

Cutrecomentario de Ramón:
La tarta del presidente: cuando hacer un bizcocho puede costarte la vida
Hasan Hadi en 4 líneas
Hasan Hadi es un director iraquí y La tarta del presidente es su ópera prima (y ojo, vaya debut).
Se formó en cine en Estados Unidos, pero lo que cuenta aquí es Irak desde dentro: no desde el telediario, sino desde la calle, la escuela y la cocina.
Su estilo mezcla realismo, humor negro suave y una tristeza que no grita… pero se te queda pegada como harina húmeda.
Antes del cutrecomentario: la genialidad de contar un país con tres huevos y un poco de azúcar
Lo que hace grande a La tarta del presidente es algo muy simple y muy bestia: contar una dictadura no con tanques, sino con una niña buscando ingredientes.
La película se sitúa en el Irak de principios de los 90, bajo el régimen omnipresente de Sadam Husein, donde todo es escasez, miedo y corrupción cotidiana.
Y ahí aparece la protagonista: una niña lista, aplicada, la primera de la clase… a la que le cae “el honor” de preparar una tarta para el cumpleaños del dictador.
Y claro: el “honor” en una dictadura es como una invitación a una boda donde sabes que al final hay pelea. Tú sonríes, pero estás muerto por dentro.
Cutrecomentario (esto no es cine, esto es una hostia emocional)
Estamos ante una de las grandes películas del año, sí. Y lo digo sin hipérbole festivalera de esas que luego te dejan mal.
La tarta del presidente refleja con una precisión tremenda cómo se vivía en ese Irak noventero: un país donde el dictador está en todas partes, como un dios cutre, y donde bajo su sombra se ha instalado una sociedad corrupta, triste y moralmente reventada.
Lo más duro es el maltrato a la infancia.
Aquí los niños no son “el futuro”: son material fungible.
Nadie les protege, nadie les cree, nadie les cuida de verdad.
Los ningunean, los engañan, los exponen.
Y todo con esa naturalidad aterradora que tienen los sistemas podridos: lo terrible se vuelve rutina.
La historia es mínima: una niña y otro niño paupérrimo buscando harina, huevos, azúcar y levadura.
Pero lo que parece una pequeña odisea doméstica se convierte en un viaje por un país donde todo se compra, todo se vende, y todo está contaminado por el miedo.
Y la película es muy inteligente porque te va mostrando, uno por uno, personajes que no son “malos de película”, sino gente rota, gente triste, gente que ha aprendido a sobrevivir sin dignidad porque la dignidad, en ese mundo, es un lujo. Y por eso el ambiente es tan desconsolador.
Hay un personaje luminoso: la abuela.
Esa abuela preocupada por el futuro de su nieta, intentando agarrar un poquito de humanidad con las uñas.
Y precisamente por eso… el final te deja con una tristeza de esas que no son “lloro y ya está”, sino de las que te hacen pensar: ¿cómo se reconstruye un país después de esto?
La película sugiere que los sistemas políticos corruptos terminan corrompiendo a la sociedad… pero también deja caer la pregunta incómoda: ¿y si es la propia sociedad la que genera ese engendro político? ¿Y si el monstruo se alimenta de todo lo que ya estaba dentro?
No te da una respuesta fácil. Te deja con la incomodidad. Y eso es cine del bueno.
Veredicto holasoyramon
La tarta del presidente es una película pequeña y enorme a la vez.
Una historia sencilla contada con una sensibilidad brutal, que te mete en una dictadura sin discursos, sin pancartas y sin necesidad de subrayarte nada.
Y lo peor (o lo mejor): cuando acaba, te das cuenta de que lo que has visto no es solo Irak.
Es una advertencia universal:
cuando el poder se vuelve absoluto, hasta una tarta puede convertirse en un acto de terror.
Y ya si me apuras, te diría esto:
en esta película el profesor se come la tarta… pero el país se come a los niños.
Nota mental final: después de verla, a uno le dan ganas de abrazar a su abuela, comprar harina y celebrar que vivimos en un sitio donde el cumpleaños del presidente no es una amenaza.
Mi puntuación: 8,88/10.

Dirigido por Hasan Hadi:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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