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Al médico con Ramón – Hantavirus: el virus “de los ratones” que no conviene subestimar (y que se esconde en el polvo)

5/05/2026

 

 

 

 

 

 

Hantavirus: el virus “de los ratones” que no conviene subestimar (y que se esconde en el polvo)

 

El hantavirus no es un virus de esos que ves venir. No hace ruido, no da titulares diarios y no se transmite como los virus “sociales” tipo gripe o COVID.

 

Pero tiene una mala leche considerable: es raro, sí, pero cuando aparece puede ser muy serio.

 

Y además tiene una peculiaridad inquietante: su reservorio son roedores aparentemente sanos.

 

Es decir, el problema no es el ratón enfermo… es el ratón de toda la vida, el que pasa desapercibido.

 

Vamos a poner orden en todo esto, sin dejarnos nada.


 

 

¿Qué es el hantavirus?

El hantavirus no es un único virus, sino un grupo dentro de la familia Hantaviridae. Según la zona del mundo, cambia la variante y, lo más importante, cambia la enfermedad que produce.

 

A grandes rasgos:

 

  • En Europa y Asia suele provocar una fiebre hemorrágica con afectación renal

  •  
  • En América puede provocar un síndrome pulmonar grave

  •  

En España existen hantavirus, pero los casos son muy poco frecuentes. Vamos, que no es algo del día a día, pero tampoco es ciencia ficción.


 

 

¿De dónde sale?

 

El virus vive en roedores (ratones, ratas de campo, topillos…). Y aquí está el detalle clave: estos animales no enferman de forma evidente. Están tan tranquilos mientras eliminan el virus continuamente por:

  • orina

  • heces

  • saliva

Es decir, van dejando un rastro invisible.

 

Con el paso del tiempo, esos restos se secan. Y cuando se secan, se fragmentan en partículas microscópicas que pueden quedar suspendidas en el aire. Y ahí es donde empieza el problema de verdad.


 

 

 

El mecanismo real de transmisión (la clave de todo)

 

El hantavirus no se contagia “de persona a persona” en condiciones normales. No va de estornudos ni de besos. Va de polvo.

 

La secuencia típica es esta:

 

👉 roedores eliminan el virus


👉 los restos se secan


👉 se convierten en partículas microscópicas


👉 se levantan con el polvo


👉 tú inhalas ese polvo

 

Y listo. El virus entra por vía respiratoria sin que te enteres.

 

No es magia. Es física básica… con muy mala idea.


 

 

 

Ejemplos muy típicos (y bastante reales)

 

Para entenderlo bien, mejor poner escenas que todos reconocemos:

 

El trastero olvidado del pueblo

 

Llegas después de meses. Abres la puerta. Huele a cerrado. Ves señales de ratones.

 

Te pones a barrer como si estuvieras en una peli del oeste.
Error de manual.

 

Al barrer en seco levantas una nube invisible de partículas contaminadas. Si ahí había hantavirus, acabas de hacer una inhalación directa.


 

 

La casa rural cerrada todo el invierno

 

Otro clásico.

 

Meses cerrada, con roedores entrando y saliendo. Cuando abres:

 

  • polvo acumulado

  •  
  • restos secos

  •  
  • superficies contaminadas

  •  

Si te lanzas a limpiar sin ventilar ni protegerte, estás respirando todo lo que se ha acumulado.


 

 

Trabajos agrícolas o de campo

 

Mover paja, limpiar graneros, manipular leña almacenada…

 

No hace falta ver al ratón. Basta con que haya estado antes.


 

 

Dormir en refugios o cabañas abandonadas

 

En senderismo pasa más de lo que parece.

 

Un sitio aparentemente limpio puede tener contaminación invisible.
El virus no avisa.


 

 

¿Qué pasa dentro del cuerpo cuando lo inhalas?

 

El virus entra por las vías respiratorias, llega a los pulmones y puede pasar al torrente sanguíneo.

 

Tiene afinidad por el endotelio (las células que recubren los vasos sanguíneos).
¿Resultado?

 

  • aumento de la permeabilidad vascular

  •  
  • fuga de líquido

  •  
  • daño en órganos

  •  

En el caso pulmonar, esto se traduce en edema: los pulmones se llenan de líquido. Y por eso alguien puede pasar de “parece gripe” a “no puedo respirar” en pocos días.


 

 

Hantavirus or Hanta Virus outbreak as a zoonotic RNA virus transmitted by infected rodents causing severe respiratory and hemorrhagic diseases in humans as pneumonia as a dangerous viral pathogen.

 

¿Cómo se contagia exactamente?

 

Principalmente:

 

  • inhalación de aerosoles contaminados (la vía más importante)

  •  
  • contacto con superficies contaminadas (si luego te llevas las manos a la boca o nariz)

  •  
  • más raramente, mordedura

  •  

En América, algunas variantes pueden transmitirse entre personas, pero es excepcional.


 

 

Lo que NO es contagio por hantavirus (muy importante)

 

Aquí se equivoca mucha gente.

 

El hantavirus no funciona como los virus respiratorios habituales.

 

No se contagia:

 

  • por dar la mano

  •  
  • por abrazar o besar

  •  
  • por compartir cubiertos

  •  
  • por estar cerca de una persona enferma (en Europa, prácticamente nunca)

  •  
  • por el aire en condiciones normales urbanas

  •  

No hay transmisión comunitaria tipo gripe.


 

 

¿Entonces nunca hay contagio entre personas?

 

Casi nunca.

 

  • En Europa y Asia: no hay transmisión persona a persona

  •  
  • En América (algunas cepas): puede ocurrir, pero es rara y en contactos muy estrechos

  •  

Nada de epidemias sociales. Este virus juega en otra liga.


 

 

Cosas que generan confusión

 

Hay tres situaciones típicas:

 

  • “Me mordió un ratón”: posible, pero poco frecuente

  •  
  • “Toqué algo sucio”: solo hay riesgo si luego te llevas las manos a mucosas

  •  
  • “Había ratones y me contagié”: no, el problema es lo que respiraste


 

 

El papel del entorno

 

Esto es clave:

 

  • En exteriores → riesgo muy bajo

  •  
  • En espacios cerrados → riesgo mucho mayor

  •  

Porque en sitios cerrados el polvo se acumula.
En el exterior, el aire lo dispersa.


 

 

El error más común

 

Barrer en seco.

 

Es básicamente convertir el suelo en un aerosol infeccioso.

 

Por eso siempre se recomienda:

 

  • ventilar antes

  •  
  • humedecer superficies

  •  
  • usar desinfectante


 

 

 

¿Qué enfermedades produce?

 

Depende de la zona del mundo.

 

Síndrome pulmonar por hantavirus (América)

 

Empieza como una gripe:

 

  • fiebre

  •  
  • dolores musculares

  •  
  • cansancio

  •  

Y en pocos días puede evolucionar a:

 

  • dificultad respiratoria grave

  •  
  • edema pulmonar

  •  
  • shock

  •  

Mortalidad: puede alcanzar el 30-40%.


 

 

Fiebre hemorrágica con síndrome renal (Europa y Asia)

 

Más habitual aquí y generalmente menos grave:

 

  • fiebre

  •  
  • dolor lumbar

  •  
  • afectación renal

  •  
  • a veces sangrados

  •  

Mortalidad baja en Europa (habitualmente menos del 1%).


 

 

Incubación

 

Desde la infección hasta los síntomas:

 

👉 entre 1 y 5 semanas

 

Eso hace difícil identificar el momento exacto del contagio.


 

 

Diagnóstico

 

Se basa en:

 

  • sospecha clínica (síntomas + exposición)

  •  
  • análisis de sangre (serología o PCR)

  •  

Suele hacerse en entorno hospitalario.


 

 

Tratamiento

 

Aquí no hay magia:

 

👉 no existe un antiviral específico eficaz universalmente

 

Se hace tratamiento de soporte:

 

  • oxígeno o ventilación

  •  
  • control de líquidos

  •  
  • soporte hemodinámico

  •  

En algunos casos se usa ribavirina, con resultados variables.


 

 

Prevención (lo que realmente funciona)

 

Aquí sí hay margen:

 

  • ventilar espacios cerrados antes de entrar

  •  
  • no barrer en seco
  •  
  • limpiar con lejía diluida

  •  
  • usar guantes y mascarilla en entornos de riesgo

  •  
  • evitar contacto con roedores

  •  

Traducido: nada de hacerse el héroe limpiando un trastero lleno de polvo sin protección.


 

 

¿Es frecuente?

 

No.

 

  • En España: muy raro

  •  
  • En Europa: pocos casos

  •  
  • En América: más frecuente, pero sigue siendo poco común

  •  

Eso sí, cuando aparece, se le hace caso.


 

 

¿Debo preocuparme?

 

En la vida diaria, no.

 

Pero conviene tener respeto si:

 

  • trabajas en el campo

  •  
  • limpias espacios cerrados con posible presencia de roedores

  •  
  • estás en entornos rurales


 

 

Resumen rápido (versión café)

 

Virus de roedores.


Se transmite al inhalar polvo contaminado.


No se contagia entre personas en condiciones normales.


Puede ser grave.


La prevención es clave.


 

 

Cierre

 

El hantavirus es un virus discreto pero traicionero. No necesita multitudes ni contactos sociales. Solo necesita algo tan banal como polvo mal levantado.

 

No es el típico “me lo pegó alguien”.
Es más bien: lo respiré sin darme cuenta.

 

Vamos, que aquí el enemigo no estornuda…
se queda quieto esperando a que tú barras.

 

 

 

 

Bibliografía recomendada

 

  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC). About Hantavirus / Hantavirus Disease. Información sobre transmisión, clínica, prevención y limpieza segura de espacios contaminados por roedores.
  •  
  • European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC). Hantavirus infection / Ortho­hantavirus infections factsheet. Muy útil para el enfoque europeo: virus Puumala, Dobrava-Belgrade, transmisión, prevención y epidemiología.
  •  
  • ECDC. Hantavirus infection — Annual Epidemiological Report for 2023. Datos europeos recientes: en 2023 se notificaron 1.885 casos en la UE/EEE, con Finlandia y Alemania concentrando buena parte de ellos.
  •  
  • Manual MSD, versión profesional. Infección por hantavirus. Revisión clínica clara sobre formas renales y pulmonares, diagnóstico, tratamiento y pronóstico.
  •  
  • Manual MSD, versión para público general. Infección por hantavirus. Buena fuente para explicar síntomas y tratamiento en lenguaje más accesible.
  •  
  • World Health Organization (WHO). Información sanitaria general y comunicados sobre brotes. Útil como fuente institucional para vigilancia internacional y riesgo poblacional.
  •  
  • Reuters. WHO says risk public is low after suspected hantavirus outbreak hits ship. Noticia reciente sobre el brote sospechoso en el buque MV Hondius, útil si quieres añadir una entradilla de actualidad.
  •  
  • The Guardian. What is hantavirus, the infection thought to have killed three on cruise ship? Resumen divulgativo reciente con distinción entre hantavirus del Viejo Mundo y del Nuevo Mundo.

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

 

 

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Al Médico con Ramón – Homeopatía: cuando el agua tiene memoria, pero la ciencia no se acuerda de haberla aprobado

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

Homeopatía: cuando el agua tiene memoria, pero la ciencia no se acuerda de haberla aprobado

 

 

El informe de Sanidad que pone negro sobre blanco una vieja sospecha: la homeopatía no cura más allá del placebo

 

Durante décadas, la homeopatía ha vivido en una especie de balneario conceptual: ni dentro del todo de la medicina, ni fuera del todo del mercado sanitario.

 

En las farmacias ocupaba estantería, en algunas consultas ocupaba tiempo, en muchos hogares ocupaba esperanza y en el debate público ocupaba ese terreno pantanoso donde la frase “a mí me funciona” suele entrar con más fuerza que un ensayo clínico aleatorizado. Que ya es entrar.

 

El nuevo informe de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, dependiente del Ministerio de Sanidad, ha venido a decir algo muy claro: no existe evidencia científica publicada que avale la eficacia de la homeopatía como tratamiento terapéutico, y los efectos observados son comparables al placebo.

 

El documento, titulado Homeopatía y productos homeopáticos. Evaluación de las evidencias acerca de su eficacia y seguridad, revisa 64 revisiones sistemáticas publicadas desde 2009 y concluye que la evidencia disponible no permite recomendar productos homeopáticos para ninguna patología. (AEMPS)

 

El artículo de RTVE.es que ha reabierto el debate lo resume con bastante contundencia: la AEMPS considera que la homeopatía carece de aval científico, que en España no hay ningún producto homeopático con indicación terapéutica autorizada y que el principal riesgo no está en que el preparado “haga daño” por sí mismo, sino en que sustituya tratamientos eficaces. Dicho de otra manera: el problema no es solo pagar azúcar a precio de oro; el problema es dejar el antibiótico, la insulina, la quimioterapia o el inhalador para abrazarse a un frasquito con ínfulas metafísicas. (RTVE)

 

 

Qué es la homeopatía: una idea del siglo XVIII con bata blanca de farmacia moderna

 

La homeopatía fue formulada a finales del siglo XVIII por el médico alemán Samuel Hahnemann. Su principio central es el famoso similia similibus curantur: “lo semejante cura lo semejante”. Según esta idea, una sustancia que provoca determinados síntomas en una persona sana podría curar síntomas similares en una persona enferma si se administra en dosis extremadamente diluidas. (AEMPS)

 

El segundo pilar es la dilución seriada. Los preparados homeopáticos se elaboran diluyendo una sustancia original —de origen vegetal, animal o mineral— y agitando la mezcla en cada paso, proceso que la homeopatía llama “sucusión” o “dinamización”.

 

Según la doctrina homeopática, cuanto más diluido está el preparado, más “potente” sería. Desde el punto de vista farmacológico esto es, como mínimo, pintoresco. Es como decir que cuanto menos jamón lleva un bocadillo, más ibérico resulta. (AEMPS)

 

El informe de la AEMPS explica que una dilución 12 CH implica mezclar una parte de la sustancia original con cien partes de disolvente doce veces seguidas. A esos niveles, es matemáticamente imposible que quede una sola molécula del ingrediente original. Incluso una dilución menor, 6 CH, se compara en el informe con disolver un sobre de azúcar en todo el mar Mediterráneo. Es una imagen poderosa: el Mediterráneo convertido en infusión terapéutica. Solo falta que Benidorm lo comercialice como spa cuántico. (Ministerio de Sanidad)

 

La homeopatía sostiene además ideas como la “memoria del agua”: la supuesta capacidad del agua para recordar sustancias que ya no están presentes. El problema es que esa memoria no ha sido demostrada de forma reproducible bajo criterios científicos. El agua, por lo visto, recuerda la belladona diluida, pero se olvida de los millones de cosas bastante menos elegantes con las que ha estado en contacto antes. Muy selectiva ella.

 

 

El informe de Sanidad: qué ha revisado y qué concluye

 

El informe de la AEMPS no se limita a una opinión ni a una declaración ideológica. Es una evaluación técnica basada en revisiones sistemáticas y documentos de organismos internacionales. Incluye estudios sobre distintas patologías: infecciones respiratorias, alergias, trastornos dermatológicos, reumatología, oncología, salud mental, dolor, síntomas gripales, insomnio, verrugas, eczema, entre otros campos. (AEMPS)

 

La conclusión principal es nítida: no hay evidencia científica publicada que avale la eficacia de la homeopatía como instrumento terapéutico eficaz. La eficacia observada es comparable al placebo. Y los ciudadanos deben saber que pueden poner en peligro su salud si sustituyen tratamientos basados en evidencia por productos homeopáticos. (AEMPS)

 

El informe también detecta un patrón clásico: cuando los estudios favorables existen, suelen tener problemas importantes. Muestras pequeñas, seguimientos cortos, heterogeneidad, sesgos, comparadores inadecuados o resultados poco consistentes. Y cuando se analizan solo los estudios de mayor calidad, los supuestos efectos positivos tienden a desaparecer. Esto no es una manía contra la homeopatía; es justo lo que uno espera de un efecto placebo vestido con bata de domingo. (AEMPS)

 

La nota del Ministerio de Sanidad subraya que el informe revisó 64 revisiones sistemáticas publicadas desde 2009, y que los aparentes beneficios se desvanecen en los ensayos clínicos más rigurosos. También recuerda que en España no existe ningún producto homeopático con indicación terapéutica autorizada. Pueden venderse determinados productos registrados como homeopáticos, pero sin atribuirles propiedades curativas. (Ministerio de Sanidad)

 

Aquí aparece una de las grandes paradojas: se venden en farmacias, se llaman “medicamentos homeopáticos”, pero no pueden declarar que curan nada. Es como si alguien vendiera paraguas sin prometer que protegen de la lluvia. Legal, sí. Clarificador, lo justo.

 

 

¿Placebo significa “no pasa nada”?

 

No exactamente. El placebo no es “nada”. El efecto placebo es un fenómeno real, complejo y muy interesante. Puede modificar la percepción del dolor, la ansiedad, el bienestar subjetivo y algunos síntomas funcionales. Pero no cura infecciones bacterianas, no reduce tumores, no revierte una diabetes, no abre una arteria coronaria ni elimina una apendicitis. El placebo puede ayudar a que el paciente se sienta mejor; no convierte un glóbulo de azúcar en un antibiótico.

 

El informe de la AEMPS explica varias razones por las que una persona puede creer que la homeopatía le ha funcionado: evolución natural de la enfermedad, regresión a la media, efecto placebo, expectativas del paciente, efecto Hawthorne (*), sesgos de observación y coincidencia temporal con otros tratamientos. (AEMPS)

 

Esto es muy importante. Muchas enfermedades comunes mejoran solas: catarros, molestias digestivas leves, dolores musculares, brotes cutáneos autolimitados. Si tomo un preparado homeopático justo antes de mejorar, mi cerebro hace una conexión causal: “me lo tomé y me curé”. Pero la pregunta científica no es si alguien mejoró después de tomarlo. La pregunta es si mejora más que otra persona comparable que toma placebo sin saberlo. Ahí es donde la homeopatía se queda sin gasolina. Y sin coche. Y casi sin carretera.

 

 

Efecto Hawthorne: cuando te observan… y te portas mejor

 

El efecto Hawthorne es uno de esos conceptos que parecen de laboratorio, pero que en realidad explican muchas cosas del día a día: las personas cambian su comportamiento simplemente porque saben que están siendo observadas.

 

El término nace de unos estudios realizados en la empresa Western Electric en los años 20 y 30. El objetivo era comprobar si mejorar la iluminación en una fábrica aumentaba la productividad. El resultado fue desconcertante: la productividad subía tanto si aumentaban la luz como si la reducían.

 

¿La explicación? Los trabajadores rendían más porque sabían que formaban parte de un estudio.

 

La idea clave

No es tanto lo que haces…
sino que sabes que alguien está mirando cómo lo haces.

 

Ejemplo sencillo

Imagina que alguien te está evaluando en el trabajo:

  • Te concentras más
  • Cometes menos errores
  • Te implicas un poco más

No porque haya cambiado el trabajo en sí, sino porque sabes que te están observando.

 

Aplicación en medicina

En el ámbito sanitario, el efecto Hawthorne es especialmente importante.

Un paciente puede mejorar porque:

  • Se siente más atendido
  • Recibe más seguimiento
  • Percibe que su caso importa
  • Está más pendiente de su propia evolución

Esto puede hacer que un tratamiento parezca más eficaz de lo que realmente es.

 

Relación con placebo y terapias sin evidencia

El efecto Hawthorne suele ir de la mano del efecto placebo.

En algunas terapias sin base científica sólida, la mejoría del paciente puede deberse a:

  • la atención recibida
  • la expectativa de mejora
  • el seguimiento cercano

y no necesariamente al tratamiento en sí.

 

Conclusión

El efecto Hawthorne no cura enfermedades, pero sí modifica comportamientos y percepciones.

Y en muchos casos, eso basta para que alguien se sienta mejor.

Que no es poca cosa… aunque tampoco sea exactamente medicina.

 

 

 

¿Es un bulo, una estafa o un timo esto de la homeopatía?

 

Conviene hilar fino. La homeopatía, como sistema terapéutico, se basa en principios incompatibles con la farmacología moderna y no ha demostrado eficacia más allá del placebo. Eso permite llamarla pseudoterapia o pseudociencia cuando se presenta como tratamiento eficaz. (EASAC)

 

¿Es un bulo? Sí, si se afirma que cura enfermedades sin pruebas.

 

¿Es una estafa? Puede serlo moralmente cuando se vende al paciente una eficacia no demostrada, especialmente si se aprovecha de su miedo, desesperación o vulnerabilidad.

 

¿Es un timo? En términos coloquiales, cuando se cobra como remedio curativo algo que no ha demostrado curar, la palabra “timo” aparece sola, se sienta y pide café.

 

Ahora bien, jurídicamente hay matices. En España estos productos pueden venderse si cumplen la regulación, no alegan indicaciones terapéuticas no autorizadas y garantizan inocuidad. Eso no los convierte en eficaces. Solo significa que el marco legal permite su comercialización bajo condiciones concretas. (RTVE)

 

El problema ético está en el mensaje implícito. Un producto vendido en una farmacia, con apariencia de medicamento, genera confianza. El ciudadano medio no siempre distingue entre “medicamento con eficacia demostrada” y “producto registrado como homeopático sin indicación terapéutica”. Y ahí se abre una puerta peligrosa: la puerta del malentendido rentable.

 

 

Qué dicen otros países

 

La posición española no surge en el vacío. La tendencia internacional de los organismos sanitarios públicos es cada vez más crítica.

 

En Reino Unido, el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes revisó la evidencia en 2010 y recomendó detener la financiación pública de la homeopatía, suspender la financiación de hospitales homeopáticos y evitar derivaciones desde el sistema público. (Parlamento del Reino Unido)

 

En Australia, el National Health and Medical Research Council revisó 57 revisiones sistemáticas que contenían 176 estudios y concluyó que no había condiciones clínicas para las que existiera evidencia fiable de efectividad de la homeopatía. También advirtió de que elegir homeopatía puede poner en riesgo la salud si se rechazan o retrasan tratamientos eficaces. (Homeopathy Research Institute | HRI)

 

En Francia, la Haute Autorité de Santé concluyó en 2019 que los productos homeopáticos no tenían eficacia suficiente demostrada para justificar reembolso público. Francia redujo el reembolso en 2020 y lo eliminó completamente en 2021. (AEMPS)

 

En Alemania, país de origen histórico de la homeopatía, se ha planteado eliminar la cobertura por el seguro médico legal. El informe de la AEMPS recoge que una comisión alemana ha propuesto suprimir esa financiación como parte de recomendaciones para optimizar el sistema sanitario. (AEMPS)

 

En Estados Unidos, la FDA considera los productos homeopáticos no autorizados como medicamentos no aprobados sujetos a políticas de cumplimiento basadas en el riesgo, y el National Center for Complementary and Integrative Health afirma que hay poca evidencia que apoye la homeopatía como tratamiento eficaz para cualquier condición específica. Además, advierte de que algunos productos etiquetados como homeopáticos pueden contener cantidades relevantes de ingredientes activos y provocar efectos adversos o interacciones. (NCCIH)

 

La European Academies Science Advisory Council también ha señalado que no hay enfermedades para las que exista evidencia robusta y reproducible de que la homeopatía sea eficaz más allá del placebo, y plantea problemas éticos de consentimiento informado cuando profesionales sanitarios recomiendan productos biológicamente ineficaces. (EASAC)

 

 

¿Dónde se usa la homeopatía?

 

La homeopatía se utiliza en numerosos países, aunque su estatus varía mucho. En algunos lugares se vende como producto complementario privado; en otros se integra parcialmente en sistemas sanitarios; en otros está regulada de forma restrictiva.

 

La OMS, en su informe global de 2019 sobre medicina tradicional y complementaria, recoge que 170 Estados miembros habían reportado uso de medicina tradicional o complementaria por sus poblaciones, entre ellas prácticas como acupuntura, fitoterapia, medicina tradicional china, ayurveda, naturopatía, osteopatía, quiropráctica y homeopatía. (Organización Mundial de la Salud)

 

Ahora bien, que algo se use mucho no demuestra que funcione. Se usó mucho la sangría durante siglos y no por eso vamos a volver a poner sanguijuelas en la consulta, salvo que sea para decorar Halloween. La popularidad no es evidencia. La tradición no sustituye a un ensayo clínico. Y “lo hace mucha gente” tampoco sería buen argumento para meterse en una rotonda en sentido contrario.

 

La propia estrategia de la OMS sobre medicina tradicional y complementaria insiste en que la integración en sistemas sanitarios debe ser segura, eficaz, basada en evidencia y regulada. Es decir: la OMS no dice “todo vale porque viene de la tradición”; dice, más bien, “estudiemos, regulemos y quedémonos con lo que demuestre beneficio”. (Organización Mundial de la Salud)

 

 

El argumento de “a mí me funciona”

 

Este es el núcleo emocional del asunto. Mucha gente defiende la homeopatía porque ha tenido una experiencia subjetiva positiva. Y no conviene ridiculizar al paciente. El paciente no suele mentir cuando dice que se sintió mejor. Lo que puede estar equivocado es la explicación.

 

Uno puede mejorar por la evolución natural de la enfermedad, porque simultáneamente tomó otro tratamiento, porque descansó, porque cambió hábitos, porque recibió una atención más larga y empática, o porque esperaba mejorar. Todo eso importa.

 

La consulta homeopática, con frecuencia, dedica más tiempo a escuchar al paciente que muchas consultas saturadas del sistema sanitario. Y ahí hay una lección incómoda para la medicina convencional: a veces no gana la pseudoterapia por tener mejores remedios, sino por tener más tiempo, más escucha y menos cara de “tengo siete minutos y una impresora atascada”.

 

Pero una cosa es reconocer el valor de la escucha y otra aceptar que unas bolitas ultradiluidas curan.

 

La medicina científica debería aprender del trato humano sin comprar el lote completo de la “memoria del agua”.

 

 

¿Puede hacer daño la homeopatía?

 

Sí, aunque no siempre por el mecanismo que la gente imagina. Si un producto está tan diluido que no contiene principio activo, su toxicidad directa suele ser baja. Pero hay tres riesgos claros.

 

El primero es el abandono o retraso de tratamientos eficaces. Es el más grave. En infecciones, cáncer, enfermedades crónicas, trastornos psiquiátricos, patologías pediátricas o cuadros agudos, sustituir medicina basada en evidencia por homeopatía puede tener consecuencias serias. El informe de la AEMPS, el artículo de RTVE.es, el NHMRC australiano y el NCCIH estadounidense coinciden en advertir de este riesgo. (AEMPS)

 

El segundo es la falsa seguridad. Si alguien cree que está tratando una enfermedad cuando en realidad no lo está haciendo, puede consultar tarde. La enfermedad, por su parte, no suele tener paciencia administrativa.

 

El tercero es que no todos los productos etiquetados como homeopáticos están necesariamente ultradiluidos. Algunas preparaciones pueden contener ingredientes activos en cantidades relevantes, con riesgo de efectos adversos o interacciones. El NCCIH advierte explícitamente de este punto. (NCCIH)

 

 

La farmacia y el lío semántico

 

Uno de los aspectos más delicados es la venta en farmacias. El ciudadano suele interpretar que lo que está en una farmacia tiene respaldo terapéutico. Pero la realidad regulatoria es más compleja. En España, según recoge RTVE.es, existen productos homeopáticos registrados sin indicación terapéutica aprobada. La AEMPS y el Ministerio de Sanidad señalan que no hay ningún producto homeopático autorizado con indicación terapéutica. (RTVE)

 

Esto crea una disonancia peligrosa: el producto se presenta en el ecosistema del medicamento, pero no ha demostrado eficacia como tal. El farmacéutico, como profesional sanitario, tiene aquí una responsabilidad clave: informar con claridad, evitar mensajes equívocos y advertir de que no deben abandonarse tratamientos prescritos.

 

Porque una cosa es respetar la libertad del consumidor y otra permitir que la confusión haga caja. La libertad de elegir exige información veraz. Si no, no es libertad: es marketing con bata.

 

 

Los estudios favorables: qué dicen y qué problema tienen

 

Los defensores de la homeopatía suelen señalar que existen estudios positivos. Y es cierto: algunos estudios muestran resultados favorables. El problema es la calidad, la reproducibilidad y la consistencia. Muchas revisiones encuentran señales débiles, heterogéneas o dependientes de estudios pequeños y con riesgo de sesgo. Cuando se restringe el análisis a estudios rigurosos, el efecto tiende a desaparecer. (AEMPS)

 

El investigador Edzard Ernst, en una revisión de revisiones Cochrane, concluyó que los estudios disponibles no muestran que los medicamentos homeopáticos tengan efectos más allá del placebo. Cochrane, en revisiones concretas como la de infecciones respiratorias agudas en niños, tampoco encontró evidencia que apoye la eficacia de productos homeopáticos y señaló que los eventos adversos estaban mal reportados. (PubMed)

 

El debate científico no se resuelve contando estudios positivos como quien cuenta cromos. Se resuelve preguntando: ¿son buenos?, ¿son grandes?, ¿están bien cegados?, ¿se reproducen?, ¿miden variables relevantes?, ¿comparan contra placebo?, ¿hay sesgo de publicación?, ¿hay conflicto de interés?, ¿la magnitud del efecto es clínicamente importante? Cuando se pasa ese peine, la melena homeopática pierde volumen.

 

 

¿Y si se usa “como complemento”?

 

Esta es la defensa más habitual: “No sustituye, complementa”. En teoría, si un paciente usa un producto homeopático sin abandonar tratamientos eficaces y sabiendo que no hay pruebas de eficacia específica, el riesgo clínico directo puede ser menor. Pero sigue habiendo problemas.

 

Primero, el coste económico. Pagar por algo sin eficacia demostrada no es inocuo para el bolsillo.

 

Segundo, el coste cultural: normaliza la idea de que la evidencia es opcional.

 

Tercero, el coste ético: si un profesional sanitario recomienda algo sabiendo que no tiene eficacia demostrada, debe explicar eso con absoluta claridad.

 

El consentimiento informado no es solo para cirugías y tratamientos complejos. También vale para no vender expectativas terapéuticas sin respaldo.

 

“Puede que le ayude por placebo” es una frase honesta.

 

“Esto refuerza sus defensas energéticas” ya pertenece a otro género literario.

 

 

 

La diferencia entre medicina tradicional, medicina complementaria y pseudoterapia

 

No todo lo tradicional es falso. No todo lo natural es inútil. No todo lo complementario es pseudociencia.

 

Hay plantas con principios activos, técnicas psicológicas útiles, ejercicio terapéutico, intervenciones dietéticas, mindfulness con evidencia en determinados contextos y prácticas que pueden estudiarse seriamente.

 

La diferencia está en la prueba. Si algo demuestra eficacia y seguridad, deja de importar si viene de una tradición milenaria, de un laboratorio suizo o de una abuela con bata. Entra en la medicina porque funciona.

 

La aspirina procede históricamente de compuestos relacionados con el sauce; la digoxina tiene origen vegetal; muchos fármacos nacen de productos naturales. Pero se estudian, se dosifican, se prueban, se monitorizan.

 

La homeopatía, en cambio, no ha superado ese filtro. Sus principios básicos no encajan con la química ni con la farmacología, y sus resultados clínicos no superan de forma convincente al placebo. (Ministerio de Sanidad)

 

 

Entonces, ¿por qué sobrevive?

 

Sobrevive por varias razones.

 

Sobrevive porque ofrece una narrativa sencilla: natural, suave, individualizada, sin agresividad terapéutica.

 

Sobrevive porque muchas personas han tenido malas experiencias con la medicina convencional: consultas rápidas, efectos secundarios, burocracia, listas de espera, sensación de no ser escuchadas.

 

Sobrevive porque el placebo funciona en síntomas subjetivos y porque muchas enfermedades fluctúan.

 

Sobrevive porque hay intereses económicos.

 

Sobrevive porque la palabra “natural” tiene una potencia comercial extraordinaria, aunque la cicuta, el arsénico y una seta mortal también sean naturales. La naturaleza no es una ONG.

 

Y sobrevive porque la ciencia comunica peor que el marketing.

 

La ciencia dice: “La evidencia disponible no permite afirmar eficacia específica más allá del placebo en condiciones clínicas evaluadas”.

 

El marketing dice: “Equilibra tu energía vital”. Gana por goleada en Instagram, aunque pierda por paliza en PubMed.

 

 

Conclusión: agua, azúcar y responsabilidad

 

El informe de la AEMPS no descubre América, pero sí pone un sello oficial sobre algo que la comunidad científica lleva años señalando: la homeopatía no ha demostrado eficacia terapéutica más allá del placebo.

 

No existe en España ningún producto homeopático con indicación terapéutica autorizada. Y el principal peligro es que una persona retrase o abandone tratamientos eficaces por confiar en productos sin base científica. (AEMPS)

 

¿Puede alguien tomar homeopatía porque le apetece? Sí, siempre que sepa lo que está tomando y lo que no está tomando.

 

Lo que no debería aceptarse es que se presente como tratamiento eficaz sin pruebas. Ahí ya no hablamos de libertad personal, sino de información sanitaria, ética profesional y protección del paciente.

 

La homeopatía ha tenido más de dos siglos para demostrar que funciona. Si después de tanto tiempo el mejor argumento sigue siendo “a mí me va bien”, el problema no es que la ciencia sea cerrada. El problema es que el agua tendrá mucha memoria, pero la evidencia sigue sin aparecer.

 

Y en medicina, cuando la evidencia no aparece, conviene no venderla en frascos.

 

 

Bibliografía y fuentes consultadas

 

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Homeopatía y productos homeopáticos. Evaluación de las evidencias acerca de su eficacia y seguridad. 2026. (AEMPS)

 

Ministerio de Sanidad. Nota de prensa: El Ministerio de Sanidad concluye que no existe evidencia científica que avale la eficacia de la homeopatía en ninguna patología. 21 de abril de 2026. (Ministerio de Sanidad)

 

RTVE.es. Daniel Herrero. La homeopatía, a debate tras el informe de Sanidad: ¿estafa o práctica inofensiva? 2 de mayo de 2026. (RTVE)

 

National Center for Complementary and Integrative Health. Homeopathy: What You Need To Know. (NCCIH)

 

National Health and Medical Research Council. Evidence on the effectiveness of homeopathy for treating health conditions. Australia, 2015. (Homeopathy Research Institute | HRI)

 

House of Commons Science and Technology Committee. Evidence Check 2: Homeopathy. Reino Unido, 2010. (Parlamento del Reino Unido)

 

European Academies Science Advisory Council. Homeopathic products and practices: assessing the evidence and ensuring consistency in regulating medical claims in the EU. (EASAC)

 

Cochrane. Homeopathic medicinal products for preventing and treating acute respiratory tract infections in children. 2022. (Cochrane)

 

Ernst E. Homeopathy: what does the “best” evidence tell us? PubMed, 2010. (PubMed)

 

World Health Organization. WHO global report on traditional and complementary medicine 2019. (Organización Mundial de la Salud)

 

World Health Organization. Global traditional medicine strategy 2025–2034. (Organización Mundial de la Salud)

 

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Al Médico con Ramón – Agujetas: qué son, por qué aparecen y cómo manejarlas sin mitos

30/04/2026

 

 

 

 

 

 

Agujetas: qué son, por qué aparecen y cómo manejarlas sin mitos


 

 

Introducción

 

Las “agujetas” —nombre popular del dolor muscular de aparición tardía o Delayed Onset Muscle Soreness (DOMS)— son una experiencia prácticamente universal en cualquier persona que haya hecho ejercicio más allá de lo que su cuerpo tenía previsto.

 

Aparecen horas después del esfuerzo, alcanzan su pico uno o dos días más tarde y, durante ese tiempo, convierten gestos cotidianos —bajar escaleras, sentarse, levantarse— en pequeñas epopeyas personales.

 

Durante años se explicaron con teorías simplistas, como la acumulación de ácido láctico, pero la evidencia científica actual ha desmontado esas ideas.

 

Hoy sabemos que las agujetas son el resultado de un proceso complejo que implica daño microscópico en el músculo y una respuesta inflamatoria organizada.

 

Para entender bien este fenómeno, conviene empezar desde la base: cómo está construido el músculo y cómo funciona. Porque sin esa base, las agujetas parecen un castigo arbitrario; con ella, son simplemente la consecuencia lógica de cómo estamos diseñados.


 

 

 

Estructura y funcionamiento del músculo

 

El músculo esquelético es un tejido altamente organizado cuya función principal es generar movimiento mediante la contracción. Su arquitectura es jerárquica. Un músculo completo está formado por fascículos, que a su vez contienen fibras musculares. Estas fibras no son otra cosa que células alargadas y multinucleadas, especializadas en la contracción.

 

Dentro de cada fibra hay estructuras aún más finas, las miofibrillas, que contienen las unidades funcionales del músculo: los sarcómeros.

 

Cada sarcómero está delimitado por los discos Z y contiene dos tipos de filamentos: los finos, formados por actina, y los gruesos, formados por miosina. Esta disposición ordenada es la clave de la contracción muscular.

 

 

El mecanismo de contracción se explica mediante el modelo de los filamentos deslizantes. Cuando llega un impulso nervioso, se libera acetilcolina en la unión neuromuscular, lo que desencadena un potencial de acción en la fibra. Este potencial provoca la liberación de calcio desde el retículo sarcoplásmico. El calcio permite que la miosina interactúe con la actina, generando un movimiento de “tirón” que acorta el sarcómero. Este proceso requiere ATP, que actúa como fuente de energía.

 

En función de cómo se produce esta contracción, se distinguen tres tipos.

 

En la contracción concéntrica el músculo se acorta;

 

en la isométrica no cambia su longitud;

 

y en la excéntrica, el músculo se alarga mientras sigue generando fuerza.

 

Este último tipo, aparentemente paradójico, es el que más se relaciona con la aparición de agujetas. Es el típico caso de bajar una cuesta o controlar el descenso de una pesa: el músculo está trabajando, pero cediendo al mismo tiempo.


 

 

 

Definición y características clínicas

 

El DOMS se manifiesta como un dolor muscular de inicio diferido que aparece entre 12 y 24 horas después del ejercicio, alcanza su máxima intensidad entre las 24 y 72 horas y puede prolongarse hasta una semana.

 

El dolor suele ser difuso, mal localizado y se acompaña de rigidez, sensibilidad al tacto y una disminución transitoria de la fuerza. No es un dolor incapacitante en condiciones normales, pero sí lo bastante molesto como para alterar la actividad diaria.

 

A diferencia de una lesión muscular aguda, no aparece de forma inmediata ni se asocia a signos evidentes como hematomas o una pérdida brusca de función.

 

Es, por así decirlo, un dolor “retardado”, que llega cuando uno ya se había olvidado del esfuerzo.


 

 

Evolución histórica del concepto

 

Durante décadas se atribuyó el origen de las agujetas al ácido láctico acumulado durante el ejercicio. Esta teoría resultaba intuitiva: el ejercicio intenso produce lactato y el dolor aparece después. Sin embargo, no resistió el escrutinio científico.

 

El lactato se elimina del músculo en pocas horas, mucho antes de que el dolor alcance su máximo. Además, hay actividades con gran producción de lactato que no generan agujetas significativas.

 

El modelo actual se centra en el daño microestructural del músculo y la respuesta inflamatoria que se desencadena a continuación.

 

Es un cambio de paradigma: de un problema metabólico transitorio a un proceso de microlesión y reparación.


 

 

Fisiopatología: lo que pasa realmente dentro del músculo

 

El ejercicio, especialmente el que incluye contracciones excéntricas, provoca pequeñas alteraciones estructurales en las fibras musculares.

 

No se trata de roturas visibles, sino de desorganización microscópica en los sarcómeros y en los discos Z. Esta alteración compromete la integridad del sarcolema y de las estructuras internas de la célula.

 

Como consecuencia, se produce una alteración en el manejo del calcio. El retículo sarcoplásmico pierde su capacidad de regular adecuadamente su liberación, lo que lleva a un aumento de calcio intracelular. Este calcio activa enzimas que degradan proteínas musculares, amplificando el daño inicial.

 

A partir de ahí entra en juego el sistema inmune. Se produce una respuesta inflamatoria caracterizada por la llegada de neutrófilos y macrófagos al tejido dañado. Estas células liberan mediadores inflamatorios, como citoquinas y prostaglandinas, que cumplen una doble función: facilitar la reparación y, al mismo tiempo, sensibilizar los receptores del dolor.

 

El resultado final es una mayor percepción dolorosa ante estímulos normales. El músculo no solo está dañado, sino que además está “hipersensible”. De ahí esa sensación de dolor incluso con movimientos suaves o presión ligera.


 

 

Factores que favorecen la aparición de agujetas

 

No todos los ejercicios ni todas las personas generan el mismo grado de DOMS. El factor más determinante es el tipo de contracción. El trabajo excéntrico es, con diferencia, el más lesivo desde el punto de vista microscópico.

 

El trabajo muscular excéntrico es ese en el que el músculo se activa mientras se alarga. O sea, está trabajando… pero “cediendo”. No es que el músculo se relaje, al contrario: está frenando un movimiento, como si fuera un amortiguador biológico. De hecho, es el tipo de contracción que más microlesiones produce (hola, agujetas del día siguiente 😅), pero también es clave para ganar fuerza y prevenir lesiones.

 

Ejemplos claros:

  • Bajar una pesa en un curl de bíceps (cuando el brazo se estira lentamente).

 

  • Descender en una sentadilla (los cuádriceps controlan la bajada).

 

  • Bajar escaleras (los músculos frenan el cuerpo en cada paso).

 

  • Correr cuesta abajo (los músculos de las piernas van “frenando” el impacto).

 

Vamos, que es el momento en el que el músculo dice: “vale, tiro para atrás… pero con dignidad”.

 

El nivel de entrenamiento también influye de forma clara. Las personas no entrenadas presentan una mayor susceptibilidad, pero incluso los deportistas experimentados pueden desarrollar agujetas cuando introducen un estímulo nuevo o cambian la rutina.

 

La intensidad y el volumen del ejercicio son variables clave: a mayor carga acumulada, mayor probabilidad de daño muscular.

 

También existen factores individuales, como la edad o la genética, que modulan la respuesta inflamatoria y la resistencia estructural del músculo.


 

 

Adaptación: el efecto de la sesión repetida

 

Uno de los aspectos más interesantes del DOMS es que el propio organismo aprende de la experiencia.

 

Tras una primera sesión que provoca agujetas, el músculo se adapta y responde de forma mucho más eficiente ante estímulos similares en el futuro. Este fenómeno, conocido como “repeated bout effect”, implica cambios tanto estructurales como neuromusculares.

 

El músculo refuerza sus estructuras, mejora la coordinación de sus fibras y modula la respuesta inflamatoria.

 

El resultado es una menor aparición de daño y, por tanto, menos dolor en sesiones posteriores.

 

Es, en esencia, la base biológica del entrenamiento: el cuerpo se vuelve menos “sorprendido” por lo que ya conoce.


 

 

Diagnóstico diferencial

 

Aunque las agujetas son un proceso benigno, es importante diferenciarlas de otras patologías que pueden presentarse con dolor muscular.

 

La rotura muscular, también conocida como desgarro, es una lesión en la que se produce una ruptura real de fibras musculares.

A diferencia del DOMS, el dolor aparece de forma inmediata durante el ejercicio, suele ser localizado y puede acompañarse de un chasquido o sensación de “tirón”.

Posteriormente pueden aparecer inflamación y hematoma, y la pérdida de fuerza es mucho más marcada.

 

La rabdomiólisis es un cuadro mucho más grave en el que se produce una destrucción masiva de fibras musculares, con liberación de su contenido al torrente sanguíneo.

Se asocia a ejercicio extremo, deshidratación o determinadas condiciones médicas.

Clínicamente se manifiesta con dolor muscular intenso, debilidad generalizada y, de forma característica, orina oscura debido a la presencia de mioglobina.

Es una urgencia médica porque puede causar daño renal.

 

El síndrome compartimental es otra entidad grave que se produce cuando aumenta la presión dentro de un compartimento muscular cerrado, comprometiendo la circulación y la función nerviosa.

El dolor es desproporcionado respecto al estímulo inicial, no mejora con el reposo y puede acompañarse de hormigueo, pérdida de sensibilidad o debilidad. Requiere intervención urgente.

 

En comparación con estas patologías, las agujetas tienen un curso predecible, autolimitado y sin signos de alarma.


 

 

Prevención

 

La forma más eficaz de prevenir las agujetas no es eliminar el ejercicio, sino introducirlo de forma progresiva.

 

El músculo necesita tiempo para adaptarse.

 

Incrementar la carga de manera gradual permite que las estructuras musculares se refuercen sin sufrir un daño excesivo.

 

El calentamiento mejora la preparación neuromuscular, aunque no evita completamente la aparición de DOMS.

 

La regularidad en el entrenamiento es fundamental, ya que mantiene activo el efecto de adaptación.

 

La nutrición también juega un papel importante. Un aporte adecuado de proteínas facilita la reparación muscular, y una correcta hidratación contribuye al funcionamiento celular.

 

Algunos estudios han explorado el papel de antioxidantes o ácidos grasos omega-3, aunque los resultados no son concluyentes.


 

 

Tratamiento

 

El tratamiento de las agujetas es fundamentalmente sintomático.

 

El ejercicio suave suele ser una de las estrategias más eficaces, ya que mejora la circulación y reduce la sensación de rigidez.

 

El masaje ha demostrado cierto beneficio en la reducción del dolor, probablemente por su efecto sobre la circulación y la modulación de la respuesta inflamatoria.

 

La crioterapia, como la aplicación de frío, puede aliviar los síntomas a corto plazo, aunque su efecto no es uniforme en todos los casos.

 

Los antiinflamatorios no esteroideos pueden reducir el dolor, pero su uso sistemático es controvertido, ya que podrían interferir con los procesos de adaptación muscular. Es decir, alivian, pero quizá “boicotean” parte del beneficio del entrenamiento.

 

Los estiramientos, pese a su popularidad, no han demostrado una eficacia clara ni en la prevención ni en el tratamiento del DOMS. O dicho de otra manera: estirar está bien, pero no es la solución milagro.


 

 

Mitos frecuentes

 

El clásico remedio del agua con azúcar carece de base científica. No existe ningún mecanismo fisiológico que lo respalde. Es uno de esos mitos que sobreviven porque son sencillos y reconfortantes.

 

Tampoco es cierto que haya que evitar cualquier ejercicio si se tienen agujetas. La actividad suave suele ser beneficiosa y forma parte de la recuperación.

 

Y, por último, no es verdad que las agujetas sean necesarias para mejorar. Son una posible consecuencia del entrenamiento, no un requisito.


 

 

Implicaciones clínicas y deportivas

 

Desde el punto de vista deportivo, las agujetas pueden disminuir el rendimiento, alterar la técnica y aumentar el riesgo de lesión si se entrena sin control. En personas que empiezan a hacer ejercicio, pueden ser un factor de abandono si no se explican adecuadamente.

 

En el ámbito clínico, comprender el DOMS es fundamental para prescribir ejercicio terapéutico de forma adecuada. Permite diferenciar entre un dolor esperado y uno patológico, evitando tanto la sobreprotección como la negligencia.


 

 

Perspectivas actuales de investigación

 

La investigación actual se centra en comprender mejor la interacción entre el sistema inmune y el músculo durante la recuperación.

 

También se estudian intervenciones nutricionales específicas y estrategias de recuperación más eficaces.

 

En los últimos años ha surgido interés por el papel del microbioma en la modulación de la inflamación, lo que abre nuevas líneas de investigación en un campo que, a pesar de lo cotidiano del fenómeno, sigue teniendo muchas preguntas abiertas.


 

 

Conclusión

 

Las agujetas no son un misterio ni un castigo, sino una respuesta fisiológica compleja al daño muscular inducido por el ejercicio.

 

Implican alteraciones estructurales microscópicas, una respuesta inflamatoria organizada y una posterior adaptación del tejido.

 

Entenderlas permite entrenar mejor, prevenir molestias innecesarias y evitar mitos que poco ayudan.

 

La clave sigue siendo la progresión, la constancia y cierta paciencia. Porque el músculo aprende… pero necesita que no lo machaquen como si fuera inmortal.

 

Y sí, seguirán apareciendo de vez en cuando. Como ese recordatorio incómodo de que el cuerpo tiene memoria… y sentido del humor bastante discutible.


 

 

Bibliografía

 

La siguiente selección recoge revisiones clave, estudios experimentales y textos de referencia sobre el dolor muscular de aparición tardía (DOMS), fisiología muscular y recuperación tras el ejercicio:

 

 

Revisiones generales sobre DOMS y fisiopatología

 

  • Cheung, K., Hume, P., & Maxwell, L. (2003). Delayed onset muscle soreness: treatment strategies and performance factors. Sports Medicine, 33(2), 145–164.

  •  
  • Armstrong, R. B. (1984). Mechanisms of exercise-induced delayed onset muscular soreness: a brief review. Medicine & Science in Sports & Exercise, 16(6), 529–538.

  •  
  • Clarkson, P. M., & Hubal, M. J. (2002). Exercise-induced muscle damage in humans. American Journal of Physical Medicine & Rehabilitation, 81(11 Suppl), S52–S69.

  •  
  • Proske, U., & Morgan, D. L. (2001). Muscle damage from eccentric exercise: mechanism, mechanical signs, adaptation and clinical applications. Journal of Physiology, 537(Pt 2), 333–345.

  •  
  • Paulsen, G., Mikkelsen, U. R., Raastad, T., & Peake, J. M. (2012). Leucocytes, cytokines and satellite cells: what role do they play in muscle damage and regeneration following eccentric exercise? Exercise Immunology Review, 18, 42–97.


 

 

Daño muscular y respuesta inflamatoria

 

  • Tidball, J. G. (2005). Inflammatory processes in muscle injury and repair. American Journal of Physiology-Regulatory, Integrative and Comparative Physiology, 288(2), R345–R353.

  •  
  • Peake, J. M., Neubauer, O., Della Gatta, P. A., & Nosaka, K. (2017). Muscle damage and inflammation during recovery from exercise. Journal of Applied Physiology, 122(3), 559–570.

  •  
  • Smith, L. L. (1991). Acute inflammation: the underlying mechanism in delayed onset muscle soreness? Medicine & Science in Sports & Exercise, 23(5), 542–551.


 

 

Contracción excéntrica y daño estructural

 

  • Fridén, J., & Lieber, R. L. (1992). Structural and mechanical basis of exercise-induced muscle injury. Medicine & Science in Sports & Exercise, 24(5), 521–530.

  •  
  • McArdle, W. D., Katch, F. I., & Katch, V. L. (2015). Exercise Physiology: Nutrition, Energy, and Human Performance. Lippincott Williams & Wilkins.

  •  
  • Lieber, R. L., & Fridén, J. (2002). Mechanisms of muscle injury after eccentric contraction. Journal of Science and Medicine in Sport, 5(3), 253–265.


 

 

Adaptación muscular y repeated bout effect

 

  • McHugh, M. P. (2003). Recent advances in the understanding of the repeated bout effect: the protective effect against muscle damage from a single bout of eccentric exercise. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 13(2), 88–97.

  •  
  • Hyldahl, R. D., & Hubal, M. J. (2014). Lengthening our perspective: morphological, cellular, and molecular responses to eccentric exercise. Muscle & Nerve, 49(2), 155–170.


 

 

Prevención y tratamiento del DOMS

 

  • Herbert, R. D., & de Noronha, M. (2007). Stretching to prevent or reduce muscle soreness after exercise. Cochrane Database of Systematic Reviews, Issue 4.

  •  
  • Torres, R., Ribeiro, F., Alberto Duarte, J., & Cabri, J. M. (2012). Evidence of the physiotherapeutic interventions used currently after exercise-induced muscle damage: systematic review and meta-analysis. Physical Therapy in Sport, 13(2), 101–114.

  •  
  • Dupuy, O., Douzi, W., Theurot, D., Bosquet, L., & Dugué, B. (2018). An evidence-based approach for choosing post-exercise recovery techniques to reduce markers of muscle damage, soreness, fatigue, and inflammation. Frontiers in Physiology, 9, 403.

  •  
  • Barnett, A. (2006). Using recovery modalities between training sessions in elite athletes: does it help? Sports Medicine, 36(9), 781–796.


 

 

Farmacología y recuperación

 

  • Mackey, A. L., & Kjaer, M. (2017). The breaking and making of healthy adult human skeletal muscle in vivo. Skeletal Muscle, 7(1), 24.

  •  
  • Trappe, T. A., et al. (2001). Influence of ibuprofen and acetaminophen on skeletal muscle adaptations to resistance exercise in older adults. American Journal of Physiology-Endocrinology and Metabolism, 280(3), E551–E556.


 

 

Rabdomiólisis y patología muscular (diagnóstico diferencial)

 

  • Huerta-Alardín, A. L., Varon, J., & Marik, P. E. (2005). Bench-to-bedside review: Rhabdomyolysis — an overview for clinicians. Critical Care, 9(2), 158–169.

  •  
  • Torres, P. A., Helmstetter, J. A., Kaye, A. M., & Kaye, A. D. (2015). Rhabdomyolysis: pathogenesis, diagnosis, and treatment. Ochsner Journal, 15(1), 58–69.


 

 

Fisiología muscular básica

 

  • Guyton, A. C., & Hall, J. E. (2021). Tratado de Fisiología Médica. Elsevier.

  •  
  • Hall, J. E. (2020). Guyton and Hall Textbook of Medical Physiology.

  • Elsevier.

  • Silverthorn, D. U. (2019). Human Physiology: An Integrated Approach. Pearson.


 

 

Nota final

 

Esta bibliografía combina artículos clásicos (que sentaron las bases del conocimiento actual) con revisiones más recientes que actualizan la evidencia. Si alguien se los lee todos… probablemente ya no tendrá agujetas, pero sí una ligera sobrecarga intelectual bastante digna 😄

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – Tratamiento integral de la menopausia: no va de una pastilla, va de entender todo el sistema

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se emite desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

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Al Médico con Ramón – Tratamiento integral de la menopausia: no va de una pastilla, va de entender todo el sistema

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Tratamiento integral de la menopausia: cómo abordar una revolución hormonal sin volverse loco (ni quedarse corto)

 

 

Hormonas, alternativas terapéuticas, salud mental y prevención: una mirada completa a una etapa que exige algo más que soluciones rápidas.


 

 

La menopausia no es un síntoma, ni dos, ni tres. Es un cambio global del organismo. Y como todo cambio global, no se soluciona con un parche.

 

Pretender tratar la menopausia solo con una crema, una pastilla o una recomendación suelta es como intentar arreglar una gotera con un chicle: puede aliviar, pero no resuelve el problema.

 

El abordaje real tiene que ser integral, individualizado y, sobre todo, bien entendido.


 

 

1. La terapia hormonal sustitutiva: la herramienta más potente… y la más malinterpretada

 

La terapia hormonal sustitutiva (THS) sigue siendo, a día de hoy, el tratamiento más eficaz para los síntomas derivados de la caída de estrógenos.

 

No hay otro tratamiento que iguale su capacidad para controlar los sofocos, mejorar el sueño o revertir la atrofia urogenital.

 

Desde el punto de vista fisiológico, su lógica es sencilla: si el problema es la falta de hormonas, la solución es reponerlas. Pero claro, en medicina lo sencillo rara vez es simple.

 

Durante años, la THS quedó marcada por el miedo tras la publicación de los resultados del estudio WHI a principios de los años 2000. Aquello se tradujo en titulares alarmistas y en una retirada masiva del tratamiento.

 

Con el tiempo, y con análisis más finos, se ha comprendido que el problema no era tanto la terapia en sí, sino el contexto en el que se utilizaba.

 

Hoy sabemos que el momento de inicio es clave. Existe lo que se denomina la “ventana de oportunidad”: iniciar la THS en mujeres menores de 60 años o dentro de los primeros diez años tras la menopausia se asocia a un perfil de seguridad mucho más favorable. En ese grupo, los beneficios superan claramente a los riesgos en muchas pacientes.

 

Los beneficios son bien conocidos. La THS reduce de manera muy significativa los sofocos, mejora la calidad del sueño y tiene un efecto claro sobre la calidad de vida. A nivel óseo, disminuye la pérdida de masa y reduce el riesgo de fracturas. También tiene efectos positivos sobre la mucosa vaginal y el tracto urinario.

 

Sin embargo, no es un tratamiento inocuo. El uso prolongado de combinaciones de estrógenos y progestágenos se ha asociado a un aumento discreto del riesgo de cáncer de mama. También existe un incremento del riesgo de trombosis venosa, especialmente con la vía oral, y un ligero aumento del riesgo de ictus en mujeres de mayor edad.

 

Aquí es donde entra el matiz que tantas veces se pierde: no todas las terapias hormonales son iguales. La vía transdérmica, por ejemplo, parece tener un menor impacto sobre el riesgo trombótico. El tipo de progestágeno también influye. Y, sobre todo, el perfil individual de cada mujer marca la indicación.

 

Por eso, la THS no es ni el enemigo público número uno ni la solución universal.

 

Es una herramienta potente que, bien utilizada, puede cambiar radicalmente la experiencia de la menopausia.


 

 

2. Alternativas no hormonales: cuando las hormonas no son una opción

 

No todas las mujeres pueden o desean utilizar terapia hormonal. En estos casos, el abordaje se orienta hacia tratamientos que, sin ser tan eficaces globalmente, pueden aliviar síntomas concretos.

 

Para los sofocos, algunos fármacos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o la gabapentina han demostrado una eficacia moderada. No eliminan los síntomas como la THS, pero pueden reducir su intensidad y frecuencia.

 

En el ámbito urogenital, el tratamiento local con estrógenos vaginales ofrece resultados muy buenos, con una absorción sistémica mínima. Es una opción especialmente útil para la sequedad vaginal y la dispareunia, incluso en mujeres en las que la terapia hormonal sistémica está contraindicada.

 

La salud ósea merece una mención especial. La pérdida de masa ósea en la menopausia no es anecdótica, es un problema de salud pública. Aquí, además del calcio y la vitamina D, existen fármacos específicos como los bisfosfonatos o el denosumab, que se utilizan en mujeres con riesgo elevado de fractura.

 

En cuanto al metabolismo, no hay atajos farmacológicos eficaces a largo plazo. El aumento de peso y la redistribución grasa requieren un abordaje basado en la alimentación y el ejercicio. Puede sonar poco atractivo, pero es lo que funciona.


 

 

3. El papel del apoyo psicológico: cuando la biología se mezcla con la vida

 

Uno de los grandes errores en el abordaje de la menopausia es reducirla a una cuestión hormonal. El componente psicológico es fundamental.

 

La fluctuación y posterior descenso de los estrógenos influye en neurotransmisores clave como la serotonina, lo que puede favorecer la aparición de ansiedad o síntomas depresivos. A esto se suma el impacto del insomnio, los cambios vitales asociados a esta etapa y, en muchos casos, factores sociales y personales.

 

El apoyo psicológico no es un lujo, es una parte del tratamiento. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado eficacia en el manejo del insomnio y en la reducción del impacto de los sofocos. Además, puede ayudar a mejorar la adaptación emocional a esta etapa.

 

No se trata de “psicologizar” la menopausia, sino de entender que el cerebro también forma parte del sistema.


 

 

4. Estilo de vida: la base silenciosa que lo sostiene todo

 

Si hay un pilar que atraviesa todo el tratamiento de la menopausia es el estilo de vida. Y aquí no hay novedades revolucionarias, pero sí evidencia sólida.

 

El ejercicio físico regular tiene efectos sobre el estado de ánimo, la salud cardiovascular, la masa ósea y el metabolismo. No es un complemento, es parte del tratamiento.

 

La alimentación equilibrada, especialmente patrones como la dieta mediterránea, contribuye a reducir el riesgo cardiovascular y a controlar el peso. El sueño, muchas veces alterado en esta etapa, debe cuidarse como una prioridad.

 

Y el tabaco, una vez más, juega en contra. Acelera la pérdida ósea y empeora el perfil cardiovascular.


 

 

5. Seguimiento médico: prevenir mejor que lamentar

 

La menopausia marca un punto de inflexión en términos de riesgo de enfermedad crónica. Por eso, el seguimiento médico cobra especial importancia.

 

Las revisiones ginecológicas deben mantenerse, al igual que el cribado de cáncer de mama mediante mamografía.

 

El control cardiovascular, incluyendo tensión arterial, perfil lipídico y glucosa, es fundamental, ya que el riesgo aumenta tras la menopausia.

 

En mujeres con factores de riesgo, la densitometría ósea permite detectar de forma precoz la osteoporosis.

 

No se trata de medicalizar la vida, sino de adelantarse a los problemas.


 

 

6. Sexualidad: redescubrir en lugar de renunciar

 

La sexualidad en la menopausia no desaparece, pero cambia. Los factores físicos, como la sequedad vaginal, se combinan con factores emocionales y relacionales.

 

El tratamiento local, el uso de lubricantes y, sobre todo, la comunicación en pareja son claves para mantener una vida sexual satisfactoria.

 

En muchos casos, esta etapa permite redefinir la sexualidad de una forma más libre y consciente.


 

 

7. Conclusión: la clave está en el enfoque global

 

El tratamiento de la menopausia no puede ser parcial. No basta con tratar los sofocos o mejorar el sueño. Es necesario un enfoque que integre todos los aspectos: hormonal, físico, psicológico y preventivo.

 

La terapia hormonal puede ser una herramienta excelente cuando está bien indicada. Las alternativas no hormonales tienen su papel. El apoyo psicológico es imprescindible en muchos casos. Y el estilo de vida y el seguimiento médico son la base que sostiene todo lo demás.

 

En definitiva, no se trata de “pasar” la menopausia.
Se trata de entenderla y manejarla con criterio.

 

Porque cuando se hace bien, deja de ser un problema… y pasa a ser simplemente otra etapa de la vida.


 

 

 

8. Algoritmo práctico de tratamiento de la menopausia (para no perderse en el camino)

 

Porque una cosa es la teoría… y otra lo que haces cuando tienes delante a una paciente con sofocos, insomnio y mala leche (justificada, todo hay que decirlo).


 

 

Paso 1: identificar el problema principal

 

No todas las menopausias son iguales, así que lo primero es ver qué predomina:

 

  • Sofocos y sudoración

 

  • Insomnio

 

  • Sequedad vaginal / dispareunia

 

  • Cambios de ánimo

 

  • Aumento de peso / riesgo metabólico

 

  • Riesgo óseo

 

Aquí no hay que tratar “la menopausia”, sino lo que más molesta o preocupa.


 

 

Paso 2: valorar si es candidata a THS

 

Aquí está la gran decisión.

 

Se plantea THS si:

 

  • Síntomas moderados o severos

 

  • Menos de 60 años o <10 años desde menopausia

 

  • Sin contraindicaciones

 

 

Antes de indicar:

 

  • Historia clínica completa

 

  • Evaluar riesgo cardiovascular

 

  • Antecedentes de cáncer de mama

 

  • Riesgo trombótico

 

 

Si todo cuadra → la THS suele ser la mejor opción.

 

Si no cuadra → hay que ir por otras vías (y no pasa nada).


 

 

 

Paso 3: elegir el tipo de tratamiento

 

Aquí viene la parte fina.

 

Si se decide THS:

 

  • Útero presente → estrógenos + progestágeno

 

  • Sin útero → solo estrógenos

 

 

Preferir vía transdérmica si:

 

  • Riesgo trombótico

 

  • Obesidad

 

  • Factores cardiovasculares

 

Si el problema es solo vaginal:


👉 tratamiento local (mucho más simple y seguro)


 

 

 

Paso 4: si no hay THS (o no se quiere)

 

Se actúa por síntomas:

 

Sofocos → ISRS / gabapentina


Sequedad vaginal → lubricantes o estrógenos locales


Insomnio → higiene del sueño + terapia cognitivo-conductual


Ansiedad / ánimo → apoyo psicológico ± fármacos

 

 

No es tan potente como la THS, pero bien manejado funciona razonablemente.


 

 

Paso 5: intervenir siempre sobre estilo de vida

 

Esto no es opcional.

 

Ejercicio regular (clave para todo)

 

  • Dieta equilibrada

 

  • Control de peso

 

  • Evitar tabaco

 

  • Cuidar el sueño

 

Da igual el tratamiento que pongas: sin esto, el resultado siempre será peor.


 

 

 

Paso 6: valorar riesgo óseo y cardiovascular

 

Aquí hay que levantar la vista del síntoma.

 

  • Densitometría si riesgo de osteoporosis

 

  • Control de tensión arterial

 

  • Perfil lipídico

 

  • Glucosa

 

 

Si hay riesgo:


👉 tratar específicamente (no basta con “vigilar”).


 

 

Paso 7: seguimiento (porque esto no es poner y olvidarse)

 

  • Reevaluar síntomas

 

  • Ajustar dosis si hay THS

 

  • Vigilar efectos adversos

 

  • Reforzar hábitos

 

La menopausia es un proceso dinámico. El tratamiento también debe serlo.


 

 

Mini resumen (modo café rápido)

 

  • Si hay síntomas importantes → pensar en THS

 

  • Si no se puede o no se quiere → tratamiento dirigido

 

  • Siempre → estilo de vida + prevención

 

  • Y sobre todo → individualizar


 

 

 

Cierre final

 

La menopausia no se trata con recetas universales ni con soluciones mágicas. Se trata entendiendo a la paciente, sus síntomas y su contexto.

 

Un buen tratamiento no es el más sofisticado.
Es el que mejor encaja.

 

Y cuando eso ocurre, la diferencia se nota. Mucho.

 

 

 

 

Bibliografía

  • North American Menopause Society (NAMS). 2022 Hormone Therapy Position Statement.

 

  • Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). Guía de menopausia.

 

  • WHI Investigators. Risks and benefits of estrogen plus progestin. JAMA.

 

  • Nelson HD. Menopause. The Lancet.

 

  • Pinkerton JV. Menopause management. Obstetrics & Gynecology Clinics.

 

  • Santoro N. Perimenopause and menopause. J Clin Endocrinol Metab.

 

  • Freeman EW. Hormones and mood in menopause. Arch Gen Psychiatry.

 

  • Greendale GA. Bone loss in menopause. Ann Intern Med.

 

  • Soares CN. Mood disorders in menopause. Menopause Journal.

 

 

 

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – Menopausia: el gran cambio hormonal que nadie te explicó bien (y que afecta a todo)

28/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se emite desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

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Al Médico con Ramón – Menopausia: el gran cambio hormonal que nadie te explicó bien (y que afecta a todo)

22/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Menopausia: el gran cambio hormonal que nadie te explicó bien (y que afecta a todo)

 

De la pubertad al declive ovárico: un viaje biológico, psicológico y social que va mucho más allá de los sofocos.


 

 

Si la vida hormonal de la mujer fuera una película, la menopausia no sería el final, sino un cambio de género.

 

Pasamos de una comedia romántica con altibajos a un drama existencial con momentos de thriller… pero también con bastante aprendizaje.

 

Y lo curioso es que, siendo un proceso universal, sigue siendo uno de los grandes desconocidos.


 

 

1. La vida hormonal de la mujer: una historia larga (y muy bien orquestada)

 

Para entender la menopausia hay que dejar de verla como un evento aislado.

 

Es la consecuencia de un proceso biológico que empieza décadas antes, prácticamente desde que el organismo decide poner en marcha el sistema reproductor.

 

Durante la infancia, el eje hipotálamo-hipófisis-ovario está en reposo relativo.

 

No es que no funcione, es que está como en “modo avión”.

 

Los niveles de estrógenos y progesterona son bajos, y el cuerpo crece sin las interferencias de la función reproductiva. Es una etapa de estabilidad endocrina bastante envidiable.

 

Todo cambia con la pubertad.

El hipotálamo empieza a liberar GnRH de forma pulsátil, lo que estimula a la hipófisis para producir FSH y LH.

Estas hormonas activan los ovarios, que comienzan a producir estrógenos.

A partir de aquí, el cuerpo femenino entra en una dinámica cíclica que puede durar tres o cuatro décadas.

Aparece la menarquia, se desarrollan los caracteres sexuales secundarios y, sobre todo, se establece el ciclo menstrual.

 

Durante la edad fértil, el sistema funciona con una precisión sorprendente.

 

Los estrógenos dominan la primera mitad del ciclo, favoreciendo el crecimiento del endometrio, mientras que la progesterona toma el relevo tras la ovulación, estabilizando ese tejido y preparándolo para una posible implantación.

 

Este equilibrio, aunque parece sólido, es en realidad bastante delicado y puede alterarse con relativa facilidad.

 

Con el paso de los años, los ovarios van perdiendo folículos.

No es un proceso brusco, sino progresivo y silencioso.

De hecho, cuando una mujer nace ya tiene el número máximo de ovocitos que tendrá en su vida.

A partir de ahí, todo es pérdida.

Cuando esa reserva ovárica disminuye de forma significativa, el sistema empieza a fallar.

Y ahí es donde aparece la perimenopausia.

 

En esta fase, los ciclos se vuelven irregulares, la ovulación no siempre ocurre y la producción hormonal se vuelve errática.

No es tanto una falta de hormonas como un caos en su regulación.

Los estrógenos pueden subir y bajar de forma impredecible, mientras que la progesterona suele disminuir antes, generando un desequilibrio.

 

Finalmente, cuando los ovarios dejan prácticamente de funcionar, se alcanza la menopausia.

El organismo entra entonces en una nueva fase, la postmenopausia, en la que los niveles hormonales son bajos pero estables.

El problema es que el cuerpo ha estado décadas funcionando con otro “software”.


 

 

2. ¿Qué es la menopausia y por qué ocurre?

 

La menopausia se define como el cese definitivo de la menstruación tras 12 meses consecutivos sin regla.

No es un día concreto, sino un punto de referencia que se establece a posteriori.

 

Su causa fundamental es el agotamiento de la reserva folicular ovárica.

Cuando ya no hay folículos suficientes, el ovario deja de responder a la estimulación hormonal.

Como consecuencia, disminuye la producción de estrógenos y progesterona.

 

El organismo intenta compensarlo.

La hipófisis aumenta la secreción de FSH y LH, pero ya no hay respuesta ovárica.

Es como subir el volumen de la radio cuando no hay señal: más ruido, pero misma falta de contenido.


 

 

3. Tipos de menopausia: no todas siguen el mismo guion

 

Aunque el patrón general es común, hay variaciones importantes.

La menopausia natural es la más frecuente y ocurre alrededor de los 50 años.

Sin embargo, algunas mujeres experimentan una menopausia precoz antes de los 40, lo que puede tener implicaciones importantes tanto a nivel físico como psicológico.

 

También existe la menopausia inducida, que aparece tras la extirpación de los ovarios o como consecuencia de tratamientos como la quimioterapia o la radioterapia.

En estos casos, el cambio es brusco, sin fase de adaptación, y los síntomas suelen ser más intensos.


 

 

4. Los síntomas: mucho más que sofocos

 

Aquí es donde la teoría se vuelve experiencia real.

La caída de estrógenos tiene efectos en prácticamente todos los sistemas del organismo.

 

Los sofocos son el síntoma más conocido.

Se producen por una alteración del centro termorregulador del hipotálamo.

Al disminuir los estrógenos, este sistema se vuelve más sensible a pequeños cambios de temperatura, desencadenando respuestas exageradas de calor y sudoración.

No es simplemente “tener calor”, es un fallo en el sistema de control térmico.

 

El sueño también se ve afectado.

No solo por los sofocos nocturnos, sino por cambios en la regulación de neurotransmisores y hormonas como la melatonina.

Muchas mujeres describen despertares frecuentes o dificultad para mantener el sueño, lo que a su vez empeora otros síntomas.

 

La sequedad vaginal es otro problema frecuente y directamente relacionado con la falta de estrógenos.

La mucosa vaginal pierde elasticidad, grosor y lubricación.

Esto no solo afecta a la vida sexual, sino también al confort diario.

 

A nivel cutáneo, la piel pierde colágeno, se vuelve más fina y menos elástica.

El cabello puede debilitarse y cambiar su patrón de crecimiento.

Son cambios lentos, pero acumulativos.

 

El metabolismo también se modifica.

Hay una tendencia al aumento de grasa abdominal y a la resistencia a la insulina.

No es solo cuestión de dieta; hay un cambio hormonal de base que favorece esta redistribución.

 

En el plano cardiovascular, la pérdida del efecto protector de los estrógenos se traduce en un aumento del riesgo de enfermedad coronaria.

Y en el hueso, la disminución de estrógenos acelera la resorción ósea, favoreciendo la osteoporosis.


 

 

5. La mente también cambia (y no es sugestión)

 

Uno de los aspectos más infravalorados de la menopausia es su impacto psicológico.

Y aquí conviene ser claro: no es un problema de actitud, es biología.

 

Los estrógenos influyen en neurotransmisores como la serotonina y la dopamina.

Cuando disminuyen, se produce una mayor vulnerabilidad a cambios de ánimo, ansiedad e incluso depresión.

A esto se suma el impacto del insomnio, que por sí solo ya altera el equilibrio emocional.

 

Muchas mujeres refieren dificultad para concentrarse, olvidos o sensación de “niebla mental”.

No es un deterioro cognitivo como tal, sino una combinación de factores hormonales, sueño alterado y estrés.

 

En el ámbito sexual, los cambios son complejos.

Puede haber disminución del deseo, pero también influyen factores emocionales, de pareja y de percepción corporal.

Curiosamente, algunas mujeres experimentan una mejora en esta etapa, al desaparecer el miedo al embarazo y redefinir su sexualidad.


 

 

6. No hay dos menopausias iguales

 

La experiencia de la menopausia varía enormemente.

Algunas mujeres apenas tienen síntomas, mientras que otras los viven de forma intensa.

La genética influye, pero también el estilo de vida, la salud previa, el contexto social y la actitud hacia el envejecimiento.

 

No es lo mismo vivir este proceso en una cultura que lo ve como una transición natural que en otra que lo asocia a pérdida o decadencia.

El componente cultural es más importante de lo que parece.


 

 

7. Tratamiento y abordaje: más allá de la pastilla milagro

 

La terapia hormonal sustitutiva es el tratamiento más eficaz para los síntomas vasomotores y la prevención de la pérdida ósea.

Sin embargo, no es una solución universal y debe individualizarse en función de riesgos y beneficios.

 

Existen también opciones no hormonales que pueden ayudar, especialmente en mujeres que no pueden o no desean utilizar hormonas.

 

Y, por supuesto, el estilo de vida sigue siendo un pilar fundamental.

Ejercicio, alimentación equilibrada, buen descanso y evitar tóxicos son medidas que, aunque suenen básicas, tienen un impacto real.


 

 

8. Conclusión: entender para no sufrir de más

 

La menopausia no es una enfermedad, pero tampoco es un simple trámite.

Es un proceso biológico complejo, con implicaciones físicas y psicológicas reales.

El problema no es la menopausia en sí.

El problema es la desinformación.

 

Cuando se entiende lo que está pasando, muchos síntomas dejan de ser inexplicables y pasan a ser manejables.

Y eso, en medicina, ya es media batalla ganada.


 

 

 

9. Manual de supervivencia para los que rodean a una mujer en menopausia (sí, esto va también por ti)

 

La menopausia no la vive solo la mujer.

La vive su entorno, aunque algunos aún no se hayan enterado.

Y aquí hay una verdad incómoda: muchas veces el problema no es el síntoma, sino cómo reaccionan los demás ante él.

 

No se trata de “aguantar” ni de ir con pies de plomo como si hubiera una bomba en el salón.

Se trata de entender qué está pasando y actuar con un mínimo de inteligencia emocional.

Que tampoco es una ciencia oculta.


 

 

9.1 Lo primero: entender que no es teatro

 

Los cambios hormonales no son una excusa.

Son un hecho biológico con impacto real en el cerebro, el sueño, el estado de ánimo y el cuerpo.

 

Cuando una mujer dice que está cansada, irritable o que no ha dormido bien, lo más probable es que no esté exagerando.

Está describiendo su realidad fisiológica.

 

La peor respuesta posible:

👉 “Estás así porque quieres”

👉 “Relájate un poco”

 

Eso no ayuda. Eso incendia.


 

 

9.2 Escuchar (pero de verdad, no en modo automático)

 

Parece una tontería, pero no lo es.

Muchas veces lo que más ayuda no es dar soluciones, sino escuchar sin interrumpir, sin minimizar y sin convertir la conversación en un debate.

 

No hace falta tener una respuesta para todo.

A veces basta con un “te entiendo” o un “menudo día estás teniendo”.

 

Y ojo: escuchar no es esperar tu turno para hablar.


 

 

9.3 Adaptarse a los cambios (porque los hay, y son reales)

 

Habrá días mejores y días peores.

Cambios de humor, cansancio, necesidad de estar sola o de hablar más de la cuenta.

 

Pretender que todo siga igual es como pedirle al invierno que haga calor porque en agosto lo hacía.

 

Aquí la clave es la flexibilidad.

No dramatizar cada cambio ni tomárselo como algo personal.


 

 

9.4 No personalizarlo todo (esto es clave)

 

Uno de los errores más frecuentes: interpretar cualquier irritabilidad como algo contra uno mismo.

 

No todo va de ti.
Repito: no todo va de ti.

 

Muchas reacciones tienen más que ver con el estado interno que con lo que ocurre fuera.

Entender esto evita discusiones absurdas y desgastantes.


 

 

 

9.5 Ayudar en lo práctico (sin esperar medalla)

 

El cansancio y el insomnio pasan factura. Y bastante.

 

Echar una mano en tareas cotidianas, asumir más carga en momentos puntuales o simplemente facilitar el día a día puede marcar la diferencia.

 

No hace falta hacer un discurso. Basta con hacerlo.


 

 

9.6 Informarse (sí, también toca estudiar un poco)

 

Sorprende lo poco que sabe el entorno sobre la menopausia.

Y luego vienen los malentendidos.

 

Entender qué son los sofocos, por qué hay insomnio o de dónde salen los cambios de humor ayuda a relativizar y a reaccionar mejor.

 

No hace falta hacerse experto.

Pero un mínimo sí.


 

 

9.7 Cuidar la comunicación de pareja

 

En el caso de parejas, esta etapa puede ser un punto de fricción… o una oportunidad de ajuste.

 

La sexualidad puede cambiar, el deseo puede fluctuar y la comunicación se vuelve más importante que nunca.

 

Aquí hay dos opciones:

 

  • Callarse y acumular tensión

  • Hablar con honestidad

 

La segunda suele dar mejores resultados, aunque cueste más al principio.


 

 

9.8 Evitar bromitas de cuñado (por favor)

 

El humor está bien.

El sarcasmo barato no.

 

Frases tipo:

👉 “Ya estás menopáusica”

👉 “Eso son las hormonas”

 

No ayudan.

No hacen gracia.

Y suelen tener consecuencias.


 

 

9.9 Fomentar el autocuidado (sin imponer)

 

Animar a hacer ejercicio, a descansar o a consultar con profesionales puede ser útil, pero sin tono paternalista.

 

No se trata de dirigir, sino de acompañar.


 

 

9.10 Tener paciencia (sí, toca)

 

Esto no dura dos semanas.

Es un proceso que puede alargarse años.

 

Habrá momentos de estabilidad y otros más complicados.

La clave está en no reaccionar a corto plazo como si todo fuera definitivo.


 

 

10. Conclusión final: esto va de equipo

 

La menopausia es un proceso individual, pero su impacto es colectivo.

La manera en que el entorno responde puede hacer que esta etapa sea más llevadera… o bastante más difícil.

 

No se trata de convertir a la mujer en el centro del universo, sino de entender que está atravesando un cambio biológico real y adaptarse con sentido común.

 

Porque al final, más allá de hormonas, sofocos y neurotransmisores, esto va de algo bastante básico:

 

👉 comprensión

👉 respeto

👉 y un poco de mano izquierda

 

Que, visto lo visto, a veces es lo más complicado de todo.


 

 

 

Perfecto, vamos a cerrar el artículo con una bibliografía más sólida y completa, incluyendo también referencias útiles para esa parte del entorno y apoyo social (que sí, hay ciencia detrás, no es solo “sentido común ilustrado”).


 

 

Bibliografía

 

La información recogida en este artículo se basa en guías clínicas internacionales, revisiones sistemáticas y estudios relevantes sobre endocrinología, salud mental y menopausia:

 

  • North American Menopause Society (NAMS). The 2022 Hormone Therapy Position Statement of The North American Menopause Society. Menopause.

  • Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). Guía de práctica clínica sobre menopausia y postmenopausia.

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Women, Ageing and Health: A Framework for Action.

  • National Institutes of Health (NIH). Menopause and Hormone Therapy.

  • Burger HG, Dudley EC, Robertson DM, Dennerstein L. The endocrinology of the menopause transition. Maturitas.

  • Santoro N, Epperson CN, Mathews SB. Menopausal symptoms and their management. Endocrinology and Metabolism Clinics of North America.

  • Freeman EW. Associations of hormones and menopausal status with depressed mood in women with no history of depression. Archives of General Psychiatry.

  • Soares CN. Mood disorders in midlife women: understanding the critical window and its clinical implications. Menopause.

  • Avis NE et al. Duration of menopausal vasomotor symptoms over the menopause transition. JAMA Internal Medicine.

  • Greendale GA et al. Bone loss in the menopausal transition. Annals of Internal Medicine.

  • Nelson HD. Menopause. The Lancet.

  • Pinkerton JV, Stovall DW, Kightlinger RS. Advances in the treatment of menopausal symptoms. Obstetrics and Gynecology Clinics of North America.

  • Utian WH. Psychosocial and socioeconomic burden of vasomotor symptoms in menopause. Climacteric.

  • Hunter MS, Rendall M. Bio-psycho-socio-cultural perspectives on menopause. Best Practice & Research Clinical Obstetrics & Gynaecology.

  • Dennerstein L, Lehert P, Guthrie JR. The effects of the menopausal transition and biopsychosocial factors on well-being. Archives of Women’s Mental Health.

  • Avis NE, Crawford SL, Green R. Vasomotor symptoms across the menopause transition: differences among women. Obstetrics & Gynecology Clinics.

 

Sobre apoyo social y entorno

 

  • Thoits PA. Mechanisms linking social ties and support to physical and mental health. Journal of Health and Social Behavior.

  • Cohen S, Wills TA. Stress, social support, and the buffering hypothesis. Psychological Bulletin.

  • Taylor SE. Social support: a review. Handbook of Health Psychology.

  • Reblin M, Uchino BN. Social and emotional support and its implication for health. Current Opinion in Psychiatry.

  • Hunter MS, Gupta P, Papitsch-Clark A, Sturdee DW. Mid-aged women’s experiences of menopausal symptoms and their impact on relationships. Climacteric.


 

 

Nota final (casi de andar por casa)

 

La menopausia está muy estudiada.

 

Lo que está menos trabajado es cómo convivimos con ella en el día a día.

 

Y ahí, curiosamente, la evidencia científica y el sentido común coinciden bastante:

cuando hay apoyo, comprensión y buena comunicación… todo va mejor.

 

No es magia.

Es biología… bien acompañada.


 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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21/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se emite desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

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Al Médico con Ramón – El sarampión vuelve (de nuevo): por qué España y Europa están viendo un repunte preocupante

17/03/2026

El sarampión vuelve a llamar a la puerta: el repunte en España y Europa y por qué no es una simple enfermedad infantil

El repunte de casos, la pérdida del estatus de país libre de sarampión y el papel de la desinformación reabren un debate que muchos creían cerrado.

El virus no ha cambiado. La ciencia tampoco. Lo que ha cambiado es nuestra percepción del riesgo.

Durante años el sarampión fue, para buena parte de la población europea, un recuerdo lejano. Una enfermedad de los relatos de los abuelos, de los libros de medicina histórica, de fotografías antiguas en blanco y negro.

Pero entre 2024 y 2025 Europa volvió a registrar cifras que no se veían desde hacía más de dos décadas. Y España perdió oficialmente su estatus de país libre de sarampión tras reanudarse la transmisión sostenida del virus.

No es un detalle administrativo. Es un síntoma epidemiológico.

El sarampión no había desaparecido. Estaba contenido.

El dato incómodo: cifras que obligan a mirar de frente

En la Región Europea de la OMS (que incluye Europa y Asia Central) se notificaron más de 127.000 casos en 2024, la cifra más alta en más de 25 años.

En el ámbito de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo, el ECDC registró 35.212 casos y 23 muertes en 2024.

En 2025 los casos descendieron respecto al pico de 2024 (en torno a 34.000 notificados en la Región Europea), pero siguieron muy por encima de los niveles previos a la pandemia. Y siguieron registrándose fallecimientos.

En el análisis del ECDC sobre la ola 2024–principios de 2025, Rumanía fue el país más golpeado, con un número muy elevado de casos y 18 muertes, además de al menos un fallecimiento adicional notificado en Irlanda.

En España, tras años con cifras prácticamente testimoniales, los casos crecieron hasta situarse en torno a varios centenares en 2025 (en torno a 400–418 según distintas fuentes periodísticas y sanitarias). Ese aumento sostenido llevó a la retirada del estatus de eliminación del sarampión.

No es solo un aumento de notificaciones. Es la constatación de que el virus ha vuelto a encontrar cadenas de transmisión continuada.

Un virus extremadamente contagioso

El sarampión está causado por un virus respiratorio de la familia de los paramixovirus.

Es uno de los patógenos humanos más contagiosos conocidos.

Si una persona infectada entra en contacto con individuos no vacunados, la probabilidad de transmisión puede superar el 90 %.

Se transmite por gotículas respiratorias y aerosoles.

Puede permanecer en el aire en espacios cerrados durante un tiempo suficiente como para infectar a personas que ni siquiera han tenido contacto directo con el enfermo.

Clínicamente comienza con fiebre alta, tos, rinitis, conjuntivitis y malestar intenso.

Posteriormente aparece la erupción característica que progresa desde la cara al tronco y las extremidades.

Pero reducir el sarampión a “un sarpullido” es una simplificación peligrosa.

Las complicaciones que la memoria colectiva ha olvidado

El sarampión puede causar neumonía, que es la principal causa de muerte asociada a la enfermedad.

Puede provocar encefalitis, con riesgo de secuelas neurológicas permanentes.

Puede causar otitis graves, pérdida auditiva, ceguera.

Y existe un fenómeno especialmente relevante desde el punto de vista inmunológico: la llamada amnesia inmunológica.

Tras la infección, el sistema inmunitario puede perder parte de la memoria frente a otros patógenos, dejando al paciente más vulnerable durante meses a nuevas infecciones.

En menores de cinco años, en personas desnutridas o inmunodeprimidas, el riesgo de complicaciones graves y muerte es considerable.

Cuando la incidencia baja durante años, estas complicaciones dejan de verse en la práctica diaria. Y cuando dejan de verse, se banaliza la enfermedad. Pero el virus no ha cambiado.

Antes de la vacuna: un auténtico depredador infantil

Antes de la introducción de la vacuna en los años sesenta, el sarampión era prácticamente universal en la infancia.

A escala global, sin vacunación, se estima que podía causar del orden de 2 a 3 millones de muertes anuales.

Era una de las principales causas de mortalidad infantil en el mundo.

Con la expansión de la vacunación a partir de los años sesenta y especialmente con los programas masivos desde los setenta, el panorama cambió radicalmente.

Las estimaciones divulgativas basadas en datos de carga global describen una caída desde cifras históricas del orden de 2,6 millones de muertes anuales a cifras recientes en torno a decenas de miles (por ejemplo, alrededor de 83.000 en algunos análisis globales recientes).

Se calcula que la vacunación contra el sarampión ha evitado más de 90 millones de muertes en el mundo en las últimas décadas, con estimaciones que sitúan la cifra en torno a 94 millones desde 1974.

Es uno de los mayores logros de la salud pública moderna.

Europa antes y después de la vacuna

Europa no fue una excepción histórica. Antes de la vacuna, el sarampión era prácticamente universal, con olas epidémicas periódicas, alta transmisión y una mortalidad concentrada en la infancia.

La vacunación cambió el combustible epidemiológico. No solo redujo los casos: redujo la circulación viral hasta el punto de que muchos países europeos alcanzaron la eliminación de la transmisión endémica.

España fue declarada libre de sarampión desde 2017 hasta la reciente retirada de ese estatus.

La vacuna no hizo desaparecer el virus del planeta. Hizo que dejara de circular de forma sostenida allí donde la cobertura era alta.

La paradoja del éxito

El sarampión requiere coberturas cercanas al 95 % con dos dosis para impedir su circulación sostenida.

Cuando se crean bolsas de población susceptible —por rechazo vacunal, dudas, retrasos en la segunda dosis, desinformación o interrupciones sanitarias como las vividas durante la pandemia de COVID-19— el virus encuentra el combustible que necesita.

No se trata solo de antivacunas radicales. También influyen la hesitación vacunal, la falsa sensación de seguridad y los calendarios incompletos.

En un virus tan contagioso, pequeñas grietas generan grandes brotes.

El repunte europeo de 2024–2025 se interpreta en gran parte como resultado de brechas de cobertura y de una recuperación incompleta de los programas de inmunización tras la pandemia, sumado a la amplificación de mensajes antivacunas.

El sarampión no “renace”. Aprovecha.

Mortalidad reciente: menos que antes, pero no cero

Gracias a la vacunación, la mortalidad en Europa es muchísimo menor que en la era pre-vacunal.

Pero el repunte reciente ha demostrado que no es una cifra simbólica.

En la Región Europea de la OMS, el pico de 2024 se asoció a al menos 38 muertes según datos preliminares reportados por OMS y UNICEF.

En la UE/EEE, el ECDC notificó 23 muertes en 2024.

Muchas de esas muertes ocurrieron en niños pequeños.

Este dato desmonta una idea peligrosa: “el sarampión ya no mata”.

Sí mata. Mucho menos que antes gracias a la vacuna y a la medicina moderna. Pero cuando circula intensamente, reaparecen hospitalizaciones, complicaciones graves y fallecimientos. Y muchas veces afectan a quienes menos responsabilidad tienen: lactantes demasiado pequeños para estar completamente protegidos o personas inmunodeprimidas que dependen de la inmunidad colectiva.

Vacuna frente a enfermedad: comparar riesgos con honestidad

La vacuna triple vírica (MMR) tiene décadas de uso y un perfil de seguridad bien documentado. Dos dosis proporcionan inmunidad en más del 95 % de quienes la reciben.

Puede producir fiebre transitoria o molestias leves. Los efectos adversos graves son raros.

La enfermedad natural, en cambio, puede causar neumonía, encefalitis, inmunosupresión prolongada, secuelas permanentes y muerte.

Comparar una reacción vacunal leve con un exantema banal es ignorar el verdadero riesgo del sarampión.

La vacunación no es solo protección individual. Es protección comunitaria.

Lo que está en juego

El sarampión no es una enfermedad del pasado. Es una enfermedad prevenible que reaparece cuando se relaja la prevención.

La historia reciente en España y Europa es un recordatorio contundente: las vacunas funcionan. Pero solo funcionan si se mantienen coberturas altas y sostenidas.

El virus no ha cambiado.
La ciencia tampoco.
Lo que cambia es nuestra memoria del riesgo.

Y cuando la memoria colectiva se debilita, el sarampión encuentra el camino de vuelta.


El movimiento antivacunas

El movimiento antivacunas ha sido, sin exagerar, el mejor “departamento de marketing” que ha tenido el sarampión en Europa en los últimos años.

No es el único factor del repunte (también hay desigualdad, fallos de acceso, retrasos post-COVID, movilidad internacional…), pero sí es el factor más evitable y el que más erosiona lo que mantenía al virus a raya: coberturas altas y sostenidas.

Y con el sarampión esto es crucial, porque no es una infección “normalita”: para frenar su circulación hace falta rondar el 95% con dos dosis en cada comunidad, no de media nacional. Si hay barrios, grupos o municipios por debajo, el virus encuentra autopistas. (Organización Mundial de la Salud)

1) El sarampión no “vuelve”: lo dejamos volver

En Europa y Asia Central (Región Europea de la OMS) se notificaron 127.412 casos en 2024 y 33.998 en 2025 (una bajada grande, sí, pero con “riesgo de brotes” aún alto, porque quedan muchas personas susceptibles). (Organización Mundial de la Salud)

UNICEF y OMS han sido bastante directos: muchas infecciones se podrían haber evitado con mejor vacunación rutinaria y abordando la hesitación alimentada por desinformación. (UNICEF)

Ese es el punto: el sarampión es tan contagioso que “bajar un poquito” la cobertura no es un detalle, es abrir la puerta del portal.

2) Qué ha aportado el antivacunismo al repunte (en términos reales)

A) Bolsas de no vacunados: el combustible

El antivacunismo no necesita convencer a la mayoría. Le basta con crear minorías concentradas de no vacunados o pautas incompletas. Ahí el sarampión entra, se amplifica y luego salta a vulnerables (lactantes, inmunodeprimidos). Ese patrón aparece una y otra vez en brotes europeos recientes.

Los ejemplos periodísticos del Reino Unido lo ilustran con crudeza: brotes en zonas con coberturas muy por debajo del 95%, campañas de “vacunación de emergencia” en colegios y hospitales con niños ingresados. (The Guardian)

B) Normalización de la duda: “yo no soy antivacunas, pero…”

Hoy la influencia antivacunas no siempre va con pancarta. Va en formato “preguntitas” en grupos de WhatsApp, vídeos de TikTok con tono de “solo quiero informarme”, o la típica frase: “no estoy en contra, pero prefiero esperar”.

Ese “pero” es oro para el sarampión, porque esperar la segunda dosis o retrasar la primera en comunidades ya frágiles equivale a aumentar susceptibles.

C) Cambio del marco mental: de “protección colectiva” a “elección privada”

Una de las victorias culturales del antivacunismo es haber desplazado el debate desde salud pública (riesgo comunitario) a consumo individual (mis preferencias).

Y el sarampión, precisamente, castiga esa visión: no es solo tu riesgo; es el de la sala de espera, el aula y el autobús.

D) Desinformación reciclada: el zombie que nunca muere

Buena parte del antivacunismo actual se alimenta de mitos ya desmontados, especialmente el del autismo, que sigue reapareciendo como si fuera una saga que se niega a tener última entrega. 

En brotes recientes, incluso autoridades y profesionales vuelven a señalarlo como uno de los miedos persistentes en familias. (The Guardian)

3) Por qué está ganando “crédito” en ciertas capas sociales

Aquí hay que ser finos: no es solo “ignorancia”.

De hecho, una parte del nuevo antivacunismo se cuece en ambientes con cierto capital cultural, pero con crisis de confianza.

A) La paradoja del éxito: cuando la vacuna funciona, el miedo se olvida

Si no ves sarampión, te parece “histórico”. Y si te parece “histórico”, la vacuna empieza a parecerte “prescindible”. La vacuna es víctima de su propio triunfo.

UNICEF remarca algo que suele pasarse por alto: en 2024, más de la mitad de los casos en la Región Europea requirieron hospitalización, y muchos eran niños pequeños. O sea: no es una enfermedad “leve” cuando circula de verdad. (UNICEF)

B) Desconfianza institucional post-COVID

La pandemia dejó un poso de polarización y fatiga social. En varios análisis académicos se trata la hesitación como fenómeno complejo, relacionado con confianza, contexto político y experiencias con el sistema sanitario. (PMC)

En la vida real: si alguien percibe que “las instituciones me fallaron”, es más permeable a relatos alternativos, aunque sean flojos.

C) Algoritmos: el bulo tiene mejor SEO emocional que la evidencia

La evidencia suele ser aburrida (“riesgo bajo”, “beneficio alto”, “probabilidad”).

El bulo es narrativo, intenso y personal (“me lo ocultaron”, “a mi prima le pasó”). Ese formato engancha y se comparte mejor.

El ECDC lleva años trabajando precisamente en comunicación y en cómo contrarrestar desinformación online porque es un problema estructural, no anecdótico. (ECDC)

D) Identidad y tribu: pertenecer por encima de acertar

En ciertos grupos, dudar de las vacunas funciona como señal de identidad: “yo no me trago lo oficial”.

Eso da pertenencia, y la pertenencia a veces pesa más que la evidencia.

E) Brechas sociales reales: cuando el problema no es ideología sino acceso

Importante: hay que separar rechazo ideológico de baja cobertura por pobreza, horarios imposibles, barreras lingüísticas, recortes o caos administrativo.

En algunos brotes del Reino Unido se señala también el papel de la desigualdad y la accesibilidad, además de la hesitación. (The Guardian)

Si no distingues esto, acabas culpando a quien simplemente no llega.

4) Influencia actual: cómo se traduce en el mundo real

  • Bajan coberturas locales (aunque la media nacional sea buena).

  • Se acumulan susceptibles (niños sin primera dosis, adolescentes sin segunda, adultos que creen estar vacunados).

  • Entra un caso importado o aparece un brote y la transmisión despega.

  • Se activan campañas “a contrarreloj”: vacunación en anillo, captación escolar, clínicas temporales.

  • Aparecen ingresos y, a veces, muertes evitables.

Eso no es teoría: es exactamente lo que describen OMS/UNICEF al hablar de brotes que atraviesan comunidades infravacunadas, y lo que reflejan crónicas de brotes recientes. (Organización Mundial de la Salud)

5) El punto clave: el antivacunismo no crea el virus, crea susceptibles

El sarampión no necesita “renacer”. Necesita puertas abiertas. Y esas puertas se llaman:

  • primera dosis no puesta

  • segunda dosis no completada

  • bolsas de baja cobertura

  • desinformación + desconfianza + accesibilidad

Cuando eso coincide, el sarampión hace lo suyo: transmitir como un campeón.

Y la conclusión, aunque suene a frase de servicio público, es bastante periodística: el antivacunismo no es una opinión inocua; es un factor de riesgo colectivo. Porque sus efectos no se quedan en quien duda: se extienden a quien no puede protegerse.

Bibliografía y fuentes consultadas

Organismos internacionales y vigilancia epidemiológica

Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO).
European Region reports highest number of measles cases in more than 25 years (2025).

Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO Europa).
Actualizaciones epidemiológicas sobre sarampión 2024–2026.

UNICEF & WHO Europa.
Informes conjuntos sobre el repunte de sarampión en la Región Europea (2024–2025).

European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC).
Measles – Annual Epidemiological Report 2024.

European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC).
Measles on the rise again in Europe (actualizaciones 2025–2026).

Ministerio de Sanidad (España).
Informes de vigilancia epidemiológica de sarampión y rubéola.

Consejerías de Salud autonómicas (Cataluña, Andalucía y otras).
Comunicados oficiales sobre brotes y recomendaciones de vacunación.

 

 

Datos históricos y carga global de enfermedad

World Health Organization (WHO).
Measles Fact Sheets and Global Data.

Our World in Data.
Measles vaccination and mortality reduction datasets.

UNICEF.
Measles cases spiking globally (informes divulgativos basados en datos OMS).

Centers for Disease Control and Prevention (CDC).
Measles (Rubeola) – Epidemiology and Prevention of Vaccine-Preventable Diseases.

Plotkin S., Orenstein W., Offit P.
Vaccines. Elsevier.

Riedel S.
“The history of measles and vaccination.” Baylor University Medical Center Proceedings.

McNeill W.
Plagues and Peoples.

Cobertura periodística reciente sobre el repunte en España y Europa

El País.
“La OMS retira a España el estatus de país libre de sarampión” (2026).

El Confidencial.
“España registró 418 casos de sarampión en 2025” (2026).

La Razón.
“El sarampión es uno de los virus más contagiosos que existen” (2026).

Euronews.
“Expertos alertan de que las dudas vacunales avivan la expansión del sarampión en Europa” (2026).

Infobae España.
“Cataluña llama a vacunarse ante el repunte de casos” (2026).

Europa Press.
Comunicados sobre refuerzo vacunal y adelanto de segunda dosis (2026).

Associated Press.
Cobertura sobre cifras europeas de sarampión (2024–2025).

Literatura científica y clínica complementaria

Bester J.C.
“Measles and Measles Vaccination: A Review.”

Moss W.J.
“Measles.” The Lancet.

NEJM (New England Journal of Medicine).
Revisiones clínicas sobre sarampión y complicaciones neurológicas.

The Lancet Infectious Diseases.
Artículos sobre inmunidad y “immune amnesia” asociada al sarampión.

Bibliografía y fuentes recomendadas parael tema del antivacunismo

  • OMS/WHO Europa + UNICEF: actualización 2026 sobre caída de casos en 2025 y persistencia del riesgo por brechas vacunales y desinformación. (Organización Mundial de la Salud)

  • UNICEF/WHO Europa: comunicado 2025 sobre máximo de casos en 25 años y hospitalizaciones. (UNICEF)

  • ECDC: recursos y guías para contrarrestar desinformación vacunal online. (ECDC)

  • Literatura científica sobre hesitación y confianza (VAX-TRUST) y contexto político. (PMC)

  • Comentario/editorial en The Lancet Microbe sobre repunte global y papel de la desinformación política. (The Lancet)

  • Reportajes de brotes recientes en Reino Unido (coberturas locales bajas, hospitalizaciones, intervención comunitaria). (The Guardian)

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – Analítica y riesgo cardiovascular: qué valores miramos y por qué importan

6/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se emite desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

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Al Médico con Ramón – Analítica y riesgo cardiovascular: qué valores miramos y por qué importan

2/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

Analítica y riesgo cardiovascular: qué valores miramos y por qué importan

 

Cuando hablamos de “riesgo cardiovascular” nos referimos a la probabilidad de sufrir eventos como infarto de miocardio, ictus o enfermedad arterial periférica a lo largo de los años.

 

La analítica no lo dice todo (la tensión arterial, el tabaco, la edad, el peso, la actividad física y los antecedentes familiares pesan muchísimo), pero sí aporta piezas clave: colesterol “malo” y compañía, azúcar, riñón, inflamación… y algunos marcadores “extra” que afinan el tiro cuando hay dudas.

 

En este artículo te explico qué parámetros analíticos se usan con más frecuencia como referencia del riesgo cardiovascular, qué significa cada uno y cómo se interpretan en la vida real (sin necesidad de un máster en bioquímica).

 

Aviso importante: los “rangos normales” de laboratorio no son lo mismo que los “objetivos” en prevención cardiovascular.

 

Una persona con alto riesgo (por ejemplo, con diabetes o con un infarto previo) puede necesitar objetivos mucho más estrictos aunque su analítica “salga dentro de rango”.

 

1) Perfil lipídico: el núcleo duro del riesgo aterosclerótico

 

La aterosclerosis (placas en las arterias) se alimenta, sobre todo, de lipoproteínas que transportan colesterol.

 

Por eso el bloque lipídico es la piedra angular. (Sociedad Europea de Cardiología)

 

Colesterol total

 

Es la suma de varias fracciones (principalmente LDL + HDL + parte de triglicéridos). Por sí solo orienta poco: puede estar “bien” con un LDL alto si el HDL también es alto, y viceversa.

 

Se usa más como punto de partida y para calcular otros parámetros derivados (como el colesterol no-HDL).

 

LDL-colesterol (LDL-C): el “malo” clásico

 

Es el objetivo principal en la mayoría de estrategias de prevención porque bajar LDL reduce eventos cardiovasculares de forma consistente. (Sociedad Europea de Cardiología)

 

Qué significa en términos de riesgo: a mayor LDL, más material circulando con capacidad de entrar en la pared arterial y formar placa.

 

Detalle importante: en prevención no se trata de “normal vs anormal”, sino de “cuanto más riesgo, más bajo debe ser el LDL objetivo”.

 

Aquí conviene insistir en algo que genera mucha confusión: no es lo mismo “estar en rango normal” que “estar en objetivo cardiovascular”.

 

Un laboratorio puede marcar como normal un LDL por debajo de 130 mg/dL. Sin embargo, una persona que ya ha tenido un infarto puede necesitar un LDL por debajo de 55 mg/dL.

 

Es decir: el número que buscamos depende del riesgo global del paciente.

 

Cuanto mayor es el riesgo, más bajo debe ser el LDL objetivo.

 

No hablamos de normalidad estadística, sino de prevención personalizada.

 

 

HDL-colesterol (HDL-C): el “bueno”… pero con matices

 

Durante años se pensó “cuanto más HDL, mejor”.

 

Hoy se sabe que el HDL alto no siempre protege, y que subir HDL con fármacos no equivale a reducir riesgo.

 

Aun así, un HDL bajo suele acompañar a síndrome metabólico y resistencia a la insulina, y por eso se considera un marcador útil del contexto metabólico.

 

Triglicéridos (TG)

 

Los triglicéridos altos suelen reflejar un “ambiente” metabólico que favorece el riesgo: exceso de calorías, alcohol, resistencia a la insulina, hígado graso, etc.

 

Además, cuando los TG están elevados, el LDL calculado puede ser menos fiable, y por eso gana peso medir colesterol no-HDL o ApoB (más abajo). (OUP Academic)

 

Colesterol no-HDL (no-HDL-C): el “colesterol aterogénico total”

 

Se calcula fácil: no-HDL = colesterol total – HDL.

 

Ventaja: agrupa todas las partículas potencialmente aterogénicas (no solo LDL) y es especialmente útil cuando hay triglicéridos altos.

 

Se está usando cada vez más como objetivo secundario. (ScienceDirect)

 

Apolipoproteína B (ApoB): contar partículas, no solo colesterol

 

La ApoB es, simplificando, “el número de partículas” aterogénicas (LDL, VLDL, IDL, etc.). Dos personas pueden tener el mismo LDL pero distinto número de partículas, y eso cambia el riesgo.

 

Cuándo es más útil: triglicéridos altos, diabetes, obesidad, síndrome metabólico o LDL muy bajo por tratamiento (situaciones en las que LDL-C puede engañar). (OUP Academic)

 

En guías americanas se considera ApoB elevada un factor “potenciador” del riesgo (risk-enhancing factor) cuando está alta. (portailvasculaire.fr)

 

Para entenderlo mejor: el LDL mide cuánta “carga de colesterol” hay dentro de las partículas. La ApoB mide cuántas partículas hay circulando.

 

Es como contar camiones frente a medir el peso total transportado. Puedes tener pocos camiones muy cargados o muchos camiones medianamente cargados.

 

Desde el punto de vista de la pared arterial, lo que importa es cuántas partículas impactan contra ella.

 

Por eso, en personas con síndrome metabólico o triglicéridos altos, la ApoB puede reflejar mejor el riesgo real que el LDL aislado.

 

 

Lipoproteína(a) [Lp(a)]: el “riesgo heredado” que no se arregla con fuerza de voluntad

 

La Lp(a) es una lipoproteína parecida al LDL, muy influida por genética.

 

Si está alta, aumenta el riesgo cardiovascular, incluso con el resto “bien”.

 

Puntos prácticos:

 

  • Se recomienda medirla al menos una vez en la vida en adultos, sobre todo si hay antecedentes familiares de infarto precoz o colesterol muy alto. (Lp(a) Forum)

  • Umbrales usados en práctica clínica: ≥50 mg/dL (o equivalente en nmol/L según el laboratorio) suele considerarse claramente relevante como “modificador” de riesgo. (AHA Journals)

 

(Bonus) Colesterol LDL ≥190 mg/dL: bandera roja

 

Sin entrar en diagnósticos aquí, un LDL muy alto (por ejemplo ≥190 mg/dL) obliga a pensar en hipercolesterolemia familiar o similar y se asocia a riesgo elevado. Esto tiene implicaciones terapéuticas claras en guías. (Bệnh viện Tim Tâm Đức)

 

2) Glucosa y diabetes: el “acelerador” vascular

 

La glucosa crónicamente alta daña vasos, favorece inflamación, disfunción endotelial y acelera aterosclerosis.

 

La diabetes, además, suele venir acompañada de dislipemia aterogénica y más riesgo renal.

 

Glucosa en ayunas

 

Es una foto puntual. Útil para cribado, pero puede variar por estrés, enfermedad intercurrente, sueño, medicación, etc.

 

Hemoglobina glicosilada (HbA1c)

 

Es una “media” aproximada de glucosa de los últimos 2–3 meses. Muy útil para detectar diabetes/prediabetes y para seguimiento.

 

Criterios diagnósticos y rangos (de forma resumida): HbA1c elevada y/o glucosa en ayunas elevada (y otras pruebas como la sobrecarga oral). (diabetesjournals.org)

 

Insulina basal / HOMA-IR (con cautela)

 

En consulta se usa a veces para estimar resistencia a la insulina, pero no es un estándar universal para “medir riesgo cardiovascular” y depende mucho del contexto. Puede orientar, pero no sustituye a los marcadores clínicos y al perfil metabólico completo.

 

3) Función renal: riñón y corazón van en el mismo coche

 

En prevención cardiovascular, el riñón no es un actor secundario. Una función renal reducida o la presencia de albúmina en orina aumentan riesgo cardiovascular de forma independiente. (repositorio.uam.es)

 

El riñón y el corazón están íntimamente conectados.

 

Cuando el riñón empieza a fallar, aunque sea levemente, se activan mecanismos hormonales y vasculares que favorecen hipertensión, inflamación y rigidez arterial.

 

Además, la albuminuria no es solo un problema renal: es un marcador de daño endotelial generalizado. Si el riñón “pierde” albúmina, es probable que el resto del sistema vascular también esté sufriendo.

 

Por eso una albuminuria aparentemente pequeña puede multiplicar el riesgo cardiovascular incluso si el colesterol está aceptable.

 

 

Creatinina y filtrado glomerular estimado (eGFR)

 

La creatinina se usa para estimar el eGFR. Un eGFR bajo mantenido sugiere enfermedad renal crónica, y eso eleva el riesgo vascular. (kdigo.org)

 

Cociente albúmina/creatinina en orina (ACR): “microfuga” que importa mucho

 

La albuminuria (albúmina en orina) es un marcador de daño vascular y renal. En guías renales se clasifica así, de forma resumida:

 

  • A1: <30 mg/g

  • A2: 30–300 mg/g

En prevención cardiovascular, una ACR elevada (≥30 mg/g) ya es una señal potente de riesgo aumentado. (repositorio.uam.es)

 

4) Inflamación: cuando el fuego de fondo se ve en sangre

 

La inflamación crónica de bajo grado se asocia a aterosclerosis y a eventos. No es “la causa única”, pero sí un modulador importante.

 

Proteína C reactiva ultrasensible (hs-CRP)

 

Es la PCR medida con método sensible para valores bajos. No sirve para diagnosticar infarto (eso es otra historia), sino para afinar riesgo en prevención, especialmente en perfiles intermedios.

 

En guías y documentos clínicos se considera hs-CRP ≥2 mg/L como “factor potenciador” del riesgo en prevención primaria, siempre interpretándolo con cabeza (si tienes una infección o inflamación aguda, se dispara y no vale para esto). (American College of Cardiology)

 

La hs-CRP no sustituye al colesterol ni a la tensión arterial. Es un afinador.

 

Su utilidad está especialmente en personas con riesgo intermedio, donde no está claro si conviene intensificar tratamiento.

 

No es un marcador específico del corazón, sino del estado inflamatorio sistémico. Por eso siempre debe interpretarse fuera de infecciones, procesos agudos o brotes inflamatorios.

 

 

5) Hígado graso y metabolismo: señales indirectas del riesgo

 

El hígado graso asociado a disfunción metabólica suele ir de la mano de resistencia a la insulina, triglicéridos altos y mayor riesgo cardiovascular.

 

La analítica hepática no “mide riesgo” directamente, pero ayuda a ver el paisaje.

 

Transaminasas (ALT/GPT, AST/GOT), GGT

 

Pueden estar normales con hígado graso (ojo), pero cuando están elevadas de forma persistente en el contexto típico, apoyan la sospecha de problema metabólico. Esto importa porque el “paquete metabólico” es el que sube riesgo.

 

6) Otros marcadores que a veces se piden (y cómo entenderlos sin volverse loco)

 

Ácido úrico

 

Se asocia a hipertensión, síndrome metabólico y eventos cardiovasculares en estudios observacionales.

 

Pero una cosa es asociación y otra “que bajarlo por bajarlo” reduzca eventos en asintomáticos: ahí la evidencia y las recomendaciones son más prudentes.

 

En resumen: puede ser marcador de contexto, no un objetivo universal de prevención. (Sociedad Europea de Cardiología)

 

Homocisteína

 

Es un marcador asociado a riesgo en algunos escenarios, pero los ensayos de bajar homocisteína con vitaminas no han demostrado beneficios claros en la mayoría de pacientes para prevenir eventos cardiovasculares. Por eso no se recomienda de rutina como “medidor” de riesgo general. (American College of Cardiology)

 

TSH (tiroides)

 

No es un marcador clásico de riesgo cardiovascular, pero hipotiroidismo no controlado puede empeorar perfil lipídico y favorecer ganancia de peso. Se pide si hay sospecha clínica o alteraciones compatibles.

 

Qué analítica pedir como “paquete” razonable para hablar de riesgo cardiovascular

 

Para un adulto en control de salud o en consulta de prevención, suele tener sentido:

 

  • Perfil lipídico completo: colesterol total, LDL, HDL, triglicéridos

  • Cálculo de no-HDL (sale solo con total y HDL)

  • Glucosa en ayunas y/o HbA1c

  • Creatinina con eGFR

  • Orina: ACR (albúmina/creatinina)

  • Según el caso: ApoB, Lp(a), hs-CRP

La clave no es pedir “todo a lo loco”, sino pedir lo que cambia decisiones: por ejemplo, Lp(a) para detectar riesgo hereditario oculto, ApoB si hay triglicéridos altos o síndrome metabólico, o hs-CRP si estás en zona gris y necesitas afinar. (American College of Cardiology)

 

Cómo se usa esto en la vida real (y en la radio, sin matar al oyente)

 

  • Primero se estima el riesgo global con datos clínicos (edad, sexo, tensión arterial, tabaco, antecedentes, etc.).

  • Luego la analítica completa el mapa: si el LDL/ApoB/no-HDL están altos, el riesgo “aterogénico” sube; si hay diabetes (glucosa/HbA1c), el riesgo se multiplica; si hay albuminuria o eGFR bajo, sube mucho; si Lp(a) está alta, puede justificar una prevención más intensiva aunque lo demás parezca correcto. (repositorio.uam.es)

  • Y al final se traduce a acciones: cambios de estilo de vida, control de presión arterial, y cuando toca, tratamiento hipolipemiante y abordaje del metabolismo. (La analítica es el cuadro de mandos, no el volante).

Si tuviera que resumirlo en tres ideas muy claras:

 

  1. El colesterol importa, pero no es el único actor.

  2.  El azúcar y el riñón cambian radicalmente el riesgo.

  3.  No se trata de un número aislado, sino del conjunto.

  4.  

La analítica no predice el futuro con certeza, pero sí nos da margen para intervenir antes de que aparezcan los eventos.

 

 

 

Cierre

 

Si tuviera que resumirlo en una frase para el público general: el riesgo cardiovascular no se decide por un número suelto, sino por el conjunto, y la analítica te da pistas muy buenas sobre “cuánta gasolina” le estás echando a la aterosclerosis y si hay factores silenciosos (como el riñón o la Lp(a)) que están empujando por detrás.

 

Bibliografía y fuentes consultadas (selección)

 

European Society of Cardiology (ESC). Artículo de práctica clínica sobre objetivos y estrategias en dislipemia. (Sociedad Europea de Cardiología)

 

ESC. Página de guías de dislipemias (actualización enfocada 2025) y mención de Lp(a) como modificador de riesgo. (Sociedad Europea de Cardiología)

 

American College of Cardiology (ACC). Actualización práctica sobre Lp(a) y umbrales usados por guías. (American College of Cardiology)

 

ACC/AHA 2019 Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease (factores “risk-enhancing”, incluyendo Lp(a) y ApoB). (AHA Journals)

 

American Diabetes Association (ADA). Standards of Care 2025: diagnóstico y clasificación (HbA1c, glucosa, OGTT). (diabetesjournals.org)

 

KDIGO 2024 Clinical Practice Guideline for CKD: categorías de albuminuria A1–A3 y su interpretación. (kdigo.org)

 

Revisión sobre CKD como factor de riesgo cardiovascular y papel de eGFR/albuminuria en evaluación de riesgo. (repositorio.uam.es)

 

High-sensitivity CRP como “risk enhancer” (síntesis y revisión con referencia a guías). (American College of Cardiology)

 

ApoB como marcador de riesgo y cuándo medirlo (artículo en European Journal of Preventive Cardiology). (OUP Academic)

 

ApoB: evidencia y papel en predicción de riesgo (Circulation). (AHA Journals)

 

Ácido úrico y riesgo cardiovascular (ESC e Hypertension/AHA). (Sociedad Europea de Cardiología)

 

Homocisteína: ensayos y evidencia de falta de beneficio clínico general al reducirla (HOPE-2 y revisiones). (American College of Cardiology)

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – La viruela: la enfermedad que moldeó la historia y el mayor triunfo de la vacunación

26/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

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Al Médico con Ramón – La viruela: la enfermedad que moldeó la historia y el mayor triunfo de la vacunación

21/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

La viruela: la enfermedad que moldeó la historia y el mayor triunfo de la vacunación

 

Hablar de viruela no es hablar de una enfermedad más. Es hablar de uno de los grandes protagonistas invisibles de la historia humana.

 

Durante siglos fue una presencia constante: en aldeas y palacios, en ejércitos y monasterios, en barcos de exploradores y en cunas de recién nacidos.

 

Marcó rostros, dejó ciegos, alteró dinastías y modificó el curso político de continentes enteros.

 

Y, sin embargo, también es la historia del mayor éxito colectivo de la salud pública moderna: la primera enfermedad humana erradicada del planeta gracias a la vacunación sistemática y a la cooperación internacional.

 

Este artículo pretende recorrer con rigor qué fue la viruela, cómo actuaba el virus, cómo se desarrollaron y fabricaron las vacunas, cómo se organizó la campaña mundial de erradicación y qué significa hoy que el virus solo exista en laboratorios de máxima seguridad.

 

 

1. La enfermedad: el virus y su impacto clínico

 

La viruela era causada por el virus Variola, un ortopoxvirus de gran tamaño y ADN bicatenario.

 

A diferencia de muchos otros virus ADN, se replicaba íntegramente en el citoplasma celular, lo que ya lo convierte en una entidad biológicamente peculiar.

 

Existían dos formas clínicas principales:

 

  • Variola major, responsable de la mayoría de las epidemias graves, con una mortalidad aproximada del 20–30%, aunque en brotes concretos alcanzó cifras superiores.

  • Variola minor, mucho más leve, con mortalidad alrededor del 1%.

 

Tras un periodo de incubación de unos 10 a 14 días, el paciente desarrollaba fiebre alta, malestar intenso, cefalea y dolor lumbar severo.

 

Después aparecía el exantema característico, que evolucionaba de máculas a pápulas, vesículas, pústulas y finalmente costras.

 

 

A diferencia de la varicela, las lesiones de la viruela evolucionaban de forma sincrónica: todas en el mismo estadio en cada región corporal. Esta característica clínica fue clave para el diagnóstico diferencial durante siglos.

 

 

Los supervivientes quedaban con frecuencia marcados por cicatrices profundas.

 

La afectación ocular podía conducir a ceguera permanente.

 

Se estima que solo en el siglo XX la viruela causó entre 300 y 500 millones de muertes, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

 

Era, sencillamente, una enfermedad estructural en la demografía humana.

 

 

2. Los orígenes históricos: una compañera milenaria

 

La viruela es antiquísima.

 

Hay indicios compatibles con lesiones en la momia del faraón Ramsés V (siglo XII a.C.), aunque el diagnóstico retrospectivo siempre es discutible.

 

En China y la India existen descripciones médicas que parecen corresponder a la viruela desde hace más de dos mil años.

 

En Europa, la enfermedad se consolidó tras las rutas comerciales del Imperio romano y se convirtió en endémica durante la Edad Media.

 

Pero su impacto más devastador ocurrió tras la llegada de los europeos a América.

 

La introducción de la viruela en poblaciones sin inmunidad previa provocó un colapso demográfico de dimensiones históricas.

 

En el Imperio azteca y en el inca, la enfermedad precedió y debilitó a las estructuras políticas antes incluso de los enfrentamientos militares directos.

 

La viruela no solo mataba personas. Cambiaba el equilibrio del poder.

 

 

3. Reyes y dignatarios: cuando la viruela altera la historia

 

La viruela afectó a numerosos monarcas y figuras políticas relevantes. No fue una enfermedad “de pobres”. Fue transversal.

 

Entre los personajes históricos fallecidos por viruela destacan:

 

Luis I de España (1724), cuyo reinado duró apenas siete meses. Su muerte obligó al regreso al trono de su padre, Felipe V, alterando la estabilidad política del momento.

 

María II de Inglaterra (1694), cuya muerte consolidó el reinado en solitario de Guillermo III en un momento crucial tras la Revolución Gloriosa.

 

José I de Austria (1711), emperador del Sacro Imperio, cuya muerte por viruela modificó el equilibrio de poder europeo y favoreció el ascenso de Carlos VI.

 

Pedro II de Rusia (1730), cuya muerte precipitó cambios en la línea sucesoria rusa.

 

Incluso personajes que sobrevivieron quedaron marcados físicamente, algo que en épocas de fuerte simbolismo político tenía implicaciones sociales profundas.

 

La viruela no solo mataba. También debilitaba Estados, alteraba alianzas y generaba crisis sucesorias.

 

 

4. Antes de Jenner: la variolización

 

Antes de la vacunación moderna existía la variolización, una técnica importada desde Asia y el Imperio Otomano.

 

Consistía en inocular material procedente de lesiones de viruela leve en personas sanas para provocar una infección controlada.

 

La mortalidad asociada era mucho menor que la infección natural, pero no inexistente.

 

En el siglo XVIII esta práctica fue introducida en Inglaterra y Francia, generando debates éticos y científicos intensos.

 

Fue un paso intermedio entre la resignación y la ciencia moderna.

 

 

5. Edward Jenner y el nacimiento de la vacunación

 

En 1796, Edward Jenner observó que las ordeñadoras que habían contraído viruela vacuna no enfermaban de viruela humana.

 

Inoculó material de una lesión de viruela vacuna a un niño, James Phipps, y posteriormente demostró que estaba protegido frente a la viruela humana.

 

Había nacido el concepto de vacunación.

 

El virus utilizado no era Variola, sino virus vaccinia, relacionado pero distinto, lo que permitía generar inmunidad cruzada sin provocar la enfermedad mortal.

 

 

6. Fabricación de la vacuna: del establo al laboratorio moderno

 

Durante el siglo XIX la vacuna se producía cultivando el virus vaccinia en la piel de terneros.

 

El procedimiento era laborioso:

 

Se inoculaba el virus en el animal, se permitía el desarrollo de lesiones cutáneas, se recogía el material pustuloso y se procesaba para su distribución.

 

Con el tiempo se introdujeron mejoras fundamentales:

 

  • Purificación microbiológica.

  • Estandarización de dosis.

  • Cultivos más controlados.

  • Liofilización para mejorar estabilidad térmica.

La liofilización fue clave para la erradicación global. Permitió transportar la vacuna a climas tropicales sin perder eficacia, algo impensable en el siglo XIX.

 

La producción pasó progresivamente de métodos animales a sistemas más controlados en laboratorios certificados.

 

 

7. La campaña mundial de erradicación: una hazaña sanitaria

 

En 1959 la OMS inició un programa de erradicación, pero carecía de financiación suficiente.

 

En 1967 se lanzó el Programa Intensificado de Erradicación. Lo que marcó la diferencia fue la estrategia de vigilancia activa y vacunación en anillo: detectar casos rápidamente y vacunar a todos los contactos y contactos de contactos.

 

La aguja bifurcada, barata y eficaz, permitió campañas masivas incluso en entornos con pocos recursos.

 

En plena Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética colaboraron en la producción y distribución de vacunas.

 

El último caso natural de Variola major ocurrió en 1975 en Bangladesh.

El último de Variola minor en 1977 en Somalia.

 

En 1980 la OMS declaró oficialmente erradicada la viruela.

 

Nunca antes la humanidad había eliminado por completo un patógeno humano.

 

 

8. El impacto en la salud global

 

La erradicación de la viruela supuso:

 

La eliminación de millones de muertes anuales.

La desaparición de secuelas físicas masivas.

Un ahorro económico gigantesco.

Un modelo para programas posteriores de erradicación.

 

Demostró que la salud pública internacional puede funcionar cuando hay voluntad política, financiación y tecnología adecuada.

 

9. El virus hoy: entre la ciencia y la bioseguridad

 

Actualmente existen reservas oficiales del virus Variola en dos laboratorios de alta seguridad:

 

  • CDC (Estados Unidos).

  • Centro VECTOR (Rusia).

El mantenimiento de estas muestras genera debate ético. Se argumenta que permiten investigación y desarrollo de contramedidas ante posibles amenazas.

 

El virus está clasificado como agente potencial de bioterrorismo debido a su alta letalidad y transmisibilidad en poblaciones no vacunadas.

 

No existe circulación natural del virus desde 1977.

 

10. Reflexión final

 

La viruela fue durante milenios una fuerza modeladora de la historia humana. Cambió imperios, dinastías y continentes. Dejó millones de muertos y millones de rostros marcados.

 

Pero también fue el origen de la vacunación moderna y culminó en el mayor éxito colectivo de la salud pública global.

 

Es la prueba de que una amenaza biológica aparentemente invencible puede ser derrotada cuando ciencia, política y cooperación internacional trabajan en la misma dirección.

 

 

 

11. La viruela en España: epidemias, política y vacunación temprana

 

La viruela fue una presencia constante en la historia sanitaria española desde la Edad Media hasta el siglo XX. Las epidemias periódicas eran parte del paisaje demográfico del Antiguo Régimen.

 

En los siglos XVI y XVII, la enfermedad era endémica, con brotes recurrentes que afectaban de manera especial a la población infantil.

 

En ciudades densamente pobladas como Sevilla, Madrid o Valencia, la viruela contribuía de forma significativa a la mortalidad urbana.

 

En el siglo XVIII, España vivió varias epidemias graves.

 

La mortalidad infantil asociada a la viruela era particularmente elevada, hasta el punto de que en determinadas décadas se calcula que uno de cada diez fallecimientos infantiles podía atribuirse a esta enfermedad.

 

El fallecimiento de Luis I de España en 1724 por viruela tuvo consecuencias políticas inmediatas. Su muerte forzó la vuelta al trono de Felipe V, alterando la estabilidad institucional. La enfermedad, por tanto, no solo era un problema sanitario, sino un factor político de primer orden.

 

España tuvo, sin embargo, un papel destacado en la historia de la vacunación. En 1803, bajo el reinado de Carlos IV, se organizó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, dirigida por Francisco Javier Balmis.

 

La expedición llevó la vacuna contra la viruela a América y Filipinas. Dado que no existían sistemas de conservación adecuados, la vacuna se transportó “de brazo en brazo” utilizando a niños como portadores vivos del virus vaccinia, asegurando así la viabilidad del material biológico durante la travesía.

 

Fue una de las primeras campañas internacionales de salud pública de la historia y un precedente directo de los programas de erradicación del siglo XX.

 

Durante el siglo XIX la vacunación se fue extendiendo en España de forma progresiva, aunque con resistencias sociales, problemas logísticos y desigualdades territoriales.

 

En el siglo XX, especialmente tras la Guerra Civil, la vacunación sistemática se consolidó como parte del calendario sanitario, contribuyendo a la desaparición progresiva de los casos autóctonos antes incluso de la certificación mundial de erradicación.

 

 

 

12. Mecanismo inmunológico de la vacuna: por qué funcionó tan bien

 

La vacuna contra la viruela funcionaba mediante un principio fundamental de inmunología: la inmunidad cruzada.

 

El virus vaccinia comparte similitudes estructurales con el virus Variola.

 

Cuando el sistema inmunitario se exponía al vaccinia, generaba anticuerpos neutralizantes y una respuesta celular específica capaz de reconocer también al virus de la viruela humana.

 

Desde el punto de vista inmunológico, la vacuna inducía:

 

  • Producción de anticuerpos neutralizantes que impedían la entrada viral en las células.

  • Activación de linfocitos T CD4 y CD8, fundamentales para destruir células infectadas.

  • Generación de memoria inmunológica duradera.

 

La respuesta era robusta por varias razones:

 

  • El virus vaccinia es replicativo (aunque atenuado), lo que estimula fuertemente la inmunidad.

  • La vacuna se administraba por escarificación cutánea, activando de manera potente la inmunidad local.

  • La viruela no tenía reservorios animales, lo que hacía posible cortar la cadena de transmisión.

 

La combinación de inmunogenicidad elevada y ausencia de reservorio animal fue decisiva para el éxito de la erradicación.

 

En términos actuales, fue una vacuna extraordinariamente eficaz incluso sin la tecnología molecular moderna.

 

 

 

 

13. Viruela clásica y viruela del mono (mpox): similitudes y diferencias

 

La llamada “viruela del mono”, actualmente denominada mpox, es causada por otro ortopoxvirus distinto de Variola.

 

Comparten:

 

  • Pertenencia al mismo género viral.

  • Síntomas cutáneos similares.

  • Posible protección cruzada parcial con vacuna antivariólica.

 

Sin embargo, existen diferencias fundamentales:

 

  • La viruela clásica tenía una mortalidad muy superior.
  • La mpox suele tener mortalidad baja en contextos actuales (aunque depende de la cepa y del acceso sanitario).
  • La mpox tiene reservorios animales, lo que dificulta su erradicación.
    La transmisión de la viruela era más eficiente por vía respiratoria.

Por tanto, aunque pertenecen a la misma familia, no son epidemiológicamente equivalentes.

 

La experiencia histórica con la viruela ayudó a comprender y responder mejor a los brotes recientes de mpox, especialmente en términos de vacunación selectiva y vigilancia epidemiológica.

 

 

 

14. ¿Qué otras enfermedades podrían erradicarse?

 

La erradicación de la viruela demostró que, bajo ciertas condiciones, es posible eliminar completamente un patógeno humano.

 

Para que una enfermedad sea erradicable se requieren varias condiciones:

 

  • Ausencia de reservorio animal.

  • Vacuna eficaz.

  • Diagnóstico claro.

  • Sistema de vigilancia global.

  • Voluntad política sostenida.

 

Actualmente, la enfermedad más cercana a la erradicación es la poliomielitis. La vacunación masiva ha reducido los casos en más del 99% desde 1988, aunque persisten focos endémicos.

 

El sarampión sería teóricamente erradicable (no tiene reservorio animal y existe vacuna eficaz), pero la cobertura vacunal insuficiente en algunas regiones impide ese objetivo.

 

Otras enfermedades como la rubéola o la dracunculiasis (gusano de Guinea) también han sido objeto de programas intensivos de eliminación.

 

La experiencia de la viruela es el modelo histórico que guía todos estos esfuerzos.

 

Puede que merezca un artículo específico analizar qué impide hoy erradicar enfermedades que técnicamente podrían desaparecer.

 

 

15. Reflexión ampliada

 

La historia de la viruela es una lección de humildad y de ambición científica al mismo tiempo.

 

Fue una enfermedad que acompañó a la humanidad durante milenios, moldeó imperios y dejó cicatrices físicas y demográficas profundas.

 

Pero también dio origen a la vacunación, impulsó la cooperación internacional y culminó en la primera erradicación global de un patógeno humano.

 

No es solo una historia médica. Es una historia de civilización.

 

Y sigue siendo relevante hoy, cuando hablamos de preparación frente a pandemias, bioseguridad y confianza en la ciencia.


 

 

Bibliografía consolidada

 

Barquet N., Domingo P. “Smallpox: The Triumph over the Most Terrible of the Ministers of Death”. Annals of Internal Medicine.

 

Breman J.G., Henderson D.A. “Diagnosis and Management of Smallpox”. New England Journal of Medicine.

 

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Smallpox Overview and Laboratory Information.

 

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Smallpox and Mpox Comparison Data.

 

Diamond J. Guns, Germs, and Steel. W.W. Norton.

 

Fenner F., Henderson D.A., Arita I., Jezek Z., Ladnyi I.D. Smallpox and Its Eradication. World Health Organization, 1988.

 

Henderson D.A. “The Eradication of Smallpox”. Scientific American.

 

Henderson D.A. Smallpox: The Death of a Disease. Prometheus Books.

 

McNeill W. Plagues and Peoples. Anchor Books.

 

Oldstone M. Viruses, Plagues, and History. Oxford University Press.

 

Plotkin S., Orenstein W., Offit P. Vaccines. Elsevier.

 

Riedel S. “Edward Jenner and the History of Smallpox and Vaccination”. Baylor University Medical Center Proceedings, 2005.

 

Tuells J. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna.

 

World Health Organization (WHO). The Global Eradication of Smallpox. Final Report of the Global Commission, 1980.

 

World Health Organization (WHO). Smallpox Fact Sheets and Historical Archives.

 

World Health Assembly. Resolution WHA33.3 (1980).

 

World Health Organization (WHO). Smallpox Eradication Programme Reports.

 

World Health Organization (WHO). Global Polio Eradication Initiative Documents.


 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – Autolesiones en la adolescencia: una mirada profunda a un problema silencioso

19/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se emite desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

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Al Médico con Ramón – Autolesiones en la adolescencia: una mirada profunda a un problema silencioso

15/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Autolesiones en la adolescencia: una mirada profunda a un problema silencioso

 

Las autolesiones en adolescentes son un fenómeno clínico y social que, con frecuencia, se interpreta mal.

 

No son una “fase tonta” ni simplemente “buscar atención”.

 

Tampoco son siempre lo mismo que una tentativa de suicidio (aunque pueden coexistir).

 

Detrás de cada corte, quemadura, golpe intencionado o lesión autoinfligida hay una historia de angustia, emoción intolerable y una dificultad real para encontrar otras formas de manejar el dolor emocional.

 

 

El concepto: no es un “capricho”, es un síntoma

 

Cuando hablamos de autolesión no suicida (ANS) nos referimos a conductas en las que una persona se hace daño deliberadamente sin intención de morir.

 

Es decir: corta la piel, se quema, se golpea con fuerza, se da cabezazos contra la pared o se lastima de otra forma, pero no busca morir.

 

El objetivo suele ser otro: bajar tensión emocional, calmar una sensación abrumadora, expulsar algo insoportable que está dentro.

 

Este fenómeno aparece con mayor frecuencia en la adolescencia y, en menor medida, en adultos jóvenes.

 

Lo que distingue a la ANS de una tentativa de suicidio es precisamente la intención.

 

En el caso de una tentativa suicida, el objetivo es acabar con la propia vida.

 

En la ANS, la persona busca alivio de una emoción insoportable, aunque el método sea peligroso.

 

Sin embargo, esta distinción clínica no significa que la autolesión sea inofensiva: repetida, intensa o sin apoyo terapéutico, puede evolucionar hacia riesgos mayores, incluida la aspiración suicida con el tiempo.

 

 

¿Por qué aparece en la adolescencia?

 

La adolescencia es una etapa profundamente transformadora: el cerebro cambia, las emociones se intensifican, el cuerpo se modifica y el mundo social —amigos, identidad, presión escolar— pesa muchísimo.

 

La clave aquí no es que “todos pasen por eso”, sino que el cerebro adolescente todavía está aprendiendo a regular emociones complejas.

 

La corteza prefrontal, que ayuda a planificar, evaluar consecuencias y controlar impulsos, no termina de madurar hasta los veintipico.

 

Mientras tanto, el sistema límbico —las emociones— va a toda máquina.

 

En ese contexto, un adolescente que no ha aprendido estrategias adaptativas para manejar ansiedad, tristeza intensa, frustración, vergüenza o vacío puede experimentar momentos en los que el malestar es tan intenso que la única salida disponible parece ser causar dolor físico para silenciar el tormento interno.

 

Esa lógica puede sonar rara desde fuera, pero clínicamente tiene sentido: el dolor físico, aunque sea autoinfligido, activa circuitos neurobiológicos que reducen momentáneamente la activación emocional extrema.

 

Es como si el cerebro dijera: “si la mente duele demasiado, que duela el cuerpo y, por lo menos, esto se puede manejar”.

 

A corto plazo puede “funcionar” para algunos, aunque a largo plazo no resuelve las causas profundas.

 

 

No es solo “una moda”: incidencia real, datos y tendencias

 

Medir la frecuencia exacta de autolesiones es complicado porque, como muchas conductas de salud mental, esconde en silencio.

 

Muchas personas no lo cuentan y no todos los casos llegan a consulta.

 

Aun así, existen estudios epidemiológicos que ofrecen aproximaciones fiables.

 

Revisiones internacionales sugieren que alrededor del 15–20% de adolescentes han practicado autolesiones no suicidas al menos una vez durante la adolescencia.

 

En algunos trabajos comunitarios se mencionan cifras cercanas al 25%, dependiendo de cómo se pregunta y del grupo de edad evaluado.

 

En los últimos años, diversos datos —incluidos informes clínicos y encuestas de salud mental — han mostrado un aumento en la frecuencia de consultas por autolesiones, especialmente entre adolescentes femeninas de 13 a 16 años.

 

Un análisis publicado en revistas pediátricas de gran impacto mostró que, en varios países, las consultas por autolesión se duplicaron en menos de una década en ciertos grupos adolescentes.

 

Esto no significa que “la mitad de los adolescentes se corten”, sino que más adolescentes están recurriendo a este tipo de conducta, o más familias y profesionales los están detectando y solicitando ayuda.

 

En España, los datos del estudio HBSC (una encuesta internacional que monitorea la salud y el bienestar de adolescentes) han mostrado un aumento del malestar emocional persistente en adolescentes en los últimos años, especialmente entre chicas de 15–17 años.

 

Ese incremento de malestar es un contexto relevante: más ansiedad, más presión escolar, más comparación social, más redes digitales —todo ello crea un caldo de cultivo donde es más difícil aprender otras estrategias de afrontamiento.

 

 

Más allá del estigma: entender lo que hay detrás

 

Una de las cosas que más dificulta abordar este tema es que hay estigma alrededor del dolor emocional.

 

Culturalmente no estamos muy entrenados para hablar de emociones complejas o intensas.

 

Decimos “no pasa nada”, “tienes que ser fuerte”, “otros tienen problemas de verdad”… y con eso sólo empujamos a los adolescentes a intentar resolver lo que sienten por su cuenta.

 

Las autolesiones —como muchas conductas de riesgo— suelen estar relacionadas con experiencias emocionales abrumadoras, tensión interna insostenible o traumas no resueltos. No aparecen “porque sí”.

 

La literatura clínica ha identificado varias causas que muchas veces concurren:

 

  • Regulación emocional deficiente: dificultad para manejar angustia, frustración o rabia sin que se disparen.

 

  • Historia de maltrato, abuso o negligencia: experiencias tempranas que rompen la sensación de seguridad interior.

 

  • Ansiedad intensa y/o depresión no tratada: que hace que el malestar sea crónico o recurrente.

 

  • Entornos familiares con alta crítica, invalidación emocional o comunicación deficiente: donde no se aprende a poner palabras a lo que se siente.

 

  • Presión social y escolar elevadas, donde el rendimiento y la comparación se vuelven omnipresentes.

 

  • Redes sociales y grupos: pueden actuar como espejo emocional, amplificando comparaciones, contenidos normalizadores de autolesión o “formas de expresarse” que no ayudan.

 

Todo esto no “causa” autolesión por sí solo, pero sí actúa como conjunto de factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que un adolescente busque alivio de maneras dañinas.

 

 

Escondido, silencioso… y difícil de detectar

 

Una de las razones por las que las autolesiones pueden pasar desapercibidas es que muchas veces no dejan huellas evidentes, o bien se camuflan bajo explicaciones aceptables (“me tropecé”, “me corté cocinando”, “esa marca siempre ha estado ahí”).

 

También puede haber un esfuerzo deliberado por ocultar las lesiones por miedo al juicio o a las consecuencias.

 

Por eso, los profesionales insisten en que la detección no debe basarse solo en signos físicos.

 

Cambios de comportamiento —aislamiento social, bajón académico, irritabilidad persistente, abandono de actividades que antes se disfrutaban— pueden ser señales importantes cuando se acompañan de otros indicios.

 

 

¿Qué hacer cuando ocurre?

 

Primero: no minimizar

 

Decirle a alguien “no es para tanto, no lo vuelvas a hacer” suele cerrar la puerta al diálogo.

 

La autolesión no es una búsqueda de atención superficial; es una estrategia de supervivencia mal adaptada, y se necesita más que una reprimenda para cambiar eso.

 

 

Segundo: buscar ayuda profesional

 

La evaluación por parte de un profesional de salud mental especializado —psicólogo clínico o psiquiatra infanto-juvenil— es vital.

 

Un enfoque clínico bien hecho no consiste en “evitar que se corte”, sino en entender su función en la vida emocional del adolescente, desarrollar herramientas alternativas de regulación emocional, y abordar los factores subyacentes (ansiedad, depresión, trauma, etc.).

 

Entre los tratamientos con mayor evidencia para autolesión no suicida en adolescentes están:

 

  • Terapias que enseñan habilidades para manejar emociones intensas, especialmente las que incorporan técnicas de aceptación, tolerancia al malestar y regulación afectiva.

 

  • Intervenciones que implican a la familia, porque mejorar la comunicación y reducir la invalidación emocional en casa suele ser un factor clave.

 

  • Programas terapéuticos estructurados como la terapia dialéctico-conductual adaptada a adolescentes (DBT-A), que han mostrado eficacia en algunos estudios clínicos.

 

Si hay otros diagnósticos coexistentes —ansiedad, depresión, TDAH o trastornos de la alimentación— tratarlos de manera integral también suele ayudar a disminuir la frecuencia de autolesiones.

 

 

Tercero: apoyos cotidianos

 

Un entorno familiar que valida emociones (“entiendo que te sientas así”) sin reforzar conductas perjudiciales, y que acompaña sin juzgar, puede marcar una gran diferencia.

 

No se trata de consentir la autolesión, sino de generar un espacio seguro para hablar sobre lo que duele y buscar alternativas juntos.

 

 

¿Autolesión = intención de suicidio?

 

No necesariamente, pero tampoco es imposible que coexistan.

 

La autolesión no suicida y la conducta suicida pueden estar relacionadas en el tiempo: cuanto más frecuentes y graves son las autolesiones, mayor es el riesgo de que surjan pensamientos suicidas.

 

Por eso, cualquier evaluación clínica responsable incluye una valoración clara de ideación suicida, planes, acceso a medios y señales de alarma, además de la conducta autolesiva.

 

 

Un problema de salud pública silencioso

 

Aunque muchas veces se presenta como un caso individual, las autolesiones en adolescentes son un problema de salud pública.

 

Las tendencias recientes muestran un número creciente de consultas, y sistemas sanitarios en varios países han desarrollado guías de manejo de autolesión precisamente porque no se trata de conductas raras o infrecuentes.

 

Las guías más recientes —incluida la Guía NICE sobre autolesión y su prevención (Reino Unido, 2022)— insisten en varios puntos:

 

  • La autolesión tiene múltiples funciones psicológicas, no siempre evidentes.

 

  • Evaluación integral de factores psicológicos, sociales y de riesgo es imprescindible.

 

  • Intervención temprana y apoyo continuado reducen la recurrencia y mejoran el pronóstico.

 

En España, dentro de los servicios de salud, también hay protocolos clínicos que recomiendan manejo especializado en atención primaria y salud mental infanto-juvenil para adolescentes con autolesión, integrando evaluación, intervención y seguimiento.

 

 

Reflexión final

 

Hablar de autolesiones sin sensacionalismo no quiere decir minimizar la gravedad. Al contrario: significa comprender que detrás de cada gesto hay dolor, y que ese dolor puede encontrarse, nombrarse, entenderse y tratarse científicamente.

 

Como sociedad, necesitamos menos tabú y más respuestas basadas en evidencia, empatía y acompañamiento.

 

 

 

Referencias científicas y recursos

 

  • NICE Guideline NG225: Self-harm: assessment, management and preventing recurrence (2022). Available at nice.org.uk.

  •  
  • Estudio de tendencias de autolesión en atención sanitaria en adolescentes — The Lancet Child & Adolescent Health (publicación reciente).

  •  
  • Estudio HBSC — Ministerio de Sanidad, España (2022).

  •  
  • Revisiones sobre tratamientos con evidencia en adolescentes con autolesión no suicida (Bases de datos PMC / PubMed).

  •  
  • Recursos de apoyo en España: Línea 024 (Ministerio de Sanidad), ANAR (900 20 20 10 y 116 111), Teléfono de la Esperanza (717 003 717).

 

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Alcarria TV – Al médico con Ramón – Vacunación en personas mayores: por qué es de las mejores “inversiones” en salud

5/02/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se emite desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

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Al médico con Ramón – Vacunación en personas mayores: por qué es de las mejores “inversiones” en salud

31/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

Vacunas en personas mayores

 

Preguntas claras sobre una de las mejores decisiones de salud

 

Las vacunas no son solo cosa de niños. De hecho, cuanto más mayor es una persona, más importantes se vuelven.

 

A partir de cierta edad, las infecciones dejan de ser un simple mal rato y pueden convertirse en un problema serio, con ingresos hospitalarios, pérdida de autonomía y, en algunos casos, consecuencias irreversibles.

 

Este artículo responde de forma sencilla y directa a las preguntas más habituales que surgen en la consulta cuando se habla de vacunación en personas mayores, con un objetivo claro: explicar por qué vacunarse sigue siendo una de las decisiones más eficaces para proteger la salud en esta etapa de la vida.


 

 

 

¿Por qué se insiste tanto en vacunar a las personas mayores?

 

Porque el sistema inmunitario también envejece.

 

Con los años, las defensas reaccionan más despacio, recuerdan peor a los microbios y la respuesta frente a las infecciones es menos eficaz.

 

Esto hace que enfermedades comunes, como la gripe, una neumonía o el COVID, no tengan el mismo impacto en una persona mayor que en alguien joven.

 

En edades avanzadas aumenta el riesgo de hospitalización, de complicaciones respiratorias, de empeoramiento de enfermedades crónicas y de pérdida de fuerza y autonomía.

 

Las vacunas reducen de forma muy significativa todos esos riesgos y, por tanto, no solo previenen infecciones, sino también consecuencias que pueden cambiar la vida diaria de una persona.


 

 

 

 

¿Qué significa que “las defensas ya no funcionan igual”?

 

El sistema inmunitario puede entenderse como un ejército.

 

En la juventud hay muchos “soldados”, están bien entrenados y recuerdan al enemigo durante años.

 

Con el paso del tiempo, ese ejército se reduce, responde peor y pierde memoria.

 

A este proceso natural se le llama inmunosenescencia.

 

No es una enfermedad, es parte del envejecimiento.

 

Precisamente por eso, prevenir infecciones se vuelve mucho más importante en personas mayores que en edades jóvenes.


 

 

 

 

 

 

¿Cómo funcionan las vacunas? 

 

Una vacuna es, básicamente, un entrenamiento para las defensas.

 

Enseña al cuerpo cómo es un microbio, cómo reconocerlo y cómo defenderse de él antes de que llegue el de verdad.

 

Es comparable a un simulacro de incendio: es mejor aprender dónde está la salida cuando no hay fuego que improvisar en medio del humo.

 

Gracias a ese entrenamiento previo, cuando el organismo entra en contacto con el microbio real, reacciona más rápido y evita que la infección se vuelva grave.


 

 

 

 

¿Las vacunas llevan el virus vivo?

 

En la mayoría de los casos, no.

 

Las vacunas suelen contener solo una parte del microbio, una especie de “foto” del virus o la bacteria, o una instrucción para que el propio cuerpo fabrique esa parte durante un tiempo muy corto.

Por eso, las vacunas no producen la enfermedad que previenen.


 

 

 

 

¿Qué ocurre en el cuerpo cuando una persona se vacuna?

 

Tras la vacunación, el sistema inmunitario detecta algo extraño y se activa.

 

Fabrica anticuerpos, que son defensas específicas frente a ese microbio, y guarda la información en la llamada memoria inmunológica.

 

De este modo, si más adelante aparece el microbio real, el organismo lo reconoce rápidamente, responde antes y evita que la enfermedad se complique.

 

En personas mayores la respuesta puede ser algo menor que en jóvenes, pero sigue siendo suficiente para evitar lo más peligroso, que es la enfermedad grave y sus consecuencias.


 

 

 

 

¿Por qué existen vacunas “especiales” para personas mayores?

 

Porque las defensas necesitan un pequeño empujón extra. 

 

En este grupo de edad se utilizan vacunas con mayor cantidad de antígeno, con sustancias que estimulan mejor la respuesta inmunitaria o diseñadas para generar una memoria más eficaz.

 

No se trata de un exceso, sino de adaptar la vacuna a la edad, del mismo modo que se ajustan los tratamientos o las dosis de muchos medicamentos.


 

 

 

 

¿Qué vacunas son especialmente importantes a partir de los 60–65 años?

 

La vacunación frente a la gripe es fundamental.

 

En España se recomienda a partir de los 60 años y debe administrarse cada año.

 

En personas mayores se utilizan vacunas más eficaces, capaces de reducir ingresos hospitalarios, neumonías y mortalidad.

 

La vacunación frente al neumococo está recomendada a partir de los 65 años y previene neumonías y otras infecciones graves que, en este grupo de edad, tienen un mayor riesgo de complicaciones y hospitalización.

 

Otra vacuna clave es la del herpes zóster, conocida como culebrilla.

 

En España se recomienda a los 65 años en dos dosis.

 

Su principal beneficio no es solo evitar la erupción, sino reducir el riesgo de dolor crónico intenso y duradero, que puede afectar seriamente a la calidad de vida.

 

En cuanto al COVID-19, los refuerzos estacionales siguen siendo importantes en personas mayores.

 

La vacunación reduce de forma clara la enfermedad grave, los ingresos en UCI y la mortalidad.


 

 

 

 

¿Y qué ocurre con el virus respiratorio sincitial (VRS)?

 

El VRS no es solo un problema infantil.

 

En personas mayores puede causar bronquitis, neumonía y descompensaciones de enfermedades respiratorias o cardíacas.

 

En varios países ya se está vacunando a mayores y a personas de riesgo, y es una estrategia preventiva en clara expansión.


 

 

 

¿Son seguras las vacunas en personas mayores?

 

Sí. Los efectos secundarios más habituales son leves y transitorios, como dolor en el brazo, cansancio, algo de fiebre o malestar general durante uno o dos días.

 

Los efectos graves son muy raros.

 

La comparación realista es clara: pequeñas molestias pasajeras frente a infecciones que pueden llevar a ingresos hospitalarios y pérdida de autonomía.


 

 

 

“La última vez me sentó mal”

 

Es frecuente notar cansancio, dolor muscular o sensación de estar destemplado tras una vacuna.

 

Eso no es la enfermedad, sino el sistema inmunitario trabajando.

 

Estos síntomas suelen durar 24 o 48 horas, mientras que una infección real puede durar semanas o dejar secuelas.


 

 

“A mi edad, ¿para qué?”

 

Precisamente por la edad.

 

Cuanto mayor es una persona, más grave puede ser la infección y mayor el impacto de un ingreso hospitalario.

 

Vacunarse no es para vivir más años, sino para vivir mejor los que ya se tienen.


 

 

 

¿Sirve vacunarse si se tienen enfermedades crónicas?

 

Especialmente en ese caso.

 

Las personas con enfermedades respiratorias, cardiopatía, diabetes, insuficiencia renal, obesidad o fragilidad son las que más se benefician de la vacunación, porque tienen mayor riesgo de complicaciones si contraen una infección.


 

 

 

¿Vacunarse protege también a los demás?

 

Sí.

 

Menos contagios significan menos brotes en residencias, menos ingresos hospitalarios y menos muertes evitables.

 

Vacunarse es también una forma de cuidar a quienes nos rodean.


 

 

 

Entonces… ¿merece la pena?

 

Rotundamente, sí.

 

La vacunación en personas mayores salva vidas, evita ingresos, protege la independencia, mejora la calidad de vida y reduce sufrimiento evitable.

 

Pocas intervenciones médicas ofrecen tanto beneficio con tan poco riesgo.


 

 

 

Repasemos las vacunas top en personas mayores:

 

Gripe estacional

 

En España, el calendario común recomienda vacunación estacional en personas mayores a partir de 60 años.


En mayores, suelen preferirse formulaciones con mejor respuesta:

 

  • alta dosis

  • adyuvadas

  • recombinantes

 

En EE. UU., el calendario adulto recomienda preferencia por alta dosis, recombinante o adyuvada en ≥65.

 

Ventaja clave: reduce enfermedad grave y hospitalización, y baja complicaciones en crónicos respiratorios/cardiovasculares.

 

 

 

 

4.2 Neumococo (enfermedad neumocócica)

 

En España, se recomienda vacunación frente a neumococo a partir de los 65 años.


Aquí el concepto importante (más allá de marcas): las vacunas conjugadas generan mejor memoria inmunológica que las polisacáridas clásicas.

 

Ventaja clave: reducir neumonía neumocócica e infecciones invasivas (bacteriemia/meningitis), que en mayores tienen peor pronóstico.

 

 

 

 

4.3 Herpes zóster (culebrilla)

 

En España, el calendario recomienda vacunación a los 65 años, con 2 dosis separadas por un intervalo mínimo de 8 semanas, y posibilidad de captación progresiva de cohortes hasta 80 según implementación.


La vacuna recombinante (la más usada en programas actuales) es especialmente relevante en mayores porque:

 

  • no es viva,

  • induce respuesta potente (incluida celular, crucial para zóster),

  • reduce neuralgia postherpética (la parte “maldita” del zóster).

Ventaja clave: menos zóster y menos dolor crónico neuropático.

 

 

 

 

 

4.4 COVID-19 (refuerzos estacionales)

 

En España, el calendario 2026 recoge que en la temporada 2025–2026 se recomienda vacunación con 1 dosis en mayores a partir de 70 años, según situación epidemiológica, y a determinar en 2026–2027.


La idea práctica: el SARS-CoV-2 sigue circulando; la inmunidad cae con el tiempo; y los refuerzos buscan sostener protección frente a enfermedad grave.

 

Ventaja clave: menos neumonía grave y menos mortalidad en mayores y frágiles, especialmente en temporadas de alta circulación.

 

 

 

4.5 VRS (virus respiratorio sincitial) en adultos mayores

 

En varios países se ha incorporado vacunación frente a VRS en mayores.

 

Por ejemplo, CDC recomienda una dosis única en ≥75 y en 50–74 con mayor riesgo (y recalca que no es anual por ahora).

 


En Europa, ECDC destaca el papel de la inmunización para prevenir causas de enfermedad respiratoria grave, incluyendo VRS, gripe, COVID-19 y neumococo.

 

En el calendario común español 2026, el VRS aparece sobre todo en contexto de inmunización infantil (anticuerpo monoclonal), y la estrategia en mayores puede depender de actualizaciones y programas específicos.

 

Ventaja clave: en mayores, el VRS no es “un catarro mono”; puede causar bronquitis/neumonía y descompensaciones, con hospitalización.

 

Resumen:

 

Vacunas básicas recomendadas en personas mayores

 

  • Gripe
    Todos los años. A partir de los 60 años. Fundamental para evitar complicaciones y hospitalizaciones.

  • Neumococo
    Desde los 65 años. Previene neumonía y otras infecciones graves.

  • Herpes zóster (culebrilla)
    A los 65 años, en dos dosis. Evita el zóster y, sobre todo, el dolor crónico posterior.

  • COVID-19
    Refuerzos estacionales según edad y riesgo. Muy importante para prevenir enfermedad grave.

  • Virus respiratorio sincitial (VRS)
    En mayores y personas de riesgo (según indicaciones actuales). Previene bronquitis y neumonía.

👉 Resumen rápido:


vacunarse en la edad adulta reduce ingresos, evita complicaciones y ayuda a mantener la autonomía.


Poca molestia, mucho beneficio.

 

 

Bibliografía básica

 

Ministerio de Sanidad. Calendario común de vacunación a lo largo de toda la vida. 2026.

ECDC. Respiratory virus season and immunisation in older adults.

CDC. Adult Immunization Schedule.

CDC. RSV vaccination in older adults.

Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Recomendaciones de vacunación 2025–2026.

Weinberger B. Vaccination of older adults. PMC, 2021.


 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – España vive mucho… y cada vez mejor: regreso al podio de la OCDE en esperanza de vida

20/01/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Al Médico con Ramón – España vive mucho… y cada vez mejor: regreso al podio de la OCDE en esperanza de vida

20/12/2025

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salud y esperanza de vida en España

España vive mucho… y cada vez mejor: regreso al podio de la OCDE en esperanza de vida

 

España vuelve a colocarse donde le gusta estar: en el podio.

 

Según el último informe sanitario de la OCDE, nuestro país ha recuperado el tercer puesto en esperanza de vida, con una media cercana a los 84 años, solo por detrás de Suiza y Japón.

 

No está nada mal. Sobre todo si recordamos que, tras el golpe brutal de la pandemia, España llegó a caer hasta el octavo puesto.

 

Es decir: no solo seguimos viviendo mucho, sino que hemos sabido remontar.

 

El COVID dejó heridas, sí, pero también demostró algo importante: con todos sus defectos, el sistema sanitario español aguanta golpes.


 

 

📊 ¿Qué mide exactamente la OCDE y por qué importa?

Indicadores de salud OCDE

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) no se limita a contar cumpleaños.

 

Su informe anual Health at a Glance analiza un conjunto bastante completo de indicadores:

 

  • Esperanza de vida al nacer
  • Mortalidad evitable y prevenible
  • Hábitos de salud (tabaco, alcohol, obesidad, ejercicio)
  • Acceso al sistema sanitario
  • Recursos disponibles (médicos, enfermeras, camas, tecnología)
  • Gasto sanitario y eficiencia del sistema

Y aquí viene la clave: España no es el país que más gasta en sanidad, pero sí uno de los que mejor convierte ese gasto en años de vida.

Traducido: no vamos sobrados de dinero, pero sabemos estirarlo.

 

La OCDE tiene 38 países miembros.

Es el club de los países “industrializados o en vías serias de serlo”.

Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Chequia, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Islandia, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Corea del Sur, Letonia, Lituania, Luxemburgo, México, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Polonia, Portugal, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia, Suiza, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos.


 

 

🥇 El dato estrella: volvemos a los 84 años

Esperanza de vida comparativa

Los datos son claros:

 

  • 🇪🇸 España: alrededor de 84 años
  • 🇨🇭 Suiza: ligeramente por encima
  • 🇯🇵 Japón: líder histórico

La media de la OCDE ronda los 81 años, así que España está claramente por encima.

Y lo más importante: hemos recuperado posiciones tras el desplome puntual provocado por la pandemia.

 

Esto no es casualidad. Ni genética milagrosa. Ni suerte ibérica.

 

Aquí va el ranking “de los que viven más” según la OCDE (dato de 2023). Spoiler: España vuelve al podio.

 

Gráfico OCDE: esperanza de vida al nacer en 2023 por países (España, Japón y Suiza entre los primeros)
Fuente: OCDE, Health at a Glance 2025, Figura 3.1 (esperanza de vida al nacer, 2023 o año más cercano).

 

📈 Gráfico: los 10 países con mayor esperanza de vida (OCDE, 2023)

 

Y para que nadie tenga que ponerse a hacer “zoom de detective”, aquí va el Top 10 (total, ambos sexos) tal y como aparece en el gráfico:

 

Puesto País Años (total)
1 Suiza 84,3
2 Japón 84,1
3 España 84,0
4 Israel 83,8
5 Italia 83,5
6 Corea 83,5
7 Luxemburgo 83,4
8 Suecia 83,4
9 Noruega 83,1
10 Francia 83,0

 

 

 

🥗 ¿Por qué vivimos tanto? (no todo es jamón y siesta)

 

Dieta mediterránea y salud

 

✅ Lo que hacemos bien (muy bien)

 

España destaca en varios aspectos clave:

 

  • Dieta mediterránea: menos ultraprocesados, más legumbres, pescado, frutas y aceite de oliva.
  • Atención primaria sólida: el médico de cabecera sigue siendo el eje del sistema.
  • Cobertura sanitaria universal: nadie se queda fuera por motivos económicos.
  • Baja mortalidad prevenible: muchas muertes se evitan con prevención y seguimiento.
  • Red familiar y social: un factor poco medible, pero decisivo.
  • El uso generalizado de la vacunación en niños y en personas en riesgo. Tenemos unos índices de vacunación mejores del mundo y eso cuenta… mucho.

Especialmente relevante es el buen dato en mortalidad evitable, uno de los indicadores que mejor reflejan la eficacia real de un sistema sanitario.

 

La mortalidad evitable se refiere a las muertes que ocurren de forma prematura y que podrían haberse evitado si se hubieran aplicado correctamente medidas de prevención o si el sistema sanitario hubiera diagnosticado y tratado la enfermedad a tiempo.

 

Incluye tanto fallecimientos relacionados con hábitos y riesgos prevenibles —como el tabaco, el alcohol, los accidentes o la falta de vacunación— como muertes por enfermedades que, con una atención médica adecuada y precoz, no tendrían por qué ser letales.

 

Por eso la OCDE la utiliza como un indicador clave para medir la eficacia real de los sistemas de salud y no solo para presumir de hospitales nuevos y titulares optimistas.


 

 

🚬🍷🏃‍♂️ Pero ojo: no somos perfectos

Hábitos poco saludables

 

El informe también señala claramente nuestras asignaturas pendientes:

 

  • 🚬 Fumamos más que la media de la OCDE.
  • 🍷 Consumimos más alcohol del recomendado.
  • ⚖️ La obesidad aumenta, especialmente en población infantil.
  • 🏃‍♂️ Uno de cada cuatro adultos no alcanza el ejercicio mínimo recomendado.

Conclusión rápida: vivimos mucho a pesar de nuestros vicios, no gracias a ellos.


 

 

🏥 El sistema sanitario español: menos músculo, más resistencia

 

Hospital público en España

 

España dedica alrededor del 9,2 % del PIB a sanidad, muy cerca de la media de la OCDE. Sin embargo:

 

  • Gasta menos por habitante que otros países desarrollados.
  • Tiene muchos médicos, pero menos enfermeras de las necesarias.
  • Cuenta con menos camas hospitalarias.
  • Dispone de menos tecnología de imagen pesada.

Y aun así, los resultados son buenos.

 

Eso habla de eficiencia, pero también de tensión estructural.

El sistema funciona, sí, pero va muy justo.

 

Según los últimos datos comparables de gasto sanitario como porcentaje del PIB de la OCDE, ésta es la lista con los 10 países más ricos y cuánto dedican a sanidad (aproximado, año 2024–2025): (OECD)

 

  • Estados Unidos – ~17,2 % del PIB (muchísimo más que todos). OECD

  • Alemania – ~12,3 % del PIB. OECD

  • Francia – ~11-12 % del PIB (datos entre 10,5-11,5 % según UE). Datosmacro.com+1

  • Suiza – alrededor de ~~11–12 % del PIB según datos comparables. Wikipedia

  • Reino Unido – ~11,0 % del PIB (aprox. valores similares a Europa Occidental). Wikipedia

  • Canadá – alrededor del ~11 % del PIB (en el grupo que ronda 10-12 %). OECD

  • Suecia – ~10-11 % del PIB (típico de países nórdicos/ocde). Wikipedia

  • Países Bajos – ~10,6 % del PIB (datos europeos). Wikipedia

  • Australia – ~10,3 % del PIB (estimación OCDE). Wikipedia

  • Japón – ~10,5 % del PIB (generalmente en torno al 10 % para países ricos). Wikipedia

  • España9,2 % del PIB, un poco por debajo de la media OCDE (9,3 %). OECD

👉 La media de gasto sanitario de los países de la OCDE es ~9,3 % del PIB. (OECD)


 

 

 

🧠 Vivir más no siempre es vivir mejor

Envejecimiento y calidad de vida

 

El informe deja una advertencia clara: más años de vida no siempre equivalen a más años de buena salud.

 

  • Aumentan las enfermedades crónicas.
  • Crece la dependencia.
  • La salud mental gana protagonismo en edades avanzadas.
  • Persisten diferencias importantes entre hombres y mujeres.

El gran reto ya no es solo vivir más, sino vivir mejor esos años extra.


 

 

 

🌍 Comparación incómoda: gastar más no es vivir más

 

Comparación sistemas sanitarios

 

Un dato siempre llamativo:

 

Estados Unidos gasta muchísimo más en sanidad, pero su esperanza de vida es inferior a la española.

España demuestra que un sistema público fuerte, universal y bien organizado puede ser más eficaz que uno carísimo y desigual.


 

 

🧾 Conclusión

 

España vuelve al top 3 de esperanza de vida en la OCDE. No es casualidad. Es el resultado de décadas de sanidad pública, prevención, hábitos razonables y una red social potente.

 

Ahora bien:

 

  • Hay que reforzar el sistema.
  • Hay que cuidar mejor cómo vivimos, no solo cuánto.
  • Y hay que prepararse para una población cada vez más longeva.

Porque vivir 84 años está muy bien.
Pero vivirlos con calidad, eso ya es otra liga.

 

¿Por qué ellas viven más que ellos en España? 🧬

 

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En España en 2024, la esperanza de vida al nacer fue de 84,01 años, con 81,38 años en hombres y 86,53 años en mujeres, dejando una brecha de unos 5,1–5,4 años a favor de ellas según los datos oficiales del INE. (Instituto Nacional de Estadística)

 

Esta diferencia no es nueva ni exclusiva de nuestro país, pero en España es especialmente marcada: mientras que los hombres alcanzan poco más de 81 años, las mujeres superan ampliamente los 86. (Instituto Nacional de Estadística)

 

¿Por qué pasa eso? La explicación es un cóctel de biología y estilo de vida: las mujeres tienden a tener menores tasas históricas de tabaquismo y consumo excesivo de alcohol, consultan más al médico y toman más en serio la prevención. Además, hay factores hormonales y genéticos que les confieren cierta ventaja biológica. (fbbva.es)

 

Eso sí, vivir más no siempre equivale a vivir mejor: varios informes señalan que, aunque las mujeres viven más, tienden a pasar más años con enfermedades crónicas o discapacidades en edades avanzadas, lo que apunta a retos de salud pública distintos entre sexos. (Diario AS)

 

📊 Resumen rápido:

 

  • Mujeres en España: ~86,5 años

  • Hombres en España: ~81,4 años

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Alcarria TV – Al médico con Ramón – ¿Quién vive más, el del aceite de oliva o el del bacon con sirope?

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Alcarria TV – Al médico con Ramón – Diabetes tipo 2. Información básica a pacientes

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Al médico con Ramón – Diabetes tipo 2. Información básica a pacientes

3/11/2025

Diabetes tipo 2. Información básica a pacientes.

Una epidemia silenciosa

La diabetes mellitus tipo 2 (DM2) es una de las enfermedades crónicas más frecuentes del mundo moderno. Afecta a millones de personas, muchas sin saberlo. Se caracteriza por un aumento persistente de la glucosa en sangre debido a que el organismo no utiliza bien la insulina, la hormona encargada de meter el azúcar dentro de las células.

En la diabetes tipo 2 el páncreas sigue produciendo insulina, pero las células se vuelven “sordas” a ella: es lo que se llama resistencia a la insulina. Con el tiempo, el páncreas se agota intentando compensar, y los niveles de glucosa se disparan.

Factores que favorecen su aparición

No aparece de la nada. Detrás hay un cóctel de causas que se refuerzan entre sí:

  • Obesidad y sobrepeso, especialmente cuando la grasa se acumula en el abdomen.

  • Sedentarismo: pasar la mayor parte del día sentado reduce la sensibilidad a la insulina.

  • Alimentación poco saludable: exceso de azúcares simples, ultraprocesados, bebidas azucaradas y harinas refinadas.

  • Edad: es más frecuente a partir de los 40 años, aunque cada vez se ve antes.

  • Antecedentes familiares: la genética cuenta, pero el estilo de vida manda.

  • Estrés crónico y falta de sueño, que alteran el metabolismo.

La relación con la obesidad

La obesidad abdominal es el gran disparador de la DM2. La grasa visceral (la que se acumula dentro del abdomen) libera sustancias inflamatorias que interfieren con la acción de la insulina.
Por eso se dice que la diabetes tipo 2 es, en muchos casos, una consecuencia metabólica del exceso de grasa corporal.


Buena noticia: perder un 5-10% del peso corporal puede mejorar notablemente los niveles de glucosa y, en algunos casos, incluso revertir la enfermedad en fases iniciales.

Medidas generales: el poder del cambio de hábitos

El tratamiento de la diabetes tipo 2 se basa en tres pilares fundamentales: dieta, ejercicio y medicación (si hace falta). Pero los dos primeros son la base de todo.

🥦 1. Alimentación saludable

El objetivo no es “comer sin azúcar”, sino comer bien todos los días.
Las recomendaciones más importantes:

  • Seguir un patrón tipo dieta mediterránea: frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales, pescado y aceite de oliva virgen extra.

  • Reducir los azúcares simples (refrescos, bollería, dulces, zumos industriales).

  • Evitar los ultraprocesados, ricos en harinas refinadas y grasas trans.

  • Moderar el consumo de carne roja y embutidos.

  • Apostar por proteínas magras (pollo, pescado, huevos, legumbres).

  • Beber agua como bebida principal.

  • Controlar el tamaño de las raciones: incluso los alimentos saludables, si se comen en exceso, suben la glucosa.

Un pequeño cambio sostenido vale más que una dieta milagrosa de dos semanas.

🏃‍♂️ 2. Actividad física

El ejercicio es una auténtica medicina para la diabetes tipo 2. Aumenta la sensibilidad a la insulina, baja la glucosa y mejora la salud cardiovascular.

Las guías recomiendan:

  • 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada (caminar rápido, nadar, montar en bici…).

  • Dos o tres sesiones semanales de ejercicios de fuerza (pesas, bandas elásticas, calistenia…).

Moverse cada día, aunque sea subir escaleras o pasear después de comer, marca la diferencia.

💊 3. Tratamiento médico

Cuando dieta y ejercicio no son suficientes, se añaden fármacos orales (como metformina) o, en fases avanzadas, insulina.


Pero el objetivo no cambia: mantener la glucosa dentro de los valores seguros y prevenir complicaciones (cardiovasculares, renales, oculares, neurológicas…).

Cuándo se considera que está bien controlada

Los médicos valoran varios parámetros. En general, se considera bien controlada cuando se cumplen:

Parámetro

    Valor deseable

Glucemia en ayunas

   

     80 – 130 mg/dl

Glucemia posprandial

(2 h después de comer)

   

     < 180 mg/dl

Hemoglobina glicosilada

(HbA1c)

   

    < 7% (a veces < 6,5% en pacientes jóvenes y sin riesgos)

Presión arterial

   

    < 130/80 mmHg

Colesterol LDL (“malo”)

   

     < 100 mg/dl (o < 70 mg/dl si hay riesgo cardiovascular alto)

Además, el control incluye mantener un peso saludable y un IMC inferior a 25.

Conclusión

La diabetes tipo 2 no es un castigo, sino una alerta metabólica. Con buenos hábitos se puede controlar, y en muchos casos incluso revertir en sus primeras etapas.


La clave está en moverse más, comer mejor y asumir que la salud se cocina (literalmente) todos los días.

El cuerpo, cuando lo cuidas, te devuelve el favor.

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

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