


Cutrecomentario de Ramón:
El niño soldado, la revolución y un guion a machetazos
El veterano director peruano Francisco J. Lombardi es uno de los nombres fundamentales del cine latinoamericano de las últimas décadas.
Su filmografía lleva años explorando los conflictos sociales y políticos de Perú, muchas veces con una mirada bastante cruda.
Entre sus películas más conocidas están La ciudad y los perros (1985), adaptación de Mario Vargas Llosa, La boca del lobo (1988), uno de los retratos más duros del conflicto con Sendero Luminoso, Bajo la piel (1996), Pantaleón y las visitadoras (1999) o Mariposa negra (2006).
Con El corazón del lobo (2025) vuelve, de alguna manera, a ese territorio que ya había explorado hace casi cuarenta años: la violencia política y sus consecuencias.
Cutrecomentario
El corazón del lobo nos cuenta la historia de Aquiles, un niño que es secuestrado por la guerrilla de Sendero Luminoso y que pasa su infancia y juventud atrapado en ese mundo de violencia, miedo y adoctrinamiento permanente. Todo el rato escuchando consignas sobre marxismo, leninismo, maoísmo y demás catecismo revolucionario de manual.
El planteamiento es potente, porque el punto de vista del niño permite mostrar cómo funciona el mecanismo de captación y manipulación dentro de un grupo armado.
Pero la película tarda bastante en encontrar el tono.
La primera parte es prácticamente una sucesión de ataques, venganzas y matanzas del grupo guerrillero. Todo muy reiterativo, como si el director quisiera subrayar veinte veces lo mismo. Y claro, llega un momento en que el espectador ya lo ha entendido y no hace falta insistir más.
Además hay algo casi irónico en el retrato de este grupo guerrillero. Sobre el papel iban a liberar al pueblo del imperialismo y del yanqui opresor, pero en la práctica lo que vemos es a una panda que se dedica a saquear aldeas y a matar campesinos sin demasiado sentido. Revolución sí, pero sobre todo contra los pobres, que siempre es lo más fácil.
El protagonista, Aquiles, está interpretado por Víctor Acurio, que lo encarna desde la adolescencia hasta que el personaje ya es adulto. Y hay un detalle curioso que no se puede evitar comentar: varias veces se dice en la película que pasan hambre y miseria, pero el chaval aparece siempre bastante bien alimentado. Vamos, que para estar en la guerrilla y muriéndose de hambre tiene mejor aspecto que muchos que vamos al gimnasio.
La parte más interesante llega en el tramo final, cuando Aquiles consigue salir de ese mundo y trata de sobrevivir en la ciudad mientras intenta reencontrarse con su familia. Ahí la película se vuelve más humana y menos panfletaria. Pero para entonces uno ya ha atravesado bastante metraje de violencia repetida.
También aparece una historia de amor que pretende añadir una dimensión emocional al relato, pero está contada con trazo muy grueso.
Todo resulta bastante esquemático, como si el guion hubiera pasado demasiado rápido por esa parte.
Al final El corazón del lobo es una película soportable, que se deja ver, pero que da la sensación de que podría haber sido mucho más.
El material que tiene entre manos es potentísimo —niños soldados, fanatismo ideológico, violencia política—, pero la película se queda en la superficie muchas veces.
Vamos, que el lobo está ahí… pero el corazón de la película late bastante menos de lo que podría. 🐺🎬
Mi puntuación: 5,45/10.

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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