

Cutrecomentario de Ramón:
Muchos perdones que pedir.
Jonah Hill dirige, coescribe e interpreta esta comedia negra, su tercer largometraje como director tras En los 90 y el documental Stutz.
Se confirma como un cineasta interesado por personajes rotos, inseguros y en permanente búsqueda de identidad.
Aquí cambia los monopatines y la terapia por los excesos de Hollywood, firmando una película visualmente atractiva, dinámica y con un reparto de auténtico lujo.
Como actor, Jonah Hill lleva años demostrando que es mucho más que el secundario gracioso de turno.
Saltó a la fama con Supersalidos, consolidó su popularidad con Infiltrados en clase y Infiltrados en la universidad, y sorprendió a quienes solo lo veían como cómico gracias a interpretaciones de enorme nivel en Moneyball: Rompiendo las reglas y El lobo de Wall Street, dos trabajos que le valieron sendas nominaciones al Óscar como mejor actor de reparto.
También ha dejado huella en títulos como No mires arriba, Juego de armas o poniendo voz a personajes de las sagas Cómo entrenar a tu dragón y La LEGO película.
Aquí vuelve a demostrar que se mueve como pez en el agua interpretando personajes incómodos, neuróticos y capaces de sacar de quicio al más paciente.
Cutrecomentario
Hay actores que interpretan a un asesino implacable, a un hacker mesiánico o a un samurái de ciencia ficción. Y luego está Keanu Reeves, que aquí decide hacer algo todavía más difícil: interpretar a una estrella de Hollywood obligada a mirarse al espejo.
Su Reef Hawk empezó siendo un niño prodigio y, con los años, fue coleccionando enemigos con el mismo entusiasmo con el que otros coleccionan premios.
Tras cinco años limpio de heroína intenta regresar al cine, pero antes tendrá que enfrentarse a algo mucho más complicado que una adicción: los cadáveres emocionales que ha ido dejando por el camino.
La película utiliza una trama de chantaje como excusa para hablar de otra cosa mucho más interesante: la fama, el ego, el arrepentimiento y la dificultad de reconstruir relaciones que uno mismo se encargó de dinamitar.
Al final, el mensaje resulta bastante claro: es mucho más importante ser buena persona que una gran estrella. Parece una frase de taza de desayuno, pero aquí funciona sorprendentemente bien.
Me ha alegrado muchísimo volver a ver a Cameron Diaz después de tantos años prácticamente desaparecida de la gran pantalla. Conserva ese magnetismo tan natural que siempre ha tenido y aporta calidez al personaje de la amiga de la infancia que todavía cree que debajo del famoso sigue existiendo el chaval que conoció.
Y luego aparece Martin Scorsese en un pequeño papel que sabe aprovechar estupendamente. No será candidato al Oscar como actor, pero demuestra que delante de la cámara también sabe desenvolverse con bastante soltura. Tiene presencia, naturalidad y, sobre todo, ese carisma que no se aprende en ninguna escuela.
El abogado de crisis interpretado por Jonah Hill merece capítulo aparte. Es un personaje deliberadamente histriónico, excesivo y con tendencia a sacar de quicio al espectador. Supongo que esa era precisamente la intención. En algunos momentos lo consigue demasiado bien.
También resulta muy divertida la reflexión sobre los nuevos “roles” que cotizan al alza en Hollywood. Hay un momento especialmente brillante cuando alguien le hace ver a Reef que convertirse en víctima de una extorsión puede beneficiar incluso a su carrera, porque hoy en día el papel de víctima vende extraordinariamente bien. Es una pulla bastante afilada hacia una industria obsesionada con la imagen pública y la narrativa perfecta.
Los cinéfilos disfrutarán viendo a Keanu Reeves alejarse por completo de los fantasmas de Matrix, de John Wick o incluso de Speed. Aquí no reparte balazos ni salva el mundo. Lo único que intenta salvar es su conciencia, y eso resulta bastante más complicado.
Hay además un simpático cameo de Drew Barrymore, siempre encantadora, interpretándose a sí misma en su programa de televisión. Uno de esos pequeños regalos que hacen sonreír.
Visualmente, Jonah Hill rueda con mucho gusto. La fotografía es colorista, el montaje tiene ritmo y el conjunto posee un aire muy agradable.
Eso sí, es una película que parece diseñada para disfrutarse tranquilamente en el sofá de casa, exactamente donde Apple TV+ quería que la viéramos.
No reinventa el cine, ni falta que le hace. Es una sátira amable sobre Hollywood, sobre la cancelación, sobre las segundas oportunidades y sobre esa vieja verdad que muchos famosos descubren demasiado tarde: pedir perdón suele salir bastante más barato que contratar un abogado de crisis.
Mi puntuación: 5,66/10.

Dirigido por Jonah Hill:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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