El beso de la mujer araña – Kiss of the Spider Woman – 2025 – Bill Condon – #YoVoyAlCine

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando las lentejuelas son mejores que la realidad

 

Hablar de Bill Condon es hablar de un director capaz de moverse entre el musical, el drama y el melodrama con bastante elegancia.

 

En su filmografía aparecen títulos tan conocidos como Dioses y monstruos —con la que consiguió el Oscar al mejor guion adaptado—, Chicago como guionista, la estupenda Dreamgirls, la última etapa de la saga Crepúsculo con Amanecer partes 1 y 2, o la versión en imagen real de La bella y la bestia con Emma Watson.

 

Un director que siempre ha tenido cierta tendencia al exceso elegante, al artificio emocional y a personajes que utilizan el espectáculo como vía de escape. Vamos, que era bastante lógico que acabara aterrizando en El beso de la mujer araña.

 

Y claro, inevitablemente hay que acordarse de la película original de Héctor Babenco, aquella magnífica El beso de la mujer araña de 1985 basada en la novela de Manuel Puig.

 

Una película durísima y extraordinaria que consiguió cuatro nominaciones al Oscar y el premio al mejor actor para William Hurt, además de candidaturas para dirección, guion adaptado y película.

 

Aquella cinta tenía una mezcla muy especial entre sordidez política, deseo, manipulación emocional y necesidad desesperada de evasión.

 

Esta nueva versión de Bill Condon, lejos de intentar copiarla, toma otro camino. Y la verdad es que funciona bastante bien.

 

A mí me ha gustado mucho. Sobre todo por el contraste tan potente que establece entre dos mundos completamente opuestos.

 

Por un lado está la cárcel de la dictadura argentina: oscura, húmeda, gris, miserable, asfixiante. Una prisión donde la humanidad parece haber sido desalojada por decreto militar.

 

Y por otro lado está el universo musical y fantasioso que imagina y relata Luis Molina, interpretado por Tonatiuh Elizarraraz, como vía de escape mental frente a ese horror cotidiano.

 

Ese mundo de evasión está protagonizado por una inmensa Jennifer López, absolutamente espectacular. Baila, canta, llena la pantalla y se convierte en el auténtico centro gravitatorio de la película.

 

Como la rubia Ingrid Luna, aparece rodeada de vestidos imposibles, ambientes sofisticados, iluminación de ensueño y números musicales llenos de glamour clásico. Todo rezuma color, lujo y sensualidad. Es puro Hollywood escapista funcionando como antídoto contra la miseria.

 

Y luego está la otra Jennifer López, la morena, la misteriosa mujer araña. Más oscura, más fatal, más peligrosa, con un look absolutamente maravilloso.

 

Las dos versiones del personaje funcionan como espejos deformados del deseo masculino y de la fantasía romántica imposible.

 

Y sinceramente, las dos están divinas. Bellísimas. Hipnóticas. Casi dan ganas de pedir perdón por respirar el mismo aire cinematográfico que ellas.

 

Jennifer López está formidable y probablemente aquí haga uno de los trabajos más completos y carismáticos de toda su carrera.

 

Mientras tanto, en la celda, crece la relación entre Luis Molina y Valentín Arregui, interpretado por Diego Luna. Y ahí aparece otra de las grandes virtudes de la película: cómo convierte una convivencia forzada en una historia de amor profundamente humana.

 

Valentín es un activista político rígido, obsesionado con la lucha, convencido de sus ideales, pero también lleno de prejuicios y de una masculinidad algo incómoda pese a declararse progresista y feminista. Esa contradicción está muy bien retratada.

 

Porque a veces determinadas conciencias políticas extremadamente rígidas terminan construyendo nuevas cárceles morales mientras creen estar liberando el mundo.

 

En cambio Luis Molina es un personaje completamente distinto. Hedonista, sentimental, escapista, aparentemente superficial.

 

Un hombre que pasa de discursos ideológicos porque bastante tiene con intentar sobrevivir y conservar un mínimo espacio para el placer, la fantasía y la ternura.

 

Quiere volver con su madre, vivir tranquilo y sentirse querido. Nada más.

 

Y poco a poco, a través de la convivencia y de las historias que comparte, ambos personajes empiezan a comprenderse, a admirarse y finalmente a enamorarse.

 

Y esa historia de amor funciona muy bien porque nace de la comprensión mutua y de la vulnerabilidad compartida. No es un romance impostado ni una provocación gratuita. Surge de dos hombres rotos que encuentran refugio emocional en mitad del horror.

 

La película ha recibido críticas bastante frías, pero sinceramente creo que muchas vienen precisamente de su apuesta por el musical y el artificio.

 

Hay quien parece considerar que si una película habla de dictaduras, represión y tortura tiene que hacerlo necesariamente desde el gris absoluto, como si el color fuese una traición política. Y aquí precisamente el color, la música y el glamour funcionan como resistencia emocional frente a la barbarie.

 

Porque al final El beso de la mujer araña habla de eso: de cómo la imaginación, el cine, el deseo y el amor pueden convertirse en pequeñas revoluciones íntimas contra un sistema que pretende aplastarlo todo. Y eso sigue siendo válido para la Argentina de la dictadura militar, para muchas sociedades actuales y, lamentablemente, para demasiados lugares donde sigue habiendo gente empeñada en controlar incluso la forma en que los demás aman, desean o sueñan.

 

Mi puntuación: 7,78/10. (*)

 

 

 

Dirigido por Bill Condon:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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(*)

La nota final es un 7,78.

 

El 7 como película porque me parece un remake muy digno, muy bien construido y emocionalmente bastante potente.

La mezcla entre el drama carcelario de la dictadura argentina y el musical colorista funciona sorprendentemente bien.

La película consigue que uno pase de la sordidez de una celda horrible al glamour absoluto de Jennifer López sin que el cambio chirríe. Y eso tiene mucho mérito.

Además, esa historia de amor entre dos hombres tan distintos termina funcionando de verdad y acaba siendo bastante conmovedora.

No le doy más nota porque a veces el musical se alarga un poco y hay momentos donde el artificio amenaza con comerse la emoción.

 

El 7 para Bill Condon porque demuestra oficio de sobra y sabe manejar perfectamente el contraste entre oscuridad y fantasía.

 

La puesta en escena del universo musical es magnífica y visualmente la película tiene momentos preciosos.

Además, consigue que el remake tenga personalidad propia sin intentar copiar constantemente a la película de Héctor Babenco, que era un riesgo bastante serio.

No llega al sobresaliente porque en algunos momentos se nota demasiado el mecanismo del musical y alguna transición parece hecha por un decorador de Las Vegas después de tres cafés y una crisis existencial.

 

Y el 8 para los protagonistas porque aquí sí que hay festival importante.

Jennifer López está absolutamente espectacular. Canta, baila, llena la pantalla y convierte cada aparición en una mezcla entre diva clásica de Hollywood y aparición mariana con lentejuelas. La rubia, la morena, la mujer fatal, la estrella imposible… está fantástica en todas sus versiones.

Y tanto Diego Luna como Tonatiuh Elizarraraz consiguen que la relación entre sus personajes resulte creíble, humana y muy emotiva.

Entre los tres sostienen la película con bastante brillantez.

Vamos, que aquí Jennifer López entra en pantalla y la dictadura militar argentina parece quedarse cinco minutos mirando embobada el vestuario.

 

 

 

Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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