

Cutrecomentario de Ramón:
La película donde la testosterona suda más que los motores de los cazas
Hay películas que definen una época. Y luego está Top Gun (Ídolos del aire), que directamente ayudó a fabricar una parte del imaginario norteamericano de los años 80: patriotismo musculado, aviadores con sonrisa Colgate, gafas de sol, motos, testosterona industrial y la sensación de que entrar en la Marina estadounidense era lo más parecido a convertirse en una estrella del rock.
La película fue un fenómeno cultural gigantesco en United States, disparó el reclutamiento militar y convirtió a Tom Cruise en una superestrella mundial.
Décadas después llegaría Top Gun: Maverick, una secuela sorprendentemente más madura y bastante mejor película, que además funcionaba como monumento a la nostalgia y a la eterna juventud congelada de Cruise, que probablemente conserve su ADN en formol dentro de una base secreta de la Cienciología.
El director fue Tony Scott, hermano pequeño de Ridley Scott y probablemente el más gamberro visualmente de los dos.
Mientras Ridley tendía a la grandilocuencia elegante, Tony apostaba por el videoclip, el montaje frenético, los colores saturados, el humo, los contraluces y los personajes permanentemente sudorosos como si vivieran dentro de una sauna militar.
En su filmografía destacan títulos como Amor a quemarropa, Marea roja, El último boy scout, Spy Game o Déjà Vu.
Y aunque aquí ya demostraba una potencia visual enorme, la película también sirvió para lanzar definitivamente la carrera de Tom Cruise, que venía de títulos como Risky Business pero todavía no era el semidiós de taquilla en el que terminaría convirtiéndose.
Y ahora vamos al drama.
Porque sí, estamos ante una película bochornosamente mediocre. Un auténtico pestillo cinematográfico envuelto en música de sintetizador y sudor facial masculino.
Eso sí, hay que reconocerle a Tony Scott que sabe rodar. Algunas escenas en la cubierta del portaaviones tienen una atmósfera casi fantasmagórica, con esos aviones despegando entre humos y contraluces como si los pilotos fueran estrellas de rock patrocinadas por el Pentágono.
Visualmente la película tiene fuerza. Narrativamente, en cambio, es como escuchar a dos maniquíes intentando ligar en una tienda de cazadoras de cuero.
Los diálogos son absolutamente horribles. Artificiales, impostados, sin naturalidad ninguna. Nadie habla así en el planeta Tierra. Las relaciones entre personajes son totalmente falsas y construidas a martillazos. Todo parece diseñado para que alguien quede “molón” en pantalla aunque lo que esté diciendo sea una estupidez monumental.
Y luego está esa exhibición de masculinidad testosterónica digna de un concurso de “Mister Sobaco Aeronáutico 1986”. Los vestuarios, las miraditas, los musculitos, las escenas sin camiseta… aquello parece una mezcla entre anuncio de colonia barata y catálogo erótico de gimnasio militar.
Además, todos los actores masculinos aparecen permanentemente sudorosos de la cara. Solo de la cara. El resto del cuerpo permanece milagrosamente seco. Debía existir un maquillador especializado exclusivamente en echarles agua en la frente cada cuatro minutos.
Por supuesto, aparece constantemente Tom Cruise enseñando palmito en calzoncillos o sin camiseta, luciendo esa sonrisa absolutamente embriagadora que probablemente ha evitado guerras internacionales. Porque hay que reconocerlo: el hombre tiene un carisma descomunal.
Ahora bien, como actor… pues no. Nunca ha sido un gran actor. Aquí además se nota muchísimo esa interpretación de “pon cara de triste”, “pon cara de preocupado”, “ahora mira al horizonte como si sufrieras mucho por dentro”. No transmite emociones: pone caritas. Y eso es justo lo contrario de actuar.
También resulta fascinante comprobar cómo han pasado cuarenta años por casi todo el reparto menos por Cruise. Kelly McGillis, Meg Ryan, Val Kilmer… todos han envejecido de manera lógica y humana. Mientras tanto, Tom Cruise, con sus 63 años y su metro setenta aproximado, sigue prácticamente igual que en 1986. Hay aguacates que envejecen peor. Lo de la Cienciología debe incluir tratamientos antiedad con combustible de reactor militar.
En definitiva, una película terrible que, incomprensiblemente, se convirtió en mito cultural. Y da cierta pena que esta haya pasado a la historia mientras otras películas muchísimo más interesantes de aquella época quedaron olvidadas en videoclubs polvorientos y sesiones dobles de barrio.
Mi puntuación: 2,51/10.

Dirigido por Tony Scott:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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