

Cutrecomentario de Ramón:
El arte de falsificar. Cuando la copia es mejor que el original.
Jean-Paul Salomé es un cineasta francés especialmente interesado por el thriller, el espionaje y los personajes que viven en los márgenes de la ley.
En su filmografía figuran La máscara del faraón. Belphégor, el fantasma del Louvre, Arsène Lupin, Espías en la sombra, Mamá María y Un blanco fácil.
No es un director de personalidad visual arrolladora, pero sí un artesano solvente del cine de género clásico.
Aquí vuelve al thriller histórico con clara vocación popular.
La copia perfecta obtuvo el Premio del Jurado de Estudiantes del Festival 2 Cinéma 2 de Valenciennes de 2025.
Además, Bastien Bouillon recibió los premios del jurado y del público al mejor actor de reparto en el Festival Jean-Carmet de ese mismo año.
Los franceses fabrican películas con una intensidad que ya quisiera para sí la industria del automóvil.
Cada semana nos llegan dos o tres.
La mayoría son aceptables, alguna resulta excelente y, de vez en cuando, aparece una comedieta barata capaz de provocar nostalgia por la visita al dentista.
La copia perfecta pertenece al grupo de las aceptables.
Cuenta la historia real de Czesław Jan Bojarski, ingeniero y antiguo oficial polaco refugiado en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Sin documentación y atrapado en trabajos miserables, termina aplicando su extraordinario talento técnico a la falsificación de billetes.
Y vaya si lo aplica. Sus copias llegan a rivalizar con los billetes auténticos del Banco de Francia, e incluso incorporan detalles que mejoran el original.
Un falsificador tan perfeccionista que casi merecía cobrar derechos de autor.
La película intenta recuperar el aroma del thriller francés de los años sesenta. Tiene gabardinas, humo, despachos policiales, calles húmedas y una estupenda ambientación de época.
Pero queda lejos del polar de Jean-Pierre Melville, donde una mirada podía sustituir a veinte frases.
Aquí ocurre justamente lo contrario. Todo se explica, se comenta y se vuelve a explicar. Hay momentos en los que parece cine-radio, pensado para que el espectador pueda limpiar el polvo, fregar los cacharros o planchar mientras sigue la película de oído y levanta la cabeza cuando sospecha que pasa algo importante.
En una sala de cine, sin fregadero al que escapar, tanto diálogo termina aburriendo y aturdiendo.
La película no confía suficientemente en sus imágenes, aunque paradójicamente estas sean uno de sus principales atractivos.
La excelente recreación de la posguerra aporta un aire nostálgico y melancólico que encaja muy bien con el protagonista.
Bojarski es un hombre triste, solitario y fatalista, alguien condenado a vivir en secreto incluso cuando está rodeado por su familia.
Reda Kateb compone magníficamente ese personaje contenido y permanentemente abatido. Frente a él, Sara Giraudeau, como su esposa Suzanne, es un auténtico haz de luz: aporta vitalidad y humanidad a una existencia dominada por el silencio, la clandestinidad y los billetes secándose en el sótano.
No sé si Pierre Lottin es un actor de filigrana, pero posee una presencia imponente y consigue que se le mire cada vez que aparece.
Bastien Bouillon, como el obstinado comisario Mattei, ofrece un buen contrapunto y sostiene la parte policial, basada en una investigación lenta que termina convirtiéndose en una obsesión personal.
La copia perfecta se deja ver, mantiene el interés y posee una ambientación magnífica.
Su melancolía y sus interpretaciones compensan parcialmente esa manía contemporánea de llenar cada plano de palabras.
No es un billete de curso legal entre los grandes thrillers franceses, pero pasa el detector sin hacer saltar la alarma.
Mi puntuación: 6,66/10.

Dirigido por Jean-Paul Salomé:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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