

Cutrecomentario de Ramón:
El portero que debería dar más miedo que Hannibal Lecter… pero cae simpático el muy cabrón
Hay personajes televisivos que entran poco a poco en la cabeza del espectador. Y luego está Eliseo, el protagonista de El encargado, que directamente se te mete en el cerebro, te reorganiza la comunidad de vecinos y probablemente te cambia la cerradura mientras sonríe con cara de “yo solo quiero ayudar”.
La tercera temporada de El encargado confirma algo que ya era evidente en las dos anteriores: estamos ante una de las series más inteligentes, incómodas y perversamente divertidas que ha dado el audiovisual argentino reciente. Y sí, gran parte de la culpa la tiene un gigantesco Guillermo Francella, que aquí vuelve a realizar una interpretación absolutamente desbordante.
Los creadores de la serie, Mariano Cohn y Gastón Duprat, llevan años demostrando que son probablemente dos de los tipos más afilados y cínicos del panorama iberoamericano.
Su filmografía conjunta incluye títulos tan brillantes como El ciudadano ilustre, Competencia oficial, Mi obra maestra o 4×4, películas donde siempre aparecen las mismas obsesiones: la hipocresía social, el ego, el capitalismo salvaje, las apariencias culturales y la miseria moral disfrazada de sofisticación.
Y en El encargado vuelven a jugar exactamente a eso, pero con ascensor comunitario, reuniones de vecinos y olor a lejía de portal.
La serie ha sido además un éxito considerable tanto en Argentina como internacionalmente. Guillermo Francella ganó el Premio Platino al Mejor Actor de Serie por las primeras temporadas, mientras que la producción ha acumulado nominaciones en distintos premios latinoamericanos y una enorme repercusión crítica y popular. Porque sí, resulta que media humanidad disfruta viendo cómo un psicópata manipulador humilla elegantemente a todo el mundo.
Y ahí está la gran trampa maravillosa de esta tercera temporada.
Porque Eliseo es objetivamente un monstruo. Un tipo calculador, manipulador, egocéntrico y despiadado. Un sociópata de manual. Pero la serie consigue algo fascinante: poner continuamente al espectador de su lado. Y eso tiene muchísimo mérito. O muchísimo peligro psicológico. No estoy seguro.
En esta temporada, Eliseo acude a un congreso de encargados en Brasil y descubre algo fundamental: que el resto de sus compañeros son unos inútiles integrales. Mientras ellos siguen preocupados por goteras, bombillas y cuotas comunitarias, él visualiza un auténtico imperio empresarial. Y ahí aparece uno de los aspectos más interesantes de la serie: esa idea de convertir a un simple encargado de edificio en una especie de tiburón neoliberal capaz de detectar oportunidades de negocio donde otros solo ven cubos de basura.
Lo más divertido es que la serie termina funcionando casi como una fantasía de ascenso social. Eliseo se convierte en una especie de héroe empresarial extraño, un personaje que aparentemente desafía al sistema… utilizando las propias herramientas del sistema. Un neocapitalismo anticapitalista absolutamente delirante y, al mismo tiempo, extrañamente seductor.
Porque claro… uno debería odiar profundamente a Eliseo.
Pero no.
La serie logra que uno admire su inteligencia, su capacidad de adaptación y hasta su forma elegantemente miserable de sobrevivir. Eliseo siempre parece servicial, empático, humilde y colaborador. Y detrás de cada sonrisa hay una manipulación perfectamente calculada funcionando como un reloj suizo. Es un personaje terrorífico… pero tremendamente carismático.
Y ahí entra el trabajo monumental de Guillermo Francella. Lo suyo aquí es una lección interpretativa continua. Cada mirada, cada pausa, cada gesto aparentemente amable esconden una amenaza silenciosa.
Francella consigue algo dificilísimo: construir un personaje monstruoso sin perder jamás el encanto. El espectador sabe perfectamente que está viendo a un depredador social… y aun así quiere que gane.
Eso sí, la serie también sigue funcionando como una sátira salvaje de las clases medias urbanas, de las comunidades de propietarios y de la hipocresía social contemporánea. Todos parecen moralmente superiores hasta que necesitan algo de Eliseo. Entonces ya no importa tanto que espíe, manipule o chantajee discretamente a media humanidad.
Y quizá ahí esté el gran hallazgo de la serie: Eliseo no es un monstruo aislado. Es simplemente el producto perfecto de una sociedad donde la apariencia vale más que la ética y donde el éxito termina justificándolo absolutamente todo.
Una tercera temporada brillantísima, afilada, incómoda y tremendamente divertida. Y sí, otra vez toca rendirse ante Guillermo Francella, que directamente se ha inventado uno de los personajes televisivos más fascinantes y perversos de los últimos años.
El problema es que probablemente todos querríamos tener a Eliseo solucionándonos una avería… aunque luego desapareciera misteriosamente el testamento de la abuela.
Mi puntuación: 7,99/10.

Mariano Cohn (Creador), Gastón Duprat (Creador):

Ficha: En este enlace.
Otros posts relacionados

Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Para poner un comentario:
Hay 3 casillas.
En la superior va tu nombre.
En la segunda, la del medio, pon una dirección de correo electrónico.
La tercera, la de abajo de las tres, puedes dejarla en blanco o poner tu web.