Rashomon – 1950 – Akira Kurosawa – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Rashomon para Wilder Cinema

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuatro versiones y un funeral

 

Akira Kurosawa ya había dirigido una decena de películas cuando realizó Rashomon, pero esta fue la que lo convirtió en un cineasta internacional.

 

Después llegarían obras esenciales como Vivir, Los siete samuráis, Trono de sangre, Yojimbo, El infierno del odio, Dersu Uzala, Kagemusha, la sombra del guerrero o Ran.

 

Pocos directores han retratado con tanta fuerza la lucha entre la dignidad humana y nuestra irresistible tendencia a comportarnos como auténticos miserables.

 

Rashomon obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia de 1951, galardón que abrió definitivamente las puertas occidentales al cine japonés.

 

Al año siguiente recibió también el Oscar honorífico a la película extranjera más destacada estrenada en Estados Unidos durante 1951.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Si vi Rashomon en mi juventud, no la recordaba.

Tal vez mi memoria haya decidido ofrecerme su propia versión de los hechos, muy en consonancia con la película.

 

Durante el Japón imperial, el cine estuvo sometido a una férrea censura militarista.

Después de la derrota, la ocupación estadounidense eliminó aquel corsé, aunque impuso otro sistema de control que prohibía los contenidos ultranacionalistas y favorecía los valores democráticos.

No fue una libertad absoluta, pero para Akira Kurosawa resultó un terreno creativo mucho más respirable.

Paradojas de la vida: los ocupantes terminaron facilitando una libertad que el imperio había negado.

 

Kurosawa tuvo dificultades para convencer a los estudios con un guion tan desconcertante, basado en dos relatos de Ryūnosuke Akutagawa.

Su reducido reparto y sus escasos escenarios hacían pensar en una producción económica, pero la construcción a tamaño real de la monumental puerta y la lluvia artificial elevaron considerablemente el presupuesto.

Rashomon tenía aspecto de película barata, pero no lo fue tanto. Hasta los clásicos tienen sus facturas.

 

La película nos habla de la verdad y de la mentira, aunque en realidad va un poco más lejos.

 

No afirma que la verdad no exista, sino que nuestro acceso a ella está contaminado por el ego, la vergüenza y la necesidad de quedar bien.

 

El bandido, la mujer, el samurái muerto —que declara mediante una médium— y el leñador ofrecen cuatro versiones contradictorias del mismo suceso.

 

Cada uno retuerce los hechos para preservar su dignidad, justificar sus actos o disimular su mezquindad.

 

Aquí nadie miente de manera gratuita: todos construyen la realidad que les permite seguir soportándose a sí mismos.

 

El resultado es un retrato desolador de la condición humana.

 

La película cuenta varias veces la misma historia, pero nunca parece repetirse.

Cada nueva versión desmonta la anterior, modifica a los personajes y vuelve todavía más incierto lo sucedido.

No asistimos a cuatro repeticiones, sino a cuatro demoliciones de la verdad.

 

Al final, Kurosawa introduce un pequeño elemento de esperanza. El gesto del leñador con el niño abandonado no borra todo lo anterior, pero demuestra que todavía queda alguna posibilidad de salvación.

 

Tal vez la humanidad sea egoísta, embustera y cobarde, pero un único acto de compasión puede impedir su condena absoluta.

 

El título procede de Rashōmon o Rajōmon, la gran puerta meridional de la antigua capital imperial de Kioto.

Por tanto, no significa exactamente «puerta del castillo», sino algo más próximo a la gran puerta de entrada a la ciudad amurallada.

Su estado ruinoso puede interpretarse como el símbolo perfecto de una civilización construida por los hombres y destruida por ellos mismos.

 

La historia transcurre en el Japón medieval, pero sigue siendo perfectamente actual.

Cambian las ropas, las armas y los tribunales, pero nuestra habilidad para adaptar la verdad a nuestros intereses permanece en magnífica forma.

 

Una obra maestra. Y, por desgracia, una película cada día más moderna.

 

Mi puntuación: 10/10.

 

Toshirō Mifune y Machiko Kyō en Rashomon

 

Dirigido por Akira Kurosawa:

Akira Kurosawa durante el rodaje de Los siete samuráis en 1953

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Minoru Chiaki, Kichijirō Ueda y Takashi Shimura en Rashomon

 

Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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