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Cutrecomentario de Ramón:
La muerte de Stalin a la finlandesa: golpe de Estado con resaca
El finlandés Samuli Valkama estudió animación y comenzó dirigiendo cortometrajes antes de pasarse al cine y la televisión.
Debutó en el largometraje con Hulluna Saraan (2012), a la que siguieron Ei kiitos (2014) y Saattokeikka (2017).
También ha dirigido series como The Man Who Died.
Especializado en comedia, El secuestro de un presidente es su cuarto largometraje.
Lo primero que me vino a la cabeza viendo El secuestro de un presidente (Presidentin kyyditys) fue la estupenda La muerte de Stalin.
Ambas convierten unos hechos políticos terribles en una comedia muy divertida.
A veces basta con contemplar la realidad sin pestañear para descubrir que el poder puede ser más ridículo que cualquier chiste.
La película parte de un hecho real: el secuestro, el 14 de octubre de 1930, de Kaarlo Juho Ståhlberg, primer presidente de Finlandia, ya retirado, y de su esposa Ester, por miembros del ultraderechista Movimiento de Lapua.
La historia real ya parecía escrita por un guionista con bastante mala leche.
La narración avanza por dos frentes.
Por un lado, unos jóvenes ultranacionalistas reciben el encargo de secuestrar al expresidente, defensor de la democracia y contrario a sus ideas fascistas.
Son chapuceros, torpes y, en algunos momentos, directamente imbéciles.
Por otro lado, tenemos al teniente coronel Eero Kuussaari, ansioso por ascender, reunido con otros altos mandos militares.
Entre copa y copa deciden promover una revolución, derribar la democracia e instaurar un régimen totalitario.
Los secuestradores son inútiles, pero sus superiores consiguen superarlos.
La jerarquía militar no elimina la estupidez: simplemente le pone medallas.
Alcoholizados y henchidos de patriotismo barato, repiten las habituales proclamas xenófobas: vienen los rusos, violarán a nuestras mujeres, quemarán nuestras casas y acabarán con nuestra forma de vida.
El viejo manual del miedo: inventar un enemigo, alimentar el odio y presentarse después como salvador de la patria.
La película ridiculiza ese discurso sin necesidad de grandes sermones.
Basta con mostrar a quienes lo pronuncian.
Debajo de los uniformes, las proclamas y las poses marciales solo hay ambición, resentimiento y una preocupante escasez de neuronas.
El secuestro de un presidente me ha divertido.
Sus 87 minutos pasan con mucha facilidad y la comedia funciona porque no necesita exagerar demasiado unos acontecimientos que ya fueron bastante absurdos.
Además, deja claro que estos discursos no aportan absolutamente nada a nadie, salvo satisfacción a los tontos que desean escucharlos.
Y, por desgracia, de esos nunca andamos escasos.
Mi puntuación: 6,77/10.

Ficha: En este enlace.


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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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