


Cutrecomentario de Ramón:
Los muertos nunca terminan de irse
Mis muertos tristes mezcla con bastante habilidad tres géneros: el cine de fantasmas, el drama familiar y el cine social.
El personaje central es Ema, interpretada por una inconmensurable Mercedes Morán, una médica que acaba de perder a su madre después de meses cuidándola y de una muerte especialmente dolorosa.
Ema regresa a vivir a la casa materna, en Piedrabuena, un barrio conflictivo. Allí recibe a su hermana, su cuñado y su sobrina, que viven en Oregón.
Pero Ema tiene una peculiaridad. Desde niña puede ver a los muertos y comunicarse con ellos.
A partir de este don, que ni ella misma termina de comprender, vamos reconstruyendo la historia de las dos hermanas y de una familia marcada por una existencia bastante complicada.
Pablo Larraín teje con estos mimbres un relato muy bien construido, con una fotografía triste y gris que encaja perfectamente con esa Argentina en la que vivir parece cada vez más difícil.
Los servicios básicos fallan. El abastecimiento falla. La atención al ciudadano falla.
Y los muertos, en cambio, funcionan estupendamente.
La película se mueve entre el drama y un humor muy argentino, irónico y a veces directamente sarcástico.
También tiene una evidente vertiente social. Ante la delincuencia aparecen esas soluciones sencillas, expeditivas y absolutamente inútiles que algunos siempre tienen preparadas. Por ejemplo, cortar la cabeza al delincuente y colocarla en un palo delante de casa.
Mano de santo.
Son 187 minutos, pero la mezcla de géneros, la historia familiar, los fantasmas y esa mirada sobre una sociedad bastante jodida mantienen el interés.
Y por encima de todo está Mercedes Morán, extraordinaria.
Y me olvidaba de Dolores Fonzi, otra de las grandes actrices argentinas, que está también absolutamente estupenda como esa hija resentida con su madre, marcada por una relación que siempre fue conflictiva.
Imperdonable olvidarse de Dolores Fonzi.
De lo mejor que hemos visto hasta ahora en el Festival.
Después de los fantasmas
El chileno Pablo Larraín ha construido una filmografía muy personal en títulos como No, El club, Neruda, Jackie, Ema, Spencer, El Conde y María Callas.
Mis muertos tristes está basada en relatos de Mariana Enríquez, con guion de Pablo Larraín y Guillermo Calderón.
Es una producción argentino-chilena de Fabula para Netflix.
Aunque en el Festival de San Sebastián se ha proyectado en competición como una obra de 187 minutos, en realidad es una miniserie de cuatro episodios.
Tras su estreno mundial en San Sebastián, Netflix la estrena el 24 de septiembre de 2026.
Mi puntuación: 8,89/10.

Ficha: En este enlace.
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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares