

Cutrecomentario de Ramón:
La novia se desmadra (y menos mal)
Para entender La novia (2026) hay que mirar muy atrás, concretamente a La novia de Frankenstein (1935), dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff y Elsa Lanchester.
Aquella película no era una secuela cualquiera: fue una obra maestra absoluta del cine de terror clásico, producida por la Universal, que elevó el género a otro nivel.
Con una mezcla de horror, humor negro y un punto de sofisticación insólito para la época, se convirtió en un éxito de crítica y público, y en una pieza fundamental del imaginario del monstruo trágico.
La icónica imagen de la novia, con ese peinado imposible, ha quedado grabada en la historia del cine para siempre.
Vamos, que tocar ese material es como meterse a hacer una versión de Mozart: o te sale bien o haces el ridículo.
Y aquí entra Maggie Gyllenhaal.
Porque la directora de La novia no es ninguna recién llegada.
Como actriz ha construido una carrera muy sólida con títulos como Secretary, The Dark Knight o Crazy Heart, siempre con ese punto de intensidad y riesgo que la hace distinta.
Pero lo realmente interesante es su salto a la dirección con La hija oscura (2021), una película incómoda, psicológica, muy bien recibida por la crítica, que ya dejaba claro que aquí había una autora con personalidad.
Gyllenhaal no dirige para agradar, dirige para remover.
Y eso, en un remake de un clásico intocable, tiene bastante mérito… o bastante peligro.
Y claro, en lugar de hacer un remake respetuoso, decide dinamitarlo todo.
Porque La novia no se parece prácticamente en nada a la original.
Es un remake en el sentido más libre posible: coge la idea, la retuerce, la exagera y la convierte en otra cosa.
La narración es desordenada, incluso anárquica por momentos, pero al mismo tiempo hay una construcción muy consciente detrás.
No es caos porque sí, es caos con intención.
La película tiene un aire de terror clásico, pero pasado por un filtro camp bastante evidente, con momentos que rozan lo excesivo… y otros que directamente se lanzan de cabeza.
Y ahí es donde entra Jessie Buckley, absolutamente desatada.
Su interpretación es salvaje, exagerada, intensa… y totalmente hipnótica.
Se come la pantalla sin pedir permiso.
Es una película disparatada, sí.
Pero también erudita, ambiciosa y, en muchos momentos, sorprendentemente cruel.
Hay una mirada incómoda, casi agresiva, que no busca gustar sino provocar.
Y eso, hoy en día, ya es casi un acto revolucionario.
Por eso resulta curioso leer a Carlos Boyero, que la ha despachado como una “gritona y prescindible adaptación”, con “música desesperante” y sin emoción alguna.
Pues mira, esta vez no.
Esta vez discrepo bastante.
Porque esa supuesta falta de orden, ese exceso, ese griterío… forman parte precisamente de su propuesta.
Igual el problema no es la película.
Igual es que hay quien sigue esperando que el cine nuevo se comporte como el de antes.
Y La novia no está aquí para comportarse bien.
Está aquí para liarla.
Y lo consigue.
Mi puntuación: 8,79/10.

Dirigido por Maggie Gyllenhaal:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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