

Cutrecomentario de Ramón:
Coprolalia y tics.
El británico Kirk Jones es un director con querencia por el cine amable y de vocación claramente popular.
Se dio a conocer con la simpática Waking Ned (1998), aquella comedia irlandesa sobre un muerto muy vivo para cobrar la lotería, y después ha transitado por terrenos más comerciales como Qué esperar cuando estás esperando (2012).
Su cine suele moverse en coordenadas accesibles, buscando la lágrima fácil o la sonrisa cómplice, sin demasiadas complicaciones formales. Vamos, que no viene a revolucionar el lenguaje cinematográfico, sino a caer bien. Y eso, también tiene su público.
Y aquí llega Incontrolable (I Swear), una producción británica que ha caído de pie entre el público, con notas bastante altas (en FilmAffinity ronda el 7,7) y hasta con el beneplácito de Carlos Boyero, que no suele regalar caramelos precisamente.
La peli nos cuenta la historia real de John Davidson, un chaval con síndrome de Tourette que tiene que lidiar no solo con sus tics, sino con algo peor: la incomprensión de su entorno.
El asunto es claro: no es tanto la enfermedad como la mirada ajena. La familia, la sociedad, el típico vecino que opina sin tener ni idea… todos contribuyen a que la vida del protagonista sea un pequeño infierno cotidiano. Hasta que aparece una especie de familia de acogida que, milagro, entiende de qué va esto y le deja respirar. Y claro, ahí la cosa mejora, porque en el Tourette la clave no es solo médica, sino humana: comprensión, paciencia y un mínimo de empatía, que no cuesta dinero.
Por cierto, conviene recordar de qué hablamos. El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico que aparece en la infancia y se caracteriza por tics motores y vocales (movimientos o sonidos involuntarios). No, no todo el mundo va soltando palabrotas como un carretero poseído: la famosa coprolalia es minoritaria, aunque sea lo más llamativo. Suele haber base genética, empeora con el estrés y, en muchos casos, mejora con la edad. El tratamiento pasa por terapia y, a veces, medicación.
Últimamente se investiga incluso la estimulación del nervio mediano: una especie de “pulserita eléctrica” en la muñeca que podría modular la actividad cerebral y reducir los tics. Suena futurista, pero ojo, está en fase experimental. No es el Santo Grial.
Volviendo a la peli: está muy bien construida, eso no se le puede negar. Kirk Jones sabe tocar las teclas emocionales y llevar al espectador de la risa al nudo en la garganta con bastante soltura.
Es una película de superación personal, de esas que te abrazan un poco fuerte y te dicen “todo va a salir bien”.
Los personajes están dibujados con brocha gorda: los buenos son muy buenos y los malos, pues eso, más malos que un lunes sin café.
El enfoque de la enfermedad tira por la vía amable: hay momentos cómicos, otros claramente ternuristas, y todo está pensado para que el público salga con el corazón calentito. Y lo consigue, no nos vamos a engañar.
Pero también hay que decirlo: no inventa nada. Es el mismo esquema de siempre, el manual del drama inspirador con todos sus pasos bien marcados.
Incontrolable (I Swear) es una película eficaz, entretenida y con buenas intenciones.
Se ve bien, emociona lo justo y cumple con lo que promete.
Ahora bien, tampoco es la obra maestra que algunos venden. Es otra más de superación personal, bien hecha, sí, pero sin arriesgar lo más mínimo.
Vamos, cine cómodo… que a veces viene bien, pero no cambia la historia del cine.
Mi puntuación: 5,56/10.

Dirigido por Kirk Jones:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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