

Cutrecomentario de Ramón:
El impreso azul.
Hay películas donde un maletín mueve toda la trama. Otras tienen un diamante, un cadáver o unos documentos secretos de la CIA. Y luego está Varations on a Theme, donde el gran objeto de deseo es… un impreso azul de la administración. El cine africano también ha descubierto que el verdadero terror contemporáneo no son los monstruos, sino la burocracia.
Los directores Devon Delmar y Jason Jacobs construyen aquí una película rarísima, de esas que juegan constantemente con el espectador. A ratos parece documental puro observacional, casi antropológico; otras veces se desliza hacia una ficción poética y absurda; y de vez en cuando introduce pequeños elementos fantásticos que hacen que uno dude de si está viendo realidad, sueño, memoria o simplemente una sobremesa demasiado larga bajo el sol sudafricano.
No es casualidad. Ambos cineastas llevan años trabajando entre el documental experimental y el cine híbrido.
Jason Jacobs es además una figura bastante conocida en el panorama sudafricano del cine de no ficción y del trabajo visual ligado a las comunidades rurales. Aquí se nota mucho esa mezcla entre observación realista y construcción casi teatral de algunas escenas.
La película tuvo su estreno en circuitos de festivales especializados en cine experimental y africano contemporáneo, donde precisamente se ha valorado mucho esa mezcla extraña entre costumbrismo rural, humor absurdo y comentario político.
Y la verdad es que la premisa tiene mucha gracia.
Estamos en las montañas de Namaqualand, en Sudáfrica, siguiendo a una anciana pastora de cabras que está a punto de cumplir 80 años y cuyo deterioro cognitivo empieza ya a ser evidente. Vive prácticamente en la pobreza, rodeada de un rebaño minúsculo y de una familia que parece multiplicarse por esporas cada vez que aparece en pantalla. Porque cuando empiezan a llegar hijos, sobrinos, nietos y demás parientes, aquello parece una mezcla entre reunión familiar y invasión organizada.
Pero el gran “macguffin” de la película —y sí, es maravilloso— es el famoso impreso azul.
Ese documento mágico que supuestamente permitirá al gobierno sudafricano tramitar las ayudas económicas para las familias de los soldados negros sudafricanos enviados a luchar en la Segunda Guerra Mundial. Hombres movilizados en 1939 que regresaron en 1945 y cuya recompensa histórica fue básicamente una bicicleta, un uniforme y un “ya si eso os llamamos”.
Décadas después, el Estado parece querer compensar aquella injusticia histórica. O eso dicen.
Porque claro, primero hay que rellenar formularios, pagar tasas, esperar aprobaciones y perder años de vida entre ventanillas administrativas invisibles. Algo universalmente humano. Kafka estaría encantado viendo esto.
La película juega continuamente con esa ilusión colectiva sobre el dinero que quizá llegue algún día. Todo el mundo fantasea con lo que hará cuando cobre la compensación, aunque el espectador sospecha desde bastante pronto que aquello va para largo. Muy largo. Más largo que una llamada al servicio técnico de cualquier operadora.
Lo mejor del filme probablemente sea el retrato de la comunidad y de esa familia gigantesca que genera momentos realmente divertidos. Hay escenas que parecen improvisadas y otras que rozan directamente el surrealismo. Y ahí la película tiene bastante encanto.
También funcionan bien las divisiones por capítulos y esas introducciones poéticas que intentan darle una dimensión casi mítica al relato rural. A veces lo consiguen. Otras veces uno tiene la sensación de que la película se pone un poco demasiado intensa consigo misma.
Porque sí, siendo honestos, también hay momentos en los que el ritmo se resiente bastante. Algunas escenas se alargan más de la cuenta y cierta tendencia contemplativa acaba acercándose peligrosamente al terreno del “a ver si pasa algo ya, por favor”. Hay películas lentas y luego está el cine donde una cabra tarda tres minutos en cruzar el plano. Y aquí, ocasionalmente, estamos cerca de eso.
Pero aun así, Varations on a Theme tiene personalidad, humor extraño y un retrato muy humano de la espera, de la pobreza y de las promesas políticas eternamente aplazadas. Que, pensándolo bien, igual es el tema más universal del planeta.
Mi puntuación: 6,54/10.

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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