

Cutrecomentario de Ramón:
Nadie arrincona a Baby… salvo algún diálogo cursi
Emile Ardolino procedía del mundo de la danza y de la televisión.
Su documental He Makes Me Feel Like Dancin’ ganó el Óscar al mejor largometraje documental.
Después de Dirty Dancing dirigió El cielo se equivocó, Tres hombres y una pequeña dama y su otro gran éxito, Sister Act: Una monja de cuidado.
Murió prematuramente en 1993, a los 50 años, dejando una filmografía breve, pero bastante reconocible.
La canción «(I’ve Had) The Time of My Life», interpretada por Bill Medley y Jennifer Warnes, ganó el Óscar y el Globo de Oro a la mejor canción original.
La película también fue candidata al Globo de Oro a mejor comedia o musical, y Jennifer Grey y Patrick Swayze recibieron sendas nominaciones interpretativas.
En 2024 fue incorporada al Registro Nacional de Cine de Estados Unidos por su relevancia cultural, histórica y estética.
El cutrecomentario
Wilder Cinema nos ofrece la oportunidad de recuperar en pantalla grande Dirty Dancing, una de esas películas que ya pueden presumir sin demasiado debate de la condición de culto.
Combina romance, drama adolescente y baile con alma de musical, aunque, por suerte, nadie se ponga a cantar sus sentimientos mirando directamente a cámara.
La historia se desarrolla durante el verano de 1963, en un complejo vacacional de los Catskills tan antiguo y clasista que parece que en cualquier momento van a prohibir también respirar sin corbata.
Allí llega con su familia Frances «Baby» Houseman, una adolescente ingenua, idealista y bastante mojigata interpretada por Jennifer Grey.
Todo marcha dentro de lo previsto hasta que la muchacha descubre a Johnny Castle, al que da vida un Patrick Swayze que mueve las caderas como si tuviera articulaciones de repuesto.
Baby se queda loquita perdida y comienza un proceso de aprendizaje que incluye baile, deseo, desobediencia y maduración acelerada.
Vamos, unas vacaciones bastante más productivas que hacer pulseritas junto a la piscina.
La película puede resultar blandita, ñoña, previsible y considerablemente cursi.
Pero dentro de ese envoltorio de romance veraniego introduce asuntos bastante más interesantes de lo que su fama almibarada podría hacer pensar.
Uno de ellos es la diferencia social.
Los clientes ricos disfrutan de bailes ordenados, respetables y convertidos en entretenimiento.
Los empleados, cuando desaparecen las miradas de los huéspedes, bailan de una manera mucho más física, sensual y libre.
El baile no elimina realmente las clases sociales, pero durante unos minutos consigue suspenderlas, que ya es bastante más de lo que suele lograr la política.
También resulta sorprendente la presencia del aborto clandestino sufrido por Penny.
No es una simple excusa argumental: muestra cómo la falta de recursos y la hipocresía moral podían convertir una decisión personal en un grave peligro para la salud.
Aquí adquiere importancia el doctor Jake Houseman, el padre de Baby, interpretado por Jerry Orbach.
Es un buen médico, un padre preocupado y, en general, una persona decente.
Pero también está cargado de prejuicios y juzga equivocadamente a Johnny por su clase social.
La película acierta al no convertirlo en un villano, sino en un hombre honorable capaz de equivocarse estrepitosamente.
El éxito comercial fue extraordinario y no necesita que le demos más brillo del que ya tiene.
Las fuentes sitúan su presupuesto entre 4,5 y 6 millones de dólares, mientras que su recaudación acumulada ronda los 214 millones en todo el mundo.
En Estados Unidos y Canadá superó los 64 millones.
Eso sí, no fue la segunda película más taquillera de 1987 en Norteamérica: según Box Office Mojo, ocupó el puesto undécimo entre los estrenos de aquel año por recaudación total en Estados Unidos y Canadá.
¿Qué fue de Baby y Johnny?
Después de la película, las carreras de sus protagonistas tomaron caminos muy distintos. Jennifer Grey continuó trabajando en cine y televisión, pero nunca llegó a convertirse en la gran estrella que parecía anunciar el éxito de Baby.
Las operaciones de nariz que modificaron notablemente su aspecto perjudicaron su reconocimiento público, según ha contado ella misma, aunque sería demasiado simplista atribuir únicamente a eso la evolución de su carrera.
En 2010, Jennifer Grey ganó la undécima temporada del concurso Dancing with the Stars, junto al bailarín Derek Hough.
En enero de 2026, Lionsgate confirmó que volverá a interpretar a Frances «Baby» Houseman y ejercerá como productora ejecutiva de una nueva secuela de Dirty Dancing, cuyo rodaje está previsto para 2026. Todavía no hay fecha oficial de estreno.
Patrick Swayze, en cambio, se convirtió en una de las grandes estrellas populares de finales de los ochenta y comienzos de los noventa gracias a De profesión: duro, Ghost: más allá del amor y Le llaman Bodhi.
Actor, bailarín y también cantante, poseía un carisma físico difícil de fabricar en un despacho.
Falleció en 2009, a los 57 años, víctima de un cáncer de páncreas.
Dirty Dancing lanzó a los dos por los aires. La diferencia es que Swayze permaneció arriba y Grey nunca terminó de completar la famosa elevación.
Mi puntuación: 6,67/10.

Dirigido por Emile Ardolino:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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