria

 

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SER O NO SER (Teatro y Cine) – Bichobola – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

24/02/2026

 

 

 

 

 

 

SER O NO SER

Teatro y Cine

 

 

¡Ah, el teatro!… ¿Quiere saber lo que es teatro?

Un circo de pulgas, una ópera, un rodeo, carnavales, ballets, bailes de tribus indias, marionetas, un hombre orquesta…

¡Todo eso es teatro! Donde haya magia y ficción y un auditorio, allí hay teatro.

El pato Donald, Ibsen y Pirandello, Sarah Bernhardt y Cocteau Payaso, Lani Fontaine, Betty Grable, Rex el caballo salvaje, Leonora Luce, todo es teatro.

 

No los comprende uno a todos. ¿Y qué importa? El teatro es para todos. Así que no apruebe o desapruebe. Tal vez no sea su teatro, pero es el teatro de alguien en algún sitio.

 

“Eva al desnudo”

1950, Joseph L. Mankiewicz

 

 

 

 

 

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Sin conexión – Is This Thing On? – 2025 – Bradley Cooper – #YoVoyAlCine

24/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

¿Divorcio, comedia y stand-up o crisis de mediana edad con micrófono?

 

Si el matrimonio fuera una frase… sería “¿esto está encendido?”.

 

Bradley Cooper nos trae una película sobre separar sábanas, guarda compartida y reinventarse contando chistes como si tu suegra estuviera en primera fila.

 

 

Bradley Cooper, de galán a alma creativa

 

Bradley Cooper no es precisamente nuevo en esto del cine, pero su evolución de actor a director es más interesante que sus tatuajes ocultos.

 

Como intérprete lo hemos visto en pelis taquilleras y aclamadas (El lado bueno de las cosas, American Sniper). Como director debutó con A Star Is Born (2018), un dramón musical que sí emocionó y le valió varias nominaciones al Oscar, y continuó con Maestro (2023), biopic intenso sobre Leonard Bernstein.

 

Con Sin conexión (Is This Thing On?) llega a su tercera peli como director, co-escrita con Will Arnett y Mark Chappell, y vuelve a meter la cámara entre emociones adultas, humor y empatía.

 

 

El cutrecomentario

 

Esta cinta se mete de lleno en ese terreno peligroso que es el matrimonio que se acaba: sin fuegos artificiales, pero con muchos trastos recogiendo polvo.

 

Will Arnett y Laura Dern interpretan a Alex y Tess, un matrimonio de toda la vida que decide tomar caminos separados… lo que viene siendo “divorcio con clase” pero con mil dudas existenciales.

 

El giro divertido (o eso intenta) es que Alex, en plena crisis de los 50 y sin saber muy bien qué hacer con su vida, se lanza al mundo del stand-up en Nueva York.

 

Vamos, que si antes le costaba decir “te quiero”, ahora dice verdades frente a un micro. Y ahí está la gracia: ver a un tipo con crisis de mediana edad aprendiendo chistes mientras intenta no arruinar el brunch con sus hijos. 

 

El tono de la película es amable, frágil y sensible, como un buen vino que no te emborracha pero te deja pensando.

 

No esperes carcajadas estruendosas ni escenas de slapstick; aquí el humor viene de la vulnerabilidad, los silencios incómodos y las burradas que uno se dice cuando cree que nadie escucha.

 

La química entre Arnett y Dern es lo que sostiene el tinglado.

 

Él, con su humor seco y ligero, y ella, con esa presencia casi pétrea que derrite al espectador a base de miradas, hacen que la película funcione justo cuando podría haberse desplomado por exceso de introspección. 

 

Tampoco falta ese toque neoyorquino de fondo: clubes de comedia, cafés sin luz natural y madres que te juzgan mientras tomas un capuchino.

 

El resultado es un retrato sincero de cómo reinventarse después de que la placa de matrimonio deje de brillar.

 

 

 

En resumen

 

Sin conexión es una comedia dramática adulta y tierna sobre reinventarse tras un divorcio… con humor, sensibilidad y alguna que otra lágrima.

 

No es la típica comedia ligera que ves con palomitas. Más bien es como esa conversación honesta que tienes a las 2 a. m. con tu mejor amigo después de demasiados cafés.

 

Puede que no todos se rían, pero seguro que más de uno se reconoce en alguna de sus escenas.

 

¿Matrimonio? Puede que no esté encendido… pero sigue teniendo chispa.

 

Mi puntuación: 6,76/10.

 

 

 

Dirigido por Bradley Cooper:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Little Amélie (Animación) – 2025 – Mailys Vallade, Liane-Cho Han Jin Kuang – #YoVoyAlCine

24/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Filosofía en pañales y existencialismo con chupete

 

Hay películas de animación que entretienen. Otras que emocionan. Y luego están las que te hablan de identidad, memoria y trauma infantil… cuando la protagonista todavía está aprendiendo a caminar.

 

 

Cuatro líneas sobre las directoras

 

La película está codirigida por Mailys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang, dos nombres muy ligados a la animación francesa contemporánea.

 

Vallade ha trabajado como animadora en títulos de prestigio como J’ai perdu mon corps (I Lost My Body), mientras que Han Jin Kuang ha participado en producciones como Calamity o Le Sommet des Dieux (La cumbre de los dioses).

 

Aquí dan el salto a una adaptación delicada y literaria, con un estilo visual muy cuidado y bastante personalidad.

 

 

El cutrecomentario

 

La historia sigue a una niña belga criada en Japón que vive el mundo con una intensidad casi mística.

 

Lo que en otras películas sería “una infancia exótica”, aquí se convierte en tratado metafísico con dibujos preciosistas y ritmo contemplativo.

 

Visualmente es una maravilla. Colores suaves, composición elegante, una animación que no necesita aspavientos digitales para resultar hipnótica.

 

Se nota la tradición francesa: sensibilidad, gusto por el detalle y cero estridencias.

 

Ahora bien. Que sea animación no significa que sea infantil. Esto no es para ponerle a los críos mientras haces la cena.

 

Aquí se habla de identidad cultural, de sentirse extranjera, de la construcción del yo… y de cómo una niña puede experimentar el mundo con una intensidad casi filosófica.

 

Tiene momentos muy hermosos, casi suspendidos en el tiempo. Y también algún tramo donde el lirismo roza lo solemne. Pero incluso cuando se pone intensa, lo hace con honestidad.

 

No busca la carcajada. Busca la emoción íntima. Y la encuentra más de una vez.

 

 

En resumen

 

Little Amélie es animación adulta en el mejor sentido: sensible, reflexiva y visualmente muy elegante.

 

Puede que a algunos les parezca demasiado pausada o demasiado “intensa para ser una niña”.

 

Pero tiene algo que no es tan frecuente: personalidad.

 

Y eso, en tiempos de animación clónica, ya es bastante.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por Mailys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El fantasma de mi mujer – 2026 – María Ripoll – #YoVoyAlCine

24/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El fantasma de mi mujer – Cuando el más allá debería haberse quedado allí

 

Hay películas malas. Hay películas fallidas. Y luego está esta cosa, que consigue que uno mire el reloj como si estuviera esperando un rescate aéreo.

 

 

Cuatro líneas sobre María Ripoll

 

María Ripoll lleva años moviéndose con soltura en la comedia comercial española.

 

Debutó con Lluvia en los zapatos, que tuvo cierto recorrido internacional, y después ha firmado títulos como Ahora o nunca o No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, siempre en el terreno de la comedia romántica ligera.

 

Es una directora con oficio, que sabe rodar y que suele conectar con el público amplio.

 

Por eso duele más cuando algo sale tan rematadamente torcido.

 

 

El cutrecomentario

 

Voy a ser claro: es de lo más horroroso que he visto en mucho tiempo.

 

Una comedia catastrófica, con personajes ridículos que parecen escritos en una servilleta de bar y situaciones absurdas que se encadenan como si alguien hubiera confundido “ritmo” con “hiperactividad sin sentido”.

 

No hay gracia. No hay química. No hay lógica interna. Solo una sucesión de tonterías que te van sacando poco a poco de la película hasta que lo único que te pide el cuerpo es salir huyendo de la sala como si realmente hubiera un fantasma… pero del cine español haciendo ruidos raros.

 

No dudo de las buenas intenciones de María Ripoll. Pero la ejecución es un desastre. Y lo que ya me dejó completamente desconcertado fue escucharla comparar la película con las screwball comedies de los años 30 de Howard Hawks.

 

Por favor. Un poco de respeto.

 

Las comedias de Hawks —Luna nueva, La fiera de mi niña— eran precisión de relojería: diálogos afilados, ritmo endiablado, guerra de sexos con inteligencia y actores en estado de gracia.

 

Aquí no hay sofisticación, ni velocidad verbal, ni tensión romántica divertida. Hay ruido. Y bastante.

 

El problema no es que sea ligera. El problema es que es torpe. No es que sea disparatada. Es que es deslavazada. No es que sea blanca. Es que es blandita.

 

Y cuando una comedia no hace gracia, se convierte en un ejercicio de resistencia.

 

 

 

En resumen

 

El fantasma de mi mujer es un producto fallido. Una comedia que pretende ser desenfadada y termina siendo exasperante.

 

Sales del cine no enfadado, sino triste. Porque cuando el cine comercial español funciona, funciona muy bien. Pero cuando se estrella así, lo hace con estrépito.

 

Y lo peor es que ni siquiera el fantasma logra asustar.

 

Solo provoca ganas de desaparecer.

 

Mi puntuación: 2,22/10.

 

 

 

Dirigido por María Ripoll:

 

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Enter the Void – 2009 – Gaspar Noé – Filmin

24/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Viaje lisérgico a Tokio con billete solo de ida (y sin garantía de cordura)

 

Si alguna vez te has preguntado cómo sería morirse, salir flotando de tu cuerpo y convertirte en un dron espiritual colocado hasta las cejas… Gaspar Noé tiene la respuesta. Y no es corta. Ni cómoda.

 

 

Cuatro líneas (psicotrópicas) sobre Gaspar Noé

 

Gaspar Noé, argentino criado en Francia, es ese director que no rueda películas: las lanza como cócteles molotov.

 

Se dio a conocer con Solo contra todos y dejó al personal en shock con Irreversible (sí, la de la escena que nadie quiere volver a ver).

 

Luego llegaron Love, Climax y Vortex, todas fieles a su estilo: experiencias sensoriales extremas, sexualidad explícita, violencia, culpa y una cámara que parece poseída.

 

Con Enter the Void (2009) se metió en Cannes y salió con fama reforzada de cineasta radical. Y aquí no hay medias tintas.

 

 

El cutrecomentario

 

La película arranca en Tokio, luces de neón, drogas, sexo, música electrónica y un protagonista, Nathaniel Brown, que hace de camello filosófico con trauma infantil incorporado. A los veinte minutos ya sabes que esto no va a ser una tarde tranquila.

 

Y entonces pasa lo que pasa. Y lo que parecía una peli de colegas colocados se convierte en una experiencia extracorpórea en primera persona. Literalmente. La cámara se despega del cuerpo y empieza a sobrevolar la ciudad como si fueras el espíritu del protagonista con resaca existencial.

 

La referencia clara es el Libro tibetano de los muertos, y Noé lo asume sin disimulo: muerte, tránsito, reencarnación. Todo pasado por un filtro psicodélico que convierte Tokio en una maqueta fluorescente que parece diseñada por un DJ con insomnio.

 

Técnicamente es una barbaridad. Planos secuencia imposibles, travellings que atraviesan techos, suelos y úteros (sí, úteros), una cámara subjetiva que te obliga a mirar lo que igual preferirías no mirar. Es cine inmersivo antes de que la palabra se pusiera de moda.

 

Ahora bien. ¿Es fácil? No. ¿Es cómoda? Tampoco. ¿Se pasa de intensidad? Pues depende de tu umbral de tolerancia al delirio visual. Hay quien sale fascinado y quien necesita una tila doble.

 

Lo interesante es que, debajo de la provocación marca de la casa, hay una historia tristísima sobre dos hermanos rotos, abandono, culpa y dependencia emocional. El problema es que para llegar a esa emoción tienes que atravesar tres capas de neón, sexo explícito y viajes astrales.

 

 

¿Y Carlos Boyero?

 

Carlos Boyero, en El País, no fue precisamente fan. Reconocía la ambición visual y el riesgo, pero le parecía excesiva, reiterativa y agotadora. Vamos, que admiraba el despliegue técnico, pero no conectaba con la experiencia. Y es comprensible: esto no es una peli que se vea, es una peli que se sobrevive.

 

 

En resumen

 

Enter the Void no es cine para todos los públicos. Ni siquiera para todos los cinéfilos.

 

Es una experiencia sensorial radical sobre la muerte, la memoria y el deseo.

 

Puede parecer pretenciosa. Puede parecer hipnótica. Puede parecer una fiesta rave metafísica que se alarga demasiado. Probablemente es todo eso a la vez.

 

Pero lo que no es, desde luego, es indiferente.

 

Y en tiempos de cine anestesiado, que un director te meta dos horas y pico de trance existencial con luces de neón… casi se agradece.

 

Eso sí, mejor verla despejado. O al menos con el móvil apagado y la mente abierta. Porque Gaspar Noé no te lleva de la mano. Te empuja al vacío.

 

Mi puntuación: 7,85/10.

 

 

 

Dirigido por Gaspar Noé:

 

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Gran Torino – 2008 – Clint Eastwood – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

24/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Clint Eastwood camino a la redención.

 

Hay actores que envejecen. Y luego está Clint Eastwood, que directamente se convierte en monumento nacional con ceño fruncido.

 

En Gran Torino (2008) no interpreta a un personaje: interpreta a una época que se resiste a morir a base de improperios y cerveza caliente.

 

 

Cuatro líneas (intensas) sobre Clint Eastwood

 

A estas alturas hablar de Clint Eastwood es hablar de Historia del Cine con mayúsculas.

 

Icono del spaghetti western con Por un puñado de dólares y El bueno, el feo y el malo bajo la batuta de Sergio Leone, policía expeditivo en Harry el sucio y director mayúsculo desde hace décadas.

 

Como realizador ha firmado títulos esenciales como Sin perdón (Oscar a mejor película y director), Mystic River, Million Dollar Baby (otros dos Oscar gordos), Cartas desde Iwo Jima o El francotirador.

 

En Gran Torino, además de dirigir, se reserva el papel protagonista. Y lo hace como quien se sirve un whisky sin hielo: seco, directo y sin pedir permiso.

 

 

El cutrecomentario

 

Walt Kowalski es ese vecino que todos hemos tenido o temido tener.

 

Veterano de la guerra de Corea, viudo, racista de manual, gruñón profesional y con una relación con sus hijos que podría resumirse en: “os tolero porque sois genéticamente inevitables”.

 

La América blanca, obrera y cabreada encapsulada en un señor que limpia su fusil mientras el barrio cambia de piel. El mundo evoluciona. Él no. O eso cree.

 

La película arranca casi como una comedia incómoda. Los improperios que suelta Eastwood serían hoy material para tres hilos indignados en X y dos tertulias matinales. Pero lo interesante es que no estamos ante una apología del racismo, sino ante su autopsia.

 

El choque con la comunidad hmong —vecinos asiático-estadounidenses recién llegados— funciona como detonante moral.

 

El chaval, Bee Vang, y su hermana, Ahney Her, no son caricaturas. Son la puerta de entrada a una redención que no pasa por el discurso, sino por los actos.

 

Y aquí está la jugada maestra: Eastwood no hace un panfleto. Hace una historia clásica, casi fordiana, sobre el sacrificio. El viejo pistolero que entiende que su tiempo ya pasó y que quizá su último disparo no sea con balas.

 

Hay ecos clarísimos de Sin perdón: el hombre violento que ya no quiere serlo, el peso de la culpa, la violencia como fracaso moral.

 

Pero aquí cambia el paisaje del western por un barrio industrial de Detroit y el caballo por un coche mítico: el Ford Gran Torino de 1972, símbolo de una América que ya no existe más que en la memoria de quienes la idealizan.

 

La escena final es puro clasicismo narrativo. Sin alardes. Sin pirotecnia. Solo un gesto que redefine todo lo que hemos visto antes.

 

Y sí, emociona. Aunque uno entre en la película pensando que va a ver a Eastwood gruñendo durante dos horas (que también).

 

 

¿Qué dijo Carlos Boyero?

 

Carlos Boyero escribió en El País una crítica muy elogiosa en su momento, destacando la honestidad y la emoción seca del film.

 

Señalaba precisamente eso: que Eastwood consigue conmover sin manipular, y que su personaje, pese a ser políticamente incorrectísimo, está tratado con una humanidad incontestable. Vamos, que no era una boutade geriátrica, sino cine del bueno.

 

 

En resumen

 

Gran Torino es una película sobre el relevo generacional, la culpa, el racismo, la redención y la identidad americana. Pero sobre todo es una despedida. No oficial, porque Eastwood siguió rodando después, pero sí simbólica.

 

Es el último pistolero aceptando que el Oeste se urbanizó y que ahora la heroicidad consiste en algo mucho más difícil que apretar el gatillo.

 

Y lo mejor es que lo hace sin dar lecciones, sin subrayados y sin música que te diga cuándo llorar.

 

Solo un viejo, su perro, un coche impecable y una última decisión.

 

Cine clásico. Del que ya casi no se fabrica.

 

Mi puntuación: 8,66/10.

 

 

 

Dirigido por Clint Eastwood:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Greenland 2 – Greenland 2: Migration – 2026 – Ric Roman Waugh – #YoVoyAlCine

22/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el meteorito no te mata… te hacen secuela

 

Si la primera era “corre que viene una piedra gigante”, esta es “corre que ahora hay que mudarse”. Y ya sabemos que una mudanza siempre es más dura que el apocalipsis.

 

 

 

Ric Roman Waugh, el especialista en tipos duros sudando

 

Ric Roman Waugh no es ningún recién llegado al cine de acción testosterónica.

 

Antes de ponerse a evacuar medio planeta ya había dirigido a Gerard Butler en Objetivo: la Casa Blanca (2013) y Objetivo: Washington D.C. (2019), además de la carcelaria Criminal (2008).

 

Su filmografía se mueve cómoda entre hombres con mandíbula apretada, amenazas globales y patriotismo musculado.

 

No es Terrence Malick, pero tampoco lo pretende.

 

Va a lo suyo: adrenalina y gesto serio.

 

 

Cutrecomentario

 

Estamos ante una película que da exactamente lo que promete. Ni más ni menos.

 

Si alguien entra en la sala esperando una reflexión metafísica sobre la fragilidad de la civilización, mejor que se vaya a ver El árbol de la vida y deje esto tranquilo.

 

Greenland 2: Migration es puro entretenimiento de manual.

 

Catástrofes, huidas, discursos solemnes, familia en peligro y ese catálogo de tópicos del cine de aventuras que parece descargado en un pack 2×1.

 

El problema no es que sea tópica; el problema es que no intenta ni disimularlo.

 

Hay poco argumento entre explosión y explosión y la trama avanza como puede, sin que nadie se moleste demasiado en explicar nada.

 

Lo más llamativo —y aquí me pongo un poco gruñón— es la actuación de Gerard Butler, que está francamente pésimo.

 

Repite ese protagonismo testosterónico y viril que ya conocemos: mirada intensa, sacrificio épico y frase solemne mientras todo arde detrás.

 

Funciona si te gusta ese tipo de héroe. Si no, te puede resultar un poco paródico.

 

He echado en falta algo que ya empieza a ser cansino en este tipo de producciones: mujeres con más peso real.

 

Morena Baccarin tiene presencia y carisma suficientes como para haber liderado la función y convertirse en la verdadera salvadora. Pero no. El sacrificio final, el gesto heroico y el aplauso moral vuelven a recaer en el macho alfa de turno. Una oportunidad perdida.

 

¿Decepciona? No creo.

 

El que disfrutó la primera parte encontrará aquí lo mismo, quizá con menos sorpresa y más rutina.

 

Es cine de catástrofes pensado para pasar el rato, comer palomitas y salir sin haber aprendido nada.

 

Que tampoco pasa nada. A veces el cine es eso: una montaña rusa.

 

El problema es cuando la montaña rusa ya la has montado tres veces y sabes exactamente dónde viene la curva.

 

Hasta el momento, que conste, no consta ningún comentario público de Carlos Boyero sobre esta secuela. Si lo hace, prometo leerlo con palomitas.

 

Mi puntuación: 5,54/10.

 

 

 

Dirigido por Ric Roman Waugh:

 

Ficha: En este enlace.

 

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No hay otra opción – No Other Choice – 2025 – Park Chan-wook – #YoVoyAlCine

22/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

En busca del empleo perdido.

 

Adaptación de la novela The Ax de Donald E. Westlake, que ya fue llevada al cine en la película Arcadia, dirigida por Costa-Gavras en 2005.

 

Park Chan-wook es uno de los grandes maestros del cine surcoreano moderno, conocido por su elegante brutalidad y su precisión milimétrica.

 

Alcanzó fama internacional con la Trilogía de la Venganza, especialmente Oldboy (2003), un clásico del cine extremo.

 

Su estilo combina violencia estilizada, ironía negra y una puesta en escena de orfebre.

 

Ha demostrado también sutileza con filmes como La doncella y Decision to Leave.

 

Es un autor que convierte la venganza y el deseo en poesía visual… y en trauma inolvidable.

 

Este autor nos ofrece una elegante mezcla de comedia negra y thriller.

 

Un ingeniero pierde su empleo y va a hacer “todo lo necesario” para conseguir un nuevo trabajo.

 

Además de componer un film muy divertido, nos muestra el individualismo de nuestra sociedad y la lucha personal por la supervivencia sin que las barreras morales se lleguen a interponer.

 

Se mueve bien entre la comedia y el drama personal, con muchos elementos de crítica social.

 

Olé por el coreano!!!

 

Mi puntuación: 8,83/10.

 

 

 

Dirigido por Park Chan-wook:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La maldición de Shelby Oaks – 2024 – Chris Stuckmann – #YoVoyAlCine

22/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La desaparición de Riley.

 

Chris Stuckmann (Ohio, 1988) empezó grabándose en su habitación opinando sobre pelis y terminó dirigiendo una: Shelby Oaks (2024).

 

Es como si el youtuber que llevas dentro hubiese conseguido presupuesto.

 

Su superpoder es encontrarle virtudes hasta a un blockbuster destrozado por la crítica.

 

Habla de cine con tanto entusiasmo que te dan ganas de ver hasta Sharknado 5.

 

Aquí comienza su película como un falso documental, para luego adentrarse en la investigación de la hermana de la desaparecida. 

 

Esta señora va recorriendo escenarios turbadores.

 

La parte final es la más competente, aunque la llegada a esta casa en el bosque es bastante gratuita argumentalmente.

 

Alguna escena impactante colabora a mejorar una película que se salva por un final tópico, pero potente.

 

Un film lleno de buenas ideas, pero que no terminan de estar bien entrelazadas.

 

Mi puntuación: 5,65/10.

 

 

 

Dirigido por Chris Stuckmann:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Éxtasis – Ekstase (Ecstasy) – 1933 – Gustav Machatý

21/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Éxtasis (1933): la yegua, el orgasmo y el ingeniero de caminos.

 

Podría parecer que estamos ante una película de 1933 cuyo único aliciente es ver a una jovencísima Hedy Lamarr —que entonces aún no se llamaba así, sino Hedwig Kiesler— desnuda y simulando un orgasmo. Y sí, eso está. Pero reducir Éxtasis a esa anécdota sería como decir que Metrópolis va solo de rascacielos.

 

Gustav Machatý, el elegante provocador

 

El director fue el checo Gustav Machatý, un tipo que ya había llamado la atención con Erotikon (1929), título que ya avisaba de por dónde iban los tiros.

 

También dirigió Nocturno (1934) y, años después en Hollywood, Jealousy (1945).

 

No es un nombre tan reivindicado como debería, pero aquí demuestra una modernidad formal que ya quisieran muchos.

 

En plena llegada del sonoro, cuando el cine se volvió parlanchín y parecía que si no había diálogo cada veinte segundos alguien se ponía nervioso, Machatý opta por lo contrario: silencios, música muy bien utilizada y apenas unas líneas de diálogo. Una decisión estética muy consciente que le da a la película un aire casi hipnótico.

 

 

Cutrecomentario (pero con cariño)

 

La historia es sencilla y bastante directa: una chica jovencísima (esa Hedwig Kiesler que luego el mundo conocería como Hedy Lamarr) se casa con un señor mayor que, en la noche de bodas, decide que lo más erótico del universo es abotonarse el pijama hasta el cuello. Resultado: frustración absoluta en un matrimonio sin pasión, sin deseo y sin chispa.

 

Un día ella se va a bañar al río. Deja la ropa sobre su yegua, y la yegua —que tiene más vida interior que el marido— siente la llamada de un caballo al otro lado de una cerca y sale disparada.

 

Ojo al simbolismo: el caballo como deseo, como pulsión, como energía sexual desatada. Nada sutil, pero muy eficaz. El animal reaparece varias veces como recordatorio de lo que está en juego.

 

Ella corre desnuda tras la yegua. Las escenas son sorprendentemente sobrias: se la ve de lejos, se le ven los pechos, pero no hay morbo de feria.

 

En esa persecución aparece el joven ingeniero que dirige la construcción de una carretera, al mando de una brigada de obreros. Él sujeta al caballo. Y ahí, claro, se sujeta algo más.

 

La famosa escena del orgasmo dura segundos y está filmada con enorme contención. No hay cuerpos desnudos entrelazados, no hay nada explícito: los amantes están vestidos. Lo escandaloso no es lo que se ve, sino lo que se sugiere. En 1933 aquello fue dinamita. Hoy quizá levantaría menos cejas… aunque viendo lo pacato que sigue siendo cierto cine actual, tampoco pondría la mano en el fuego.

 

El final es duro, incluso cruel. No lo desvelo. Pero sí diré que esas imágenes de los obreros trabajando con picos, casi coreografiados, recuerdan a cierto cine soviético de posguerra, con ecos de montaje ideológico que chocan un poco con el tono íntimo y pasional del resto del metraje. Es como si de repente la historia romántica se cruzara con una metáfora industrial bastante áspera.

 

Formalmente, la película tiene claras influencias del expresionismo alemán: contrapicados llamativos, fotografía contrastada, encuadres muy pensados. No es solo una película “escandalosa”. Es una película visualmente poderosa.

 

Sobre el escándalo: fue prohibida en varios países y el Vaticano la condenó. Y a Hedy Lamarr le pesó durante años, hasta el punto de que su primer marido intentó comprar todas las copias.

 

Ironías de la vida: aquella joven que escandalizó al mundo acabaría siendo también inventora de un sistema precursor del wifi y el Bluetooth. No estaba mal para “la chica del orgasmo”.

 

En resumen: sí, está la yegua. Sí, está el desnudo. Sí, está el orgasmo. Pero también hay cine del bueno, simbolismo nada disimulado, una puesta en escena moderna y una reflexión bastante valiente sobre el deseo femenino en una época en la que eso, directamente, no se filmaba.

 

Y eso, en 1933, era dinamita pura.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Dirigido por Gustav Machatý:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Película de culto y película clásica: dos categorías distintas en la historia del cine

20/02/2026

 

 

 

 

 

Película de culto y película clásica: dos categorías distintas en la historia del cine

 

En el debate cinematográfico contemporáneo hay dos etiquetas que se usan con frecuencia y, a veces, con cierta alegría conceptual: película de culto y película clásica.

 

No son sinónimos. Tampoco son categorías excluyentes. Y, sobre todo, responden a procesos históricos y culturales distintos.

 

Aclarar esa diferencia exige salir de la intuición y apoyarse en la teoría cinematográfica, en la sociología de la recepción y en la historia del canon.

 

No basta con decir que una gusta mucho y la otra gusta a todo el mundo. La cosa es bastante más compleja.

 

 

Qué es una película de culto

 

El término cult film empieza a consolidarse en el ámbito anglosajón a partir de los años setenta, asociado a las sesiones de medianoche y a la cultura alternativa.

 

No designa tanto una cualidad estética objetiva como un tipo de relación entre la obra y su público.

 

Autores como J. P. Telotte, Ernest Mathijs o Mark Jancovich han subrayado que el cine de culto se define por la intensidad de la devoción de sus seguidores, por la apropiación activa de la película y por su circulación fuera de los circuitos convencionales.

 

No es simplemente una película rara o minoritaria. Es una película que genera comunidad.

 

En muchos casos, además, el culto implica repetición ritual, citas memorizadas, proyecciones especiales, apropiaciones estéticas e incluso transformaciones performativas. La película deja de ser solo un texto y se convierte en práctica cultural.

 

Las características habituales que la bibliografía identifica son:

 

– Recepción inicial problemática, discreta o incluso fallida


– Estética o temática marginal, transgresora o excéntrica


– Público fiel que la reivindica, la cita, la representa y la ritualiza


– Relectura posterior que la resignifica

 

El culto no es una propiedad intrínseca. Es un fenómeno cultural construido históricamente.

 

 

Diez ejemplos de películas de culto y cómo llegaron a serlo

 

1. The Rocky Horror Picture Show (1975)

 

Dirigida por Jim Sharman, fue un fracaso comercial inicial.

 

Su verdadera vida comenzó en sesiones nocturnas en Nueva York, donde el público empezó a acudir disfrazado, cantar y dialogar con la pantalla.

 

El ritual colectivo la convirtió en fenómeno cultural duradero.

 

El culto aquí es performativo y comunitario.

 

 

2. Eraserhead (1977)

 

Primer largometraje de David Lynch, estrenado en circuitos alternativos.

 

Su estética industrial, su narrativa críptica y su atmósfera inquietante desconcertaron al público general, pero el boca a boca en proyecciones de medianoche la elevó a mito dentro del cine experimental.

 

 

3. Blade Runner (1982)

 

Dirigida por Ridley Scott, tuvo una recepción fría y problemas de montaje en su estreno.

 

Las versiones posteriores, especialmente el Director’s Cut de 1992, impulsaron su reevaluación crítica.

 

Hoy es referencia esencial de la ciencia ficción, pero su culto nació de la reivindicación cinéfila frente a la industria.

 

 

4. Donnie Darko (2001)

 

De Richard Kelly, pasó casi desapercibida en taquilla tras el 11-S.

 

El DVD y los foros online generaron una comunidad obsesiva que debatía teorías, líneas temporales y símbolos.

 

El entorno digital fue clave en su conversión en film de culto.

 

 

5. El gran Lebowski (1998)

 

Dirigida por Joel y Ethan Coen, fue recibida con tibieza crítica.

 

Con el tiempo surgieron festivales temáticos, convenciones y reuniones de seguidores.

 

La identidad del personaje de “The Dude” se convirtió en símbolo cultural alternativo.

 

 

6. The Room (2003)

 

De Tommy Wiseau, considerada una de las peores películas jamás realizadas.

 

Su torpeza narrativa generó fascinación irónica.

 

El culto nace aquí del fracaso extremo reinterpretado como experiencia colectiva y lúdica.

 

 

7. Pink Flamingos (1972)

 

Dirigida por John Waters, ejemplo paradigmático de cine underground.

 

Su provocación explícita generó rechazo y admiración.

 

El culto surge de la transgresión deliberada y del orgullo marginal.

 

 

8. Harold and Maude (1971)

 

De Hal Ashby, fracasó en taquilla.

 

La crítica posterior la reivindicó como comedia negra adelantada a su tiempo.

 

El boca a boca universitario fue decisivo en su consolidación como obra de referencia generacional.

 

 

9. La noche de los muertos vivientes (1968)

 

Dirigida por George A. Romero, inicialmente explotada como serie B.

 

Con el tiempo se reconoció su dimensión política y su innovación formal en el terror moderno.

 

El culto precedió a su reconocimiento académico.

 

 

10. Suspiria (1977)

 

De Dario Argento, admirada por su estilo visual extremo y su banda sonora hipnótica.

 

El culto nace de su estética sensorial radical y de su influencia en el terror estilizado posterior.

 

 

 

Qué es una película clásica

 

El concepto de clásico está ligado a la idea de canon.

 

Un clásico no es solo una película antigua. Es una obra que ha resistido el paso del tiempo, mantiene vigencia estética y temática y es reconocida por instituciones culturales, historiadores y crítica académica.

 

Autores como André Bazin, David Bordwell o Noël Burch han analizado la consolidación del canon cinematográfico en relación con la evolución del lenguaje fílmico.

 

El clásico suele:

 

– Ser influyente en la historia del cine


– Estar integrado en programas académicos y repertorios


– Haber recibido reconocimiento crítico sostenido


– Mantener capacidad de interpelación más allá de su época

 

El clásico es validado por la tradición crítica, la historiografía y las instituciones culturales.

 

 

 

Diez ejemplos de películas clásicas y por qué lo son

 

 

1. Casablanca (1942)

 

Dirigida por Michael Curtiz, ejemplo paradigmático del clasicismo hollywoodiense.

 

Su estructura narrativa, sus diálogos y su dimensión romántica forman parte del imaginario cultural global.

 

 

2. Lo que el viento se llevó (1939)

 

De Victor Fleming, hito industrial y cultural.

 

Su escala épica y su impacto histórico la consolidaron en el canon, pese a las relecturas críticas contemporáneas sobre su representación histórica.

 

 

3. El padrino (1972)

 

Dirigida por Francis Ford Coppola, influyó decisivamente en el cine criminal moderno.

 

Su prestigio fue inmediato y se ha mantenido durante décadas.

 

 

4. Ciudadano Kane (1941)

 

De Orson Welles, referencia habitual en estudios sobre lenguaje cinematográfico por su innovación formal en profundidad de campo y estructura narrativa.

 

 

5. 2001: Una odisea del espacio (1968)

 

Dirigida por Stanley Kubrick, considerada revolucionaria por su ambición filosófica y su diseño visual.

 

Influyó profundamente en la ciencia ficción posterior.

 

 

6. Ladrón de bicicletas (1948)

 

De Vittorio De Sica, piedra angular del neorrealismo italiano y modelo ético y estético para generaciones posteriores.

 

 

7. El séptimo sello (1957)

 

Dirigida por Ingmar Bergman, referencia existencial del cine europeo.

 

Su iconografía es parte del imaginario cinematográfico universal.

 

 

8. Psicosis (1960)

 

De Alfred Hitchcock, redefinió el suspense moderno y rompió convenciones narrativas en su momento.

 

 

9. La regla del juego (1939)

 

Dirigida por Jean Renoir, inicialmente incomprendida, hoy considerada obra maestra por su complejidad narrativa y su crítica social.

 

 

10. Los siete samuráis (1954)

 

De Akira Kurosawa, influyente en el cine de acción y en el western.

 

Su estructura dramática ha sido replicada en múltiples contextos.

 

 

 

Diferencias fundamentales

 

La película de culto se define por la intensidad de su recepción comunitaria.

 

La película clásica se define por su legitimación histórica y académica.

 

El culto es un fenómeno de apropiación cultural.

 

El clásico es un fenómeno de canonización institucional.

 

 

Cuando una película de culto se convierte en clásico

 

Hay obras que transitan de una categoría a otra.

 

Blade Runner es ejemplo claro: del fracaso comercial a referente académico.

 

También La noche de los muertos vivientes, hoy estudiada como texto político y social.

 

En estos casos, el culto precede a la canonización.

 

La comunidad de seguidores actúa como primera instancia crítica que luego es asumida por la historiografía.

 

 

Conclusión

 

Película de culto y película clásica no son términos equivalentes.

 

Una se define por la devoción activa de sus seguidores y por su circulación alternativa.

 

La otra por su reconocimiento histórico, institucional y académico.

 

Pero el cine, como fenómeno cultural vivo, permite cruces y desplazamientos.

 

Algunas películas nacen marginales y acaban en los manuales.

 

Otras fueron clásicos inmediatos sin pasar por el fervor minoritario.

 

En última instancia, ambas categorías revelan algo esencial: el cine no se define solo por lo que es, sino por cómo es recibido, interpretado y recordado.

 

 

 

Bibliografía consultada

 

Bazin, André. ¿Qué es el cine? Rialp.

 

Bordwell, David; Thompson, Kristin. Film History: An Introduction. McGraw-Hill.

 

Bordwell, David; Staiger, Janet; Thompson, Kristin. The Classical Hollywood Cinema. Columbia University Press.

 

Burch, Noël. El tragaluz del infinito. Cátedra.

 

Eco, Umberto. Apocalípticos e integrados. Lumen.

 

Jancovich, Mark et al. Defining Cult Movies. Manchester University Press.

 

Mathijs, Ernest; Mendik, Xavier (eds.). The Cult Film Reader. Open University Press.

 

Mathijs, Ernest; Sexton, Jamie. Cult Cinema. Wiley-Blackwell.

 

Telotte, J. P. The Cult Film Experience. University of Texas Press.

 

Brooker, Will. Using the Force: Creativity, Community and Star Wars Fans. Continuum.

 

Egan, Kate. Trash or Treasure? Manchester University Press.

 

British Film Institute. Sight & Sound Greatest Films Poll.

 

 

 

 

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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Sansón y Dalila – Samson and Delilah – 1949 – Cecil B. DeMille

19/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Sansón y Dalila: cuando el cartón-piedra se viene arriba (y el templo se viene abajo)

 

Sansón y Dalila: “Córtame el pelo… pero que sea con presupuesto (y con ventilador para Hedy Lamarr)”

 

Cuatro líneas sobre el director

 

Cecil B. DeMille fue el gran “arquitecto” del Hollywood bíblico y del espectáculo a lo bestia: si había que poner columnas, ponía veinte; si había que moralizar, moralizaba… con escote y sudor en Technicolor.

 

Venía de la era muda y se especializó en épica y melodrama con vocación de evento.

 

En su filmografía destacan Los diez mandamientos (1956), El mayor espectáculo del mundo (1952), Cleopatra (1934) y La señal de la cruz (1932), además de esta Sansón y Dalila (1949). 

 

 

Cutrecomentario (con cariño, pero con tijera afilada)

 

Hay un montón de versiones de la historia… la primera no fue la de 1949, ya existían adaptaciones mudas bastante anteriores (por ejemplo, Samson und Delila de Alexander Korda, estrenada en 1922).

 

O sea: DeMille no inventó a Sansón; lo que hizo fue inventarse el Sansón con perfume de superproducción.

 

Después de esta versión de Cecil B. DeMille, el mito bíblico ha ido reapareciendo de vez en cuando en pantalla, con resultados… digamos que muy irregulares.

 

En 1984 se hizo una versión para televisión dirigida por Lee Philips, bastante olvidable, de esas que parecen pensadas para verlas un domingo por la tarde mientras planchas.

 

Luego llegó una rareza absoluta en 1987: una producción indonesia dirigida por Sisboro Watamata Putra, que más que una adaptación parece una curiosidad arqueológica, de esas que uno ve por puro morbo cinéfilo y para poder decir “yo esto lo he visto”.

 

En 1996 hubo otra versión televisiva, bastante cutrecilla, cuyo principal reclamo —y casi único— era que Dalila estaba interpretada por Elizabeth Hurley, que es una actriz estupenda y, además, tenía el físico perfecto para convertir el personaje en una bomba sexy con túnica.

 

Y por si faltaba algo, en 2011 apareció una miniserie brasileña, otra de esas “raravis” que existen y ya, realizada por varios directores y con ese aire de producto local que uno se encuentra por sorpresa en una plataforma y piensa: “¿pero esto cuándo ha pasado?”

 

Samson & Delilah (2009) de Warwick Thornton no es bíblica. Es un dramón australiano sobre dos chavales indígenas; el título es metafórico, y ganó la Caméra d’Or en Cannes. Ahí no hay melena sagrada: hay realidad social y bofetada emocional.

 

Y ahora sí, a la de 1949: esta Sansón y Dalila pertenece a esa “épica de estudio” donde todo huele a decorado recién pintado y a túnica alquilada.

 

La peli presume de Technicolor y de “gran evento”, pero la sensación de falsito es comprensible: hay cartón-piedra, hay teatralidad y hay una coreografía de pelea que, a ratos, parece más “riña de verbena” que mito bíblico. Eso sí: en su momento fue un pepinazo comercial y terminó siendo el mayor éxito de taquilla de 1950 en EE. UU., además de llevarse Oscars técnicos (dirección artística y vestuario, entre otras nominaciones). 

 

Victor Mature como Sansón es bastante bastote. Él tiene ese rollo de armario empotrado con cara de “me han despertado de la siesta”, y DeMille lo explota como músculo antes que como personaje. Aun así, es curioso cómo el propio Mature volvió años después en la TV-movie de 1984 (dirigida por Lee Philips) en un cameo, como cerrando el círculo capilar. 

 

Pero el centro de la película es Hedy Lamarr. Dalila no es “la tentación” en abstracto: es deseo, orgullo herido, ambición, necesidad de ser amada y, a la vez, esa pulsión autodestructiva de “si no es mío, lo rompo”. Ella aguanta el desprecio, juega a la revancha, consigue enamorarlo… y cuando lo tiene, le sale la traición como si fuera un reflejo aprendido. Y lo más interesante: la película la quiere “villana”, pero Lamarr la hace protagonista trágica. 

 

Mención especial a ver a Angela Lansbury jovencísima, rubia y venenosa (qué gusto da ver nacer a una futura reina del “te sonrío mientras te apuñalo con educación”).

 

Y George Sanders como el líder filisteo (el “Saran”): voz de terciopelo para decir barbaridades con clase, como si estuviera pidiendo té. 

 

Lo de Gaza… Choca hoy por la resonancia contemporánea, pero en el imaginario bíblico y en la tradición histórica aparece como una de las grandes ciudades filisteas. Y ahí la peli, sin querer, te mete una palabra que ahora pesa una tonelada.

 

El derrumbe final… ay. En teoría es apoteosis, pero hoy se ve tosquete, con un “se cae el templo” que parece más un truco de sobremesa que el clímax del destino. (Lo bueno es que al menos no pusieron a un señor sujetando la columna con una cuerda fuera de plano… o eso espero.)

 

 

 

Bonus: ¿quiénes eran los filisteos hacia el 1000 a. C.?

 

Sin ponernos insoportables (solo un poquito):

 

  • Los filisteos fueron un pueblo del Levante mediterráneo asentado en la franja costera del sur de Canaán en la Edad del Hierro. Suelen vincularse (con matices y debate) a movimientos de población del Egeo/“Pueblos del Mar” y a una cultura material diferenciada en arqueología. 

 

  • Se organizaban en una especie de confederación de cinco ciudades-estado (la famosa “pentápolis”): Gaza, Asdod, Ascalón, Ecrón y Gat. 

 

  • El periodo “bíblico” de choques con Israel suele situarse entre los siglos XI–X a. C. (aprox. el entorno del 1000 a. C., donde está ambientada la trama), cuando esas ciudades tenían bastante peso regional..

 

 

Mi puntuación: 5,56/10.

 

 

 

Dirigido por Cecil B. DeMille:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

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