El Blog de Hola Soy Ramón!

 

Archivo de la Categoría: ‘Cine, cine, cine, más cine por favor…’

David: Una aventura gigante (Animación) – David – 2025 – Phil Cunningham, Brent Dawes – #YoVoyAlCine

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El musical bíblico donde todos tienen la misma nariz… pero distinta fe.

 

Detrás de la dirección están Phil Cunningham y Brent Dawes. No son nombres especialmente conocidos para el gran público, ni tienen una filmografía llena de títulos icónicos que suenen a primera.

 

Su trayectoria está más vinculada a la animación y a producciones familiares, moviéndose en ese terreno donde lo importante es que la historia llegue fácil y clara… aunque a veces eso implique simplificar bastante las cosas.

 

En cuanto a premios y nominaciones de David: Una aventura gigante, no hay un palmarés especialmente relevante. No es una de esas películas que vienen avaladas por festivales o grandes reconocimientos. Juega más en la liga del cine familiar con mensaje, que funciona por su temática más que por su recorrido en premios.

 

Y vamos al lío.

 

Estamos ante una película de animación musical religiosa, basada en la historia bíblica de David, el mismo que derrotó a Goliat y acabó siendo rey de Israel. Hasta aquí, todo dentro del guion previsto.

 

La animación es en 3D, bastante cuidada, incluso preciosista en algunos momentos. Eso sí, detalle curioso: todos los personajes parecen haber pasado por el mismo cirujano… porque esas narices clonadas no se le escapan a nadie.

 

La película está bien rodada, bien montada, y tiene escenas de acción que funcionan francamente bien.

 

Además, al ser musical, las canciones van apareciendo con bastante soltura y, sorprendentemente, no molestan: al contrario, resultan pegadizas y encajan dentro del conjunto.

 

Ahora bien, el elemento clave aquí es el religioso. Y no se corta un pelo. El mensaje es claro, directo y repetido hasta la saciedad: el poder de David viene de Dios. Punto. No hay matices.

 

La película se mantiene bastante fiel al relato bíblico, mostrando a los israelitas como un pueblo inseguro, influenciable, tirando a cobarde, frente a la figura de David, que es el líder ideal: honesto, humilde, sincero y elegido por designio divino para guiar a su pueblo.

 

Y claro, de ahí se deriva un subtexto que no pasa desapercibido: el pueblo de Israel como pueblo elegido por Dios, con todo lo que eso implica. Un mensaje que, visto en el contexto actual, puede generar cierta incomodidad o, al menos, invitar a una lectura política que quizá la película no pretendía (o sí, quién sabe). Porque esa idea de una guerra respaldada por lo divino, en los tiempos que corren, tiene su miga.

 

Dicho todo esto, y dejando a un lado ese posible debate político, la película funciona. Funciona como cine familiar, como entretenimiento, como relato clásico llevado a la animación. Es fácil de ver, tiene ritmo, tiene momentos de acción y un apartado musical que acompaña bastante bien.

 

Una película bíblica, musical y claramente religiosa, con un mensaje muy marcado, pero que cumple en lo que promete.

 

Ideal para quien busque una historia de fe con envoltorio animado… y no le moleste que todos tengan la misma nariz.

 

Mi puntuación: 6,60/10.

 

 

 

Dirigido por Phil Cunningham, Brent Dawes:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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¿Cómo hemos llegado a esto? – 2026 – Gorka Mínguez – #YoVoyAlCine

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Tres hablando sin parar… y yo buscando el ibuprofeno

 

Detrás de este invento está Gorka Mínguez, cineasta español del que, siendo honestos, no hay una filmografía especialmente conocida o destacada a nivel popular.

 

No estamos ante un nombre de esos que llenan titulares ni alfombras rojas cada año.

 

Su trabajo aquí apunta claramente a un interés por el diálogo, por el conflicto interpersonal y por ese tipo de cine que bebe mucho del teatro… quizá demasiado.

 

En cuanto a premios y nominaciones de ¿Cómo hemos llegado a esto?, la cosa está más bien tranquila. No hay grandes reconocimientos ni ruido festivalero destacable. Vamos, que no ha venido a arrasar vitrinas precisamente.

 

Y ahora, al turrón.

 

Estamos ante una película que, aunque rodada prácticamente en exteriores, es teatro puro y duro. Pero del de tres actores soltando texto sin parar. Aquí tenemos a Macarena Gómez, Kira Miró y Ismael Merino en modo verborrea constante, como si les pagaran por palabra (spoiler: parece que sí).

 

Ese tipo de cine que quiere reflexionar sobre las relaciones personales, la amistad, la vida… y que acaba provocando justo lo contrario: ganas de salir corriendo. Porque sí, pretende ser una comedia. Incluso una comedia con cierta altura intelectual, de esas que quieren hacerte reír y pensar a la vez. El problema es que ni una cosa ni la otra.

 

El resultado: un dolor de cabeza considerable. Pero de los serios, de los que no arreglas ni con descanso. Un festival de “bla, bla, bla” donde no hay chispa, no hay gracia, no hay interés… no hay nada. Todo suena impostado, pretencioso, como si la película estuviera constantemente diciendo: “mira qué lista soy”, mientras tú estás pensando: “mira qué ganas tengo de que esto acabe”.

 

Y lo peor no es el aburrimiento (que ya es gordo), es que ni siquiera permite evadirse. Porque cuando uno empieza a cerrar los ojos con la esperanza de escapar mentalmente, ahí sigue el parloteo incesante, impidiendo hasta echar una cabezadita digna.

 

Una película que aspira a comedia inteligente y se queda en un ejercicio de paciencia para el espectador. Insoportable es poco.

 

Aquí la gran pregunta no es “¿Cómo hemos llegado a esto?”, sino “¿Cómo salgo de aquí sin secuelas?” 😅

 

Mi puntuación: 2,55/10.

 

 

 

Dirigido por Gorka Mínguez:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La isla de Amrum – Amrum – 2025 – Fatih Akin – #YoVoyAlCine

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La isla de Amrum – o cómo sobrevivir a la guerra… y al hambre con pan, mantequilla y miel

 

Detrás de la cámara está Fatih Akin, uno de esos tipos que cuando se pone serio, se pone muy serio.

 

Alemán de origen turco, lleva años alternando pelis intensas con otras más gamberras.

 

En su filmografía destacan Contra la pared (Oso de Oro en Berlín, ahí es nada), Al otro lado, En la sombra (con Diane Kruger ganando en Cannes) o la más reciente Rheingold. Vamos, que no es ningún recién llegado ni un señor que improvise los domingos por la tarde.

 

Y ahora vamos al lío.

 

Esto es un drama bélico, sí, pero que nadie espere tiros cada cinco minutos ni explosiones tipo videojuego. Aquí la guerra está de fondo, en la trastienda, como ese vecino pesado que no ves pero sabes que está dando por saco. La historia se mete en la piel de Nanning, un chaval de 12 años, de Hamburgo, niño de ciudad metido a la fuerza en un entorno rural en plena recta final de la Segunda Guerra Mundial.

 

La familia no es precisamente neutral: padre oficial nazi, madre fan entregada de Hitler y el crío que venía ya educadito en las juventudes hitlerianas. Vamos, el pack completo.

 

Y en medio de ese panorama, lo que mueve la película no es la ideología… es el hambre. Hambre de verdad. De la que te hace soñar con pan blanco, mantequilla y miel como si fueran un menú de tres estrellas Michelin.

 

El chaval se lanza a la “aventura” (y lo de aventura aquí tiene su ironía) de recorrer la isla para conseguir esos tres ingredientes. Y en ese camino, lo que vemos es una Alemania derrotada, cansada, medio derrumbada por dentro. Un sitio curioso, además, porque no está siendo bombardeado, ni parece el frente, pero la miseria está igual de presente.

 

Lo interesante es cómo la peli te mete en esa realidad desde la mirada del niño. No hay grandes discursos, hay aprendizaje a base de golpes: coger huevos, matar conejos, plantar patatas… pasar de niño urbanita a pequeño superviviente rural en dos telediarios. Y todo eso mientras alrededor se cuela otra capa: los refugiados polacos, aún peor que ellos, que vienen a recordarte que siempre se puede estar más fastidiado.

 

Tiene momentos muy potentes, de esos que se te quedan, y funciona muy bien porque es sencilla de ver, sin complicaciones ni postureos.

 

No intenta ser más lista de lo que es, y eso se agradece.

 

Te engancha sin darte cuenta, casi como el chaval persiguiendo su bocadillo imposible.

 

Una película pequeña en apariencia, pero con bastante miga. De las que no hacen ruido… pero cuando terminan, te dejan pensando un rato. Y probablemente con hambre.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

 

Dirigido por Fatih Akin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El diablo viste de Prada 2 – The Devil Wears Prada 2 – 2026 – David Frankel – #YoVoyAlCine

2/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Más Prada, más drama… y más puñaladas con tacón de aguja”

 

El director David Frankel no es precisamente un recién llegado. Ya dirigió la primera El diablo viste de Prada, así que aquí juega en casa.

 

También ha firmado cosas como Marley y yo o Un lugar para soñar, siempre moviéndose en ese terreno de cine comercial bien empaquetado, elegante y con actores luciéndose.

 

No es un revolucionario, pero sabe contar historias y, sobre todo, sabe sacar partido a sus intérpretes. Y aquí, claro, con este reparto, lo tenía medio hecho.

 

En cuanto a premios y nominaciones, esta segunda entrega no ha tenido recorrido destacable (al menos de momento). Ni Oscars ni Globos ni nada que se le parezca. Vamos, que no ha venido a hacer historia… sino caja y conversación, que tampoco está mal.

 

Y ahora sí, al desfile.

 

Confesión rápida: memoria selectiva. De la primera entrega, vista hace ya veinte años, quedan cuatro flashes mal contados. Pero tampoco pasa nada. Esta El diablo viste de Prada 2 se deja ver perfectamente sin hacer examen previo. Y oye… sorpresa agradable.

 

La película entra como un guante caro: bien montada, ágil, entretenida y, para qué negarlo, bastante emotiva. Y además, con chicha. Porque aquí no solo se habla de modelitos y egos XXL, sino de cosas bastante más jugosas: la crisis del periodismo, el imperio de los likes, las redes sociales convertidas en oráculo supremo y esa idea deprimente de que la calidad importa menos que los numeritos. Vamos, que cualquiera que haya renegado de las redes (hola) se siente bastante identificado.

 

También mete mano al mundo de la moda: cómo ha pasado de ser un club elitista a un parque temático para todos los públicos. ¿Democratización? Sí. ¿Riesgo de caer en el chabacanismo? También. Y esa tensión está bastante bien planteada.

 

Y luego está el espectáculo. Ver a Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt desfilando con esos modelazos es un placer culpable de manual. No hace falta saber de moda: si algo es bonito, entra solo. Puro disfrute visual, como cuando uno veía Sexo en Nueva York y se quedaba embobado sin tener ni idea de marcas.

 

El tema empresarial también tiene mala leche: aquí lo importante no es la marca, ni el prestigio… es el rendimiento económico. Y punto. Capitalismo sin anestesia, envuelto en seda.

 

Entre las actrices no hay ni rastro de esa sororidad tan de moda. Aquí lo que hay es rivalidad fina, tensión elegante y una relación casi simbiótica: no se soportan del todo, pero se necesitan. Y eso está muy bien visto, porque no todas las relaciones humanas tienen que acabar en abrazos.

 

Stanley Tucci aporta ese punto de calma dentro del huracán. Siempre agradecido.


Justin Theroux (no, no es francés, aunque el apellido despiste) se marca un personaje pasado de vueltas, de rico insoportable, que funciona justo porque no tiene filtro.


Kenneth Branagh, en pequeño papel, cumple con elegancia.


Y ojo a Lady Gaga, que aparece y hace lo que suele hacer: comerse la pantalla sin pedir permiso. Poderío máximo.

 

Mención especial para Simone Ashley, muy sólida, y para Lucy Liu, que en poco tiempo deja huella.

 

Una película que entra sola, que entretiene, que tiene más fondo del que parece y que, sin cambiarle la vida a nadie, consigue algo cada vez más difícil: que pases un rato estupendo.

 

Y oye, si además sales del cine con ganas de comprarte una americana que no necesitas… misión cumplida. 🎬

 

Mi puntuación: 8,78/10.

 

 

 

Dirigido por David Frankel:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Strangers: Capítulo final – The Strangers: Chapter 3 – 2026 – Renny Harlin – #YoVoyAlCine

2/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Hachazos exprés: terapia de choque para la siesta”

 

El bueno de Renny Harlin lleva décadas en esto de reventar cosas y poner a gente a correr delante de asesinos.

 

Firmó títulos tan disfrutables como La jungla 2, Máximo riesgo o la simpática ida de olla de Deep Blue Sea.

 

También ha tenido tropiezos considerables (hola, La isla de las cabezas cortadas), pero lo suyo es el entretenimiento sin complejos.

 

Aquí vuelve al terror puro y duro, sin demasiadas ínfulas… ni falta que le hace.

 

Sobre premios y nominaciones: esto no es precisamente El padrino. Esta tercera entrega no ha rascado nada relevante y, de hecho, ha salido bastante escaldada por crítica y público. Vamos, que si hubiera premios a “la más apaleada”, competía fuerte.

 

Y ahora, al lío.

 

Aquí uno se sienta a ver Strangers: Capítulo final como quien se pone una peli de domingo después de comer: medio dormido y sin acordarse de nada de lo anterior. Y oye, sorpresa. Funciona. Dura lo justo (unos 89 minutos reales, no esas fantasías de 135 que circulan por ahí), y va al grano como un hachazo bien dado.

 

Dicen que no la defiende nadie. Pues aquí llega el abogado del diablo con toga y todo. La película, sin reinventar nada, dibuja bastante bien —a brochazos gordos, sí, pero efectivos— el perfil del psicópata de turno (ese Gregory de manual, con su historia turbia y papá protector tipo “esto en casa no se comenta”). Los flashbacks cumplen: no marean, no sobran y te montan el origen del bicho sin necesidad de tesis doctoral.

 

Luego está el combo clásico: asesino + acompañante envenenadora (femme fatale de libro, que en este género nunca falla). Y el toque interesante: cómo una víctima puede acabar metida en ese remolino de violencia. Nada nuevo, pero está contado con oficio.

 

¿Los personajes? De trazo grueso, sí. Pero funcionan.

 

¿La historia? Sencilla, directa y sin tonterías.

 

¿El resultado? Entretenimiento puro. De ese que no te cambia la vida, pero te mantiene con el ojo abierto.

 

Y ojo: unos cuantos hachazos bien colocados a primera hora de la tarde tienen más efecto que dos cafés. Ciencia no será, pero experiencia sí.

 

Mi puntuación: 6.55/10.

 

 

 

Dirigido por Renny Harlin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Trabajillos – Historietas basadas en hechos reales, según mis recuerdos

1/05/2026

 

 

 

 

 

TRABAJILLOS

 

 

Hay vidas que se cuentan por etapas. La mía, si me pongo nostálgico (pero sin pasarse, que luego uno se pone blandito), podría dividirse en una cosa muy poco épica: trabajos. Muchos. Pequeños. A veces absurdos. Casi siempre útiles. Y todos, de alguna manera, necesarios para llegar a aquel 29 de julio de 1981 en el que, con la tinta del título aún fresca, ya estaba pasando consulta en Mandayona haciendo una sustitución de verano. Así, sin anestesia.

 

Porque sí: terminé Medicina ese julio. Empecé en el 75 y acabé en el 81. Y entre medias, una colección de “trabajillos” que hoy, vistos con perspectiva, darían para un máster en supervivencia.

 

El primero que recuerdo fue de camarero. Bueno… camarero elevado. Literalmente. Me subían a una caja de cerveza —de las de madera, que aquello tenía más astillas que dignidad— para que llegara a la cafetera en el restaurante de mi padre, el Coimbra, en la calle Coimbra de Zaragoza, al ladito del Huerva. Yo tendría 14 años. Me plantaban allí en bodas y comuniones a hacer cafés como si no hubiera un mañana. Y oye, no se me daba mal. Luego venía lo mejor: comer lo que no se había servido. Y aquello, amigos, era gloria bendita.

 

Ese fue el inicio. Luego llegaron los veranos en el Parque Sindical. Mi padre, don Fernando, y su socio tenían la concesión de los bares y el restaurante desde la inauguración, y allí me pasé años, desde los 14 hasta los 22, currando julio y agosto (y algún septiembre de propina). Jornadas completas, de sol a cierre, sirviendo Coca-Colas, cafés y copas de Soberano, Fundador, Veterano, Terry… todo el catálogo etílico nacional. El primer sueldo: 3.000 pesetas. Aquello me pareció Wall Street.

 

No me disgustaba. Conocí a mucha gente, hice amigos y aprendí que el cliente siempre tiene razón… aunque no la tenga. Durante el año también iba a reforzar bodas y eventos, pero eso mi padre lo consideraba formación gratuita. Vamos, que no veía un duro. Pero con lo de verano y otros apaños fui pagando la universidad, los libros (que revendía como un broker de apuntes) y hasta el carnet de conducir. Y sí, me compré un coche: un Seat 600 con matrícula de Barcelona, más viejo que Matusalén —creo que tenía 17 años— por 17.000 pesetas. Una ganga… si no te importaba que arrancara cuando le daba la gana.

 

Pero claro, no todo era servir cafés con sonrisa. También probé el campo. Fui temporero antes de que se llamara así, básicamente. Vendimié tres años en Mara, cerca de Cariñena. Aquello sí que era duro. Por la mañana, frío de cortarte la cara. Al mediodía, calor de desierto. Y por la tarde, el infierno: moscas, avispas, abejas… no podías ni abrir la boca sin riesgo de comerte una fauna entera. Cortaba uvas con una pequeña hoz, pero sobre todo cargaba estos al remolque. Trabajo físico del bueno.

 

Allí fui por un amigo, Delfín. Un tío estupendo. Murió muy joven, con 20 o 21 años, de una hemorragia cerebral jugando al fútbol. De esas cosas que te dejan tocado para siempre.

 

También recogí cebollas. Y aquí el dato estrella: entre tres personas movimos 65 toneladas en unos 12 días. Cebollas gigantes, casi de kilo, para exportación. Yo me llevaba una cada día a casa y mi madre estaba hasta el gorro de cebolla. Normal.

 

Y manzanas. Eso vino por un compañero de la facultad que tenía más negocios que un político en excedencia. Dormíamos en un hostal bastante… digamos “mejorable”, y trabajábamos de sol a sol. Pero oye, se sacaba dinero.

 

 

 

Entre medias fui peón de albañil. En Zaragoza. Trabajo curioso: no construía nada, pero lo movía todo. Ladrillos, sacos, herramientas… El capataz señalaba: “eso de ahí, allí”. Y yo, con el carretillo, a obedecer. Al final del día recogía herramientas en sitios donde parecía que las habían escondido para un juego del tesoro.

 

Me llamaban “Ramoncico”. Siempre. No sé por qué, pero en casi todos los trabajos. Comía bocadillo mientras los demás regaban la comida con vino como si fuera agua. Y luego estaba lo de “mojar las paredes”. Por fuera, agua. Por dentro… orujo. Aquello me parecía una barbaridad. Lo probaba y, en cuanto podía, lo tiraba. Porque subirse a un andamio con eso en el cuerpo… era jugar a la ruleta rusa versión albañil.

 

También limpié garajes. Ahora hay máquinas. Antes, escoba y riñones. Recuerdo uno en La Jota que parecía el Sahara con parking. Cuatro dedos de polvo y escombro. Me dieron 8.000 pesetas. Pensé que lo hacía en dos días. Ja. Me pasé horas y horas, días enteros, sacando sacos sin ver el final. Ahí aprendí que el optimismo es bonito… pero peligroso.

 

Con unos amigos, Conchita y Quique, limpiamos pisos reformados en el centro. Trabajo fino: quitar yeso, limpiar alicatados, dejar todo listo para estrenar. Era duro, pero al menos había conversación.

 

Y luego está el episodio de la Mejillonera. Fiestas del Pilar. Yo, 16-17 años. Contratado como camarero… pero en realidad era el rey del mejillón. Limpiando todo el día. Eso sí, de vez en cuando salía a barra a servir algo, para no perder glamour. Luego, vuelta al mejillón.

 

Hice también mudanzas. Dos veces. Y con eso tuve suficiente para toda la vida. Jornadas maratonianas, cargando y descargando sin parar. Recuerdo un segundo sin ascensor… y aún me duelen las piernas de pensarlo.

 

Y el mejor negocio: los apuntes. Aquí sí que hubo cerebro. Un grupo de compañeros hacíamos apuntes, los editábamos y los vendíamos por suscripción. Tercero: microbiología. Cuarto: dermatología. Quinto: medicina interna. Teníamos 300 o 400 suscriptores. Aquello era una pequeña industria editorial clandestina en el hall de la facultad. Y además, estudiabas mejor. Redondo.

 

Con todo esto, fui tirando. Me pagué la carrera, los libros, el coche, la gasolina… Mis padres ponían casa, comida y ropa. El resto, a base de trabajillos.

 

Y así, entre cafés, cebollas, ladrillos, mejillones y apuntes, llegué a aquel verano del 81.

 

El día 29 ya estaba trabajando de médico.

Casi sin darme cuenta.

Pero con mucho, mucho rodaje.

 

 

 

 

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El cazador – The Deer Hunter – 1978 – Michael Cimino – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

30/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ya nada fue igual.

 

“Tres colegas, una boda, Vietnam… y ya si eso luego terapia”

 

El director Michael Cimino firmó aquí su gran obra maestra antes de que Hollywood le pusiera la cruz con La puerta del cielo.

 

Venía de dirigir Un botín de 500.000 dólares y con esta película tocó techo: Oscar, prestigio y carta blanca… que luego se le fue de las manos. Un talento enorme con tendencia al exceso, vamos.

 

Y ahora sí, al lío.

 

Esto no es solo una peli sobre Vietnam. Es la peli sobre cómo una guerra te destroza por dentro aunque vuelvas entero por fuera. Y lo hace con una estructura en tres actos que es puro manual de cine… pero sin que se note el manual, que es lo difícil.

 

Primero, la América profunda. Esa comunidad de inmigrantes (de origen eslavo) currando en la fábrica, bebiendo como si no hubiera mañana y celebrando una boda larguísima que, ojo, funciona mejor que muchas pelis enteras. Ahí hay verdad, hay vida, hay ese rollo casi documental que te mete dentro. Una boda que huele a sudor, vodka y tradición. Y sí, recuerda un poco a El padrino, pero aquí sin mafia, solo con resaca.

 

Luego llega Vietnam. Y aquí ya no hay bromas. El horror. La degradación. La locura. La famosa ruleta rusa (que no está documentada como práctica real, pero da igual, funciona como símbolo brutal). Cimino te mete en un infierno donde los personajes dejan de ser héroes para convertirse en carne emocional picada. No hay épica, hay angustia.

 

Y después, lo peor: volver. Porque volver no significa regresar. Significa sobrevivir con lo que has visto. Robert De Niro se marca un tercer acto de esos de quitarse el sombrero, con ese sentimiento de culpa de “¿por qué yo sí y otros no?”. Ese regreso incómodo, roto, donde ya nada encaja.

 

Y en medio, un reparto que da miedo de lo bueno que es:

Meryl Streep, en su primera nominación al Oscar (luego ya sabemos… se abonó a las nominaciones como quien paga Netflix),


Christopher Walken, que se llevó el Oscar y está absolutamente desatado,


John Cazale, siempre enorme (y siempre en obras maestras, el tío no fallaba), nuestro Fredo de El Padrino,


y John Savage, completando un grupo de personajes que parecen de verdad.

 

La película arrasó: 5 Oscars, incluyendo Mejor Película y Mejor Director, y se convirtió en uno de esos títulos que cambiaron la percepción pública sobre Vietnam. No porque diera datos, sino porque enseñó cicatrices.

 

Una obra maestra sin discusión. De las que duelen, de las que se te quedan dentro y de las que te recuerdan que el cine, cuando quiere, te destroza mejor que la vida real… pero en solo tres horas. Y sin tener que ir a la guerra, que ya es algo.

 

Mi puntuación: 9,88/10.

 

 

 

El cazador: cuando rodar una película parecía peor que ir a terapia

 

El cazadorThe Deer Hunter, 1978— no solo fue una película enorme: fue también un rodaje con pinta de prueba de resistencia, casting emocional y concurso de “a ver quién sale vivo de aquí”.

 

Dirigida por Michael Cimino, ganó cinco Óscar, entre ellos mejor película, mejor dirección, mejor actor de reparto para Christopher Walken, mejor montaje y mejor sonido. Además, recibió nueve nominaciones y convirtió a Meryl Streep en nominada al Óscar por primera vez. 

 

Una de las anécdotas más brutales tiene a Christopher Walken escupiendo en la cara de Robert De Niro por indicación de Cimino. La reacción de De Niro fue real: se quedó helado, luego furioso, y casi se larga del rodaje. Vamos, que el método interpretativo ese día pidió excedencia.

 

Las bofetadas de las escenas de la ruleta rusa también fueron reales. Nada de “te hago como que te doy”. Aquí se repartía cariño tailandés con la mano abierta. Incluso se cuenta que De Niro sugirió que Walken recibiera una bofetada sin avisar para capturar una reacción auténtica. La cara de Walken, por tanto, no era actuación: era “acabo de replantearme mi contrato”.

 

El caso de John Cazale es el más conmovedor. Llegó al rodaje enfermo de cáncer de pulmón, y por eso sus escenas se filmaron primero. El estudio quiso reemplazarlo al considerarlo difícil de asegurar, pero Meryl Streep, que era su pareja, amenazó con abandonar si lo echaban. También está documentada la historia de que Robert De Niro ayudó pagando el seguro para que pudiera trabajar. Cazale murió en marzo de 1978, poco después del rodaje, sin llegar a ver la película terminada. 

 

Otra joya del caos: cuando John Savage grita “Michael, hay ratas aquí”, no estaba solo actuando. Le gritaba a Michael Cimino porque en el río había ratas de verdad. El director, viendo que aquello funcionaba dramáticamente, lo dejó en la película. Cine de autor: tú sufres, yo monto.

 

El realismo llegó a niveles de insensatez fina. De Niro y Savage hicieron ellos mismos la caída al río, repitiéndola numerosas veces. Las escenas de Vietnam se rodaron en condiciones duras, con humedad, insectos y jaulas de bambú junto al río Kwai. Todo muy bonito para el folleto turístico de “Tailandia: ven y pierde la paz mental”.

 

Meryl Streep tampoco lo tuvo fácil. Su personaje, Linda, era inicialmente muy poco desarrollado en el guion, y Cimino le permitió construir parte de sus líneas. De Niro la había visto en teatro y la propuso para el papel. Con ella llegó también John Cazale, y con Cazale, una capa emocional que atraviesa toda la película.

 

La famosa boda fue otro rodaje dentro del rodaje. Cimino quiso que los extras se comportaran como si aquello fuera una boda real. Les pidió cajas envueltas como regalos falsos, pero muchos aparecieron con regalos auténticos. La producción buscaba realismo y casi acaba con lista de boda.

 

La ceremonia se rodó en la Catedral Ortodoxa Rusa de San Teodosio, en Cleveland. El coro era real y tuvo que repetir los himnos una barbaridad de veces. Si al final alguien perdió la fe, tampoco sería raro.

 

La película también generó una enorme polémica por las escenas de ruleta rusa. Muchos críticos y veteranos señalaron que no había pruebas documentadas de que aquello se practicara así durante la Guerra de Vietnam. Cimino defendió que la película no pretendía ser un documento histórico literal, sino una parábola sobre la presión, el trauma y la destrucción moral. Aun así, la controversia la acompañó desde el estreno. 

 

En el Festival de Berlín de 1979 la cosa ardió. La delegación soviética abandonó el certamen por considerar ofensivo el retrato de los vietnamitas, y después se sumaron otros países del bloque socialista. Una película, un festival y media Guerra Fría sentada en la misma sala. Mal plan para tomar palomitas. 

 

La estrategia de estreno también fue muy astuta: lanzamiento limitado para críticos y académicos, nominaciones al Óscar, y después estreno amplio. Hoy eso nos parece normal, pero El cazador ayudó a consolidar esa táctica de “primero prestigio, luego taquilla”.

 

El sonido fue otra obsesión de Cimino. Fue su primera película con Dolby Stereo, y dedicó meses a la mezcla. No quería solo que se oyera bien: quería que el espectador entrara en la película como quien se cae por una trampilla emocional.

 

Y luego está la maldición del éxito. El cazador convirtió a Michael Cimino en genio bendecido por Hollywood. Ese prestigio le abrió la puerta a La puerta del cielo, cuyo desastre industrial casi se estudia en las escuelas de cine con casco y chaleco reflectante. La cima y el precipicio, separados por un Óscar y un presupuesto desbocado.

 

Con los años, El cazador ha quedado como una película monumental, incómoda, discutible, excesiva y fascinante. El American Film Institute la situó en el puesto 53 de su lista de 2007 de las mejores películas estadounidenses.

 

Una obra maestra, sí. Pero también una película que demuestra que algunos rodajes no se hacen: se sobreviven.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

Dirigido por Michael Cimino:

 

Michael Cimino: el genio que ganó el Óscar… y luego incendió Hollywood (con gasolina súper)

 

Hay directores que hacen historia. Y luego está Michael Cimino, que hizo historia… y después se pasó la historia por encima con una excavadora.

 

Un tipo capaz de firmar una obra maestra como El cazador y, acto seguido, protagonizar uno de los mayores desastres de la historia del cine con La puerta del cielo. Vamos, que no conocía el término medio: o tocaba el cielo o te dejaba la cuenta bancaria llorando.

 

 

De arquitecto a cineasta con mirada de francotirador

 

Michael Cimino nació en Nueva York en 1939. Antes de meterse en el cine, estudió arquitectura y arte. Esto no es un dato random: explica bastante su obsesión enfermiza por el encuadre, la composición y que todo estuviera colocado exactamente donde él quería. Era de los que si una taza estaba dos centímetros fuera de sitio, paraba el rodaje. Y si hacía falta, repetía la toma veinte veces. O cincuenta. O las que hicieran falta hasta que el equipo empezara a plantearse cambiar de profesión.

 

Entró en Hollywood como guionista. Su primer gran salto fue coescribiendo Harry el fuerte (1973), dirigida por Ted Post y protagonizada por Clint Eastwood. Ahí ya dejó claro que sabía manejar historias duras, de tipos con más capas que una cebolla y con menos ganas de sonreír que un notario en lunes.

 

Pero donde empezó a enseñar los dientes de verdad fue con su debut como director en Un botín de 500.000 dólares (1974), también con Eastwood. Una mezcla de cine negro y comedia que no es su obra más recordada, pero que ya dejaba ver su estilo: personajes marcados, atmósferas densas y una narrativa que no te da la mano precisamente.

 

 

El pelotazo: cuando El cazador lo cambió todo

 

Y entonces llegó 1978. Y llegó el terremoto.

 

El cazador no fue solo una película. Fue un puñetazo en el estómago. Una historia sobre la guerra de Vietnam que, más que hablar de balas, hablaba de lo que pasa después: el trauma, la culpa, la descomposición emocional. O, dicho en fino, cómo te rompe la cabeza la guerra aunque sobrevivas.

 

La película arrasó: cinco Óscar, incluyendo mejor película y mejor director para Cimino. Nominaciones para Robert De Niro y Meryl Streep, y estatuilla para Christopher Walken. Crítica rendida, público impactado y Hollywood diciendo: “este tío es un genio”.

 

Y claro, cuando Hollywood te llama genio… peligro.

 

 

El ego entra en escena (y no paga entrada)

 

El éxito de El cazador convirtió a Cimino en un director con carta blanca. Y él no la usó para pedir un café. No. La usó para hacer lo que le dio la gana.

 

 

Su siguiente proyecto fue La puerta del cielo (1980). Un western ambicioso, enorme, con aspiraciones épicas. El problema: también fue un caos monumental.

 

El rodaje se descontroló. Presupuesto disparado. Reescrituras constantes. Tomas repetidas hasta el infinito. Cimino rodando escenas durante días para conseguir la luz “perfecta”. El estudio, United Artists, viendo cómo el dinero desaparecía más rápido que un político en rueda de prensa incómoda.

 

El resultado: un fracaso de taquilla brutal. De esos que hacen temblar a la industria. La película fue destrozada por la crítica en su estreno (aunque con los años ha sido parcialmente reivindicada, porque el cine es así de caprichoso). Pero el daño ya estaba hecho.

 

Se dice —y no es exageración— que La puerta del cielo contribuyó a hundir United Artists. Y, de paso, se cargó la carrera de Cimino tal y como la conocíamos.

 

De genio a apestado en dos años. Récord mundial no oficial.

 

 

Después del apocalipsis

 

Tras el desastre, Cimino siguió rodando, pero nunca volvió a estar en la primera línea.

 

Dirigió El año del dragón (1985), con Mickey Rourke, una película potente pero polémica por su retrato de la comunidad china. Luego vinieron títulos como El siciliano (1987), Horas desesperadas (1990) o El cazador de sueños (1996). Películas con momentos interesantes, pero lejos del impacto de El cazador.

 

Hollywood ya no confiaba en él como antes. Y él tampoco parecía dispuesto a rebajar su estilo ni un milímetro. Era un director de los de “o se hace como yo digo o no se hace”. Y en una industria que vive del equilibrio entre arte y dinero… eso suele acabar regular.

 

 

Un tipo peculiar (por decirlo suave)

 

Cimino siempre fue un personaje rodeado de misterio. Su biografía tiene zonas difusas, versiones contradictorias y cierto aire de leyenda urbana. Le gustaba construir su propia narrativa personal, como si su vida fuera otra de sus películas.

 

También era famoso por su obsesión con el detalle. Controlaba cada elemento del rodaje: decorados, vestuario, iluminación… Todo tenía que encajar en su visión. Eso le convirtió en un director admirado… y temido. Trabajar con él no era precisamente un spa emocional.

 

Pero también hay que decirlo: cuando esa obsesión funcionaba, el resultado era cine con mayúsculas.

 

 

El legado: entre la obra maestra y el desastre

 

Hablar de Michael Cimino es hablar de extremos.

 

Por un lado, El cazador, una de las grandes películas del cine estadounidense, incluida en múltiples listas de lo mejor de la historia. Una obra que sigue siendo referencia cuando se habla de cine bélico y de trauma.

 

Por otro, La puerta del cielo, símbolo del descontrol, del ego sin freno y de cómo un proyecto puede hundir a un estudio entero.

 

Entre medias, una filmografía irregular, con destellos de talento y momentos de caos.

 

Pero ojo: reducir a Cimino a “el del desastre” sería injusto. Fue un cineasta con una visión muy clara, con una sensibilidad especial para retratar la amistad, la masculinidad y la fragilidad humana. Y con un estilo visual que, cuando estaba inspirado, era puro espectáculo.

 

 

El final de la historia

 

Michael Cimino murió en 2016. Se fue sin volver a dirigir una gran producción, pero dejando una huella imborrable en la historia del cine.

 

Su historia es casi una película en sí misma: ascenso meteórico, gloria absoluta, caída espectacular y legado discutido.

 

Si Hollywood fuera una partida de ruleta rusa —muy apropiado, por cierto—, Cimino sería el tipo que dispara, gana, vuelve a disparar… y decide meter otra bala “para darle más intensidad”.

 

Y claro, así pasa lo que pasa.

 

 

 

 

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Magnolia – 1999 – Paul Thomas Anderson – Filmin

29/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Lluvia de traumas con pronóstico de anfibios

 

Magnolia es una película de 1999 escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson, uno de esos cineastas que no filman: organizan terremotos emocionales con cámara.

 

Venía de llamar mucho la atención con Boogie Nights y después firmaría títulos como Embriagado de amor, Pozos de ambición, The Master, Puro vicio, El hilo invisible y Licorice Pizza.

 

En Magnolia, con apenas veintinueve años, ya parecía dirigir como si llevara tres vidas encerrado en una sala de montaje.

 

La película ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín y obtuvo tres nominaciones a los Oscar: mejor actor secundario para Tom Cruise, mejor guion original para Paul Thomas Anderson y mejor canción original por Save Me, de Aimee Mann.

 

Tom Cruise ganó además el Globo de Oro como mejor actor secundario.

 

Vamos, que la película no pasó precisamente de puntillas, aunque puntillas tampoco usa: entra con botas, trauma y megáfono.

 

 

Cutrecomentario

 

Magnolia es una película extraña, ambiciosa, desmesurada y muy consciente de que quiere ser una película de culto. Y lo consigue, aunque a ratos parezca que la película se mira al espejo y se dice: “Qué intensa soy, madre mía”.

 

Estamos ante un melodrama de vidas cruzadas ambientado en el Valle de San Fernando, en Los Ángeles. Nueve tramas paralelas, nueve heridas abiertas, nueve maneras distintas de estar hecho polvo y seguir respirando por pura cabezonería. Hay un niño prodigio, un presentador de concurso televisivo, un exniño prodigio, un moribundo, su hijo perdido, la esposa del moribundo, su enfermero y varios personajes que parecen arrastrar una mochila emocional llena de ladrillos mojados.

 

Todos tienen algo en común: son personajes golpeados por la vida, maltratados por el pasado, atrapados en una existencia mediocre o directamente dolorosa. Buscan una salida, una redención, una explicación o, al menos, que alguien les diga que no están solos en este festival de desgracias encadenadas.

 

Llama mucho la atención Tom Cruise como Frank T.J. Mackey, ese predicador de autoayuda machista, misógino hasta la médula, vendedor de testosterona envasada al vacío y gurú de la masculinidad más rancia. Un personaje con un pasado que no ha sabido soportar y que se protege bajo una coraza de chulería, gritos y frases de seminario para hombres que necesitan urgentemente terapia y quizá también una tila.

 

La interpretación de Tom Cruise ha sido muy celebrada, y es verdad que tiene fuerza, presencia y entrega. Pero a mí me parece exagerada, desmedida, casi pasada de rosca. No termino de comprar esa idea de que aquí demuestra ser un grandísimo actor. Entrega hay, claro. Sudor también. Pero sutileza, lo que se dice sutileza, poquita. Como ir a comprar pan con un lanzallamas.

 

Donde sí veo auténtico brillo interpretativo es en Julianne Moore, que está magnífica, rota, nerviosa, desesperada y llena de verdad.

 

También están estupendos William H. Macy, con esa mezcla de ternura y patetismo que maneja como nadie, y John C. Reilly, que demuestra una vez más que puede parecer despistado y, al mismo tiempo, sostener una escena con una humanidad tremenda.

 

El reparto incluye además a Philip Baker Hall, Jason Robards, Philip Seymour Hoffman, Melora Walters, Melinda Dillon y Jeremy Blackman. Casi nada: una reunión de intérpretes en estado de gracia y algún que otro en estado de sobreactuación controlada.

 

La película dura más de tres horas —según las fuentes, alrededor de 188-189 minutos— y se nota. No porque aburra, sino porque es una de esas obras que no quieren contarte una historia: quieren meterte en una centrifugadora de culpa, azar, dolor, soledad, televisión basura, padres tóxicos, hijos abandonados y canciones de Aimee Mann. Una merienda ligera, vamos.

 

Visualmente, Paul Thomas Anderson demuestra una maestría sensacional. Hay planos secuencia que siguen a los personajes por pasillos, platós, habitaciones y espacios estrechos con una fluidez impresionante.

 

El montaje es estupendo, la puesta en escena tiene nervio y el director consigue que tantas historias, tantos decorados y tantos personajes no se conviertan en una paella narrativa con exceso de ingredientes.

 

Pero lo mejor de Magnolia es que, pese a su tamaño descomunal, es una película íntima, lírica y profundamente poética. Tiene una sensibilidad muy especial para hablar de la culpa, del perdón, de los padres que destrozan a sus hijos y de los hijos que no saben qué hacer con esas ruinas heredadas.

 

Es exagerada, sí. Es aparatosa, también. Pero tiene alma. Y eso, en una película tan ambiciosa, no siempre ocurre.

 

Magnolia es cine grande, imperfecto, excesivo, emocional y a ratos fascinante. Una película que se mueve entre el melodrama, la tragedia íntima y el milagro absurdo. Y cuando todo va mal, cuando parece que ya no queda salida posible, conviene recordar una cosa: a veces pueden llover ranas.

 

Y eso, amigos, ni el hombre del tiempo de Antena 3 lo tiene fácil para explicarlo.

 

Mi puntuación: 8,75/10.

 

 

 

Curiosidades de Magnolia: cuando Paul Thomas Anderson decidió que tres horas, nueve tramas y una lluvia de ranas eran “una cosita íntima”

 

Magnolia nació, según cuentan las notas de producción y varias entrevistas, como una película pequeña. Paul Thomas Anderson quería hacer algo más contenido después de Boogie Nights, pero aquello empezó a crecer como una enredadera con ansiedad. El propio proyecto acabó convertido en un mosaico coral sobre culpa, padres horribles, hijos rotos, azar, perdón y gente que necesita urgentemente un abrazo… o un psiquiatra de guardia.

 

Una de las grandes claves de la película está en la música de Aimee Mann. Anderson llegó a decir que el guion podía entenderse casi como una adaptación de sus canciones. De hecho, una frase de “Deathly” —“Now that I’ve met you, would you object to never seeing each other again?*— acabó convertida en una línea central del personaje de Melora Walters. Vamos, que aquí la banda sonora no acompaña: manda.

*“Deathly” —“Ahora que te he conocido, ¿te importaría no volver a verme nunca?”

 

El fichaje de Tom Cruise también tiene su miga. Cruise era admirador de Boogie Nights y contactó con Anderson mientras rodaba Eyes Wide Shut con Stanley Kubrick. De ahí salió Frank T.J. Mackey, ese gurú testosterónico de la seducción que parece salido de una convención de machirulos con micrófono de diadema. Anderson investigó a gurús reales de ligue y autoayuda masculina para construir el personaje.

 

Y aún hay más: Tom Cruise contó recientemente que parte del famoso monólogo de Mackey no estaba desarrollado al principio. Él mismo preparó una versión, con puesta en escena incluida, para enseñársela a Paul Thomas Anderson. El director se quedó, digamos, bastante impactado. Bendito susto: Cruise acabó consiguiendo por esta película una nominación al Oscar y ganó el Globo de Oro al mejor actor secundario.

 

Otra curiosidad jugosa es la de Jason Robards, que interpreta a Earl Partridge, un hombre moribundo. Anderson escribió el papel pensando en él, aunque el actor tuvo problemas de salud y estuvo a punto de no hacerlo. Al final participó, y la cosa resulta casi estremecedora: fue su último papel en cine. De esas coincidencias que en Magnolia no parecen coincidencias, sino señales con luces de neón.

 

La famosa lluvia de ranas, una de las imágenes más recordadas de la película, no salió de la nada. Anderson se inspiró en los textos de Charles Fort, recopilador de fenómenos extraños. También se ha relacionado la escena con el Éxodo bíblico, aunque Anderson dijo que al principio no era consciente de esa conexión. Es decir: quería rareza cósmica y le salió plaga bíblica deluxe.

 

El rodaje tampoco fue precisamente un paseíto por el parque. Comenzó el 12 de enero de 1999 y terminó el 24 de junio, con unos 90 días de rodaje más segunda unidad. Para una película coral de 189 minutos, con largos planos secuencia y coreografías de cámara bastante endiabladas, casi parece poco. Casi.

 

En premios, Magnolia recibió tres nominaciones al Oscar: mejor actor secundario para Tom Cruise, mejor guion original para Paul Thomas Anderson y mejor canción original por “Save Me”, de Aimee Mann. No ganó ninguno, porque los Oscar a veces son como una tómbola de feria, pero sí conquistó el Oso de Oro en la Berlinale de 2000.

 

En resumen, Magnolia es una película hecha de excesos, intuiciones, canciones, heridas familiares y ranas cayendo del cielo como si Dios hubiera perdido los papeles. Y lo más curioso es que, con todo ese aparente desmadre, sigue funcionando como una de las obras más personales, desbordadas y emocionantes de Paul Thomas Anderson. Una película que no se ve: te cae encima. Como las ranas, pero con mejor montaje.

 

 

 

 

Dirigido por Paul Thomas Anderson:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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BYE, BYE, AMERICAN PIE Hermanos Coen – Bichobola – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

🎬 BYE, BYE, AMERICAN PIE

 

Hermanos Coen

 

Inclasificables e imprevisibles para el gran público, los
Hermanos Coen han desarrollado al filo de Hollywood una
carrera cinematográfica que abarca desde 1984, estreno de su
ópera prima “Sangre fácil”, hasta 2018, fecha de su última
película juntos “La balada de Buster Scruggs”.

 

Más de tres décadas dirigiendo, guionizando y editando una
filmografía tan personal como fascinante, donde el famoso
Sueño Americano, ha sido analizado desde su peculiar y
excéntrica perspectiva: Bye, bye, american pie

 

“Nuestros filmes son tremendamente americanos tanto por el
marco en el que se desarrollan las historias, como por los
personajes que los protagonizan…se basan en la verdadera
cultura pop, esa que los europeos se toman tan en serio”.

 

Joel y Ethan Coen

n

 

 

 

 

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Turno de noche – Cold Storage – 2026 – Jonny Campbell – #YoVoyAlCine

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Setas espaciales, vómito verde y Liam Neeson con lumbalgia: el pack completo”

 

Jonny Campbell no es precisamente un novato, aunque tampoco es de esos directores que uno tenga tatuados en la memoria cinéfila.

 

Ha trabajado sobre todo en televisión, con series como Westworld, Black Mirror o Altered Carbon, donde ha demostrado solvencia visual y buen pulso narrativo en terrenos de ciencia ficción y thriller.

 

En cine, sin embargo, no ha tenido una carrera especialmente destacada, y con Turno de noche da el salto a un proyecto que mezcla terror, comedia y serie B sin complejos.

 

En cuanto a premios y nominaciones, Turno de noche se mueve en ese territorio donde los festivales miran para otro lado con cierta elegancia. No constan premios relevantes ni nominaciones destacadas. Vamos, que no ha venido a competir por la Palma de Oro, sino por la risa fácil y el chorreo verde.

 

 

Cutrecomentario

 

Aquí la cosa va de un hongo verde venido del espacio. Sí, has leído bien. Un hongo. Verde. Espacial. Y además con muy mala leche, porque mata rápido y de forma bastante poco elegante: haciendo que los cuerpos exploten y esparzan su asquerosidad por doquier. Un festival de fluidos digno de una cena navideña que se ha torcido.

 

La película mezcla comedia de terror con cine de pandemias y, sorprendentemente, con cierto aire de cine laboral. Porque aquí, entre explosión y explosión, también hay gente currando, que bastante tienen con lo suyo como para encima lidiar con setas asesinas.

 

Al frente del cotarro está Liam Neeson, que ya es experto en repartir estopa, pero aquí decide reírse un poco de sí mismo. Interpreta a un tipo con lumbalgia, lo cual le da un punto bastante humano… y bastante poco épico. Hay momentos en los que parece que va a salvar el mundo, pero antes tiene que estirarse la espalda. Cine de acción con ibuprofeno.

 

Junto a él, Lesley Manville, aportando ese toque de seriedad británica que siempre viene bien cuando todo lo demás es un desparrame de vómito verde y gore de color pistacho.

 

La película se mueve entre salpicadura gore y humor más o menos gamberro, construyendo unos personajes que, sorprendentemente, están bastante bien perfilados para lo que se espera de un producto así. No es que vayan a ganar un Goya, pero al menos no parecen salidos de un casting de urgencia.

 

¿Funciona? Pues sí. Es divertida, tiene ritmo y sabe perfectamente qué tipo de película quiere ser: una serie B con cariño, que homenajea ese cine Z que tantos buenos ratos nos dio en sesiones dobles de adolescencia, con palomitas, risas y cero pretensiones.

 

¿Problema? Que se olvida rápido. Muy rápido. Sales del cine, te tomas un café y ya estás dudando de si lo del hongo era verde o azul. Pero oye, el rato te lo ha hecho pasar.

 

Turno de noche es una gamberrada simpática, con vísceras fluorescentes y sentido del humor, que no aspira a nada más que entretener… y lo consigue.

 

No es cine para recordar, pero sí para disfrutar sin pensar demasiado. Que tampoco está mal.

 

Mi puntuación: 5,66/10.

 

 

 

Dirigido por Jonny Campbell:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La ahorcada – 2026 – Miguel Ángel Lamata – #YoVoyAlCine

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Amor tóxico… pero de los que te hacen mirar el móvil para huir”

 

Miguel Ángel Lamata es un viejo conocido del cine español que siempre se ha movido entre la comedia gamberra y el experimento raro.

 

En su filmografía aparecen títulos como Tensión sexual no resuelta, Nuestros amantes o Los futbolísimos, donde ha demostrado cierto pulso para la comedia ligera y el entretenimiento más o menos digno.

 

Aquí, sin embargo, cambia de tercio y se lanza a un melodrama con tintes de terror… decisión valiente, sí; acertada, ya tal.

 

En cuanto a premios y nominaciones, La ahorcada juega en otra liga: la de “aquí no ha pasado nadie”. No consta su paso por festivales relevantes ni reconocimientos destacables. Vamos, que no ha levantado alfombras rojas precisamente… más bien ha pasado de puntillas, y gracias.

 

 

Cutrecomentario

 

La ahorcada pretende ser un melodrama de terror con historia de amor-odio más allá de la muerte. Ya de entrada suena a relación tóxica con plus paranormal, que siempre da para terapia… o para película. El problema es que aquí la cosa no pasa de la intención.

 

El guion es un auténtico caos. Si lo que buscaba era desconcertar al espectador, objetivo cumplido con matrícula: uno no sabe muy bien qué está pasando, ni por qué, ni para qué. Eso sí, no es ese desconcierto estimulante que te atrapa… es más bien el de “¿me he perdido algo o esto no hay por dónde cogerlo?”. Y claro, entre susto fallido y escena rara, lo que llega no es inquietud, sino un tedio bastante serio.

 

La dirección de actores tampoco ayuda. Eduardo Noriega aparece totalmente desdibujado, irreconocible en el peor sentido posible. Amaia Salamanca, pobrecilla, parece que está en otra película distinta y no le han pasado el guion correcto. Y luego está Cristina Gallego, haciendo de médium ultraseria, en un personaje que chirría tanto que parece metido con calzador en mitad del desastre.

 

Si hay que salvar a alguien del naufragio, quizá sea Norma Ruiz, en su papel de divorciada joven y atractiva, que al menos parece tener claro en qué película está… cosa que no es poco viendo el panorama.

 

La película, además, se divide en dos partes: una primera que funciona mal y una segunda que consigue el milagro de funcionar aún peor. Es como bajar una cuesta… pero hacia el aburrimiento.

 

En resumen: La ahorcada es de esas películas que intentan mucho y consiguen poco.

 

Un cóctel de terror, melodrama y relaciones tóxicas que acaba siendo, directamente, infumable. Y viendo el resultado, tampoco sorprende que no haya pasado por festivales ni haya dado mucho que hablar.

 

Aquí no hay fantasma que dé miedo… lo único que asusta es lo larga que se hace.

 

Mi puntuación: 2,52/10.

 

 

 

Dirigido por Miguel Ángel Lamata:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Hoppers (Animación) – 2026 – Daniel Chong – #YoVoyAlCine

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Avatar, pero con castores y sin ponerse estupenda”

 

Daniel Chong debuta en el largometraje de Pixar con Hoppers: Operación Castor, aunque no llega precisamente en pañales: es el creador de la estupenda serie EscandalososWe Bare Bears— y dirigió We Bare Bears: The Movie.

 

Aquí se mete en terreno Pixar con una historia escrita por Jesse Andrews, sobre Mabel, una joven que transfiere su conciencia a un castor robótico para comunicarse con los animales.

 

La película es una producción de Pixar Animation Studios y se estrenó en EE. UU. el 6 de marzo de 2026.

 

En cuanto a premios, de momento no constan galardones ni nominaciones relevantes registradas para Hoppers: Operación Castor.

 

IMDb la tiene todavía sin premios en su ficha, así que aquí no vamos a inventarnos una Espiga de Oro de la Ribera del Castor, por mucho que apetezca. 

 

 

Cutrecomentario

 

Hoppers: Operación Castor es una excelente película. Sí, excelente. Tampoco pasa nada por decirlo, que no se va a abrir el suelo de la sala ni va a salir Buzz Lightyear a pedir explicaciones.

 

Estamos ante una cinta con mensaje ecologista, con discurso de reconciliación entre humanos y naturaleza, y con una animación 3D brillante, luminosa, muy bien trabajada.

 

Los efectos visuales del agua son directamente impresionantes: Pixar sigue sabiendo hacer que una charca parezca el Amazonas con plus de belleza y presupuesto.

 

La historia tiene una premisa muy simpática: una humana que se mete en el cuerpo de un castor robótico para entender el mundo animal desde dentro. Vamos, lo típico que uno hace un martes si tiene una tarde libre y problemas de socialización.

 

La película juega bien esa idea, mezcla aventura, comedia y emoción, y consigue que sus personajes resulten entrañables sin ponerse demasiado empalagosa.

 

Ahora bien, conviene no venirse arriba como si acabáramos de descubrir el Santo Grial con cola de castor.

 

Pixar nos ha dado auténticas maravillas: Toy Story, Up, Del revés, Coco, WALL·E, Buscando a Nemo… y Hoppers: Operación Castor no está en esa liga de obras maestras. Es muy buena, sí, pero no una de esas películas que te dejan mirando al infinito pensando en el sentido de la vida y en si has abrazado poco a tu familia.

 

Funciona estupendamente como entretenimiento. Es divertida, simpática, visualmente apabullante y tiene pequeñas dosis de emoción muy bien colocadas. También incluye alguna píldora de humor muy eficaz, de esas que no te hacen caerte de la butaca, pero sí sonreír con gusto. Y eso, en estos tiempos, ya es bastante: una sonrisa sin anestesia ni suscripción premium.

 

Puede que algunos elementos del guion sean algo complicados para una audiencia infantil muy pequeña. Hay tecnología, conciencia transferida, ecologismo, conflicto humano-animal y alguna idea que quizá a los más canijos les pase un poco por encima. Pero la película compensa eso con ritmo, color, personajes agradables y un tono muy accesible.

 

Hoppers es una película luminosa, divertida, con corazón y con castores, que siempre suma.

 

No es la gran obra maestra de Pixar, pero sí una aventura muy disfrutable, técnicamente impecable y con un mensaje bonito sin necesidad de ponerse un chaleco reflectante de ONG animada.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Dirigido por Daniel Chong:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Las guerreras k-pop (Animación) – K-Pop Demon Hunters – 2025 – Chris Appelhans, Maggie Kang – Netflix

27/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando Blackpink se mete a exorcista: purpurina contra el demonio de turno

 

Detrás de Las guerreras K-pop (ojo, que el título en España no está del todo asentado, porque Netflix va a su bola) están Chris Appelhans y Maggie Kang.

 

Appelhans es más conocido por Wish Dragon (2021), una simpática producción animada con aroma a cuento clásico y dragón concediendo deseos, mientras que Kang ha trabajado sobre todo como animadora y artista en estudios potentes, participando en proyectos de Disney y DreamWorks. Aquí ambos se lanzan a este batiburrillo de idols, demonios y coreografías con más brillo que una bola de discoteca en Nochevieja.

 

En cuanto a premios y nominaciones… pues la cosa está más tranquila que una sala de cine en agosto a las cuatro de la tarde. No hay constancia de grandes galardones ni de presencia destacada en festivales importantes. Es más un producto de consumo directo para plataforma que un aspirante a pasear alfombra roja.

 

Y vamos al lío.

 

La película llega precedida por un hype curioso, con fandom entregado y ganas de ver idols repartiendo estopa a demonios. Y sí, lo que ofrece es exactamente eso: musical pop a saco, coreografías bien montadas y un universo hiperfemenino donde el glitter no se negocia. Todo muy vistoso, muy colorido, muy “mírame y no me toques”.

 

La trama no se complica demasiado la vida: superheroínas con estética K-pop enfrentándose al mal de toda la vida, aunque con ese pequeño giro de ambigüedad moral que tanto gusta ahora. Una de las protagonistas tiene su lado oscuro (porque si no, no hay drama), y el enemigo principal es un demonio con cara de ídolo coreano que podría venderte un perfume mientras te roba el alma. Todo muy lógico.

 

Eso sí, entre canción y canción, llegan las peleas… y aquí es donde la cosa se desinfla un poco. Las batallitas son rutinarias, sin mucha chispa, como si estuvieran ahí por obligación contractual. Cumplen, pero no emocionan. Y eso en una peli de acción con demonios pues… hombre, se nota.

 

Al final queda una película que se deja ver, que entretiene sin molestar y que probablemente hará las delicias del público más fan del K-pop. Pero tampoco va a cambiar la historia del cine ni te va a hacer replantearte tu existencia. Ni frío ni calor. Como un refresco sin gas: entra fácil, pero no deja huella.

 

Mi puntuación: 5,50/10.

 

 

 

Dirigido por Chris Appelhans, Maggie Kang:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Después de Kim – 2026 – Ángeles González-Sinde – #YoVoyAlCine

26/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Benidorm, duelo y resaca emocional: lágrimas entre sangría y karaoke”

 

Ángeles González-Sinde dirige Después de Kim, y sí, hay que reconocer que la sorpresa existe. Guionista de largo recorrido —con títulos como La buena estrella o Todos estamos invitados— y directora de películas como La suerte dormida o Una palabra tuya (Goya al mejor guion adaptado), también carga con el “pecado original” de haber participado en Mentiras y gordas, esa cosa que muchos preferiríamos borrar del disco duro emocional. Aquí, sin embargo, intenta un giro más serio, mezclando drama familiar con thriller, con resultados… curiosos.

 

En cuanto a premios y nominaciones, Después de Kim no ha destacado especialmente en grandes galardones hasta ahora. Su paso por festivales ha sido discreto y la crítica, en general, más bien tibia o directamente fría, con opiniones como la de Javier Ocaña en El País, bastante poco entusiasmado (y no le falta parte de razón, todo sea dicho).

 

Y ahora viene lo curioso: contra todo pronóstico… funciona. O al menos, a ratos funciona bastante bien.

 

La historia arranca con una premisa potente: dos padres argentinos, Darío Grandinetti y Adriana Ozores, que interpretan a Juan y Gloria, viajan a España tras enterarse de que su hija, con la que no tenían relación desde hacía años, ha sido asesinada. Así, sin anestesia. Y por si fuera poco, hay un nieto desaparecido y un marido que también está en el aire. Todo apunta a un crimen machista, con la policía española investigando mientras ellos intentan procesar un duelo que llega tarde y mal.

 

Y todo esto… en Benidorm. En verano. Con turistas en chanclas, karaokes infames, despedidas de soltero nivel “vergüenza ajena” y litros de sangría corriendo como si no hubiera mañana.

 

Y aquí está la clave de la película: ese contraste. Ese choque brutal entre el dolor íntimo de los protagonistas y el entorno festivo, hortera y desbordado de Benidorm. Mientras uno está destrozado por dentro, el de al lado está cantando a Raphael con una peluca rubia y un mojito en la mano. Y esa idea, hay que reconocerlo, funciona. Tiene mala leche, tiene intención y tiene personalidad.

 

Luego está el thriller. Y ahí la cosa ya se tambalea un poco más. La investigación policial avanza de forma algo torpe, con situaciones que no terminan de estar bien resueltas y un guion que a veces verbaliza demasiado lo que debería sugerir. Hay momentos en los que la película parece querer ser más importante de lo que realmente es, como si se mirara demasiado en el espejo.

 

Pero aun así, hay algo que engancha. Quizá sean las interpretaciones —muy sólidas tanto Grandinetti como Ozores—, quizá ese Benidorm convertido en escenario emocional casi grotesco, o quizá simplemente que la película tiene más ideas buenas que malas, aunque no siempre sepa manejarlas.

 

Lo más inesperado es que Después de Kim termina dejando poso. No es redonda, ni mucho menos. Tiene fallos evidentes. Pero también tiene alma, y eso no es tan habitual.

 

Y oye, quién lo iba a decir: Ángeles González-Sinde dando una alegría. El mundo del cine nunca deja de sorprender. Para bien… y a veces, como aquí, un poco también.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

 

Dirigido por Ángeles González-Sinde:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Kraken: El libro negro de las horas – 2026 – Manuel Sanabria, Joaquín Llamas – #YoVoyAlCine

26/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Kraken: mucho libro negro, pero el guion en blanco”

 

Manuel Sanabria y Joaquín Llamas dirigen a cuatro manos este thriller español basado en la novela homónima de Eva García Sáenz de Urturi, cuarta entrega del universo Kraken.

 

Sanabria tiene amplia trayectoria en televisión y series como La pecera de Eva, Impares o Frágiles; Llamas también viene de una larga carrera televisiva.

 

Aquí intentan llevar al cine un material de misterio, pasado familiar, libros rarísimos y asesinatos con solemnidad de biblioteca donde nadie se atreve a toser. 

 

En cuanto a premios, no constan grandes galardones ni nominaciones cinematográficas relevantes hasta la fecha. La película sí pasó por el Festival de Málaga 2026 y llegó a los cines españoles el 24 de abril de 2026, distribuida por Vértice 360. 

 

Kraken: El libro negro de las horas se mueve en dos tiempos y alrededor de dos personajes: Unai López de Ayala, alias Kraken, interpretado por Alejo Sauras, e Ítaca Expósito, con Aitziber Luma como Ítaca joven y Natalia Millán en su versión adulta. O sea, dos tramas, dos épocas y la promesa de que todo acabará encajando. Promesa, digo. Cumplirse, cumplirse… ya tal.

 

Unai es un exinspector y perfilador criminal, uno de esos tipos listos que miran una mancha en la pared y deducen que el asesino desayunó churros. Investiga entre Vitoria y Madrid junto a Esti, interpretada por Maggie Civantos, y Mencía, inspectora de patrimonio a la que da vida Natalia Rodríguez, aquí con un look casi albino que parece pedir su propia subtrama.

 

La película tiene cosas atractivas. Las localizaciones exteriores de Vitoria y Madrid lucen bastante bien: el Barrio de las Letras, el Retiro, la Cuesta de Moyano, la Catedral de Santa María de Vitoria… Todo eso da empaque, aire de thriller culto y postal criminal con tapa dura.

 

También hay persecuciones, movimiento, misterio bibliográfico y ese aroma a “vamos a montar una saga” que se huele desde la fila siete.

 

El problema gordo está en el guion. Y cuando falla el guion en un thriller, es como si en una paella falla el arroz: puedes ponerle gambas, azafrán y hasta un cameo de Antonio Banderas, que aquello no levanta.

 

Los dos asesinatos que sostienen la trama no terminan de resultar convincentes, algunas situaciones se resuelven de manera bastante “porque sí” y todo avanza con más artificio que verdadera tensión.

 

La historia de Ítaca tampoco acaba de tener la fuerza ni la credibilidad que debería. Y la parte de Kraken, que tendría que ser el motor emocional y policial de la película, se queda coja porque Alejo Sauras no termina de sostener el personaje. Si la idea es levantar una saga policiaca sobre sus hombros, alguien debería revisar el cálculo estructural, porque esto no aguanta ni con cemento armado.

 

La realización es efectista y no está mal: hay oficio, ritmo visual y una puesta en escena que intenta darle empaque al asunto. Pero el envoltorio no tapa que la historia hace aguas. Mucho libro negro, mucho pasado oscuro, mucho viaje Vitoria-Madrid, pero poca convicción.

 

Kraken: El libro negro de las horas quiere ser un thriller inquietante, elegante y con vocación de saga, pero se queda en una película fallida, con buenas localizaciones, alguna idea potente y un guion que parece escrito con tinta simpática: al principio promete, pero luego desaparece.

 

Termino siendo enigmático: hay unas cuantas interpretaciones que son de traca, más que malas, pésimas. Y no cito nombres…

 

Mi puntuación: 4,75/10.

 

 

 

Dirigido por Manuel Sanabria, Joaquín Llamas:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Un poeta – 2025 – Simón Mesa Soto – #YoVoyAlCine

26/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Poeta, borracho y superviviente: Bukowski se queda corto en Medellín”

 

El colombiano Simón Mesa Soto se confirma como uno de esos directores que no vienen a caer bien, sino a remover.

 

Ganador de la Palma de Oro al mejor cortometraje en Cannes con Leidi (2014), su filmografía es breve pero muy contundente, centrada en retratar realidades sociales sin edulcorantes.

 

Tras varios trabajos en corto, da el salto al largo con Un poeta, manteniendo ese pulso crudo, casi documental, que no pide permiso ni perdón.

 

En cuanto a premios, Un poeta ha pasado por festivales importantes, incluyendo su estreno en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2025, lo que ya es una carta de presentación bastante seria. La película ha sido destacada por su mirada social y su estilo incómodo, generando división entre crítica y público (vamos, lo típico cuando alguien hace algo con personalidad).

 

Vamos a hacer el intento —con todo el respeto del mundo— de hablar un poquito en colombiano, porque la peli lo pide y el cuerpo también.

 

Parce, lo primero que hay que decir de Un poeta es que tiene un valor berraco. Simón Mesa Soto se la juega toda poniendo en pantalla a un protagonista que no es que no sea atractivo… es que directamente te genera rechazo. Y ahí está la gracia. Este poeta, interpretado de forma brutal por Ubeymar Ríos (que ojo, es su única película), es un tipo ya mayor, desordenado, medio sucio, incómodo, de esos que uno ve venir y cruza de acera.

 

El hombre vive de la pensión de la mamá —ojo al dato—, ha publicado dos libritos y se autodenomina poeta, aunque todo el mundo a su alrededor tiene bastante claro que lo que es, es un parado con ínfulas.

 

Es el antihéroe definitivo, un friki de la poesía que da más pena que admiración.

 

Y su vida… uff, su vida es un desastre total: alcoholismo, relaciones familiares hechas trizas, especialmente con su hija, con la que tiene una relación bastante turbia que roza el acoso. Incómodo es poco.

 

Y cuando ya parece que este man no tiene arreglo, aparece Yurlady, una niña interpretada por Rebeca Andrade, que escribe poemas sobre su vida cotidiana en un entorno de marginalidad absoluta. Una casa donde cabe medio barrio: hermanos, sobrinos, embarazos, abuela, tíos… y una madre que solo aparece los domingos porque trabaja interna. Vamos, un cuadro social de los que no salen en los anuncios de turismo.

 

Y es ahí donde la peli encuentra su corazón. Este poeta ve en la niña una especie de luz, un faro, algo a lo que agarrarse para intentar salir de su miseria personal. Y sin hacer spoilers, lo que viene después es una mezcla muy rara, pero muy potente.

 

Porque la peli es rara, sí. Tiene momentos muy duros, bastante sórdidos, pero también otros de una ternura inesperada.

 

Es trágica, pero a ratos tiene un humor muy negro que te descoloca.

 

Es fea, pero a su manera también es bonita. Vamos, que no sabes muy bien dónde meterla.

 

Y ojo, no es una película fácil. Hay gente que probablemente en los primeros minutos ya esté mirando el reloj o pensando en la cena. Pero si entras en su juego, si te dejas llevar por ese ritmo y ese personaje incómodo, la película te acaba atrapando.

 

No es para todos los públicos. Pero precisamente por eso merece mucho la pena.

 

Mi puntuación: 7,58/10.

 

 

 

Dirigido por Simón Mesa Soto:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Casi todo bien – 2026 – Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet – #YoVoyAlCine

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Casi todo bien… salvo escribir 1500 páginas que no se lee ni tu madre”

 

Sobre los directores, Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet, hay que decirlo claro: no son nombres todavía muy asentados en el largometraje.

 

Casi todo bien supone prácticamente su carta de presentación en este formato, tras trabajos previos más ligados a otros ámbitos (publicidad, guion, proyectos menores).

 

Aquí se lanzan a una comedia con alma de drama, que no es precisamente el camino fácil para debutar. Valientes, desde luego.

 

Y entrando en materia, Casi todo bien es una comedia… pero de esas que duelen un poco. Porque en el fondo esto es un drama como una casa, muy en la línea de lo que decía Billy Wilder: la diferencia entre comedia y tragedia es cuestión de tono. Aquí el tono te hace sonreír, pero si rascas un poco, hay bastante miseria emocional debajo.

 

El protagonista, Hilario (interpretado por Marcel Borràs), es ese tipo que todos hemos conocido… o peor, hemos sido en algún momento: un amante de la literatura desde niño, convencido de su talento, que a los treinta y muchos sigue aferrado a una novela imposible de 1500 páginas que no va a publicar absolutamente nadie.

 

Y vive en una especie de limbo vital, en una habitación conseguida de rebote, trabajando en una librería donde básicamente pierde el tiempo y alimentando un sueño que ya huele a naftalina.

 

Es un personaje patético, sí, pero también reconocible. De esos que dan pena y risa a la vez.

 

Y entonces aparece ella. Silma López, magnética, luminosa, con una energía que parece venir de otro planeta. Una chica completamente ajena a ese mundo literario intensito, profesora de esas clases de gimnasio donde la gente salta, suda y sobrevive como puede. Vamos, la antítesis perfecta del protagonista.

 

Y claro, pasa lo que tiene que pasar: ella le da vida. Literalmente. Le sacude, le arrastra, le pone frente a algo que no son palabras sino emociones reales. Y ahí es donde la película encuentra su mejor idea: la reflexión sobre qué es la literatura. Si es postureo intelectual o si es, simplemente, escribir desde lo que uno vive y siente de verdad.

 

Alrededor, un desfile de secundarios que elevan el conjunto: Julián Villagrán, siempre en ese punto entre lo entrañable y lo caótico; Secun de la Rosa, fantástico como ese escritor de “novela fácil” que seguramente vende más que el protagonista sin despeinarse; Adelfa Calvo, impecable como jefa que mira con resignación; y Lorenzo Ferro, completando ese pequeño ecosistema de perdedores funcionales.

 

La película acaba siendo eso: el retrato de un perdedor. Pero no uno épico, sino uno bastante torpe, bastante incapaz de vivir fuera de sus propias fantasías literarias. Un tipo que quiere vivir en los libros porque la vida real le queda grande… y que cuando por fin tiene algo auténtico delante, no sabe qué hacer con ello.

 

Casi todo bien funciona mejor como drama disfrazado de comedia que como comedia pura. Tiene momentos muy lúcidos, personajes bien dibujados y una idea central interesante: que vivir en la literatura está muy bien… hasta que te das cuenta de que la vida va por otro lado.

Y ahí, amigo, no hay editorial que te salve.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El cielo gira (Documental) – 2004 – Mercedes Álvarez – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“El cielo gira… pero aquí no hay prisa, ni falta que hace”

 

Mercedes Álvarez es una directora española que se mueve más en el terreno del documental con mirada autoral que en el cine comercial de palomitas.

 

El cielo gira fue su debut en largo y ya dejó claro por dónde iban los tiros: cine contemplativo, pausado y con vocación poética.

 

Después ha firmado trabajos como Mercado de futuros, donde vuelve a reflexionar sobre el paso del tiempo y los cambios en la sociedad.

 

No es una cineasta de grandes estrenos, pero sí de las que tienen una voz muy reconocible… y muy tranquila, aviso.

 

Y claro, en El cielo gira no hay giros de guion, ni persecuciones, ni nadie gritando “¡corre!”. Aquí lo que hay es tiempo. Mucho tiempo. Y silencio. Más silencio todavía.

 

La propia Mercedes Álvarez vuelve a su pueblo natal, donde fue la última persona que nació allí, y se encuentra con un lugar que parece suspendido en otra dimensión.

 

Una España rural que no corre, que no compite, que simplemente está… esperando a desaparecer sin hacer ruido. El mayor acontecimiento puede ser un coche de campaña electoral que llega, pega dos carteles y se va. Fin del espectáculo.

 

La película se empapa completamente de ese ritmo: pausado, lento, casi hipnótico. Aquí los protagonistas son los sonidos mínimos: perros ladrando, moscas zumbando, pájaros cantando. Si alguien busca acción, mejor que se vaya a ver otra cosa. Esto es casi una experiencia sensorial de la despoblación.

 

Y luego está ese hallazgo casi poético: el pintor que se está quedando ciego y que decide retratar ese mundo que también está desapareciendo. Un tipo que pierde la vista mientras pinta un paisaje que se apaga. No hace falta ser muy listo para ver la metáfora, pero oye, funciona.

 

También quedan imágenes que se te quedan pegadas: ese viejo olmo muerto, arrancado y convertido en una especie de escultura sin vida, como símbolo perfecto de todo lo que se está extinguiendo; o ese palacio abandonado de unos condes que nadie recuerda, con unos obreros intentando convertirlo en hotel… proyecto que suena más a ilusión que a realidad.

 

Y en todo esto hay un elemento clave que eleva la propuesta: la fotografía de Alberto Rodríguez, sencillamente preciosa.

 

La película está rodada con cámara fija, con planos estáticos que huyen de cualquier aturdimiento visual. Aquí no hay nervio, no hay prisa, no hay montaje histérico: la forma acompaña al fondo. Esa quietud se contagia, se mete en el espectador, y convierte cada plano en una especie de cuadro donde el tiempo parece suspendido.

 

El resultado es un documental que no es fácil, ni pretende serlo. Es lento, muy lento, y a ratos parece que el tiempo se ha quedado a echar la siesta. Pero también tiene una belleza rara, casi hipnótica, que atrapa si entras en su juego.

 

Una apuesta arriesgada de Juan Ignacio en la Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ), pero que sale airosa. No es para todos los públicos, pero quien conecte con ese ritmo y esa mirada, sale tocado.

 

Cine de contemplar, de escuchar y de dejarse llevar… aunque a veces parezca que el cielo gira más rápido que la propia película.

 

Mi puntuación: 7,70/10.

 

 

 

Dirigido por Mercedes Álvarez:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Michael (Musical) – 2026 – Antoine Fuqua – #YoVoyAlCine

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Michael: santo, mártir… y ni una cagada de la llama”

 

Antoine Fuqua no es precisamente un director de musicales para bailar en la ducha.

Es más bien de tiros, sudor y miradas intensas.

 

Ahí están Training Day (con Óscar para Denzel Washington), El protector, Los siete magníficos, Objetivo: Washington D.C. o Emancipation.

 

Vamos, que lo suyo suele ser repartir estopa con estilo.

 

Por eso sorprende verlo metido en un biopic musical sobre Michael Jackson, cambiando las balas por el moonwalk. Y oye, lo intenta… pero no termina de cambiar del todo de registro.

 

Y entrando en el asunto, Michael es un biopic de esos que ahora salen como churros, centrado en la vida del artista entre 1966 y 1988. Un periodo suficientemente jugoso como para montar el espectáculo… y también lo bastante controlado como para no meterse en demasiados charcos.

 

La película no es tanto un retrato complejo como una especie de geografía emocional del personaje, pero con GPS trucado: todo apunta a que Michael Jackson era poco menos que un ángel caído del cielo.

 

Se justifican sus rarezas con bastante mimo: su amor por los animales (rata, llama, jirafa… aquello parece más un safari que Neverland), su dificultad para relacionarse con la gente “normal” porque todo el mundo le pedía autógrafos… y claro, así cualquiera se acaba haciendo amigo de una llama. Por cierto, detalle técnico: en el cine los animales no cagan. Misterio sin resolver.

 

También se sugiere —aunque sin entrar de lleno— el tema de su consumo de fármacos, ligado a dolores crónicos por cirugías y al famoso accidente con quemaduras en el cuero cabelludo, que aquí casi parece una experiencia cercana a la muerte con épica incluida. Todo muy medido, muy suavecito.

 

Y luego está el elefante en la habitación… que directamente no aparece. El tema de las acusaciones de abusos se esquiva con elegancia olímpica, reconduciéndolo hacia su amor por los niños enfermos y su faceta caritativa.

 

La película prefiere no despeinarse. Ya si eso, lo dejamos para la secuela, que es donde promete venir la mandanga de verdad.

 

Porque claro, en todo cuento hace falta un villano. Y aquí ese papel recae en su padre, interpretado por Colman Domingo, que se entrega con entusiasmo… quizá demasiado. Un padre tiránico, disciplinario hasta lo militar, con cinturón en mano y cero matices. Vamos, el malo oficial con cartel luminoso.

 

En lo musical, eso sí, la cosa funciona. Ver recreadas las actuaciones y escuchar temazos de Michael Jackson en pantalla grande siempre es un gustazo. Ahí la película gana muchos puntos. Y Jaafar Jackson, su sobrino, cumple: se parece, se mueve bien, pero le falta ese magnetismo casi sobrenatural que tenía el original. No es culpa suya, es que competir con ese nivel es jugar en modo leyenda.

 

En resumen, Michael se deja ver, entretiene y tiene momentos brillantes, pero es un biopic demasiado blanqueado, demasiado reverencial y con más miedo que valentía.

 

Se nota que esto es solo el primer asalto: una introducción bien peinada a la espera de una segunda parte que, si se atreve, debería meterse en el barro.

 

De momento, mucho espectáculo, mucha música… y muy poco conflicto real. Como una fiesta en Neverland donde todo es bonito… y nadie recoge lo que deja la jirafa.

 

Mi puntuación: 5,65/10.

 

 

 

Dirigido por Antoine Fuqua:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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No te olvidaré – Reminders of Him – 2026 – Vanessa Caswill – #YoVoyAlCine

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Amor, culpa y redención… versión siesta con café y manta”

 

Sobre la directora, Vanessa Caswill, tampoco hay mucho donde rascar si uno se pone exquisito.

 

Es una realizadora británica que ha trabajado bastante en televisión, con episodios de series como Little Women (miniserie de 2017) o Gold Digger.

 

Vamos, que no viene precisamente del cine de autor con ínfulas, sino de ese terreno donde el drama emocional se cocina a fuego lento… y con presupuesto ajustadito.

 

Aquí da el salto a un proyecto más ambicioso, pero sin abandonar del todo ese aroma a telefilm que ya trae de serie.

 

Y entrando en harina, No te olvidaré juega en esa liga que todos conocemos: drama de culpa, redención y segundas oportunidades… con más azúcar que un donut glaseado.

 

La premisa tiene su miga: una chica que provoca un accidente de tráfico bajo los efectos de las drogas, pierde a su novio, entra en prisión y, de paso, da a luz a una hija que acaba en manos de los padres del fallecido. Vamos, que el combo tragedia + culpa viene bien cargado desde el minuto uno.

 

Cuando sale de la cárcel, la protagonista —interpretada por Maika Monroe, que cumple con solvencia y además tiene ese punto de magnetismo que hace que la cámara la quiera— regresa a ese típico pueblo de la América profunda donde todo el mundo sabe más de tu vida que tú mismo. Y ahí empieza el desfile: miradas incómodas, silencios largos y ese ambiente rural que huele a café recalentado y secretos mal enterrados.

 

Lo más curioso es que, contra todo pronóstico, lo mejor de la película no es el romance (que lo hay, claro, y bastante previsible) ni el drama lacrimógeno, sino ese retrato de la América rural decadente. Ese lugar donde la vida parece tranquila pero está llena de tensiones soterradas, donde todos se conocen y, precisamente por eso, nadie olvida nada.

 

El problema es que todo lo demás suena demasiado visto. El guion tira de manual: redención, amor improbable con el amigo del novio fallecido (porque claro, esto no podía faltar), y conflictos que se intuyen a kilómetros.

 

Es un folletín con aspiraciones, pero folletín al fin y al cabo.

 

Eso sí, se deja ver. No molesta, entretiene lo justo y tiene ese acabado digno que la coloca un peldaño por encima del telefilm de sobremesa estándar.

 

Pero tampoco engaña a nadie: esto no viene a revolucionar el cine, viene a acompañarte una tarde… y luego desaparecer sin hacer mucho ruido.

 

En resumen: drama correcto, romance previsible y un entorno rural que, curiosamente, es lo que le da algo de personalidad a una película que, por lo demás, juega sobre seguro.

 

Vamos, cine de manta y siesta… pero con cierta dignidad.

 

 

Mi puntuación: 5,46/10.

 

 

 

Dirigido por Vanessa Caswill:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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We the Hispanos: The Hispanic Roots of the United States (Documental) – 2026 – José Luis López-Linares – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

América era más española de lo que pensabas… pero te lo cuentan a salto de mata

 

Vamos con José Luis López-Linares, documentalista español con larga trayectoria y bastante prestigio dentro del género.

 

Ha firmado trabajos como Un instante en la vida ajena (2003), sobre la vida íntima de una familia burguesa a través de filmaciones domésticas, o España, la primera globalización (2021), donde ya mostraba su interés por reivindicar el papel histórico de España en el mundo.

 

Su cine suele ser didáctico, elegante en lo visual y muy centrado en recuperar relatos históricos que, según su mirada, han quedado algo olvidados o mal contados.

 

 

Cutrecomentario:

 

Hay que reconocerle la buena intención a José Luis López-Linares en We the Hispanos: The Hispanic Roots of the United States. La idea es potente: reivindicar el papel de lo hispano en la historia de Estados Unidos, que no es precisamente pequeño. Vamos, que antes de que llegaran los vaqueros de Hollywood, ya había bastante español dando vueltas por allí.

 

El documental arranca con una especie de repaso a la conquista y a cómo territorios como California, Florida, Texas o Nuevo México fueron parte del Imperio español.

 

Luego entra en otro tema muy interesante: el apoyo (más bien discreto, tirando a tapado) de España en la guerra de independencia americana contra los ingleses. Y oye, no fue poca cosa. Se menciona incluso el peso de ese apoyo en batallas clave y la influencia posterior en la propia Constitución estadounidense.

 

Hasta aquí, todo bien. Interesante, necesario y con material de sobra para hacer un documental de los que se ven en institutos… y se entienden.

 

El problema es el cómo.

 

Porque todo esto está contado con imágenes muy potentes, muy bien rodadas, con calidad visual indiscutible… pero narrativamente es un pequeño caos.

 

Va saltando de un sitio a otro de Estados Unidos, de la costa este a la oeste, mezclando épocas, conceptos y geografías con cierta alegría.

 

A ratos parece que Florida está a la vuelta de la esquina de California y que todo ocurrió en la misma tarde.

 

Y claro, siendo un documental que pretende ser didáctico, se le echa en falta precisamente eso: didáctica. Un poco más de orden, de cronología, de estructura. Menos batiburrillo y más hilo conductor.

 

Además, hay un momento en el que entra el tema del marianismo y la devoción a la Virgen de Guadalupe, que sí, forma parte de la cultura hispana, pero aquí da la sensación de estar metido un poco con calzador. Como si alguien hubiera dicho: “oye, esto también es importante” y lo hubieran añadido sin encajarlo del todo en el conjunto.

 

La película se construye a base de testimonios: historiadores, políticos, artistas… todos defendiendo esa raíz hispana de Estados Unidos. Y entre todo ese desfile de voces, hay una frase que resume bastante bien el tono del asunto: “una persona que habla tres idiomas es trilingüe, dos idiomas bilingüe… y una que solo habla uno, inglés, es norteamericano”. Dardo con sonrisa.

 

En resumen, un documental interesante, con un tema muy potente y necesario, visualmente impecable… pero narrativamente algo desordenado.

 

De esos que te hacen pensar “esto es importante”… mientras intentas recolocar mentalmente todo lo que te han contado.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

Dirigido por José Luis López-Linares:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Super Mario Galaxy: La película (Animación) – 2026 – Aaron Horvath, Michael Jelenic – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mucho color, muchas galaxias… y yo buscando el botón de pausa

 

Vamos con Aaron Horvath y Michael Jelenic, dos nombres muy ligados a la animación gamberra de los últimos años. Ambos vienen de la televisión, especialmente de la serie Teen Titans Go!, donde ya demostraron ese gusto por el ritmo acelerado, el humor un poco loco y el bombardeo constante de estímulos.

 

También dieron el salto al cine con ¡Teen Titans Go! La película (2018), que ya era un festival de chistes por minuto. Y claro, aquí, con Mario y las galaxias, han decidido no levantar el pie del acelerador… ni para respirar.

 

 

Cutrecomentario:

 

Lo primero: la animación de Super Mario Galaxy: La película es una barbaridad. Pero una barbaridad de las que te dejan con la boca abierta. Nivel técnico altísimo, colores que parecen salirse de la pantalla, diseño visual cuidado al milímetro… vamos, que si esto fuera un concurso de fuegos artificiales, se llevaba el primer premio sin despeinarse.

 

Ahora bien… tanto brillo tiene su precio.

 

La película va a un ritmo absolutamente frenético. Todo el rato están pasando cosas, estímulos, explosiones de color, giros, movimientos… esto no es una peli, es un TikTok de dos horas con presupuesto de Hollywood.

 

Está claramente pensada para una generación que consume contenido a toda velocidad, que cambia de vídeo cada cinco segundos y que puede estar viendo tres pantallas a la vez sin despeinarse.

 

¿Problema? Que a algunos nos da un poco de fatiga visual.

 

Porque llega un momento, sobre todo en el tramo final, en esa gran batalla épica (que debería ser el clímax, el momento de estar agarrado a la butaca), en el que uno entra en una especie de trance raro. No por emoción… sino por saturación. Demasiada información, demasiado ruido visual, demasiado todo. Y en vez de estar emocionado, estás casi adormilado. Como cuando comes demasiado dulce y ya no sabes ni qué estás comiendo.

 

El fontanero sigue siendo encantador, eso no cambia. Pero los villanos tienen ese puntito de “sí, vale, sois malos”, sin mucha más chicha. Todo funciona más como espectáculo que como historia.

 

Eso sí, hay que reconocerlo: es una película que a las nuevas generaciones les va a flipar. Porque está diseñada justo para ese tipo de consumo: rápido, intenso, sin pausa y sin silencio.

 

Para los que ya empezamos a entrar en la categoría de “senior” (aunque duela admitirlo), la cosa cambia. Se agradece el despliegue visual, se admira el trabajo técnico… pero también se echa de menos un poquito de aire, de pausa, de que te dejen respirar entre explosión y explosión.

 

Un espectáculo visual impresionante… que a ratos te deja con la sensación de que has visto demasiado en demasiado poco tiempo. Y no siempre eso es bueno.

 

Mi puntuación: 4,80/10.

 

 

 

Dirigido por Aaron Horvath y Michael Jelenic:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Prime Crime: A True Story – Dead Man’s Wire – 2025 – Gus Van Sant – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Secuestro, cable y mucho señor estadounidense convencido de que él solito arregla el mundo

 

Vamos con Gus Van Sant, que no necesita demasiadas presentaciones.

 

El director de Mi Idaho privado, Todo por un sueño, El indomable Will Hunting, Elephant, Paranoid Park o Milk lleva décadas moviéndose entre el cine más indie, el retrato incómodo y alguna incursión más convencional.

 

Aquí vuelve con una historia real de esas que solo podían pasar en Estados Unidos, país donde a veces la mediación social parece menos popular que una escopeta bien cargada.

 

Según la ficha de FilmAffinity, la película figura en España como Prime Crime: A True Story, aunque su título original es Dead Man’s Wire

 

 

Cutrecomentario:

 

Prime Crime: A True Story parte de un hecho real bastante tremendo: el caso de Tony Kiritsis, que en 1977 secuestró al hijo de un empresario inmobiliario y le colocó al cuello un mecanismo letal conectado a una escopeta. O sea, el título no iba de ponerse poético: iba literalmente de que cualquier mal movimiento podía mandar todo al garete de la forma más salvaje posible. La película recrea ese secuestro y el circo mediático que se montó alrededor.

 

Lo curioso es que la película se mueve entre el drama y una especie de comedia raruna, incómoda, casi absurda por momentos. Y eso le da un aire muy particular. Porque lo que cuenta es terrible, pero está narrado de una manera que deja espacio para lo grotesco, para lo estrafalario y para esa sensación tan norteamericana de “a mí me han agraviado y ya me ocupo yo personalmente del asunto, sin necesidad de sindicatos, plataformas ni cosas colectivas”. Individualismo a granel, con consecuencias bastante peores que escribir una queja en atención al cliente.

 

Los actores están bien, aunque no siempre parecen del todo ajustados al tono. Pero hay que reconocer que Al Pacino aparece en modo Al Pacino desatado, que al final es un subgénero propio. Interpreta al padre del rehén, un tipo de esos que no van a pedir perdón ni aunque se hunda el edificio, ni aunque la vida de su hijo esté pendiendo de un cable, nunca mejor dicho. Y esa desmesura, la verdad, tiene su gracia.

 

La película resulta curiosa, interesante a ratos, y con un punto de crítica social bastante evidente. De fondo está esa América donde el agravio personal se convierte en espectáculo nacional y donde la televisión, la policía y el secuestrador acaban formando una función bastante disparatada. Además, varias críticas han señalado justo eso: que Van Sant construye la película como un homenaje al cine americano de los setenta, con ecos de Tarde de perros y de ese cine nervioso y mugriento de otra época. 

 

Ahora bien, también da la impresión de que le sobra algo de metraje. Seguramente esta historia, más apretada y más breve, habría entrado mejor. Y esas imágenes finales en los créditos, subrayando que todo ocurrió de verdad, a mí me sacan un poco. Como si la peli no se fiara del todo de sí misma y necesitara rematar con el clásico “eh, que esto pasó de verdad, no me lo he inventado”. Pues vale, gracias.

 

En conjunto, una película curiosa, con un caso real potentísimo, tonos un poco descompensados y un Gus Van Sant que sigue teniendo oficio, aunque da la sensación de que lleva tiempo sin dar una de esas películas que te dejan temblando de verdad.

 

Ésta se ve con interés, tiene momentos buenos y deja poso, pero no acaba de ser redonda. Vamos, que no está mal, pero tampoco como para tirar cohetes. Ni cables.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

“Dead Man’s Wire” se traduce literalmente como “el cable de un hombre muerto”, pero no es una frase cualquiera ni algo poético: viene de este caso real bastante turbio.

 

Hace referencia al suceso de 1977 protagonizado por Tony Kiritsis, un tipo que secuestró a su banquero y le ató una escopeta al cuello con un cable. La gracia macabra del invento era que, si alguien intentaba liberarlo o el propio rehén se movía demasiado, el cable accionaba el arma. Es decir, una especie de trampa mortal automática.

 

A partir de ahí, la expresión se usa en sentido figurado para describir situaciones de tensión extrema en las que cualquier movimiento puede desencadenar una catástrofe.

 

Vamos, ese momento en el que sabes que cualquier paso en falso lo puede liar todo muchísimo… pero sin necesidad de escopetas, a ser posible. “Dead Man’s Wire”.

 

 

 

Dirigido por Gus Van Sant:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La mujer más rica del mundo – La femme la plus riche du monde – 2025 – Thierry Klifa – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el dinero no compra el buen gusto (pero sí a un gañán de lujo)

 

Vamos con Thierry Klifa, director francés con una carrera discreta pero constante dentro del cine galo más elegante que revolucionario.

 

Ha firmado títulos como Une vie à t’attendre (2004), Le héros de la famille (2006) o Les yeux de sa mère (2011), siempre moviéndose en terrenos de drama con cierto aroma sofisticado, muy de personajes burgueses con más problemas emocionales que económicos.

 

No es un cineasta de grandes fuegos artificiales, más bien de cocción lenta y mirada a las relaciones humanas… aunque aquí haya billetaje de por medio como para comprar media Francia.

 

 

Cutrecomentario:

 

Película inspirada en la figura de Liliane Bettencourt, heredera de L’Oréal y protagonista de uno de los salseos más finos y escandalosos de Francia.

 

Vamos, que aquí hay dinero, poder y gente aprovechándose… o sea, un martes cualquiera en según qué círculos.

 

Esta es la típica peli que depende mucho de cómo entres. Si te metes en la historia, te lo puedes pasar bastante bien; si te quedas fuera mirando con distancia, igual te da más pereza que una sobremesa de domingo con cuñados.

 

El eje es la relación entre Isabelle Huppert (aquí como Marianne Farrere, y sí, está divina porque esta mujer ya nace con el modo “divina activado”) y el vividor de turno, Laurent Lafitte, que interpreta a Pierre-Alain Fantin, un tipo que empieza siendo simpático y acaba cayendo como una patada en el hígado. Es ese personaje que cuanto más habla, más deseas que alguien le quite la tarjeta de crédito… o directamente la palabra.

 

Lo curioso es que Marianne encuentra en este sujeto algo que no tenía: alguien que le habla claro, sin filtros, incluso con cierta zafiedad. Y claro, eso en un mundo de aduladores de lujo debe de ser como descubrir el fuego. El problema es que el fuego quema… y la cartera también.

 

La película juega mucho con esa incomodidad: ver cómo una fortuna descomunal se va diluyendo en manos de un tipo bastante impresentable.  Si eres de los que les duele tirar el dinero, aquí lo pasas regular. Da hasta angustia ver semejante despilfarro en alguien tan… poco recomendable.

 

Mención especial para Raphaël Personnaz como Jérôme Bonjean, el mayordomo. Probablemente el personaje más interesante: leal, contenido, casi representando lo que debería ser el entorno de Marianne, no lo que es. Un oasis de dignidad en medio del circo.

 

Por ahí también planea el escándalo político del marido, con ese pasado turbio como colaboracionista que añade una capa más de mala conciencia a tanto lujo.

 

Y esos momentos en los que los personajes miran a cámara y sueltan su discurso… curiosos, sí, pero también un poco de “oye, que te lo explico por si no lo has pillado”.

 

En conjunto, una película interesante, con material potente pero que podría haber dado bastante más de sí.

 

No es brillante, pero tiene ese puntito de morbo elegante que engancha lo justo.

 

Y Isabelle Huppert, claro. Siempre estupenda. Tan creíble como millonaria… aunque uno sufra viendo en qué se gasta el dinero.

 

Mi puntuación: 6,57/10.

 

 

 

Dirigido por Thierry Klifa:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La momia de Lee Cronin – Lee Cronin’s The Mummy – 2026 – Lee Cronin – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La momia versión “posesión infernal con arena en los zapatos”

 

Vamos con Lee Cronin, un director irlandés que le ha cogido gustillo a hacer sufrir al personal.

 

Se dio a conocer con Bosque maldito (2019), una de esas pelis de terror atmosférico con niños chungos que no invitan precisamente a montar una guardería.

 

Pero donde pegó el salto fue con Posesión infernal: El despertar (2023), heredera gamberra de la saga de Evil Dead, donde ya dejó claro que lo suyo es el terror sucio, visceral y sin muchas ganas de pedir perdón.

 

Aquí sigue esa misma línea: menos sustos finos y más “te dejo pegado a la butaca con cara de haber olido algo muerto”.

 

Y claro, con este currículum, lo de hacer una momia clásica… pues como que no iba a ser.

 

 

Cutrecomentario:

 

Estamos ante una versión muy libre del mito de la momia, tan libre que por momentos parece que alguien se ha equivocado de película y ha puesto El exorcista en vez de una de tumbas egipcias.

 

Porque sí, hay momia, pero lo que realmente tenemos aquí es una posesión en toda regla, con niña inquietante incluida y una casa que da más mal rollo que una reunión de vecinos con derramas.

 

A ver, uno recuerda con cariño aquellas aventuras de La momia (1999) con Brendan Fraser, que eran puro entretenimiento palomitero, con humor, acción y momias que daban más risa que miedo. Aquí no. Aquí Lee Cronin viene a mancharlo todo. Literalmente.

 

La peli empieza contenida, como diciendo “tranquilos, que voy a ser elegante”.

 

Pero poco a poco se le va yendo la mano hasta convertirse en un festival de lo desmedido: gore a saco, cosas muy sucias, momentos bastante asquerosos… de esos que te hacen apartar la mirada pero seguir mirando, porque somos así de básicos.

 

Además, tiene ese rollo de casa encantada que funciona bastante bien. La casa se convierte en un personaje más, y cuando la niña momificada empieza a hacer de las suyas, aquello se vuelve un sitio en el que no te quedarías ni aunque te pagaran la hipoteca.

 

¿El resultado? Pues un producto muy bien elaborado dentro de su género.

 

No es la momia de toda la vida, ni falta que le hace. Es más bien un cruce entre posesión demoníaca, terror doméstico y festival de vísceras. Y oye, funciona.

 

Divierte, da miedo, da asco… y a los fans del terror les da justo lo que buscan: un refugio donde pasarlo mal pero con gusto. Que al final, para eso venimos a estas películas. Para sufrir un rato y salir diciendo: “oye, qué bien lo he pasado pasándolo mal”.

 

Mi puntuación: 6,75/10.

 

 

 

Dirigido por Lee Cronin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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