

Cutrecomentario de Ramón:
Cuando los millennials descubren que heredar sería más fácil que madrugar
Victoria Martín se ha convertido en una de las voces más interesantes de la comedia española reciente.
Guionista, directora, actriz y creadora del exitoso podcast Estirando el chicle, debuta en la ficción televisiva con Se tiene que morir mucha gente, una serie en la que vuelca buena parte de las obsesiones, contradicciones y miserias de toda una generación.
Su trayectoria incluye trabajos como Válidas, colaboraciones televisivas y una creciente presencia dentro del audiovisual español como una de las creadoras con más personalidad del momento.
Cutrecomentario
Hay series que duran seis episodios y parecen una condena judicial. Y luego está Se tiene que morir mucha gente, que dura poco más de tres horas y deja con la sensación de que faltan otros seis capítulos por lo menos.
La premisa parece sencilla: tres amigas intentando sobrevivir a una edad en la que ya no eres joven, pero tampoco adulto funcional.
Lo que pasa es que detrás de esa apariencia de comedia ligera hay bastante mala leche y más verdad de la que muchos estarán dispuestos a admitir.
Anna Castillo está fantástica como esa mujer permanentemente deprimida, enganchada a las benzodiacepinas y empeñada en abrirse camino como guionista de televisión mientras la vida le devuelve constantemente el manuscrito lleno de correcciones en rojo.
Macarena García interpreta a una mujer que aparentemente ha ganado la partida: marido rico, vida resuelta, embarazo y postureo premium. El problema es que la felicidad no viene incluida en el contrato matrimonial.
Laura Weissmahr aporta quizá el personaje más equilibrado de un grupo que funciona precisamente porque nadie parece tener demasiado claro qué está haciendo con su vida.
Y luego aparece Sofía Otero para robar la función. Su personaje funciona como una especie de conciencia infantil de la protagonista, un Pepito Grillo descarado, impertinente y divertidísimo. La joven actriz demuestra un talento y una naturalidad impresionantes y protagoniza algunos de los momentos más hilarantes de toda la serie.
Pero más allá de las risas, la serie dispara contra muchos objetivos. Contra el postureo social, contra las amistades interesadas, contra la hipocresía de ciertas élites culturales, contra la corrección política convertida en dogma y contra una brecha social que parece cada vez más imposible de cerrar.
También se permite lanzar unos cuantos dardos al mundo televisivo y a determinados programas que llevan tanto tiempo en antena que ya parecen muebles del salón. Cualquier parecido con la realidad será, por supuesto, pura coincidencia.
Lo mejor es que nunca pierde el tono. Puede ser divertida, amarga, sensible o directamente incómoda, pero siempre resulta inteligente. Y además posee una irreverencia que se agradece muchísimo en tiempos donde demasiadas ficciones parecen redactadas por un departamento de recursos humanos.
Una serie estupenda, magníficamente interpretada y escrita con bastante más mala leche de la que aparenta.
Se ve en un suspiro y deja una única queja importante.
La segunda temporada debería estar ya en producción.
Mi puntuación: 7,79/10.

Victoria Martín (Creadora):

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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