

Cutrecomentario de Ramón:
“El cielo gira… pero aquí no hay prisa, ni falta que hace”
Mercedes Álvarez es una directora española que se mueve más en el terreno del documental con mirada autoral que en el cine comercial de palomitas.
El cielo gira fue su debut en largo y ya dejó claro por dónde iban los tiros: cine contemplativo, pausado y con vocación poética.
Después ha firmado trabajos como Mercado de futuros, donde vuelve a reflexionar sobre el paso del tiempo y los cambios en la sociedad.
No es una cineasta de grandes estrenos, pero sí de las que tienen una voz muy reconocible… y muy tranquila, aviso.
Y claro, en El cielo gira no hay giros de guion, ni persecuciones, ni nadie gritando “¡corre!”. Aquí lo que hay es tiempo. Mucho tiempo. Y silencio. Más silencio todavía.
La propia Mercedes Álvarez vuelve a su pueblo natal, donde fue la última persona que nació allí, y se encuentra con un lugar que parece suspendido en otra dimensión.
Una España rural que no corre, que no compite, que simplemente está… esperando a desaparecer sin hacer ruido. El mayor acontecimiento puede ser un coche de campaña electoral que llega, pega dos carteles y se va. Fin del espectáculo.
La película se empapa completamente de ese ritmo: pausado, lento, casi hipnótico. Aquí los protagonistas son los sonidos mínimos: perros ladrando, moscas zumbando, pájaros cantando. Si alguien busca acción, mejor que se vaya a ver otra cosa. Esto es casi una experiencia sensorial de la despoblación.
Y luego está ese hallazgo casi poético: el pintor que se está quedando ciego y que decide retratar ese mundo que también está desapareciendo. Un tipo que pierde la vista mientras pinta un paisaje que se apaga. No hace falta ser muy listo para ver la metáfora, pero oye, funciona.
También quedan imágenes que se te quedan pegadas: ese viejo olmo muerto, arrancado y convertido en una especie de escultura sin vida, como símbolo perfecto de todo lo que se está extinguiendo; o ese palacio abandonado de unos condes que nadie recuerda, con unos obreros intentando convertirlo en hotel… proyecto que suena más a ilusión que a realidad.
Y en todo esto hay un elemento clave que eleva la propuesta: la fotografía de Alberto Rodríguez, sencillamente preciosa.
La película está rodada con cámara fija, con planos estáticos que huyen de cualquier aturdimiento visual. Aquí no hay nervio, no hay prisa, no hay montaje histérico: la forma acompaña al fondo. Esa quietud se contagia, se mete en el espectador, y convierte cada plano en una especie de cuadro donde el tiempo parece suspendido.
El resultado es un documental que no es fácil, ni pretende serlo. Es lento, muy lento, y a ratos parece que el tiempo se ha quedado a echar la siesta. Pero también tiene una belleza rara, casi hipnótica, que atrapa si entras en su juego.
Una apuesta arriesgada de Juan Ignacio en la Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ), pero que sale airosa. No es para todos los públicos, pero quien conecte con ese ritmo y esa mirada, sale tocado.
Cine de contemplar, de escuchar y de dejarse llevar… aunque a veces parezca que el cielo gira más rápido que la propia película.
Mi puntuación: 7,70/10.

Dirigido por Mercedes Álvarez:

Ficha: En este enlace.
Otros posts relacionados
Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Para poner un comentario:
Hay 3 casillas.
En la superior va tu nombre.
En la segunda, la del medio, pon una dirección de correo electrónico.
La tercera, la de abajo de las tres, puedes dejarla en blanco o poner tu web.