

Cutrecomentario de Ramón:
Robin Hood se jubila… y nadie le organiza una fiesta
Hablar de Robin Hood es hacerlo de uno de los grandes mitos del cine y la literatura. Desde Robin de los bosques con Errol Flynn, pasando por Robin Hood: príncipe de los ladrones con Kevin Costner, Robin Hood de Ridley Scott con Russell Crowe, o incluso la gamberra Robin Hood, príncipe de los ladrones (¡Menudo héroe!) de Mel Brooks, el arquero de Sherwood ha sido reinventado una y otra vez. Ahora le toca el turno a desmontarlo.
Michael Sarnoski es uno de esos directores que parecen disfrutar llevando al espectador a lugares incómodos.
Debutó con la magnífica Pig, sorprendió haciéndose cargo de Un lugar tranquilo: Día 1 y ahora firma el guion y la dirección de esta revisión oscurísima del mito de Robin Hood.
Su cine suele girar alrededor de personajes rotos, llenos de culpa y de heridas, más emocionales que físicas.
Aquí vuelve a insistir en esa misma idea, aunque quizá se pasa de pesimismo. (Wikipedia)
Cutrecomentario
Siempre me han fascinado esas historias, ensayos o películas que intentan desmontar los grandes mitos nacionales.
Descubrir que El Cid probablemente fue un mercenario que servía unas veces a los reinos de taifas y otras a los señores cristianos resulta mucho más apasionante que tragarse la leyenda oficial.
Los héroes casi siempre los fabrican siglos después de que se mueran.
Eso mismo hace aquí Michael Sarnoski con Robin Hood. Coge al héroe de postal y lo tira de cabeza al barro. Literalmente.
Este Robin Hood no roba a los ricos para dárselo a los pobres. Es un anciano agotado, fracasado y perseguido por su pasado. Ha sido un asesino, un violador, un ladrón despiadado y un auténtico bandido. Incluso en los últimos días de su vida, junto a quien conocíamos como Little John, ahora llamado Edward, sigue matando sin pestañear por un simple trozo de pan.
La película plantea que quizá este personaje se parezca mucho más al verdadero origen de la leyenda que el héroe romántico que tantas veces nos ha vendido Hollywood. Y esa idea resulta, de largo, lo más interesante de toda la propuesta.
El problema es que Sarnoski se recrea tanto en la miseria que acaba empachando.
Todo está cubierto por un tenebrismo constante.
Hay barro, mugre, sangre, ropa hecha jirones, suciedad y una sensación permanente de que nadie conoce el jabón desde hace tres generaciones.
El protagonista parece oler mal incluso a través de la pantalla.
Se entiende la intención, pero tanta cochambre termina siendo casi un personaje más.
Lo mejor llega al principio. La construcción del personaje durante los primeros minutos es magnífica y algunas escenas de violencia poseen una brutalidad seca y muy efectiva. Después, el relato entra en una melancolía permanente que apenas concede respiro y acaba pesando más que emocionando.
Afortunadamente aparece Jodie Comer, siempre magnética. Interpreta a una mujer dedicada a sanar a los demás mientras carga también con un pasado doloroso. Su presencia aporta algo de luz dentro de un universo donde prácticamente todo huele a derrota.
En conjunto queda una película profundamente triste. Una elegía sobre un hombre que descubre demasiado tarde que su leyenda era sólo eso: un relato.
Ahora que tanto se habla de “el relato”, esta película recuerda que muchas veces los héroes históricos no existen; existen las historias que otros escribieron sobre ellos.
No se sale del cine con ganas de coger un arco. Se sale bastante más destrozado. Exactamente igual que este Robin Hood.
Mi puntuación: 5,66/10.

Dirigido por Michael Sarnoski:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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