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Plataforma Corral: De ida y vuelta – Dramaturgia Laura Garmo y Nacho León / Dirección: Cristina Marín-Miró – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Plataforma Corral: De ida y vuelta o cómo montar una conquista de América con cuatro actores… y salir victoriosos

 

Cristina Marín-Miró dirige este montaje con dramaturgia de Laura Garmo y Nacho León, una propuesta concebida específicamente para el Corral de Comedias de Almagro dentro de la Plataforma Corral.

 

Su trabajo se caracteriza por explorar nuevas formas de acercar el teatro clásico al público contemporáneo, combinando humor, música, participación del espectador y reflexión histórica sin perder nunca el carácter lúdico del espectáculo.

 

 

Cutrecomentario

 

El último espectáculo de mi paso por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro volvía a celebrarse en el incomparable Corral de Comedias. Y regresar allí siempre produce una sensación especial.

 

Si la noche tiene magia, el mediodía tiene otro protagonista: el calor manchego, que a las doce ya aprieta con ganas. Menos mal que sobre cada butaca nos esperaba un abanico de cartón.

Durante buena parte de la función, además de espectadores, nos convertimos en eficientes ventiladores humanos.

 

La propuesta reúne únicamente a cuatro intérpretes. Cuatro actores que no solo interpretan personajes: también recitan, cantan, bailan, tocan instrumentos musicales y cambian continuamente de registro con una facilidad admirable.

 

El montaje juega con el metateatro. Los propios actores representan distintas obras dentro de la propia representación, utilizando ese recurso para confrontar dos relatos completamente distintos sobre el descubrimiento y la conquista de América.

 

Por un lado aparece la visión tradicional, heroica e imperial que durante décadas nos vendieron los libros de texto, el cine histórico y el NO-DO.

 

Por otro, la mirada de los pueblos indígenas y la denuncia formulada por Fray Bartolomé de las Casas sobre la violencia, los abusos y la destrucción que acompañaron aquella conquista. Ese contraste constituye el verdadero corazón del espectáculo.

 

Resulta especialmente interesante comprobar cómo un tema histórico tan complejo puede abordarse desde el humor sin perder profundidad.

 

Hay números musicales, momentos de danza, mucho sentido del ritmo y una puesta en escena enormemente dinámica.

 

Uno de los recursos más simpáticos consiste en hacer participar al público.

Algunos espectadores son invitados espontáneamente a subir al escenario, donde reciben pequeñas intervenciones que se integran con naturalidad en la función.

Lejos de resultar un mero truco para arrancar risas, la participación termina formando parte del propio discurso teatral.

 

Quiero destacar especialmente al actor-espectador que interpreta al sacerdote.

Se entrega al personaje con una convicción extraordinaria y consigue algunos de los momentos más divertidos de toda la representación.

Es imposible no rendirse a semejante despliegue de energía.

 

El espectáculo anunciaba una duración de cincuenta minutos, pero acabó superando ampliamente la hora y veinte. Y, sinceramente, no supuso ningún problema. Cuando una función mantiene el interés y el ritmo, el reloj deja de importar.

 

Fue un magnífico colofón para las cinco representaciones que tuve la fortuna de disfrutar durante esta primera visita al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.

 

Y aquí termina también mi pequeño viaje.

 

Solo puedo dar las gracias a mi amigo Carlos Taillefer, responsable de que esta aventura haya sido posible y organizador impecable de unos días inolvidables.

 

Gracias también, de corazón, a Mila, Fernando y Javier, por su hospitalidad, su cariño y por hacerme sentir como en casa desde el primer momento.

 

Gracias a ellos he podido descubrir Almagro mucho más allá del festival.

Me llevo el recuerdo de una ciudad preciosa, llena de palacios, iglesias, conventos —hoy ya sin vida conventual—, calles amplias y una de las plazas mayores más hermosas de España.

Un lugar que respira historia en cada esquina.

 

Y no quiero terminar sin mencionar la alegría que supuso reencontrarme con los amigos de La Tropa, especialmente con Fernando de Luis-Orueta, una de esas personas que siempre recibe a todo el mundo con una sonrisa sincera y un afecto que se agradece muchísimo.

 

Me marcho con la sensación de haber descubierto uno de esos festivales que cualquier amante de la cultura debería visitar alguna vez.

No solo por el teatro. También por la ciudad, por su gente y por la maravillosa capacidad que tiene Almagro para hacer que uno quiera volver antes incluso de haberse ido.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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A quién contaré yo mis quejas – Concierto / Recital – Dirección: Rosa León y Pepe Viyuela – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

A quién contaré yo mis quejas o cuando Rosa León y Pepe Viyuela demostraron que los romances nunca pasan de moda

 

Rosa León y Pepe Viyuela firman la dirección artística de este recital-concierto, una propuesta que combina música, poesía y teatro para revisitar el romancero tradicional desde una mirada contemporánea.

 

Rosa León, una de las grandes voces de la canción de autor española, lleva décadas recuperando y difundiendo el patrimonio musical popular.

 

Pepe Viyuela, por su parte, ha desarrollado una brillante carrera teatral, televisiva y cinematográfica, con títulos como La gran aventura de Mortadelo y Filemón, Aída, El milagro de P. Tinto o _Planta 4ª, sin abandonar nunca los escenarios.

 

 

Cutrecomentario

 

Hablar de este espectáculo obliga a empezar por el lugar donde se representa: el Corral de Comedias de Almagro, probablemente el corazón del festival y uno de esos espacios que justifican por sí solos un viaje.

 

Es el único corral de comedias del siglo XVII conservado íntegramente en el mundo.

Cruzar su puerta es hacer un pequeño viaje en el tiempo. Su patio empedrado, las galerías de madera, los palcos y corredores conservan prácticamente la misma estructura que contemplaron los espectadores del Siglo de Oro.

Construido en 1628 por Leonardo de Oviedo en el patio de un antiguo mesón, sobrevivió durante siglos cambiando de uso hasta que, casi por casualidad, fue redescubierto en 1954 durante unas obras en la antigua taberna que ocupaba el edificio.

Desde entonces ha sido restaurado y convertido en el gran símbolo del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, donde los textos clásicos vuelven a representarse bajo las estrellas como hace casi cuatrocientos años.

 

Y solo por sentarse allí ya merece la pena la experiencia.

 

El espectáculo es una sucesión de romances tradicionales interpretados por Rosa León y recitados por Pepe Viyuela, que también participa ocasionalmente en algunas canciones.

 

El acompañamiento musical —cuerda, teclados, batería y una excelente segunda voz femenina— aporta una sonoridad muy cuidada y convierte el recital en algo mucho más rico que una simple sucesión de canciones.

 

Los dos grandes ejes del montaje están muy claros. Por un lado, la visión de la mujer en los romances tradicionales; por otro, la situación de quienes fueron marginados, perseguidos o expulsados por una sociedad intolerante. Y todo ello estableciendo constantes puentes con la realidad actual, demostrando que los clásicos siguen teniendo muchas cosas que decir.

 

Rosa León está sencillamente magnífica. Sorprende comprobar lo poco que ha cambiado su voz.

Conserva ese timbre cálido e inconfundible que tantas veces escuchamos hace décadas y mantiene una presencia escénica llena de serenidad y emoción.

 

Pepe Viyuela, mientras tanto, aporta el contrapunto humorístico.

Su gestualidad, sus silencios y esos ademanes tan característicos forman ya parte de su personalidad artística.

Hay momentos en los que siguen resultando muy divertidos y otros en los que uno tiene la sensación de estar viendo recursos demasiado conocidos.

Pero su simpatía y cercanía terminan imponiéndose.

 

Tuvimos además la fortuna de coincidir con Rosa León a la mañana siguiente durante el desayuno. No pude resistirme a felicitarla por el espectáculo y decirle lo sorprendentemente joven y estupenda que está.

Charlando con ella no pude evitar recordar aquellos primeros años de la Transición, cuando acudía a las fiestas del Partido Comunista y ella era una de las voces que sonaban constantemente, mucho antes de que pudiera verla en persona y cuando solo la conocía a través de aquellos viejos casetes.

 

Este recital demuestra que los romances siguen vivos cuando quienes los interpretan saben dotarlos de emoción, inteligencia y verdad. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el escenario del incomparable Corral de Comedias de Almagro.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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La vengadora de las mujeres De: Lope de Vega / Versión: Alfonso Plou y María López Insausti / Dirección: Carlos Martín – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La vengadora de las mujeres o cuando Lope de Vega inventó el feminismo… y luego apareció Cupido

 

Carlos Martín dirige esta producción de Teatro del Temple, compañía que supera ya las tres décadas de trayectoria y que alcanza con este montaje su espectáculo número 60.

 

Habitual del teatro clásico y contemporáneo, ha desarrollado una sólida carrera escénica junto a la compañía aragonesa, afrontando textos de Shakespeare, Valle-Inclán, Cervantes o Lope de Vega.

 

En esta ocasión dirige una inteligente versión de Alfonso Plou y María López Insausti, coproducida con la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

 

 

Cutrecomentario

 

La tercera función de mi recorrido por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro tuvo lugar en uno de los espacios más impresionantes del certamen: el Espacio Iberdrola (AUREA), instalado en la antigua iglesia del Monasterio-Universidad de Nuestra Señora del Rosario, un edificio renacentista del siglo XVI ligado a la Orden de Calatrava. Tras siglos de usos muy diversos —desde molino de aceite hasta fábrica de muebles—, el festival consiguió recuperar este magnífico espacio para convertirlo en uno de los teatros más bellos del país. Ver teatro clásico entre esos muros es ya media función.

 

Y luego llega Lope de Vega para hacer la otra media.

 

Porque hay algo que nunca deja de sorprenderme: qué modernos siguen sonando sus textos. En esta ocasión conocemos a Laura, una princesa culta, independiente y de fuerte personalidad que crea una escuela femenina para reivindicar la inteligencia y la capacidad de las mujeres. Incluso desafía a sus pretendientes con la espada, escondida tras una máscara de esgrima. Lo que escribe Lope hace cuatro siglos resulta sorprendentemente avanzado para su época.

 

Eso sí, estamos en una comedia del Siglo de Oro, así que al final el amor vuelve a poner orden en el tablero. Es una constante en muchas de sus obras: los personajes discuten, conspiran, se enfrentan… pero termina imponiéndose el sentimiento.

 

La función tiene además un ritmo magnífico. Los personajes cómicos funcionan de maravilla, los diálogos son ágiles y el verso vuelve a demostrar que puede ser enormemente divertido cuando está bien dicho.

 

Y aquí quiero detenerme en un detalle que para mí resulta fundamental: la dicción de los actores es impecable. Se entiende absolutamente todo. Parece una obviedad, pero no siempre ocurre. Después de alguna experiencia menos afortunada durante el festival, aquí da gusto comprobar cómo cada palabra llega con claridad al espectador. Y cuando un texto es tan brillante como el de Lope de Vega, comprender cada verso multiplica el disfrute.

 

La escenografía acompaña sin estridencias y permite que el auténtico protagonista sea el texto, interpretado por un reparto que mantiene el nivel de principio a fin.

 

Salí del teatro con la misma sensación que había tenido el día anterior con La dama boba: la de haber comprobado que los clásicos no necesitan rejuvenecer artificialmente para seguir vivos. Basta con interpretarlos bien. Y cuando eso ocurre, cuatrocientos años desaparecen de golpe y uno descubre que Lope de Vega sigue entendiendo al ser humano mejor que muchos autores contemporáneos.

 

Mi puntuación: 7,78/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La dama boba de Lope de Vega – Rodrigo Arribas – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La dama boba o cómo Lope de Vega demuestra que Cupido es el mejor profesor particular

 

Rodrigo Arribas lleva años dedicándose a acercar el teatro del Siglo de Oro al espectador actual desde la Fundación Siglo de Oro.

 

Como director y dramaturgo ha firmado montajes como La dama boba, El perro del hortelano, La francesa Laura, La tierra de jauja o Amor secreto hasta celos, siempre con la intención de que los clásicos respiren como si hubieran sido escritos ayer. 

 

Cutrecomentario

 

La segunda función de mi estreno en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro tuvo lugar en el Espacio Globalcaja, la Casa Palacio de los Villarreal, un precioso patio del siglo XVI convertido en teatro al aire libre. Aquí el techo no existe. Lo sustituye el cielo manchego, que por la noche refresca bastante menos de lo que uno agradecería, pero que aporta un encanto imposible de reproducir entre cuatro paredes.

 

Y entonces apareció Lope de Vega.

 

Porque el texto en verso de La dama boba sigue siendo una auténtica maravilla más de cuatro siglos después. No hay una sola sensación de museo. Todo fluye con una naturalidad asombrosa gracias a una adaptación que respeta el original mientras dialoga con el espectador de hoy.

 

La escenografía, aparentemente sencilla, resulta de una eficacia enorme. Unas puertas, unas cortinas y un continuo entrar y salir de los actores construyen un espacio dinámico que nunca deja de respirar. No hacen falta grandes artificios cuando las ideas funcionan.

Y funcionan.

 

Los intérpretes están sencillamente magníficos. Hay ritmo, precisión, sentido del humor y una naturalidad admirable para enfrentarse al verso sin convertirlo en una exhibición de declamación. Todo parece sencillo… precisamente porque está muy bien hecho.

 

Fue además un placer reencontrarme con Joaquín Notario, uno de esos actores que dignifican cualquier escenario con solo aparecer. Al día siguiente coincidimos en el restaurante Marqués, en la Plaza Mayor de Almagro, donde tuvimos ocasión de felicitarle personalmente por su interpretación. No pudo ser más cercano, amable y cariñoso. Da gusto comprobar que los grandes actores también pueden ser grandes personas.

 

La gran idea de La dama boba sigue teniendo una vigencia absoluta: el amor como fuerza capaz de transformar a las personas. Una hermana considerada inteligente acaba perdiendo pie mientras la supuestamente boba despierta gracias al descubrimiento del amor.

 

Detrás de la comedia, Lope habla de la capacidad de adaptación, especialmente de las mujeres, obligadas durante siglos a sobrevivir en un mundo construido por y para los hombres.

 

Y esa lectura sigue siendo plenamente contemporánea.

 

Confieso que hubo momentos en los que me emocioné de verdad. De esa emoción serena que solo producen las grandes obras cuando uno siente que está asistiendo a algo especial. Alguna lágrima furtiva terminó deslizándose por mi ya inevitablemente senil rostro.

No me avergüenzo lo más mínimo. Para eso existe el arte.

 

Mi puntuación: 8,98/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Cautivas por Cervantes – Emilio Manzano – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cautivas por Cervantes o cuando el verso necesita subtítulos

 

Emilio Manzano es dramaturgo, director de escena y creador escénico.

 

Su trabajo se mueve entre el teatro contemporáneo, la poesía y la investigación escénica, con una especial atención al diálogo entre los textos clásicos y las preocupaciones del presente.

 

Entre sus montajes destacan La grieta, Volverse pequeño, La yapa y este Cautivas por Cervantes, nacido de una residencia artística del propio Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro y estrenado en su 49.ª edición.

 

Cutrecomentario

 

Mi estreno en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro se produce gracias a la invitación de mi amigo Carlos Taillefer, magnífico organizador de este viaje cuyo objetivo era tan sencillo como irresistible: conocer Almagro, empaparme del festival y ver unas cuantas funciones.

 

La primera parada fue el Teatro Municipal, antes llemado Teatro Principal. Una auténtica bombonera neoclásica inaugurada en 1865, acogedora y elegante, de esas que todavía conservan el encanto de los teatros de toda la vida. Me recordó inevitablemente al Teatro Principal de Zaragoza, aunque en versión más íntima. El continente, desde luego, es una maravilla.

 

La propuesta de Emilio Manzano parte de textos como Los baños de Argel, La gran sultana y El gallardo español, estableciendo un puente entre el cautiverio vivido por Miguel de Cervantes y las distintas formas de cautividad contemporáneas: la guerra, la exclusión, la identidad o la condición de la mujer como víctima. La intención es tan ambiciosa como pertinente. 

 

Mi problema llega con la forma.

 

La declamación constante acaba resultándome agotadora. Lejos de acercarme al texto, termina levantando una barrera. Las tres actrices ponen sobre el escenario una entrega absoluta y un enorme compromiso interpretativo, pero el montaje juega en su contra.

 

Y aquí aparece el mayor obstáculo de la función: la microfonía. Las intérpretes actúan microfonadas y el sonido presenta una distorsión que dificulta entender buena parte del texto. Si a eso se suma una dicción que no siempre resulta cristalina, el espectador termina invirtiendo más energía en intentar descifrar las palabras que en dejarse llevar por ellas. Y eso, en una obra sustentada precisamente en el valor del texto, es un problema importante.

 

Siempre merece la pena sentarse en una butaca de teatro. Esa cercanía física con los actores tiene una magia que el cine jamás podrá reproducir. Pero, en esta ocasión, el esfuerzo de escuchar terminó pesando más que el placer de asistir a la representación.

 

Una lástima, porque detrás había una idea con mucho recorrido. A mí, sin embargo, esta primera cita con Cautivas por Cervantes me dejó bastante frío.

 

Mi puntuación: 4,35/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Tarzán de los monos – Tarzan, the Ape Man – 1932 – W.S. Van Dyke

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Tarzán era un culturista y Jane le robaba la película

 

W.S. Van Dyke fue uno de los grandes artesanos de la Metro-Goldwyn-Mayer.

 

Director rápido, eficaz y todoterreno, firmó películas tan importantes como Trader Horn, La cena de los acusados, San Francisco o María Antonieta.

 

Nunca fue un autor al estilo de Ford o Hitchcock, pero sabía contar historias con un ritmo endiablado y un enorme sentido del espectáculo.

 

Con Tarzán de los monos creó, además, la imagen definitiva del personaje para varias generaciones.

 

 

Cutrecomentario

 

Recuerdo haber visto esta película siendo un crío, en aquella televisión cuadrada en blanco y negro que presidía el salón de la casa de la calle Predicadores número 66, donde pasé prácticamente toda mi infancia.

 

La recordaba con muchísimo cariño.

 

Los elefantes arrasando el poblado, Tarzán peleándose con los leones… esas eran las imágenes que habían sobrevivido en mi memoria.

 

Lo curioso es que al revisarla, ya instalado oficialmente en eso que llaman tercera edad —que traducido al castellano significa que uno ya va siendo un anciano—, descubro que la verdadera protagonista de la película no es Tarzán, sino Jane Parker.

 

Y ahí aparece una Maureen O’Sullivan absolutamente esplendorosa.

 

Su personaje resulta fascinante precisamente porque está lleno de contradicciones.

 

Es una mujer decidida, viaja a África sin achantarse, sabe manejar un rifle y demuestra iniciativa… pero al mismo tiempo pasa media película gritando como si le pagaran por decibelios.

 

Tan pronto transmite valentía como desespera con ese aire de damisela permanentemente aterrorizada. Y, aun así, tiene un encanto irresistible.

 

Además, es ella quien toma realmente la iniciativa sentimental. Porque, seamos sinceros, Johnny Weissmuller está como un queso. Es un salvaje integral, apenas articula cuatro palabras, pero el físico ayuda bastante a la hora de enamorar a Jane.

 

Visualmente la película sigue teniendo mucho mérito. Se mezclan imágenes documentales rodadas en África con transparencias y trucajes que hoy resultan ingenuos, pero también bastante ingeniosos. Lo que en 1932 debió parecer un prodigio técnico sigue conservando un encanto artesanal difícil de imitar.

 

Y luego están las peleas de Weissmuller con leones, leopardos y demás fauna africana. Probablemente muchas estén aceleradas o montadas con todo tipo de recursos, pero el resultado sigue funcionando sorprendentemente bien. Da esa sensación de un Hollywood salvaje, donde todavía parecía que cualquier locura era posible delante de una cámara.

 

Eso sí, también hay que verla con el contexto histórico muy presente. La película rezuma supremacismo y racismo por los cuatro costados.

 

Los indígenas africanos aparecen retratados como personajes torpes, miedosos y caricaturescos, y la representación de otra tribu resulta todavía más llamativa. En un momento se habla de pigmeos, para acabar mostrando personas con acondroplasia caracterizadas como africanos. Vista hoy, esa representación resulta directamente incómoda.

 

Pero, haciendo el esfuerzo de contextualizarla y de separar la película de unos valores que hoy serían completamente inaceptables, sigue siendo un entretenimiento muy eficaz.

 

Conserva el aroma de las aventuras clásicas y esa capacidad que tienen algunos títulos de transportarte automáticamente a la infancia.

 

Y sí, lo confieso. Maureen O’Sullivan me vuelve a conquistar. Ya sé que su personaje es chillón, ya sé que resulta un poco ñoño por momentos… pero qué queréis que os diga. Me parece absolutamente encantadora.

Maureen, te adoro.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por W.S. Van Dyke:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Curiosidades de Tarzán de los monos (1932)

 

Aunque durante décadas muchos espectadores pensaron que los elefantes de la película eran africanos, en realidad eran elefantes asiáticos, mucho más fáciles de adiestrar. Para disfrazarlos les colocaron grandes orejas postizas y colmillos falsos, intentando que parecieran auténticos paquidermos africanos. En las secuelas abandonaron incluso ese truco, convencidos de que nadie apreciaría la diferencia.

 

Otro de los grandes misterios del cine clásico siempre ha sido el famoso grito de Tarzán. Durante años se dijo que había sido creado mezclando distintos sonidos en el estudio, pero tanto Maureen O’Sullivan como Johnny Weissmuller defendieron siempre que el alarido era completamente suyo. De hecho, Weissmuller llegó a reproducirlo en televisión, en el programa The Mike Douglas Show, para zanjar la discusión.

 

La producción dejó también una anécdota de lo más curiosa: varios de los monos utilizados durante el rodaje escaparon y acabaron estableciendo una población salvaje en la zona de Silver Springs, en Florida, donde sus descendientes siguieron viviendo durante décadas.

 

La película nació casi por casualidad.

MGM tenía una enorme cantidad de imágenes rodadas en África que habían sobrado de Trader Horn (1931), también dirigida por W.S. Van Dyke.

En un primer momento el estudio pensó unir a Trader Horn con Tarzán en una misma aventura, pero finalmente optó por dedicar toda la película al hombre mono, reutilizando buena parte de aquel valioso material documental.

 

 

 

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Ese oscuro objeto del deseo – Cet obscur objet du désir – 1977 – Luis Buñuel

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese oscuro objeto del deseo – 1977 – Luis Buñuel (Comentario con anécdotas y curiosidades publicado en 2016)

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ese oscuro objeto del deseo o cómo Buñuel convirtió el calentón en una obra maestra

 

Luis Buñuel no necesita presentación.

 

Es uno de esos cineastas irrepetibles que inventó un lenguaje propio y se fue dejando al resto intentando descifrarlo.

 

Del surrealismo de Un perro andaluz y La edad de oro al clasicismo envenenado de Viridiana, El ángel exterminador, Belle de jour, Tristana, El discreto encanto de la burguesía o El fantasma de la libertad, su filmografía es una sucesión de provocaciones, ironías y puñetazos a la lógica.

 

Ese oscuro objeto del deseo fue, además, su última película, un testamento cinematográfico a la altura de su leyenda.

 

La película fue nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa y al mejor guion adaptado para Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière.

 

También obtuvo una nominación al Globo de Oro como mejor película extranjera y recibió importantes premios de la crítica, entre ellos los del National Board of Review, la National Society of Film Critics, la Asociación de Críticos de Los Ángeles y el CEC al mejor director. 

 

 

Cutrecomentario

 

Ya escribí sobre esta película en 2016, así que no tenía sentido repetirme. Simplemente me apetecía volver a verla. Y, claro, volver a Buñuel siempre es una fiesta.

 

Porque la gran virtud de Buñuel es que hizo un cine que nadie había hecho antes… y que nadie ha vuelto a hacer después. Su universo sigue siendo absolutamente original. Hay directores con muchos imitadores; Buñuel no tiene ninguno.

 

Aquí, además, vuelve a colar esas bromas privadas tan suyas. Mientras asistimos a una historia de pasión enfermiza, aparecen atentados terroristas casi como ruido de fondo y ese delirante “grupo armado del Niño Jesús”, una de esas ocurrencias surrealistas que le hacían gracia al propio Buñuel, aunque medio patio de butacas se quedara pensando qué demonios acababa de ver. Y precisamente ahí reside parte de su encanto.

 

La película es, en el fondo, la historia de un deseo condenado a no satisfacerse jamás. Fernando Rey, magnífico como Mathieu Faber, vive obsesionado con Conchita, interpretada de forma insólita por Ángela Molina y Carole Bouquet. Y ahí está una de las ideas más brillantes de toda la película.

 

Lo normal habría sido utilizar una actriz para el lado apasionado y otra para el lado frío del personaje. Buñuel hace exactamente lo contrario: cambia de actriz cuando le da la gana, sin explicación alguna, sin seguir ninguna lógica psicológica. Y funciona. Sorprendentemente funciona. Dos mujeres completamente distintas acaban construyendo un único personaje de forma totalmente orgánica.

 

Y hay que decirlo: Ángela Molina está absolutamente deslumbrante. Su presencia en pantalla es magnética y ese inolvidable flamenco-striptease pertenece por derecho propio a la antología del cine español.

 

Mientras tanto, Mathieu se consume persiguiendo un deseo imposible.

 

Conchita lo seduce, lo rechaza, lo humilla, vuelve a acercarlo y vuelve a alejarlo.

 

El deseo nunca satisfecho acaba siendo mucho más poderoso que el deseo cumplido.

 

Da la sensación de que, si alguna vez hubiera consumado la relación, toda esa obsesión se habría evaporado en cuestión de minutos.

 

También aparece esa misoginia tan característica del cine de Buñuel, donde la mujer suele convertirse en objeto de fascinación, de deseo y también de desconcierto para unos hombres incapaces de comprenderla.

 

Puede discutirse, puede incomodar, pero forma parte inseparable de su mirada y aquí queda representada con una claridad extraordinaria.

 

Una genialidad más del maestro.

 

Una película que no pierde un gramo de personalidad casi cincuenta años después y que confirma que revisitar a Buñuel nunca es una pérdida de tiempo; es recordar que hubo un cineasta capaz de inventar un mundo que solo existía dentro de su cabeza.

 

Mi puntuación: 9,77/10.

 

 

 

Dirigido por Luis Buñuel:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-07-10 – Vaiana, cine hecho en Guadalajara y la animación domina la taquilla en Centauros de la Alcarria

12/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Centauros de la Alcarria en Nueva Alcarria

 

Podcast de Centauros de la Alcarria

 

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Lecciones de Cine: Entrevistas a cargo de Laurent Tirard. Clases magistrales de grandes directores explicadas por ellos mismos – Ensayo – 2003 – Laurent Tirard – #algunaveztambienleo

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Veintiún directores, veintiuna maneras de hacer cine… y ninguna receta mágica

 

Laurent Tirard era periodista y crítico de cine cuando tuvo una idea tan sencilla como brillante: hacer las mismas preguntas a algunos de los mejores directores del mundo para descubrir si existía una fórmula secreta para dirigir películas.

 

El resultado fue este magnífico ensayo, publicado originalmente en 2002 y editado en España en 2003, que recopila las conversaciones mantenidas con veintiún cineastas, muchas de ellas realizadas durante el Festival de Cannes para la revista francesa Studio.

 

Años después, Tirard se convertiría en director de cine con películas como El pequeño Nicolás o Las vacaciones del pequeño Nicolás

 

 

Directores entrevistados

 

  • John Boorman

  •  
  • Sydney Pollack

  •  
  • Claude Sautet

  •  
  • Woody Allen

  •  
  • Bernardo Bertolucci

  •  
  • Martin Scorsese

  •  
  • Wim Wenders

  •  
  • Pedro Almodóvar

  •  
  • Tim Burton

  •  
  • David Cronenberg

  •  
  • Jean-Pierre Jeunet

  •  
  • David Lynch

  •  
  • Oliver Stone

  •  
  • John Woo

  •  
  • Joel Coen

  •  
  • Ethan Coen

  •  
  • Takeshi Kitano

  •  
  • Emir Kusturica

  •  
  • Lars von Trier

  •  
  • Wong Kar-wai

  •  
  • Jean-Luc Godard

 

 

 

Cutrecomentario

 

Hay libros sobre cine que te cuentan cómo debería hacerse una película. Y luego está Lecciones de cine, que viene a demostrar exactamente lo contrario: que no existe una única manera de hacer cine.

 

Eso es precisamente lo más apasionante del libro.

 

Laurent Tirard formula prácticamente las mismas preguntas a todos los directores y descubre que cada uno responde algo completamente distinto.

 

No hay dogmas. No hay normas inamovibles. Solo hay cineastas intentando encontrar su propio camino.

 

Todos hablan de dónde colocar la cámara, de cómo preparar un rodaje, de la relación con los actores, del montaje o de la planificación de las escenas.

 

Y, sin embargo, casi ninguno coincide con el anterior.

 

Hay quien prepara cada plano al milímetro mediante un storyboard y quien llega al rodaje sin haber decidido todavía dónde pondrá la cámara.

 

Algunos aseguran que ruedan únicamente lo imprescindible.

 

Otros prefieren llenar kilómetros de celuloide con varias cámaras para construir la película después en la sala de montaje.

 

Hay una palabra que aparece constantemente: intuición.

 

Incluso los directores más meticulosos reconocen que, llegado el momento, la planificación puede saltar por los aires porque el plano perfecto aparece de repente delante de sus ojos.

 

Algunos incluso ruedan la versión que habían preparado y otra guiándose únicamente por el instinto para comparar cuál funciona mejor.

 

También resulta fascinante comprobar cómo cada uno entiende la dirección de actores.

 

Hay directores que hablan durante horas con cada intérprete en privado.

 

Otros apenas les dicen dos frases.

 

Algunos dejan total libertad para que los actores se muevan por el decorado y adaptan la puesta en escena a sus movimientos.

 

Otros hacen exactamente lo contrario y colocan a los intérpretes como piezas de un tablero de ajedrez.

 

Me llamó especialmente la atención Woody Allen.

Su filosofía es casi desarmante.

Coloca la cámara, sitúa a los actores delante de ella y procura darles las mínimas indicaciones posibles porque considera que, cuanto menos intervenga, más naturales serán las interpretaciones.

No es casualidad que ruede con una rapidez asombrosa.

 

Pero quizá la mayor enseñanza del libro no tenga nada que ver con la técnica.

 

Todos coinciden en que los directores se sienten especialmente cómodos cuando ruedan sus propios guiones, porque la película nace de una visión completamente personal.

 

Y, sobre todo, todos llegan a una conclusión que debería grabarse en mármol en cualquier escuela de cine: la mejor manera de aprender a hacer películas es viendo películas, analizándolas críticamente y, sobre todo, rodando. Equivocándose una y otra vez. Porque el cine no se aprende únicamente leyendo libros. Se aprende haciendo cine.

 

Si alguien busca un manual con recetas infalibles, se ha equivocado de libro.

 

Si, por el contrario, quiere escuchar cómo piensan algunos de los mayores cineastas de las últimas décadas, este ensayo es una auténtica clase magistral.

 

Y una de las más entretenidas que se pueden leer sobre el oficio de dirigir.

 

Mi puntuación: 8/10.

 

 

 

El autor es  Laurent Tirard:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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La noche de los generales – The Night of the Generals – 1967 – Anatole Litvak

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

CSI Berlín… con generales, nazis y asesino en serie.

 

Anatole Litvak fue uno de esos directores todoterreno capaces de moverse con soltura entre el cine negro, el drama y el thriller.

 

A lo largo de su carrera firmó títulos tan destacados como Anastasia, La serpiente de cascabel, La larga noche, Confesiones de un espía nazi o El viaje.

 

En La noche de los generales demostró una enorme habilidad para combinar géneros en una producción ambiciosa que mezcla el cine bélico con el suspense policíaco y el melodrama romántico.

 

La película obtuvo tres nominaciones a los Premios BAFTA (mejor dirección artística, mejor fotografía y mejor diseño de vestuario) y fue nominada también al Globo de Oro a la mejor banda sonora original, compuesta por Maurice Jarre.

 

 

Cutrecomentario

 

Reconozco que nunca había visto La noche de los generales y me ha llevado una agradable sorpresa.

 

Es una de esas películas que el paso del tiempo ha respetado muchísimo mejor de lo que cabría esperar.

 

Lo más curioso es cómo entrelaza tres tramas completamente distintas sin que el conjunto se resienta.

 

Por un lado, tenemos el romance entre un cabo, pianista antes de la guerra y convertido por accidente en héroe de la batalla de Stalingrado, y la hija de un general alemán, una mujer con un carácter bastante más independiente de lo habitual para la época.

 

Por otro lado, la película se adentra en la Operación Valkiria, aunque desde un punto de vista diferente al de Valkiria. Aquí no se centra tanto en los preparativos internos del atentado contra Hitler, sino en cómo se articula la conspiración entre los mandos militares destinados en París para acabar con el régimen nazi.

 

Y, como si todo eso fuera poco, aparece una tercera trama: la investigación del brutal asesinato de varias prostitutas.

 

El encargado de seguir las pistas es un obstinado mayor interpretado por Omar Sharif, un personaje que no abandona la investigación ni cuando esta pone en peligro su propia vida.

 

Décadas después será un inspector de Interpol, interpretado por Philippe Noiret, quien retome el caso para intentar cerrarlo definitivamente.

 

En el centro de todo está un extraordinario Peter O’Toole, dando vida a un general alemán despiadado y profundamente perturbador.

 

Aunque no sea el protagonista absoluto, toda la película gravita alrededor de su personaje, que desprende una inquietud constante cada vez que aparece en pantalla.

 

El resultado es un thriller bélico con ingredientes románticos y policíacos sorprendentemente bien ensamblados.

 

Todo fluye con naturalidad y mantiene el interés durante sus más de dos horas de metraje.

 

Es verdad que, vista hoy, hay momentos que desprenden un ligero tufillo a culebrón, pero nunca lo suficiente como para estropear una película que sigue funcionando extraordinariamente bien casi sesenta años después.

 

A veces uno revisita clásicos por obligación. En este caso, la sensación es la contraria: da rabia no haberla descubierto mucho antes.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

Dirigido por Anatole Litvak:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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The Killer (El asesino) – Dip huet seung hun (The Killer) – 1989 – John Woo

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

John Woo y la fábrica de balas infinitas

 

John Woo fue uno de los grandes responsables de revolucionar el cine de acción desde Hong Kong.

 

Su estilo, basado en tiroteos coreografiados como si fueran un ballet, el uso obsesivo de la cámara lenta y un sentido casi operístico de la violencia, influyó decisivamente en directores como Quentin Tarantino, Robert Rodriguez o las hermanas Wachowski.

 

Antes de dar el salto a Hollywood con Blanco humano, Broken Arrow (Alarma nuclear), Cara a cara o Misión: Imposible 2, firmó clásicos como A Better Tomorrow, The Killer (El asesino) y Hard Boiled (Hervidero)

 

La película obtuvo el premio a la Mejor Dirección para John Woo en los Hong Kong Film Awards, además de varias nominaciones, entre ellas mejor película, mejor guion y mejor fotografía.

 

Con el paso de los años se ha convertido en una de las obras más influyentes del cine de acción moderno.

 

 

Cutrecomentario

 

Recuerdo perfectamente cuándo vi The Killer (El asesino) por primera vez.

 

Salí del cine convencido de que aquello era el futuro del cine de acción.

 

Ese montaje frenético, los tiroteos perfectamente coreografiados, las dos pistolas empuñadas al mismo tiempo y esos cargadores que parecían conectados directamente a una central de fabricación de balas, porque nunca se vaciaban.

 

La historia también tenía su punto de romanticismo imposible.

 

Un sicario que mata con una frialdad pasmosa, pero que resulta tener un corazón de oro y procura proteger a mujeres y niños siempre que puede.

 

Esa contradicción era parte del encanto del personaje.

 

Luego está ella, convertida prácticamente en la clásica princesa doliente.

 

Pierde la vista tras un disparo cercano y, como médico, no puedo evitar sonreír.

 

Un disparo al lado de un ojo no provoca una opacidad corneal bilateral porque sí.

 

Pero bueno, si aceptamos las pistolas con munición infinita, tampoco vamos ahora a pedir un tratado de oftalmología.

 

Lo curioso es comprobar cómo la película ha envejecido bastante peor de lo que esperaba.

 

Aquellas escenas de acción que en 1989 parecían revolucionarias hoy dejan ver demasiado el artificio.

 

La cámara lenta, que entonces imponía, en algunos momentos provoca casi una sonrisa involuntaria.

 

Y la historia del asesino protector de la damisela necesitada de salvación también acusa el paso del tiempo.

 

La sensibilidad actual, especialmente tras el movimiento Me Too, ha convertido este tipo de relaciones en algo bastante más difícil de aceptar sin levantar una ceja.

 

Y qué decir de las interpretaciones… los actores están de risa. En su momento probablemente nadie iba al cine buscando matices interpretativos, sino ver cómo volaban los casquillos. Pero vistas hoy, algunas actuaciones parecen sacadas de un culebrón con pistolas.

 

Sigue siendo una película importante porque marcó un antes y un después en el cine de acción e inspiró a medio Hollywood.

 

Pero una cosa es reconocer su influencia y otra muy distinta fingir que el tiempo no le ha pasado factura.

 

A algunas películas los años las convierten en clásicos.

 

A The Killer (El asesino), en cambio, le han quitado bastante pólvora.

 

Mi puntuación: 5,73/10.

 

 

 

Dirigido por John Woo:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Once (Una vez) – 2007 – John Carney

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando dos almas rotas afinan la misma canción (o cómo enamorarse sin necesidad de besarse)

 

La ópera prima de John Carney ya contenía absolutamente todo lo que iba a desarrollar en el resto de su filmografía.

 

El director irlandés ha convertido la música en el auténtico motor de sus historias, siempre protagonizadas por personajes heridos que encuentran en las canciones una tabla de salvación.

 

Después llegarían Begin Again, Sing Street, Modern Love, Flora y su hijo Max y Letras robadas, todas ellas variaciones sobre un mismo tema: la música como refugio, terapia y oportunidad para empezar de nuevo

 

La película fue un fenómeno inesperado.

Ganó el Premio del Público en el Festival de Sundance, el Independent Spirit Award a la mejor película extranjera y la canción “Falling Slowly”, compuesta e interpretada por Glen Hansard y Markéta Irglová, obtuvo el Óscar a la mejor canción original.

Además, la banda sonora fue nominada al Grammy y el filme acumuló decenas de premios y nominaciones internacionales.

 

 

Cutrecomentario

 

He dejado esta película para el final de la filmografía de John Carney, aunque, curiosamente, es la primera que dirigió.

 

Y resulta fascinante comprobar que todo lo que caracteriza su cine ya estaba aquí desde el minuto uno.

 

Tenemos a un músico callejero desengañado, que canta versiones para sacar unas monedas mientras guarda para sí las canciones que realmente le salen del alma.

 

Entre actuación y actuación ayuda a su padre en una tienda de reparación de aspiradoras.

 

Ella es una inmigrante checa, casada, con una hija, que sobrevive limpiando casas o vendiendo flores.

 

Es pianista, pero ni siquiera tiene un piano donde tocar.

 

Dos personajes rotos, desvalidos y emocionalmente cojos que terminan encontrándose gracias a la música.

 

Y ahí está el auténtico corazón de la película.

 

La relación entre ellos no se construye a través del romance convencional, sino mediante las canciones.

 

La música habla por ellos, los une, los cura y les permite expresar todo aquello que serían incapaces de decir con palabras.

 

Es exactamente la misma idea que John Carney ha ido reinterpretando una y otra vez durante toda su carrera.

 

La puesta en escena también tiene mucho de experimento.

 

Cámara al hombro que no deja de moverse, fotografía grisácea, casi apagada, y un aire melancólico que impregna cada plano.

 

No busca la belleza perfecta, sino la verdad de unos personajes que parecen estar improvisando su propia vida.

 

Como ocurre con casi todas las películas de John Carney, estamos ante una de esas obras que conectan con el público con una facilidad asombrosa.

 

Probablemente porque no intentan impresionar, sino emocionar desde la sencillez.

 

Claro que, al ser la primera, el efecto sorpresa era mucho mayor.

 

Después vendrían otras excelentes películas, pero Once (Una vez) fue la que marcó el camino.

 

Y pocas veces un director ha dejado tan claro desde su debut cuál iba a ser su melodía durante toda una carrera.

 

Mi puntuación: 6,67/10.

 

 

 

Dirigido por John Carney:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Alcarria TV – Al Cine con Ramón y Diego – 2026-07-07 – Minions & Monsters, Supergirl

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para radio y televisión dedicado al cine y a las series.

 

Coordinado por José Luis Solano y con la presencia del productor y cinéfilo Diego Gismero y con la del crítico de cine Ramón Bernadó.

 

Espacio grabado en Zoom para Alcarria TV y EsRadio Guadalajara.

 

Se analizan las películas que son estrenadas en los Multicines Guadalajara y las series de todas las plataformas de streaming.

 

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Flora y su hijo Max – Flora and Son – 2023 – John Carney – Movistar Plus+

8/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Una guitarra encontrada en la basura vale más que cien terapeutas

 

John Carney lleva años empeñado en demostrar que una buena canción puede arreglar vidas que parecen irreparables.

 

El director irlandés alcanzó el reconocimiento internacional con Once, continuó explorando esa idea en Begin Again, la perfeccionó en Sing Street y volvió a insistir en ella con Flora y su hijo Max.

 

Su cine tiene una personalidad muy reconocible: personajes heridos, música como refugio y un optimismo que siempre está al borde de resultar empalagoso… aunque casi siempre consigue salir airoso.

 

La película fue seleccionada para el Festival de Sundance de 2023, donde tuvo una excelente acogida, y las canciones “High Life” y “Meet in the Middle” fueron preseleccionadas para el Óscar a la mejor canción original.

 

Además, recibió varias nominaciones en los premios irlandeses IFTA, entre ellas a mejor película, dirección y actriz protagonista para Eve Hewson.

 

 

Cutrecomentario

 

Había una película de John Carney que todavía tenía pendiente y, como era de esperar, vuelve a tocar la misma melodía de siempre: la música como elemento de salvación personal.

 

Cuando uno encuentra una fórmula que funciona, ¿para qué cambiarla?

 

Estamos ante una familia obrera completamente desestructurada. Los padres viven separados, el padre procura escaquearse siempre que puede de sus responsabilidades y Flora mantiene una relación explosiva con su hijo adolescente, Max. Se quieren, seguramente, pero lo disimulan francamente bien.

 

Todo cambia cuando ella encuentra una guitarra abandonada en un contenedor. La arregla con la intención de regalársela al chaval, aunque acaba siendo ella quien comienza a recibir clases online con un profesor estadounidense interpretado por Joseph Gordon-Levitt, estableciendo con él una relación bastante peculiar, a medio camino entre la amistad, la complicidad y algo que nunca termina de definirse del todo, tal vez, amor.

 

Como ocurre en casi toda la filmografía de John Carney, la música acaba convirtiéndose en el lenguaje que los personajes no son capaces de hablar con palabras. No solo ayuda a la madre, también sirve para tender un puente hacia ese hijo con el que parecía imposible entenderse.

 

La película está muy bien construida, tiene ritmo, resulta simpática y desprende un optimismo contagioso. Es de esas historias pensadas para que el espectador salga del sofá con una sonrisa. Vamos, la típica película de la que más de una señora de sesenta años saldrá diciendo: “¡Qué bonita!”. Y probablemente tenga razón.

 

Eso sí, también hay que reconocer que John Carney vuelve a pecar de lo mismo de siempre. Todo está bastante edulcorado, los conflictos parecen encontrar solución con relativa facilidad y la realidad queda suavizada por ese envoltorio de buen rollo que tanto le gusta al director.

 

Mención especial para Jack Reynor, que interpreta al padre de Max. Ofrece varios momentos de gran nivel y demuestra un carisma que más tarde volvería a aprovechar John Carney en otros proyectos.

 

También Eve Hewson sostiene la película con mucha personalidad, componiendo una protagonista imperfecta, impulsiva y bastante más compleja de lo que parece en un primer momento.

 

No es la mejor película de John Carney, pero sí otra muestra de ese cine suyo tan reconocible, tan amable y tan optimista que consigue que durante un rato uno crea que una guitarra encontrada en la basura puede cambiar una vida. Aunque luego llegue la factura de la luz y nos devuelva al mundo real.

 

Mi puntuación: 6,67/10.

 

 

 

Dirigido por John Carney:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Outcome – 2026 – Jonah Hill – Apple TV

8/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Muchos perdones que pedir.

 

Jonah Hill dirige, coescribe e interpreta esta comedia negra, su tercer largometraje como director tras En los 90 y el documental Stutz.

 

Se confirma como un cineasta interesado por personajes rotos, inseguros y en permanente búsqueda de identidad.

 

Aquí cambia los monopatines y la terapia por los excesos de Hollywood, firmando una película visualmente atractiva, dinámica y con un reparto de auténtico lujo. 

 

Como actor, Jonah Hill lleva años demostrando que es mucho más que el secundario gracioso de turno.

 

Saltó a la fama con Supersalidos, consolidó su popularidad con Infiltrados en clase y Infiltrados en la universidad, y sorprendió a quienes solo lo veían como cómico gracias a interpretaciones de enorme nivel en Moneyball: Rompiendo las reglas y El lobo de Wall Street, dos trabajos que le valieron sendas nominaciones al Óscar como mejor actor de reparto.

 

También ha dejado huella en títulos como No mires arriba, Juego de armas o poniendo voz a personajes de las sagas Cómo entrenar a tu dragón y La LEGO película.

 

Aquí vuelve a demostrar que se mueve como pez en el agua interpretando personajes incómodos, neuróticos y capaces de sacar de quicio al más paciente.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay actores que interpretan a un asesino implacable, a un hacker mesiánico o a un samurái de ciencia ficción. Y luego está Keanu Reeves, que aquí decide hacer algo todavía más difícil: interpretar a una estrella de Hollywood obligada a mirarse al espejo.

 

Su Reef Hawk empezó siendo un niño prodigio y, con los años, fue coleccionando enemigos con el mismo entusiasmo con el que otros coleccionan premios.

 

Tras cinco años limpio de heroína intenta regresar al cine, pero antes tendrá que enfrentarse a algo mucho más complicado que una adicción: los cadáveres emocionales que ha ido dejando por el camino.

La película utiliza una trama de chantaje como excusa para hablar de otra cosa mucho más interesante: la fama, el ego, el arrepentimiento y la dificultad de reconstruir relaciones que uno mismo se encargó de dinamitar.

 

Al final, el mensaje resulta bastante claro: es mucho más importante ser buena persona que una gran estrella. Parece una frase de taza de desayuno, pero aquí funciona sorprendentemente bien.

 

Me ha alegrado muchísimo volver a ver a Cameron Diaz después de tantos años prácticamente desaparecida de la gran pantalla. Conserva ese magnetismo tan natural que siempre ha tenido y aporta calidez al personaje de la amiga de la infancia que todavía cree que debajo del famoso sigue existiendo el chaval que conoció.

 

Y luego aparece Martin Scorsese en un pequeño papel que sabe aprovechar estupendamente. No será candidato al Oscar como actor, pero demuestra que delante de la cámara también sabe desenvolverse con bastante soltura. Tiene presencia, naturalidad y, sobre todo, ese carisma que no se aprende en ninguna escuela.

 

El abogado de crisis interpretado por Jonah Hill merece capítulo aparte. Es un personaje deliberadamente histriónico, excesivo y con tendencia a sacar de quicio al espectador. Supongo que esa era precisamente la intención. En algunos momentos lo consigue demasiado bien.

 

También resulta muy divertida la reflexión sobre los nuevos “roles” que cotizan al alza en Hollywood. Hay un momento especialmente brillante cuando alguien le hace ver a Reef que convertirse en víctima de una extorsión puede beneficiar incluso a su carrera, porque hoy en día el papel de víctima vende extraordinariamente bien. Es una pulla bastante afilada hacia una industria obsesionada con la imagen pública y la narrativa perfecta.

 

Los cinéfilos disfrutarán viendo a Keanu Reeves alejarse por completo de los fantasmas de Matrix, de John Wick o incluso de Speed. Aquí no reparte balazos ni salva el mundo. Lo único que intenta salvar es su conciencia, y eso resulta bastante más complicado.

 

Hay además un simpático cameo de Drew Barrymore, siempre encantadora, interpretándose a sí misma en su programa de televisión. Uno de esos pequeños regalos que hacen sonreír.

 

Visualmente, Jonah Hill rueda con mucho gusto. La fotografía es colorista, el montaje tiene ritmo y el conjunto posee un aire muy agradable.

 

Eso sí, es una película que parece diseñada para disfrutarse tranquilamente en el sofá de casa, exactamente donde Apple TV+ quería que la viéramos.

 

No reinventa el cine, ni falta que le hace. Es una sátira amable sobre Hollywood, sobre la cancelación, sobre las segundas oportunidades y sobre esa vieja verdad que muchos famosos descubren demasiado tarde: pedir perdón suele salir bastante más barato que contratar un abogado de crisis. 

 

Mi puntuación: 5,66/10.

 

 

 

Dirigido por Jonah Hill:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Hermanos – 2026 – Carol Rodríguez Colás, Marina Rodríguez Colás – #YoVoyAlCine

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Supersalidos cruzando la Diagonal

 

Las hermanas Carol Rodríguez Colás y Marina Rodríguez Colás ya demostraron con Chavalas que conocían el barrio desde dentro, sin paternalismos ni estampitas de postal.

 

Aquella fue una de las sorpresas más agradables del cine español reciente, con un retrato tan divertido como honesto de cuatro amigas cuyos caminos habían tomado direcciones muy distintas.

 

En Hermanos vuelven al mismo territorio, pero cambian el foco hacia la adolescencia masculina y la amistad entre tres chavales de la periferia barcelonesa.

 

Cutrecomentario

 

Las hermanas Rodríguez Colás vuelven a hacer cine de barrio.

 

Pero no ese barrio de postal que tanto gusta en algunos anuncios, sino el de verdad. El de las familias que llegan justas a fin de mes, donde sobrevivir es casi una asignatura obligatoria y donde la multiculturalidad ya no es una excepción, sino el paisaje cotidiano.

 

Los protagonistas son tres chicos de orígenes distintos que se sienten hermanos. De ahí el título.

 

La película arranca cuando uno de ellos conoce a una chica de un ambiente mucho más acomodado, una “pija”, como él mismo la define, cuya madre da trabajo a la suya limpiando la casa.

 

La invitación a una fiesta de cumpleaños en la zona alta de Barcelona desencadena una pequeña odisea que va complicándose conforme abandonan su barrio. 

 

La gran idea de la película no es la amistad, sino el peso que sigue teniendo el origen social. Porque por mucho que todos los adolescentes escuchen la misma música, vistan parecido o compartan redes sociales, hay fronteras invisibles que continúan separando unos mundos de otros.

 

El trayecto hasta la fiesta resulta casi más interesante que la propia celebración. Allí aparece ese tono agridulce que las directoras manejan con bastante habilidad. Sin levantar la voz ni convertir el relato en un panfleto, dejan claro que las diferencias de clase siguen marcando el destino de muchas personas.

 

Y aquí viene el spoiler de los gordos. El plano final resume toda la película. Mientras la niña rica, después de una noche de fiesta, se va tranquilamente a dormir, el chico del barrio humilde se queda limpiando. No hacen falta discursos sobre desigualdad cuando una sola imagen explica tan bien quién puede permitirse descansar y quién tiene que recoger los restos de la fiesta.

 

También resulta interesante comprobar cómo lo castizo ha cambiado de rostro.

 

Los barrios populares ya son plenamente multiculturales y esa diversidad aparece retratada con absoluta naturalidad, sin convertir a nadie en “el inmigrante de la película”.

 

En cambio, donde menos ha evolucionado la sociedad es en determinados sectores acomodados, que siguen observando a la clase trabajadora con una condescendencia apenas disimulada.

 

Las hermanas Rodríguez Colás continúan haciendo cine social, aunque lo envuelvan en una comedia costumbrista de apariencia ligera. Y ahí reside buena parte de su talento: entretienen mientras hablan de meritocracia, racismo, clasismo y orgullo de barrio sin necesidad de subrayarlo cada cinco minutos. 

 

No alcanza el frescor de Chavalas, que me sigue pareciendo una película superior, pero mantiene intacta la mirada de sus directoras: cercana, honesta y profundamente comprometida con unos personajes que rara vez ocupan el centro del cine español.

 

Mi puntuación: 6,66/10.

 

 

 

Dirigido por Carol y Marina Rodríguez Colás:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Los músicos – Les musiciens – 2025 – Grégory Magne – #YoVoyAlCine

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuatro Stradivarius y un guion con GPS incorporado

 

Grégory Magne es un director francés que ya había transitado la comedia amable con L’air de rien y Perfumes, seguramente su película más conocida.

 

En Los músicos vuelve a moverse en ese terreno de personajes enfrentados que tienen que aprender a convivir sin matarse con un atril.

 

Grégory Magne fue premiado como mejor director en el Festival de Cine Francés de Málaga por Los músicos. La banda sonora corre a cargo de Grégoire Hetzel.

 

 

Cutrecomentario

 

Los músicos parte de una premisa bastante atractiva.

 

Una rica heredera, Astrid Thompson, decide cumplir el sueño de su padre: reunir cuatro instrumentos Stradivarius para interpretar una obra inédita de un compositor que lleva más de treinta años sin ser expuesta públicamente.

 

El caprichito no es precisamente barato. Hay que contratar a cuatro grandes concertistas, localizar al compositor para que ponga orden en el gallinero, pagar una iglesia con una sonoridad especial y, por supuesto, intentar monetizar todo el tinglado con vídeos, eventos y exposición cultural de alto copete. Vamos, filantropía con factura y plan de marketing.

 

El conflicto nace de los egos. Los cuatro músicos son excelentes, pero cada uno viene con su talento, sus manías y su ego en tamaño sinfónico. Nunca han trabajado realmente como grupo y la película se centra en ese proceso por el que tendrán que aprender a tocar juntos, escucharse y funcionar como un cuarteto en lugar de como cuatro solistas peleándose por el oxígeno.

 

La idea fundamental de la película es clara: cuatro buenos músicos no hacen necesariamente un buen cuarteto.

Hace falta escucha, renuncia y algo de humildad, esa cosa tan rara en ciertos ambientes artísticos como una butaca cómoda en un cine antiguo.

 

El problema es que Los músicos es absolutamente previsible. Desde muy pronto sabemos cómo va a terminar. No cabe ni la más mínima duda. Y lo peor no es solo que el desenlace se vea venir con prismáticos de ópera, sino que también el desarrollo resulta bastante anunciado. Los choques, las reconciliaciones, las pequeñas revelaciones y el aprendizaje colectivo siguen un camino demasiado marcado.

 

La película tiene tono amable, no aburre y entretiene mínimamente. Pero tampoco sorprende. Va poniendo obstáculos con educación francesa, sin despeinarse demasiado, como si hasta los conflictos hubieran pedido permiso antes de entrar en escena.

 

Lo que salva la función es la música. Ahí la película sí respira. Escuchar esos instrumentos, entender algo de la sonoridad de los Stradivarius, ver cómo cada intérprete se enfrenta a la partitura y asistir a esa búsqueda de armonía tiene verdadero interés.

 

La música aporta emoción, elegancia y cuerpo a una historia que, sin ella, se quedaría bastante raquítica.

 

Porque esa es la cuestión: sin la música, esto sería una debacle bastante fina, con mantel blanco, pero debacle al fin y al cabo. La partitura funciona como flotador, salvavidas y equipo de reanimación cardiopulmonar. Y gracias a ella, Los músicos consigue salir a flote.

 

No estamos ante una gran película, sino ante una obra simpática, correcta y demasiado programada.

 

Un concierto agradable con un guion que desafina por previsible.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Grégory Magne:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Cosas que no olvidaré – Per te – 2025 – Alessandro Aronadio – #YoVoyAlCine

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Una vida que no podrá ser recordada.

 

Alessandro Aronadio se ha especializado en combinar comedia y drama con una naturalidad poco habitual en el cine italiano reciente.

 

Debutó con Due vite per caso, llamó la atención con Orecchie, continuó con la sátira religiosa Io c’è, dio el salto internacional gracias a Era ora (remake italiano de la española El increíble finde menguante) y ahora firma Cosas que no olvidaré, probablemente su trabajo más íntimo y emocional hasta la fecha. (Wikipedia)

 

La película obtuvo una nominación al Premio David Giovani en los Premios David di Donatello 2025, un reconocimiento otorgado por estudiantes italianos al filme que consideran más representativo de su generación. (FilmAffinity)

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que uno empieza a ver con la extraña sensación de que ya las ha visto. No porque sean un plagio, sino porque recorren caminos muy transitados.

 

Cosas que no olvidaré es una de ellas. Vuelve sobre ese terreno tan delicado como fértil de la superación personal frente a una enfermedad devastadora.

 

El protagonista, interpretado con enorme voluntad por Edoardo Leo, recibe un diagnóstico de demencia precoz.

 

Sabe que, poco a poco e irremediablemente, va a desconectarse de la realidad.

 

La memoria será la primera víctima, pero no la única.

 

Curiosamente, la película centra casi toda su atención en el olvido, cuando cualquier profesional sanitario sabe que una demencia también implica deterioro cognitivo progresivo, pérdida de capacidades funcionales y, muy especialmente, trastornos conductuales que suelen ser los que terminan desgastando y rompiendo el equilibrio familiar.

 

El verdadero conflicto no es tanto la enfermedad como la forma de convivir con ella.

 

¿Cómo le explicas a un niño de once años que su padre va a dejar de reconocer el mundo… y probablemente también a él? Ahí encuentra la película sus mejores momentos.

 

Alessandro Aronadio intenta navegar entre el drama y la sonrisa, utilizando pequeños instantes de humor para aliviar una historia que, de otro modo, sería casi insoportable.

 

A ratos funciona discretamente bien y consigue emocionar sin apretar demasiado el acelerador.

 

En otros momentos, sin embargo, el equilibrio se rompe y la maquinaria sentimental empieza a hacer demasiado ruido.

 

Ese es precisamente el principal problema de la película.

 

Como ocurre con muchas producciones basadas en hechos reales, aparece esa sensación de que alguien está moviendo los hilos para dirigir las emociones del espectador.

 

Hay escenas que nacen de forma natural y otras que parecen diseñadas con escuadra y cartabón para provocar el lagrimeo.

 

Y cuando uno percibe el truco, la emoción pierde parte de su fuerza.

 

Aun así, el trabajo de Edoardo Leo sostiene buena parte del metraje y evita que el conjunto caiga definitivamente en el melodrama más empalagoso.

 

La película intenta conmover desde la humanidad antes que desde la tragedia, y aunque no siempre acierta, se agradece el esfuerzo.

 

No descubre nada nuevo sobre el cine de enfermedades degenerativas, pero deja algunos momentos sinceros que consiguen quedarse en la memoria.

 

Paradójicamente, eso es precisamente lo que su protagonista sabe que acabará perdiendo.

 

Mi puntuación: 5.55/10.

 

 

 

Dirigido por Alessandro Aronadio:

 

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Akira (Animación) – 1988 – Katsuhiro Ōtomo – #YoVoyAlCine

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Neo-Tokio explota y yo necesito un blister de Enantyum

 

Katsuhiro Ōtomo dirigió Akira adaptando su propio manga, con guion coescrito junto a Izo Hashimoto.

 

La película se estrenó en Japón en 1988 y en España llegó a los cines en 1992.

 

Fue una superproducción de anime para la época, con un presupuesto citado entre 700 millones y 1.100 millones de yenes, según las fuentes, y se ha convertido en una de las grandes películas de culto de la animación japonesa.

 

Akira ganó el premio del público en el Festival de Cine Fantástico de Ámsterdam y su influencia posterior en la ciencia ficción, el cyberpunk y el anime occidentalizado ha sido enorme.

 

 

Cutrecomentario

 

Akira es animación, ciencia ficción, acción, thriller futurista, cyberpunk, posapocalipsis, holocausto nuclear, manga, body horror y película de culto. Vamos, que sólo le falta salir en Sálvame discutiendo con Lydia Lozano.

 

Reconozco que, si la había visto, la había olvidado totalmente. Y eso que no es precisamente una película discreta: explota todo, grita todo, se hincha todo y Neo-Tokio parece diseñado por un urbanista con fiebre y mala leche.

 

Es una película densísima, llena de ideas, personajes, tramas, subtramas, conspiraciones, militares, moteros, niños con poderes, científicos, políticos y gente corriendo por pasillos como si regalaran croquetas al fondo. Al final todo se une, sí, pero durante buena parte del metraje uno va agarrado al manillar intentando no caerse.

 

Tengo además un pequeño problema, y no es broma: prosopagnosia oriental. Me cuesta identificar rostros orientales. Y aunque el anime tiende a occidentalizar las caras, aquí he sufrido para separar personajes. A ratos no sabía si estaba viendo una trama nueva o al mismo señor con otro flequillo.

 

La película impacta, eso es indudable. Tiene imágenes poderosísimas, una animación brutal para 1988 y una energía visual que sigue siendo apabullante. Pero también me aturde. Mucho tiro, mucha explosión, mucha persecución y escenas que parecen alargarse dentro del mismo tono de caos permanente.

 

No niego su importancia histórica ni su condición de obra de culto. Sería absurdo. Pero tampoco voy a fingir que he visto la gran revelación mística del anime. A mí me deja más bien frío, como si me hubieran metido dos horas dentro de una batidora nuclear.

 

Y luego está Akira, que más que un personaje es una idea, una fuerza, una energía absoluta que irradian los seres vivos… o algo parecido. Tal vez sea eso. Tal vez sea otra cosa. Tal vez necesito leerme el manga con tila y una libreta.

 

Akira es monumental, influyente, excesiva y agotadora. Una película que admiro más de lo que disfruto. Y eso también pasa. No todo culto tiene que convertirse en religión personal.

 

No he puesto “steampunk” porque lo correcto aquí es más bien cyberpunk. Lo otro era ponerle chistera a la moto de Kaneda.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

Dirigido por Katsuhiro Ōtomo:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Amor apocalipsis – Amour apocalypse – 2025 – Anne Émond – #YoVoyAlCine

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el fin del mundo te deja en espera telefónica

 

La cineasta canadiense Anne Émond lleva años construyendo una filmografía muy personal, siempre interesada por personajes emocionalmente heridos y relaciones poco convencionales.

 

Entre sus trabajos más destacados figuran Nuit #1, Les Êtres chers, Nelly, Jeune Juliette y Lucy Grizzli Sophie.

 

Con Amor apocalipsis vuelve a combinar drama y comedia, esta vez envolviendo una historia romántica en un contexto de ecoansiedad y salud mental, sin perder ese tono tan peculiar que caracteriza su cine. (Wikipedia)

 

La película fue seleccionada para la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes de 2025 y obtuvo el Gran Premio del Festival de Cine Romántico de Cabourg. Además, fue la película de clausura del Festival Internacional de Cine de Toronto de 2025. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que parecen fabricadas en serie y otras que da la impresión de que sólo podían haber salido de la cabeza de una persona muy concreta. Esta producción canadiense pertenece claramente al segundo grupo.

 

La sorpresa ha sido agradable. Todo gira alrededor de Adam, un hombre profundamente deprimido, incapaz de relacionarse con normalidad con el mundo, amante de los perros, cuya vida social prácticamente se limita a su padre y a un amigo bastante desastre. Vive obsesionado con el cambio climático, el fin del mundo y las catástrofes naturales. Su psiquiatra ya ni se inmuta: receta antidepresivos, ansiolíticos y sedantes con la misma alegría con la que otros recetan ibuprofeno.

 

Pero la vida tiene estas cosas. Compras un aparato de luminoterapia y acabas enamorándote de la voz del servicio técnico.

 

Ahí aparece Tina, una mujer también llena de grietas, atrapada en una relación que hace aguas y con dos hijas adoptivas que tampoco le ponen precisamente fácil la existencia.

 

Entre ambos nace una relación extraña, poco convencional, difícil de explicar. No parece que se complementen. Simplemente sucede.

 

Él queda fascinado por una mujer encantadora; ella, por un tipo rarísimo que parece vivir permanentemente esperando el Apocalipsis.

 

La película está impregnada de un humor muy fino, que nunca ridiculiza a sus personajes. Se ríe con ellos, no de ellos.

 

A veces funciona de maravilla y otras veces chirría un poco, pero siempre mantiene un enorme respeto por unas criaturas profundamente vulnerables.

 

Las relaciones personales son frías, incómodas y bastante realistas, alejándose de cualquier idealización romántica. 

 

También resulta muy interesante el personaje de Romy, interpretado por Elizabeth Mageren (no Penélope Margaret, como a veces aparece citado erróneamente). Aporta una sensualidad muy especial a la historia y consigue que cada una de sus apariciones tenga un magnetismo inesperado. Es uno de esos personajes secundarios que terminan dejando más huella de la que aparentan.

 

Al terminar queda la sensación de haber visto una película tan extraña como su protagonista. No es una historia redonda ni pretende serlo.

 

Es una de esas rarezas que generan más preguntas que respuestas y que, precisamente por eso, resultan estimulantes.

 

Y deja una reflexión incómoda. Vivimos rodeados de noticias sobre guerras, crisis climáticas y futuros bastante poco halagüeños. Preocuparse por ello es lógico.

 

Lo que ya no parece tan buena idea es dejar que ese miedo acabe ocupando toda la vida, como le ocurre a Adam.

 

Porque si el mundo se acaba algún día, al menos que no nos pille habiendo renunciado antes a vivir.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Anne Émond:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La muerte de Robin Hood – The Death of Robin Hood – 2026 – Michael Sarnoski – #YoVoyAlCine

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Robin Hood se jubila… y nadie le organiza una fiesta

 

Hablar de Robin Hood es hacerlo de uno de los grandes mitos del cine y la literatura. Desde Robin de los bosques con Errol Flynn, pasando por Robin Hood: príncipe de los ladrones con Kevin Costner, Robin Hood de Ridley Scott con Russell Crowe, o incluso la gamberra Robin Hood, príncipe de los ladrones (¡Menudo héroe!) de Mel Brooks, el arquero de Sherwood ha sido reinventado una y otra vez. Ahora le toca el turno a desmontarlo.

 

Michael Sarnoski es uno de esos directores que parecen disfrutar llevando al espectador a lugares incómodos.

 

Debutó con la magnífica Pig, sorprendió haciéndose cargo de Un lugar tranquilo: Día 1 y ahora firma el guion y la dirección de esta revisión oscurísima del mito de Robin Hood.

 

Su cine suele girar alrededor de personajes rotos, llenos de culpa y de heridas, más emocionales que físicas.

 

Aquí vuelve a insistir en esa misma idea, aunque quizá se pasa de pesimismo. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Siempre me han fascinado esas historias, ensayos o películas que intentan desmontar los grandes mitos nacionales.

 

Descubrir que El Cid probablemente fue un mercenario que servía unas veces a los reinos de taifas y otras a los señores cristianos resulta mucho más apasionante que tragarse la leyenda oficial.

 

Los héroes casi siempre los fabrican siglos después de que se mueran.

 

Eso mismo hace aquí Michael Sarnoski con Robin Hood. Coge al héroe de postal y lo tira de cabeza al barro. Literalmente.

 

Este Robin Hood no roba a los ricos para dárselo a los pobres. Es un anciano agotado, fracasado y perseguido por su pasado. Ha sido un asesino, un violador, un ladrón despiadado y un auténtico bandido. Incluso en los últimos días de su vida, junto a quien conocíamos como Little John, ahora llamado Edward, sigue matando sin pestañear por un simple trozo de pan.

 

La película plantea que quizá este personaje se parezca mucho más al verdadero origen de la leyenda que el héroe romántico que tantas veces nos ha vendido Hollywood. Y esa idea resulta, de largo, lo más interesante de toda la propuesta.

 

El problema es que Sarnoski se recrea tanto en la miseria que acaba empachando.

 

Todo está cubierto por un tenebrismo constante.

 

Hay barro, mugre, sangre, ropa hecha jirones, suciedad y una sensación permanente de que nadie conoce el jabón desde hace tres generaciones.

 

El protagonista parece oler mal incluso a través de la pantalla.

 

Se entiende la intención, pero tanta cochambre termina siendo casi un personaje más.

 

Lo mejor llega al principio. La construcción del personaje durante los primeros minutos es magnífica y algunas escenas de violencia poseen una brutalidad seca y muy efectiva. Después, el relato entra en una melancolía permanente que apenas concede respiro y acaba pesando más que emocionando.

 

Afortunadamente aparece Jodie Comer, siempre magnética. Interpreta a una mujer dedicada a sanar a los demás mientras carga también con un pasado doloroso. Su presencia aporta algo de luz dentro de un universo donde prácticamente todo huele a derrota.

 

En conjunto queda una película profundamente triste. Una elegía sobre un hombre que descubre demasiado tarde que su leyenda era sólo eso: un relato.

 

Ahora que tanto se habla de “el relato”, esta película recuerda que muchas veces los héroes históricos no existen; existen las historias que otros escribieron sobre ellos.

 

No se sale del cine con ganas de coger un arco. Se sale bastante más destrozado. Exactamente igual que este Robin Hood.

 

Mi puntuación: 5,66/10.

 

 

 

Dirigido por Michael Sarnoski:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Los últimos días de María Antonieta – Le Déluge – 2024 – Gianluca Jodice – #YoVoyAlCine

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Reyes sin trono, sin peluca y sin escapatoria

 

Gianluca Jodice es un director italiano que ya había mostrado interés por los personajes históricos en decadencia con El mal poeta, centrada en Gabriele D’Annunzio.

 

También codirigió episodios de la serie 1992 y realizó el documental Searching for the Great Beauty, alrededor de La gran belleza de Paolo Sorrentino.

 

En Los últimos días de María Antonieta vuelve a mirar al poder cuando ya huele a humedad, miedo y final de trayecto.

 

Cutrecomentario

 

Estamos ante el relato de los últimos días de María Antonieta y Luis XVI, dos monarcas destronados —qué expresión tan hermosa, casi como “se acabó el catering de Versalles”— encerrados, degradados y esperando que la historia les pase por encima con zuecos revolucionarios.

 

La película no se centra en el juicio del rey ni en la revolución exterior. No quiere hacer una gran panorámica de masas, barricadas y cabezas rodando. Prefiere encerrarse con ellos y observar cómo se descompone su mundo íntimo, su dignidad, su higiene y su esperanza.

 

A veces parece que la mirada pertenece a Luis XVI, pero casi siempre termina imponiéndose la de María Antonieta.

 

Guillaume Canet está irreconocible como un rey educado, dócil, complaciente, casi resignado a que la realidad le vaya quitando capas como a una cebolla aristocrática.

 

Mélanie Laurent, magnífica, compone una María Antonieta rebelde, insumisa, consciente de que quizá su marido actúa con más prudencia, pero incapaz de tragarse la humillación sin morder un poco.

 

Todo el relato está envuelto en un halo de tristeza y degradación. La puesta en escena es muy académica, fría, plana, casi distante.

 

Gianluca Jodice observa desde lejos, sin agitar demasiado la cámara ni el ánimo. A veces esa frialdad resta perturbación, pero las interpretaciones de Canet y Laurent elevan mucho el conjunto.

 

Lo curioso es que la película está narrada desde el punto de vista de los reyes. Y eso genera una incomodidad interesante. Por un lado, estos monarcas destronados no inspiran demasiada piedad ideológica. Uno, puestos a elegir bando, estaría con los revolucionarios. Pero por otro lado resulta imposible no compadecerlos al verlos reducidos a seres humanos derrotados, sucios de miedo y limpios de poder.

 

También llama la atención cómo se representa a los revolucionarios: andrajosos, mugrientos, casi como una amenaza física frente al desesperado intento de los reyes por conservar cierto aseo, cierta compostura, cierto perfume de mundo desaparecido.

 

La revolución entra con barro en las botas.

La monarquía intenta seguir oliendo a jabón.

Spoiler histórico: ganó el barro.

 

Los últimos días de María Antonieta no es una película arrebatadora, ni especialmente vibrante, pero sí más que interesante.

 

Un relato sobrio, triste y bien interpretado sobre dos personas que habían nacido para mandar y acabaron aprendiendo, demasiado tarde, que la historia no pide permiso antes de cortar cabezas.

 

Mi puntuación: 7,57/10.

 

 

 

Dirigido por Gianluca Jodice:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Actividad de Ramón Bernadó en “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

Actividad en holasoyramon.com:

 

Crónica de “Lo que viene” Tenerife 2026 – Bocadillos de pata, croquetas perdidas, series, películas y mucha buena gente – #LQV26 – @PremiosFeroz

 

Winnipeg, el barco de la esperanza (Animación) – 2026 – Beñat Beitia, Elio Quiroga – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

 

El último mono – 2026 – Joaquín Mazón – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz- @PremiosFeroz

 

El inmortal (Serie TV) – Temporada 3 – 2 primeros episodios – 2026 – José Manuel Lorenzo (Creador) – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

 

Olivia (Serie TV) – 3 primeros episodios – 2026 – Flipy (Creador), David Troncoso (Creador) – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

 

 

 

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-07-03 – Robin Hood, una de tiros y cine de verano con Wilder Cinema

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Centauros de la Alcarria en Nueva Alcarria

 

Podcast de Centauros de la Alcarria

 

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Letras robadas – Power Ballad – 2026 – John Carney – #YoVoyAlCine

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

En busca del éxito perdido

 

John Carney vuelve a su terreno favorito: músicos heridos, canciones que parecen salvar vidas y personajes con más frustraciones que acordes.

 

Ya había tocado la gloria con Once, la nostalgia luminosa con Sing Street y el buenrollismo algo prefabricado de Begin Again.

 

En Letras robadas se queda justo en medio: ni obra maestra emocional ni postal con guitarra para vender tazas.

 

Una power ballad es una balada de rock que comienza de forma suave y emotiva y va creciendo hasta convertirse en una canción muy intensa, con guitarras eléctricas, batería potente y una interpretación vocal apasionada.

 

Fue un estilo muy popular en los años ochenta y principios de los noventa, especialmente entre las bandas de hard rock y heavy metal.

 

El título de la película Power Ballad hace referencia precisamente a ese tipo de canciones cargadas de emoción, nostalgia y épica romántica.

 

 

Cutrecomentario

 

De John Carney tengo sentimientos encontrados.

 

Sing Street, de 2016, me encantó. Conecté muchísimo con aquella película, con su música, con sus chavales y con esa energía juvenil tan bien afinada.

 

En cambio, Begin Again, de 2014, me dejó un regusto falso, demasiado complaciente, demasiado diseñada para abrazar al público con una manta calentita y una taza de infusión moral.

 

Letras robadas vive exactamente entre esas dos orillas.

 

Por un lado, funciona muy bien.

 

Paul Rudd interpreta a Rick Power, un hombre que pudo haber intentado triunfar en la música, pero interrumpió su carrera para cuidar de su hija.

No fue un año sabático, fue un año de paternidad, que suena menos glamuroso pero bastante más heroico.

Ahora canta en bodas, arrastrando ese resquemor de no saber qué habría pasado si hubiera seguido adelante.

 

Enfrente está Nick Jonas como Danny Wilson, antiguo miembro de una boy band, lo cual tiene su gracia porque el propio Nick Jonas sabe bastante de eso sin necesidad de apuntador.

Su personaje roba una canción y la convierte en un éxito.

Y ahí aparece la gran pregunta: ¿por qué una canción triunfa? ¿Por la melodía? ¿Por quien la canta? ¿Por quien la vende? ¿O porque contiene una verdad?

 

La película defiende que una canción conecta cuando transmite algo verdadero de su autor, aunque esa verdad sea incluso absurda.

Danny Wilson la interpreta como una canción de amor hacia su novia, pero debajo late otra cosa. Y eso es lo más interesante del relato.

 

También habla de la autoría artística.

¿Una canción pertenece al que tiene la idea, al que la desarrolla, al que la canta o al que la convierte en número uno?

En el mundo de la música, donde todo se monetiza hasta el suspiro desafinado, la pregunta tiene más miga que un bocadillo de calamares.

 

La película también reflexiona sobre renunciar al éxito en favor de la felicidad familiar.

Eso está muy bien planteado, porque no siempre la vida que no fue es mejor que la vida que tenemos. A veces el sueño frustrado solo parece maravilloso porque nunca tuvo que pagar hipoteca.

 

El problema es que John Carney vuelve a tirar de ciertos recursos buenrolleros que se ven venir desde Dublín con prismáticos.

El amigo desastre, el final feliz muy redondito, la emoción colocada justo donde toca…

Todo funciona para el gran público, pero también se le ven un poco las costuras al ensamblado. Y cuando uno ve las costuras, ya no está viendo magia: está viendo al sastre sudando.

 

Paul Rudd está muy bien, además cantando sus canciones con bastante solvencia.

Nick Jonas encaja perfectamente en el papel, casi jugando consigo mismo.

Pero quien más me ha gustado del reparto es Beth Fallon como Aja Power, la hija de Rick. Está estupenda, natural, fresca y con una presencia que ilumina muchas escenas sin necesidad de hacer aspavientos.

 

Letras robadas es una película simpática, entretenida y con ideas interesantes sobre el fracaso, la paternidad, el éxito y la propiedad de las canciones. Pero también es una película algo manipuladora, demasiado empeñada en caer bien.

 

Y claro, una cosa es que te canten una balada. Otra, que te la canten mirándote fijamente para que llores cuando ellos han decidido.

 

Mi puntuación: 6,57/10.

 

 

 

Dirigido por John Carney:

 

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