

Cutrecomentario de Ramón:
Éxtasis (1933): la yegua, el orgasmo y el ingeniero de caminos.
Podría parecer que estamos ante una película de 1933 cuyo único aliciente es ver a una jovencísima Hedy Lamarr —que entonces aún no se llamaba así, sino Hedwig Kiesler— desnuda y simulando un orgasmo. Y sí, eso está. Pero reducir Éxtasis a esa anécdota sería como decir que Metrópolis va solo de rascacielos.
Gustav Machatý, el elegante provocador
El director fue el checo Gustav Machatý, un tipo que ya había llamado la atención con Erotikon (1929), título que ya avisaba de por dónde iban los tiros.
También dirigió Nocturno (1934) y, años después en Hollywood, Jealousy (1945).
No es un nombre tan reivindicado como debería, pero aquí demuestra una modernidad formal que ya quisieran muchos.
En plena llegada del sonoro, cuando el cine se volvió parlanchín y parecía que si no había diálogo cada veinte segundos alguien se ponía nervioso, Machatý opta por lo contrario: silencios, música muy bien utilizada y apenas unas líneas de diálogo. Una decisión estética muy consciente que le da a la película un aire casi hipnótico.
Cutrecomentario (pero con cariño)
La historia es sencilla y bastante directa: una chica jovencísima (esa Hedwig Kiesler que luego el mundo conocería como Hedy Lamarr) se casa con un señor mayor que, en la noche de bodas, decide que lo más erótico del universo es abotonarse el pijama hasta el cuello. Resultado: frustración absoluta en un matrimonio sin pasión, sin deseo y sin chispa.
Un día ella se va a bañar al río. Deja la ropa sobre su yegua, y la yegua —que tiene más vida interior que el marido— siente la llamada de un caballo al otro lado de una cerca y sale disparada.
Ojo al simbolismo: el caballo como deseo, como pulsión, como energía sexual desatada. Nada sutil, pero muy eficaz. El animal reaparece varias veces como recordatorio de lo que está en juego.
Ella corre desnuda tras la yegua. Las escenas son sorprendentemente sobrias: se la ve de lejos, se le ven los pechos, pero no hay morbo de feria.
En esa persecución aparece el joven ingeniero que dirige la construcción de una carretera, al mando de una brigada de obreros. Él sujeta al caballo. Y ahí, claro, se sujeta algo más.
La famosa escena del orgasmo dura segundos y está filmada con enorme contención. No hay cuerpos desnudos entrelazados, no hay nada explícito: los amantes están vestidos. Lo escandaloso no es lo que se ve, sino lo que se sugiere. En 1933 aquello fue dinamita. Hoy quizá levantaría menos cejas… aunque viendo lo pacato que sigue siendo cierto cine actual, tampoco pondría la mano en el fuego.
El final es duro, incluso cruel. No lo desvelo. Pero sí diré que esas imágenes de los obreros trabajando con picos, casi coreografiados, recuerdan a cierto cine soviético de posguerra, con ecos de montaje ideológico que chocan un poco con el tono íntimo y pasional del resto del metraje. Es como si de repente la historia romántica se cruzara con una metáfora industrial bastante áspera.
Formalmente, la película tiene claras influencias del expresionismo alemán: contrapicados llamativos, fotografía contrastada, encuadres muy pensados. No es solo una película “escandalosa”. Es una película visualmente poderosa.
Sobre el escándalo: fue prohibida en varios países y el Vaticano la condenó. Y a Hedy Lamarr le pesó durante años, hasta el punto de que su primer marido intentó comprar todas las copias.
Ironías de la vida: aquella joven que escandalizó al mundo acabaría siendo también inventora de un sistema precursor del wifi y el Bluetooth. No estaba mal para “la chica del orgasmo”.
En resumen: sí, está la yegua. Sí, está el desnudo. Sí, está el orgasmo. Pero también hay cine del bueno, simbolismo nada disimulado, una puesta en escena moderna y una reflexión bastante valiente sobre el deseo femenino en una época en la que eso, directamente, no se filmaba.
Y eso, en 1933, era dinamita pura.
Mi puntuación: 7,75/10.

Dirigido por Gustav Machatý:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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