El Blog de Hola Soy Ramón!

 

Archivo de la Categoría: ‘Cine, cine, cine, más cine por favor…’

Capitanes de abril – Capitães de abril – 2000 – María de Medeiros

31/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando los claveles hicieron “clic” y se cayó una dictadura.

 

La directora


María de Medeiros debuta aquí en el largo como directora.

 

Venía (y viene) sobre todo del mundo de la interpretación, con una carrera internacional potente.

 

Como realizadora no tiene una filmografía extensa: este es su título más conocido detrás de la cámara y, básicamente, el que la coloca en el mapa como directora.

 

Poco más, pero no poco mérito.

 

Cutrecomentario holasoyramon


Esto es una lección de Historia con corazón, claveles y soldados que no parecen extras de Call of Duty.

 

La peli cuenta la Revolución de los Claveles sin solemnidad plomiza: hay emoción, idealismo y un punto naíf que hoy suena casi a ciencia ficción política.

 

A ratos parece una postal bonita… pero es que la revolución fue así: casi sin sangre y con flores en los fusiles.

 

Funciona mejor como relato humano que como cine épico, y eso juega a su favor.

 

No es una obra maestra, pero sí una película honesta, necesaria y bastante más entretenida de lo que uno espera cuando oye “golpe militar”.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por María de Medeiros:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Homo Argentum – 2025 – Mariano Cohn, Gastón Duprat – #YoVoyAlCine

30/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Manual práctico del argentino… con cariño y mala leche.

 

Mariano Cohn y Gastón Duprat forman uno de los dúos más afilados del cine argentino reciente.

 

Les debemos joyas como El ciudadano ilustre, Mi obra maestra y la serie Nada.

 

Su especialidad: la sátira incómoda, el retrato cruel y el humor que primero te hace reír y luego te deja pensando “uy”.

 

Vamos con el cutrecomentario.

 

Yo a estos dos los adoro, qué quieres que te diga.

 

Me han hecho reír mucho y aquí vuelven a hacerlo apoyándose en Guillermo Francella, que es uno de los grandes actores vivos, aunque su carrera se haya desarrollado sobre todo en Argentina.

 

Aquí se multiplica: 16 cortos, 16 personajes, 16 maneras de quedar regular como ser humano.

 

Como toda película episódica, es irregular.

 

Hay piezas que funcionan de maravilla y otras que pasan sin pena ni gloria, incluso alguna que no hace ni cosquilla.

 

Pero el conjunto tiene mala idea y eso siempre suma.

 

El primer episodio es demoledor: ese tipo que sale de una fiesta a fumar, provoca sin querer un desastre en la calle por la caída de una botella… y tarda tres minutos en olvidarlo.

 

Esa idea me parece brillante. Muy latina. Muy de vivir el presente.

 

Un danés o un sueco se traumaría de por vida; un argentino, un español o un italiano vuelve a la fiesta y a otra cosa. Y santas pascuas.

 

El retrato que hacen Cohn y Duprat del argentino medio es bastante cruel: individuos egoístas, muy pegados al dinero, a lo material, fácilmente seducibles por mujeres guapas y con una ética más bien flexible.

 

No hay piedad, pero tampoco odio: hay ironía y bastante lucidez.

 

Yo me he divertido.

 

No es una gran película, ni seguramente la mejor de sus directores, pero entretiene mucho.

 

Y ayuda, y mucho, su duración ajustada: 98 minutos. Bendita concisión cuando uno va al cine.

 

Homo Argentum no es redonda, pero es ingeniosa, maliciosa y agradecida.

 

Risas, espejo incómodo y salida temprana del cine.

 

Yo firmo.

 

#YoVoyAlCine ✔️

 

Mi puntuación: 6,68/10.

 

 

 

Dirigido por Mariano Cohn, Gastón Duprat:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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A nuestros amores – À Nos Amours – 1983 – Maurice Pialat – Cine Club Alcarreño

30/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Escapar de la familia.

 

Maurice Pialat fue uno de los grandes francotiradores del cine francés.

 

Un tipo incómodo, bronco y poco dado a la complacencia.

 

En su filmografía destacan Loulou, Police, Bajo el sol de Satán (Palma de Oro en Cannes) y Van Gogh.

 

Cine seco, áspero, muy pegado a las emociones y nada sentimental. Aquí juega en casa.

 

Vamos al cutrecomentario, que hay tela.

 

43 años después vuelvo a ver A nuestros amores y me doy cuenta de una cosa muy humana: la recordaba mejor.

 

O quizá yo era más joven, o más ingenuo, o ambas cosas.

 

Apenas conservaba recuerdos concretos, solo una buena sensación general.

 

Y claro, revisitar a veces es peligroso.

 

Lo primero que impacta es Sandrine Bonnaire, con 16 años, haciendo una interpretación colosal.

 

Ella es el centro absoluto de la película.

 

Todo pasa por su cuerpo, su mirada y su desconcierto vital.

 

La historia nos habla de su vida amorosa —o más bien sexual—, porque hay mucho sexo y poco amor.

 

Relaciones constantes, fugaces, casi mecánicas, como vía de escape.

 

Y es que la huida está más que justificada.

 

El retrato familiar es demoledor: un padre dominante y violento, una madre neurótica que estalla sin control y un hermano que, ante la ausencia del patriarca, asume sin pudor el papel de pegador suplente.

 

Con ese panorama, es lógico que la protagonista quiera salir corriendo de casa… aunque sea hacia sitios igual de confusos.

 

El sexo aparece aquí como refugio: placer, compañía, calor humano, aunque sea efímero.

 

No hay romanticismo ni idealización, solo supervivencia emocional.

 

En eso la película es honesta, incluso incómoda.

 

También está ese toque muy francés, con diálogos algo pedantes, intelectualoides, donde Pialat aprovecha para colar reflexiones sobre el arte, Picasso, la cultura… momentos que hoy chirrían un poco y que parecen más el director hablando consigo mismo que los personajes hablando entre ellos.

 

La película no ha envejecido mal, eso es cierto, pero tampoco ha ganado con el paso del tiempo en mi recuerdo personal.

 

Quizá esperaba algo más, quizá la memoria la había embellecido.

 

No es una mala película, ni mucho menos, pero ya no me ha causado el impacto que recordaba.

 

A nuestros amores sigue siendo una película potente, incómoda y valiente, con una Sandrine Bonnaire extraordinaria, pero esta revisión me ha dejado un poso ligeramente decepcionante.

 

A veces volver al pasado confirma que uno también ha cambiado.

 

Cine Club Alcarreño mediante, la experiencia sigue mereciendo la pena.

 

Mi puntuación: 6,58/10.

 

 

 

Dirigido por Maurice Pialat:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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F1: La película – F1: The Movie – 2025 – Joseph Kosinski – #YoVoyAlCine

30/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mucho motor, poco cine y cero emoción.

 

Joseph Kosinski es un artesano del espectáculo bien engrasado.

 

Ahí están Tron: Legacy, Oblivion y, sobre todo, Top Gun: Maverick, donde demostró que sabe mover máquinas, cámaras y testosterona como nadie.

 

El problema es que aquí vuelve a moverlo todo… menos las emociones.

 

Vamos con el cutrecomentario, que el semáforo ya está en verde.

 

Estamos ante una película que se ha paseado por la temporada de premios con una alegría difícil de entender, un drama deportivo centrado en la Fórmula 1, un universo que a mí me interesa cero patatero.

 

La mayor parte del metraje son carreras y más carreras: coches que aceleran, rugen, se adelantan, se chocan y vuelven a acelerar.

 

Con cascos, monos y bólidos prácticamente idénticos, yo no me aclaro quién es quién… y confieso que tampoco me importa.

 

Eso sí, hay que reconocerlo: el montaje es sensacional y el diseño sonoro es espectacular.

 

El rugido de los motores está tan bien trabajado que casi te vibra el asiento.

 

El problema es que todo ese despliegue técnico sostiene un guion simplón, visto mil veces, con la épica del fracaso, la superación personal y el triunfo final servidos con cucharón industrial.

 

Brad Pitt, con 62 años, está sorprendentemente en forma —parece que tenga diez menos— y cumple como estrella carismática.

 

Pero ni su presencia logra que la historia deje de ser de cartón piedra premium.

 

Quien de verdad anima el cotarro es Kerry Condon, magnífica como siempre y a la que venimos de disfrutar también en Sueños de trenes. Ella sí aporta verdad y humanidad.

 

Por ahí anda también Javier Bardem, profesional como la copa de un pino, cumpliendo con su papel sin estridencias ni especial brillo. Hace lo que puede con lo que le dan.

 

El conjunto es una película de diseño, pensada para gustar al gran público, para emocionar de forma automática y para funcionar como producto global.

 

Pero no aporta absolutamente nada nuevo al panorama cinematográfico y, al menos en mi caso, no despierta ni el más mínimo sentimiento.

 

Todo muy correcto, muy ruidoso y muy vacío.

 

F1: La película es cine de alta cilindrada y bajo voltaje emocional.

 

Mucho motor, mucha épica prefabricada y cero alma.

 

Yo, desde luego, me bajo del coche en la primera curva.

 

#YoVoyAlCine ✔️

 

Mi puntuación: 4,55/10.

 

 

 

Dirigido por Joseph Kosinski:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Return to Silent Hill – 2026 – Christophe Gans – #YoVoyAlCine

30/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el terror quiere ser profundo… y se le va la mano.

 

Christophe Gans es un viejo conocido del fantástico.

 

Su nombre quedó ligado a Silent Hill (2006), probablemente una de las adaptaciones de videojuego más dignas de su época, y también a El pacto de los lobos, título de culto con colmillos, katanas y exceso francés del bueno.

 

Menos suerte tuvo con La bella y la bestia, pero aquí vuelve a su terreno natural: la niebla, el trauma y el horror estilizado.

 

Vamos ya con el cutrecomentario, que hay materia.

 

Estamos ante un thriller psicológico con ramalazos de romance y bastante carga psiquiátrica.

 

De hecho, vista con cierta benevolencia, la película parece hablarnos —de forma muy torpe y metafórica— de la esquizofrenia y de la mente fracturada.

 

Desde ese ángulo, uno puede encontrarle algo de interés… si afina mucho el ojo y no se distrae con los monstruos.

 

La película está basada en un videojuego que confieso desconocer, lo cual no ayuda, pero tampoco debería ser excusa.

 

El problema principal es su protagonista, Jeremy Irvine, que resulta sorprendentemente mal actor para el peso que se le da.

 

Tiene presencia, sí, pero interpreta como si estuviera leyendo el manual de instrucciones del miedo.

 

Frente a él brilla con fuerza Hannah Emily Anderson, francamente formidable y muy por encima del material que maneja.

 

El contraste entre ambos es tan evidente que casi parece deliberado.

 

También funciona bastante bien la inquietante niña interpretada por Evie Templeton, que cumple con creces su cuota de mal rollo.

 

El gran problema de Return to Silent Hill es que lo quiere todo: símbolos, criaturas, traumas, horror corporal, jump scares y atmósferas opresivas… y lo mete todo con calzador.

 

Los clichés del cine de terror se amontonan hasta agotar un poco al espectador. Menos es más, amigos.

 

Curiosamente, cuando en el tramo final la película intenta explicar la historia desde la psicosis, es cuando parece adquirir cierta forma, cierta coherencia interna.

 

Llega tarde, pero llega. No salva la película, pero al menos la ordena.

 

No va a pasar a la historia del cine de terror, pero tampoco es un desastre absoluto.

 

Se deja ver, puede entretener a público adolescente y, sobre todo, a los fans del género y del videojuego original, que aquí encontrarán ecos y referencias suficientes para justificar la entrada.

 

Llama la atención, eso sí, que sea una producción francesa, en un género tradicionalmente dominado por Hollywood.

 

Los franceses no suelen prodigarse en el terror comercial, y cuando lo hacen, se nota… para bien y para mal.

 

Return to Silent Hill es irregular, excesiva y algo absurda, pero no completamente detestable.

 

Un viaje confuso entre la niebla, los traumas y el susto prefabricado.

 

Para fans.

 

#YoVoyAlCine ✔️

 

Mi puntuación: 4,52/10.

 

 

 

Dirigido por Christophe Gans:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Sin piedad – Mercy – 2026 – Timur Bekmambetov – #YoVoyAlCine

30/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando te juzga un algoritmo… Bendita seas Rebecca Ferguson.

 

Timur Bekmambetov es un director al que le encanta el exceso visual y los conceptos juguetones.

 

En su filmografía hay títulos tan reconocibles como Wanted (Se busca), Guardianes de la noche, Guardianes del día o Abraham Lincoln: Cazador de vampiros.

 

No es precisamente un fino estilista del guion, pero sí alguien con pulso para el espectáculo y las ideas high concept.

 

Y vamos ya con el cutrecomentario, sin analgesia.

 

Sin piedad es un thriller de acción que mezcla ciencia ficción, distopía e inteligencia artificial, ese tema que ahora vale para un roto y para un descosido.

 

Aquí la IA adopta forma humana —y qué forma— gracias a Rebecca Ferguson.

 

Y qué quieres que te diga: cualquier cosa que haga Rebecca Ferguson me parece bien, incluso cuando interpreta a una jueza algorítmica diseñada para ser fría, metódica y sin emociones… y acaba siendo sorprendentemente expresiva. Cosas del carisma.

 

En el otro lado del tablero está Chris Pratt, al que seguimos asociando a la comedia y a los dinosaurios de Jurassic World, pero que aquí encarna a un hombre acorralado por un sistema judicial que parece decidido a señalarle como culpable.

 

No está mal Pratt en registro serio, aunque tampoco descubre América.

 

La trama se va complicando con giros de guion constantes, algunos efectivos y otros bastante cogidos con alfileres.

 

Muchas vueltas de tuerca no son especialmente creíbles, pero si aceptas las reglas del juego y no te pones estupendo, la película se deja ver y entretiene.

 

Funciona a medio gas, pero funciona.

 

El planteamiento de fondo está bien tirado y abre un debate interesante —aunque poco profundizado— sobre justicia, tecnología y responsabilidad humana.

 

Pone el valor esa cosa tan humana y tan poco definible como el instinto.

 

Y dicho sea de paso: entre que me juzgue un juez tradicional o una inteligencia artificial, lo siento mucho por la judicatura, pero prefiero con ventaja a la IA. Al menos sabes que no ha desayunado torcido.

 

Sin piedad no es una obra maestra ni pretende serlo.

 

Es un thriller resultón, algo tramposo, con buenas ideas, peor desarrollo y una Rebecca Ferguson que siempre suma.

 

Ideal para verla sin darle demasiadas vueltas… que ya bastante vueltas da ella sola.

 

#YoVoyAlCine ✔️

 

Mi puntuación: 5,65/10.

 

 

 

Dirigido por Timur Bekmambetov:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Ídolos – 2026 – Mat Whitecross – #YoVoyAlCine

30/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Motores rugiendo, cerebros en punto muerto

 

Mat Whitecross es un director británico con amplia experiencia en documentales musicales y cine muy pegado al ritmo y al montaje.

 

En su filmografía destacan trabajos como The Road to Guantánamo (codirigida con Michael Winterbottom), Kingsman: El círculo de oro (segunda unidad y material adicional) y varios documentales sobre Oasis.

 

Por si tuviéramos poco con soportar al pésimo actor Mario Casas, nos llega Óscar Casas, su hermano pequeño, otro guapera musculado destinado a la carpeta adolescente.

 

Óscar actúa más o menos igual de regular que Mario, aunque con una ventaja objetiva: se le entiende lo que dice, que ya es un plus competitivo en esta familia.

 

Le acompaña Ana Mena, guapísima, sí, pero absolutamente desaprovechada: florero premium dentro de una historia que no sabe muy bien qué hacer con ella.

 

Una pena, porque había margen para algo más que mirar intensa al horizonte.

 

La película se ambienta en el mundo del motociclismo, un entorno que, siendo honestos, a mí me interesa una mierda.

 

Deporte caro, elitista y con olor a patrocinio desde el plano uno.

 

Aquí se mezcla drama deportivo, melodrama familiar, romance de saldo y culebrón de sobremesa: relación padre-hijo traumática, madre fallecida, silencios incómodos y frases que suenan a anuncio de colonia.

 

Eso sí, hay que reconocerlo: el montaje es excelente, las imágenes son potentes y el diseño sonoro está muy trabajado.

 

El problema es que todo eso recuerda sospechosamente a F1: La película, ese artefacto hipermusculado protagonizado por Brad Pitt que, incomprensiblemente, ha tenido recorrido en la temporada de premios.

 

Ídolos parece su clon de marca blanca, versión motociclismo, de esas que compras en el súper porque está de oferta y luego te arrepientes en casa.

 

No sabemos si se ha rodado directamente a rebufo de su “hermana mayor” norteamericana o si es una casualidad cósmica, pero el parentesco estético y narrativo es evidente. Mucho ruido, mucha épica de catálogo… y muy poca alma.

 

Ídolos es una película infame, hueca, diseñada para fans acríticos y que me provoca un rechazo bastante profundo.

 

Motores a tope, cine en punto muerto.

 

#YoVoyAlCine… pero a veces dan ganas de bajarse en la primera curva.

 

Mi puntuación: 2,62/10.

 

 

 

Dirigido por Mat Whitecross:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Hamnet – 2025 – Chloé Zhao – #YoVoyAlCine

30/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Shakespeare llora, el cine consuela.

 

Chloé Zhao sigue a lo suyo: cine contemplativo, naturaleza que respira y emociones a fuego lento.

 

Tras Nomadland, The Rider y el experimento fallido de Eternals, aquí vuelve al terreno donde mejor se mueve: el drama íntimo, la pérdida y el duelo mirados sin aspavientos.

 

No inventa el cine, pero sabe mirar.

 

Y ahora vamos al cutrecomentario, que es donde está la salsa.

 

Hamnet ha obtenido ocho nominaciones a los Óscar. Mejor película, dirección, actriz… 

 

Hamnet es un drama biográfico muy poco biopic.

 

El hecho central es la muerte del hijo de William Shakespeare, pero la película no mira al genio, mira a Agnes, la madre. Y ahí está la gran decisión narrativa y emocional del film.

 

Agnes es una mujer unida a la naturaleza, conocedora de las plantas medicinales, intuitiva, libre y profundamente conectada con la vida… y con la muerte cuando ésta llega sin avisar.

 

La película habla del duelo imposible, del vacío que deja un hijo y de la distancia emocional entre los padres cuando el dolor no se procesa igual.

 

Ella no soporta la pérdida ni la ausencia de su marido, refugiado en su trabajo y en Londres.

 

Entonces llega ese tramo final, cuando Agnes viaja y presencia la representación de Hamlet, la obra que su esposo ha escrito en memoria de su hijo.

 

Ahí comprende algo esencial: que el arte no borra el dolor, pero lo transforma.

 

Que no solo el tiempo cura, también la creación. Y eso es, sencillamente, precioso.

 

En el reparto destaca Jessie Buckley, absolutamente descomunal. Una actriz que nunca falla y que aquí está en estado de gracia.

 

La hemos visto brillar en La hija oscura, Men, Esto no va a doler (en televisión) y Estoy pensando en dejarlo, confirmando que es una de las intérpretes más interesantes del cine actual.

 

Aquí carga la película entera sobre sus hombros… y no se le cae.

 

La película es triste, intensa y profundamente conmovedora, pero nunca manipuladora.

 

Habla del arte como redención, como forma de supervivencia emocional, como legado frente a la muerte.

 

Y lo hace con una puesta en escena sobria, bella y coherente con el universo de su directora.

 

Hamnet es una estupenda película, delicada y dolorosa, que entiende el duelo desde la humanidad y no desde el melodrama.

 

Cine sensible, inteligente y necesario.

 

De los que no se olvidan fácil. 

 

Mi puntuación: 8,69/10.

 

 

 

Dirigido por Chloé Zhao:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Sueños de trenes – Train Dreams – 2025 – Clint Bentley – Netflix

30/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo levantar un país sin pegar un solo tiro.

 

Clint Bentley es un director al que conviene ir siguiendo la pista.

 

Aquí confirma que le interesa el cine de personajes, el tiempo que pasa y las vidas que no salen en los libros de Historia.

 

Antes ya había codirigido Jockey y se nota su querencia por el drama íntimo, seco, sin subrayados ni violines histéricos.

 

No es un director prolífico, pero sí bastante coherente.

 

Y vamos al lío, al cutrecomentario como Dios manda.

 

Estamos ante una película extraordinaria, pero no porque quiera epatar, sino porque va justo en la dirección contraria.

 

Esto no es un western clásico: es un neowestern, un romance contenido, un drama de los que te van calando poco a poco, ambientado a principios del siglo XX y con la construcción de los Estados Unidos como telón de fondo.

 

Pero ojo, no desde los pistoleros ni los grandes magnates, sino desde el americano bueno, el que trabaja, el que se esfuerza, el que no sale casi nunca en el cine… y que fue el que de verdad levantó el país.

 

El protagonista, al que da vida Joel Edgerton, es un hombre honrado, trabajador, paciente y bondadoso.

 

Un tipo que no empuña un arma en toda la película.

 

Y eso, en un western, ya es casi revolucionario.

 

La desgracia le acompaña, ve injusticias, desastres y lo peor que le puede pasar a un ser humano, pero aun así sigue adelante. Sin épica, sin discursos, sin venganza. Solo dignidad.

 

La película es sensible, delicada y profundamente humana.

 

Su nominación al Oscar a mejor película la ha catapultado y ha sido la causa de su visionado. En cualquier caso, es uno de esos títulos que pasan algo desapercibidos y que agradeces que Netflix rescate del ruido para que encuentre a su público.

 

En el reparto, mención especial para William H. Macy, que vuelve a demostrar que sabe estar brillante sin levantar la voz.

 

Felicity Jones y Kerry Condon funcionan como secundarias de auténtico lujo, aportando calidez, belleza y verdad a una historia ya de por sí muy bien armada.

 

Y como buen western —aunque sea atípico—, los paisajes y la naturaleza salvaje son descomunales: trenes, bosques, montañas y silencios que dicen más que muchos diálogos.

 

Sueños de trenes es una película hermosa, serena y profundamente recomendable.

 

Cine de verdad, sin pistolas, sin ruido y con alma. De las que se quedan contigo.

 

Mi puntuación: 8,89/10.

 

 

 

Dirigido por Clint Bentley:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Premios Feroz 2026 – Pontevedra, la gala, los premios y el famoseo

29/01/2026

 

 

 

 

 

 

Los domingos arrasan y la Gala no aprueba

 

En Pontevedra llovía en horizontal, se cenaba en redondo y el palmarés fue una apisonadora: Los domingos se llevó media vitrina. La otra media, el vino.

 

El pasado sábado, en el Pazo da Cultura de Pontevedra, se celebró la XIII edición de los Premios Feroz, los que entrega la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE). O sea: críticos, periodistas y gente que discute con pasión si una peli es “una obra maestra” o “un tupper recalentado”.

 

Y ahí estuve yo, vuestro humilde servidor, Ramón Bernadó, intentando hacer periodismo y no convertirnos en anfibios. Porque lo de Pontevedra fue precioso, sí… pero pasado por agua.

 

 

 

La AICE: los que reparten estatuillas… y también recortes

 

La AICE es un grupo plural de alrededor de doscientos periodistas y críticos de cine y series de toda España.

 

Desde 2014 entregan los Premios Feroz y, además, reparten otros galardones en festivales: el Feroz Zinemaldia en San Sebastián, el Feroz Puerta Oscura en Málaga y el Feroz Cinema Jove al mejor corto, entre otros proyectos y saraos cinéfilos.

 

Y ojo, que este año la AICE también ha sido noticia por “la poda”.

 

Se habló de unos 200 miembros y de que se “eliminó” a una cuarentena porque la Junta consideró que su actividad ya no era suficiente.

 

Vamos, que aquí no solo hay nominaciones: también hay expulsiones.

 

Yo, como fundador desde 2013 (sí, del pleistoceno Feroz, cuando aquello era pequeño y se hacía en Madrid con cara de experimento), sigo dentro.

 

Estoy contento.

 

Y un poco tenso, como cuando te llama el banco y no sabes si es para darte un premio o una comisión.

 

 

 

 

Pontevedra y el tiempo: turismo peatonal, lluvia a presión

 

Pontevedra es una ciudad amabilísima: casco histórico peatonal, iglesias estupendas, mucha historia y un centro para pasearlo con calma.

 

Y se come muy bien y muy barato, que esto en una crónica cultural debería ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

 

El problema fue el temporal: aquí llovía con dos modos posibles.


Modo A: “chispea”.


Modo B: “diluvio universal”.


Cuando llovía suave intentábamos hacer vida; cuando llovía fuerte, directamente te planteabas pedir una canoa por Glovo.

 

La organización, eso sí, se ha volcado: Pontevedra cerraba un ciclo bianual como sede y, en los meses previos, la Boa Vila ha tenido proyecciones, coloquios y encuentros con gente de la industria, con una respuesta del público estupenda.

 

Aquí se han tomado en serio lo de ser ciudad de cine.

 

Con paraguas, pero de cine.

 

 

 

 

 

 

La gala: cena redonda, vino lineal y un guion con curva peligrosa

 

Los Feroz mantienen su sello: formato cena, mesas redondas, se come antes y durante (sí, durante), y el vino suele estar más presente que algunos nominados. Por algo se dice lo de “los Goya, pero con vino”.

 

La retransmisión fue por La 2 y RTVE Play, con Aitor Albizua poniendo comentarios en directo.

 

Y sobre el papel, el guion era “ocurrente y descarado”, firmado por Diego Soto y Javier Durán.

 

Sobre el papel. Porque luego… luego pasan cosas.

 

 

 

 

 

Los presentadores: cuatro perfiles, una misma cara de “¿esto era así?”

 

Presentaban Petra Martínez, Samantha Hudson, Elisabet Casanovas y Antonio Durán ‘Morris’.

 

Un cuarteto heterogéneo y con talento, sí.

 

Pero mi sensación desde la sala fue clara: demasiado encorsetados, poca espontaneidad y un guion que les ponía piedras en el camino.

 

Y es una pena, porque con esa mezcla podía haber salido una fiesta elegante o una gamberrada brillante.

 

Pero se quedó en una cosa rara: ensayada hasta el tuétano, larga (más de dos horas) y con momentos donde se notaba la incomodidad.

 

En cristiano: la gala, este año, no aprueba.

 

Y no por falta de ganas, sino por exceso de corsé.

 

 

 

 

 

Los mejores momentos: cuando la vida se coló por las rendijas

 

El recuerdo a Adamuz.


La presidenta María Guerra abrió con el corazón encogido por el trágico accidente ferroviario de Adamuz, y el teatro se puso serio de golpe.

 

 

El Feroz de Honor.


Marta Fernández-Muro subió a recoger “un premio que me encanta”.

Veterana, simpática, con ese humor de quien ha sobrevivido a décadas de industria sin perder el colmillo.

 

 

La reivindicación de la bondad.


Julia de Castro, premiada por Poquita fe, defendió la bondad y pidió bajar la intensidad de la violencia verbal.

Una intervención con fondo (y falta nos hace).

 

 

Las series diarias alzando la voz.


María Castro y Marta Costa (sí, las de La Promesa) recordaron, con retranca, que hay series que levantan audiencias como catedrales y luego en premios van “de visita”.

 

 

El momentazo espontáneo.


Ana Marchesi (actriz con parálisis cerebral) se marcó una intervención divertidísima y sin filtros. De lo mejor de la noche precisamente por lo que faltó en otras partes: naturalidad.

 

 

 

Y sí, Albert Serra en modo Albert Serra.


Se llevó el Arrebato de no ficción por Tardes de soledad y dejó claro que, cuando sale a hablar, no pide permiso: ocupa el plano.

 

 

 

Los premios: Los domingos arrasa y el resto intenta sobrevivir

 

Vamos al turrón: el palmarés tuvo una reina clarísima. Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, lideró el palmarés con cinco estatuillas. Una manita. Como quien no quiere la cosa.

 

Mejor película dramática.


Premio Feroz SGAE a la mejor dirección para Alauda Ruiz de Azúa.


Mejor actriz protagonista para Patricia López Arnaiz (su cuarto Feroz).


Mejor actriz de reparto para Nagore Aranburu.


Premio Feroz DAMA al mejor guion (también para Alauda Ruiz de Azúa).

 

Y ojo al dato: Los domingos ya venía “calentando” desde el Festival de San Sebastián, donde la AICE la distinguió con el Feroz Zinemaldia y se fue también con la Concha de Oro. Esto no fue sorpresa: fue confirmación.

 

 

 

 

En comedia, la ganadora fue La cena.

 

Y en Maspalomas cayeron dos premios muy celebrados: mejor actor protagonista para José Ramón Soroiz y mejor actor de reparto para Kandido Uranga.

 

 

 

Otra gran conversación de la noche fue Sirât, de Oliver Laxe, que se llevó mejor música original (para Kangding Ray) y mejor tráiler (para Aitor Tapia).

 

 

 

También se mencionó su doble nominación al Oscar (película internacional y sonido), con presencia de Laia Casanovas, integrante del equipo de sonido íntegramente femenino. Titular de los bonitos, sin confeti.

 

 

 

Series: empate técnico entre Yakarta y Poquita fe

 

En series, reparto salomónico: de los siete premios posibles, tres para Yakarta y tres para Poquita fe.

 

Resultado: drama y comedia felices y todos contentos.

 

Javier Cámara suma ya tres Feroz en su carrera, de nuevo con una serie creada por Diego San José, que además recogió el premio al mejor guion junto a Daniel Castro y Fernando Delgado-Hierro.

 

En Poquita fe, doble alegría: mejor actriz protagonista para Esperanza Pedreño y mejor actriz de reparto para Julia de Castro. Ambos, primer Feroz.

 

Y otro debut feliz: Secun de la Rosa ganó como actor de reparto por Superestar y dejó la frase de la noche: que era curioso ganar el primer premio llamándose “Secun”. El universo, cuando quiere, tiene guionistas.

 

 

 

 

El famoseo: lo que no sale en el palmarés

 

Lo mejor del famoseo no es la foto, es la conversación.

 

Después de la gala, con música y fiesta, se mezclan premios, nominados y saludos eternos.

 

Charlé un buen rato con Oliver Laxe, tipo sereno y amable, sobre los Oscar y lo que significa estar ahí. Ya estar es un éxito enorme, y él lo vive con calma.

 

Vi a Nacho Vigalondo, mosqueado por un chiste poco afortunado. Le dije que tenía que presentar él la gala y me respondió: “a ver si me llamáis”. Pues eso.

 

Encontré a Leticia Dolera, la felicité por Pubertad y cayó foto. Porque uno será crítico, pero también humano.

 

 

 

Y Patricia López Arnaiz, feliz y agradecida, ya es institución feroz. Cuarto premio. Marca registrada.

 

 

Mencionar la presencia de la actriz internacional María de Medeiros, de la película Una quinta portuguesa. Amable y simpática. Le brindé una sentida reverencia.

 

 

 

 

 

Cierre: Pontevedra se despide, los Feroz siguen… y la gala tiene deberes

 

Pontevedra cierra su etapa como sede con implicación total y números de primera división.

 

El palmarés ha sido coherente y los Feroz siguen siendo el termómetro más afinado del cine y las series españolas.

 

¿La gala? Con menos corsé y más ritmo habría volado. Así, se dejó ver… pero no enamoró. Y en una fiesta con vino, lluvia y cine, no enamorar tiene mérito.

 

Nos leemos en la próxima.

 


Y por favor: el año que viene, un Feroz con calefacción. Aunque sea en un Ikea.

 

 

 

 

 

 

 

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FANTASÍAS ANIMADAS DE AYER Y HOY – Cine de Animación – Bichobola – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

FANTASÍAS ANIMADAS DE AYER Y HOY


Cine de Animación


Primero fueron los llamados Juguetes Ópticos: Linterna Mágica, Zootropo, Praxinoscopio, Teatro Óptico, …, antes de que el Cinematógrafo naciera.
Dar vida a objetos inanimados es en esencia lo que conocemos como Cine de Animación.


En este monográfico recorremos su historia, desde la animación primitiva a la era digital; las diferentes técnicas de animación: Película de Siluetas, Pixelización, Dibujos Animados, Stop-Motion, …; los principales estudios: Disney, Pixar, Ghibli, Dreamworks, …; y algunos nombres propios.


¡Te esperamos…anímate!

 

 

 

 

 

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Bombshell: La historia de Hedy Lamarr (Documental) – Bombshell: The Hedy Lamarr Story – 2017 – Alexandra Dean

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Hedy Lamarr fue estrella, inventora y “nadie me hizo caso”, todo a la vez.

 

Alexandra Dean viene del periodismo y el documental, y ha contado esta historia con enfoque de investigación: el gancho clave del filme es darle voz a Hedy Lamarr usando unas cintas de casete con una entrevista telefónica grabada en 1990 que aparecieron décadas después (las encontró el periodista Fleming Meeks).


Aquí su gran mérito es el montaje: no “hablan sobre ella”, sino que ella también responde desde el pasado.

 

Bombshell: La historia de Hedy Lamarr es el típico documental que empieza con el cliché (“la mujer más guapa del cine”) y te lo desmonta con una sonrisa amarga: sí, Hedy Lamarr fue mito de belleza y estrella de Hollywood, pero debajo del glamour había una cabeza privilegiada y una biografía con más curvas que un peinado de los 40.

 

Lo que lo hace adictivo es la mezcla de testimonios y voces conocidas (aparecen Mel Brooks, Diane Kruger, Peter Bogdanovich, además de familiares y gente de su entorno) con el ingrediente estrella: la propia voz de Lamarr en esas cintas, ya mayor, soltando recuerdos con ironía y cansancio de haber sido reducida a “cara bonita”.

 

Y luego está la parte que te deja con cara de “¿perdona?”: su faceta de inventora.

 

El documental explica cómo su trabajo en comunicaciones (el famoso frequency hopping, desarrollado con George Antheil) acabó siendo precursor de tecnologías modernas de comunicaciones inalámbricas.

 

Y ahí entra el drama fino: en plena II Guerra Mundial, la idea estaba, pero el reconocimiento y el caso práctico llegaron tarde, mal y con el entusiasmo de un funcionario un lunes.

 

Lo más bestia es el contraste: del “esplendor” (Hollywood, matrimonios fallidos, mito) a la incomprensión y al “oye, que además de guapa soy útil”.

 

Y lo cuenta sin santificarla: fascinante, sí; cómoda, no siempre.

 

Por eso funciona: porque te enseña un personaje de cine… y también de ciencia.

 

Documental muy interesante y muy bien armado, que rescata a Hedy Lamarr del museo de “la más guapa” y la devuelve donde toca: a la historia del cine… y a la de las ideas que cambiaron el mundo.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por Alexandra Dean:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

Hedy Lamarr: actriz, refugiada, inventora… y gran borrada de la historia

 

 

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La ley de Herodes – 1999 – Luis Estrada – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El paisano incorruptible.

 

Luis Estrada es uno de los grandes satíricos políticos del cine mexicano.

 

Su filmografía va directa al cuello del poder: La ley de Herodes (1999), Un mundo maravilloso, El infierno y La dictadura perfecta.

 

Vamos, que lleva décadas demostrando que la realidad política mejora mucho cuando se rueda en clave de comedia salvaje.

 

Descubrimiento en pantalla grande de una película poco vista por aquí, porque muchas joyas del cine mexicano se quedan al otro lado del charco.

 

Y esta no es una cualquiera: La ley de Herodes está considerada una de las mejores películas mexicanas de todos los tiempos. En 1999 arrasó con 10 premios Ariel (incluidos mejor película y director) y 14 nominaciones, y en el año 2000 pasó por la Seminci de Valladolid, donde Damián Alcázar se llevó el premio a mejor actor y Norman Christianson el de mejor fotografía. Avalada va, desde luego.

 

La historia es tan simple como demoledora: un alcalde nombrado a dedo, interpretado por Damián Alcázar, llega al cargo siendo un hombre honesto… y tarda lo justo en corromperse hasta niveles industriales.

 

Todo a pequeña escala, sí, pero con ambiciones muy grandes y beneficio exclusivamente personal.

 

Alcázar está monumental, y no es casualidad: después vendrían papeles clave como en El infierno o Narcos: México.

 

El tono es comedia sarcástica sin anestesia.

 

A veces se pasa de frenada, otras roza lo grotesco y lo exagerado, pero funciona, porque el retrato, aunque caricaturesco, es dolorosamente certero.

 

La corrupción aquí no es una desviación del sistema: es el sistema.

 

Y todo ello bajo el paraguas del Partido Revolucionario Institucional, ese oxímoron maravilloso que gobernó México durante más de 70 años.

 

Revolucionario e institucional, casi nada.

 

Palabrería sobre justicia social y progreso que sirve para maquillar, envolver y camuflar una corrupción estructural que la película retrata con mala leche… y demasiada verdad.

 

Comedia política feroz, exagerada y brillante, que duele porque hace reír de cosas que no deberían tener ni puta gracia. Y ahí está su grandeza.

 

Mi puntuación: 6,77/10.

 

 

 

Dirigido por Luis Estrada:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Todos somos Gaza (Documental) – 2025 – Hernán Zin

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Genocidio y demolición.

 

Hernán Zin es un veterano del documental de conflicto y denuncia social.

 

En su filmografía destacan títulos como La guerra contra las mujeres, Nacido en Gaza o Quiero ser Messi.

 

Vamos, que no es un recién llegado ni alguien que dispare la cámara desde el sofá: lleva años metido hasta el cuello en realidades incómodas.

 

Las imágenes que abren Todos somos Gaza son directamente aterradoras.

 

Explosiones a pocos cientos de metros de la cámara, sacudidas que ponen los pelos de punta y una sensación constante de que aquello puede saltar por los aires en cualquier segundo.

 

No es cine de catástrofes: es la vida real.

 

El documental arranca mostrando cómo era Gaza capital antes de esta operación de demolición llevada a cabo por el ejército de Israel, y el contraste es brutal.

 

Donde había edificios, calles y vida, ahora no queda piedra sobre piedra.

 

Miles de muertos —niños, civiles, inocentes— y una destrucción total de la infraestructura.

 

La imagen es, sencillamente, desoladora.

 

Pero Zin no se queda solo en el plano general del horror.

 

Baja al barro y nos enseña la vida cotidiana dentro del terror: familias que intentan sobrevivir, avanzar, resistir en medio de una locura sin salida.

 

Impacta especialmente la cantidad de gente joven que aparece constantemente ayudando: transportando heridos, moviendo escombros, colaborando como pueden.

 

Siempre hay alguien empujando, levantando, corriendo.

 

Humanidad a contrarreloj.

 

El resultado es un documental desgarrador, con una calidad de imagen excepcional que multiplica el verismo de lo que vemos.

 

Aquí no hay distancia emocional posible: lo que se muestra entra directo y duele más cuanto mejor se ve.

 

Cine necesario, incómodo y brutalmente honesto.

 

No es agradable, no pretende serlo y no deberíamos pedirle que lo sea.

 

Sales tocado.

 

Y eso, aquí, es exactamente el punto.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Dirigido por Hernán Zin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Una cabeza en la pared (Cortometraje) – 2024 – Manuel Manrique

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El matador ya no tiene qué matar.

 

El planteamiento es tan curioso como provocador: los toros han sido abolidos y un antiguo diestro famoso, interpretado por Nacho Sánchez, vaga por Madrid más triste que un torero al otro lado del Telón de Acero, como cantaba Sabina.

 

De pronto, Las Ventas es una discoteca-centro comercial, y entramos en una distopía que hoy por hoy resulta casi ciencia ficción, cuando parte de la sociedad española parece ir justo en la dirección contraria.

 

El corto acompaña a este torero fuera de sitio en su periplo de soledad, encontrándose con algún admirador suelto y, sobre todo, con Ángela Cervantes, completamente ajena al mundo del toreo.

 

Ella ve al personaje de Nacho Sánchez como algo exótico, casi una reliquia viva, y Ángela Cervantes está maravillosa, natural, despistada, luminosa, aportando ligereza y un punto de humor muy agradecido.

 

La película se mueve con habilidad entre el drama y la ironía, entre la melancolía del mundo perdido y la extrañeza del presente, para acabar retratando una realidad menos amable y más certera de lo que parecía prometer al inicio.

 

No busca el panfleto fácil, pero tampoco esquiva el conflicto. Y eso se agradece.

 

Una distopía cañí bien interpretada, con una idea potente, un gran trabajo de actores y un poso final más amargo de lo esperado.

 

No sales silbando, pero sales pensando. Y eso, en un corto, ya es bastante.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Manuel Manrique:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Sexo a los 70 (Cortometraje) – 2025 – Vanesa Romero

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando en la cita a ciegas alguien se ha olvidado la pastilla.

 

Se agradece —y mucho— que entre tanto drama intensito aparezca una comedia entre los cortos nominados a los Goya.

 

El planteamiento es tan sencillo como efectivo: la nieta de Mamen García le organiza una cita a ciegas con un atractivo madurito, Fernando Colomo, y ella, animada por la juventud y la inconsciencia ajena, decide que esa noche va a liarla.

 

El corto es ligero, simpático y sin grandes pretensiones.

 

No busca sentar cátedra sobre el sexo en la tercera edad (ni falta que hace), sino arrancar una sonrisa, y en eso cumple.

 

El verdadero motor está en sus protagonistas: Mamen García está estupenda, natural y divertida, y Fernando Colomo, que nunca hay que olvidar que además de gran director ha sido siempre un actor más que digno, aporta encanto y oficio.

 

Eso sí, el conjunto no da para mucho más.

 

Se ve con agrado, pero no deja poso.

 

Y el final… ay, el final. Esa especie de sorpresa forzada no pega ni con cola y estropea un cierre que pedía algo más sencillo y coherente.

 

A veces menos es más, también en la cama y en el guion.

 

Un corto simpático, bien interpretado, con sonrisa fácil, pero al que le sobra un giro final y le falta un poco más de mala leche o riesgo.

 

Aun así, se deja ver con gusto.

 

Y oye, solo por recordarnos que el deseo no se jubila, ya merece un aplauso moderado 👏.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por Vanesa Romero:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El cuento de una noche de verano (Cortometraje) – 2024 – María Herrera

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Irene quiere ver amanecer.

 

El corto arranca con una relación sexual entre Inés y Guille, interpretados por Olivia Delcán y Nacho Sánchez (este último omnipresente en cortos de alto pedigrí, casi como comodín festivalero).

 

Hay química, hay complicidad y, sobre todo, hay una manera muy inteligente de rodar el sexo: planos cortos, elegancia y cero morbo.

 

No es pornográfico, ni siquiera busca lo erótico; es simplemente sexo, que ya es bastante.

 

La grieta llega pronto y es mínima, casi ridícula: a Inés le gusta ver amanecer y anochecer; a Guille, básicamente, le da igual todo.

 

Y ahí Inés entiende algo esencial: esto no va a durar.

 

Sin dramas ni broncas, decide salir a caminar por ese día abrasador de verano, mezclarse con la gente, respirar ciudad… y terminar —sí, aquí va el spoiler sin anestesia— viendo anochecer.

 

Y funciona.

 

Porque el corto es orgánico, sencillo y honesto.

 

No quiere epatar ni explicar la vida, solo capturar un momento emocional muy reconocible: cuando sabes que algo se acaba antes incluso de que empiece.

 

Bonito, funcional y con una sensibilidad que no necesita subrayados.

 

Mi puntuación: 7,77/10.

 

 

 

Dirigido por María Herrera:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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De sucre (Cortometraje) – 2024 – Clàudia Cedó

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Quiero ser madre!

 

Clàudia Cedó es dramaturga, guionista y directora, además de psicóloga.

 

Fundó Escenaris Especials, un proyecto de teatro con personas con diversidad funcional y/o en riesgo de exclusión.

 

En teatro ha firmado textos como Una gossa en un descampat o Mare de sucre (entre otros).

 

En cine, De sucre es su título más visible como directora.


De sucre se mete en un jardín del tamaño de un estadio: el deseo sexual y el deseo de maternidad en una mujer con discapacidad intelectual.

 

Dos temas que muchas veces la sociedad mezcla como si fueran el mismo “pack”, y el corto hace bien en plantearlos como lo que son: relacionados, sí… pero no idénticos.

 

La protagonista (María) parece desenvolverse con bastante autonomía, y justo por eso la pregunta quema: ¿dónde termina el “cuidar” y dónde empieza el “decidir por ella”?

 

El corto te obliga a mirar esa frontera sin darte una respuesta masticada (y se agradece).

 

Porque la gran trampa aquí es el paternalismo con sonrisa: “es por tu bien”… y luego resulta que es por la tranquilidad de los demás.

 

La incomprensión de la familia y de la institución donde vive convierte algo íntimo (cuerpo, deseo, maternidad) en un comité permanente de opinión pública.

 

Y tú mismo lo dices: es un tema tan delicado que no hay respuesta fácil.

 

El corto, al menos, hace la pregunta con honestidad.

 

Pasó por festivales potentes (por ejemplo SEMINCI, Málaga, Clermont-Ferrand, entre otros).

 

Mi puntuación: 7,65/10.

 

 

 

Dirigido por Clàudia Cedó:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Ángulo muerto (Cortometraje) – 2024 – Cristian Beteta

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La bolsa de plástico.

 

Cristian Beteta no es ningún recién llegado al drama incómodo.

 

Director curtido en el cortometraje, con títulos como Mi zona, Ayúdame, Imaginario o Hasta siempre, además del largometraje Themesis.

 

Sabe manejar el pulso emocional y, sobre todo, cuándo cortar antes de pasarse de rosca. Aquí se nota oficio.

 

En el apartado de producción, Ángulo muerto juega claramente a la contención: pocos escenarios, espacios cerrados y una puesta en escena muy funcional, casi asfixiante, que refuerza el tono del relato.

 

Todo está pensado para no distraer de lo esencial: los personajes y sus decisiones.

 

No hay alardes técnicos ni fuegos artificiales, y se agradece.

 

El peso del corto recae en el guion y, sobre todo, en el trabajo actoral, con una dirección que sabe cuándo apretar y cuándo retirarse un paso para dejar que el drama respire… o ahogue.

 

En apenas 15 minutos, Ángulo muerto despliega una cadena de tragedias que no da respiro: el duelo de unos padres, el descubrimiento tardío del acoso escolar sufrido por su hijo y el suicidio como punto de no retorno. Hasta ahí, drama duro pero reconocible.

 

El corto, sin embargo, guarda un as bajo la manga que no conviene destripar y que reconfigura todo lo anterior.

 

Lo interesante es que Cristian Beteta no se queda en el golpe emocional fácil.

 

El corto reflexiona —sin subrayados ni discursos— sobre las decisiones tomadas desde el dolor, sobre la tentación de tomarse la justicia por la mano y sobre lo fácil que es cruzar una línea cuando estás roto por dentro.

 

Nada de héroes, nada de catarsis: solo consecuencias.

 

Y luego están ellos. Carlos Santos, sencillamente enorme, demostrando otra vez que es uno de los actores más sólidos del cine español actual. Y Eva Llorach, magistral en el control del drama, midiendo cada gesto y cada silencio, como ya dejó claro en Quién te cantará, aquella joya de Carlos Vermut. Aquí no llora de más ni una sola vez. Y eso, en este tipo de historias, es oro puro.

 

Mi puntuación: 8,69/10.

 

 

 

Dirigido por Cristian Beteta:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Zona Wao (Corto Documental) – 2026 – Nagore Eceiza Mugica

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Las Zonas de Sacrificio.

 

Desde hace más de cinco décadas, las petroleras llevan haciendo su agosto en la cabecera de la Amazonía, en territorio ecuatoriano.

 

Zonas de sacrificio, lo llaman.

 

Sacrificio de quién, ya tal.

 

Zona Wao pone el foco en las comunidades indígenas condenadas a convivir —y beber— agua contaminada, con la complicidad activa o pasiva del gobierno ecuatoriano. Todo muy legal, muy institucional y muy asqueroso.

 

El documental impresiona porque no exagera nada: la realidad ya es suficientemente obscena.

 

Esa “resistencia pasiva” de los pueblos indígenas, tragándose literalmente el veneno que baja hacia el gran Amazonas, deja claro que aquí no hablamos solo de una comunidad aislada, sino de una herida que afecta a toda la cuenca amazónica. Y, por extensión, al planeta entero.

 

Lo que queda es una sensación de vergüenza ajena bastante persistente: biodiversidad arrasada, derechos pisoteados y un modelo económico capaz de justificar cualquier barbaridad con tal de seguir bombeando crudo.

 

Un documental necesario, incómodo y muy poco conciliador. Como debe ser.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por Nagore Eceiza Mugica:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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The Painter’s Room (Corto Documental) – 2024 – Maria Colomer

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Bienvenidos al paraíso nórdico… pase por recepción y deje la libertad en consigna.

 

En la idílica Dinamarca —ese país que siempre sale bien parado en los rankings y en nuestras fantasías— existe un centro de deportación ubicado en una antigua prisión.

 

Y ahí arranca The Painter’s Room, que te desmonta el mito sin levantar la voz.

 

Con calma, sin música lacrimógena y sin voz en off, seguimos la vida cotidiana de varios residentes que viven en una especie de limbo: ni dentro ni fuera, ni presos ni libres.

 

Una semilibertad muy bonita sobre el papel… y bastante asfixiante en la práctica.

 

El corto impresiona precisamente por su sencillez y por su frialdad observacional.

 

Maria Colomer no juzga ni editorializa: coloca la cámara y deja que el “paraíso nórdico” se retrate solo.

 

Y lo que aparece no es especialmente generoso ni humano con quienes más ayuda necesitan.

 

Todo muy civilizado, eso sí, pero con una desafección que hiela más que el clima.

 

Es un documental pequeño, austero y muy consciente de su tono.

 

No busca el golpe bajo, pero acaba dejándote un poso incómodo: quizá el modelo perfecto no lo es tanto cuando miras quién se queda fuera del cuadro… o encerrado dentro.

 

Mi puntuación: 7,45/10.

 

 

 

Dirigido por Maria Colomer:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La conversación que nunca tuvimos (Corto Documental) – 2025 – Cristina Urgel

23/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cadena perpetua.

 

En solo 19 minutos, La conversación que nunca tuvimos te pega una bofetada seca y sin previo aviso.

 

La historia de una madre soltera en un pueblo de Soria, señalada como “puta” por quedarse embarazada sin pasar por la vicaría, mientras el padre —ese gran secundario invisible— se esfuma del plano y de la culpa.

 

Él, libre. Ella, condenada.

 

Y la hija, maldita por herencia social.

 

Tremendo, España cañí en estado puro… y tristemente exportable.

 

El relato es escalofriante porque no necesita subrayados: basta escuchar.

 

La madre descubre, a través de la nieta, la vida real de la abuela, y ahí se abre una grieta emocional enorme, incómoda y muy humana.

 

No hay revancha, no hay justicia poética, solo memoria tardía y una crueldad colectiva que nunca pidió perdón.

 

El corto funciona porque no sermonea ni se recrea: expone. Y eso duele más.

 

Es cine pequeño en duración, pero grande en mala conciencia.

 

Sales pensando que el pecado nunca fue el embarazo, sino la hipocresía social… y que de eso sí que nadie cumplió condena.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Dirigido por Cristina Urgel:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El Santo (Corto Documental) – 2025 – Carlo D’Ursi

20/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Del pueblo al cielo.

 

Carlo D’Ursi firma este corto documental como homenaje a su abuelo, médico rural de los de antes: bata, vocación y cero postureo.

 

No hay mucha información contrastada sobre su trayectoria como director de documentales; sí es conocido en el cine europeo sobre todo como productor.

 

El Santo parece más un acto íntimo y familiar que una pieza pensada para lucirse en alfombra roja, y eso, ojo, juega a su favor.

 

Aquí Carlo D’Ursi vuelve al lugar donde su abuelo ejerció la medicina durante años y deja que hablen los vecinos. Y lo que cuentan es casi peligroso: bondad, eficacia, entrega absoluta… y hasta milagros post mortem. Vamos, que si esto lo ve el Vaticano, abre expediente.

 

El corto emociona porque no fuerza nada.

 

No hay violines tramposos ni discursos grandilocuentes: solo memoria, gratitud y respeto por una forma de ejercer la medicina que hoy parece ciencia ficción.

 

Médicos rurales, abnegados, humanos, de los que el Papa Francisco llamó “los santos de la puerta de al lado”. Amén.

 

Entiendo perfectamente la emoción que transmite: dan ganas de aplaudir, de creer un poco más en la humanidad… y de asumir que uno nunca llegará a ese nivel, por mucho MIR que tenga.

 

Pero está bien que existan estos relatos. Y está bien que alguien los filme antes de que se pierdan.

 

Un corto sencillo, honesto y profundamente respetuoso.

 

Cine pequeño, pero con alma grande.

 

Y eso, hoy, ya es casi un milagro.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por Carlo D’Ursi:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Disonancia (Corto Documental) – 2024 – Raquel Larrosa

20/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el “click” no es del móvil… es de una mina esperando a que alguien pise mal.

 

Raquel Larrosa es documentalista (nombre artístico; su web la presenta como especializada en cine documental).


Antes dirigió cortos como Skeikima (seleccionado y premiado en un buen puñado de festivales, según su distribuidora) y otros trabajos documentales previos.


Con Disonancia se mete en terreno de derechos humanos sin postureo: cámara al servicio del testimonio.


El corto figura como producción española de 2024 y dura 25 minutos.

 

Los cortos documentales suelen venir con la misión de “dar testimonio”. Vale. Pero es que aquí Disonancia lo hace de verdad: te planta delante a mujeres saharauis que dedican su vida a detectar minas antipersona y, de paso, a explicar a la población cómo no volar por los aires en su propio desierto. Y ya con eso, perdona, pero se te quitan las ganas de quejarte del atasco de la A-2.

 

La película te cuenta el choque inicial: entrar en un trabajo tradicionalmente de hombres, abrirse paso con desconfianza alrededor y con el peligro debajo de los pies.

 

Y también te muestra lo más importante: la satisfacción de un trabajo que salva vidas, y la labor de concienciación cuando no siempre se puede desminar (por contexto de seguridad/conflicto, el grupo ha tenido que centrarse más en sensibilización en determinados momentos).

 

Y de fondo, el drama del pueblo saharaui, partido por una frontera física y política.

 

Esa “frontera” es muy real: el llamado berm marroquí, una barrera de miles de kilómetros que separa zonas controladas por Marruecos y por el Frente Polisario, con áreas minadas alrededor.


Y también está el elefante histórico en la habitación: la salida de España del territorio en 1975 (Acuerdos/Declaración de Madrid) y el enredo diplomático posterior, con España moviéndose entre principios, intereses y miedo al choque con Marruecos (dicho fino).

 

Disonancia es un documental corto, sí, pero con una pegada larga. Y lo más bestia es que no necesita dramatizar: la realidad ya viene “con efectos especiales” de serie.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por Raquel Larrosa:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El mal – 2026 – Juanma Bajo Ulloa – #YoVoyAlCine

20/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el mal pretende ser profundo… y acaba siendo un suplicio.

 

Juanma Bajo Ulloa es un director fundamental del cine español de los 90, eso no se discute.


Ahí están Alas de mariposa, La madre muerta o Airbag, películas muy distintas pero con personalidad y pulso.


Siempre ha sido un cineasta excesivo, autoral y poco amigo del término medio.


El problema es que aquí ese exceso ya no juega a favor… juega en contra y arrasa con todo.

 

Antes de escribir este comentario hago lo que toca: leo críticas. Y lo que me encuentro es llamativo.

 

Luis Martínez, Javier Ocaña, Oti Rodríguez Marchante, Juanma González o Jordi Batlle Caminal hablan maravillas de El mal. Y yo, sinceramente, no salgo de mi asombro. Porque mi experiencia con la película ha sido diametralmente opuesta.

 

Para mí, El mal es una película absolutamente nefasta.

 

Un film fallido desde la base, empezando por un guion absurdo, sin pies ni cabeza, incapaz de articular un relato coherente.

 

Los diálogos son uno de sus grandes problemas: literarios hasta el empacho, falsos, impostados, petulantes… de esos que no dicen las personas, sino los personajes que creen estar diciendo algo importante todo el rato. Y chirrían. Chirrían mucho. Hasta el dolor.

 

Las interpretaciones no solo no salvan la función, sino que la empeoran.

 

Natalia Tena y Belén Fábra acaban ridiculizando a sus personajes, convertidos en estereotipos tristes, sin verdad ni profundidad, más cercanos a la caricatura solemne que a seres humanos reconocibles. Todo es exceso, gesto, pose… y nada de emoción real.

 

A esto se suma una pretenciosidad desbordada.

 

La película intenta —porque intenta, pero no consigue— elaborar teorías sobre la futilidad del mal, sobre la psicopatía extrema y sobre la capacidad de determinadas personas para asesinar de forma indiscriminada. Pero no hay reflexión, no hay pensamiento, no hay complejidad: solo una acumulación de ideas lanzadas a brochazos gruesos, confundiendo gravedad con profundidad.

 

El conjunto resulta molesto, cargante, agotador.

 

Una película que se toma tan en serio a sí misma que termina volviéndose insoportable.

 

Y duele especialmente porque quien firma esto es Juanma Bajo Ulloa, un director que ha demostrado sobradamente que sabe hacer cine grande, incómodo y arriesgado.

 

Aquí, sin embargo, la ambición se le va de las manos y el resultado es un auténtico desastre que hace aguas por todas partes.

 

Para mí, El mal no inquieta, no provoca, no invita a pensar. Solo irrita. Y cuando una película que pretende hablar del mal absoluto acaba generando hastío, algo ha fallado estrepitosamente.

 

Mi puntuación: cero patatero/10.

 

 

 

Dirigido por Juanma Bajo Ulloa:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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