Palmares, experiencias y comentarios de holasoyramon en el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

 

 

 

 

 

 

 

FCAT 2026: viento africano, cine sin alfombras rojas y una escapada a Tánger

 

Acudo como siempre acreditado por El Heraldo del Henares. Lo primero agradecer a su director Roberto Mangas su apoyo incondicional. Y vamos con el FCAT.

 

Hay festivales que viven pendientes de la alfombra roja, de los flashes y de ver quién lleva el traje más caro. Y luego está el Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger, que parece más preocupado por enseñarte el mundo que por deslumbrarte con él.

 

He llegado a esta edición casi por casualidad, empujado sobre todo por mi amigo Carlos Taillefer, académico, cinéfilo militante y auténtico evangelizador del FCAT. Llevaba años hablándome de este festival y, una vez vivido en primera persona, entiendo perfectamente su entusiasmo.

 

 

El palmarés: triunfa el cine de las migraciones y las identidades africanas

 

El gran premio del festival, el Premio AML-FCAT a la Mejor Película, fue para Promis le ciel, de la directora tunecina Erige Sehiri, una película centrada en la experiencia de las mujeres migrantes africanas dentro del propio continente africano. El jurado destacó su sensibilidad y complejidad a la hora de abordar cuestiones como el desarraigo, la autonomía personal y el derecho a elegir entre quedarse, marcharse o regresar.

 

La película también obtuvo el Premio del Público y el Premio Miradas Africanas de RTVA, convirtiéndose en la gran triunfadora de esta edición.

 

 

Personalmente, me parece un premio coherente. Estamos viendo cómo el cine africano contemporáneo cada vez se aleja más de los clichés occidentales sobre pobreza, guerras y miserias para centrarse en personajes complejos y realidades mucho más matizadas. Precisamente eso era lo que defendía la propia directora durante la lectura del palmarés.

 

El Premio Casa África a Mejor Dirección fue para Namir Abdel Messeeh por La vie après Siham, un documental que aborda el duelo familiar y la memoria a través de varias generaciones.

 

 

Las menciones especiales del jurado recayeron en Variations on a Theme, de Devon Delmar y Jason Jacobs, y en Ancestral Visions of the Future, de Lemohang Mosese.

 

 

El premio a la mejor actriz fue para Deborah Christelle Lobe Naney por Promis le ciel, mientras que el premio al mejor actor fue para Admiro De Laura Munguambe por O profeta.

 

Entre los cortometrajes destacó Les jardins du paradis, de Sonia Terrab, ganador del Premio FAMSI, mientras que God Sleeps on Sundays, de Naishe Nyamubaya, recibió una de las menciones especiales.

 

Y aquí sí me permito una pequeña alegría personal. De todas las películas vistas durante estos días, God Sleeps on Sundays fue una de las que más me interesó. Una historia aparentemente sencilla que terminaba hablando del choque entre tradición, religión y modernidad con una elegancia admirable. Un premio quizás se quedó grande, pero la mención especial me parece absolutamente merecida.

 

También me alegró ver reconocida la labor de directoras y cineastas que han aportado nuevas perspectivas sobre cuestiones como la identidad, la memoria histórica o el papel de la mujer africana en la sociedad contemporánea, temas muy presentes durante toda esta edición.

 

 

Tarifa, donde el viento manda más que el alcalde

 

Si tuviera que elegir un protagonista inesperado del festival, no sería ningún director ni ningún actor.

Sería el viento.

 

Pocas veces he visto una ciudad tan dominada por un fenómeno meteorológico. Durante varios días sopló con una intensidad tremenda. Hasta el punto de que algunas actividades deportivas habituales en la zona resultaban complicadas o directamente imposibles.

 

El viento condiciona la vida de Tarifa, pero también forma parte de su encanto. Es una ciudad pequeña, elegante, agradable para pasear y con una personalidad muy marcada. Tiene algo especial. Algo difícil de definir.

 

Quizá sea su posición geográfica.

 

Quizá sea saber que África está ahí mismo, al otro lado del mar.

 

O quizá sea simplemente que pocas ciudades consiguen mezclar tan bien turismo, historia y paisaje.

 

 

Un festival sencillo y cercano

 

El FCAT no es un gran monstruo festivalero. Y eso es precisamente una de sus virtudes.

 

Las mañanas solían arrancar con algún coloquio o encuentro. Por las tardes las actividades se concentraban principalmente entre el Teatro Alameda y la Casa de la Cultura.

 

Ninguna de las dos salas presume de gigantismo. Las pantallas son modestas, los aforos también, pero las películas se ven aceptablemente y, sobre todo, existe una cercanía muy poco habitual entre espectadores y cineastas.

 

Muchos directores y protagonistas presentan personalmente sus trabajos y participan después en coloquios abiertos.

 

No hay distancia.

 

No hay postureo.

 

No hay esa sensación de que uno está observando a las estrellas desde detrás de una barrera policial.

 

Todo resulta cercano, humano y accesible.

 

 

Un dato curioso: ellas ganan por goleada

 

Algo que me llamó muchísimo la atención fue la composición del público.

 

Las mujeres eran mayoría absoluta.

 

Pero absoluta de verdad.

 

En algunas sesiones, calculando a ojo, los hombres apenas representábamos un diez por ciento del total.

 

Ya sabemos que las actividades culturales suelen atraer más público femenino que masculino, pero aquí la diferencia era realmente espectacular.

 

Y el ambiente resultaba extraordinariamente agradable: respetuoso, participativo y con una curiosidad intelectual que daba gusto ver.

 

Mucho público, mucha conversación y muchas ganas de descubrir cinematografías alejadas de los circuitos habituales.

 

 

Turismo entre película y película

 

Una de las ventajas del festival es que deja tiempo para explorar la zona.

 

Y sería un pecado imperdonable no hacerlo.

 

La visita a Vejer de la Frontera fue una auténtica delicia. Un pueblo precioso, cargado de historia y con algunos rincones que parecen diseñados expresamente para que los fotógrafos gasten batería.

 

Pero si hubo una visita que me impresionó especialmente fue Baelo Claudia.

 

No exagero si digo que es una de las joyas arqueológicas más espectaculares que he visitado nunca.

 

La ciudad romana aparece prácticamente completa: foro, templos, calles principales, mercados, viviendas, factorías de salazón…

 

Uno pasea por allí y comprende perfectamente cómo era la vida cotidiana hace dos mil años.

 

Una visita absolutamente imprescindible.

 

 

Mi aventura africana: un día en Tánger

 

Y, por supuesto, estaba la tentación inevitable.

África.

 

Porque cuando uno está en Tarifa resulta imposible no mirar hacia el otro lado del Estrecho.

 

Así que aproveché para realizar una excursión guiada a Tánger.

 

La experiencia comienza ya en el propio puerto, con controles policiales españoles y marroquíes, pasaporte en mano y el correspondiente sello de entrada.

 

Siempre tiene algo de aventura cruzar una frontera.

 

Tánger conserva parte de ese carácter cosmopolita heredado de su pasado internacional. Se nota el peso de la historia colonial y también la influencia de las distintas culturas que han pasado por allí.

 

La medina, el zoco, las callejuelas y el ambiente general ofrecen una experiencia muy diferente a la española, aunque probablemente la ciudad no tenga tantos monumentos espectaculares como otros destinos marroquíes.

 

Fue una jornada magnífica en la que, además, tuve la suerte de coincidir con unos compañeros vascos estupendos que hicieron todavía más agradable la visita.

 

 

Balance final

 

Me marcho del FCAT con una impresión francamente positiva.

 

He descubierto películas, directores y realidades que difícilmente llegan a los circuitos comerciales.

 

He aprendido mucho en coloquios y presentaciones.

 

He conocido lugares maravillosos.

 

Y he confirmado que todavía existen festivales que ponen el cine por delante de todo lo demás.

 

Quizá el FCAT no tenga el glamour de Cannes ni la maquinaria mediática de San Sebastián.

 

Pero tiene algo mucho más difícil de conseguir.

Tiene alma.

 

Mi agradecimiento a toda la organización por el magnífico trato recibido durante estos días y, muy especialmente, a Carlos Taillefer, culpable directo de que haya acabado descubriendo uno de los festivales más singulares y estimulantes de cuantos he visitado.

 

Y sí.

Probablemente vuelva.

Aunque antes tendré que entrenar un poco para sobrevivir al viento de Tarifa.

 

 

Epílogo: mucho más que cine

 

Entre las películas que más me interesaron destacaría aquellas que fueron capaces de combinar una mirada africana propia con cuestiones universales.

 

Me gustó especialmente el acercamiento a las migraciones que proponía Promis le ciel, la sensibilidad de God Sleeps on Sundays, la recuperación de figuras históricas como Amílcar Cabral en Amílcar y la reivindicación de la memoria afrodescendiente que proponían trabajos como Guillermina.

 

También me resultó especialmente estimulante redescubrir a Sara Gómez a través de De cierta manera, una película que sigue conservando una sorprendente capacidad para incomodar medio siglo después de su realización.

 

Pero si algo me llevo del FCAT 2026 no son solamente las películas. Me llevo las conversaciones. Las explicaciones de Aída Esther Bueno Sarduy, que en más de una ocasión resultaron tan interesantes como las propias proyecciones.

 

 

Me llevo la generosidad de los cineastas que compartieron sus trabajos con el público. Me llevo el descubrimiento de una cinematografía poco habitual en nuestras pantallas.

 

Y me llevo también el viento de Tarifa, las calles de Vejer de la Frontera, las ruinas de Baelo Claudia, la escapada a Tánger y la sensación de haber estado durante una semana mirando África desde una distancia de apenas catorce kilómetros.

 

Aunque para la próxima edición intentaré ir un poco más preparado. No para las películas, ni para los coloquios, ni siquiera para cruzar el Estrecho.

Para el viento.

 

Porque en Tarifa uno puede discutir de cine africano, de colonialismo, de migraciones o de identidad cultural. Pero al Levante no le gana nadie. Ni siquiera el jurado del festival. 😄

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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