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Viernes 13 en Málaga: comedias, cárceles y un patinete traicionero – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

15/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Viernes 13 en Málaga: comedias, cárceles y un patinete traicionero

 

Crónica del 13 de marzo de 2026 – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 


Por Gema Santamaría, crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

El Festival de Málaga encara su recta final —la vigesimonovena edición se celebra del 6 al 15 de marzo de 2026— con la sensación de que el cine, como la vida, siempre mezcla risas, tragedias y casualidades inesperadas.

 

El viernes 13 amaneció luminoso, casi engañosamente tranquilo, como si la ciudad quisiera recordarnos que incluso los días con fama de gafados pueden ofrecer belleza. Pero el cine, y la propia jornada, terminarían demostrando que la realidad es siempre más compleja.


 

 

La picaresca española según Arantxa Echevarría

 

La mañana arrancó con Cada día nace un listo, la nueva película de Arantxa Echevarría, una de las cineastas más interesantes del panorama español actual.

 

Echevarría se dio a conocer con la magnífica Carmen y Lola (2018), un retrato social que fue un auténtico fenómeno y obtuvo varios premios Goya. Después ha demostrado su versatilidad con proyectos muy distintos, desde el thriller La infiltrada, que terminó convirtiéndose en una de las grandes películas recientes del cine español, hasta trabajos más modestos como Chinas (2023). En esta ocasión se adentra en el territorio de la comedia negra.

 

La película gira en torno a Toni Lomas, interpretado por Hugo Silva, un antiguo concursante de un talent show que ahora vive en horas bajas. Cuando una antigua relación le ofrece participar en el robo de un valioso cuadro, se une a un peculiar equipo formado por la Mari y el Gallego, dos personajes tan necesitados como poco fiables.

 

El reparto lo completan Susi SánchezDafne FernándezJaime Olías y Diego Anido, entre otros.

 

La película funciona como una sátira sobre la picaresca contemporánea: ricos que intentan engañar a otros ricos, pobres que sobreviven como pueden y un país donde la frontera entre necesidad y fraude parece cada vez más difusa.

 

Hay que destacar, además, la presencia de Sofía Otero, la joven actriz que deslumbró al mundo en 20.000 especies de abejas, aquí en un registro inesperadamente cómico.

 

La proyección tuvo continuidad en una rueda de prensa especialmente animada con Arantxa EchevarríaHugo SilvaSusi SánchezDafne FernándezDiego Anido y Jaime Olías.

 

Allí, Hugo Silva defendió con pasión la comedia, recordando lo difícil que es hacer reír en el cine. Una reivindicación que encontró eco en Susi Sánchez, quien señaló que las comedias suelen estar injustamente minusvaloradas porque aparentemente no transmiten grandes mensajes.

 

Y, sin embargo, el cine demuestra lo contrario.

 

Silva puso como ejemplo El verdugo de Luis García Berlanga, una de las obras maestras del cine español: una comedia, sí, pero también una de las críticas más demoledoras que se han hecho jamás sobre la sociedad española.


 

 

Un paseo luminoso antes del drama

 

Tras la película tocaba esperar hasta la siguiente sesión, La mujer de la fila, así que hubo tiempo para pasear por una Málaga luminosa y templada.

 

El recorrido nos llevó hasta la plaza Roma, donde un pequeño parque ofrecía uno de esos momentos de calma que a veces se cuelan entre las prisas de un festival. Los setos perfectamente cuidados, los bancos ocupados por jubilados tranquilos y la luz filtrándose entre los árboles componían una escena casi pictórica.

 

El cine tiene muchas cosas, pero pocas tan agradables como estos paréntesis.

 

Después llegó la comida.

 

Y poco después llegó la realidad.

 

Cuando nos dirigíamos a tomar un café presenciamos un accidente de tráfico: un patinete y una motocicleta colisionaron y una mujer resultó herida. Durante más de tres cuartos de hora esperamos la llegada de una ambulancia, a pesar de la presencia de seguridad y de la Policía Local.

 

A veces el festival parece un mundo paralelo, pero basta un instante para recordar que el mundo real sigue ahí.


 

 

El drama social de La mujer de la fila

 

La segunda película del día fue La mujer de la fila, dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila.

 

La película cuenta la historia de Andrea, una mujer de clase media cuya vida se derrumba cuando su hijo es encarcelado injustamente. A partir de entonces tendrá que hacer largas colas frente a la prisión para visitarlo, compartiendo ese espacio con otras mujeres que viven situaciones similares.

 

Protagonizada por Natalia Oreiro, junto a Amparo Noguera y Alberto Ammann, la película propone un retrato duro y humanista sobre las familias de los presos y el mundo invisible que se forma alrededor de las cárceles.

 

El tono es austero y muy emocional, con ecos de cierto cine social europeo.

 

Después de la ligereza satírica de la película de Echevarría, este drama devolvía al festival su vertiente más sombría.


 

 

Videoclubs, pornografía y nostalgia televisiva

 

La jornada continuó con la presentación de la serie Cochinas, una comedia dirigida, entre otras, por Andrea Jaurrieta, cineasta conocida por Ana de día (2018) y Nina (2024).

 

La protagonista es Malena Alterio, que interpreta a una ama de casa cuyo marido —encarnado por Chani Martín— dirige un videoclub absolutamente ruinoso. Tras un accidente que deja al marido en coma, ella debe hacerse cargo del negocio y descubre rápidamente una verdad incómoda: el único producto que mantiene el negocio a flote es el cine porno.

 

La solución empresarial es tan evidente como delirante.

 

Los episodios proyectados mostraron una comedia bastante gamberra, atravesada por los pensamientos internos del personaje y por una mirada nostálgica a los últimos días de los videoclubs, cuando el negocio todavía resistía antes de que el mundo digital los barriera definitivamente.


 

 

Un viernes 13 casi cinematográfico

 

El resto de la tarde transcurrió paseando por las calles de Málaga, llenas de turistas y de público festivalero, comprando pequeños recuerdos y souvenirs inevitables: imanes con el Museo Pompidou, la plaza de toros o la figura omnipresente de Picasso.

 

Solo al final del día caí en la cuenta.

 

Era viernes 13.

 

Quizá por eso la jornada mezcló risas, tragedia, nostalgia y algún susto inesperado.

 

Como si el propio festival hubiera querido recordarnos que el cine —igual que la vida— siempre se mueve entre la comedia y el drama.

 

Y que, en realidad, casi siempre ocurren las dos cosas el mismo día.

 

Por Gema Santamaría, crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria
 
 
 

 

Crónicas de Festivales de Gema  Santamaría

 

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Palmarés, experiencias y comentarios de holasoyramon – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

15/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

Palmarés, experiencias y comentarios de holasoyramon

 

Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

 

 

He estado asistiendo al Festival de Málaga desde 2014. Siempre acreditado por El Heraldo del Henares, un medio de referencia en Guadalajara y el Corredor del Henares.

 

Y, si la memoria no me falla (que a estas alturas del festival empieza a comportarse como un actor secundario de drama indie), no he faltado ni un solo año. Incluso en el año de la pandemia, cuando el festival se celebró en agosto, allí estaba también, pasando calor y viendo cine.

 

Este fue el primer gran festival al que acudí. Antes había estado en el Fescigu y en algún festival madrileño, pero Málaga fue el lugar donde realmente descubrí cómo funciona este maravilloso y caótico ecosistema que son los festivales de cine. Aquí aprendí cómo se organizan, cómo se ven películas desde las ocho y media de la mañana y cómo sobrevives a base de cafés, bocadillos y conversaciones cinéfilas.

 

El Festival de Málaga siempre me ha acogido con los brazos abiertos. Aquí he hecho grandes amigos. En los primeros años conté con la amistad de José María Tenea, uno de los grandes personajes de la cultura malagueña. Después llegaron otros nombres imprescindibles en mis días festivaleros: Ricardo, Pepe… y mi padrino en la Academia de Cine, Carlos Taillefer.

 

También me ha regalado la amistad de Fernando Méndez-Leite, director de la Academia de Cine, moderador habitual de las ruedas de prensa del festival y uno de esos tipos que llevan décadas respirando cine. Sus ruedas de prensa son siempre un pequeño espectáculo, con ese humor suyo que convierte cualquier sesión matinal en algo más llevadero.

 

 

 

 

Un festival sin “la gran película”, pero con mucho nivel

 

Antes de entrar en el palmarés conviene hacer balance.

 

Quizá este año no ha habido esa gran película que genera unanimidad, como ocurrió con Sorda el año pasado o con títulos que marcaron otras ediciones como Cinco lobitos, Alcarràs o 20.000 especies de abejas.

 

Pero eso no significa que el nivel haya sido bajo. Ni mucho menos.

 

Ha habido muchas películas buenas. En la sección iberoamericana destacaron títulos como Hangar Rojo, Ángeles o El jardín que soñamos. Y en la sección española hubo trabajos muy interesantes como Yo no moriré de amor, Iván & Hadoum, Mi querida señorita o Corredora.

 

La rutina del festival ya la tengo muy aprendida: dos películas por la mañana, dos por la tarde. Las matinales suelen ser de Sección Oficial y después llega la rueda de prensa, donde Fernando Méndez-Leite ejerce de maestro de ceremonias.

 

Una de las grandes virtudes del Festival de Málaga es su cercanía. Aquí es muy fácil cruzarte con actores o directores por la calle, charlar un rato o intercambiar impresiones. Es un festival muy humano.

 

Durante el festival, por ejemplo, coincidimos charlando con Carmen Maura, protagonista de la película inaugural, La calle Málaga. Ese tipo de encuentros espontáneos forman parte del encanto del festival.

 

Al día siguiente me encontré con José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián, y comentábamos precisamente esa diferencia. Él contaba que cuando Carmen Maura recibió la Concha de Oro honorífica en San Sebastián, tuvieron que ponerle dos escoltas durante todo el día.

 

En cambio en Málaga todo es mucho más cercano, mucho más natural. Aquí el divismo se queda en casa.


 

 

El palmarés del Festival de Málaga 2026

 

El Festival de Málaga reparte una cantidad considerable de premios: secciones como ZonaZine, Panorama, Mosaico, Documentales, cortometrajes… y una larga lista de galardones paralelos.

Pero vamos a centrarnos en lo verdaderamente importante: la Sección Oficial.


 

 

Biznaga de Oro – Mejor película española

 

La Biznaga de Oro fue para Yo no moriré de amor, dirigida por Marta Matute.

 

Una película que gustó muchísimo durante el festival y que además obtuvo el Premio Feroz Puerta Oscura, concedido por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España.

 

La historia aborda el drama de una demencia presenil que afecta a una madre. La película sigue el proceso de deterioro desde el punto de vista de su hija adolescente, mientras la familia intenta afrontar el cuidado de la enferma.

 

Es una película muy bien contada, profundamente humana, que además bebe de experiencias personales de la propia directora, que ha vivido de cerca esta enfermedad en su familia.

 


 

 

Biznaga de Oro – Mejor película iberoamericana

 

El premio recayó en El jardín que soñamos, dirigida por Joaquín del Paso.

 

La película narra el viaje de una familia migrante que intenta llegar a Estados Unidos y que queda atrapada en México, trabajando para una industria maderera que impone condiciones imposibles.

 

El contraste entre la belleza natural de los bosques —donde aparece la mariposa monarca— y la crueldad humana es uno de los grandes aciertos del film. Además, está magníficamente fotografiada.

 

 

 

 

Biznaga de Plata – Premio Especial del Jurado

 

El premio especial fue para Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa.

 

Una historia de amor queer ambientada en Almería, en ese paisaje de invernaderos bajo plástico que ya de por sí tiene algo de distopía.

 

La película aborda racismo, clasismo y represión social en un entorno bastante asfixiante.

 


 

 

Mejor dirección

 

La Biznaga de Plata a la mejor dirección fue también para Joaquín del Paso por El jardín que soñamos.

 

Personalmente no soy muy partidario de que una película se lleve mejor película y mejor dirección al mismo tiempo. Siempre me parece más interesante repartir los premios.


 

 

Interpretaciones

 

La Biznaga de Plata a la mejor interpretación femenina fue para Julia Mascort por Yo no moriré de amor, con una interpretación realmente impresionante.

 

El jurado otorgó además una mención especial a Ángeles Pradal por Ángeles, donde interpreta a una niña de 12 años que vive en la calle en una gran ciudad argentina.

 

En el apartado masculino, la interpretación protagonista fue para Nicolás Zárate por Hangar Rojo, una actuación enorme como capitán del ejército chileno durante el golpe de Estado.

 

Una interpretación muy poderosa y además con una caracterización impresionante: verlo en la rueda de prensa y compararlo con el personaje era casi como ver a dos personas distintas.

 


 

 

Actores de reparto

 

La mejor actriz de reparto fue María Magdalena Sanizo por La hija del cóndor, una película que, lamentablemente, no pude ver.

 

Esto pasa siempre en los festivales. Málaga proyecta más de 200 películas, así que elegir qué ver es casi una ruleta rusa cinéfila. A veces aciertas… y otras veces te pierdes joyas.

 

El premio al mejor actor de reparto fue para Tomás del Estal por Yo no moriré de amor. Su interpretación es extraordinaria: un hombre devastado por la enfermedad de su esposa y completamente superado por la situación.

 


 

 

Guion, fotografía y montaje

 

El premio al mejor guion fue para Ian de la Rosa por Iván & Hadoum.

 

La mejor fotografía fue para El jardín que soñamos, un premio totalmente merecido teniendo en cuenta el extraordinario trabajo visual rodado en exteriores.

 

El premio al mejor montaje fue para Hangar Rojo, una de las películas que más gustaron durante el festival.


 

 

La película que conquistó a la crítica

 

Aunque no se llevó los premios principales, Hangar Rojo fue una de las grandes sensaciones del festival.

La historia sigue a un capitán del ejército chileno durante el golpe de Estado. Un hombre íntegro que intenta mantenerse fiel a sus principios mientras el mundo a su alrededor se desmorona.

 

La película ganó el premio del jurado de la crítica y dejó una impresión enorme en muchos espectadores.


 

 

Epílogo festivalero

 

Y poco más que añadir.

 

Han sido nueve días de cine, cafés, conversaciones, carreras entre salas y ese cansancio feliz que solo te dan los festivales.

 

El Festival de Málaga sigue siendo un lugar especial: cercano, humano, lleno de cine y de gente apasionada por el cine.

 

Nos vemos el año que viene.

 

Y, como siempre…

Nos vemos en el cine. 🎬

 

 

Os copio el Palmarés completo:

 

PALMARÉS 29 FESTIVAL DE MÁLAGA

SECCIÓN OFICIAL DE LARGOMETRAJES A CONCURSO

El Jurado de la Sección Oficial de Largometrajes a Concurso de la 29 edición del Festival de Málaga, integrado por Jaione Camborda (Presidenta), Belén Funes, Loreto Mauleón, Daniela Michel, Rosa Montero, Gastón Pauls y Santiago Roncagliolo, otorga los siguientes premios:

BIZNAGA DE ORO A LA MEJOR PELÍCULA ESPAÑOLA, dotada con 8.000 euros

Yo no moriré de amor, de Marta Matute.

BIZNAGA DE ORO A LA MEJOR PELÍCULA IBEROAMERICANA, dotada con 8.000 euros

El jardín que soñamos, de Joaquín del Paso.

BIZNAGA DE PLATA ‘PEUGEOT’ PREMIO ESPECIAL DEL JURADO

Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR DIRECCIÓN

Joaquín del Paso por El jardín que soñamos.

BIZNAGA DE PLATA ‘HOTEL AC MÁLAGA PALACIO’ A LA MEJOR INTERPRETACIÓN FEMENINA

Júlia Mascort por Yo no moriré de amor.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO A LA MEJOR INTERPRETACIÓN FEMENINA

Ángeles Pradal por Ángeles.

BIZNAGA DE PLATA ‘MAKE & MARK’ A LA MEJOR INTERPRETACIÓN MASCULINA

Nicolás Zárate por Hangar rojo.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO A LA MEJOR INTERPRETACIÓN MASCULINA

Silver Chicón por Iván & Hadoum.

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR INTERPRETACIÓN FEMENINA DE REPARTO

María Magdalena Sanizo por La hija cóndor.

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR INTERPRETACIÓN MASCULINA DE REPARTO

Tomás del Estal por Yo no moriré de amor.

BIZNAGA DE PLATA AL MEJOR GUIÓN

Ian de la Rosa por Iván & Hadoum

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR MÚSICA

Cergio Prudencio y Marcelo Guerrero por La hija cóndor.

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR FOTOGRAFÍA

Gökhan Tiryaki por El jardín que soñamos.

BIZNAGA DE PLATA AL MEJOR  MONTAJE

 Valeria Hernández y Sebastián Brahm por Hangar rojo.

Asimismo, se conceden los siguientes premios complementarios:

BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL JURADO DE LA CRÍTICA

El Jurado de la Crítica de la Sección Oficial de Largometrajes a concurso de la 29 edición del Festival de Málaga, integrado por Norberto Chab, José Antonio Díaz y Marcelo Stiletano, otorga la BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL JURADO DE LA CRÍTICA a Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato.

El Festival de Málaga, en una decisión promediada al 50% entre el voto del público asistente a la sala y el Jurado Popular de la Sección Oficial de Largometrajes a Concurso del 29 Festival de Málaga, formado por Francisco Aranda, María José Bueno, Pedro Monzón, Lucía Muñoz, Miguel Núñez y Laura Sánchez, otorga la BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO ‘EL PAÍS’ Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato.

BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO (VOTACIÓN EN SALA)

Pioneras. Sólo querían jugar, de Marta Díaz de Lope Díaz.

 

SECCIÓN OFICIAL DE LARGOMETRAJES FUERA DE CONCURSO

El Festival de Málaga, en una decisión promediada al 50% entre el voto del público asistente a la sala y el Jurado Popular de la Sección Oficial de Largometrajes Fuera de Concurso del 29 Festival de Málaga, formado por Víctor Blanco, Lola García, Luis Alfonso Martínez, Víctor Martínez, Valeria Molinelli, Emilio Pérez, David Ramos, Hugo Saavedra y Sara Volpini, otorga la BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO a Dos días, de Gonzaga Manso.

SECCIÓN OFICIAL ZONAZINE

El Jurado Oficial de la Sección Oficial ZonaZine de la 29 edición del Festival de Málaga, integrado por, Nicolás Gil Lavedra, Àlex Monner y Paula Palacios otorga los siguientes premios:

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR PELÍCULA ESPAÑOLA, dotada con 4.000 euros

La carn (La carne), de Joan Porcel.

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR PELÍCULA IBEROAMERICANA, dotada con 4.000 euros

Oca, de Karla Badillo.

MENCIÓN ESPECIAL Los Nadadores, de Sol Iglesias.

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR DIRECCIÓN

Gwai Lou por We are the jungle (Somos la jungla)

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR INTERPRETACIÓN FEMENINA

Angela Sarafyan por Quase Deserto.

 BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR INTERPRETACIÓN MASCULINA

Lluís Garau por La carn (La carne)

La BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO A LA MEJOR PELÍCULA DE ESTA SECCIÓN, elegida por votación del público asistente a la sala, es para Oca, de Karla Badillo.

SECCIÓN OFICIAL DE DOCUMENTALES

El Jurado de la Sección Oficial de Documentales de la 29 edición del Festival de Málaga, integrado por Josep María Catalá, Lorena Muñoz y María Zafra, otorga los siguientes premios:

BIZNAGA DE PLATA AL MEJOR DOCUMENTAL, dotada con 4.000 euros, para El mapa para tocarte, de Mercedes Afonso.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO a Sucia, de Bárbara Mestanza y Marc Pujolar.                                                                                                                                                                              

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR DIRECCIÓN María Molina Peiró por Como todo mortal.

BIZNAGA DE PLATA PREMIO ESPECIAL DEL JURADO A voz de Deus (La voz de Dios), de Miguel Antunes Ramos.

El Jurado Popular de la Universidad de Málaga (UMA), integrado por Ana Alcántara, José Andrés Canales, José Miguel Clavijo, Lina Fernández, Darío González, Elsa Hurtado, Daniela Joya, Francisco José Marcos, María Medina, Rafael Mesa, Lucía Noci, Diego Ramírez, Alicia Sedeño y Darío Terrones, otorga la BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO AL MEJOR LARGOMETRAJE DOCUMENTAL Sucia, de Bárbara Mestanza y Marc Pujolar.

 

SECCIÓN OFICIAL DE CORTOMETRAJES

SECCIÓN OFICIAL DE CORTOMETRAJES DOCUMENTALES

El Jurado de la Sección Oficial de Cortometrajes Documentales de la 29 edición del Festival de Málaga, integrado por Josep María Catalá, Lorena Muñoz y María Zafra, otorga la BIZNAGA DE PLATA AL MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTALdotado con 2.000 euros, a Los días azules de Javier García Lerín.

El Jurado Popular de la Universidad de Málaga (UMA), integrado por Ana Alcántara, José Andrés Canales, José Miguel Clavijo, Lina Fernández, Darío González, Elsa Hurtado, Daniela Joya, Francisco José Marcos, María Medina, Rafael Mesa, Lucía Noci, Diego Ramírez, Alicia Sedeño y Darío Terrones, otorga la BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO AL MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL a Los días azulesde Javier García Lerín.

SECCIÓN OFICIAL DE CORTOMETRAJES DE FICCIÓN

El Jurado de la Sección Oficial de Cortometrajes, integrado por Andrea Duro, Fernando Juan Lima y Jorge Rivero, otorga los siguientes premios:

BIZNAGA DE PLATA AL MEJOR CORTOMETRAJE DE FICCIÓNdotada con 2.000 euros, para Talk Me, de Joecar Hanna.

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR DIRECCIÓN Marc Camardons por Per bruixa i metzinera.

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR INTERPRETACIÓN FEMENINA Sonia Almarcha y Mirela Balic por Una vocal.

BIZNAGA DE PLATA A LA MEJOR INTERPRETACIÓN MASCULINA Chete Guzmán por Epifanía.

MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO para Instrucciones para cocinar un pollo bajo tierra, de Oliva Delcán y Nacho Sánchez.

La BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO A LA MEJOR PELÍCULA de esta sección, elegida por votación del público asistente a la sala, es para El lago silente, de Varo López.

 

SECCIÓN OFICIAL DE CORTOMETRAJES IBERSHORTS

El Jurado de la Sección Oficial de Cortometrajes, integrado por Andrea Duro, Fernando Juan Lima y Jorge Rivero, otorga la BIZNAGA DE PLATA AL MEJOR CORTOMETRAJE IBEROAMERICANO a Domingo familiar, de Gerardo del Razo.

 

SECCIÓN OFICIAL DE CORTOMETRAJES ANIMAZINE

El Jurado de la Sección Oficial de Cortometrajes, integrado por Andrea Duro, Fernando Juan Lima y Jorge Rivero, otorga la BIZNAGA DE PLATA AL MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓNdotado con 2.000 euros, a Pinchu es así, de Carmen Córdoba.

La BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO A LA MEJOR PELICULA DE ESTA SECCIÓN, elegida por votación del público asistente a la sala, es para Bobsde Júlia Marcó.

 

SECCIÓN OFICIAL DE CORTOMETRAJES MÁLAGA

El Jurado de la Sección Oficial de Cortometrajes, integrado por Andrea Duro, Fernando Juan Lima y Jorge Rivero, otorga los siguientes premios:

BIZNAGA DE PLATA AL MEJOR CORTOMETRAJE DE FICCIÓN, dotada con 2.000 euros, a Las desqueridas, de Charlie García Villalba y Gonzalo Ruiz Esteban.

La BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO A LA MEJOR PELICULA DE ESTA SECCIÓN, elegida por votación del público asistente a la sala, es para En Toronto no pasan estas cosas, de Manolo Orellana Naranjo.

 

SECCIÓN OFICIAL MOSAICO. PANORAMA INTERNACIONAL

La BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO A LA MEJOR PELÍCULA de esta sección, dotada con 8.000 euros a la distribuidora en España y elegida por votación del público asistente a la sala, es para Les enfants vont bien (Los niños están bien), de Nathan Ambrosioni.

BIZNAGAS MÁLAGA CINEMA

Ana de Alva

Juan Antonio Espigares

María Pepa Lara García

Concha Baquero (in memoriam)

 

AYUDAS A LA PRODUCCIÓN

Un pingüino en el desierto, de José Rodríguez-Vergara Pérez (3.500 euros)

La exorcista, de Marga Dorao (4.000 euros)

Azucenas, de Daniel Parra(4.500 euros)

Los ojos que no lloraron, de Sonia Madrid (4.500 euros)

Perdón, de José Vega (4.500 euros)

Sonia y Selena, de Nerea Guitart (4.500 euros)

Destello eterno, de Paula Sánchez Lobato y Pedro Jesús Medina Criado (6.000 euros)

El heredero, de Jorge Rivera (6.000 euros)

Los de aquí, de José Mari Martínez y Martí Juan Balet (6.000 euros)

Un espejo adulto, de Daniel Fraga y Andrés Goñi (6.000 euros)

PREMIOS AFIRMANDO LOS DERECHOS DE LAS MUJERES

BIZNAGA DE PLATA PRIMER PREMIO AFIRMANDO LOS DERECHOS DE LAS MUJERES al documental
Llamarse Olimpia, de Indira Cato.

BIZNAGA DE PLATA PREMIO ESPECIAL DEL JURADO AFIRMANDO LOS DERECHOS DE LAS MUJERES al documental Recuerdo tu nombre, de Silvia Venegas. 

BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO AFIRMANDO LOS DERECHOS DE LAS MUJERES AL MEJOR DOCUMENTAL

Recuerdo tu nombre, de Silvia Venegas.

BIZNAGA DE PLATA MÁLAGA MUJERES EN ESCENA al cortometraje No estamos locos, de Lucia Criado Rosas.

BIZNAGA DE PLATA MUJERES EN ESCENA AL MEJOR TRABAJO DE FICCIÓN
Pietra, de Cynthia Levitan.

BIZNAGA DE PLATA MUJERES EN ESCENA AL MEJOR DOCUMENTAL
Pasionaria. Dolores Ibárruri, de Amparo Climent.

BIZNAGA DE PLATA PREMIO DEL PÚBLICO MUJERES EN ESCENA
Un hombre libre, de Laura Hojman.

 

PREMIOS CINEMA COCINA

El Jurado Oficial de la sección Cinema Cocina de la 29 edición del Festival de Málaga, formado por Jacobo Gavira, Sacha Hormaechea y Paco Cruz Rivera, otorga los siguientes premios:

BIZNAGA DE PLATA ‘CERVEZAS VICTORIA´ AL MEJOR LARGOMETRAJE, dotado con 4.000 euros

Decían que aquí no se había nada, de Jorge Fernández Mayoral.

BIZNAGA DE PLATA ‘ALIMENTOS DE ESPAÑA’ AL MEJOR CORTOMETRAJE, dotado con 2.000 euros

Montse. La penúltima bodega, de Jordi Busquets, David Salvador y Víctor Solsona.

El Jurado Popular de la sección Cinema Cocina, integrado por David Correa, Manuel F. Duarte, Rosario Alba Gaitán, Manuel Lucas Rodríguez y Remedios Reina, otorga los siguientes premios:

BIZNAGA DE PLATA ‘BODEGAS EMILIO MORO’ PREMIO DEL PÚBLICO AL MEJOR LARGOMETRAJE

Todos los días domingo, de Abraham López Feria.

BIZNAGA DE PLATA ‘DIPUTACIÓN DE JAÉN’ PREMIO DEL PÚBLICO AL MEJOR CORTOMETRAJE

Montse. La penúltima bodega, de Jordi Busquets y David Salvador.

 

OTROS PREMIOS

BIZNAGA QUIRÓNSALUD AL DOCUMENTAL MÁS SOCIAL para La huella y el tiempo, de Raúl Vaquero.

BIZNAGA THE CORE SCHOOL AL MEJOR CORTOMETRAJES para Killjote, de Ángel Villahermosa.

PREMIO ESCUELAS DE CINE AL MEJOR LARGOMETRAJE DE ZONAZINE

El Jurado Escuelas de Cine de la Sección Oficial de Largometrajes, integrado por Nicole Benvenuti, Jesús Criado, David Fernández, Alejandro Gil, Damaris Martín, Roberto Salas y Stella Vanrose , otorga el PREMIO ESCUELAS DE CINE A LA MEJOR PELÍCULA DE LA SECCIÓN ZONAZINE We Are the Jungle (Somos la jungla), de Gwai Lou.

PREMIO ASECAN ÓPERA PRIMA DE LA SECCIÓN OFICIAL DE LARGOMETRAJES A CONCURSO

El jurado formado por Sofía Carvajal, Álvaro García-Baquero y Carlos Mera, miembros de la Asociación de Escritoras y Escritores Cinematográficos de Andalucía, otorga el premio a Corredora, de Laura García Alonso.

PREMIO FEROZ PUERTA OSCURA 2026 AL MEJOR LARGOMETRAJE DE SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

Los miembros de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España acreditados como Prensa han elegido en votación secreta que el premio es para Yo no moriré de amor, de Maite Matute.

PREMIO SIGNIS AL MEJOR LARGOMETRAJE DE SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

La Organización Católica Mundial para los Medios de Comunicación, a través de su jurado compuesto por Rosa Die, Wolfgang Hamdorf y Belén Pérez Llamas, otorga el premio a la película La mujer de la fila, de Benjamín Ávila.

 

 

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¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

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La familia Benetón +2 – 2026 – Joaquín Mazón – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

15/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando la familia crece… y los chistes se quedan en guardería

 

El director

 

El responsable de esta criatura es Joaquín Mazón, un director que se ha especializado en la comedia popular española, esa que busca el aplauso fácil del público del sábado por la tarde.

 

En su filmografía encontramos títulos como La Navidad en sus manos (2022), comedia navideña con Santiago Segura, y la primera entrega La familia Benetón (2024), que funcionó razonablemente bien en taquilla.

 

Mazón procede en gran parte del mundo televisivo y se mueve cómodo en un terreno muy concreto: el cine comercial pensado para un público amplio, familiar y poco exigente. Y, ojo, eso no es necesariamente un defecto… aunque a veces lo parezca.

 

Cutrecomentario

 

La historia continúa donde lo dejó la primera entrega de La familia Benetón.

 

Tenemos a ese padre improvisado interpretado por Leo Harlem, encargado de cuidar a un grupo de niños adoptados de diferentes orígenes culturales.

 

A su lado sigue el tío de la familia, interpretado por Juan Manuel Montilla “El Langui”, que intenta poner un poco de cordura al caos doméstico.

 

Como novedad, la película añade dos nuevos miembros al equipo: dos bebés que vienen a aumentar todavía más el nivel de ruido, pañales y situaciones supuestamente cómicas.

 

La película está llena de chistes. Muchos chistes. Tantísimos chistes que alguno tenía que funcionar por pura estadística… y, efectivamente, alguno funciona.

 

Pero entre uno que hace gracia y cinco que se quedan flotando en el aire, la sensación general es la de un guion que dispara bromas como quien lanza confeti esperando que algo caiga en el sitio adecuado.

 

Además, hay momentos en los que el humor se mete en terrenos algo discutibles.

 

Hacer bromas sobre la discapacidad del personaje de El Langui no parece precisamente la idea más brillante del mundo. No es que provoque escándalo, pero sí deja una sensación rara, como de chiste que alguien debería haber revisado antes de rodarlo.

 

Todo está construido con una fórmula muy reconocible: situaciones exageradas, choque cultural entre los niños, gritos, persecuciones, bromas visuales y moraleja final. Un cóctel muy típico de este tipo de comedias familiares.

 

La película se estrenará en España el 17 de abril de 2026, y todo apunta a que funcionará bastante bien en taquilla.

 

Este tipo de cine conecta con un público que busca pasar un rato sin complicaciones y que responde muy bien a este tipo de propuestas. Es el mismo público que llena salas con sagas como Torrente o con muchas de las comedias comerciales que dominan la taquilla española.

 

Otra cosa distinta es hablar de calidad cinematográfica.

 

El guion resulta bastante pobre, se apoya demasiado en tópicos sobre culturas diferentes y muchas situaciones parecen escritas con piloto automático.

 

Todo funciona a base de estereotipos muy básicos y de un humor que rara vez va más allá del chascarrillo rápido.

 

Y claro, uno se queda con cierta sensación de tristeza al ver que el Festival de Málaga cierre sus proyecciones con una película así.

 

Un festival que tantas veces ha apostado por cine arriesgado, personal o incluso emocionante termina su recorrido con una comedia que parece más pensada para un domingo por la tarde en televisión que para clausurar un certamen cinematográfico.

 

En fin… una comedia que probablemente hará reír a parte del público, pero que deja la impresión de que el cine español puede —y debe— aspirar a bastante más.

 

Y lo peor es que Leo Harlem, El Langui o Anabel Alonso, actores con talento y oficio, merecen material mucho mejor que éste.

 

Porque cuando los buenos actores tienen buenos guiones, el resultado suele ser mucho más divertido que esto.

 

Mi puntuación: 3,53/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Cochinas (Serie TV) – 2026 – Carlos del Hoyo (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

14/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo salvar un videoclub cuando el negocio se va al garete (y el porno paga las facturas).

 

Sobre el creador

 

La serie está creada por Carlos del Hoyo, del que no hay todavía una filmografía muy conocida dentro del gran público.

 

En esta producción ejerce como creador del proyecto, mientras que la dirección de los episodios corre a cargo de tres cineastas: Andrea Jaurrieta, Laura M. Campos y Nuria Gago, tres directoras jóvenes que aportan una mirada fresca y bastante deslenguada a la serie.

 

Andrea Jaurrieta es conocida por dirigir Ana de día (2018) y Nina (2024), películas que ya demostraban su gusto por los personajes femeninos complejos y algo descolocados en el mundo.

 

 

Cutrecomentario

 

La premisa de Cochinas es de esas que ya de entrada prometen jaleo.

 

España aún vive en el glorioso mundo del VHS, las estanterías de plástico azul y las multas por devolver las cintas tarde.

 

Y en medio de ese ecosistema en vías de extinción aparece Nines, el personaje interpretado por Malena Alterio.

 

Nines es una mujer conservadora, de las de misa dominical y vida ordenadita… hasta que su marido —interpretado por Chani Martín— tiene la mala suerte de ser atropellado por un autobús de la manera más tonta posible y quedarse en coma. Y claro, alguien tiene que encargarse del negocio familiar.

 

El negocio es un videoclub.

 

Y estamos en 1998.

 

Vamos, que el Titanic ya ha chocado con el iceberg.

 

Las grandes cadenas de videoclubs ya están arrasando y el pequeño comercio lo tiene crudo.

 

La protagonista, que hasta ese momento vivía bastante ajena a las miserias económicas, descubre de golpe que las cuentas no salen ni con milagro de San Judas Tadeo.

 

Y entonces tiene una revelación empresarial digna de un MBA acelerado: ampliar la sección porno del videoclub.

 

Porque si algo funcionaba en los videoclubs… era el porno.

 

Así que decide montar un pequeño santuario para clientes necesitados de estímulos visuales.

 

Un espacio discreto donde los parroquianos puedan canalizar su entusiasmo hormonal mientras alquilan cintas con títulos que siempre han sido un prodigio de creatividad.

 

Porque el cine porno tiene esa maravillosa tradición de versionar los clásicos con una imaginación que ya quisieran muchos guionistas.

 

Ese espíritu gamberro aparece también en la serie, que introduce pensamientos de la protagonista, pequeñas fantasías visuales y recreaciones delirantes del imaginario del porno noventero.

 

Malena Alterio está estupenda, porque maneja muy bien ese contraste entre mujer reprimida y empresaria accidental del erotismo VHS. Su cara de “esto se me está yendo de las manos” funciona como motor cómico constante.

 

A su lado aparece Celia de Molina, interpretando a su hermana, que aporta ese contrapunto más descarado y deslenguado que siempre viene bien en este tipo de comedias.

 

Lo que se vio en el Festival de Málaga deja bastante claro el tono de la serie: humor sin complejos, mucha nostalgia noventera y una protagonista que va descubriendo que la vida puede ser bastante más desordenada de lo que enseñaban en catequesis.

 

Los episodios presentados funcionan muy bien. Son ágiles, tienen gags bastante ingeniosos y juegan con un escenario —el videoclub de barrio— que hoy ya es casi arqueología cultural.

 

Si mantiene el nivel, Cochinas puede convertirse fácilmente en una de esas series que uno empieza “por probar” y acaba viendo del tirón. Porque mezcla tres cosas que siempre funcionan: crisis económica, VHS polvorientos… y porno cutre con títulos imposibles.

 

Vamos, un retrato bastante fiel de la España de finales de los noventa. Y encima muy divertido.

 

Mi puntuación: 6,77/10.

 

 

 

 

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La mujer de la fila – 2025 – Benjamín Ávila – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

14/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 


Cómo descubrir que la vida te cambia más rápido que la cola de una prisión un domingo por la mañana.

 

 

Sobre el director

 

El argentino Benjamín Ávila es uno de esos cineastas que saben combinar lo personal con lo político sin que parezca un sermón de sobremesa.

 

Su película más conocida es Infancia clandestina (2011), un drama ambientado en la dictadura argentina que pasó por Cannes y ganó varios premios en Argentina.

 

Después dirigió La vida después (2013), documental muy ligado también a la memoria histórica, y la serie Dromo.

 

En sus trabajos suele haber un interés muy claro por las heridas del pasado y por cómo las personas comunes lidian con situaciones extremas.

 

 

Cutrecomentario

 

Los argentinos tienen una habilidad especial para hacer cine potente con historias aparentemente pequeñas. Y La mujer de la fila es otro ejemplo bastante claro de esa tradición.

 

Aquí Benjamín Ávila mezcla thriller y drama carcelario, pero con un truco interesante: en lugar de seguir al preso, seguimos a la madre del preso.

 

Y ese cambio de punto de vista funciona muy bien.

 

La protagonista es Natalia Oreiro, que interpreta a una mujer que ve cómo su vida de señora acomodada se va al garete cuando su hijo acaba en la cárcel.

 

Oreiro compone un personaje bastante histérico, muy fuera de lugar, como alguien que aterriza de repente en un planeta que no entiende.

 

No sabe cómo funciona ese mundo, no sabe cómo relacionarse con él y, lo más importante, no quiere aceptar que ahora forma parte de él.

 

Pero claro, la realidad es tozuda.

 

Poco a poco la vemos enfrentarse a la famosa fila: esa cola de mujeres que esperan para entrar a prisión con comida, ropa o simplemente con un poco de cariño para los suyos. Ahí descubre algo que no estaba en su manual de vida pija: la solidaridad entre gente que no tiene nada.

 

Sus antiguas amigas —tan elegantes ellas— desaparecen como por arte de magia. Vamos, que cuando llegan los problemas se volatilizan más rápido que el hielo en un gin-tonic de terraza.

 

En ese nuevo ecosistema aparece también Alberto Ammann, interpretando a un preso veterano con el que la protagonista establece una relación peculiar, casi una especie de complicidad emocional.

 

Y en paralelo vemos el drama del hijo encarcelado, interpretado por Federico Heinrich, que aporta bastante credibilidad al papel del joven que ve cómo su vida se tuerce.

 

En el reparto brilla también Amparo Noguera, que tiene un papel secundario pero muy importante: es una de esas mujeres de la fila que funcionan como red de apoyo, como pequeña familia improvisada dentro de un sistema que suele triturar a la gente.

 

La película está basada en hechos reales y tiene algo que engancha: no busca el morbo carcelario ni el melodrama fácil.

 

Lo que le interesa a Ávila es observar cómo una mujer se queda sin las certezas que daban sentido a su vida. De repente sus reglas sociales, sus convicciones y su entorno desaparecen.

 

Y entonces toca reinventarse.

 

Puede que el personaje tarde bastante en entender lo que está pasando —de hecho muchas veces se equivoca—, pero ahí está precisamente la gracia del relato: el proceso de darse cuenta de que el mundo no funciona como ella pensaba.

 

El resultado es un drama sólido, bien interpretado y con una mirada bastante humana hacia un universo que el cine suele retratar con más clichés que matices.

 

Dentro del Festival de Málaga de este año, La mujer de la fila se coloca sin problemas entre las películas más potentes que han pasado por las salas del Albéniz.

 

No hace ruido, no necesita fuegos artificiales, pero deja una sensación muy clara: cuando el cine argentino se pone serio, suele dar en el clavo. Y aquí vuelve a hacerlo.

 

Mi puntuación: 8,68/10.

 

 

 

 

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Cada día nace un listo – 2026 – Arantxa Echevarria – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

14/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando los pobres roban para comer y los ricos roban para comprar otro yate

 

La directora

 

Arantxa Echevarría es una de las cineastas españolas que más rápido se ha consolidado en los últimos años.

 

Debutó con Carmen y Lola (2018), un retrato de dos jóvenes gitanas que se enamoran y que tuvo un enorme impacto, incluso en Cannes.

 

Después dirigió Chinas (2023), un retrato coral sobre identidad y adolescencia en la comunidad china en España.

 

Y en 2024 firmó La infiltrada, uno de los grandes éxitos del cine español reciente y ganadora del Goya a Mejor Película.

 

Su cine suele mezclar mirada social con pulso narrativo muy directo, algo que vuelve a demostrar en Cada día nace un listo.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que empiezan con una escena que te pone en situación en treinta segundos. Aquí pasa eso. Y se agradece, porque Arantxa Echevarría no se anda con rodeos.

 

La historia gira alrededor de Hugo Silva, que interpreta a Toni Lomas, un estafador de medio pelo. No es un gran criminal. Es más bien un buscavidas. De esos que viven de pequeños trapicheos, de timos menores y de ir sobreviviendo como pueden. Vamos, un autónomo del delito en categoría amateur.

 

Pero claro, como dice el viejo refrán: cada día nace un listo… y también alguien dispuesto a intentar aprovecharse de él.

 

La película plantea dos mundos muy claros. Por un lado, el de los pobres que delinquen para sobrevivir. Una banda bastante chapucera formada por Hugo Silva, Susi Sánchez y Diego Anido, que además se marca un gallego muy pintoresco que se roba varias escenas.

 

Y por otro lado está el mundo de los ricos. Pero no ricos elegantes de película americana. No. Ricos corruptos, torpes y desesperados por mantener el nivel de vida.

 

Todo arranca con la muerte del patriarca de la familia, interpretado por Pedro Casablanc, en una escena inicial muy bien resuelta que, en muy pocos planos, explica perfectamente quién era ese hombre y el lío monumental que deja detrás: una familia forrada… pero arruinada y con escándalos de corrupción acechando.

 

Ahí entran en juego los herederos, interpretados por Belén Rueda, Jaime Olías y Dafne Fernández, que representan ese otro tipo de delincuente: el que roba no para comer, sino para seguir siendo rico.

 

Y ese choque de clases es el motor de la película.

 

Porque Echevarría plantea una sátira bastante clara: el pequeño ladrón que roba para sobrevivir frente al gran ladrón que roba por pura avaricia. Dos escalas sociales… y dos escalas de delito.

 

La película funciona muy bien porque está contada con ritmo. No se recrea demasiado en nada, avanza con energía y tiene bastantes momentos de comedia que funcionan. No es una comedia de carcajada continua, pero sí tiene momentos muy divertidos.

 

Además, hay algo que se agradece: el tono de sátira social está presente todo el tiempo.

 

No es solo una historia de estafadores, es también una pequeña radiografía de cómo funciona la sociedad cuando el dinero y la corrupción empiezan a mezclarse.

 

En ese sentido, Cada día nace un listo tiene mala leche… pero también bastante sentido del humor.

Y eso siempre entra bien.

 

El reparto funciona muy bien, especialmente Hugo Silva, que tiene ese punto de caradura simpático que el personaje necesita.

 

Y Diego Anido aporta ese toque excéntrico que hace que algunas escenas suban varios grados.

 

Una comedia negra con ritmo, con personajes muy bien dibujados y con una sátira social que no se corta demasiado.

 

No sé cuándo llegará a los cines, pero tiene pinta de ser una de esas películas que pueden funcionar bien con el público.

 

Eso sí, lo tendrá complicado.

 

Porque ahora mismo en taquilla manda Torrente Presidente… y cuando Torrente aparece, ya sabemos que el país entero se pone a hacer cola para ver barbaridades. 😏

 

Mi puntuación: 7,77/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Un día de tragedias humanas en el Festival de Málaga – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

13/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

Un día de tragedias humanas en el Festival de Málaga

 

Por Gema Santamaría.

 

El 12 de marzo de 2026 en el Festival de Málaga ha sido uno de esos días que dejan al espectador con el alma muy encogida. Cuatro películas, cuatro historias duras, cuatro miradas a distintas formas del dolor humano. De esos días que, al terminar, invitan más a una conversación silenciosa que a una celebración.

 

La jornada comenzó con La buena hija, dirigida por Júlia de Paz, un drama familiar que se adentra en las heridas que deja la violencia doméstica vista desde los ojos de una niña. La protagonista es Kiara Arancibia, que interpreta a Carmela, una niña que tras la separación de sus padres se traslada con su madre a vivir con su abuela. En el reparto encontramos también a Janet NovásJulián Villagrán y la siempre extraordinaria Petra Martínez. La película aborda la compleja relación que la niña mantiene con su padre, a quien admira profundamente, pese a la sombra de violencia que planea sobre él. 

 

El film, que adapta el cortometraje previo de la propia directora, observa con delicadeza el conflicto entre tres generaciones de mujeres obligadas a replantearse su futuro. En la rueda de prensa, Júlia de Paz explicó que el guion se construyó durante cuatro años de documentación, hablando con víctimas, trabajadores sociales, fiscales y jueces para entender el entramado emocional y legal de estas situaciones.

 

Tras la proyección, Málaga ofrecía un contraste curioso: un cielo azul radiante y una luz casi primaveral, aunque el frío seguía recordando que el invierno todavía no se ha ido del todo. La caminata hasta el hotel AC Málaga Palacio, sede habitual de encuentros del festival, permitió ese pequeño paréntesis que siempre viene bien entre dos películas densas. La terraza del hotel, con sus vistas de 360 grados sobre la ciudad, sigue siendo uno de los lugares de conversación del certamen: periodistas, cineastas y equipos de televisión compartiendo impresiones frente al Mediterráneo.

 

La segunda película del día fue El corazón del lobo, del veterano director peruano Francisco J. Lombardi, uno de los grandes nombres del cine de su país. La película se sitúa en el Perú de 1990 y narra la historia de Aquiles, un niño indígena secuestrado por el grupo terrorista Sendero Luminoso. A través de su testimonio asistimos a su paso de víctima a combatiente y al largo intento de escapar de ese infierno. 

 

El film describe con crudeza la violencia de aquella guerrilla que marcó durante décadas la historia reciente del país. Lombardi filma con pulso firme las atrocidades cometidas en nombre de una supuesta revolución y deja para el final la parte quizá más conmovedora: el intento del protagonista de reconstruir una vida después de la violencia.

 

La tarde comenzó con otra historia áspera. Ángeles (título que corresponde a la película dirigida por Paula Markovitch) sitúa su historia en Córdoba, Argentina, aunque se trata de una coproducción mexicana. La protagonista es Ángeles, una adolescente que vende golosinas por las calles mientras cuida de su hermana pequeña. La película retrata una vida marcada por la pobreza extrema y la soledad. Mantiene una relación de amistad con un hombre mayor que trabaja en una cabina de estacionamiento y arrastra el duelo por la muerte accidental de su hijo.

 

La directora implementa una puesta en escena basada en primeros planos y silencios que subrayan la fragilidad emocional de sus personajes. Es un cine áspero, casi sin concesiones, que obliga al espectador a mirar de frente una realidad incómoda.

 

El cierre del día llegó con El jardín que soñamos, dirigida por Joaquín del Paso, otra producción mexicana que vuelve a colocar en el centro el drama de la migración. La película sigue a una familia inmigrante que intenta llegar a Estados Unidos mientras sobrevive con trabajos precarios en México. El protagonista, Junior, acepta un empleo peculiar: construir y vigilar una caseta en medio del bosque para controlar el paso de camiones madereros que devastan la selva.

 

La película contrapone constantemente dos fuerzas opuestas: la belleza salvaje del paisaje natural y el drama íntimo de una familia que lucha por sobrevivir. Ese contraste entre naturaleza majestuosa y desesperación humana es uno de los motores visuales y emocionales del film.

 

Al terminar la jornada, el balance del día era evidente: cuatro películas atravesadas por la violencia, la pobreza o la pérdida. El cine, cuando se adentra en estas zonas oscuras de la experiencia humana, tiene la capacidad de conmover y también de dejar un poso de inquietud.

 

Quizá por eso, al cerrar el cuaderno de notas, uno solo puede esperar que la programación de mañana traiga alguna historia luminosa. Porque después de un día así, el ánimo del espectador pide un pequeño respiro.

Gema Santamaría
Crítica de cine – Nueva Alcarria

 

 

Crónicas de Festivales de Gema  Santamaría

 

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El jardín que soñamos – 2026 – Joaquin del Paso – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

13/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La selva, las mariposas y las ganas de meterse debajo de la cama

 

Joaquín del Paso es un director mexicano que ya había dejado huella con Maquinaria Panamericana, estrenada en la Berlinale de 2016, y con El hoyo en la cerca, que pasó por la sección Orizzonti de Venecia en 2021.

 

Su cine suele moverse entre la incomodidad moral, la violencia larvada y los espacios cerrados o asfixiantes donde los personajes parecen condenados de antemano.

 

Con El jardín que soñamos, presentada en la Sección Oficial del Festival de Málaga 2026, firma además guion y se mete otra vez en un territorio nada precisamente terapéutico.

 

La película es mexicana, dura 102 minutos y cuenta en el reparto con Néhémie Bastien, Faustin Pierre, Kimaëlle Holly Preville, Ruth Aicha Pierre Nelson y Carlos Esquivel.

 

 

Cutrecomentario

 

El jardín que soñamos es una de esas películas que te dejan mirando al techo al acabar, pensando que igual hoy no era mal día para ver una de Pajares y Esteso en vez de esto.

 

La historia sigue a Junior, un inmigrante que quiere llegar a Estados Unidos y que, mientras malvive en México, acepta trabajos como puede.

 

Termina con su familia en mitad de una zona selvática, empleado por una maderera que le monta una casita de tablas para controlar el paso de camiones que van arrasando el bosque.

 

O sea, el paraíso, pero con deforestación, amenazas y un ambiente de “aquí te sonríen y luego igual te pegan un tiro”.

 

La propia sinopsis oficial habla de una familia que intenta crear una frágil burbuja de ternura en una tierra que no le pertenece, en medio de un bosque que se desvanece. 

 

Lo que retrata la película, por encima de todo, es la crueldad humana. Ahí no hay descanso ni tregua ni una triste manzanilla para serenarse.

 

La familia queda atrapada en un infierno del que no puede salir, rodeada de campesinos hostiles, intereses económicos salvajes y una sensación constante de peligro.

 

Todo el mundo parece ir armado, o al menos moralmente cargado hasta los dientes. Y esa sensación de amenaza permanente está bastante conseguida: el espectador entiende muy pronto que aquí nadie está a salvo y que cualquier intento de construir una vida medio digna va a acabar estampado contra la realidad. 

 

Lo más potente de la película es el contraste brutal entre la tragedia que viven los personajes y el entorno natural, que por momentos parece casi idílico.

 

Están esas mariposas monarca, que funcionan como un símil bastante evidente pero eficaz: migran miles de kilómetros entre Canadá, Estados Unidos y México, igual que los personajes sueñan con moverse, escapar, encontrar un sitio mejor.

 

La naturaleza parece prometer belleza, libertad y movimiento, mientras los humanos se dedican a estropeárselo todo con una eficacia envidiable. Es un contraste hermoso y deprimente a la vez, que tiene bastante fuerza visual y simbólica. 

 

La película es terrible, triste y durísima.

 

No diré que sea mala, ni mucho menos, porque está claro que sabe muy bien lo que quiere contar y cómo clavarte el cuchillo.

 

Pero es de esas que no recomendaría alegremente a cualquiera, y desde luego no a alguien que esté ya con el ánimo pidiendo auxilio. Porque aquí no hay consuelo, ni redención de mercadillo, ni frases buenistas de taza de desayuno.

 

Hay miseria, hay violencia, hay una familia atrapada y hay un paisaje bellísimo contemplando el desastre como si tal cosa. Una fiesta, vamos. 

 

Joaquín del Paso vuelve a demostrar que no ha venido al cine a repartir piruletas.

 

El jardín que soñamos es una película muy dura, de esas que aprietan donde duele, y que convierte la migración, la explotación y la brutalidad cotidiana en una experiencia casi física.

 

Muy valiosa, sí. Muy triste, también.

 

Y muy poco aconsejable para una tarde en la que uno ande ya regular de batería emocional.

 

Vamos, cine del bueno… pero con receta de antidepresivos al lado.

 

Mi puntuación: 6,77/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Ángeles – 2025 – Paula Markovitch – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

13/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Niña valiente, adulto roto y una hostia final de las que no se olvidan

 

Paula Markovitch, directora y guionista argentino-mexicana nacida en 1968, lleva años moviéndose en un cine muy pegado a personajes heridos y a contextos de precariedad, sin convertirlos en estampitas para pedir limosna emocional.

 

En su filmografía como directora figuran El premio (2011), Cuadros en la oscuridad (2017), El actor principal (2019) y ahora Ángeles (2025).

 

Además, El premio fue una película especialmente reconocida, con Oso de Plata a la aportación artística en la Berlinale y premios Ariel a mejor película y mejor guion, según recoge la ficha del Festival de Málaga. 

 

Ángeles es una coproducción de México y Argentina, dura 93 minutos, está escrita por la propia Paula Markovitch y protagonizada por Angeles Pradal, Abian Vainstein e Isabella Ramírez.

 

Su punto de partida oficial ya deja claro por dónde van los tiros: Ángeles es una niña de catorce años que vende golosinas en la calle junto a su hermana pequeña, conoce a David, un hombre de cincuenta y tantos que trabaja en un aparcamiento, y él termina confesándole que quiere suicidarse.

 

La película compitió en Morelia 2025 y ha llegado al Festival de Málaga 2026 nominada a la Biznaga de Oro. 

 

 

Cutrecomentario

 

Ángeles nos mete en la vida cotidiana de dos niñas que sobreviven como pueden.

 

Ángeles, que tiene catorce años, vende dulces por la calle y además carga con la responsabilidad de cuidar a su hermana pequeña, que es un pequeño terremoto con patas, de esas criaturas que no paran quietas ni aunque les pongas un documental de notarios.

 

La película retrata muy bien esa infancia espabilada a la fuerza, esa niñez que no tiene tiempo para ser niñez porque bastante tiene con ir tirando.

 

El arranque, con esos niños bañándose en el río y mirando a cámara, tiene algo entre bucólico, libre y tristísimo, porque ya te está diciendo que aquí la inocencia va a durar lo que un caramelo a la puerta de un colegio.

 

La sinopsis oficial encaja con eso: dos hermanas en la calle, calor, coches aparcados, y un vínculo raro con un hombre quebrado. 

 

Ese hombre es David, un cincuentón reventado por dentro, machacado por la muerte accidental de su hijo, que trabaja en un parking y que le suelta a la niña que se quiere suicidar.

 

Ojo al panorama: uno llega al cine pensando que quizá verá una historia social dura y se encuentra una especie de abrazo extraño entre dos soledades tremendas.

 

La película tiene momentos divertidos, incluso juguetones, y otros de una tristeza seca que te dejan con la mandíbula algo floja.

 

Ahí Paula Markovitch demuestra pulso, porque no convierte a sus personajes en folletos de ONG ni en monigotes para dar pena fácil. De hecho, varias críticas han señalado precisamente eso: que evita la condescendencia y que sobre lo ominoso siembra pequeños gestos de libertad y travesura.

 

Lo más valioso de la película es que retrata un mundo lamentable —el de esos niños abandonados que uno intuye por muchas ciudades de Sudamérica y del planeta entero— sin subrayarlo con rotulador fosforito. No hace falta. La realidad ya viene subrayada de serie.

 

Y aun así, la película está bien contada, sabe encontrar imágenes hermosas en medio de la mugre moral y social, y tiene una capacidad bastante notable para ir sembrando inquietud hasta llegar a una escena final absolutamente terrible, de esas que no conviene destripar porque te reorganizan la película entera. Ahí es donde el filme pega el zarpazo bueno. 

 

A mí me ha parecido una película muy interesante, de las que no van de lista ni de trascendente con ínfulas, pero aciertan.

 

Tiene verdad, tiene dolor y tiene una mirada bastante limpia sobre personajes que podrían haber quedado reducidos a puro miserabilismo. No cae en eso. Y precisamente por eso puede rascar premio perfectamente en Málaga.

 

Vamos, que aquí no hay ángeles con alas: hay criaturas de carne, hueso, calor, calle y supervivencia. Y eso duele bastante más. 

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El corazón del lobo – 2025 – Francisco J. Lombardi – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

13/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El niño soldado, la revolución y un guion a machetazos

 

El veterano director peruano Francisco J. Lombardi es uno de los nombres fundamentales del cine latinoamericano de las últimas décadas.

 

Su filmografía lleva años explorando los conflictos sociales y políticos de Perú, muchas veces con una mirada bastante cruda.

 

Entre sus películas más conocidas están La ciudad y los perros (1985), adaptación de Mario Vargas Llosa, La boca del lobo (1988), uno de los retratos más duros del conflicto con Sendero Luminoso, Bajo la piel (1996), Pantaleón y las visitadoras (1999) o Mariposa negra (2006).

 

Con El corazón del lobo (2025) vuelve, de alguna manera, a ese territorio que ya había explorado hace casi cuarenta años: la violencia política y sus consecuencias.

 

 

Cutrecomentario

 

El corazón del lobo nos cuenta la historia de Aquiles, un niño que es secuestrado por la guerrilla de Sendero Luminoso y que pasa su infancia y juventud atrapado en ese mundo de violencia, miedo y adoctrinamiento permanente. Todo el rato escuchando consignas sobre marxismo, leninismo, maoísmo y demás catecismo revolucionario de manual.

 

El planteamiento es potente, porque el punto de vista del niño permite mostrar cómo funciona el mecanismo de captación y manipulación dentro de un grupo armado.

 

Pero la película tarda bastante en encontrar el tono.

 

La primera parte es prácticamente una sucesión de ataques, venganzas y matanzas del grupo guerrillero. Todo muy reiterativo, como si el director quisiera subrayar veinte veces lo mismo. Y claro, llega un momento en que el espectador ya lo ha entendido y no hace falta insistir más.

 

Además hay algo casi irónico en el retrato de este grupo guerrillero. Sobre el papel iban a liberar al pueblo del imperialismo y del yanqui opresor, pero en la práctica lo que vemos es a una panda que se dedica a saquear aldeas y a matar campesinos sin demasiado sentido. Revolución sí, pero sobre todo contra los pobres, que siempre es lo más fácil.

 

El protagonista, Aquiles, está interpretado por Víctor Acurio, que lo encarna desde la adolescencia hasta que el personaje ya es adulto. Y hay un detalle curioso que no se puede evitar comentar: varias veces se dice en la película que pasan hambre y miseria, pero el chaval aparece siempre bastante bien alimentado. Vamos, que para estar en la guerrilla y muriéndose de hambre tiene mejor aspecto que muchos que vamos al gimnasio.

 

La parte más interesante llega en el tramo final, cuando Aquiles consigue salir de ese mundo y trata de sobrevivir en la ciudad mientras intenta reencontrarse con su familia. Ahí la película se vuelve más humana y menos panfletaria. Pero para entonces uno ya ha atravesado bastante metraje de violencia repetida.

 

También aparece una historia de amor que pretende añadir una dimensión emocional al relato, pero está contada con trazo muy grueso.

 

Todo resulta bastante esquemático, como si el guion hubiera pasado demasiado rápido por esa parte.

 

Al final El corazón del lobo es una película soportable, que se deja ver, pero que da la sensación de que podría haber sido mucho más.

 

El material que tiene entre manos es potentísimo —niños soldados, fanatismo ideológico, violencia política—, pero la película se queda en la superficie muchas veces.

 

Vamos, que el lobo está ahí… pero el corazón de la película late bastante menos de lo que podría. 🐺🎬

 

Mi puntuación: 5,45/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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La buena hija – 2025 – Júlia de Paz – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

13/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando papá es un manual de toxicidad con patas

 

La directora Júlia de Paz es una cineasta catalana que ya había llamado la atención con su primer largometraje, Ama (2021), un drama social muy seco y contundente sobre la maternidad precaria que pasó por festivales como Rotterdam y Málaga y que consolidó su mirada hacia personajes femeninos en situaciones límite.

 

Antes había dirigido varios cortometrajes, entre ellos Harta (2020), donde ya exploraba temas de violencia y vulnerabilidad.

 

Con La buena hija (2025) vuelve a ese territorio incómodo: el de las relaciones familiares rotas y las dinámicas de poder dentro del hogar.

 

 

Cutrecomentario

 

La buena hija cuenta una historia que, por desgracia, no suena a ciencia ficción.

 

La película nos coloca en la cabeza de una niña de doce años, interpretada por Kiara Arancibia, que observa cómo el matrimonio de sus padres se desmorona.

 

Y lo vemos todo desde su punto de vista, que es una idea narrativa bastante inteligente, porque cuando uno es niño muchas cosas parecen confusas… hasta que dejan de serlo.

 

El padre está interpretado por Julián Villagrán, y el personaje es de esos que cuando aparece en pantalla ya te dan ganas de esconder la cartera. Un tipo tóxico, manipulador, de esos que parecen simpáticos cinco minutos pero que en realidad son un manual de maltrato emocional con patas.

 

Villagrán, además, está estupendo: consigue que el personaje resulte inquietante sin necesidad de sobreactuar.

 

La madre, interpretada por Janet Novás, se mueve en un terreno más contenido, intentando sostener una situación que se le va escapando de las manos.

 

Y luego aparece Petra Martínez, que directamente se come la película cada vez que sale. Tiene ese talento raro de actriz veterana que entra en plano y automáticamente sube el nivel de todo.

 

La película avanza poco a poco, mostrando cómo ese padre que a ratos parece convincente —sobre todo para su propia hija— va dejando ver su verdadera cara.

 

Ese proceso de desenmascaramiento está contado con bastante cuidado: la niña tarda en entender lo que ocurre, pero el espectador lo va viendo venir desde antes.

 

Es decir, la tensión está en cuándo se va a romper el espejismo.

 

El gran acierto de la película es precisamente ese punto de vista infantil.

 

La cámara y la narración se colocan al lado de la niña, y eso convierte lo que podría haber sido un drama familiar más en algo bastante más incómodo y cercano.

 

Porque todos hemos visto —o intuido— situaciones en las que un adulto manipula a un niño emocionalmente.

 

No es una película especialmente amable ni busca serlo. Es más bien de esas que te dejan con el cuerpo un poco torcido al salir del cine. Pero está bien construida, bien interpretada y tiene momentos muy potentes. Y, sobre todo, tiene a Petra Martínez, que cuando aparece parece decir: “Tranquilos, chavales, que aquí estoy yo para arreglar la escena”.

 

Un drama familiar incómodo, bien interpretado y contado con una mirada bastante lúcida.

 

No es precisamente cine para salir del cine bailando sevillanas, pero funciona.

 

Y deja claro que a veces el monstruo de la película no necesita maquillaje: le basta con ser papá.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Miércoles 11 de marzo en el Festival de Málaga: cine, churros malagueños y un proyector que decidió tomarse el día libre – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga Search

12/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Miércoles 11 de marzo en el Festival de Málaga: cine, churros malagueños y un proyector que decidió tomarse el día libre

 

Crónica del Festival de Málaga 29 (2026)

 


Por Gema Santamaría

Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria.

 

El día amanece soleado y luminoso en Málaga, aunque el frío sigue siendo protagonista de esta edición del festival, algo poco habitual para quienes llevan años acudiendo a esta cita. El sol engaña: parece primavera, pero el aire recuerda más bien a un invierno rezagado que se resiste a marcharse.

 

La primera sesión de la mañana nos lleva a los cines Albéniz con Yo no moriré de amor, el debut en el largometraje de Marta Matute. La película aborda una historia profundamente personal: el proceso de deterioro de una madre afectada por demencia frontotemporal visto desde los ojos de su hija adolescente.

 

La demencia frontotemporal es una enfermedad neurodegenerativa distinta al Alzheimer. Suele aparecer antes, en edades preseniles —a menudo antes de los 50 años— y se caracteriza por cambios de personalidad, alteraciones conductuales y, en fases avanzadas, síntomas motores. La película recorre más de cinco años de evolución de la enfermedad, mostrando cómo se va desmoronando la vida familiar.

 

En pantalla destacan Sonia Almarcha, que interpreta a la madre enferma con una mezcla de fragilidad y desconcierto que resulta muy convincente; Laura Weissmahr como la hija mayor; y Tomás del Estal, que encarna al padre con una sobriedad emocional muy efectiva.

 

Durante la rueda de prensa posterior, Marta Matute explica que la película nace de su propia experiencia: primero la enfermedad de su madre —ya fallecida— y actualmente la de su padre. Esa vivencia personal impregna la película de una autenticidad que se percibe en cada escena.

 

Al salir a la calle ocurre una de esas pequeñas casualidades que solo pasan en los festivales. Nos encontramos con Tomás del Estal, que se acerca con curiosidad para preguntar qué nos ha parecido la película. Charlamos un rato con él. Se muestra cercano, amable, incluso divertido. Y la anécdota no termina ahí: después de comer volvemos a cruzarnos con él y vuelve a saludarnos con la misma cordialidad. Un detalle de los que hacen simpática la vida festivalera en Málaga.

 

Entre película y película, la mañana pide una pausa gastronómica. El destino: Tejeringos, una cafetería ya casi institucional en Málaga. Allí probamos los famosos tejeringos, una especialidad local que podríamos describir como un punto intermedio entre el churro clásico y la porra madrileña: más grandes que los churros, pero menos gruesos que las porras. Con chocolate caliente, en una mañana fresca, saben a gloria.

 

La segunda película del día es Pizza Movies, dirigida por Carlo Padial y protagonizada por Berto Romero y la cómica catalana Judith Martín. El reparto incluye también a nombres tan conocidos como Joaquín ReyesBruna CusíRaúl Arévalo o Tamar Novas.

 

La premisa es tan absurda como divertida. Judith Martín interpreta a una crítica de cine que, ante la precariedad laboral del sector —ese tema que tantos conocemos— decide abrir una pizzería temática dedicada al cine. Así nacen pizzas como la “ET”, la “Casablanca” o la “Psicosis”. Para el reparto a domicilio contrata a otros críticos de cine en paro o mal pagados, porque —según la lógica del guion— nadie mejor que ellos para repartir cultura cinematográfica… aunque sea en cajas de cartón con mozzarella.

 

La película funciona como una sátira bastante acertada sobre el estado actual de la crítica cinematográfica, el poder de las redes sociales, la precariedad cultural y el caos del ecosistema mediático contemporáneo. Todo ello envuelto en un tono de comedia que, en muchos momentos, resulta francamente divertido.

 

Tras una comida generosa —en la que quien firma estas líneas se anima con un plato de habichuelas malagueñas— la jornada da un giro inesperado. La película de la tarde no puede proyectarse: una avería eléctrica deja fuera de combate los proyectores de los cines Albéniz. En un festival donde cada minuto está milimetrado, el caos se instala durante unas horas.

 

Para llenar ese vacío improvisado, nos acercamos al Rectorado de la Universidad de Málaga, donde se presenta el teaser de un proyecto cinematográfico titulado Complot. En realidad no es todavía una película, sino un adelanto pensado para atraer financiación. Entre los participantes aparece Rodrigo Sancho, hijo del mítico actor Sancho Gracia y hermano de Rodolfo Sancho.

 

La charla está moderada por el agitador cultural Luis Alegre, que aporta su habitual entusiasmo a la conversación. El acto resulta curioso y sirve, al menos, para salvar parcialmente la tarde.

 

Intentamos asistir a la siguiente proyección programada, una película latinoamericana de la sección oficial, La hija del Cóndor, pero el proyector sigue averiado. Plan B.

 

Nos desplazamos entonces al Auditorio Picasso, cercano también a los Albéniz, donde se proyecta el mediometraje documental El inventor del cine invisible, dirigido por Manuel Jiménez Núñez.

 

El documental es un homenaje a Guillermo Jiménez  Smerdou, uno de los periodistas cinematográficos más longevos de España. Durante casi ocho décadas escribió miles de críticas y artículos y mantuvo durante más de treinta años un popular programa radiofónico titulado El cine invisible.

 

El formato era fascinante: tras ver las películas varias veces, redactaba un guion que permitía recrearlas en la radio. Un locutor narraba la acción, reproducía diálogos y describía movimientos o situaciones cuando no había palabras. Una especie de cine sin imágenes que acompañó a generaciones de oyentes.

 

El documental prescinde de narrador omnisciente y construye su relato a través de testimonios de personas que lo conocieron o han investigado su trayectoria. Solo al final aparece el propio Guillermo Jiménez Smerdou, hablando de su vida y de su trabajo en unas imágenes que tienen algo de documento histórico.

 

El acto está presentado por el director del festival, Juan Antonio Vigar, cuenta también con la presencia del alcalde de Málaga y con la participación de uno de sus hijos que recibe en nombre de su padre la Biznaga de Honor de manera póstuma y reseña la figura de su padre en discurso muy emotivo. El coloquio posterior lo modera Mirito Torreiro, historiador del cine español y coordinador de la sección documental del festival desde sus inicios.

 

Mirito Torreiro es un personaje peculiar. Nació en Ferrol, pero pasó muchos años viviendo en Montevideo, en Uruguay. De ahí ese acento rioplatense que sorprende a quienes lo escuchan por primera vez. Durante el encuentro tenemos ocasión de saludarlo y conversar brevemente con él: un auténtico placer.

 

La jornada termina acompañados por un grande del cine español, el académico Carlos Taillefer. Conoce todos los entresijos de la Academia de Cine y también los del propio Festival de Málaga, al que lleva asistiendo desde sus inicios.

 

La noche cae fría sobre la ciudad. Ha sido un día extraño: cine, churros-porras, improvisaciones y proyectores rebeldes. Pero así son los festivales. A veces el mejor guion no está en la pantalla, sino en lo que ocurre entre película y película.

 

Por Gema Santamaría

Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria.

 
 
 
 

 

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El inventor del cine invisible (Mediometraje) (Documental) – 2025 – Manuel Jiménez Núñez – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

12/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El crítico que contaba películas por la radio (cuando Netflix era la imaginación)

 

Sobre el director

 

Manuel Jiménez Núñez es periodista y realizador vinculado a la historia del cine y de los medios de comunicación en Málaga.

 

Con El inventor del cine invisible se adentra en el terreno del documental biográfico para rescatar una figura muy particular del periodismo cinematográfico español.

 

No hay una filmografía especialmente extensa como director de cine conocida públicamente, pero su trayectoria está muy ligada al ámbito cultural y periodístico malagueño.

 

Este mediometraje funciona casi como un trabajo de arqueología cultural: recuperar una figura que, paradójicamente, fue muy famosa en su momento y hoy casi nadie recuerda.

 

 

Cutrecomentario

 

El inventor del cine invisible es uno de esos documentales que empiezan pareciendo una curiosidad histórica… y acaban convirtiéndose en un retrato bastante emocionante de una época.

 

El protagonista es Guillermo Jiménez Smerdou, probablemente uno de los críticos de cine más longevos de Europa.

 

El hombre estuvo escribiendo críticas cinematográficas hasta los 98 años, y a lo largo de su vida publicó más de 8000 críticas además de miles de artículos y reportajes. Vamos, que si hubiera tenido cuenta en FilmAffinity habría roto el contador.

 

Pero lo verdaderamente fascinante de su historia no es solo su longevidad profesional, sino un invento radiofónico absolutamente genial: el programa El cine invisible.

 

La idea era tan simple como brillante. Jiménez Smerdou iba al cine, veía la película dos veces y tomaba notas detalladas. Después escribía un guion en el que reconstruía la película escena a escena.

 

Un locutor lo leía por la radio y los oyentes podían “ver” la película… sin verla.

 

Cuando había diálogos se reproducían, y cuando no los había, Jiménez Smerdou describía lo que ocurría: cómo se movían los actores, qué hacía la cámara, qué pasaba en pantalla.

 

Vamos, que inventó el Netflix… pero solo con palabras y mucha imaginación.

 

El programa tuvo un éxito enorme y fue escuchado durante décadas por miles de oyentes malagueños. En una época sin streaming, sin VHS, sin YouTube y sin nada de nada, aquello era casi magia.

 

El documental está construido con testimonios de investigadores de la historia de la radio, familiares, amigos y gente que lo conoció bien.

 

Poco a poco se va componiendo el retrato de un periodista absolutamente vocacional, de los que vivían el cine como una religión.

 

El momento más potente llega al final, con una larga entrevista que Manuel Jiménez Núñez le realiza al propio Guillermo Jiménez Smerdou. Es uno de esos momentos donde el documental se detiene y deja hablar al personaje, que resulta ser tan interesante como entrañable.

 

Tristemente, Jiménez Smerdou no llegó a ver terminado el documental, ya que falleció antes de su estreno.

 

El Festival de Málaga quiso rendirle homenaje con una Biznaga honorífica, recogida por su hijo en un acto muy emotivo celebrado en el Museo Picasso. Allí estuvieron presentes el alcalde de Málaga, el director del festival y el crítico Mirito Torreiro, uno de los grandes especialistas españoles en cine documental.

 

El inventor del cine invisible no es un documental espectacular ni pretende serlo. Pero tiene algo mucho más valioso: rescata a uno de esos personajes que demostraban que amar el cine no siempre significa hacer películas… a veces también significa contarlas.

 

Y contarlas tan bien que la gente podía verlas con los ojos cerrados. 🎬📻

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Pizza Movies – 2026 – Carlo Padial – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

12/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Críticos en paro, pizzas cinéfilas y un mundo dominado por los tuiteros

 

 

Sobre el director

 

Carlo Padial es uno de los nombres más peculiares del humor audiovisual español.

 

Director, guionista, escritor y agitador cultural, lleva años moviéndose entre el cine, internet y la comedia absurda.

 

Su obra suele jugar con la sátira, el meta-humor y la cultura pop.

 

Entre sus trabajos más conocidos están Algo muy gordo (2017), una especie de experimento inclasificable sobre el fracaso de hacer una película con Berto Romero, y Doctor Portuondo (2021), serie de culto basada en el libro autobiográfico de Carlo Padial.

 

También ha trabajado como guionista y creador en televisión y en proyectos vinculados al universo cómico de Berto Romero y Andreu Buenafuente.

 

Con Pizza Movies vuelve a ese territorio donde la comedia absurda se mezcla con la cultura cinéfila y la crítica al ecosistema cultural actual.

 

 

Cutrecomentario

 

Pizza Movies es una de esas películas que salen del Festival de Málaga con una misión clara: hacer reír. Y lo consigue. Bastante, además.

 

La historia gira alrededor de una crítica de cine interpretada por Judith Martín, que descubre que su profesión se ha ido al garete después de la pandemia.

 

Antes la gente leía críticas largas, razonadas, sesudas… ahora la gente mira un tuit de dos líneas o un vídeo de TikTok donde un influencer dice “peliculón” o “truño”. Fin del análisis cinematográfico.

 

Ante ese panorama laboral digno de un drama social… decide montar una pizzería temática cinéfila.

 

Sí, tal cual.

 

Una pizzería donde las pizzas pueden llevar la cara de Psicosis, Casablanca o E.T., el extraterrestre.

 

La idea es maravillosa: si la crítica de cine no da dinero, pues al menos que lo den las pizzas con forma de clásicos del cine.

 

Para el reparto a domicilio contrata a lo mejor del mercado laboral disponible: críticos de cine en paro.

 

El otro gran protagonista es Berto Romero, que interpreta a uno de esos personajes que parecen vivir siempre un poco descolocados respecto al mundo real. Algo que Berto Romero hace especialmente bien: tipos medio perdidos, medio ingenuos, medio neuróticos, pero siempre muy humanos.

 

La película se mueve en ese territorio satírico donde Carlo Padial se encuentra comodísimo.

 

Hay bromas sobre el oficio de crítico, sobre el amor al cine, sobre los derechos de autor, sobre la justicia y sobre esa sensación de que hoy en día cualquiera con un móvil se convierte en prescriptor cultural aunque no tenga ni idea de lo que está hablando.

 

Por ahí aparecen también secundarios muy jugosos como Joaquín Reyes, Raúl Arévalo, Tamar Novas o Bruna Cusí, que interpreta a la psicóloga de un hijo que empieza a desarrollar ciertos problemas derivados del caos emocional de sus padres.

 

La película está llena de gags, comentarios meta-cinematográficos y momentos bastante disparatados. Pero lo mejor es que debajo de la comedia hay una reflexión bastante certera sobre la precariedad cultural actual.

 

Porque sí, nos reímos mucho… pero el retrato del crítico de cine convertido en repartidor de pizzas tampoco es que esté tan lejos de la realidad.

 

Y hay una regla de oro en la crítica cinematográfica que conviene recordar: si una película te hace reír, mejor no decir que es mala.

 

Pizza Movies no pretende cambiar la historia del cine. Pero durante hora y media te lo pasas muy bien. Y eso, en un festival donde también hay mucho drama existencial, se agradece casi tanto como una pizza recién salida del horno. 🍕🎬

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Yo no moriré de amor – 2026 – Marta Matute – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

12/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando tu adolescencia se choca contra la demencia (y no hay manual de instrucciones)

 

Sobre la directora

 

Marta Matute debuta en el largometraje con Yo no moriré de amor, una ópera prima muy personal que ella misma escribe y dirige.

 

Licenciada en Comunicación Audiovisual y formada también en interpretación, el proyecto de esta película pasó por varias incubadoras y laboratorios de desarrollo del cine español y obtuvo el Premio SGAE de Guion Julio Alejandro en 2021.

 

Antes de este largo había dirigido el cortometraje Una amiga (2023).

 

La película nace además de una experiencia personal de la propia directora relacionada con la enfermedad de su madre, lo que explica el tono íntimo y muy vivido de la historia. 

 

Cutrecomentario

 

Yo no moriré de amor es una de esas películas que te pillan por el estómago… pero sin necesidad de subrayados ni violines manipuladores.

 

La historia está contada desde el punto de vista de la hija adolescente, interpretada por Júlia Mascort, que ve cómo su vida —que debería estar llena de primeras veces, fiestas, amigos y algún que otro drama hormonal— se convierte en otra cosa muy distinta: cuidar a su madre.

 

La madre está interpretada por Sonia Almarcha, que realiza un trabajo impresionante, muy físico y muy contenido, retratando ese proceso terrible de deterioro provocado por una demencia precoz. No es un papel de grandes discursos, sino de pequeños gestos, silencios y miradas perdidas. Y ahí la actriz está sencillamente formidable.

 

La película sigue el proceso durante varios años, mostrando cómo la enfermedad va arrasando poco a poco con la normalidad de la familia.

 

Mientras la hija intenta seguir viviendo su adolescencia —con sus ilusiones y su caos emocional—, la casa se va transformando en una especie de campo de batalla doméstico donde todo gira alrededor de los cuidados.

 

El padre, interpretado por Tomás del Estal, ofrece un personaje muy contenido, casi austero, un hombre desbordado por la situación que intenta mantenerse firme sin saber muy bien cómo. Es un papel aparentemente pequeño, pero con una presencia muy sólida.

 

También destaca Laura Weissmahr, que interpreta a la hermana mayor y aporta uno de los contrapuntos más interesantes del relato: la mirada más pragmática, más organizada, casi administrativa del drama familiar.

 

La película juega mucho con el contraste entre dos tiempos vitales: el de la enfermedad que va apagando a la madre y el de la juventud que sigue empujando a la hija hacia adelante. Ese choque entre cuidar y vivir es el verdadero corazón del relato.

 

Lo interesante es que Marta Matute evita el melodrama fácil. No hay golpes de efecto ni lágrimas forzadas. Todo está narrado con una puesta en escena bastante sobria, que transmite muy bien esa sensación de casa que se convierte poco a poco en un lugar asfixiante.

 

Y claro, cualquiera que haya pasado por una situación parecida —una enfermedad larga, una demencia en casa, ese deterioro lento y cruel— sabe que esta película toca fibras muy reconocibles. Hay momentos que duelen bastante.

 

No es una película cómoda, pero sí muy honesta. Y cuando el cine es honesto, normalmente llega directo al corazón.

 

Una ópera prima muy sólida, muy emocional y muy valiente.

 

De esas que no hacen ruido, pero que se quedan dentro un buen rato después de salir del cine. Y eso, en un festival donde se ven cuatro o cinco películas al día, ya es bastante decir.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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Frío, cine y un amor imposible: crónica del quinto día (diez de marzo) en el Festival de Málaga – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Frío, cine y un amor imposible: crónica del quinto día (diez de marzo) en el Festival de Málaga

 

 

Por Gema Santamaría

Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 
 

El Festival de Málaga vivía hoy una de esas jornadas en las que el cine y la meteorología parecen ponerse de acuerdo para fastidiar un poco al personal. La mañana amanecía con un frío poco habitual para la ciudad y la tarde traía lluvia. Por la noche el termómetro volvía a caer. Varios veteranos del certamen comentaban que nunca recordaban una edición con un tiempo tan desapacible. Pero ya se sabe: el festival continúa aunque haya que entrar al cine con bufanda.

 

La inquietante Mala bestia

 

La primera proyección del día, a las ocho y media de la mañana en los cines Albéniz, fue Mala bestia, dirigida por Bárbara Farré, cineasta conocida hasta ahora sobre todo por su trabajo en televisión y por cortometrajes como La última virgen y Barcelona 92. En este salto al largometraje propone una historia incómoda y enigmática.

 

La película sigue a Atenea, una niña que vive en una especie de internado para menores, o vete tú a saber qué y que posteriormente pasa a convivir con una familia de acogida, o vete tú a saber qué.

 

 El personaje está interpretado por María Schwinning, acompañada por Iria del Río y Roger Casamajor, que dan vida a la pareja que decide hacerse cargo de la pequeña.

 

El relato está construido de manera deliberadamente fragmentaria. Mala bestia ofrece pocas explicaciones y obliga al espectador a recomponer el puzzle de lo que está ocurriendo. La sensación durante buena parte del metraje es la de avanzar entre sombras, tratando de encontrar una lógica interna a los acontecimientos. Ese esfuerzo, precisamente, forma parte de la propuesta de la directora: una narración inquietante que deja espacio para la interpretación.

 

Una pausa cultural en el Museo de Málaga

 

Entre la primera sesión y la siguiente hubo tiempo para una pequeña escapada cultural. A pocos minutos de los cines Albéniz se encuentra el Museo de Málaga, instalado en el Palacio de la Aduana. El museo está organizado en tres niveles: la planta superior dedicada a arqueología, la primera planta centrada en pintura del siglo XIX y arte contemporáneo, y una planta baja muy singular.

 

Esa planta inferior funciona prácticamente como un gran almacén visitable. Allí se exponen piezas que aún no han sido completamente catalogadas. No hay cartelas ni explicaciones detalladas, pero sí la sensación curiosa de pasear por los bastidores de un museo. La arquitectura del edificio es espectacular y el personal de recepción, extraordinariamente amable Porque, como suele decirse en estas jornadas, no solo de cine vive el cultureta.

 

El amor y las fronteras en Iván y Hadoum

 

La segunda proyección de la mañana, a las doce y media, venía precedida de cierto prestigio festivalero. Iván y Hadoun, dirigida por Ian de la Rosa, había pasado previamente por el Festival de Berlín, en la sección Panorama, donde obtuvo el Teddy Award al mejor largometraje.

 

La historia se sitúa en una planta envasadora de hortalizas en Almería. Allí trabaja Iván, un joven del pueblo que acaba siendo ascendido a encargado. En ese mismo lugar conoce a Hadoum, una trabajadora de origen marroquí interpretada por Herminia Loh.

 

Lo que comienza como una relación afectiva pronto se convierte en un relato sobre las barreras sociales y culturales. La película examina las diferencias entre ambas familias, los prejuicios que aparecen entre ellas y, de fondo, la realidad laboral de muchos trabajadores en el sector agrícola.

 

En los corrillos posteriores a la proyección varios críticos comentaban que podría ser una de las candidatas serias a la Biznaga de Oro. Su mezcla de melodrama íntimo y mirada social ha dejado una impresión notable en buena parte del público del festival.

 

La comedia turística de A una isla de ti

 

La tercera película del día fue A una isla de ti, dirigida por Alexis Morante, cineasta conocido por títulos como El universo de Oliver y por diversos trabajos documentales.

 

La historia arranca con un chef inglés abandonado por su pareja justo antes de la boda. Tras una noche de borrachera, al borde del desastre emocional —y casi también físico—, es rescatado por Salvador, un hombre español ya entrado en la cuarentena. A partir de ese encuentro comienza una comedia romántica que mezcla equívocos sentimentales y paisajes paradisíacos.

 

El reparto está encabezado por Freddy Dennis como el joven británico y Jaime Zatarain como Salvador. Junto a ellos aparecen Toni AcostaJulia Martínez y un muy simpático Carlos González, que interpreta a Pichi, probablemente el personaje más natural y divertido de la película.

 

La presentación fue curiosa. El director del festival, Juan Antonio Vigar, apareció junto a la alcaldesa de Torremolinos para introducir la película, lo que hacía pensar que el municipio tendría un papel relevante en la historia. Sin embargo, a medida que avanzaba el metraje quedaba claro que el verdadero protagonista paisajístico era Gran Canaria.

 

Playas como Maspalomas, zonas turísticas como Playa del Inglés y diversos rincones de la isla aparecen en pantalla con insistencia, hasta el punto de que la película adquiere un cierto aire de promoción turística. La explicación llegó después: A una isla de ti también se proyectará en el próximo festival de cine de Torremolinos, que se celebrará en unas semanas.

 

Como comedia romántica ligera cumple su función, aunque claramente está pensada para un público poco exigente y con ganas de pasar un rato agradable sin complicaciones.

 

Regreso al frío

 

Con la noche ya caída y la temperatura de nuevo bajando en las calles de Málaga, la jornada terminaba con ese cansancio agradable que dejan los días intensos de festival. Tres películas, un museo y muchos comentarios cruzados entre críticos.

 

El Festival de Málaga continúa avanzando entre aplausos, debates y cafés rápidos entre proyección y proyección. Mañana volverá a salir el sol —o eso esperamos— y las pantallas de los Albéniz volverán a encenderse.

 

Por Gema Santamaría
Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

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Cuarto día en Málaga, lunes nueve de marzo: del debate sobre Papá Noel a las grietas morales de la sociedad – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Frío, cine y un amor imposible: crónica del quinto día (diez de marzo)  en el Festival de Málaga

 
 
 

Por Gema Santamaría

Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 
 

El Festival de Málaga vivía hoy una de esas jornadas en las que el cine y la meteorología parecen ponerse de acuerdo para fastidiar un poco al personal. La mañana amanecía con un frío poco habitual para la ciudad y la tarde traía lluvia. Por la noche el termómetro volvía a caer. Varios veteranos del certamen comentaban que nunca recordaban una edición con un tiempo tan desapacible. Pero ya se sabe: el festival continúa aunque haya que entrar al cine con bufanda.

 

La inquietante Mala bestia

 

La primera proyección del día, a las ocho y media de la mañana en los cines Albéniz, fue Mala bestia, dirigida por Bárbara Farré, cineasta conocida hasta ahora sobre todo por su trabajo en televisión y por cortometrajes como La última virgen y Barcelona 92. En este salto al largometraje propone una historia incómoda y enigmática.

 

La película sigue a Atenea, una niña que vive en una especie de internado para menores, o vete tú a saber qué y que posteriormente pasa a convivir con una familia de acogida, o vete tú a saber qué.

 

 El personaje está interpretado por María Schwinning, acompañada por Iria del Río y Roger Casamajor, que dan vida a la pareja que decide hacerse cargo de la pequeña.

 

El relato está construido de manera deliberadamente fragmentaria. Mala bestia ofrece pocas explicaciones y obliga al espectador a recomponer el puzzle de lo que está ocurriendo. La sensación durante buena parte del metraje es la de avanzar entre sombras, tratando de encontrar una lógica interna a los acontecimientos. Ese esfuerzo, precisamente, forma parte de la propuesta de la directora: una narración inquietante que deja espacio para la interpretación.

 

Una pausa cultural en el Museo de Málaga

 

Entre la primera sesión y la siguiente hubo tiempo para una pequeña escapada cultural. A pocos minutos de los cines Albéniz se encuentra el Museo de Málaga, instalado en el Palacio de la Aduana. El museo está organizado en tres niveles: la planta superior dedicada a arqueología, la primera planta centrada en pintura del siglo XIX y arte contemporáneo, y una planta baja muy singular.

 

Esa planta inferior funciona prácticamente como un gran almacén visitable. Allí se exponen piezas que aún no han sido completamente catalogadas. No hay cartelas ni explicaciones detalladas, pero sí la sensación curiosa de pasear por los bastidores de un museo. La arquitectura del edificio es espectacular y el personal de recepción, extraordinariamente amable Porque, como suele decirse en estas jornadas, no solo de cine vive el cultureta.

 

El amor y las fronteras en Iván y Hadoum

La segunda proyección de la mañana, a las doce y media, venía precedida de cierto prestigio festivalero. Iván y Hadoun, dirigida por Ian de la Rosa, había pasado previamente por el Festival de Berlín, en la sección Panorama, donde obtuvo el Teddy Award al mejor largometraje.

 

La historia se sitúa en una planta envasadora de hortalizas en Almería. Allí trabaja Iván, un joven del pueblo que acaba siendo ascendido a encargado. En ese mismo lugar conoce a Hadoum, una trabajadora de origen marroquí interpretada por Herminia Loh.

 

Lo que comienza como una relación afectiva pronto se convierte en un relato sobre las barreras sociales y culturales. La película examina las diferencias entre ambas familias, los prejuicios que aparecen entre ellas y, de fondo, la realidad laboral de muchos trabajadores en el sector agrícola.

 

En los corrillos posteriores a la proyección varios críticos comentaban que podría ser una de las candidatas serias a la Biznaga de Oro. Su mezcla de melodrama íntimo y mirada social ha dejado una impresión notable en buena parte del público del festival.

 

La comedia turística de A una isla de ti

 

La tercera película del día fue A una isla de ti, dirigida por Alexis Morante, cineasta conocido por títulos como El universo de Oliver y por diversos trabajos documentales.

 

La historia arranca con un chef inglés abandonado por su pareja justo antes de la boda. Tras una noche de borrachera, al borde del desastre emocional —y casi también físico—, es rescatado por Salvador, un hombre español ya entrado en la cuarentena. A partir de ese encuentro comienza una comedia romántica que mezcla equívocos sentimentales y paisajes paradisíacos.

 

El reparto está encabezado por Freddy Dennis como el joven británico y Jaime Zatarain como Salvador. Junto a ellos aparecen Toni AcostaJulia Martínez y un muy simpático Carlos González, que interpreta a Pichi, probablemente el personaje más natural y divertido de la película.

 

La presentación fue curiosa. El director del festival, Juan Antonio Vigar, apareció junto a la alcaldesa de Torremolinos para introducir la película, lo que hacía pensar que el municipio tendría un papel relevante en la historia. Sin embargo, a medida que avanzaba el metraje quedaba claro que el verdadero protagonista paisajístico era Gran Canaria.

 

Playas como Maspalomas, zonas turísticas como Playa del Inglés y diversos rincones de la isla aparecen en pantalla con insistencia, hasta el punto de que la película adquiere un cierto aire de promoción turística. La explicación llegó después: A una isla de ti también se proyectará en el próximo festival de cine de Torremolinos, que se celebrará en unas semanas.

 

Como comedia romántica ligera cumple su función, aunque claramente está pensada para un público poco exigente y con ganas de pasar un rato agradable sin complicaciones.

 

Regreso al frío

 

Con la noche ya caída y la temperatura de nuevo bajando en las calles de Málaga, la jornada terminaba con ese cansancio agradable que dejan los días intensos de festival. Tres películas, un museo y muchos comentarios cruzados entre críticos.

 

El Festival de Málaga continúa avanzando entre aplausos, debates y cafés rápidos entre proyección y proyección. Mañana volverá a salir el sol —o eso esperamos— y las pantallas de los Albéniz volverán a encenderse.

 

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A una isla de ti – 2026 – Alexis Morante – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Gran Canaria, amor y otras catástrofes turísticas

 

 

Alexis Morante, un director con querencia por la música y los biopics

 

El director Alexis Morante (Algeciras, 1978) se ha labrado una carrera bastante peculiar dentro del cine español, moviéndose entre el documental musical y la ficción.

 

Ha dirigido trabajos como Camarón: Flamenco y revolución (2018), un documental muy celebrado sobre Camarón de la Isla, y también el biopic musical Héroes: Silencio y rock & roll (2021), centrado en Héroes del Silencio.

 

En ficción ha firmado la comedia musical El universo de Oliver (2022), ambientada en la Andalucía de los años ochenta.

 

Su filmografía demuestra interés por la cultura popular y la música, aunque en esta ocasión decide probar suerte con una comedia romántica de ambiente turístico.

 

 

Cutrecomentario

 

Una de las situaciones más… digamos cosmonómicas que dejó este pase en el Festival de Málaga fue la presentación previa.

 

Salió al escenario Juan Antonio Vigar, director del festival, y presentó nada menos que a la alcaldesa de Torremolinos, que pronunció unas palabras antes de que apareciera el equipo de la película: Alexis Morante, productores, actores y demás tropa.

 

Claro, después de semejante introducción institucional uno piensa: “Esto se va a desarrollar en Torremolinos fijo”. Pues no. Ni Torremolinos, ni Málaga, ni nada parecido.

 

La película transcurre prácticamente entera en Gran Canaria, convertida en una especie de publirreportaje turístico con sol, playa y planos que parecen sacados de un vídeo promocional del Cabildo.

 

Mientras veía aquello, intentaba encontrar el misterioso vínculo entre Torremolinos y el despliegue turístico canario… y no había manera.

 

La historia gira en torno a una supuesta comedia romántica entre un cocinero británico que llega a España tras un desengaño amoroso y el padre de la amiga de este chico.

 

El gran conflicto dramático —agárrense— consiste en que ni la hija ni la amiga deben enterarse de la relación. Ese es el motor cómico de la película.

 

Sobre el papel podría dar lugar a equívocos divertidos, situaciones embarazosas y algún momento ingenioso.

 

En la práctica, lo que aparece en pantalla son escenas absurdas, situaciones penosas y diálogos que producen más desconcierto que risa.

 

La comedia brilla por su ausencia.

 

Si alguien encuentra el humor, que avise.

 

Las interpretaciones tampoco ayudan demasiado. La mayoría se mueven entre lo rígido y lo directamente ridículo, con un tono de sal gruesa que hace que todo resulte aún más chirriante.

 

Hay momentos en los que la sensación es la de estar viendo una especie de sitcom fallida mezclada con anuncio turístico.

 

El único que consigue salvar los muebles es Carlos González, que aparece con una naturalidad que casi parece de otra película. Está simpático, suelto y con cierta gracia, algo que lo hace destacar todavía más entre el caos interpretativo general.

 

La experiencia en sala tuvo además un punto de tensión personal: detrás de mi fila estaba sentada la alcaldesa de Torremolinos. Y claro, levantarse y salir huyendo a mitad de proyección habría quedado un poco feo diplomáticamente. Así que tocó resistir estoicamente hasta el final.

 

Después de la proyección llegó la explicación del misterio: la relación con Torremolinos es que dentro de unas semanas habrá allí un festival donde A una isla de ti volverá a proyectarse.

 

Y en ese momento surgió un pensamiento muy sincero: si algún día me invitan al Festival de Torremolinos, por favor, que no sea para volver a ver A una isla de ti.

 

Porque estamos ante una película francamente terrible. Y da un poco de pena que un festival como el de Málaga, que tantas veces programa cine interesante, se vea de vez en cuando obligado —o comprometido— a incluir producciones de una calidad tan, digamos, discutible.

 

Mi puntuación: 2,20/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Si es martes, es asesinato (Serie) – 2026 – Carlos Vila (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Turismo por Lisboa… con cadáver incluido (y chistes en busca y captura)

 

Carlos Vila, creador de la serie Si es martes, es asesinato, es un guionista español con bastante recorrido en televisión.

 

Ha participado en el desarrollo y escritura de series populares como Los misterios de Laura (2009-2014), una comedia policial que tuvo bastante éxito y hasta versión estadounidense.

 

También ha trabajado en ficciones como El comisario o Motivos personales.

 

Con esta nueva serie intenta volver a ese terreno híbrido entre el misterio y el humor, pero trasladando la acción a un viaje turístico que acaba convirtiéndose en investigación criminal improvisada.

 

 

Cutrecomentario

 

La premisa de Si es martes, es asesinato tiene su gracia, al menos sobre el papel.

 

Un autobús lleno de turistas españoles se planta en Lisboa en un viaje organizado de esos en los que el guía habla demasiado y el café del hotel sabe a calcetín mojado.

 

Todo parece bastante cutrecillo desde el principio, pero la cosa se anima cuando, la primera noche, aparece asesinado el personaje interpretado por Pedro Casablanc.

 

A partir de ahí, varios miembros del grupo —Álex García, Inma Cuesta, Ana Wagener y Biel Montoro— deciden ponerse en plan detectives aficionados e investigar el asunto por su cuenta. Vamos, una especie de Cluedo turístico con fondo de tranvías amarillos.

 

La serie se pasea bastante por Lisboa: tranvías, cuestas imposibles, escaleras infinitas, callejones con azulejos y el inevitable Castello mirando desde arriba. Visualmente el paseo está bien, porque Lisboa siempre queda resultona. El problema es lo que pasa entre paseo y paseo.

 

La serie intenta ser un thriller procedimental en clave de comedia. Y ahí es donde empiezan los problemas. Porque la comedia, sencillamente, no funciona.

 

Los personajes parecen sacados de un catálogo de clichés turísticos y las situaciones van cayendo en lo absurdo con una alegría bastante preocupante.

 

Lo que debería ser ingenioso termina siendo más bien ridículo, y lo que debería provocar risas provoca más bien silencio incómodo.

 

Inma Cuesta aparece bastante sobreactuada, como si estuviera interpretando a alguien que cree estar en una comedia mucho más divertida de lo que realmente es.

 

Ana Wagener, en el papel de una canaria, no deja de lanzar chascarrillos isleños con una insistencia que roza el deporte de riesgo humorístico.

 

El problema es que ninguno hace gracia.

 

En medio de este pequeño caos interpretativo, la única que parece caminar con cierta dignidad es Luisa Gabasa, actriz enorme capaz de sostener con elegancia casi cualquier material que le pongan delante. Y aquí, desde luego, tiene trabajo.

 

El reparto, sobre el papel, es atractivo. Pero el resultado final es bastante desastroso.

 

Situaciones incoherentes, personajes que parecen vivir en universos paralelos y un tono que no sabe si quiere ser thriller, comedia o excursión organizada del IMSERSO.

 

La serie es una producción de Disney+, lo cual demuestra que el algoritmo también puede tener días malos.

 

Eso sí, hay que agradecer un detalle importante: en el Festival de Málaga solo proyectaron dos episodios.

 

Porque si hubieran puesto más, lo mismo el verdadero asesinato habría ocurrido en los Cines Albéniz. Y esta vez con varios críticos como sospechosos. 🔪🎬

 

Mi puntuación: 2,33/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Iván & Hadoum – 2026 – Ian de la Rosa – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Amor bajo plástico (y bajo el sello Berlín-approved)”

 

Ian de la Rosa es un director y guionista español nacido en Almería.

 

Hasta ahora había desarrollado sobre todo una carrera en el cortometraje, con títulos como Farrucas (2021), un trabajo muy premiado que abordaba la identidad de género en el contexto de una familia gitana.

 

También había participado como guionista en proyectos televisivos y cinematográficos.

 

Con Iván & Hadoum (2026) da el salto al largometraje, además jugando en casa: la historia está ambientada en los invernaderos de Almería, ese mar de plásticos que parece un decorado de ciencia ficción agrícola.

 

 

Cutrecomentario

 

Iván & Hadoum llega al Festival de Málaga con una medalla colgada al cuello: el Premio Teddy al mejor largometraje en la Berlinale, galardón dedicado a películas de temática LGTBIQ+. Y claro, cuando una peli aterriza con ese sello berlinés, parece que viene ya bendecida por la crítica internacional, como si llevara un certificado de “obra importante” pegado en la frente.

 

La historia, en realidad, es bastante sencilla. Muy sencilla.

 

Simplificando mucho: amor entre Hadoum, una chica de origen marroquí, y Iván, un chico transexual.

 

Ambos trabajan en una envasadora de alimentos en un pueblo de Almería rodeado de invernaderos. Es decir, un entorno donde el tomate madura rápido, pero las mentalidades a veces no tanto.

 

La película sigue el desarrollo de esa relación: cómo se conocen, cómo se acercan, cómo chocan con el entorno.

 

Aparecen los problemas familiares, las tensiones culturales y ese clásico cóctel de pueblo pequeño donde todo el mundo opina sobre la vida de los demás.

 

En ese sentido, la propuesta tiene elementos interesantes: habla de identidad, de inmigración, de diferencias culturales y de la dificultad de amar cuando tu contexto social parece diseñado para complicarlo todo.

 

Hasta ahí, bien.

 

El problema es que la película insiste y vuelve a insistir en lo mismo.

 

La relación amorosa se convierte en un bucle narrativo donde volvemos una y otra vez al mismo punto emocional. Como si el guion hubiera decidido que, por si no lo habíamos pillado, había que repetir la idea tres o cuatro veces más.

 

Y luego están las escenas de playa. Varias. Con ese aire de intimidad erótica contemplativa que parece pensado para subrayar la conexión entre los personajes… pero que, tras la tercera vez, empiezan a dar la sensación de que alguien ha descubierto que la luz del atardecer queda muy bonita y ha decidido explotarla sin límite.

 

La película plantea temas relevantes, eso es indiscutible. Pero su desarrollo dramático es bastante plano y termina resultando reiterativo.

 

Da la impresión de que la potencia temática pesa más que la potencia cinematográfica.

 

Y claro, aquí aparece la gran sospecha cinéfila: cuando una película llega con premio de Berlín, muchos críticos ya entran a la sala con el aplauso medio preparado. El famoso “marchamo festivalero”, que a veces convierte películas simplemente correctas en supuestas obras imprescindibles.

 

¿Es Iván & Hadoum una mala película? No.


¿Es la maravilla que algunos están vendiendo? Tampoco.

 

Más bien es una película correcta, con buenas intenciones, pero bastante modesta en lo narrativo y algo repetitiva.

 

Una de esas obras que parecen más interesantes en el dossier de prensa que en la pantalla.

 

Y oye, eso también pasa en Málaga. Bastante más de lo que nos cuentan.

 

Mi puntuación: 5,64/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Mala bestia – 2026 – Bàrbara Farré – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el misterio es tan misterioso que ni el propio guion sabe muy bien de qué va.

 

La directora Bàrbara Farré procede sobre todo del terreno televisivo y de la comedia.

 

Ha trabajado como realizadora en programas muy populares de la televisión española como La resistencia, Late Motiv o El cielo puede esperar, donde demostró un gran pulso para el ritmo y el humor.

 

También ha dirigido cortometrajes y piezas de ficción breve.

 

Con Mala bestia da un salto hacia un terreno bastante distinto: una película más atmosférica y enigmática, muy alejada del tono ligero con el que se había movido hasta ahora.

 

 

Cutrecomentario

 

Mala bestia sigue a Atenea, una adolescente que vive en una especie de internado u orfanato —la película nunca termina de aclararlo del todo— y que acaba siendo acogida por un matrimonio relativamente joven. Tampoco queda muy claro en qué condiciones ni por qué. Y esa sensación de incertidumbre es, en realidad, el motor de toda la película.

 

Atenea está en ese territorio incómodo que es la adolescencia: quiere ser adulta, pero al mismo tiempo rechaza todo lo que implica serlo. Un limbo emocional en el que uno ya no es niño, pero tampoco sabe muy bien qué demonios significa ser mayor. La película intenta capturar ese momento vital, ese desconcierto permanente.

 

El problema es que Mala bestia decide contar esa historia a base de incógnitas.

 

El espectador —al menos este humilde servidor— se pasa buena parte del metraje intentando averiguar qué está pasando realmente.

 

La película va soltando retazos, pequeñas pistas, fragmentos de información… como si estuviéramos montando un puzle al que, por desgracia, le faltan varias piezas.

 

Hay algo en ese misterio que resulta atractivo. Ese aire ambiguo recuerda en algunos momentos al cine de Ingmar Bergman, donde los silencios, las miradas y los espacios tienen tanto peso como los diálogos. Pero claro, Bergman jugaba con el enigma para llegar a una revelación emocional o filosófica. Aquí el círculo no termina de cerrarse.

 

El resultado es una película con un cierto magnetismo, con atmósfera y con ambición estética, pero que al mismo tiempo mantiene al espectador a cierta distancia.

 

Uno observa lo que ocurre en pantalla con curiosidad… aunque sin llegar a sentirse realmente dentro de la historia.

 

Mala bestia es una película intrigante, sugerente y un poco desconcertante.

 

Tiene ese encanto del misterio, sí, pero también esa sensación de estar viendo un rompecabezas al que alguien olvidó añadir la última pieza.

 

Y claro, cuando termina la película uno se queda pensando: “Vale… ¿pero exactamente qué ha pasado aquí?”. Y no siempre en el buen sentido.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Mil pedazos – 2026 – Sergio Castro-San Martin – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando la familia se rompe… y el paisaje termina de rematarla

 

El director chileno Sergio Castro San Martín lleva años trabajando en el cine independiente de su país, moviéndose en territorios bastante poco complacientes.

 

Entre sus trabajos más conocidos están La mujer de barro (2015), un drama muy áspero ambientado en el desierto de Atacama, y Tierra sola (2017), documental rodado en la isla de Pascua que ya mostraba su gusto por los espacios aislados y los personajes atrapados en situaciones límite.

 

Con Mil pedazos vuelve a ese territorio incómodo, donde los paisajes parecen pesar tanto como los propios personajes.

 

 

Cutrecomentario

 

La última película de este día en el Festival de Málaga llega desde Chile y no es precisamente una comedia navideña.

 

Mil pedazos es una de esas películas que te dejan con el ánimo como el paisaje: seco, vacío y con ganas de un café fuerte.

 

La historia arranca con una familia que ya viene bastante averiada de serie.

 

Un matrimonio interpretado por Daniel Muñoz y Paola Giannini, una niña y una perra.

 

La familia está en pleno proceso de descomposición emocional: separación en ciernes, tensiones acumuladas y un ambiente que se podría cortar con cuchillo.

 

El padre parece una especie de criatura cansada que camina por inercia, mientras que la madre es quien mantiene las riendas de la situación… o al menos lo intenta.

 

En mitad de ese clima familiar bastante poco festivo ocurre un accidente en un paraje absolutamente brutal del norte de Chile. Un desierto montañoso donde lo único que hay alrededor es… nada. Y cuando digo nada, es nada de verdad. Ni gente, ni animales, ni esperanza.

 

A partir de ahí la película se desarrolla con una sequedad formal tremenda.

 

Sergio Castro San Martín no explica demasiado, no subraya nada y deja que el espectador vaya reconstruyendo lo que ocurre poco a poco.

 

Es de esas películas que te obligan a ir completando el puzzle en tu cabeza mientras avanzan las escenas.

 

El resultado es bastante desolador.

 

Los personajes están atrapados en un duelo brutal por lo que ha sucedido y el paisaje parece amplificar ese vacío emocional.

 

Esos planos enormes del desierto chileno, infinitos y completamente deshabitados, terminan siendo casi un personaje más de la historia.

 

Hay elementos que desconciertan un poco.

 

Por ejemplo, el uso de una cámara digital por parte de la niña, que parece situarnos en una época cercana a los primeros años del siglo XXI, cuando los móviles aún no eran omnipresentes.

 

Pero más adelante la madre utiliza un teléfono móvil con total normalidad, lo que deja una cierta sensación de descoloque temporal.

 

También resulta intrigante el comportamiento del padre en algunos momentos.

 

En dos ocasiones se lava con agua como si estuviera intentando purificarse, como si estuviera limpiando algo más que el polvo del desierto. Eso deja la sospecha de que quizá cargue con algún tipo de culpa por el accidente que ha destrozado a la familia.

 

En cualquier caso, Mil pedazos es una película muy interesante. De esas que no te lo dan todo masticado y que invitan a discutirla después con calma.

 

No es cómoda, no es amable y desde luego no es la típica película para salir del cine con una sonrisa.

 

Pero precisamente por eso resulta tan estimulante.

 

De las que generan conversación.

 

Y de las que siguen dando vueltas en la cabeza cuando ya has salido del cine. Aunque sea con el ánimo tan seco como el desierto chileno.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Millennial Mal (Serie) – 2026 – Lorena Iglesias (Creadora) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo colarse en la universidad con 40… y salir con tres capítulos de paciencia menos

 

La serie está creada y protagonizada por Lorena Iglesias, humorista y guionista que ha trabajado en televisión y en proyectos de comedia.

 

Ha colaborado en programas como La Resistencia o Yu: No te pierdas nada, además de participar en diferentes formatos humorísticos y en internet.

 

Millennial Mal es uno de sus proyectos más personales, en el que asume tanto la creación como el papel protagonista, intentando trasladar su universo cómico al formato de serie.

 

 

Cutrecomentario

 

En el Festival de Málaga nos ponen tres episodios de Millennial Mal. Tres. No uno para probar. Tres. Algo así como cuando en el médico te dicen que la vacuna puede dar algo de fiebre… pero no te explican cuánta.

 

La premisa es la siguiente: Lorena Iglesias interpreta a una mujer de cuarenta y muchos años —aunque visualmente parece que haya superado con holgura la barrera de los cincuenta— que pierde su trabajo como bibliotecaria.

 

En medio de su crisis vital descubre una beca para estudiar Historia en la universidad… pero con una condición: está reservada para menores de 30 años.

 

¿Solución? Pues hacerse pasar por joven.

 

Para ello contará con la ayuda de dos chicas veinteañeras que conoce por casualidad y que intentarán “rejuvenecerla” a base de cambios de look, actitud y supuesta mentalidad millennial.

 

La teoría suena a comedia generacional con cierto potencial: choque de edades, impostura, redes sociales, postureo universitario…

 

El problema es que una cosa es la idea… y otra muy distinta el resultado.

 

La serie intenta moverse en el terreno de la comedia, pero se queda atrapada en algo bastante peor: la ausencia total de gracia. Y eso en una comedia es un pequeño inconveniente. Como rodar una película de submarinos sin agua.

 

De los tres episodios que se proyectan, el primero resulta directamente insoportable.

 

El segundo consigue el pequeño milagro de ser todavía peor.

 

Y el tercero ya entra en territorio casi experimental: comprobar hasta qué punto un espectador puede mantenerse sentado esperando que llegue una broma que nunca llega.

 

El gran problema de Millennial Mal es que su humor parece basado en la idea de que basta con decir cosas raras o exageradas para que el público se ría. Pero el público, que a veces es muy poco colaborador, decide no hacerlo.

 

Y no hay nada más incómodo que una comedia que se esfuerza muchísimo en ser graciosa… y no lo consigue.

 

Una lástima, porque el punto de partida —una mujer obligada a fingir ser veinteañera para sobrevivir laboralmente— podría haber dado para una sátira interesante sobre la precariedad, la edad y el culto absurdo a la juventud.

 

Pero al final la sensación es que la serie naufraga completamente.

 

Penosa. Penosa. Penosa.

 

Y eso que solo vimos tres capítulos.

 

Imaginarse una temporada completa ya requiere una beca… pero de resistencia psicológica.

 

Mi puntuación: 2,53/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Los justos – 2026 – Jorge Lara, Fer Pérez – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Nueve jurados, un millón de euros… y la moral en liquidación

 

La película está dirigida por Jorge Lara y Fer Pérez, dos cineastas que hasta ahora han trabajado sobre todo en televisión, publicidad y proyectos audiovisuales de menor formato.

 

Los justos supone uno de sus primeros largometrajes de ficción con mayor visibilidad en el circuito de festivales.

 

Su trayectoria previa no es especialmente extensa en cine comercial, lo que explica también el tono contenido y muy teatral del proyecto, claramente apoyado en el guion y en el trabajo de los actores.

 

 

Cutrecomentario

 

Los justos es una película que parte de una premisa tan sencilla como inquietante: nueve ciudadanos están reunidos para decidir la culpabilidad de un empresario acusado de corrupción.

 

Vamos, algo que recuerda inevitablemente a Doce hombres sin piedad, pero en versión española, con menos hombres, menos solemnidad… y bastante más tentaciones por el camino.

 

Porque aquí llega el truco de la función. Cada uno de los miembros del jurado recibe una fotografía de esas que cambian según la inclinas —de las que teníamos todos de pequeños— con un mensaje que básicamente viene a decir: hay un millón de euros esperando… si tomas la decisión correcta. O la incorrecta. Según se mire.

 

Y claro, ahí empieza el verdadero espectáculo.

 

La película plantea algo que todos intuimos pero que pocas veces queremos admitir: vivimos en una sociedad que condena la corrupción con gran entusiasmo… siempre que la corrupción sea de otros. Pero cuando el dinero aparece delante de nuestras narices, la moral empieza a hacer cosas muy raras.

 

Los nueve personajes funcionan como nueve estereotipos bastante reconocibles de la sociedad española actual. Cada uno con sus problemas personales, sus dificultades económicas o sus frustraciones. Porque aquí nadie vive en la abundancia. Y cuando las cuentas no salen a final de mes, la ética se vuelve un concepto bastante flexible.

 

La película es absolutamente teatral.

 

Todo se sostiene en el diálogo, en los enfrentamientos verbales, en las posiciones morales que van cambiando según sopla el viento… o según se mire la foto del millón de euros.

 

Dentro del reparto, quienes llevan claramente la voz cantante son Carmen Machi y Vito Sanz (que interpretan a dos de los personajes más potentes del grupo).

 

Carmen Machi, como casi siempre, se mueve con una naturalidad insultante, dominando cada escena en la que aparece.

 

El principal reproche que se le puede hacer a la película tiene que ver con algo muy sencillo: el cine tiene herramientas que aquí apenas se utilizan.

 

Cuando los personajes empiezan a explicar sus vidas, sus problemas o sus motivaciones, uno no puede evitar pensar: ¿por qué no mostrarlo en lugar de contarlo?

 

Un simple flashback habría aportado aire cinematográfico a lo que termina siendo un largo coloquio filmado.

 

Pero claro, eso cuesta dinero.

 

Y Los justos es claramente una producción de presupuesto modesto.

 

Rodar en más escenarios, añadir personajes o reconstruir el pasado de cada uno habría supuesto otra película mucho más cara… probablemente más cinematográfica… pero también bastante más difícil de levantar.

 

Así que al final la película termina hablando de algo muy curioso: de cómo el dinero condiciona la moral… y también el propio cine.

 

Porque seamos sinceros: ¿a quién no le vendría bien un millón de euros?

Incluso para rodar una película un poco más cara.

O para votar en un jurado.

O para dormir mucho más tranquilo por las noches.

 

Mi puntuación: 6,56/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Lapönia – 2026 – David Serrano – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo arruinar la Navidad discutiendo sobre Papá Noel

 

David Serrano es uno de esos directores españoles que han demostrado que la comedia comercial bien hecha también puede tener personalidad.

 

Saltó a la fama con la muy popular El otro lado de la cama (2002), aquel musical gamberro que convirtió las canciones de los 80 en argumento cinematográfico.

 

Después llegarían Días de fútbol (2003), Los dos lados de la cama (2005), Una hora más en Canarias (2010) o Tenemos que hablar (2016).

 

También ha trabajado mucho en teatro y como guionista, lo que explica perfectamente por qué en Laponia el diálogo manda y la puesta en escena recuerda tanto a una función teatral.

 

 

Cutrecomentario

 

Laponia es una película que podría haberse rodado perfectamente en un escenario con cuatro focos, una mesa, un sofá y un árbol de Navidad. Y probablemente funcionaría igual de bien. O igual de mal, según el humor que uno tenga ese día.

 

La premisa es sencilla: dos hermanas se reúnen en Navidad en la Laponia finlandesa con sus respectivos maridos. Natalia Verbeke (que interpreta a la hermana que llega desde España) aparece con su pareja, el siempre reconocible Julián López, que aquí encarna a un profesor bastante intenso.

 

La otra hermana, interpretada por Ángela Cervantes, vive allí con su marido finlandés, al que da vida Vebjørn Enger.

 

Y claro, lo que empieza como una reunión navideña civilizada acaba convirtiéndose en un debate filosófico con sidra, vino y reproches familiares.

 

El detonante del conflicto es aparentemente inocente: ¿hay que mantener la ilusión de Papá Noel en los niños o decirles la verdad desde pequeños? A partir de ahí se abre la caja de Pandora.

 

Empiezan a salir viejas heridas familiares, reproches entre hermanas, diferencias culturales entre españoles y nórdicos y esa eterna discusión entre la mentira piadosa y la verdad incómoda.

 

La película funciona casi exclusivamente a base de diálogo. Mucho diálogo. Muchísimo diálogo. Tanto que uno tiene la sensación de estar viendo una obra de teatro filmada, que de hecho no anda muy lejos de la realidad: el guion parte de una obra teatral muy exitosa escrita por Cristina Clemente y Marc Angelet.

 

Lo mejor del conjunto son claramente los actores. Los cuatro están muy bien, pero Ángela Cervantes juega en otra liga. Tiene una naturalidad y una fuerza que se comen la pantalla sin necesidad de levantar mucho la voz. Es, de largo, lo mejor de la película.

 

Julián López, por su parte, se mete en un papel dramático que intenta ser serio… pero su vis cómica es tan potente que cuesta no esperar que en cualquier momento suelte una de esas frases absurdas marca de la casa. No es culpa suya: hay actores que llevan el humor pegado al ADN.

 

En resumen, Laponia es una película entretenida, bien interpretada y con un conflicto interesante sobre la mesa.

 

Pero también es, sin disimularlo demasiado, teatro filmado. Lo cual no es necesariamente malo… salvo que uno haya ido al cine esperando ver algo más que cuatro personas discutiendo durante hora y media sobre Papá Noel y la educación de los niños.

 

Eso sí: después de verla dan ganas de pasar las Navidades en silencio. O mejor aún… en Laponia, pero cada uno en su cabaña. 🎄

 

Mi puntuación: 5,57/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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