


Cutrecomentario de Ramón:
Plataforma Corral: De ida y vuelta o cómo montar una conquista de América con cuatro actores… y salir victoriosos
Cristina Marín-Miró dirige este montaje con dramaturgia de Laura Garmo y Nacho León, una propuesta concebida específicamente para el Corral de Comedias de Almagro dentro de la Plataforma Corral.
Su trabajo se caracteriza por explorar nuevas formas de acercar el teatro clásico al público contemporáneo, combinando humor, música, participación del espectador y reflexión histórica sin perder nunca el carácter lúdico del espectáculo.
Cutrecomentario
El último espectáculo de mi paso por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro volvía a celebrarse en el incomparable Corral de Comedias. Y regresar allí siempre produce una sensación especial.
Si la noche tiene magia, el mediodía tiene otro protagonista: el calor manchego, que a las doce ya aprieta con ganas. Menos mal que sobre cada butaca nos esperaba un abanico de cartón.
Durante buena parte de la función, además de espectadores, nos convertimos en eficientes ventiladores humanos.
La propuesta reúne únicamente a cuatro intérpretes. Cuatro actores que no solo interpretan personajes: también recitan, cantan, bailan, tocan instrumentos musicales y cambian continuamente de registro con una facilidad admirable.
El montaje juega con el metateatro. Los propios actores representan distintas obras dentro de la propia representación, utilizando ese recurso para confrontar dos relatos completamente distintos sobre el descubrimiento y la conquista de América.
Por un lado aparece la visión tradicional, heroica e imperial que durante décadas nos vendieron los libros de texto, el cine histórico y el NO-DO.
Por otro, la mirada de los pueblos indígenas y la denuncia formulada por Fray Bartolomé de las Casas sobre la violencia, los abusos y la destrucción que acompañaron aquella conquista. Ese contraste constituye el verdadero corazón del espectáculo.
Resulta especialmente interesante comprobar cómo un tema histórico tan complejo puede abordarse desde el humor sin perder profundidad.
Hay números musicales, momentos de danza, mucho sentido del ritmo y una puesta en escena enormemente dinámica.
Uno de los recursos más simpáticos consiste en hacer participar al público.
Algunos espectadores son invitados espontáneamente a subir al escenario, donde reciben pequeñas intervenciones que se integran con naturalidad en la función.
Lejos de resultar un mero truco para arrancar risas, la participación termina formando parte del propio discurso teatral.
Quiero destacar especialmente al actor-espectador que interpreta al sacerdote.
Se entrega al personaje con una convicción extraordinaria y consigue algunos de los momentos más divertidos de toda la representación.
Es imposible no rendirse a semejante despliegue de energía.
El espectáculo anunciaba una duración de cincuenta minutos, pero acabó superando ampliamente la hora y veinte. Y, sinceramente, no supuso ningún problema. Cuando una función mantiene el interés y el ritmo, el reloj deja de importar.
Fue un magnífico colofón para las cinco representaciones que tuve la fortuna de disfrutar durante esta primera visita al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.
Y aquí termina también mi pequeño viaje.
Solo puedo dar las gracias a mi amigo Carlos Taillefer, responsable de que esta aventura haya sido posible y organizador impecable de unos días inolvidables.
Gracias también, de corazón, a Mila, Fernando y Javier, por su hospitalidad, su cariño y por hacerme sentir como en casa desde el primer momento.
Gracias a ellos he podido descubrir Almagro mucho más allá del festival.
Me llevo el recuerdo de una ciudad preciosa, llena de palacios, iglesias, conventos —hoy ya sin vida conventual—, calles amplias y una de las plazas mayores más hermosas de España.
Un lugar que respira historia en cada esquina.
Y no quiero terminar sin mencionar la alegría que supuso reencontrarme con los amigos de La Tropa, especialmente con Fernando de Luis-Orueta, una de esas personas que siempre recibe a todo el mundo con una sonrisa sincera y un afecto que se agradece muchísimo.
Me marcho con la sensación de haber descubierto uno de esos festivales que cualquier amante de la cultura debería visitar alguna vez.
No solo por el teatro. También por la ciudad, por su gente y por la maravillosa capacidad que tiene Almagro para hacer que uno quiera volver antes incluso de haberse ido.
Mi puntuación: 7,68/10.

Ficha: En este enlace.

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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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