


Cutrecomentario de Ramón:
Familia, pero con secuestro y sin anestesia
Gábor Holtai es un director, ingeniero de sonido y compositor húngaro.
Un secuestro familiar es su primer largometraje, aunque anteriormente había realizado los cortos Property (Válaszfal, 2018) y Second Round (Második kör, 2020), además de participar en la película colectiva In the Same Garden (2016).
No había dirigido otro largo, pero tampoco ha aparecido de repente con una cámara debajo del brazo.
Aquí demuestra ser un cineasta formidable.
La película obtuvo el Méliès de Plata al mejor largometraje fantástico en Sitges 2025 y el Premio del Público del Festival Internacional de Cine de Transilvania 2026.
Me habían hablado tan bien de ella que visioné con todas mis alarmas encendidas.
Mi criterio no siempre coincide con el de los críticos y, muchas veces, tampoco con el del público.
Pero, en esta ocasión, las recomendaciones traían mercancía: estamos ante una película extraordinaria.
Un secuestro familiar es una distopía de andar por casa, casi literalmente.
No necesita grandes decorados, efectos digitales ni ciudades futuristas llenas de drones.
Con pocos personajes, escasas localizaciones y recursos muy ajustados, construye una sociedad perfectamente reconocible en la que cada individuo debe interpretar el papel que le han asignado.
La película habla de supervivencia.
De aceptar normas que detestamos, cubrir funciones que no hemos elegido y convertirnos en otra persona porque la alternativa puede ser la exclusión o la desaparición. O te adaptas o pereces.
Una crueldad que puede parecer exagerada hasta que se mira alrededor con un poco de atención.
El trabajo de guion de Attila Veres es magnífico.
La película desarrolla su alegoría sin discursos explicativos ni subrayados de rotulador fluorescente.
Va cerrando las paredes alrededor del espectador hasta convertir la proyección en una experiencia asfixiante, perturbadora y difícil de sacudirse de encima.
Buena parte del mérito reside en Rozi Lovas, una actriz desconocida para mí que compone un personaje extraordinario.
Su interpretación transmite miedo, desconcierto, sometimiento y esa capacidad tan humana para acostumbrarse incluso a lo intolerable cuando está en juego la propia supervivencia.
La estética deliberadamente antigua, la fotografía oscura, gris y casi fúnebre, y la opresión de los espacios encajan perfectamente con lo que se está contando.
No hay nada ornamental: cada elemento contribuye a producir incomodidad.
Conviene verla sabiendo lo mínimo posible.
No necesita que nadie destripe su argumento ni explique previamente sus símbolos como si fueran las instrucciones de una lavadora.
Basta con saber que es una grandísima película, de esas que terminan en la pantalla pero continúan dando vueltas dentro de la cabeza.
Mi puntuación: 8,77/10.

Ficha: En este enlace.


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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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