Hombres de acero – Wasteman – 2025 – Cal McMau – #YoVoyAlCine

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Un desperdicio de persona.

 

Cal McMau debuta en el largometraje con Hombres de acero (o mejor dicho, Wasteman, que tiene bastante más sentido).

 

Hasta ahora su trayectoria había estado vinculada principalmente al cortometraje y a la publicidad, y esta película supone su carta de presentación en el cine británico de largo recorrido.

 

El estreno no ha pasado desapercibido: su nombre empezó a sonar con fuerza tras el paso de la película por el Festival de Toronto y por la temporada de premios británica. (Wikipedia)

 

La película obtuvo una nominación al BAFTA a Mejor Debut de un Director, Guionista o Productor Británico para Cal McMau, Hunter Andrews y Eoin Doran.

 

Además, consiguió cinco nominaciones en los British Independent Film Awards, incluyendo interpretaciones para David Jonsson y Tom Blyth, y el propio McMau se llevó el Douglas Hickox Award al mejor director debutante. (FilmAffinity)

 

 

Cutrecomentario

 

Lo primero que llama la atención es el título español. Porque hay que tener imaginación para coger Wasteman, que vendría a significar algo así como “desperdicio humano”, “persona basura” o “inútil de manual”, y transformarlo en Hombres de acero. Es como si a El silencio de los corderos la hubieran estrenado como “Ganaderos valientes”. No tiene absolutamente nada que ver.

 

Y lo curioso es que el título original define perfectamente al protagonista.

 

David Jonsson interpreta a Taylor, un preso que lleva doce años entre rejas y que podría obtener la libertad condicional. Trabaja cortando el pelo a otros internos y echando una mano en la cocina. Es, hablando en plata, un pan sin sal. Un hombre sin iniciativa, temeroso, incapaz de imponerse en un entorno donde la testosterona parece cotizar en bolsa. No es el típico preso cinematográfico que se fabrica pesas con latas de conserva mientras recita a Nietzsche. Es más bien alguien que intenta pasar desapercibido y sobrevivir sin llamar la atención.

 

Su vida cambia por dos motivos. El primero es esa posible salida en libertad. El segundo es la llegada de Dee, interpretado por Tom Blyth, un narco de prisión con más recursos que una multinacional y que rápidamente entra en conflicto con otros capos del módulo.

 

La película vive de la relación entre ambos personajes y funciona sorprendentemente bien. No inventa nada. Absolutamente nada. Hemos visto dramas carcelarios desde hace décadas. Pero aquí hay tensión, violencia, personajes bien construidos y una sensación constante de que todo puede estallar en cualquier momento.

 

Resulta especialmente llamativa la representación de la cárcel. Estamos ante un drama penitenciario muy de 2026. Hay drones repartiendo droga, móviles circulando por las celdas y una actividad comercial que parece más propia de Amazon Prime que de una prisión británica.

 

Aquí conviene suspender un poco la incredulidad. Los guionistas probablemente conocen las cárceles aproximadamente igual que yo conozco la superficie de Marte.

 

El cine penitenciario casi siempre se construye sobre estereotipos.

 

Las prisiones reales suelen ser bastante más aburridas que las de las películas. Pero tampoco vamos a pedirle realismo absoluto a una historia cuya principal obligación es entretener.

Y entretiene.

Mucho.

 

La película avanza como un tren sin frenos. Hay violencia física, violencia psicológica, traiciones y una sensación de peligro constante. Lo mejor es que ni siquiera el supuesto protagonista “bueno” resulta especialmente simpático.

 

Taylor es tan pusilánime, tan incapaz de tomar decisiones y tan dominado por el miedo que cuesta empatizar plenamente con él. Uno entiende sus circunstancias, pero en más de una ocasión dan ganas de darle un par de collejas para que espabile.

 

David Jonsson realiza un trabajo magnífico precisamente porque consigue transmitir toda esa inseguridad sin convertir al personaje en una caricatura. Y Tom Blyth aporta el carisma necesario para que cada escena compartida tenga electricidad.

 

El desenlace guarda además una sorpresa bastante eficaz que termina de redondear el conjunto.

 

No reinventa el género. No descubrirá nada nuevo a quienes hayan visto cine carcelario durante las últimas cinco décadas. Pero está narrada con fuerza, tiene ritmo, cuenta con dos interpretaciones estupendas y mantiene la tensión durante sus noventa minutos.

 

Y una vez terminada la función, sólo queda desearle a Taylor una feliz reinserción social, una vida tranquila lejos de los barrotes y, ya puestos, que el resto de los internos encuentren también el camino correcto.

 

Que para una vez que salimos del cine con vocación rehabilitadora, tampoco es cuestión de desaprovecharlo.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

 

Dirigido por Cal McMau:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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