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Harakiri – Seppuku (Harakiri) – 1962 – Masaki Kobayashi – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

12/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El samurái en paro que convirtió una visita protocolaria en la peor reunión de recursos humanos de la historia

 

Hablar de Harakiri es hablar de una de esas películas que aparecen siempre en las listas de “las mejores de la historia” y que, milagrosamente, sí merecen estar ahí.

 

Porque hay clásicos que envejecen como el vino… y otros que envejecen como una ensaladilla olvidada en agosto. Esta no. Esta sigue cortando como una katana recién afilada.

 

Detrás de la criatura estaba Masaki Kobayashi, uno de los grandes nombres del cine japonés y probablemente uno de los directores más incómodos para el poder y las tradiciones militaristas de Japón.

 

Su cine siempre tuvo un punto profundamente humanista y crítico.

 

Entre sus obras más importantes están La condición humana, monumental trilogía antibelicista, Kwaidan, uno de los grandes clásicos del terror japonés, y El más allá.

 

En Harakiri demuestra una capacidad prodigiosa para manejar el suspense, el drama social y la tragedia familiar sin perder nunca la elegancia visual.

 

Y ojo, porque lo hace prácticamente con gente hablando sentada en tatamis durante buena parte del metraje. Que eso hoy lo intentas y te sale una serie de sobremesa de Antena 3.

 

La película ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1963 y está considerada una de las obras maestras absolutas del cine japonés.

 

Con el tiempo su prestigio no ha hecho más que crecer y suele aparecer entre las películas mejor valoradas de la historia en rankings internacionales y páginas especializadas. Y sí, por una vez el hype está justificado.

 

Porque lo fascinante de Harakiri es que empieza casi como una ceremonia burocrática y acaba convirtiéndose en una historia devastadora de pobreza, humillación y venganza.

 

La película se sitúa en el Japón feudal del siglo XVII, tras las guerras entre clanes. Y aquí aparece una idea muy curiosa: la paz trae ruina económica.

 

Miles de samuráis y mercenarios se quedan sin señor al que servir y pasan a ser ronin, es decir, guerreros sin trabajo. El equivalente feudal a LinkedIn lleno de “abierto a nuevas oportunidades”, pero con katana.

 

Nuestro protagonista, Tsugumo Hanshirō —interpretado de manera absolutamente monumental por Tatsuya Nakadai— llega a la residencia del clan Ii solicitando permiso para realizar allí el seppuku ritual. Pero claro, poco a poco uno entiende que aquel hombre no ha venido exactamente a suicidarse y marcharse discretamente. Ha venido a ajustar cuentas.

 

La película mezcla drama social, tragedia familiar, cine de espadachines y relato de venganza con una naturalidad impresionante.

 

Lo que empieza siendo una historia sobre el honor termina siendo una demolición absoluta de la hipocresía del código samurái.

 

Porque aquí Kobayashi viene a decir que muchas veces el honor es simplemente una palabra elegante utilizada por los poderosos para aplastar a los desesperados.

 

Y todo está contado con una calma hipnótica. La tensión crece poco a poco, casi sin que uno se dé cuenta.

 

Cada flashback añade una nueva capa de dolor y rabia.

 

Y mientras tanto la película despliega una fotografía en blanco y negro sencillamente espectacular. Hay planos que parecen cuadros. Imágenes potentísimas visualmente: las armaduras vacías, los pasillos silenciosos, los rituales, las miradas contenidas… Todo tiene un peso tremendo.

 

Además, cuando llega la violencia, no se siente como espectáculo vacío. Se siente amarga. Dolorosa. Trágica. Como si cada golpe fuera también un ajuste de cuentas moral.

 

Y luego está ese final. Ese final demoledor donde la película termina de clavar el cuchillo en la idea romántica del samurái heroico. Porque Harakiri no es una glorificación del código de honor. Es casi una autopsia.

 

Una película enorme. Bellísima. Durísima.

 

De esas que hacen que uno termine pensando que igual el cine moderno debería dejar de gastar 300 millones en explosiones digitales y volver a confiar un poco más en un buen guion, un gran actor y una habitación llena de silencios incómodos.

 

Mi puntuación: 7,86/10.

 

 

 

Dirigido por Masaki Kobayashi:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Pluribus (Serie TV) – Temporada 1 – 2025 – Vince Gilligan (Creador) – Apple TV

12/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando los alienígenas vienen… y nos hacen buena gente (qué disgusto)

 

🎬 El creador (y aquí sí hay tela)

 

Vince Gilligan no necesita presentación, pero se la damos igual porque queda bien.

 

Es el cerebro detrás de Breaking Bad (2008-2013), probablemente una de las mejores series de lo que llevamos de siglo, y su derivada Better Call Saul (2015-2022), que no se quedó precisamente corta.

 

Antes ya había trabajado en The X-Files, donde aprendió eso de mezclar lo raro con lo cotidiano.

 

Vamos, que si alguien tenía que hacer una historia de invasiones extraterrestres con carga moral, era él. Y sí, aquí también hay dilemas… pero de los que te dejan incómodo en el sofá.


 

 

🏆 Premios y nominaciones

 

Al ser una serie reciente (2025), Pluribus todavía está en fase de recorrido festivalero y de premios, así que no hay un palmarés consolidado que llevarse a la boca. Eso sí, el nombre de Vince Gilligan ya garantiza atención crítica y presencia en quinielas importantes.

 

No sería raro verla aparecer en nominaciones de los Premios Emmy si mantiene el nivel y el ruido generado.

 

De momento, expectación no le falta.


 

 

📝 Cutrecomentario (o cómo liarla con la bondad)

 

El planteamiento de Pluribus es de esos que te hacen levantar una ceja: invasión alienígena, sí, pero en lugar de destruir el planeta, lo que hacen es convertir a la humanidad en algo… mejor. Mucho mejor. Demasiado mejor, de hecho.

 

La jugada es brillante: una especie de mente colectiva extraterrestre se apodera de la mayoría de los humanos y los transforma en seres pacíficos, respetuosos con la naturaleza, incapaces de hacer daño, veganos, limpios, ordenados… vamos, la pesadilla de cualquier barra de bar.

 

El detalle clave es que solo quedan 13 personas en todo el mundo sin “intervenir”, y ahí está el conflicto.

 

La serie sigue a Carol Sturka, interpretada por Rhea Seehorn, que se convierte en nuestros ojos en este mundo nuevo. Y aquí viene el problema: es un personaje que cae francamente mal. Muy mal. Porque donde uno esperaría calma, adaptación o al menos un poco de sentido común, ella responde con histeria, violencia y una incapacidad notable para gestionar la situación. Entiendo el duelo, sí, pero hay momentos en los que dan ganas de decirle: “mira alrededor, igual no es el peor de los mundos posibles”.

 

El núcleo de la serie es un choque de ideas bastante potente. Por un lado, el individualismo: libertad, sí, pero también egoísmo, violencia, guerra, desigualdad… todo el pack completo. Por otro, esta nueva humanidad colectiva, bondadosa hasta el extremo, donde nadie hace daño a nadie y todo funciona con una pulcritud casi inquietante. Y la pregunta es clara: ¿qué preferimos? ¿Ser libres para hacer el mal o perder esa libertad a cambio de un mundo mejor?

 

Luego aparece gente como Samba Schutte en el papel de Míster Diabaté, que decide hacer lo que haríamos muchos: aprovechar la situación. Si tienes a una humanidad entera funcionando como asistentes amables, pues oye, algo rascas. Y ese personaje introduce un punto muy interesante: no todo es filosofía, también hay supervivencia… y cierta picaresca.

 

A nivel formal, la serie es una gozada. Los montajes están muy trabajados, los movimientos de cámara son elegantes y la puesta en escena tiene ese aire limpio y casi aséptico que refuerza la idea de un mundo “mejorado”… pero que da un poquito de miedo. Porque sí, todo es bonito, pero algo chirría. Y ese “algo” es justo lo que mantiene la tensión.

 

Pluribus es una serie muy interesante, bastante turbadora y con un planteamiento que engancha más por lo que plantea que por lo que cuenta.

 

Tiene ideas potentes, una factura técnica notable y un debate de fondo que no es ninguna tontería.

 

Eso sí, su protagonista es de las que ponen a prueba la paciencia. Y eso, en una serie donde todo el mundo es amable… tiene su mérito.

 

Mi puntuación: 7,85/10.

 

 

 

Vince Gilligan (Creador):

 

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Alcarria TV – Al cine con Ramón – 2026-05-06 – El diablo viste de Prada 2, La isla de Amrum, Strangers: Capítulo final, David: Una aventura gigante (Animación)

12/05/2026

 

 

 

 

 

Programa semanal para radio y televisión dedicado al cine y a las series.

 

Coordinado por José Luis Solano y con la presencia del productor y cinéfilo Diego Gismero y con la del crítico de cine Ramón Bernadó.

 

Espacio grabado en Zoom para Alcarria TV y EsRadio Guadalajara.

 

Se analizan las películas que son estrenadas en los Multicines Guadalajara y las series de todas las plataformas de streaming.

 

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Todo Star Wars: guía para no perderse en una galaxia muy, muy saturada

10/05/2026

 

 

 

 

 

 

Todo el universo audiovisual de Star Wars: ordenado sin perderse en el hiperespacio

 

Esto no pretende incluir novelas, cómics, videojuegos ni documentales. Aquí se recoge el material audiovisual narrativo oficial de Star Wars: películas estrenadas en cine, películas para televisión, especiales, series, miniseries, microseries y cortos relevantes.

 

Algunas obras forman parte del canon actual y otras pertenecen al territorio vintage, Legends o directamente a ese cajón galáctico donde viven las rarezas. Sí, estamos mirando al Holiday Special. Él sabe lo que hizo.

 

 

1. Orden por fecha de estreno

 

Año Título Tipo Canon actual
1977 Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza Cine
1978 The Star Wars Holiday Special Especial TV No / vintage
1978 The Story of the Faithful Wookiee Corto animado No / vintage
1980 Star Wars: Episodio V – El Imperio contraataca Cine
1983 Star Wars: Episodio VI – El retorno del Jedi Cine
1984 Caravana de valor: La aventura de los Ewoks Película TV No / vintage
1985 Star Wars: Droids Serie animada No / vintage
1985 Star Wars: Ewoks Serie animada No / vintage
1985 Ewoks: La batalla por Endor Película TV No / vintage
1986 The Great Heep Especial de Droids No / vintage
1999 Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma Cine
2002 Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones Cine
2003 Star Wars: Clone Wars Microserie animada No / Legends
2005 Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith Cine
2008 Star Wars: The Clone Wars Película animada
2008 Star Wars: The Clone Wars Serie animada
2011 LEGO Star Wars: The Padawan Menace Especial TV No
2012 LEGO Star Wars: The Empire Strikes Out Especial TV No
2013 LEGO Star Wars: The Yoda Chronicles Miniserie / especiales No
2014 LEGO Star Wars: The New Yoda Chronicles Miniserie / especiales No
2014 Star Wars Rebels Cortos
2014 Star Wars Rebels Serie animada
2015 LEGO Star Wars: Droid Tales Miniserie No
2015 Star Wars: Episodio VII – El despertar de la Fuerza Cine
2016 LEGO Star Wars: The Resistance Rises Miniserie No
2016 LEGO Star Wars: The Freemaker Adventures Serie animada No
2016 Rogue One: Una historia de Star Wars Cine
2017 Star Wars Forces of Destiny Microserie Sí / infantil
2017 Star Wars: Blips Cortos No / promocional
2017 Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi Cine
2018 Han Solo: Una historia de Star Wars Cine
2018 Star Wars Resistance Serie animada
2018 LEGO Star Wars: All-Stars Miniserie No
2018 Star Wars Galaxy of Adventures Cortos No / recap
2019 Star Wars Roll Out Cortos No / infantil
2019 The Mandalorian Serie
2019 Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker Cine
2020 LEGO Star Wars Holiday Special Especial No
2021 Star Wars: The Bad Batch Serie animada
2021 Star Wars: Visions Antología animada No canon estricto
2021 LEGO Star Wars Terrifying Tales Especial No
2021 El libro de Boba Fett Serie
2022 Obi-Wan Kenobi Miniserie
2022 LEGO Star Wars Summer Vacation Especial No
2022 Andor Serie
2022 Star Wars: Tales of the Jedi Antología animada
2022 Zen: Grogu and Dust Bunnies Corto Curiosidad oficial
2023 Star Wars: Young Jedi Adventures Serie animada infantil
2023 Ahsoka Serie
2024 Star Wars: Tales of the Empire Antología animada
2024 The Acolyte Serie
2024 LEGO Star Wars: Rebuild the Galaxy Miniserie No / LEGO
2024 Star Wars: Skeleton Crew Serie
2025 Star Wars: Tales of the Underworld Antología animada
2025 Star Wars: Visions vol. 3 Antología animada No canon estricto
2025 LEGO Star Wars: Rebuild the Galaxy – Pieces of the Past Miniserie No / LEGO
2026 Star Wars: Maul – Shadow Lord Serie animada

 

 

 

2. Películas estrenadas en cine

 

Año Título Tipo Canon actual
1977 Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza Cine
1980 Star Wars: Episodio V – El Imperio contraataca Cine
1983 Star Wars: Episodio VI – El retorno del Jedi Cine
1999 Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma Cine
2002 Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones Cine
2005 Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith Cine
2008 Star Wars: The Clone Wars Película animada
2015 Star Wars: Episodio VII – El despertar de la Fuerza Cine
2016 Rogue One: Una historia de Star Wars Cine
2017 Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi Cine
2018 Han Solo: Una historia de Star Wars Cine
2019 Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker Cine

 

 

 

3. Películas para televisión y especiales

 

Año Título Tipo Canon actual
1978 The Star Wars Holiday Special Especial TV No / vintage
1978 The Story of the Faithful Wookiee Corto animado No / vintage
1984 Caravana de valor: La aventura de los Ewoks Película TV No / vintage
1985 Ewoks: La batalla por Endor Película TV No / vintage
1986 The Great Heep Especial animado No / vintage
2011 LEGO Star Wars: The Padawan Menace Especial TV No
2012 LEGO Star Wars: The Empire Strikes Out Especial TV No
2013 LEGO Star Wars: The Yoda Chronicles Especial / miniserie No
2014 LEGO Star Wars: The New Yoda Chronicles Especial / miniserie No
2020 LEGO Star Wars Holiday Special Especial No
2021 LEGO Star Wars Terrifying Tales Especial No
2022 LEGO Star Wars Summer Vacation Especial No

 

 

 

4. Series, miniseries, microseries y cortos

 

Año Título Tipo Canon actual
1985 Star Wars: Droids Serie animada No / vintage
1985 Star Wars: Ewoks Serie animada No / vintage
2003 Star Wars: Clone Wars Microserie animada No / Legends
2008 Star Wars: The Clone Wars Serie animada
2014 Star Wars Rebels Cortos y serie animada
2015 LEGO Star Wars: Droid Tales Miniserie No
2016 LEGO Star Wars: The Resistance Rises Miniserie No
2016 LEGO Star Wars: The Freemaker Adventures Serie animada No
2017 Star Wars Forces of Destiny Microserie Sí / infantil
2017 Star Wars: Blips Cortos No / promocional
2018 Star Wars Resistance Serie animada
2018 LEGO Star Wars: All-Stars Miniserie No
2018 Star Wars Galaxy of Adventures Cortos No / recap
2019 Star Wars Roll Out Cortos No / infantil
2019 The Mandalorian Serie
2021 Star Wars: The Bad Batch Serie animada
2021 Star Wars: Visions Antología animada No canon estricto
2021 Star Wars Galaxy of Creatures Cortos Infantil
2021 El libro de Boba Fett Serie
2022 Star Wars Galactic Pals Cortos Infantil
2022 Obi-Wan Kenobi Miniserie
2022 Andor Serie
2022 Star Wars: Tales of the Jedi Antología animada
2023 Star Wars: Young Jedi Adventures Serie animada infantil
2023 Ahsoka Serie
2024 Star Wars: Tales of the Empire Antología animada
2024 The Acolyte Serie
2024 LEGO Star Wars: Rebuild the Galaxy Miniserie No / LEGO
2024 Star Wars: Skeleton Crew Serie
2025 Star Wars: Tales of the Underworld Antología animada
2025 LEGO Star Wars: Rebuild the Galaxy – Pieces of the Past Miniserie No / LEGO
2026 Star Wars: Maul – Shadow Lord Serie animada

 

 

 

Nota final: The Mandalorian and Grogu está anunciada como película para cine, pero no se incluye como estrenada en esta lista si todavía no ha llegado oficialmente a salas. En esta galaxia conviene no contar los mynocks antes de que salgan del hiperespacio.

“`

 

 

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Star Wars – Cuando el cine entró en el hiperespacio

10/05/2026
Ramón

Cuando el cine entró en el hiperespacio

La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza no fue solo una película. Fue el momento en que Hollywood descubrió que una historia de granjeros espaciales, robots parlanchines, princesas con carácter y villanos con problemas respiratorios podía cambiar la industria, la cultura popular y la infancia de medio planeta.

🎬 Título en EspañaLa guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza
🚀 Título originalStar Wars / posteriormente Star Wars: Episode IV – A New Hope
👨‍🚀 Dirección y guionGeorge Lucas
📅 Estreno original25 de mayo de 1977 en Estados Unidos
💰 Presupuesto aproximado11 millones de dólares
🏆 Óscar6 premios competitivos y un premio especial por logros sonoros
Star Wars

1. Una película que parecía pequeña y acabó siendo enorme

Hay películas que triunfan. Hay películas que influyen. Hay películas que se quedan en la memoria. Y luego está La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza, que directamente cogió el cine comercial, lo metió en una cápsula de escape y lo lanzó a otra galaxia.

Cuando se estrenó en 1977, muy pocos esperaban que aquella aventura espacial dirigida por George Lucas se convirtiera en una de las obras más influyentes del siglo XX. Para muchos ejecutivos era una rareza: una película de ciencia ficción con robots, caballeros místicos, naves espaciales, princesas rebeldes y un villano negro que respiraba como si tuviera bronquitis obstructiva crónica de origen imperial.

Pero el público vio otra cosa. Vio una aventura clara, luminosa, emocionante, con espíritu de cuento y ritmo de serial antiguo. Vio una película que parecía moderna y vieja al mismo tiempo. Moderna por sus efectos especiales y su velocidad narrativa. Vieja por su corazón de leyenda, de western, de película de samuráis y de cuento infantil contado al lado del fuego.

“Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…” Con esa frase, George Lucas no empezaba una película: abría una puerta mitológica.

El título original de 1977 fue simplemente Star Wars. El subtítulo Episode IV – A New Hope se incorporó después, cuando la saga empezó a organizarse como una narración mayor. En España la película se conoció como La guerra de las galaxias, título precioso, rotundo y muy de su época. Luego, con la expansión de la saga, acabó consolidándose la denominación La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza.

Lo que nació como una película casi huérfana, llena de dudas industriales, terminó siendo el punto de partida de una franquicia descomunal: secuelas, precuelas, series, novelas, cómics, videojuegos, juguetes, parques temáticos y discusiones de sobremesa capaces de durar más que una sesión doble de Senado Galáctico.

Star Wars

2. Hollywood antes de la explosión galáctica

Para entender lo que supuso La guerra de las galaxias, hay que situarse en el Hollywood de los años setenta. Era una época fascinante. Los grandes estudios habían perdido parte de su poder clásico y una generación de directores jóvenes estaba cambiando las reglas del juego.

Era el tiempo del llamado Nuevo Hollywood. Ahí estaban Francis Ford Coppola con El padrino y La conversación, Martin Scorsese con Taxi Driver, William Friedkin con El exorcista y French Connection. Contra el imperio de la droga, Peter Bogdanovich, Brian De Palma, Steven Spielberg y, claro, George Lucas.

El cine estadounidense de aquel momento estaba marcado por Vietnam, el caso Watergate, la desconfianza hacia las instituciones y una mirada bastante amarga sobre el mundo. Eran películas adultas, oscuras, políticas, desencantadas. Hasta cuando eran obras de género, tenían una sombra moral muy potente.

Y entonces aparece George Lucas con una aventura de héroes y villanos absolutos. Una película donde el bien y el mal están claramente delimitados. Una princesa rebelde. Un joven granjero llamado a la aventura. Un maestro sabio. Un imperio opresor. Una fuerza espiritual. Una misión suicida. Una victoria imposible.

En un contexto lleno de cinismo y desencanto, La guerra de las galaxias ofrecía una forma de esperanza. No era ingenuidad pura, aunque un poco sí. Era una recuperación del relato heroico en plena resaca histórica. Como si el público estuviera deseando volver a creer en cuentos, pero con mejores maquetas y sonido Dolby.

🌟 Idea clave: La guerra de las galaxias no surgió de la nada. Nació en una época de cine adulto y pesimista, y triunfó precisamente porque ofrecía evasión, claridad moral y aventura clásica.
Star Wars

3. George Lucas y la fabricación de un mito moderno

George Lucas no era todavía el emperador industrial en el que acabaría convirtiéndose. Era un joven director californiano, formado en el ambiente universitario, fascinado por la velocidad, la tecnología, los coches, los cómics, la televisión, los seriales y las películas de aventuras.

Su primer largometraje importante fue THX 1138, una obra fría, distópica y experimental. Después llegó American Graffiti, una película nostálgica sobre jóvenes, coches y música que fue un enorme éxito económico. Ese triunfo le permitió plantear un proyecto que llevaba tiempo rondándole: una gran aventura espacial inspirada en los seriales de Flash Gordon.

Lucas quiso comprar los derechos de Flash Gordon, pero no pudo. Y, como suele pasar en la historia del arte, la frustración acabó siendo mucho más fértil que el plan original. Al no poder adaptar lo que quería, inventó su propio universo.

Pero Lucas no quería hacer únicamente ciencia ficción. Quería construir una mitología moderna. Estaba muy influido por las ideas de Joseph Campbell, especialmente por el famoso “viaje del héroe”: la estructura narrativa en la que un personaje ordinario recibe una llamada, abandona su mundo conocido, encuentra un mentor, supera pruebas, se enfrenta a la oscuridad y regresa transformado.

Luke Skywalker encaja perfectamente en ese patrón. Es un muchacho de granja que sueña con escapar, pero al principio no sabe ni cómo ni hacia dónde. La muerte de sus tíos rompe el último vínculo con su vida anterior y le obliga a iniciar el viaje. Obi-Wan Kenobi es el mentor. Darth Vader es la sombra. Han Solo es el pícaro descreído. Leia Organa es la princesa guerrera. R2-D2 y C-3PO son los testigos cómicos del caos.

Lucas armó una película que parecía simple, pero que estaba construida sobre una estructura narrativa potentísima. Por eso funciona tan bien. Porque debajo de las naves, los robots y los sables láser hay un cuento ancestral.

4. Las referencias a los clásicos: Kurosawa, westerns, seriales y cine bélico

Una de las grandes virtudes de La guerra de las galaxias es que sabe robar con elegancia. Dicho de otra manera más fina: metaboliza influencias. Lucas tomó materiales de muchísimos lugares y los reorganizó hasta crear algo que parecía completamente nuevo.

🎌 Akira Kurosawa y La fortaleza escondida

La referencia más citada es La fortaleza escondida, de Akira Kurosawa. La película japonesa de 1958 cuenta una historia de guerra, huida y nobleza vista en parte desde el punto de vista de dos personajes humildes y cómicos. Esa idea está muy presente en C-3PO y R2-D2, que abren la película y sirven como entrada al universo galáctico.

También hay ecos del cine samurái en los Jedi: el código de honor, la relación maestro-discípulo, la austeridad de Obi-Wan Kenobi, el uso ritual del arma y la idea de una fuerza espiritual que guía la acción. El sable láser es futurista, sí, pero narrativamente funciona como una katana mítica.

🤠 El western: Tatooine como frontera

Tatooine es un western con dos soles. Desierto, granjas aisladas, contrabandistas, bandidos, cantinas peligrosas, pistoleros que disparan primero —o no, según la edición y el nivel de úlcera del fan— y un héroe joven que sueña con marcharse del pueblo.

Han Solo es un personaje de western. Podría estar perfectamente en una película de Howard Hawks o de Sergio Leone. Tiene el aire del tipo que no cree en causas nobles, pero que acaba volviendo cuando hay que volver. Cínico por fuera, sentimental a escondidas. Vamos, el clásico chulo que se hace el duro y luego adopta emocionalmente a todo el grupo.

✈️ Cine bélico y pilotos de la Segunda Guerra Mundial

Las batallas espaciales están inspiradas en películas bélicas de aviación. La secuencia del ataque a la Estrella de la Muerte recuerda a películas sobre misiones suicidas, ataques a objetivos imposibles y escuadrones de pilotos que hablan por radio mientras todo explota alrededor.

La gran idea fue tratar las naves espaciales como aviones de combate. No como objetos lentos y majestuosos, sino como máquinas veloces, nerviosas, físicas. Eso daba a la acción una energía nueva. La ciencia podrá poner pegas a los giros imposibles en el vacío espacial, pero el cine puso cara de “calla y disfruta”.

📺 Seriales pulp y Flash Gordon

Lucas recuperó el espíritu de los seriales de aventuras: episodios, cliffhangers, villanos exagerados, planetas exóticos, rescates, persecuciones y una sensación de que cada escena empuja a la siguiente. De ahí viene también la estructura episódica y el arranque con texto en pantalla.

🏛️ Mitos clásicos y cuentos de hadas

También hay ecos de mitología griega, cuentos medievales, relatos artúricos y fantasía heroica. Luke Skywalker es un joven elegido; Leia es princesa y líder; Obi-Wan es mago y maestro; Darth Vader es caballero negro; la Estrella de la Muerte es castillo, dragón y bomba nuclear al mismo tiempo.

5. Una producción con más sudores que Tatooine en agosto

La producción de La guerra de las galaxias fue cualquier cosa menos tranquila. La película empezó su rodaje principal el 22 de marzo de 1976 en Túnez, utilizado para recrear Tatooine. La elección era visualmente magnífica, pero las condiciones fueron durísimas.

Hubo tormentas de arena, problemas técnicos, retrasos, calor, incomodidad, averías y una sensación general de que aquello podía salir muy mal. El equipo británico que trabajó después en los estudios de Elstree tampoco siempre entendía el proyecto. Para muchos técnicos, aquello era una extravagancia americana llena de nombres raros.

Lucas, además, no era un director expansivo. No era de grandes discursos emocionales ni de explicar a los actores el alma profunda de cada escena. Tendía a dar indicaciones breves, técnicas, casi telegráficas. Para algunos intérpretes aquello resultaba frustrante.

El presupuesto se disparó. La planificación se complicó. Los efectos especiales se retrasaban. La Fox se puso nerviosa. Y Lucas acabó físicamente agotado, con un estrés enorme. La leyenda cuenta que llegó a temer seriamente por su salud durante el proceso.

El rodaje tuvo algo de milagro industrial: casi nadie sabía exactamente qué película estaba haciendo, pero todos estaban colaborando, sin saberlo, en el nacimiento de un mito.

Uno de los grandes problemas era que muchas escenas no parecían impresionantes durante el rodaje. Sin efectos terminados, sin música, sin sonido definitivo y con actores reaccionando a maquetas, trajes incómodos o fondos imaginarios, la película podía parecer ridícula. El cine fantástico exige mucha fe. Y en este caso la fe estaba un poco justa de batería.

6. El casting: cuando nadie sabía aún que iba a ser leyenda

Una decisión fundamental fue no llenar la película de estrellas conocidas. Lucas quería que el público creyera en los personajes sin asociarlos a rostros demasiado famosos. Eso dio a la película una frescura decisiva.

🌾 Mark Hamill: el muchacho que miraba al horizonte

Mark Hamill tenía el rostro perfecto para Luke Skywalker: juvenil, ingenuo, impaciente, algo torpe y lleno de deseo de aventura. Su interpretación puede parecer sencilla, pero funciona porque Luke es la puerta emocional del espectador. No sabe nada de ese universo y nosotros tampoco.

El personaje marcó para siempre su carrera. Hamill tuvo dificultades para escapar de Luke, aunque con el tiempo encontró una segunda vida brillante como actor de voz, especialmente con el Joker en el universo animado de Batman. Pocos actores pueden presumir de haber sido icono luminoso de una saga y voz definitiva de uno de los villanos más importantes del cómic. Eso sí que es equilibrio en la Fuerza.

👑 Carrie Fisher: Leia no pedía permiso

Carrie Fisher era jovencísima, pero tenía una presencia descomunal. Leia Organa podía haber sido una princesa clásica en apuros. Pero no. Leia manda, dispara, insulta, organiza y se desespera con la incompetencia masculina que la rodea, algo bastante comprensible viendo el panorama.

Fisher aportó inteligencia, ironía y una energía seca que hizo del personaje algo mucho más moderno de lo habitual en el cine de aventuras de la época. Con los años, su figura trascendió la saga: escritora, guionista no acreditada en numerosos proyectos, superviviente del circo hollywoodiense y voz lúcida sobre la fama, la salud mental y la industria.

🧢 Harrison Ford: el carpintero que se convirtió en estrella

Harrison Ford no iba inicialmente a ser Han Solo. Había trabajado como actor, sí, pero también como carpintero. Durante el casting ayudaba leyendo líneas con otros intérpretes. Y de pronto resultó evidente que el mejor Han Solo era él.

Ford aportó naturalidad, cinismo y una presencia física extraordinaria. Han Solo era el personaje que aterrizaba la película. Mientras otros hablaban de la Fuerza, profecías y destinos, él pensaba en dinero, deudas y salir vivo. Gracias a él, la película no se convertía en un sermón místico. Era el antihéroe necesario.

🧙 Alec Guinness: prestigio clásico en medio del delirio espacial

Alec Guinness era un actor de enorme prestigio, ganador del Óscar por El puente sobre el río Kwai. Su presencia daba a la película una gravedad que necesitaba desesperadamente. Si Obi-Wan Kenobi hubiera sido interpretado sin esa dignidad, todo el asunto de la Fuerza podría haber parecido una clase de yoga con túnicas baratas.

Guinness no tuvo siempre una relación entusiasta con la saga, pero su trabajo es esencial. Hace creíble lo increíble. Y eso, en una película así, vale oro.

😮‍💨 David Prowse, James Earl Jones y el monstruo llamado Vader

Darth Vader fue una creación compuesta. El cuerpo lo puso David Prowse, la voz definitiva fue de James Earl Jones y la respiración mecánica se convirtió en una de las marcas sonoras más famosas del cine.

El resultado es impresionante: un villano con presencia operística, mezcla de samurái oscuro, caballero medieval, máquina de guerra y funcionario imperial con muy mala mañana.

7. El trabajo de dirección: Lucas, el arquitecto silencioso

Como director de actores, George Lucas no tenía fama de ser precisamente Elia Kazan. Era reservado, técnico y muy centrado en el universo visual. Pero sería injusto reducir su trabajo a una simple torpeza con los intérpretes.

Lucas hizo algo dificilísimo: dirigir una película que todavía no existía en la mente de nadie. Los actores veían decorados, trajes, maquetas y frases extrañas. Él veía una galaxia completa. Esa capacidad de previsualización fue decisiva.

Su puesta en escena es clara, directa, funcional. La película no se pierde en florituras. Va siempre hacia delante. Cada escena tiene un objetivo narrativo. Presenta el mundo, lanza a los personajes a la acción y mantiene un ritmo de aventura constante.

También hay una enorme inteligencia en el tono. La guerra de las galaxias se toma en serio su mitología, pero no hasta el punto de resultar solemne todo el tiempo. Hay humor, torpeza, discusiones, ironía, chatarra, robots que se quejan y héroes que no saben muy bien qué están haciendo. Ese equilibrio es fundamental.

Lucas no era un director invisible. Era un constructor. Su gran mérito no fue únicamente dirigir escenas, sino levantar un mundo coherente. Un mundo que parecía tener historia antes de que la película empezara y futuro después de que terminara.

8. Industrial Light & Magic y la revolución de los efectos especiales

Uno de los grandes problemas de Lucas era muy simple: necesitaba efectos especiales que no existían. Así nació Industrial Light & Magic, la compañía que iba a cambiar la historia visual del cine.

El equipo de ILM tuvo que inventar herramientas, sistemas y métodos. Se trabajó con miniaturas, cámaras controladas por ordenador, composiciones ópticas, maquetas detalladísimas y una idea visual muy importante: la cámara debía moverse como si estuviera dentro de la acción.

Hasta entonces, buena parte de la ciencia ficción cinematográfica mostraba naves con movimientos más estáticos. En La guerra de las galaxias, los cazas entraban, salían, giraban y atacaban con una energía casi documental. El espectador no contemplaba el espacio desde fuera: lo atravesaba.

Hoy, acostumbrados al CGI, algunos efectos pueden parecer artesanales. Pero esa artesanía es parte de su fuerza. Las naves tienen textura. Los decorados parecen usados. Los robots parecen tener golpes, grasa y polvo. La famosa idea de “universo usado” fue clave: la galaxia no parecía recién salida de una tienda de diseño minimalista. Parecía vivida, sucia, reparada y bastante necesitada de ITV.

Elemento técnicoImportancia
MiniaturasDieron sensación física real a naves y estaciones espaciales.
Cámara controlada por ordenadorPermitió movimientos repetibles para combinar capas visuales complejas.
Composición ópticaUnió maquetas, fondos, explosiones y acción en una imagen coherente.
Diseño de producciónCreó un universo reconocible, usado y visualmente coherente.
MontajeConvirtió una película inicialmente problemática en una aventura de ritmo endiablado.

La influencia de ILM fue gigantesca. Sin esa revolución técnica es difícil imaginar después Indiana Jones: En busca del arca perdida, E.T., el extraterrestre, Regreso al futuro, Terminator 2: El juicio final, Parque Jurásico o buena parte del cine fantástico moderno.

9. Sonido y música: Ben Burtt y John Williams

🔊 Ben Burtt: la galaxia también tenía que sonar

El diseño sonoro de Ben Burtt es uno de los grandes milagros de la película. Los sonidos de La guerra de las galaxias no son adornos: son identidad narrativa.

El sable láser, la respiración de Darth Vader, los pitidos de R2-D2, el rugido de Chewbacca, los disparos bláster, los motores de las naves… todo quedó grabado en la memoria colectiva.

Burtt mezcló sonidos reales, electrónicos y manipulados. La galaxia sonaba tecnológica pero orgánica. No era un simple “piu-piu” espacial. Era un mundo acústico completo.

🎼 John Williams: cuando la película se hizo mito

Y luego está John Williams. Aquí ya entramos en territorio sagrado. Su música no acompaña la película: la eleva, la sostiene y la convierte en mito.

En los años setenta no era tan habitual apostar por una gran partitura sinfónica de aroma clásico. Williams recuperó la tradición de compositores como Erich Wolfgang Korngold y Max Steiner, con temas claros, poderosos y reconocibles.

El tema principal es una fanfarria inmediata. La música de Leia es lírica. Los momentos de acción tienen nervio. La Fuerza adquiere una dimensión casi religiosa gracias a la partitura.

Sin John Williams, La guerra de las galaxias seguiría siendo una gran película de aventuras. Con John Williams, se convierte en leyenda.

10. El estreno y la acogida del público

El estreno original en Estados Unidos fue el 25 de mayo de 1977. La película comenzó en un número relativamente limitado de salas. Según datos de Box Office Mojo y The Numbers, abrió con 43 salas contabilizadas el fin de semana inicial y una recaudación de 1.554.475 dólares. Lo que vino después fue una explosión.

El boca a boca fue brutal. Las colas crecieron. La gente repetía. Los niños querían juguetes que todavía no existían en cantidad suficiente. Los adultos salían del cine con cara de haber visto algo completamente distinto.

La película acabó convirtiéndose en el gran fenómeno de 1977. Su recaudación acumulada, sumando reposiciones, alcanzó cifras descomunales: Box Office Mojo recoge más de 460 millones de dólares en Estados Unidos y The Numbers sitúa su recaudación mundial acumulada alrededor de 775 millones de dólares. Para una película de 11 millones de presupuesto, la jugada fue algo más que rentable. Fue como comprar un cupón y que te toque la Estrella de la Muerte, pero sin hipoteca.

Lo más importante no fue solo el dinero. Fue la sensación de acontecimiento. La guerra de las galaxias hizo que ir al cine volviera a sentirse como una experiencia colectiva gigantesca. Una ceremonia popular. Una cola compartida. Una conversación común.

11. Premios, reconocimientos y paso por festivales

La guerra de las galaxias no fue una película festivalera en el sentido europeo clásico. No nació para competir como cine de autor de alfombra sobria y rueda de prensa existencial. Su recorrido fue sobre todo industrial, popular y comercial.

Pero su reconocimiento fue enorme. En los Óscar de 1978 obtuvo diez nominaciones y ganó seis premios competitivos: dirección artística, vestuario, montaje, banda sonora original, sonido y efectos visuales. Además, recibió un premio especial por los efectos de sonido. Perdió el Óscar a mejor película frente a Annie Hall, de Woody Allen.

La comparación es curiosísima: por un lado, una comedia urbana, neurótica, adulta y muy neoyorquina; por otro, una aventura espacial que iba a redibujar el mapa de Hollywood. La Academia eligió Annie Hall. La historia industrial eligió a La guerra de las galaxias. No siempre coinciden. De hecho, casi nunca. La Academia es como un droide protocolario: a veces acierta, a veces traduce en huttés sin que nadie se lo pida.

En 1989, Star Wars fue una de las primeras 25 películas seleccionadas para el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, reconocimiento reservado a obras cultural, histórica o estéticamente significativas.

12. Reestrenos, ediciones especiales y guerras santas entre fans

La guerra de las galaxias ha vuelto a los cines en numerosas ocasiones. Esa es una parte fundamental de su vida cultural. No ha sido una película encerrada en 1977, sino una obra reactivada generación tras generación.

En 1981 se incorporó el subtítulo Episode IV – A New Hope, consolidando la idea de que la película era una parte intermedia de una saga mayor. En 1997 llegaron las famosas Ediciones Especiales, realizadas con motivo del 20 aniversario.

Lucas añadió efectos digitales, criaturas, retoques visuales y cambios narrativos. Algunas mejoras fueron bien recibidas. Otras no tanto. Y luego está el asunto Han Solo-Greedo, probablemente una de las discusiones más intensas de la historia del cine popular.

En la versión original, Han dispara a Greedo en la cantina. En la edición especial, la escena fue modificada. Para muchos fans, ese cambio alteraba la esencia moral del personaje: Han dejaba de ser un contrabandista peligroso para convertirse en alguien más defensivo. Puede parecer un detalle menor, pero para el fandom de Star Wars un detalle menor puede convertirse en una cumbre de la ONU con camisetas negras.

De cara al 50 aniversario, Lucasfilm anunció un reestreno en 2027 de la versión original de 1977 restaurada para salas, un acontecimiento muy esperado por quienes llevan décadas pidiendo ver la película tal como se estrenó originalmente.

13. VHS, DVD, Blu-ray, digital y streaming

El fenómeno no terminó en los cines. Cuando llegó el mercado doméstico, La guerra de las galaxias se convirtió en una presencia constante en los hogares.

En VHS fue una de esas películas que muchas familias vieron una y otra vez, hasta desgastar la cinta. Para los niños de los ochenta y noventa, la saga no era solo una película: era un objeto físico, una carátula, una cinta que rebobinar, una tarde de sábado, una merienda y una nave imaginaria en el salón.

Después llegaron las ediciones en LaserDisc, DVD, Blu-ray, UHD, compra digital y streaming. Cada formato trajo nuevas restauraciones, nuevos cambios, nuevas polémicas y nuevas oportunidades para volver a vender la misma galaxia. Y hay que reconocerlo: muchos la hemos comprado más veces de las que sería sensato admitir ante Hacienda.

El gran debate ha sido siempre la disponibilidad de la versión original sin alteraciones. Durante años, muchos fans reclamaron ediciones domésticas de alta calidad de los montajes teatrales originales. Las Ediciones Especiales se convirtieron en la versión dominante, lo que alimentó todavía más la nostalgia por el corte de 1977.

14. Merchandising: el imperio económico de los muñecos

Uno de los aspectos más decisivos fue el merchandising. Lucas aceptó ciertas condiciones económicas a cambio de conservar derechos sobre productos derivados y secuelas. Aquello, que en su momento no parecía necesariamente el negocio del siglo, acabó siendo una mina de oro.

Figuras de acción, naves, pósteres, camisetas, novelas, cómics, juegos, cromos, sábanas, mochilas, tazas, cascos, disfraces, videojuegos… Star Wars convirtió el merchandising en una extensión natural de la experiencia cinematográfica.

Los juguetes permitieron que los niños continuaran la película en casa. La historia no acababa al salir del cine. Seguía en el suelo del salón, con muñecos, naves de plástico y una imaginación desatada. Ahí está una de las claves del fenómeno: La guerra de las galaxias no solo se veía; se jugaba.

🚀 Dato industrial: después de La guerra de las galaxias, Hollywood entendió que una película podía ser también una marca, una línea de juguetes, una biblioteca narrativa y una máquina cultural de largo recorrido.
Star Wars

15. Qué significó para sus protagonistas y para George Lucas

Para George Lucas, la película lo cambió todo. Pasó de ser un director joven con éxito a convertirse en un empresario cultural de primer nivel. Con el tiempo creó o consolidó estructuras fundamentales como Lucasfilm, Industrial Light & Magic, Skywalker Sound y THX.

Su independencia fue enorme. Pero también lo fue el peso de la saga. Lucas quedó asociado para siempre a Star Wars. Para bien, porque le dio libertad, riqueza e influencia. Para mal, porque cualquier decisión suya sobre la saga era examinada por millones de fans con lupa, microscopio y detector de midiclorianos.

Para Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford, la película fue una bendición y una condena. Los convirtió en iconos mundiales, pero también los vinculó de manera inseparable a sus personajes.

Harrison Ford logró escapar mejor del encasillamiento gracias a Indiana Jones, Blade Runner, Único testigo y otros papeles. Carrie Fisher transformó su experiencia con la fama en literatura, humor y memoria crítica. Mark Hamill abrazó con el tiempo su legado y construyó una carrera paralela muy rica en el doblaje.

Alec Guinness, por su parte, tuvo una relación más ambigua con el fenómeno. Se benefició enormemente de él, pero le incomodaba que una carrera teatral y cinematográfica tan prestigiosa quedara reducida para muchos espectadores a Obi-Wan. Cosas de la fama: uno gana un Óscar, trabaja con los grandes, y al final te paran por la calle para decirte “usa la Fuerza”.

16. El fenómeno fan: religión pop, comunidad y alguna que otra batalla campal dialéctica

El fenómeno fan de Star Wars es una de las grandes historias culturales modernas. No estamos hablando solo de espectadores entusiastas, sino de una comunidad global que ha crecido durante décadas.

Convenciones, disfraces, clubes, coleccionismo, fanzines, novelas, cómics, videojuegos, podcasts, canales de YouTube, debates infinitos sobre el canon, reconstrucciones de la cronología, teorías sobre personajes secundarios que aparecieron tres segundos al fondo de una escena… Todo eso forma parte del ecosistema.

Star Wars creó una forma de pertenencia. Para muchas personas fue una puerta de entrada al cine, la fantasía, la ciencia ficción, la música sinfónica o el coleccionismo. También fue una experiencia generacional: padres enseñando la trilogía a hijos, hijos enseñándola a nietos, y todos discutiendo después si hay que verla en orden de estreno, orden cronológico o encerrarse en una cueva hasta que pase el debate.

El fandom también ha mostrado su cara menos amable: exigencias extremas, reacciones tóxicas, guerras internas y una nostalgia a veces tan rígida que convierte cualquier cambio en herejía. Pero incluso eso demuestra la intensidad del vínculo emocional. A veces excesivo, sí. Pero real.

El fenómeno fan de Star Wars demuestra que algunas películas no se quedan en la pantalla. Se mudan a la biografía de los espectadores.

17. Anécdotas y curiosidades

  • 🌟 El título cambió con el tiempo. En 1977 se estrenó como Star Wars. El subtítulo Episode IV – A New Hope llegó después.
  • 🤖 R2-D2 y C-3PO funcionan como entrada cómica a la historia, una idea muy relacionada con La fortaleza escondida de Akira Kurosawa.
  • 😮‍💨 La respiración de Darth Vader se convirtió en uno de los sonidos más reconocibles del cine.
  • 🎼 John Williams ganó el Óscar por su banda sonora, una de las más famosas de la historia.
  • 🧢 Harrison Ford no era una gran estrella cuando fue elegido. Después de Han Solo, Hollywood ya no volvió a mirarlo igual.
  • 👑 Carrie Fisher aportó a Leia una mezcla de autoridad, sarcasmo y fragilidad que la convirtió en icono.
  • 🧙 Alec Guinness aportó prestigio clásico y ayudó a que la parte mística de la película resultara creíble.
  • 🚀 Industrial Light & Magic nació para resolver los efectos de esta película y acabó transformando la industria.
  • 💰 El merchandising se convirtió en una fuente de ingresos gigantesca y cambió la relación entre cine y productos derivados.
  • 🎞️ La película fue incorporada en 1989 al National Film Registry de Estados Unidos.
  • 🔫 El debate sobre si Han disparó primero sigue siendo una de las discusiones más famosas del fandom. Hay conflictos internacionales con menos bibliografía.
Star Wars

18. El legado: para bien, para mal y para vender camisetas

El legado de La guerra de las galaxias es inmenso. Cambió la forma de hacer cine fantástico. Cambió los efectos visuales. Cambió el sonido. Cambió la música de aventuras. Cambió el marketing. Cambió el calendario de estrenos. Cambió la relación entre películas y juguetes. Cambió la manera en que el público se vincula emocionalmente con una saga.

Sin ella, Hollywood habría sido muy distinto. Quizá habría blockbusters, claro, porque Tiburón ya había marcado el camino en 1975. Pero La guerra de las galaxias consolidó otro modelo: el de universo expandible, franquicia duradera y mitología pop multiplataforma.

También dejó consecuencias discutibles. El cine de estudios se volvió cada vez más dependiente de marcas conocidas, secuelas, precuelas, universos compartidos y propiedades intelectuales explotables. En cierto modo, la película que nació como rareza personal ayudó a crear el Hollywood corporativo contemporáneo.

Pero sería injusto culpar a Lucas de todos los pecados posteriores de la industria. La guerra de las galaxias funcionó porque tenía alma. Porque mezclaba aventura, humor, emoción, imperfección y entusiasmo. Porque no parecía diseñada por un algoritmo. Parecía soñada por alguien que había visto demasiados seriales, demasiadas películas de samuráis y demasiadas naves en su cabeza.

Y casi cincuenta años después, sigue funcionando. Aparece el texto inclinado, suena la música de John Williams, entra un destructor imperial en pantalla y algo se activa en el cerebro del espectador. Una mezcla de infancia, maravilla y rendición absoluta.

Eso no lo consigue una simple película. Eso lo consigue un mito.

Tráiler de La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza

John Williams: tema principal de Star Wars

Bibliografía, fuentes y lecturas recomendadas

Hola soy Ramón

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

Colaborador de Esradio Guadalajara, Alcarria TV, Nueva Alcarria, GuadaTV Media y Destino Arrakis




Alcarria TV – Al médico con Ramón – Hantavirus: el virus “de los ratones” que no conviene subestimar (y que se esconde en el polvo)

10/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se emite desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

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Alcarria TV – Al cine con Ramón y Diego – 2026-04-29 – Michael, La ahorcada, Un poeta

10/05/2026

 

 

 

 

 

Programa semanal para radio y televisión dedicado al cine y a las series.

 

Coordinado por José Luis Solano y con la presencia del productor y cinéfilo Diego Gismero y con la del crítico de cine Ramón Bernadó.

 

Espacio grabado en Zoom para Alcarria TV y EsRadio Guadalajara.

 

Se analizan las películas que son estrenadas en los Multicines Guadalajara y las series de todas las plataformas de streaming.

 

Michael (Musical) – 2026 – Antoine Fuqua – #YoVoyAlCine

 

La ahorcada – 2026 – Miguel Ángel Lamata – #YoVoyAlCine

 

Un poeta – 2025 – Simón Mesa Soto – #YoVoyAlCine

 

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Novecento (1900) – 1976 – Bernardo Bertolucci – Prime Vídeo

5/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

Novecento (1900) (1976) – Cinco horas de película… o cómo hacer un máster en lucha de clases sin apuntes

 

 

🎬 El director (cuatro líneas, que si no se nos va a seis horas también)

 

Bernardo Bertolucci no dirigía películas, dirigía experiencias vitales con pretensiones filosóficas.

 

Venía de firmar El conformista (1970) y de escandalizar medio planeta con El último tango en París (1972), así que cuando se puso con Novecento (1900) ya sabía perfectamente que lo suyo era provocar y pensar a lo grande.

 

Más tarde remataría la jugada con El último emperador (1987), que le dio nueve Óscar. Vamos, que el hombre alternaba polémicas y premios como quien cambia de camisa.


 

 

🏆 Premios y nominaciones

 

Novecento (1900) no fue una película de grandes premios tipo Óscar (entre otras cosas, por su duración y su complicado encaje comercial), pero sí tuvo reconocimiento crítico y presencia en festivales internacionales.

 

Destaca su participación en el Festival de Cannes de 1976 (fuera de competición), donde ya dejó claro que aquello no era una película más, sino un artefacto cinematográfico de dimensiones poco habituales.

 

Con los años, su prestigio ha crecido hasta ser considerada por muchos como una obra clave del cine europeo.


 

 

📝 Cutrecomentario (o intento de resumir lo inabarcable)

 

Novecento (1900) es, probablemente, una obra maestra… y desde luego una obra descomunal.

 

Bertolucci se toma su tiempo —y cuando digo su tiempo, digo el tuyo también— para contarnos algo que en otras manos duraría dos horas y aquí se convierte en una especie de epopeya rural con ideología incluida.

 

La cosa va de tres formas de estar en el mundo.

 

Por un lado, Robert De Niro como Alfredo Berlinghieri, terrateniente de cuna, heredero de privilegios y, siendo finos, un parásito social con traje elegante.

 

Por otro, Gérard Depardieu como Olmo Dalcò, campesino, proletario de manual, alguien que no hereda nada salvo callos en las manos y jornadas interminables.

 

Y luego está el personaje fascista, ese elemento violento y necesario —según nos cuenta la película— para que el sistema no cambie nunca, para que todo siga exactamente igual aunque el mundo se caiga a pedazos.

 

Lo que hace Bertolucci no es solo contar una historia: es retratar una época de Italia, la del auge del fascismo, estructurada además en cuatro estaciones, como si el calendario también tuviera ideología.

 

Pero en el fondo lo que late es la lucha de clases de toda la vida, la tensión entre los que tienen todo y los que no tienen nada, y cómo el sistema se organiza para que eso no cambie. Vamos, que Karl Marx habría salido del cine diciendo: “correcto, pero un poco larga”.

 

La película está llena de momentos brillantes.

 

La fotografía de Vittorio Storaro es directamente una barbaridad: cada plano parece pintado con mimo.

 

Y la música de Ennio Morricone (sí, ese Morricone) acompaña todo con una elegancia que te hace olvidar que llevas tres horas sentado… hasta que miras el reloj y te das cuenta de que todavía queda media película.

 

Y ojo al reparto femenino: Stefania Sandrelli y Dominique Sanda están estupendas, dando cuerpo a personajes complejos dentro de un mundo bastante masculino y bastante brutal.

 

Y luego aparece Burt Lancaster al principio, que parece sacado directamente de El gatopardo (1963) de Luchino Visconti, como si su personaje hubiera decidido seguir viviendo unos años más en otra película. Un cameo con pedigree.

 

Todo sucede prácticamente en el mismo escenario: esas fincas rurales donde el campesinado malvive y los ricos, bastante depravados en general, mantienen su estatus sin demasiados remordimientos. Es un microcosmos que sirve para explicar un país entero.

 

Y luego está la experiencia personal. Volver a ver Novecento (1900) es reencontrarte con una película que recuerdas a trozos, a escenas sueltas, a sensaciones. En España, muchos la vimos proyectada en dos partes, allá por principios de los 80, como si fuera una miniserie antes de que existieran las miniseries. Y no era mala idea, porque verla del tirón exige más resistencia que una etapa del Tour.

 

Una película inmensa, excesiva, brillante, incómoda y, sí, tremendamente larga. Pero de esas que justifican por qué el cine, a veces, puede aspirar a contar el mundo entero. Aunque te deje sin palomitas a mitad de camino.

 

Mi puntuación: 9,78/10.

 

 

 

Dirigido por Bernardo Bertolucci:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

Novecento (1900) (1976) – El siglo XX según Bertolucci… con pausa para cenar (y desayuno)

 

Si alguien te dice que ha visto Novecento (1900) del tirón, no le preguntes si le ha gustado: pregúntale si ha sobrevivido. Bernardo Bertolucci no rodó una película, rodó una especie de vida paralela con intermedio largo y digestión complicada.

 

Para empezar, la versión original sin cortes se va a las cinco horas y diecisiete minutos. Una cosa manejable, lo típico para una tarde ligera… si esa tarde dura medio día. Y claro, en ese metraje cabe de todo: escenas más crudas que en el montaje internacional, violencia sin edulcorar, sexo explícito (sin cortinillas ni fundidos pudorosos) y hasta la polémica presencia de muertes reales de animales, algo que hoy provocaría un escándalo de dimensiones bíblicas. Entre todo ese material hay una escena especialmente comentada —por decirlo fino— en la que coinciden Alfredo, Olmo y Neve, y que deja al espectador en ese territorio incómodo donde uno no sabe si mirar o pedir un vaso de agua.

 

El reparto tampoco salió indemne. Donald Sutherland, que interpreta al sádico fascista Atila, se llevó el personaje tan lejos que luego no quiso saber nada de él. De hecho, tras verse en pantalla, no pudo volver a ver la película durante años. No es que no le gustara su trabajo: es que le dio auténtico repelús. Pocas veces un actor consigue que su mayor enemigo sea él mismo.

 

En lo narrativo, Bertolucci jugó a ser poeta sin que se notara demasiado. Estructuró la película siguiendo las estaciones del año: la infancia es verano, la madurez llega en otoño, el ascenso del fascismo congela todo en invierno y el final de la Segunda Guerra Mundial florece en primavera. Vamos, que mientras uno intenta no perder el hilo entre terratenientes, campesinos y revoluciones, el director te está colando un calendario simbólico de esos que luego quedan muy bien en los libros de cine.

 

Claro, tanta ambición tenía un problema: los productores. La versión internacional que circuló en su momento se quedó en unas tres horas y media, que ya es larga, pero para Bertolucci era poco menos que una mutilación. Él mismo se encargó del recorte para evitar que otros hicieran un destrozo mayor, porque los estudios querían todavía menos metraje. Y por si fuera poco, tampoco le hizo ninguna gracia el título en inglés, “1900”. Para él, “Novecento” no era un número: era una declaración de intenciones, un retrato del siglo XX entero. Vamos, que le cambiaron el nombre a su criatura y encima le recortaron las piernas. Un drama casi tan grande como el de la propia película.

 

 

Y luego está la famosa escena con Gérard Depardieu, Robert De Niro y Stefania Casini, que tiene más historia fuera de cámara que dentro. Casini lo contaba con bastante naturalidad: ella no tenía problema con el desnudo, lo veía como algo bello, casi artístico. Los que lo pasaron peor fueron ellos, los dos pesos pesados masculinos. Según ella, para un hombre es más complicado exponerse así, por razones… digamos… de logística. Bertolucci, encantado: le fascinaba llevar a sus actores al límite, sacarles de la zona de confort y ver qué pasaba. Y lo que pasaba, claro, era esto.

 

Al final, Novecento (1900) es una de esas películas que no se explican, se atraviesan. Un fresco histórico, político y humano de dimensiones descomunales, rodado con la ambición de quien quiere contarlo todo… absolutamente todo. Y lo consigue, vaya si lo consigue. Otra cosa es que el espectador llegue al final con la misma energía con la que empezó.

 

Si decides verla, consejo de amigo: planifica bien el día. Y la cena. Y el desayuno del día siguiente. Porque salir, sales… pero no igual.

 

 

 

 

 

Bernardo Bertolucci: el poeta que quiso filmar el siglo (y de paso incomodarnos a todos)

 

Hablar de Bernardo Bertolucci es hablar de un tipo que nunca entendió el cine como entretenimiento ligero. Lo suyo era otra liga: hacer películas como quien escribe novelas-río, mezclar política con sexo, poesía con ideología y, de paso, meterte en un lío moral del que no sales igual. Vamos, un director de los que no se ponen de fondo mientras planchas.

 

Nació en 1941 en Parma, en una familia con pedigree cultural. Su padre, Attilio Bertolucci, era poeta. Eso ya te marca: en vez de jugar al balón, el chaval crece entre versos, intelectuales y debates que seguramente no eran precisamente sobre el último partido del Parma. De hecho, antes de coger una cámara, Bertolucci ya escribía poesía. Luego se pasó al cine… pero nunca dejó de filmar como si estuviera escribiendo un poema.

 

Su entrada en el cine no fue precisamente por la puerta de atrás. Con poco más de veinte años ya estaba colaborando con Pier Paolo Pasolini, otro que tampoco era precisamente de los tranquilos. Trabajó como ayudante en Accattone y de ahí saltó a dirigir su primera película, La commare secca (1962). Desde el principio se notaba que había talento, pero también cierta tendencia a complicarse la vida.

 

El gran despegue llegó con El conformista (1970), una obra que hoy sigue siendo un referente visual. Ahí ya aparece el Bertolucci que marcaría su carrera: obsesión por el poder, la identidad, la política y una estética tan cuidada que casi duele. La historia de ese hombre que se somete al fascismo para encajar es, en el fondo, una radiografía incómoda de cómo funciona el ser humano cuando tiene miedo a ser diferente. Y sí, ya empezaba a incomodar, que luego sería marca de la casa.

 

 

Pero si hay una película que lo colocó en el mapa mundial (y también en el ojo del huracán) fue El último tango en París (1972). Protagonizada por Marlon Brando y María Schneider, la película se convirtió en un escándalo monumental. No solo por su contenido sexual explícito, sino por la famosa escena de la mantequilla, que décadas después generó una polémica enorme por cómo se rodó. Aquí conviene decirlo claro: el mito del genio también tiene sombras, y Bertolucci cargó con críticas muy serias por decisiones que hoy serían directamente inaceptables. Su cine podía ser fascinante, sí, pero también profundamente problemático.

 

Lejos de achantarse, en 1976 se lanzó a por su gran obra total: Novecento (1900). Una película gigantesca, en todos los sentidos. Cinco horas largas para contar la historia de Italia a través de dos personajes, uno rico y otro pobre, interpretados por Robert De Niro y Gérard Depardieu. Aquí Bertolucci se desata: política, lucha de clases, sexo, violencia… todo cabe. Es su visión del siglo XX, sin filtros y sin prisa. Una película que no se ve, se atraviesa. Y que resume perfectamente su obsesión: el cine como herramienta para entender la historia y al ser humano, aunque duela.

 

En los años 80 dio un giro que nadie esperaba. Con El último emperador (1987) se fue a China y firmó una superproducción que le valió nueve premios Óscar, incluyendo mejor película y mejor director. La historia de Puyi, el último emperador chino, le permitió combinar su mirada política con un despliegue visual espectacular. Y aquí viene lo curioso: el mismo director que había escandalizado medio mundo con El último tango en París se convertía en el niño bonito de Hollywood. Cosas del cine.

 

Pero Bertolucci no era de acomodarse. Después vinieron películas como El cielo protector (1990), con ese aire existencialista en el desierto, o Pequeño Buda (1993), donde se metía en terrenos espirituales. Y en 2003 regresó a su terreno favorito con Soñadores, una película que mezcla cinefilia, política y despertar sexual en el contexto del Mayo del 68 en París. Aquí vuelve el Bertolucci provocador, el que juega con los límites y con la mirada del espectador, el que te hace sentir un poco incómodo mientras disfrutas de lo que estás viendo.

 

Su estilo es inconfundible. Visualmente, sus películas son una barbaridad: composición de planos, uso del color, movimientos de cámara… todo está pensado al milímetro. Pero no es solo estética. En el fondo, siempre hay una pregunta incómoda: ¿qué hacemos con el poder, con el deseo, con la ideología? Sus personajes están constantemente en conflicto, atrapados entre lo que quieren y lo que la sociedad espera de ellos.

 

Ideológicamente, Bertolucci fue siempre un cineasta comprometido. Su relación con el marxismo, su visión crítica del fascismo y su interés por las estructuras de poder atraviesan toda su filmografía. Pero no lo hace desde el panfleto, sino desde lo humano, desde personajes llenos de contradicciones. Nadie sale limpio en sus películas, y eso las hace más interesantes… y también más incómodas.

 

En sus últimos años, problemas de salud lo alejaron del ritmo frenético de rodaje. Aun así, volvió con Io e te (2012), una película más pequeña, más íntima, casi como un susurro después de tantos gritos. Fue su despedida cinematográfica. Falleció en 2018, dejando una filmografía que sigue generando debate.

 

Porque ese es, al final, el legado de Bernardo Bertolucci: un cine que no te deja tranquilo. Un cine que mezcla belleza y polémica, inteligencia y exceso, poesía y provocación. Un cine que, para bien o para mal, no se olvida.

 

Y eso, en los tiempos del “la veo y la olvido mientras miro el móvil”, tiene bastante mérito.

 

 

 

 

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David: Una aventura gigante (Animación) – David – 2025 – Phil Cunningham, Brent Dawes – #YoVoyAlCine

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El musical bíblico donde todos tienen la misma nariz… pero distinta fe.

 

Detrás de la dirección están Phil Cunningham y Brent Dawes. No son nombres especialmente conocidos para el gran público, ni tienen una filmografía llena de títulos icónicos que suenen a primera.

 

Su trayectoria está más vinculada a la animación y a producciones familiares, moviéndose en ese terreno donde lo importante es que la historia llegue fácil y clara… aunque a veces eso implique simplificar bastante las cosas.

 

En cuanto a premios y nominaciones de David: Una aventura gigante, no hay un palmarés especialmente relevante. No es una de esas películas que vienen avaladas por festivales o grandes reconocimientos. Juega más en la liga del cine familiar con mensaje, que funciona por su temática más que por su recorrido en premios.

 

Y vamos al lío.

 

Estamos ante una película de animación musical religiosa, basada en la historia bíblica de David, el mismo que derrotó a Goliat y acabó siendo rey de Israel. Hasta aquí, todo dentro del guion previsto.

 

La animación es en 3D, bastante cuidada, incluso preciosista en algunos momentos. Eso sí, detalle curioso: todos los personajes parecen haber pasado por el mismo cirujano… porque esas narices clonadas no se le escapan a nadie.

 

La película está bien rodada, bien montada, y tiene escenas de acción que funcionan francamente bien.

 

Además, al ser musical, las canciones van apareciendo con bastante soltura y, sorprendentemente, no molestan: al contrario, resultan pegadizas y encajan dentro del conjunto.

 

Ahora bien, el elemento clave aquí es el religioso. Y no se corta un pelo. El mensaje es claro, directo y repetido hasta la saciedad: el poder de David viene de Dios. Punto. No hay matices.

 

La película se mantiene bastante fiel al relato bíblico, mostrando a los israelitas como un pueblo inseguro, influenciable, tirando a cobarde, frente a la figura de David, que es el líder ideal: honesto, humilde, sincero y elegido por designio divino para guiar a su pueblo.

 

Y claro, de ahí se deriva un subtexto que no pasa desapercibido: el pueblo de Israel como pueblo elegido por Dios, con todo lo que eso implica. Un mensaje que, visto en el contexto actual, puede generar cierta incomodidad o, al menos, invitar a una lectura política que quizá la película no pretendía (o sí, quién sabe). Porque esa idea de una guerra respaldada por lo divino, en los tiempos que corren, tiene su miga.

 

Dicho todo esto, y dejando a un lado ese posible debate político, la película funciona. Funciona como cine familiar, como entretenimiento, como relato clásico llevado a la animación. Es fácil de ver, tiene ritmo, tiene momentos de acción y un apartado musical que acompaña bastante bien.

 

Una película bíblica, musical y claramente religiosa, con un mensaje muy marcado, pero que cumple en lo que promete.

 

Ideal para quien busque una historia de fe con envoltorio animado… y no le moleste que todos tengan la misma nariz.

 

Mi puntuación: 6,60/10.

 

 

 

Dirigido por Phil Cunningham, Brent Dawes:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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¿Cómo hemos llegado a esto? – 2026 – Gorka Mínguez – #YoVoyAlCine

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Tres hablando sin parar… y yo buscando el ibuprofeno

 

Detrás de este invento está Gorka Mínguez, cineasta español del que, siendo honestos, no hay una filmografía especialmente conocida o destacada a nivel popular.

 

No estamos ante un nombre de esos que llenan titulares ni alfombras rojas cada año.

 

Su trabajo aquí apunta claramente a un interés por el diálogo, por el conflicto interpersonal y por ese tipo de cine que bebe mucho del teatro… quizá demasiado.

 

En cuanto a premios y nominaciones de ¿Cómo hemos llegado a esto?, la cosa está más bien tranquila. No hay grandes reconocimientos ni ruido festivalero destacable. Vamos, que no ha venido a arrasar vitrinas precisamente.

 

Y ahora, al turrón.

 

Estamos ante una película que, aunque rodada prácticamente en exteriores, es teatro puro y duro. Pero del de tres actores soltando texto sin parar. Aquí tenemos a Macarena Gómez, Kira Miró y Ismael Merino en modo verborrea constante, como si les pagaran por palabra (spoiler: parece que sí).

 

Ese tipo de cine que quiere reflexionar sobre las relaciones personales, la amistad, la vida… y que acaba provocando justo lo contrario: ganas de salir corriendo. Porque sí, pretende ser una comedia. Incluso una comedia con cierta altura intelectual, de esas que quieren hacerte reír y pensar a la vez. El problema es que ni una cosa ni la otra.

 

El resultado: un dolor de cabeza considerable. Pero de los serios, de los que no arreglas ni con descanso. Un festival de “bla, bla, bla” donde no hay chispa, no hay gracia, no hay interés… no hay nada. Todo suena impostado, pretencioso, como si la película estuviera constantemente diciendo: “mira qué lista soy”, mientras tú estás pensando: “mira qué ganas tengo de que esto acabe”.

 

Y lo peor no es el aburrimiento (que ya es gordo), es que ni siquiera permite evadirse. Porque cuando uno empieza a cerrar los ojos con la esperanza de escapar mentalmente, ahí sigue el parloteo incesante, impidiendo hasta echar una cabezadita digna.

 

Una película que aspira a comedia inteligente y se queda en un ejercicio de paciencia para el espectador. Insoportable es poco.

 

Aquí la gran pregunta no es “¿Cómo hemos llegado a esto?”, sino “¿Cómo salgo de aquí sin secuelas?” 😅

 

Mi puntuación: 2,55/10.

 

 

 

Dirigido por Gorka Mínguez:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La isla de Amrum – Amrum – 2025 – Fatih Akin – #YoVoyAlCine

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La isla de Amrum – o cómo sobrevivir a la guerra… y al hambre con pan, mantequilla y miel

 

Detrás de la cámara está Fatih Akin, uno de esos tipos que cuando se pone serio, se pone muy serio.

 

Alemán de origen turco, lleva años alternando pelis intensas con otras más gamberras.

 

En su filmografía destacan Contra la pared (Oso de Oro en Berlín, ahí es nada), Al otro lado, En la sombra (con Diane Kruger ganando en Cannes) o la más reciente Rheingold. Vamos, que no es ningún recién llegado ni un señor que improvise los domingos por la tarde.

 

Y ahora vamos al lío.

 

Esto es un drama bélico, sí, pero que nadie espere tiros cada cinco minutos ni explosiones tipo videojuego. Aquí la guerra está de fondo, en la trastienda, como ese vecino pesado que no ves pero sabes que está dando por saco. La historia se mete en la piel de Nanning, un chaval de 12 años, de Hamburgo, niño de ciudad metido a la fuerza en un entorno rural en plena recta final de la Segunda Guerra Mundial.

 

La familia no es precisamente neutral: padre oficial nazi, madre fan entregada de Hitler y el crío que venía ya educadito en las juventudes hitlerianas. Vamos, el pack completo.

 

Y en medio de ese panorama, lo que mueve la película no es la ideología… es el hambre. Hambre de verdad. De la que te hace soñar con pan blanco, mantequilla y miel como si fueran un menú de tres estrellas Michelin.

 

El chaval se lanza a la “aventura” (y lo de aventura aquí tiene su ironía) de recorrer la isla para conseguir esos tres ingredientes. Y en ese camino, lo que vemos es una Alemania derrotada, cansada, medio derrumbada por dentro. Un sitio curioso, además, porque no está siendo bombardeado, ni parece el frente, pero la miseria está igual de presente.

 

Lo interesante es cómo la peli te mete en esa realidad desde la mirada del niño. No hay grandes discursos, hay aprendizaje a base de golpes: coger huevos, matar conejos, plantar patatas… pasar de niño urbanita a pequeño superviviente rural en dos telediarios. Y todo eso mientras alrededor se cuela otra capa: los refugiados polacos, aún peor que ellos, que vienen a recordarte que siempre se puede estar más fastidiado.

 

Tiene momentos muy potentes, de esos que se te quedan, y funciona muy bien porque es sencilla de ver, sin complicaciones ni postureos.

 

No intenta ser más lista de lo que es, y eso se agradece.

 

Te engancha sin darte cuenta, casi como el chaval persiguiendo su bocadillo imposible.

 

Una película pequeña en apariencia, pero con bastante miga. De las que no hacen ruido… pero cuando terminan, te dejan pensando un rato. Y probablemente con hambre.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

 

Dirigido por Fatih Akin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El diablo viste de Prada 2 – The Devil Wears Prada 2 – 2026 – David Frankel – #YoVoyAlCine

2/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Más Prada, más drama… y más puñaladas con tacón de aguja”

 

El director David Frankel no es precisamente un recién llegado. Ya dirigió la primera El diablo viste de Prada, así que aquí juega en casa.

 

También ha firmado cosas como Marley y yo o Un lugar para soñar, siempre moviéndose en ese terreno de cine comercial bien empaquetado, elegante y con actores luciéndose.

 

No es un revolucionario, pero sabe contar historias y, sobre todo, sabe sacar partido a sus intérpretes. Y aquí, claro, con este reparto, lo tenía medio hecho.

 

En cuanto a premios y nominaciones, esta segunda entrega no ha tenido recorrido destacable (al menos de momento). Ni Oscars ni Globos ni nada que se le parezca. Vamos, que no ha venido a hacer historia… sino caja y conversación, que tampoco está mal.

 

Y ahora sí, al desfile.

 

Confesión rápida: memoria selectiva. De la primera entrega, vista hace ya veinte años, quedan cuatro flashes mal contados. Pero tampoco pasa nada. Esta El diablo viste de Prada 2 se deja ver perfectamente sin hacer examen previo. Y oye… sorpresa agradable.

 

La película entra como un guante caro: bien montada, ágil, entretenida y, para qué negarlo, bastante emotiva. Y además, con chicha. Porque aquí no solo se habla de modelitos y egos XXL, sino de cosas bastante más jugosas: la crisis del periodismo, el imperio de los likes, las redes sociales convertidas en oráculo supremo y esa idea deprimente de que la calidad importa menos que los numeritos. Vamos, que cualquiera que haya renegado de las redes (hola) se siente bastante identificado.

 

También mete mano al mundo de la moda: cómo ha pasado de ser un club elitista a un parque temático para todos los públicos. ¿Democratización? Sí. ¿Riesgo de caer en el chabacanismo? También. Y esa tensión está bastante bien planteada.

 

Y luego está el espectáculo. Ver a Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt desfilando con esos modelazos es un placer culpable de manual. No hace falta saber de moda: si algo es bonito, entra solo. Puro disfrute visual, como cuando uno veía Sexo en Nueva York y se quedaba embobado sin tener ni idea de marcas.

 

El tema empresarial también tiene mala leche: aquí lo importante no es la marca, ni el prestigio… es el rendimiento económico. Y punto. Capitalismo sin anestesia, envuelto en seda.

 

Entre las actrices no hay ni rastro de esa sororidad tan de moda. Aquí lo que hay es rivalidad fina, tensión elegante y una relación casi simbiótica: no se soportan del todo, pero se necesitan. Y eso está muy bien visto, porque no todas las relaciones humanas tienen que acabar en abrazos.

 

Stanley Tucci aporta ese punto de calma dentro del huracán. Siempre agradecido.


Justin Theroux (no, no es francés, aunque el apellido despiste) se marca un personaje pasado de vueltas, de rico insoportable, que funciona justo porque no tiene filtro.


Kenneth Branagh, en pequeño papel, cumple con elegancia.


Y ojo a Lady Gaga, que aparece y hace lo que suele hacer: comerse la pantalla sin pedir permiso. Poderío máximo.

 

Mención especial para Simone Ashley, muy sólida, y para Lucy Liu, que en poco tiempo deja huella.

 

Una película que entra sola, que entretiene, que tiene más fondo del que parece y que, sin cambiarle la vida a nadie, consigue algo cada vez más difícil: que pases un rato estupendo.

 

Y oye, si además sales del cine con ganas de comprarte una americana que no necesitas… misión cumplida. 🎬

 

Mi puntuación: 8,78/10.

 

 

 

Dirigido por David Frankel:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Strangers: Capítulo final – The Strangers: Chapter 3 – 2026 – Renny Harlin – #YoVoyAlCine

2/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Hachazos exprés: terapia de choque para la siesta”

 

El bueno de Renny Harlin lleva décadas en esto de reventar cosas y poner a gente a correr delante de asesinos.

 

Firmó títulos tan disfrutables como La jungla 2, Máximo riesgo o la simpática ida de olla de Deep Blue Sea.

 

También ha tenido tropiezos considerables (hola, La isla de las cabezas cortadas), pero lo suyo es el entretenimiento sin complejos.

 

Aquí vuelve al terror puro y duro, sin demasiadas ínfulas… ni falta que le hace.

 

Sobre premios y nominaciones: esto no es precisamente El padrino. Esta tercera entrega no ha rascado nada relevante y, de hecho, ha salido bastante escaldada por crítica y público. Vamos, que si hubiera premios a “la más apaleada”, competía fuerte.

 

Y ahora, al lío.

 

Aquí uno se sienta a ver Strangers: Capítulo final como quien se pone una peli de domingo después de comer: medio dormido y sin acordarse de nada de lo anterior. Y oye, sorpresa. Funciona. Dura lo justo (unos 89 minutos reales, no esas fantasías de 135 que circulan por ahí), y va al grano como un hachazo bien dado.

 

Dicen que no la defiende nadie. Pues aquí llega el abogado del diablo con toga y todo. La película, sin reinventar nada, dibuja bastante bien —a brochazos gordos, sí, pero efectivos— el perfil del psicópata de turno (ese Gregory de manual, con su historia turbia y papá protector tipo “esto en casa no se comenta”). Los flashbacks cumplen: no marean, no sobran y te montan el origen del bicho sin necesidad de tesis doctoral.

 

Luego está el combo clásico: asesino + acompañante envenenadora (femme fatale de libro, que en este género nunca falla). Y el toque interesante: cómo una víctima puede acabar metida en ese remolino de violencia. Nada nuevo, pero está contado con oficio.

 

¿Los personajes? De trazo grueso, sí. Pero funcionan.

 

¿La historia? Sencilla, directa y sin tonterías.

 

¿El resultado? Entretenimiento puro. De ese que no te cambia la vida, pero te mantiene con el ojo abierto.

 

Y ojo: unos cuantos hachazos bien colocados a primera hora de la tarde tienen más efecto que dos cafés. Ciencia no será, pero experiencia sí.

 

Mi puntuación: 6.55/10.

 

 

 

Dirigido por Renny Harlin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Trabajillos – Historietas basadas en hechos reales, según mis recuerdos

1/05/2026

 

 

 

 

 

TRABAJILLOS

 

 

Hay vidas que se cuentan por etapas. La mía, si me pongo nostálgico (pero sin pasarse, que luego uno se pone blandito), podría dividirse en una cosa muy poco épica: trabajos. Muchos. Pequeños. A veces absurdos. Casi siempre útiles. Y todos, de alguna manera, necesarios para llegar a aquel 29 de julio de 1981 en el que, con la tinta del título aún fresca, ya estaba pasando consulta en Mandayona haciendo una sustitución de verano. Así, sin anestesia.

 

Porque sí: terminé Medicina ese julio. Empecé en el 75 y acabé en el 81. Y entre medias, una colección de “trabajillos” que hoy, vistos con perspectiva, darían para un máster en supervivencia.

 

El primero que recuerdo fue de camarero. Bueno… camarero elevado. Literalmente. Me subían a una caja de cerveza —de las de madera, que aquello tenía más astillas que dignidad— para que llegara a la cafetera en el restaurante de mi padre, el Coimbra, en la calle Coimbra de Zaragoza, al ladito del Huerva. Yo tendría 14 años. Me plantaban allí en bodas y comuniones a hacer cafés como si no hubiera un mañana. Y oye, no se me daba mal. Luego venía lo mejor: comer lo que no se había servido. Y aquello, amigos, era gloria bendita.

 

Ese fue el inicio. Luego llegaron los veranos en el Parque Sindical. Mi padre, don Fernando, y su socio tenían la concesión de los bares y el restaurante desde la inauguración, y allí me pasé años, desde los 14 hasta los 22, currando julio y agosto (y algún septiembre de propina). Jornadas completas, de sol a cierre, sirviendo Coca-Colas, cafés y copas de Soberano, Fundador, Veterano, Terry… todo el catálogo etílico nacional. El primer sueldo: 3.000 pesetas. Aquello me pareció Wall Street.

 

No me disgustaba. Conocí a mucha gente, hice amigos y aprendí que el cliente siempre tiene razón… aunque no la tenga. Durante el año también iba a reforzar bodas y eventos, pero eso mi padre lo consideraba formación gratuita. Vamos, que no veía un duro. Pero con lo de verano y otros apaños fui pagando la universidad, los libros (que revendía como un broker de apuntes) y hasta el carnet de conducir. Y sí, me compré un coche: un Seat 600 con matrícula de Barcelona, más viejo que Matusalén —creo que tenía 17 años— por 17.000 pesetas. Una ganga… si no te importaba que arrancara cuando le daba la gana.

 

Pero claro, no todo era servir cafés con sonrisa. También probé el campo. Fui temporero antes de que se llamara así, básicamente. Vendimié tres años en Mara, cerca de Cariñena. Aquello sí que era duro. Por la mañana, frío de cortarte la cara. Al mediodía, calor de desierto. Y por la tarde, el infierno: moscas, avispas, abejas… no podías ni abrir la boca sin riesgo de comerte una fauna entera. Cortaba uvas con una pequeña hoz, pero sobre todo cargaba estos al remolque. Trabajo físico del bueno.

 

Allí fui por un amigo, Delfín. Un tío estupendo. Murió muy joven, con 20 o 21 años, de una hemorragia cerebral jugando al fútbol. De esas cosas que te dejan tocado para siempre.

 

También recogí cebollas. Y aquí el dato estrella: entre tres personas movimos 65 toneladas en unos 12 días. Cebollas gigantes, casi de kilo, para exportación. Yo me llevaba una cada día a casa y mi madre estaba hasta el gorro de cebolla. Normal.

 

Y manzanas. Eso vino por un compañero de la facultad que tenía más negocios que un político en excedencia. Dormíamos en un hostal bastante… digamos “mejorable”, y trabajábamos de sol a sol. Pero oye, se sacaba dinero.

 

 

 

Entre medias fui peón de albañil. En Zaragoza. Trabajo curioso: no construía nada, pero lo movía todo. Ladrillos, sacos, herramientas… El capataz señalaba: “eso de ahí, allí”. Y yo, con el carretillo, a obedecer. Al final del día recogía herramientas en sitios donde parecía que las habían escondido para un juego del tesoro.

 

Me llamaban “Ramoncico”. Siempre. No sé por qué, pero en casi todos los trabajos. Comía bocadillo mientras los demás regaban la comida con vino como si fuera agua. Y luego estaba lo de “mojar las paredes”. Por fuera, agua. Por dentro… orujo. Aquello me parecía una barbaridad. Lo probaba y, en cuanto podía, lo tiraba. Porque subirse a un andamio con eso en el cuerpo… era jugar a la ruleta rusa versión albañil.

 

También limpié garajes. Ahora hay máquinas. Antes, escoba y riñones. Recuerdo uno en La Jota que parecía el Sahara con parking. Cuatro dedos de polvo y escombro. Me dieron 8.000 pesetas. Pensé que lo hacía en dos días. Ja. Me pasé horas y horas, días enteros, sacando sacos sin ver el final. Ahí aprendí que el optimismo es bonito… pero peligroso.

 

Con unos amigos, Conchita y Quique, limpiamos pisos reformados en el centro. Trabajo fino: quitar yeso, limpiar alicatados, dejar todo listo para estrenar. Era duro, pero al menos había conversación.

 

Y luego está el episodio de la Mejillonera. Fiestas del Pilar. Yo, 16-17 años. Contratado como camarero… pero en realidad era el rey del mejillón. Limpiando todo el día. Eso sí, de vez en cuando salía a barra a servir algo, para no perder glamour. Luego, vuelta al mejillón.

 

Hice también mudanzas. Dos veces. Y con eso tuve suficiente para toda la vida. Jornadas maratonianas, cargando y descargando sin parar. Recuerdo un segundo sin ascensor… y aún me duelen las piernas de pensarlo.

 

Y el mejor negocio: los apuntes. Aquí sí que hubo cerebro. Un grupo de compañeros hacíamos apuntes, los editábamos y los vendíamos por suscripción. Tercero: microbiología. Cuarto: dermatología. Quinto: medicina interna. Teníamos 300 o 400 suscriptores. Aquello era una pequeña industria editorial clandestina en el hall de la facultad. Y además, estudiabas mejor. Redondo.

 

Con todo esto, fui tirando. Me pagué la carrera, los libros, el coche, la gasolina… Mis padres ponían casa, comida y ropa. El resto, a base de trabajillos.

 

Y así, entre cafés, cebollas, ladrillos, mejillones y apuntes, llegué a aquel verano del 81.

 

El día 29 ya estaba trabajando de médico.

Casi sin darme cuenta.

Pero con mucho, mucho rodaje.

 

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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El cazador – The Deer Hunter – 1978 – Michael Cimino – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

30/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ya nada fue igual.

 

“Tres colegas, una boda, Vietnam… y ya si eso luego terapia”

 

El director Michael Cimino firmó aquí su gran obra maestra antes de que Hollywood le pusiera la cruz con La puerta del cielo.

 

Venía de dirigir Un botín de 500.000 dólares y con esta película tocó techo: Oscar, prestigio y carta blanca… que luego se le fue de las manos. Un talento enorme con tendencia al exceso, vamos.

 

Y ahora sí, al lío.

 

Esto no es solo una peli sobre Vietnam. Es la peli sobre cómo una guerra te destroza por dentro aunque vuelvas entero por fuera. Y lo hace con una estructura en tres actos que es puro manual de cine… pero sin que se note el manual, que es lo difícil.

 

Primero, la América profunda. Esa comunidad de inmigrantes (de origen eslavo) currando en la fábrica, bebiendo como si no hubiera mañana y celebrando una boda larguísima que, ojo, funciona mejor que muchas pelis enteras. Ahí hay verdad, hay vida, hay ese rollo casi documental que te mete dentro. Una boda que huele a sudor, vodka y tradición. Y sí, recuerda un poco a El padrino, pero aquí sin mafia, solo con resaca.

 

Luego llega Vietnam. Y aquí ya no hay bromas. El horror. La degradación. La locura. La famosa ruleta rusa (que no está documentada como práctica real, pero da igual, funciona como símbolo brutal). Cimino te mete en un infierno donde los personajes dejan de ser héroes para convertirse en carne emocional picada. No hay épica, hay angustia.

 

Y después, lo peor: volver. Porque volver no significa regresar. Significa sobrevivir con lo que has visto. Robert De Niro se marca un tercer acto de esos de quitarse el sombrero, con ese sentimiento de culpa de “¿por qué yo sí y otros no?”. Ese regreso incómodo, roto, donde ya nada encaja.

 

Y en medio, un reparto que da miedo de lo bueno que es:

Meryl Streep, en su primera nominación al Oscar (luego ya sabemos… se abonó a las nominaciones como quien paga Netflix),


Christopher Walken, que se llevó el Oscar y está absolutamente desatado,


John Cazale, siempre enorme (y siempre en obras maestras, el tío no fallaba), nuestro Fredo de El Padrino,


y John Savage, completando un grupo de personajes que parecen de verdad.

 

La película arrasó: 5 Oscars, incluyendo Mejor Película y Mejor Director, y se convirtió en uno de esos títulos que cambiaron la percepción pública sobre Vietnam. No porque diera datos, sino porque enseñó cicatrices.

 

Una obra maestra sin discusión. De las que duelen, de las que se te quedan dentro y de las que te recuerdan que el cine, cuando quiere, te destroza mejor que la vida real… pero en solo tres horas. Y sin tener que ir a la guerra, que ya es algo.

 

Mi puntuación: 9,88/10.

 

 

 

El cazador: cuando rodar una película parecía peor que ir a terapia

 

El cazadorThe Deer Hunter, 1978— no solo fue una película enorme: fue también un rodaje con pinta de prueba de resistencia, casting emocional y concurso de “a ver quién sale vivo de aquí”.

 

Dirigida por Michael Cimino, ganó cinco Óscar, entre ellos mejor película, mejor dirección, mejor actor de reparto para Christopher Walken, mejor montaje y mejor sonido. Además, recibió nueve nominaciones y convirtió a Meryl Streep en nominada al Óscar por primera vez. 

 

Una de las anécdotas más brutales tiene a Christopher Walken escupiendo en la cara de Robert De Niro por indicación de Cimino. La reacción de De Niro fue real: se quedó helado, luego furioso, y casi se larga del rodaje. Vamos, que el método interpretativo ese día pidió excedencia.

 

Las bofetadas de las escenas de la ruleta rusa también fueron reales. Nada de “te hago como que te doy”. Aquí se repartía cariño tailandés con la mano abierta. Incluso se cuenta que De Niro sugirió que Walken recibiera una bofetada sin avisar para capturar una reacción auténtica. La cara de Walken, por tanto, no era actuación: era “acabo de replantearme mi contrato”.

 

El caso de John Cazale es el más conmovedor. Llegó al rodaje enfermo de cáncer de pulmón, y por eso sus escenas se filmaron primero. El estudio quiso reemplazarlo al considerarlo difícil de asegurar, pero Meryl Streep, que era su pareja, amenazó con abandonar si lo echaban. También está documentada la historia de que Robert De Niro ayudó pagando el seguro para que pudiera trabajar. Cazale murió en marzo de 1978, poco después del rodaje, sin llegar a ver la película terminada. 

 

Otra joya del caos: cuando John Savage grita “Michael, hay ratas aquí”, no estaba solo actuando. Le gritaba a Michael Cimino porque en el río había ratas de verdad. El director, viendo que aquello funcionaba dramáticamente, lo dejó en la película. Cine de autor: tú sufres, yo monto.

 

El realismo llegó a niveles de insensatez fina. De Niro y Savage hicieron ellos mismos la caída al río, repitiéndola numerosas veces. Las escenas de Vietnam se rodaron en condiciones duras, con humedad, insectos y jaulas de bambú junto al río Kwai. Todo muy bonito para el folleto turístico de “Tailandia: ven y pierde la paz mental”.

 

Meryl Streep tampoco lo tuvo fácil. Su personaje, Linda, era inicialmente muy poco desarrollado en el guion, y Cimino le permitió construir parte de sus líneas. De Niro la había visto en teatro y la propuso para el papel. Con ella llegó también John Cazale, y con Cazale, una capa emocional que atraviesa toda la película.

 

La famosa boda fue otro rodaje dentro del rodaje. Cimino quiso que los extras se comportaran como si aquello fuera una boda real. Les pidió cajas envueltas como regalos falsos, pero muchos aparecieron con regalos auténticos. La producción buscaba realismo y casi acaba con lista de boda.

 

La ceremonia se rodó en la Catedral Ortodoxa Rusa de San Teodosio, en Cleveland. El coro era real y tuvo que repetir los himnos una barbaridad de veces. Si al final alguien perdió la fe, tampoco sería raro.

 

La película también generó una enorme polémica por las escenas de ruleta rusa. Muchos críticos y veteranos señalaron que no había pruebas documentadas de que aquello se practicara así durante la Guerra de Vietnam. Cimino defendió que la película no pretendía ser un documento histórico literal, sino una parábola sobre la presión, el trauma y la destrucción moral. Aun así, la controversia la acompañó desde el estreno. 

 

En el Festival de Berlín de 1979 la cosa ardió. La delegación soviética abandonó el certamen por considerar ofensivo el retrato de los vietnamitas, y después se sumaron otros países del bloque socialista. Una película, un festival y media Guerra Fría sentada en la misma sala. Mal plan para tomar palomitas. 

 

La estrategia de estreno también fue muy astuta: lanzamiento limitado para críticos y académicos, nominaciones al Óscar, y después estreno amplio. Hoy eso nos parece normal, pero El cazador ayudó a consolidar esa táctica de “primero prestigio, luego taquilla”.

 

El sonido fue otra obsesión de Cimino. Fue su primera película con Dolby Stereo, y dedicó meses a la mezcla. No quería solo que se oyera bien: quería que el espectador entrara en la película como quien se cae por una trampilla emocional.

 

Y luego está la maldición del éxito. El cazador convirtió a Michael Cimino en genio bendecido por Hollywood. Ese prestigio le abrió la puerta a La puerta del cielo, cuyo desastre industrial casi se estudia en las escuelas de cine con casco y chaleco reflectante. La cima y el precipicio, separados por un Óscar y un presupuesto desbocado.

 

Con los años, El cazador ha quedado como una película monumental, incómoda, discutible, excesiva y fascinante. El American Film Institute la situó en el puesto 53 de su lista de 2007 de las mejores películas estadounidenses.

 

Una obra maestra, sí. Pero también una película que demuestra que algunos rodajes no se hacen: se sobreviven.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

Dirigido por Michael Cimino:

 

Michael Cimino: el genio que ganó el Óscar… y luego incendió Hollywood (con gasolina súper)

 

Hay directores que hacen historia. Y luego está Michael Cimino, que hizo historia… y después se pasó la historia por encima con una excavadora.

 

Un tipo capaz de firmar una obra maestra como El cazador y, acto seguido, protagonizar uno de los mayores desastres de la historia del cine con La puerta del cielo. Vamos, que no conocía el término medio: o tocaba el cielo o te dejaba la cuenta bancaria llorando.

 

 

De arquitecto a cineasta con mirada de francotirador

 

Michael Cimino nació en Nueva York en 1939. Antes de meterse en el cine, estudió arquitectura y arte. Esto no es un dato random: explica bastante su obsesión enfermiza por el encuadre, la composición y que todo estuviera colocado exactamente donde él quería. Era de los que si una taza estaba dos centímetros fuera de sitio, paraba el rodaje. Y si hacía falta, repetía la toma veinte veces. O cincuenta. O las que hicieran falta hasta que el equipo empezara a plantearse cambiar de profesión.

 

Entró en Hollywood como guionista. Su primer gran salto fue coescribiendo Harry el fuerte (1973), dirigida por Ted Post y protagonizada por Clint Eastwood. Ahí ya dejó claro que sabía manejar historias duras, de tipos con más capas que una cebolla y con menos ganas de sonreír que un notario en lunes.

 

Pero donde empezó a enseñar los dientes de verdad fue con su debut como director en Un botín de 500.000 dólares (1974), también con Eastwood. Una mezcla de cine negro y comedia que no es su obra más recordada, pero que ya dejaba ver su estilo: personajes marcados, atmósferas densas y una narrativa que no te da la mano precisamente.

 

 

El pelotazo: cuando El cazador lo cambió todo

 

Y entonces llegó 1978. Y llegó el terremoto.

 

El cazador no fue solo una película. Fue un puñetazo en el estómago. Una historia sobre la guerra de Vietnam que, más que hablar de balas, hablaba de lo que pasa después: el trauma, la culpa, la descomposición emocional. O, dicho en fino, cómo te rompe la cabeza la guerra aunque sobrevivas.

 

La película arrasó: cinco Óscar, incluyendo mejor película y mejor director para Cimino. Nominaciones para Robert De Niro y Meryl Streep, y estatuilla para Christopher Walken. Crítica rendida, público impactado y Hollywood diciendo: “este tío es un genio”.

 

Y claro, cuando Hollywood te llama genio… peligro.

 

 

El ego entra en escena (y no paga entrada)

 

El éxito de El cazador convirtió a Cimino en un director con carta blanca. Y él no la usó para pedir un café. No. La usó para hacer lo que le dio la gana.

 

 

Su siguiente proyecto fue La puerta del cielo (1980). Un western ambicioso, enorme, con aspiraciones épicas. El problema: también fue un caos monumental.

 

El rodaje se descontroló. Presupuesto disparado. Reescrituras constantes. Tomas repetidas hasta el infinito. Cimino rodando escenas durante días para conseguir la luz “perfecta”. El estudio, United Artists, viendo cómo el dinero desaparecía más rápido que un político en rueda de prensa incómoda.

 

El resultado: un fracaso de taquilla brutal. De esos que hacen temblar a la industria. La película fue destrozada por la crítica en su estreno (aunque con los años ha sido parcialmente reivindicada, porque el cine es así de caprichoso). Pero el daño ya estaba hecho.

 

Se dice —y no es exageración— que La puerta del cielo contribuyó a hundir United Artists. Y, de paso, se cargó la carrera de Cimino tal y como la conocíamos.

 

De genio a apestado en dos años. Récord mundial no oficial.

 

 

Después del apocalipsis

 

Tras el desastre, Cimino siguió rodando, pero nunca volvió a estar en la primera línea.

 

Dirigió El año del dragón (1985), con Mickey Rourke, una película potente pero polémica por su retrato de la comunidad china. Luego vinieron títulos como El siciliano (1987), Horas desesperadas (1990) o El cazador de sueños (1996). Películas con momentos interesantes, pero lejos del impacto de El cazador.

 

Hollywood ya no confiaba en él como antes. Y él tampoco parecía dispuesto a rebajar su estilo ni un milímetro. Era un director de los de “o se hace como yo digo o no se hace”. Y en una industria que vive del equilibrio entre arte y dinero… eso suele acabar regular.

 

 

Un tipo peculiar (por decirlo suave)

 

Cimino siempre fue un personaje rodeado de misterio. Su biografía tiene zonas difusas, versiones contradictorias y cierto aire de leyenda urbana. Le gustaba construir su propia narrativa personal, como si su vida fuera otra de sus películas.

 

También era famoso por su obsesión con el detalle. Controlaba cada elemento del rodaje: decorados, vestuario, iluminación… Todo tenía que encajar en su visión. Eso le convirtió en un director admirado… y temido. Trabajar con él no era precisamente un spa emocional.

 

Pero también hay que decirlo: cuando esa obsesión funcionaba, el resultado era cine con mayúsculas.

 

 

El legado: entre la obra maestra y el desastre

 

Hablar de Michael Cimino es hablar de extremos.

 

Por un lado, El cazador, una de las grandes películas del cine estadounidense, incluida en múltiples listas de lo mejor de la historia. Una obra que sigue siendo referencia cuando se habla de cine bélico y de trauma.

 

Por otro, La puerta del cielo, símbolo del descontrol, del ego sin freno y de cómo un proyecto puede hundir a un estudio entero.

 

Entre medias, una filmografía irregular, con destellos de talento y momentos de caos.

 

Pero ojo: reducir a Cimino a “el del desastre” sería injusto. Fue un cineasta con una visión muy clara, con una sensibilidad especial para retratar la amistad, la masculinidad y la fragilidad humana. Y con un estilo visual que, cuando estaba inspirado, era puro espectáculo.

 

 

El final de la historia

 

Michael Cimino murió en 2016. Se fue sin volver a dirigir una gran producción, pero dejando una huella imborrable en la historia del cine.

 

Su historia es casi una película en sí misma: ascenso meteórico, gloria absoluta, caída espectacular y legado discutido.

 

Si Hollywood fuera una partida de ruleta rusa —muy apropiado, por cierto—, Cimino sería el tipo que dispara, gana, vuelve a disparar… y decide meter otra bala “para darle más intensidad”.

 

Y claro, así pasa lo que pasa.

 

 

 

 

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Magnolia – 1999 – Paul Thomas Anderson – Filmin

29/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Lluvia de traumas con pronóstico de anfibios

 

Magnolia es una película de 1999 escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson, uno de esos cineastas que no filman: organizan terremotos emocionales con cámara.

 

Venía de llamar mucho la atención con Boogie Nights y después firmaría títulos como Embriagado de amor, Pozos de ambición, The Master, Puro vicio, El hilo invisible y Licorice Pizza.

 

En Magnolia, con apenas veintinueve años, ya parecía dirigir como si llevara tres vidas encerrado en una sala de montaje.

 

La película ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín y obtuvo tres nominaciones a los Oscar: mejor actor secundario para Tom Cruise, mejor guion original para Paul Thomas Anderson y mejor canción original por Save Me, de Aimee Mann.

 

Tom Cruise ganó además el Globo de Oro como mejor actor secundario.

 

Vamos, que la película no pasó precisamente de puntillas, aunque puntillas tampoco usa: entra con botas, trauma y megáfono.

 

 

Cutrecomentario

 

Magnolia es una película extraña, ambiciosa, desmesurada y muy consciente de que quiere ser una película de culto. Y lo consigue, aunque a ratos parezca que la película se mira al espejo y se dice: “Qué intensa soy, madre mía”.

 

Estamos ante un melodrama de vidas cruzadas ambientado en el Valle de San Fernando, en Los Ángeles. Nueve tramas paralelas, nueve heridas abiertas, nueve maneras distintas de estar hecho polvo y seguir respirando por pura cabezonería. Hay un niño prodigio, un presentador de concurso televisivo, un exniño prodigio, un moribundo, su hijo perdido, la esposa del moribundo, su enfermero y varios personajes que parecen arrastrar una mochila emocional llena de ladrillos mojados.

 

Todos tienen algo en común: son personajes golpeados por la vida, maltratados por el pasado, atrapados en una existencia mediocre o directamente dolorosa. Buscan una salida, una redención, una explicación o, al menos, que alguien les diga que no están solos en este festival de desgracias encadenadas.

 

Llama mucho la atención Tom Cruise como Frank T.J. Mackey, ese predicador de autoayuda machista, misógino hasta la médula, vendedor de testosterona envasada al vacío y gurú de la masculinidad más rancia. Un personaje con un pasado que no ha sabido soportar y que se protege bajo una coraza de chulería, gritos y frases de seminario para hombres que necesitan urgentemente terapia y quizá también una tila.

 

La interpretación de Tom Cruise ha sido muy celebrada, y es verdad que tiene fuerza, presencia y entrega. Pero a mí me parece exagerada, desmedida, casi pasada de rosca. No termino de comprar esa idea de que aquí demuestra ser un grandísimo actor. Entrega hay, claro. Sudor también. Pero sutileza, lo que se dice sutileza, poquita. Como ir a comprar pan con un lanzallamas.

 

Donde sí veo auténtico brillo interpretativo es en Julianne Moore, que está magnífica, rota, nerviosa, desesperada y llena de verdad.

 

También están estupendos William H. Macy, con esa mezcla de ternura y patetismo que maneja como nadie, y John C. Reilly, que demuestra una vez más que puede parecer despistado y, al mismo tiempo, sostener una escena con una humanidad tremenda.

 

El reparto incluye además a Philip Baker Hall, Jason Robards, Philip Seymour Hoffman, Melora Walters, Melinda Dillon y Jeremy Blackman. Casi nada: una reunión de intérpretes en estado de gracia y algún que otro en estado de sobreactuación controlada.

 

La película dura más de tres horas —según las fuentes, alrededor de 188-189 minutos— y se nota. No porque aburra, sino porque es una de esas obras que no quieren contarte una historia: quieren meterte en una centrifugadora de culpa, azar, dolor, soledad, televisión basura, padres tóxicos, hijos abandonados y canciones de Aimee Mann. Una merienda ligera, vamos.

 

Visualmente, Paul Thomas Anderson demuestra una maestría sensacional. Hay planos secuencia que siguen a los personajes por pasillos, platós, habitaciones y espacios estrechos con una fluidez impresionante.

 

El montaje es estupendo, la puesta en escena tiene nervio y el director consigue que tantas historias, tantos decorados y tantos personajes no se conviertan en una paella narrativa con exceso de ingredientes.

 

Pero lo mejor de Magnolia es que, pese a su tamaño descomunal, es una película íntima, lírica y profundamente poética. Tiene una sensibilidad muy especial para hablar de la culpa, del perdón, de los padres que destrozan a sus hijos y de los hijos que no saben qué hacer con esas ruinas heredadas.

 

Es exagerada, sí. Es aparatosa, también. Pero tiene alma. Y eso, en una película tan ambiciosa, no siempre ocurre.

 

Magnolia es cine grande, imperfecto, excesivo, emocional y a ratos fascinante. Una película que se mueve entre el melodrama, la tragedia íntima y el milagro absurdo. Y cuando todo va mal, cuando parece que ya no queda salida posible, conviene recordar una cosa: a veces pueden llover ranas.

 

Y eso, amigos, ni el hombre del tiempo de Antena 3 lo tiene fácil para explicarlo.

 

Mi puntuación: 8,75/10.

 

 

 

Curiosidades de Magnolia: cuando Paul Thomas Anderson decidió que tres horas, nueve tramas y una lluvia de ranas eran “una cosita íntima”

 

Magnolia nació, según cuentan las notas de producción y varias entrevistas, como una película pequeña. Paul Thomas Anderson quería hacer algo más contenido después de Boogie Nights, pero aquello empezó a crecer como una enredadera con ansiedad. El propio proyecto acabó convertido en un mosaico coral sobre culpa, padres horribles, hijos rotos, azar, perdón y gente que necesita urgentemente un abrazo… o un psiquiatra de guardia.

 

Una de las grandes claves de la película está en la música de Aimee Mann. Anderson llegó a decir que el guion podía entenderse casi como una adaptación de sus canciones. De hecho, una frase de “Deathly” —“Now that I’ve met you, would you object to never seeing each other again?*— acabó convertida en una línea central del personaje de Melora Walters. Vamos, que aquí la banda sonora no acompaña: manda.

*“Deathly” —“Ahora que te he conocido, ¿te importaría no volver a verme nunca?”

 

El fichaje de Tom Cruise también tiene su miga. Cruise era admirador de Boogie Nights y contactó con Anderson mientras rodaba Eyes Wide Shut con Stanley Kubrick. De ahí salió Frank T.J. Mackey, ese gurú testosterónico de la seducción que parece salido de una convención de machirulos con micrófono de diadema. Anderson investigó a gurús reales de ligue y autoayuda masculina para construir el personaje.

 

Y aún hay más: Tom Cruise contó recientemente que parte del famoso monólogo de Mackey no estaba desarrollado al principio. Él mismo preparó una versión, con puesta en escena incluida, para enseñársela a Paul Thomas Anderson. El director se quedó, digamos, bastante impactado. Bendito susto: Cruise acabó consiguiendo por esta película una nominación al Oscar y ganó el Globo de Oro al mejor actor secundario.

 

Otra curiosidad jugosa es la de Jason Robards, que interpreta a Earl Partridge, un hombre moribundo. Anderson escribió el papel pensando en él, aunque el actor tuvo problemas de salud y estuvo a punto de no hacerlo. Al final participó, y la cosa resulta casi estremecedora: fue su último papel en cine. De esas coincidencias que en Magnolia no parecen coincidencias, sino señales con luces de neón.

 

La famosa lluvia de ranas, una de las imágenes más recordadas de la película, no salió de la nada. Anderson se inspiró en los textos de Charles Fort, recopilador de fenómenos extraños. También se ha relacionado la escena con el Éxodo bíblico, aunque Anderson dijo que al principio no era consciente de esa conexión. Es decir: quería rareza cósmica y le salió plaga bíblica deluxe.

 

El rodaje tampoco fue precisamente un paseíto por el parque. Comenzó el 12 de enero de 1999 y terminó el 24 de junio, con unos 90 días de rodaje más segunda unidad. Para una película coral de 189 minutos, con largos planos secuencia y coreografías de cámara bastante endiabladas, casi parece poco. Casi.

 

En premios, Magnolia recibió tres nominaciones al Oscar: mejor actor secundario para Tom Cruise, mejor guion original para Paul Thomas Anderson y mejor canción original por “Save Me”, de Aimee Mann. No ganó ninguno, porque los Oscar a veces son como una tómbola de feria, pero sí conquistó el Oso de Oro en la Berlinale de 2000.

 

En resumen, Magnolia es una película hecha de excesos, intuiciones, canciones, heridas familiares y ranas cayendo del cielo como si Dios hubiera perdido los papeles. Y lo más curioso es que, con todo ese aparente desmadre, sigue funcionando como una de las obras más personales, desbordadas y emocionantes de Paul Thomas Anderson. Una película que no se ve: te cae encima. Como las ranas, pero con mejor montaje.

 

 

 

 

Dirigido por Paul Thomas Anderson:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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BYE, BYE, AMERICAN PIE Hermanos Coen – Bichobola – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

28/04/2026

🎬 BYE, BYE, AMERICAN PIE 🎬

Hermanos Coen

Inclasificables e imprevisibles para el gran público, los Hermanos Coen han desarrollado al filo de Hollywood una carrera cinematográfica que abarca desde 1984, estreno de su ópera prima Sangre fácil, hasta 2018, fecha de su última película juntos La balada de Buster Scruggs.

Más de tres décadas dirigiendo, guionizando y editando una filmografía tan personal como fascinante, donde el famoso Sueño Americano ha sido analizado desde su peculiar y excéntrica perspectiva: Bye, bye, American Pie.

“Nuestros filmes son tremendamente americanos tanto por el marco en el que se desarrollan las historias, como por los personajes que los protagonizan… se basan en la verdadera cultura pop, esa que los europeos se toman tan en serio”.

Joel y Ethan Coen


🎬🍿 MONOGRÁFICO Nº7 🍿🎬

“Bye Bye, American Pie”

Especial Hermanos Coen


🎞️ INTRODUCCIÓN

Abrimos la sesión con un montaje de O Brother! (2000, Hermanos Coen), una película que funciona casi como una guía rápida para entender el universo Coen.

Un cine que coge el llamado “sueño americano”, lo mete en una batidora oxidada, añade codicia, violencia, fanatismo religioso, racismo y personajes que parecen escapados de una feria de pueblo… y lo sirve todo con una sonrisa torcida.

Porque si algo caracteriza a los Coen es convertir el desastre humano en espectáculo.

Y además hacerlo transitando por casi todos los rincones de la comedia:

🎭 Slapstick

🩸 Humor negro

🎯 Sátira

💬 Screwball comedy

…y algún que otro sopapo metafísico.


🎥 “SET PIECE”

Se denomina “set piece” a aquellas escenas diseñadas para brillar por sí mismas dentro de una película.

Secuencias tan elaboradas y memorables que podrían funcionar de manera independiente sin perder fuerza narrativa.

📌 El ejemplo más famoso de la historia del cine probablemente sea la escena de la ducha de Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock.

El cine de los Coen está plagado de estas piezas antológicas.

Para esta sesión elegimos el prólogo de Arizona Baby (1987), un arranque delirante de más de diez minutos antes incluso de aparecer los créditos iniciales.

Puro caos perfectamente coreografiado.


🐰💥 “CARTOONS”

El cine de los Hermanos Coen suele estar más interesado en los “personajes” que en las “personas”.

Sus criaturas parecen caricaturas vivientes. Seres exagerados, grotescos, absurdos y profundamente humanos a su manera torcida.

Su influencia más evidente:

📺 Los dibujos animados clásicos. Especialmente:

Tex Avery

Chuck Jones

• Los míticos Looney Tunes

A través de un montaje recorremos algunos de los personajes más excéntricos de su filmografía.

Porque muchas veces sus películas parecen una persecución del Correcaminos… pero con cadáveres.


🎭 CINE DE AUTOR

Aunque los Coen aman el cine de género, probablemente su propuesta más autoral y extraña sea Barton Fink (1991).

Una película nacida del bloqueo creativo que sufrieron mientras escribían Muerte entre las flores (1990).

Y sí, convertir una crisis de guionistas en una pesadilla existencial ya da pistas de por dónde van los tiros.

🛏️ Sueño

🔥 Pesadilla

🎬 Hollywood

🧠 Paranoia

🚪 Habitaciones inquietantes

🦟 Sensación de sudor constante

El Festival de Cannes cayó rendido ante ella:

🏆 Palma de Oro

🏆 Mejor Director

🏆 Mejor Actor (John Turturro)


🎬 DIRECTORES Y REFERENCIAS

Uno de los grandes placeres del cine de los Coen consiste en detectar todas las referencias cinematográficas escondidas en sus películas.

📚 Influencias principales:

Alfred HitchcockSangre fácil / Fargo

Tex Avery & Chuck JonesArizona Baby

Roman PolanskiBarton Fink

Frank CapraEl gran salto

Preston SturgesO Brother!

Stanley KubrickQuemar después de leer

Especial atención merece Roman Polanski, cuya influencia en Barton Fink resulta clarísima.

Dos títulos fundamentales:

🎥 Repulsión (1965)

🎥 El quimérico inquilino (1976)

Dos películas donde los apartamentos parecen devorar psicológicamente a sus protagonistas. Algo que los Coen reciclan maravillosamente.


🇫🇷🎞️ CORTOMETRAJE

La película colectiva Paris, je t’aime (2006) reunió a veinte directores internacionales para rodar historias ambientadas en distintos barrios de París.

Los Coen participaron con:

🎬 Tulleries

Un pequeño disparate protagonizado por uno de sus actores fetiche:

😐 Steve Buscemi

Especialista mundial en poner cara de “aquí va a pasar algo horrible”.


🔫 “LA BANALIDAD DEL MAL”

Estados Unidos y la violencia mantienen una relación tan estable como inquietante.

Las armas forman parte del paisaje cotidiano y eso impregna gran parte del cine de los Coen.

🩸 Cine negro

🤠 Western

🚔 Thriller criminal

💀 Comedia macabra

Películas como Sangre fácil, Muerte entre las flores, Fargo, El hombre que nunca estuvo allí, Valor de ley o La balada de Buster Scruggs exploran distintas formas de violencia profundamente americanas.

Pero quizá la obra que mejor representa el concepto de Hannah Arendt sobre “la banalidad del mal” sea:

🎯 No es país para viejos (2007)

Adaptación de la novela de Cormac McCarthy.

Un thriller seco, brutal y nihilista donde el personaje interpretado por Javier Bardem se convierte en una especie de ángel exterminador.

Un asesino que decide vidas lanzando una moneda al aire.

Cara o cruz. Literalmente.

🏆 4 Premios Oscar:

• Mejor Película

• Mejor Dirección

• Mejor Guion Adaptado

• Mejor Actor de Reparto (Javier Bardem)


🥧 “BYE BYE, AMERICAN PIE”

El cine de Frank Capra simboliza como pocos el optimismo del llamado “Sueño Americano”.

El hombre hecho a sí mismo. El país de las oportunidades. La esperanza incluso en tiempos difíciles.

Los Coen toman todo eso… y lo desmontan pieza a pieza.

🎬 El gran salto (1994)

Una comedia negrísima donde el capitalismo parece una mezcla entre circo, depresión y oficina de seguros.

El sueño americano convertido en chiste cruel.

Bye bye, American Pie.


😎 “CULT MOVIE”

Terminamos recuperando otra gran “set piece”:

🎳 El gran Lebowski (1998)

Probablemente la película más divertida de los Coen.

Una parodia monumental del universo noir de Raymond Chandler trasladada al Los Ángeles más absurdo imaginable.

Y allí aparece:

🕶️ “El Nota”

Interpretado por un inmenso Jeff Bridges.

Bata.

Ruso blanco.

Bolera.

Filosofía barata.

Y probablemente uno de los personajes más icónicos del cine independiente americano.

Sigue siendo una de esas películas que cuanto más se ven… más gracia hacen.

Como las mejores resacas.


🎞️ FILMOGRAFÍA ESENCIAL COEN

🎬 Sangre fácil (1984)

🎬 Arizona Baby (1987)

🎬 Muerte entre las flores (1990)

🎬 Barton Fink (1991)

🎬 El gran salto (1994)

🎬 Fargo (1996)

🎬 El gran Lebowski (1998)

🎬 O Brother! (2000)

🎬 El hombre que nunca estuvo allí (2001)

🎬 Crueldad intolerable (2003)

🎬 Ladykillers (2004)

🎬 No es país para viejos (2007)

🎬 Quemar después de leer (2008)

🎬 Un tipo serio (2009)

🎬 Valor de ley (2010)

🎬 A propósito de Llewyn Davis (2013)

🎬 ¡Ave, César! (2016)

🎬 La balada de Buster Scruggs (2018)


🍿🎬

“Los Coen son capaces de hacerte reír de cosas que, vistas fríamente, deberían llevar directamente a terapia.”

🎬🍿

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Turno de noche – Cold Storage – 2026 – Jonny Campbell – #YoVoyAlCine

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Setas espaciales, vómito verde y Liam Neeson con lumbalgia: el pack completo”

 

Jonny Campbell no es precisamente un novato, aunque tampoco es de esos directores que uno tenga tatuados en la memoria cinéfila.

 

Ha trabajado sobre todo en televisión, con series como Westworld, Black Mirror o Altered Carbon, donde ha demostrado solvencia visual y buen pulso narrativo en terrenos de ciencia ficción y thriller.

 

En cine, sin embargo, no ha tenido una carrera especialmente destacada, y con Turno de noche da el salto a un proyecto que mezcla terror, comedia y serie B sin complejos.

 

En cuanto a premios y nominaciones, Turno de noche se mueve en ese territorio donde los festivales miran para otro lado con cierta elegancia. No constan premios relevantes ni nominaciones destacadas. Vamos, que no ha venido a competir por la Palma de Oro, sino por la risa fácil y el chorreo verde.

 

 

Cutrecomentario

 

Aquí la cosa va de un hongo verde venido del espacio. Sí, has leído bien. Un hongo. Verde. Espacial. Y además con muy mala leche, porque mata rápido y de forma bastante poco elegante: haciendo que los cuerpos exploten y esparzan su asquerosidad por doquier. Un festival de fluidos digno de una cena navideña que se ha torcido.

 

La película mezcla comedia de terror con cine de pandemias y, sorprendentemente, con cierto aire de cine laboral. Porque aquí, entre explosión y explosión, también hay gente currando, que bastante tienen con lo suyo como para encima lidiar con setas asesinas.

 

Al frente del cotarro está Liam Neeson, que ya es experto en repartir estopa, pero aquí decide reírse un poco de sí mismo. Interpreta a un tipo con lumbalgia, lo cual le da un punto bastante humano… y bastante poco épico. Hay momentos en los que parece que va a salvar el mundo, pero antes tiene que estirarse la espalda. Cine de acción con ibuprofeno.

 

Junto a él, Lesley Manville, aportando ese toque de seriedad británica que siempre viene bien cuando todo lo demás es un desparrame de vómito verde y gore de color pistacho.

 

La película se mueve entre salpicadura gore y humor más o menos gamberro, construyendo unos personajes que, sorprendentemente, están bastante bien perfilados para lo que se espera de un producto así. No es que vayan a ganar un Goya, pero al menos no parecen salidos de un casting de urgencia.

 

¿Funciona? Pues sí. Es divertida, tiene ritmo y sabe perfectamente qué tipo de película quiere ser: una serie B con cariño, que homenajea ese cine Z que tantos buenos ratos nos dio en sesiones dobles de adolescencia, con palomitas, risas y cero pretensiones.

 

¿Problema? Que se olvida rápido. Muy rápido. Sales del cine, te tomas un café y ya estás dudando de si lo del hongo era verde o azul. Pero oye, el rato te lo ha hecho pasar.

 

Turno de noche es una gamberrada simpática, con vísceras fluorescentes y sentido del humor, que no aspira a nada más que entretener… y lo consigue.

 

No es cine para recordar, pero sí para disfrutar sin pensar demasiado. Que tampoco está mal.

 

Mi puntuación: 5,66/10.

 

 

 

Dirigido por Jonny Campbell:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La ahorcada – 2026 – Miguel Ángel Lamata – #YoVoyAlCine

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Amor tóxico… pero de los que te hacen mirar el móvil para huir”

 

Miguel Ángel Lamata es un viejo conocido del cine español que siempre se ha movido entre la comedia gamberra y el experimento raro.

 

En su filmografía aparecen títulos como Tensión sexual no resuelta, Nuestros amantes o Los futbolísimos, donde ha demostrado cierto pulso para la comedia ligera y el entretenimiento más o menos digno.

 

Aquí, sin embargo, cambia de tercio y se lanza a un melodrama con tintes de terror… decisión valiente, sí; acertada, ya tal.

 

En cuanto a premios y nominaciones, La ahorcada juega en otra liga: la de “aquí no ha pasado nadie”. No consta su paso por festivales relevantes ni reconocimientos destacables. Vamos, que no ha levantado alfombras rojas precisamente… más bien ha pasado de puntillas, y gracias.

 

 

Cutrecomentario

 

La ahorcada pretende ser un melodrama de terror con historia de amor-odio más allá de la muerte. Ya de entrada suena a relación tóxica con plus paranormal, que siempre da para terapia… o para película. El problema es que aquí la cosa no pasa de la intención.

 

El guion es un auténtico caos. Si lo que buscaba era desconcertar al espectador, objetivo cumplido con matrícula: uno no sabe muy bien qué está pasando, ni por qué, ni para qué. Eso sí, no es ese desconcierto estimulante que te atrapa… es más bien el de “¿me he perdido algo o esto no hay por dónde cogerlo?”. Y claro, entre susto fallido y escena rara, lo que llega no es inquietud, sino un tedio bastante serio.

 

La dirección de actores tampoco ayuda. Eduardo Noriega aparece totalmente desdibujado, irreconocible en el peor sentido posible. Amaia Salamanca, pobrecilla, parece que está en otra película distinta y no le han pasado el guion correcto. Y luego está Cristina Gallego, haciendo de médium ultraseria, en un personaje que chirría tanto que parece metido con calzador en mitad del desastre.

 

Si hay que salvar a alguien del naufragio, quizá sea Norma Ruiz, en su papel de divorciada joven y atractiva, que al menos parece tener claro en qué película está… cosa que no es poco viendo el panorama.

 

La película, además, se divide en dos partes: una primera que funciona mal y una segunda que consigue el milagro de funcionar aún peor. Es como bajar una cuesta… pero hacia el aburrimiento.

 

En resumen: La ahorcada es de esas películas que intentan mucho y consiguen poco.

 

Un cóctel de terror, melodrama y relaciones tóxicas que acaba siendo, directamente, infumable. Y viendo el resultado, tampoco sorprende que no haya pasado por festivales ni haya dado mucho que hablar.

 

Aquí no hay fantasma que dé miedo… lo único que asusta es lo larga que se hace.

 

Mi puntuación: 2,52/10.

 

 

 

Dirigido por Miguel Ángel Lamata:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Hoppers (Animación) – 2026 – Daniel Chong – #YoVoyAlCine

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Avatar, pero con castores y sin ponerse estupenda”

 

Daniel Chong debuta en el largometraje de Pixar con Hoppers: Operación Castor, aunque no llega precisamente en pañales: es el creador de la estupenda serie EscandalososWe Bare Bears— y dirigió We Bare Bears: The Movie.

 

Aquí se mete en terreno Pixar con una historia escrita por Jesse Andrews, sobre Mabel, una joven que transfiere su conciencia a un castor robótico para comunicarse con los animales.

 

La película es una producción de Pixar Animation Studios y se estrenó en EE. UU. el 6 de marzo de 2026.

 

En cuanto a premios, de momento no constan galardones ni nominaciones relevantes registradas para Hoppers: Operación Castor.

 

IMDb la tiene todavía sin premios en su ficha, así que aquí no vamos a inventarnos una Espiga de Oro de la Ribera del Castor, por mucho que apetezca. 

 

 

Cutrecomentario

 

Hoppers: Operación Castor es una excelente película. Sí, excelente. Tampoco pasa nada por decirlo, que no se va a abrir el suelo de la sala ni va a salir Buzz Lightyear a pedir explicaciones.

 

Estamos ante una cinta con mensaje ecologista, con discurso de reconciliación entre humanos y naturaleza, y con una animación 3D brillante, luminosa, muy bien trabajada.

 

Los efectos visuales del agua son directamente impresionantes: Pixar sigue sabiendo hacer que una charca parezca el Amazonas con plus de belleza y presupuesto.

 

La historia tiene una premisa muy simpática: una humana que se mete en el cuerpo de un castor robótico para entender el mundo animal desde dentro. Vamos, lo típico que uno hace un martes si tiene una tarde libre y problemas de socialización.

 

La película juega bien esa idea, mezcla aventura, comedia y emoción, y consigue que sus personajes resulten entrañables sin ponerse demasiado empalagosa.

 

Ahora bien, conviene no venirse arriba como si acabáramos de descubrir el Santo Grial con cola de castor.

 

Pixar nos ha dado auténticas maravillas: Toy Story, Up, Del revés, Coco, WALL·E, Buscando a Nemo… y Hoppers: Operación Castor no está en esa liga de obras maestras. Es muy buena, sí, pero no una de esas películas que te dejan mirando al infinito pensando en el sentido de la vida y en si has abrazado poco a tu familia.

 

Funciona estupendamente como entretenimiento. Es divertida, simpática, visualmente apabullante y tiene pequeñas dosis de emoción muy bien colocadas. También incluye alguna píldora de humor muy eficaz, de esas que no te hacen caerte de la butaca, pero sí sonreír con gusto. Y eso, en estos tiempos, ya es bastante: una sonrisa sin anestesia ni suscripción premium.

 

Puede que algunos elementos del guion sean algo complicados para una audiencia infantil muy pequeña. Hay tecnología, conciencia transferida, ecologismo, conflicto humano-animal y alguna idea que quizá a los más canijos les pase un poco por encima. Pero la película compensa eso con ritmo, color, personajes agradables y un tono muy accesible.

 

Hoppers es una película luminosa, divertida, con corazón y con castores, que siempre suma.

 

No es la gran obra maestra de Pixar, pero sí una aventura muy disfrutable, técnicamente impecable y con un mensaje bonito sin necesidad de ponerse un chaleco reflectante de ONG animada.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Dirigido por Daniel Chong:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Las guerreras k-pop (Animación) – K-Pop Demon Hunters – 2025 – Chris Appelhans, Maggie Kang – Netflix

27/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando Blackpink se mete a exorcista: purpurina contra el demonio de turno

 

Detrás de Las guerreras K-pop (ojo, que el título en España no está del todo asentado, porque Netflix va a su bola) están Chris Appelhans y Maggie Kang.

 

Appelhans es más conocido por Wish Dragon (2021), una simpática producción animada con aroma a cuento clásico y dragón concediendo deseos, mientras que Kang ha trabajado sobre todo como animadora y artista en estudios potentes, participando en proyectos de Disney y DreamWorks. Aquí ambos se lanzan a este batiburrillo de idols, demonios y coreografías con más brillo que una bola de discoteca en Nochevieja.

 

En cuanto a premios y nominaciones… pues la cosa está más tranquila que una sala de cine en agosto a las cuatro de la tarde. No hay constancia de grandes galardones ni de presencia destacada en festivales importantes. Es más un producto de consumo directo para plataforma que un aspirante a pasear alfombra roja.

 

Y vamos al lío.

 

La película llega precedida por un hype curioso, con fandom entregado y ganas de ver idols repartiendo estopa a demonios. Y sí, lo que ofrece es exactamente eso: musical pop a saco, coreografías bien montadas y un universo hiperfemenino donde el glitter no se negocia. Todo muy vistoso, muy colorido, muy “mírame y no me toques”.

 

La trama no se complica demasiado la vida: superheroínas con estética K-pop enfrentándose al mal de toda la vida, aunque con ese pequeño giro de ambigüedad moral que tanto gusta ahora. Una de las protagonistas tiene su lado oscuro (porque si no, no hay drama), y el enemigo principal es un demonio con cara de ídolo coreano que podría venderte un perfume mientras te roba el alma. Todo muy lógico.

 

Eso sí, entre canción y canción, llegan las peleas… y aquí es donde la cosa se desinfla un poco. Las batallitas son rutinarias, sin mucha chispa, como si estuvieran ahí por obligación contractual. Cumplen, pero no emocionan. Y eso en una peli de acción con demonios pues… hombre, se nota.

 

Al final queda una película que se deja ver, que entretiene sin molestar y que probablemente hará las delicias del público más fan del K-pop. Pero tampoco va a cambiar la historia del cine ni te va a hacer replantearte tu existencia. Ni frío ni calor. Como un refresco sin gas: entra fácil, pero no deja huella.

 

Mi puntuación: 5,50/10.

 

 

 

Dirigido por Chris Appelhans, Maggie Kang:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Después de Kim – 2026 – Ángeles González-Sinde – #YoVoyAlCine

26/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Benidorm, duelo y resaca emocional: lágrimas entre sangría y karaoke”

 

Ángeles González-Sinde dirige Después de Kim, y sí, hay que reconocer que la sorpresa existe. Guionista de largo recorrido —con títulos como La buena estrella o Todos estamos invitados— y directora de películas como La suerte dormida o Una palabra tuya (Goya al mejor guion adaptado), también carga con el “pecado original” de haber participado en Mentiras y gordas, esa cosa que muchos preferiríamos borrar del disco duro emocional. Aquí, sin embargo, intenta un giro más serio, mezclando drama familiar con thriller, con resultados… curiosos.

 

En cuanto a premios y nominaciones, Después de Kim no ha destacado especialmente en grandes galardones hasta ahora. Su paso por festivales ha sido discreto y la crítica, en general, más bien tibia o directamente fría, con opiniones como la de Javier Ocaña en El País, bastante poco entusiasmado (y no le falta parte de razón, todo sea dicho).

 

Y ahora viene lo curioso: contra todo pronóstico… funciona. O al menos, a ratos funciona bastante bien.

 

La historia arranca con una premisa potente: dos padres argentinos, Darío Grandinetti y Adriana Ozores, que interpretan a Juan y Gloria, viajan a España tras enterarse de que su hija, con la que no tenían relación desde hacía años, ha sido asesinada. Así, sin anestesia. Y por si fuera poco, hay un nieto desaparecido y un marido que también está en el aire. Todo apunta a un crimen machista, con la policía española investigando mientras ellos intentan procesar un duelo que llega tarde y mal.

 

Y todo esto… en Benidorm. En verano. Con turistas en chanclas, karaokes infames, despedidas de soltero nivel “vergüenza ajena” y litros de sangría corriendo como si no hubiera mañana.

 

Y aquí está la clave de la película: ese contraste. Ese choque brutal entre el dolor íntimo de los protagonistas y el entorno festivo, hortera y desbordado de Benidorm. Mientras uno está destrozado por dentro, el de al lado está cantando a Raphael con una peluca rubia y un mojito en la mano. Y esa idea, hay que reconocerlo, funciona. Tiene mala leche, tiene intención y tiene personalidad.

 

Luego está el thriller. Y ahí la cosa ya se tambalea un poco más. La investigación policial avanza de forma algo torpe, con situaciones que no terminan de estar bien resueltas y un guion que a veces verbaliza demasiado lo que debería sugerir. Hay momentos en los que la película parece querer ser más importante de lo que realmente es, como si se mirara demasiado en el espejo.

 

Pero aun así, hay algo que engancha. Quizá sean las interpretaciones —muy sólidas tanto Grandinetti como Ozores—, quizá ese Benidorm convertido en escenario emocional casi grotesco, o quizá simplemente que la película tiene más ideas buenas que malas, aunque no siempre sepa manejarlas.

 

Lo más inesperado es que Después de Kim termina dejando poso. No es redonda, ni mucho menos. Tiene fallos evidentes. Pero también tiene alma, y eso no es tan habitual.

 

Y oye, quién lo iba a decir: Ángeles González-Sinde dando una alegría. El mundo del cine nunca deja de sorprender. Para bien… y a veces, como aquí, un poco también.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

 

Dirigido por Ángeles González-Sinde:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Kraken: El libro negro de las horas – 2026 – Manuel Sanabria, Joaquín Llamas – #YoVoyAlCine

26/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Kraken: mucho libro negro, pero el guion en blanco”

 

Manuel Sanabria y Joaquín Llamas dirigen a cuatro manos este thriller español basado en la novela homónima de Eva García Sáenz de Urturi, cuarta entrega del universo Kraken.

 

Sanabria tiene amplia trayectoria en televisión y series como La pecera de Eva, Impares o Frágiles; Llamas también viene de una larga carrera televisiva.

 

Aquí intentan llevar al cine un material de misterio, pasado familiar, libros rarísimos y asesinatos con solemnidad de biblioteca donde nadie se atreve a toser. 

 

En cuanto a premios, no constan grandes galardones ni nominaciones cinematográficas relevantes hasta la fecha. La película sí pasó por el Festival de Málaga 2026 y llegó a los cines españoles el 24 de abril de 2026, distribuida por Vértice 360. 

 

Kraken: El libro negro de las horas se mueve en dos tiempos y alrededor de dos personajes: Unai López de Ayala, alias Kraken, interpretado por Alejo Sauras, e Ítaca Expósito, con Aitziber Luma como Ítaca joven y Natalia Millán en su versión adulta. O sea, dos tramas, dos épocas y la promesa de que todo acabará encajando. Promesa, digo. Cumplirse, cumplirse… ya tal.

 

Unai es un exinspector y perfilador criminal, uno de esos tipos listos que miran una mancha en la pared y deducen que el asesino desayunó churros. Investiga entre Vitoria y Madrid junto a Esti, interpretada por Maggie Civantos, y Mencía, inspectora de patrimonio a la que da vida Natalia Rodríguez, aquí con un look casi albino que parece pedir su propia subtrama.

 

La película tiene cosas atractivas. Las localizaciones exteriores de Vitoria y Madrid lucen bastante bien: el Barrio de las Letras, el Retiro, la Cuesta de Moyano, la Catedral de Santa María de Vitoria… Todo eso da empaque, aire de thriller culto y postal criminal con tapa dura.

 

También hay persecuciones, movimiento, misterio bibliográfico y ese aroma a “vamos a montar una saga” que se huele desde la fila siete.

 

El problema gordo está en el guion. Y cuando falla el guion en un thriller, es como si en una paella falla el arroz: puedes ponerle gambas, azafrán y hasta un cameo de Antonio Banderas, que aquello no levanta.

 

Los dos asesinatos que sostienen la trama no terminan de resultar convincentes, algunas situaciones se resuelven de manera bastante “porque sí” y todo avanza con más artificio que verdadera tensión.

 

La historia de Ítaca tampoco acaba de tener la fuerza ni la credibilidad que debería. Y la parte de Kraken, que tendría que ser el motor emocional y policial de la película, se queda coja porque Alejo Sauras no termina de sostener el personaje. Si la idea es levantar una saga policiaca sobre sus hombros, alguien debería revisar el cálculo estructural, porque esto no aguanta ni con cemento armado.

 

La realización es efectista y no está mal: hay oficio, ritmo visual y una puesta en escena que intenta darle empaque al asunto. Pero el envoltorio no tapa que la historia hace aguas. Mucho libro negro, mucho pasado oscuro, mucho viaje Vitoria-Madrid, pero poca convicción.

 

Kraken: El libro negro de las horas quiere ser un thriller inquietante, elegante y con vocación de saga, pero se queda en una película fallida, con buenas localizaciones, alguna idea potente y un guion que parece escrito con tinta simpática: al principio promete, pero luego desaparece.

 

Termino siendo enigmático: hay unas cuantas interpretaciones que son de traca, más que malas, pésimas. Y no cito nombres…

 

Mi puntuación: 4,75/10.

 

 

 

Dirigido por Manuel Sanabria, Joaquín Llamas:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Un poeta – 2025 – Simón Mesa Soto – #YoVoyAlCine

26/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Poeta, borracho y superviviente: Bukowski se queda corto en Medellín”

 

El colombiano Simón Mesa Soto se confirma como uno de esos directores que no vienen a caer bien, sino a remover.

 

Ganador de la Palma de Oro al mejor cortometraje en Cannes con Leidi (2014), su filmografía es breve pero muy contundente, centrada en retratar realidades sociales sin edulcorantes.

 

Tras varios trabajos en corto, da el salto al largo con Un poeta, manteniendo ese pulso crudo, casi documental, que no pide permiso ni perdón.

 

En cuanto a premios, Un poeta ha pasado por festivales importantes, incluyendo su estreno en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2025, lo que ya es una carta de presentación bastante seria. La película ha sido destacada por su mirada social y su estilo incómodo, generando división entre crítica y público (vamos, lo típico cuando alguien hace algo con personalidad).

 

Vamos a hacer el intento —con todo el respeto del mundo— de hablar un poquito en colombiano, porque la peli lo pide y el cuerpo también.

 

Parce, lo primero que hay que decir de Un poeta es que tiene un valor berraco. Simón Mesa Soto se la juega toda poniendo en pantalla a un protagonista que no es que no sea atractivo… es que directamente te genera rechazo. Y ahí está la gracia. Este poeta, interpretado de forma brutal por Ubeymar Ríos (que ojo, es su única película), es un tipo ya mayor, desordenado, medio sucio, incómodo, de esos que uno ve venir y cruza de acera.

 

El hombre vive de la pensión de la mamá —ojo al dato—, ha publicado dos libritos y se autodenomina poeta, aunque todo el mundo a su alrededor tiene bastante claro que lo que es, es un parado con ínfulas.

 

Es el antihéroe definitivo, un friki de la poesía que da más pena que admiración.

 

Y su vida… uff, su vida es un desastre total: alcoholismo, relaciones familiares hechas trizas, especialmente con su hija, con la que tiene una relación bastante turbia que roza el acoso. Incómodo es poco.

 

Y cuando ya parece que este man no tiene arreglo, aparece Yurlady, una niña interpretada por Rebeca Andrade, que escribe poemas sobre su vida cotidiana en un entorno de marginalidad absoluta. Una casa donde cabe medio barrio: hermanos, sobrinos, embarazos, abuela, tíos… y una madre que solo aparece los domingos porque trabaja interna. Vamos, un cuadro social de los que no salen en los anuncios de turismo.

 

Y es ahí donde la peli encuentra su corazón. Este poeta ve en la niña una especie de luz, un faro, algo a lo que agarrarse para intentar salir de su miseria personal. Y sin hacer spoilers, lo que viene después es una mezcla muy rara, pero muy potente.

 

Porque la peli es rara, sí. Tiene momentos muy duros, bastante sórdidos, pero también otros de una ternura inesperada.

 

Es trágica, pero a ratos tiene un humor muy negro que te descoloca.

 

Es fea, pero a su manera también es bonita. Vamos, que no sabes muy bien dónde meterla.

 

Y ojo, no es una película fácil. Hay gente que probablemente en los primeros minutos ya esté mirando el reloj o pensando en la cena. Pero si entras en su juego, si te dejas llevar por ese ritmo y ese personaje incómodo, la película te acaba atrapando.

 

No es para todos los públicos. Pero precisamente por eso merece mucho la pena.

 

Mi puntuación: 7,58/10.

 

 

 

Dirigido por Simón Mesa Soto:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Casi todo bien – 2026 – Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet – #YoVoyAlCine

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Casi todo bien… salvo escribir 1500 páginas que no se lee ni tu madre”

 

Sobre los directores, Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet, hay que decirlo claro: no son nombres todavía muy asentados en el largometraje.

 

Casi todo bien supone prácticamente su carta de presentación en este formato, tras trabajos previos más ligados a otros ámbitos (publicidad, guion, proyectos menores).

 

Aquí se lanzan a una comedia con alma de drama, que no es precisamente el camino fácil para debutar. Valientes, desde luego.

 

Y entrando en materia, Casi todo bien es una comedia… pero de esas que duelen un poco. Porque en el fondo esto es un drama como una casa, muy en la línea de lo que decía Billy Wilder: la diferencia entre comedia y tragedia es cuestión de tono. Aquí el tono te hace sonreír, pero si rascas un poco, hay bastante miseria emocional debajo.

 

El protagonista, Hilario (interpretado por Marcel Borràs), es ese tipo que todos hemos conocido… o peor, hemos sido en algún momento: un amante de la literatura desde niño, convencido de su talento, que a los treinta y muchos sigue aferrado a una novela imposible de 1500 páginas que no va a publicar absolutamente nadie.

 

Y vive en una especie de limbo vital, en una habitación conseguida de rebote, trabajando en una librería donde básicamente pierde el tiempo y alimentando un sueño que ya huele a naftalina.

 

Es un personaje patético, sí, pero también reconocible. De esos que dan pena y risa a la vez.

 

Y entonces aparece ella. Silma López, magnética, luminosa, con una energía que parece venir de otro planeta. Una chica completamente ajena a ese mundo literario intensito, profesora de esas clases de gimnasio donde la gente salta, suda y sobrevive como puede. Vamos, la antítesis perfecta del protagonista.

 

Y claro, pasa lo que tiene que pasar: ella le da vida. Literalmente. Le sacude, le arrastra, le pone frente a algo que no son palabras sino emociones reales. Y ahí es donde la película encuentra su mejor idea: la reflexión sobre qué es la literatura. Si es postureo intelectual o si es, simplemente, escribir desde lo que uno vive y siente de verdad.

 

Alrededor, un desfile de secundarios que elevan el conjunto: Julián Villagrán, siempre en ese punto entre lo entrañable y lo caótico; Secun de la Rosa, fantástico como ese escritor de “novela fácil” que seguramente vende más que el protagonista sin despeinarse; Adelfa Calvo, impecable como jefa que mira con resignación; y Lorenzo Ferro, completando ese pequeño ecosistema de perdedores funcionales.

 

La película acaba siendo eso: el retrato de un perdedor. Pero no uno épico, sino uno bastante torpe, bastante incapaz de vivir fuera de sus propias fantasías literarias. Un tipo que quiere vivir en los libros porque la vida real le queda grande… y que cuando por fin tiene algo auténtico delante, no sabe qué hacer con ello.

 

Casi todo bien funciona mejor como drama disfrazado de comedia que como comedia pura. Tiene momentos muy lúcidos, personajes bien dibujados y una idea central interesante: que vivir en la literatura está muy bien… hasta que te das cuenta de que la vida va por otro lado.

Y ahí, amigo, no hay editorial que te salve.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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