La luz – 2026 – Fernando Franco – #YoVoyAlCine

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El cura, la culpa y la Iglesia moviendo muebles para que no se vean los cadáveres.

 

Fernando Franco vuelve con una película incómoda, áspera y muy poco apta para quienes van al cine buscando una tarde de palomitas y reconciliación con la humanidad.

 

La luz no ilumina precisamente una estancia bonita: apunta el foco hacia la pederastia dentro de la Iglesia católica, hacia el silencio institucional y hacia esa vieja costumbre de cambiar al cura de diócesis como quien mueve una lámpara de sitio.

 

Fernando Franco (Sevilla, 1976) es uno de los cineastas españoles más interesantes de su generación.

 

Debutó con la magnífica La herida (2013), que le valió el Goya a la mejor dirección novel, y posteriormente dirigió Morir (2017), la premiada La consagración de la primavera (2022), Subsuelo (2025) y ahora La luz.

 

Además, ha desarrollado una brillante carrera como montador en títulos tan destacados como Blancanieves, Que Dios nos perdone, Viaje al cuarto de una madre o Robot Dreams.

 

En cuanto a premios y nominaciones de La luz, de momento no constan galardones relevantes publicados. La película acaba de estrenarse, así que habrá que esperar a ver su recorrido.

 

Lo que sí llega con pedigrí es su equipo: Alberto San Juan tiene dos premios Goya, María Galiana ganó el Goya por Solas, y el reparto está lleno de esos actores que entran en escena y uno se sienta más recto en la butaca, por si acaso.

 

 

Cutrecomentario

 

La luz es una película interesante, muy sostenida por el personaje del padre Manuel, interpretado por un Alberto San Juan tremendo. La película vive, respira y se retuerce a través de sus ojos. Y también a través de esa mirada que se le ofrece al espectador, una mirada incómoda, casi cómplice, porque aquí no estamos ante una película de buenos y malos con cartelitos luminosos. Estamos ante algo mucho más desagradable: la culpa, el delito, la institución y el deseo de redención.

 

La película analiza la pederastia dentro de la Iglesia católica y, sobre todo, cómo esa institución ha escondido durante décadas estos crímenes trasladando sacerdotes de una diócesis a otra, como si el problema fuera de geografía y no de víctimas. La vieja técnica del “lo mandamos a otro sitio y que allí rece fuerte”. Una vergüenza con sotana administrativa.

 

El eje moral de la película queda resumido en una frase que pronuncia la madre del padre Manuel, interpretada por la veterana María Galiana, que sigue en activo con más de noventa años y con una presencia que ya quisieran muchos actores con cuarenta y gimnasio incluido. La frase viene a decir: “No podemos comprender lo que hiciste, pero sí podemos comprender lo que haces ahora”. Ahí está la película entera: el horror del pasado y la búsqueda desesperada, tal vez imposible, de algún tipo de perdón.

 

Ese sacerdote lleva treinta años viviendo obsesionado con su pecado para la Iglesia y con su delito para la sociedad. Porque aquí conviene no confundir términos: para la Iglesia podrá ser pecado, pero para la sociedad es delito. Y para las víctimas, una herida brutal.

 

Fernando Franco plantea muy bien esa diferencia, aunque la película a veces se desliza hacia lo discursivo, como si necesitara explicarse demasiado. Hay momentos en los que uno siente que el guion quiere levantar la mano en clase para subrayar su propia tesis.

 

Lo más discutible es que la película parece buscar cierta redención del personaje, aunque no de la Iglesia católica. Y ahí aparece el conflicto. Se puede entender el arrepentimiento, se puede mirar el dolor del culpable, se puede aceptar que un ser humano sea complejo. Pero cuando la película parece pedir compasión hacia el personaje, algo chirría. Porque la compasión con el victimario es terreno pantanoso. Muy pantanoso. De esos en los que das un paso y ya estás hundido hasta el cuello con el rosario en la mano.

 

El planteamiento, aun así, es estupendo. Un cura que después de tres décadas intenta redimirse pidiendo perdón. Un hombre que no puede escapar de lo que hizo. Un sacerdote que se enfrenta al peso de sus actos y también a la institución que lo protegió. Y ahí La luz funciona muy bien: cuando muestra que el pecado privado no fue nunca solo privado, porque hubo una maquinaria colectiva dispuesta a esconderlo.

 

Resulta muy curiosa la presencia de Nacho Sánchez.

En Mantícora, estupenda película de Carlos Vermut tal vez insuficientemente valorada, interpretaba a un pedófilo que no llegaba a cometer el acto, pero que vivía atrapado por esa pulsión.

Aquí, en cambio, interpreta a una víctima.

Paradojas del destino cinematográfico: un día eres el monstruo en potencia y otro día eres la herida. El cine español, cuando quiere, sabe hacer estos cruces con una mala leche finísima.

 

El reparto masculino es impresionante.

Pedro Casablanc, como siempre, está sublime. Es de esos actores que podrían leer la lista de la compra y parecería una amenaza institucional.

Miguel Rellán está absolutamente arrollador, con esa energía suya de señor entrañable que de pronto te clava una verdad en la frente.

Luis Callejo está estupendo y Ramón Barea vuelve a demostrar que es uno de esos secundarios que nunca fallan. Aparece y la película gana oficio, como si alguien hubiera apretado bien los tornillos.

 

Es también una película muy de personajes masculinos, y eso no es casualidad. Nos movemos dentro del ámbito de la Iglesia católica, una institución anacrónica en muchísimos sentidos, entre ellos el papel de la mujer dentro de su jerarquía. La mujer sigue fuera del poder real eclesiástico, contemplando desde la periferia un sistema diseñado, gestionado y protegido por hombres. Y claro, luego pasa lo que pasa: demasiados señores decidiendo en despachos cerrados qué hacer con los delitos de otros señores.

 

Hay un momento en el que el personaje de Alberto San Juan, en una especie de homilía confesional después de una misa, apunta como si permitir el matrimonio de los sacerdotes pudiera ser una solución. Pero ahí conviene hilar fino. Abrir el matrimonio dentro del clero puede ser un debate interesante, pero no resuelve la pederastia. Hay pederastas casados, con hijos, con vida familiar aparentemente normal, que abusan incluso dentro de su propia casa. El problema no es solo el celibato. Ojalá fuera tan sencillo. Sería cambiar una norma y listo. Pero no: la realidad, como casi siempre, viene con más barro.

 

También hay que distinguir entre pedofilia y pederastia. La pedofilia es una atracción sexual hacia menores. La pederastia es pasar al acto, cometer el abuso.

 

El padre Manuel fue pederasta en tres ocasiones; pedófilo probablemente toda su vida. Y esa diferencia no sirve para justificar nada, sino para entender el problema con precisión.

 

La atracción anómala hacia niños existe, pero debe ser contenida siempre. Siempre. Porque cuando se pasa al acto se destruye a personas inocentes, vulnerables e incapaces de defenderse.

 

El problema moral no es tener una pulsión. El problema es convertir esa pulsión en daño. El problema es abusar. El problema es herir. El problema es que una institución, en lugar de proteger a las víctimas, proteja al agresor. Y ahí La luz es especialmente valiosa, porque no se queda solo en el drama individual del cura arrepentido, sino que apunta al gran agujero negro: la Iglesia católica y su manera histórica de gestionar estos crímenes con silencio, traslado y esa cosa tan suya de llamar “pecado” a lo que debería llamarse “delito” con todas las letras.

 

La película quizá no sea perfecta. A veces es demasiado discursiva. A veces parece querer redimir más de lo que debería. A veces roza una compasión hacia el personaje que puede resultar molesta. Pero es una obra muy interesante, valiente en su planteamiento y sostenida por un Alberto San Juan enorme, capaz de transmitir culpa, miedo, cobardía, necesidad de perdón y una fragilidad casi insoportable.

 

La luz habla de la oscuridad. Y lo hace sin fuegos artificiales, sin subrayados baratos y sin convertir el horror en espectáculo. Solo por eso ya merece la pena. Aunque uno salga del cine con la sensación de que algunas luces, más que iluminar, queman.

 

Mi puntuación: 8,69/10.

 

 

 

Dirigido por Fernando Franco:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

Otros posts relacionados

 

 

Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

Para poner un comentario:
Hay 3 casillas.
En la superior va tu nombre.
En la segunda, la del medio, pon una dirección de correo electrónico.
La tercera, la de abajo de las tres, puedes dejarla en blanco o poner tu web.

 

Deja un Comentario

MENÚ DEL BLOG

 

Archivo:
  • 2026
  • 2025
  • 2024
  • 2023
  • 2022
  • 2021
  • 2020
  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012
  • 2011
  • 2010
  • 2009
  • Categorías: