

Cutrecomentario de Ramón:
Secretos que nunca deberían confesarse.
Había ganas de ver la nueva película de Kristoffer Borgli, ese director noruego especializado en incomodar al personal con una sonrisa torcida.
Después de llamar la atención con Sick of Myself y sobre todo con Dream Scenario —aquella marcianada con Nicolas Cage invadiendo los sueños de media humanidad—, el hombre vuelve a demostrar que le interesa más la neurosis contemporánea que contar historias bonitas para subirlas a Instagram con filtro Valencia. Y eso siempre se agradece. Porque para películas sobre gente feliz ya está la publicidad de los seguros dentales.
Borgli escribe y dirige esta especie de anticomedia romántica donde el “chico conoce chica” ya ocurrió hace tiempo y ahora toca algo muchísimo más terrorífico: convivir con lo que realmente es la otra persona.
El director vuelve a jugar con el ridículo social, las inseguridades y la incomodidad emocional, mezclando humor negro, paranoia y momentos que hacen que uno quiera esconderse debajo de la butaca del cine. Y eso, curiosamente, funciona muy bien.
La película tuvo un recibimiento bastante potente en su estreno norteamericano y ha generado bastante conversación crítica por el tono incómodo de algunas de sus propuestas narrativas.
Las interpretaciones de Zendaya y Robert Pattinson han sido especialmente alabadas y la cinta ha funcionado muy bien en taquilla para tratarse de una producción de A24.
Y ahora sí. Vamos al drama. Literalmente.
Acudo al preestreno de El drama en los Multicines Guadalajara gracias al proyecto Wilder, una iniciativa estupenda que mezcla reposiciones de clásicos y películas de culto con preestrenos como éste. Una bendita locura para quienes todavía creen que ir al cine no consiste únicamente en escuchar a alguien abrir una bolsa de Doritos durante dos horas.
El tráiler ya era muy sugerente. Vendía la idea de una relación de pareja aparentemente sólida que se rompe por culpa de una confesión probablemente innecesaria y desde luego profundamente inoportuna.
Y efectivamente, de eso va la película. De cómo una verdad puede convertirse en una bomba nuclear emocional pocos días antes de una boda convertida en macrofestival del postureo.
Hay una frase demoledora en la película: en una boda todo es postureo. Los trajes, las damas de honor, las flores, el vino, los invitados, los discursos horribles que la gente escucha emocionada como si estuvieran leyendo a Dostoievski y no soltando frases de taza de Mr. Wonderful. Todo fachada. Todo representación. Todo teatro. Y ahí entra el gran hallazgo de la película.
Porque El drama funciona muy bien como una especie de desmontaje salvaje de la comedia romántica tradicional. Aquí no se trata de enamorarse. Se trata de soportar el derrumbe psicológico que aparece cuando descubres algo del otro que no encaja con la imagen idealizada que habías fabricado.
Robert Pattinson, actor al que personalmente suelo soportar con el mismo entusiasmo con el que uno soporta una colonoscopia sin sedación, aquí está francamente bien. Muy poco contenido, muy neurótico, muy perdido dentro de su propia cabeza. Y precisamente la película se mete continuamente dentro de esa cabeza.
Lo mejor de El drama no es la trama. Es la dirección.
Borgli monta la película como un mecanismo de relojería neurótico donde aparecen insertos visuales de pensamientos intrusivos, ideas absurdas, imágenes mentales parásitas y asociaciones incómodas que reflejan perfectamente cómo funciona la ansiedad moderna.
Uno sabe que esos pensamientos son irracionales, incluso idiotas, pero no puede expulsarlos. Y la película consigue transmitir esa sensación de una manera brillantísima.
Hay momentos donde el montaje parece casi una versión sentimental de un ataque de ansiedad con presupuesto de A24.
Zendaya, por supuesto, está estupenda. Tiene una presencia enorme y consigue que su personaje nunca resulte del todo antipático ni del todo fiable. Y eso tiene muchísimo mérito.
Además, me gusta mucho cómo la película retrata esa adolescencia prolongada de treintañeros emocionalmente agotados que juegan a ser adultos funcionales mientras se desmoronan por dentro.
Muy bien también Alana Haim como esa amiga incapaz de comprender nada pero convencida de entenderlo todo. Ese tipo de persona que da consejos emocionales con la profundidad intelectual de una galleta de la fortuna.
Y ojo también a Hailey Gates, en un secundario muy interesante que aporta todavía más rareza a este festival de inseguridades sentimentales.
La película se mueve entre la comedia incómoda, el humor negro, el caos emocional y cierta sensación constante de catástrofe sentimental inminente.
A veces es frenética, a veces absurda, a veces muy divertida y otras veces directamente incómoda de narices. Pero nunca aburrida.
Y además deja pensando. Que ya es muchísimo más de lo que consiguen la mayoría de las comedias románticas actuales, generalmente escritas por gente que cree que el amor consiste en compartir contraseña de Netflix y hacerse fotos desayunando aguacate.
Mi puntuación: 7,97/10.

Dirigido por Kristoffer Borgli:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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