Memory of Princess Mumbi – 2025 – Damien Hauser – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La princesa, la IA y el narrador que no se callaba ni debajo del agua

 

La película inaugural del FCAT 2026 venía con una premisa curiosa: ciencia ficción africana, comedia romántica, futuro utópico sin guerras, princesas desaparecidas y fondos generados con inteligencia artificial. Vamos, una mezcla entre cuento futurista, culebrón romántico y sobremesa de domingo con ChatGPT desatado.

 

Damien Hauser dirige esta producción keniata de apenas 79 minutos que demuestra bastante imaginación y una clara voluntad de construir un universo propio. No abundan demasiados datos sobre el director ni una filmografía especialmente conocida internacionalmente, algo bastante habitual todavía en determinados circuitos africanos de producción. Pero aquí sí deja claro que tiene energía visual, ganas de experimentar y una cierta querencia por el exceso narrativo. Y digo exceso con cariño… y con algo de agotamiento neuronal.

 

Memory of Princess Mumbi ha pasado por diversos festivales internacionales especializados en cine africano y fantástico, siendo seleccionada para inaugurar el Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger 2026.

 

La película ha llamado especialmente la atención por el uso de inteligencia artificial para generar parte de sus escenarios y efectos visuales, algo que le aporta una estética peculiar, entre artesanal y digitalmente lisérgica. 

 

Y entrando en materia, la película plantea un futuro donde ya no existen guerras y África aparece dividida por una línea diagonal que separa dos territorios. Esto parece el inicio de una densísima reflexión geopolítica sobre el colonialismo, las fronteras artificiales y el futuro del continente. Pero luego la película decide que no. Que realmente lo suyo es otra cosa mucho más sencilla: chico conoce chica, chica desaparece seis años y reaparece convertida en princesa. Y ahí aparece el inevitable triángulo amoroso. Shakespeare mirando desde el más allá pensando: “Bueno, pues tampoco han cambiado tanto las cosas”.

 

La película aparenta ser enormemente compleja porque lanza ideas constantemente. Hay una sensación continua de torrente narrativo, de hiperactividad visual y verbal. Todo va muy deprisa. El montaje es frenético, la narración es exhaustiva y continuamente están ocurriendo cosas o explicándose cosas. Y ahí la película tiene parte de su encanto.

 

Funciona razonablemente bien como una comedia romántica un poco alocada y disparatada, casi como si alguien hubiese metido ciencia ficción africana, anime romántico y telenovela futurista en una batidora industrial.

 

Además, el uso de IA para crear fondos, decorados y algunos efectos especiales resulta curioso. A veces canta bastante, claro, pero también le da una personalidad visual peculiar.

 

Hay momentos donde parece que la película estuviese ocurriendo dentro de una ilustración animada creada a las cuatro de la mañana por alguien con insomnio y exceso de cafeína. Y eso, extrañamente, tiene cierto encanto.

 

Ahora bien, el gran problema para un servidor está clarísimo: la voz en off. Esa voz en off interminable, persistente, invasiva, que no deja respirar una sola escena. Yo es que no puedo con la voz en off como recurso constante. Me parece, casi siempre, un mecanismo de mal cineasta. Si algo no se puede transmitir con imágenes y hay que explicarlo continuamente con palabras, entonces el cine empieza a parecerse peligrosamente a un audiolibro ilustrado.

 

Y aquí no hay tregua. Cuando no habla el narrador, hablan los personajes. Cuando no hablan los personajes, vuelve el narrador. No existe prácticamente un solo instante de silencio, de contemplación o de pausa visual. Todo está verbalizado. Todo explicado. Todo subrayado. Y eso acaba resultando agotador.

 

Porque la película tiene ideas, tiene humor, tiene ritmo y tiene personalidad. Pero también produce cierta sensación de aturdimiento permanente. Como estar encerrado durante hora y pico con un amigo hiperactivo que no para de contar historias mientras mueve los brazos como un molino industrial.

 

Aun así, reconozco el valor de la propuesta. Hay imaginación, valentía y una energía contagiosa detrás de esta locura romántico-futurista.

 

No siempre funciona, pero cuando funciona resulta simpática y bastante divertida.

 

Así que sí, aprobado raspadillo. Como esos alumnos caóticos que entregan el examen lleno de flechas, tachones y dibujos absurdos… pero al final, misteriosamente, algo de talento sí tenían.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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