Volver al barrio… sabiendo que el barrio ya no es el mismo.
Aída y vuelta: reírse del pasado sin que el presente te denuncie.
El director
Paco León ya no es “el de la tele”.
Como director ha demostrado curiosidad, riesgo y ganas de incomodar con Carmina o revienta, Carmina y amén, Kiki, el amor se hace y Rainbow.
Le interesa el metacine, el humor incómodo y mirar a los personajes con cariño pero sin pasarles todas.
Aquí juega en casa… y aun así se permite mirarla con lupa.
Cutrecomentario
Esta película va a encantar a los fans de Siete vidas y, sobre todo, de Aída.
Es un homenaje directo a la serie, a sus personajes y a sus actores.
En la sesión del sábado, con la sala casi llena, hubo aplausos espontáneos en varios momentos. Eso dice mucho.
Yo confieso: no vi ni un capítulo entero de Siete vidas ni de Aída. Algún zapping, sí.
Conocía su impacto social, ese comentario semanal que estaba en todas partes.
Y lo poco que vi en su día no me molestaba: comedia popular, interpretaciones sólidas, humor directo… lo que la propia película define como humor popular, algo chabacano, muy de su tiempo. Y justo de eso va la peli.
Aída y vuelta es metacine puro: una semana durante el rodaje del último episodio de una ficticia decimocuarta temporada (sí, 14).
Carmen Machi, Paco León, Mariano Peña, Miren Ibarguren, Marisol Ayuso, Pepe Viyuela… todos interpretándose a sí mismos, interpretando a sus personajes, interpretando un guion escrito por Paco León y Fer Pérez. Capas y más capas. La historia de fondo es de Henar Álvarez, y se nota.
La película reflexiona —y bastante bien— sobre cómo ha cambiado el humor.
Ya no valen chistes homófobos, xenófobos ni burlas fáciles.
Hemos ganado en respeto (a minorías, a los márgenes), pero quizá hemos perdido cierta inocencia gamberra que no siempre pretendía hacer daño.
La peli no da lecciones, plantea el debate.
Muy interesante lo que ocurre con Miren Ibarguren: su trama toca esa frontera resbaladiza entre acoso, abuso y el uso del insulto físico como arma en situaciones de tensión. Es compleja, incómoda y está muy bien defendida. Para mí, una de las interpretaciones más logradas.
También hay drama, y del bueno.
El de Carmen Machi, marcada por un personaje del que quiere escapar, y el de la popularidad convertida en acoso: no poder ir a un bar sin selfies, sin exigencias, sin la obligación permanente de ser simpático.
La película recuerda algo básico: los personajes son públicos, las personas no.
Es divertida, entretenida, con capas, con momentos dramáticos y reflexión.
No es una gran película, no es redonda, pero funciona muy bien.
Una pena que no haya pasado por el Festival de Málaga: habría encajado como un guante.
Va a tener éxito comercial.
Los fans saldrán felices.
Y gente como yo, que partía con interés mínimo, también la disfruta.
Eso no es poco.