Christy: el combate de su vida – 2025 – David Michôd – Movistar Plus+

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

De Euphoria al ojo morado: cuando Hollywood descubre que las actrices también actúan

 

David Michôd es uno de los nombres más interesantes surgidos del cine australiano de las últimas décadas.

 

Debutó con la excelente Animal Kingdom y posteriormente dirigió títulos como The Rover, Máquina de guerra o El rey.

 

Su filmografía suele moverse entre personajes complejos, ambientes hostiles y seres humanos empeñados en tomar malas decisiones una detrás de otra.

 

En Christy: el combate de su vida cambia los reyes medievales por los cuadriláteros de boxeo y los matrimonios tóxicos.

 

 

Cutrecomentario

 

Da la sensación de que el principal objetivo de esta película no es contar la historia de la boxeadora Christy Martin.

 

El principal objetivo parece ser demostrar que Sydney Sweeney sabe actuar.

 

Y, sinceramente, lo consigue.

 

Durante años Hollywood ha explotado la imagen de la actriz como una especie de muñeca perfecta. Ahí está Euphoria para recordarlo cada cinco minutos. Su físico terminaba eclipsando muchas veces su trabajo interpretativo.

 

Así que llega el momento de la transformación.

 

La vieja tradición hollywoodiense.

 

La actriz guapa se afeita el glamour, gana peso, se despeina, se pone ropa fea, se lleva un par de golpes y el mundo descubre que también tiene talento.

 

Lo hicieron antes Charlize Theron en Monster, Nicole Kidman en Las horas y unas cuantas más que comprendieron rápidamente cómo funciona la maquinaria de premios.

 

Aquí Sydney Sweeney abandona por completo la imagen de sex symbol y se convierte en una mujer sometida a una relación profundamente tóxica.

 

Y está francamente bien.

 

Especialmente durante los combates.

 

Las escenas de boxeo transmiten fuerza, energía y una credibilidad física que sorprende bastante.

 

Hay momentos en los que resulta difícil reconocer a la actriz que aparecía paseándose por los pasillos del instituto en Euphoria.

 

El problema es que la película que la rodea no está a la misma altura.

 

Porque esto ya lo hemos visto muchas veces.

 

Demasiadas veces.

 

La deportista que lucha contra la adversidad.

 

El marido abusador.

 

La superación personal.

 

La caída.

 

La recuperación.

 

La redención.

 

La victoria.

 

A los veinte minutos ya se puede escribir el final con bastante precisión.

 

El personaje del marido, interpretado por Ben Foster, tampoco ayuda demasiado a escapar de los clichés. Es tan miserable, tan tóxico, tan manipulador y tan desagradable que parece fabricado en una cadena de montaje especializada en villanos domésticos. No tiene un solo matiz amable. Es una bandera roja con piernas.

 

Más interesante resulta la madre.

 

Porque la película muestra algo menos habitual en este tipo de historias: la figura del familiar que colabora activamente en el abuso. Esa obsesión por guardar las apariencias, por evitar escándalos y por mantener una fachada de normalidad termina convirtiéndola en una pieza fundamental dentro del problema.

 

Mientras tanto, el padre y el hermano parecen vivir en una dimensión paralela bastante alejada de lo que ocurre delante de sus narices.

 

La película va introduciendo algunos personajes secundarios que aportan algo de aire fresco, pero nunca consiguen alterar la sensación general de estar viendo un relato extremadamente previsible.

 

Y ahí está el principal problema.

 

No es mala.

 

Ni mucho menos.

 

Está correctamente interpretada.

 

Está correctamente dirigida.

 

Está correctamente fotografiada.

 

Está correctamente montada.

 

Y precisamente ahí reside parte del problema.

 

Todo es correcto.

 

Nada resulta extraordinario.

 

La sensación de telefilme de prestigio para plataforma es constante.

 

De esas películas que se ven sin esfuerzo un sábado por la tarde, se comentan diez minutos y se olvidan el martes siguiente.

 

Sydney Sweeney sale reforzada del experimento.

 

La película, bastante menos.

 

Al final uno termina convencido de que la actriz tiene más recorrido que el propio filme. Y probablemente esa era la verdadera pelea que había que ganar.

 

Mi puntuación: 4,34/10.

 

 

 

Dirigido por David Michôd:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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