

Cutrecomentario de Ramón:
Los principios no pagan el alquiler
En Cartas de Estado hasta las ciudades interpretan un papel. Berlín hace de Ankara y Hamburgo, de Estambul. Los rótulos lo anuncian sin disimulo y las imágenes aéreas muestran las ciudades alemanas, aunque los personajes hablen turco y la historia transcurra en Turquía.
Una curiosa manera de empezar esta coproducción de Alemania, Francia y Turquía.
Ilker Çatak, al que conocemos por Sala de profesores, vuelve a meterme en una olla a presión. Reconozco aquel ritmo frenético, esa capacidad para ir asfixiando a los personajes y, de paso, al espectador.
La música, dominada por una percusión perturbadora, aprieta todavía más. Aquí cuesta encontrar un momento para respirar.
La historia sigue a una familia acomodada. Él es profesor universitario y escritor; ella, una actriz brillante. Tienen una hija adolescente y una vida confortable hasta que el Estado decide convertirlos en sospechosos.
Acusaciones estrambóticas, persecución y pérdida del trabajo. La maquinaria del poder puede arruinarte la vida sin necesidad de que hayas hecho nada que lo justifique.
Y la caída tiene consecuencias muy concretas: cambiar de ciudad, depender de otros y terminar viviendo con la madre de él. El profesor acaba conduciendo un taxi. La hija tampoco lleva bien que le hayan desmontado su mundo.
De la comodidad a rozar la indigencia. Y sin tiempo para acostumbrarse.
Lo interesante es cómo esa violencia del Estado entra en casa y se instala entre los miembros de la familia. La presión económica, la convivencia forzosa y la frustración van alimentando los conflictos.
Resistir parece una palabra muy hermosa hasta que tienes que decidir cómo sostienes a tu hija.
La película me plantea hasta dónde puedo mantener una lucha personal, política, ideológica y moral contra un Estado que me devasta. En qué momento seguir peleando significa poner en peligro la supervivencia de los míos.
Sobrevivir o morir luchando. La dicotomía es tremenda cuando deja de ser una consigna y se convierte en una decisión familiar.
También me interesa lo que sucede cuando el hombre deja de ocupar el lugar de principal sustento económico y es la mujer quien puede sacar a la familia adelante.
Ahí se pone a prueba algo más que la coherencia política. También el reparto de papeles dentro de la pareja y la facilidad con la que aceptamos ciertos cambios cuando nos toca vivirlos.
Cartas de Estado me mantiene en tensión y me hace pensar mucho. Te suelta bofetadas durante toda la proyección y después te deja la tarea de digerirlas y sacar tus propias conclusiones.
Sales del cine. Las bofetadas se vienen contigo.
Después de la sala de profesores
Ilker Çatak dirigió Sala de profesores (2023), nominada al Óscar a la mejor película internacional y premiada por su montaje en la 68 Seminci.
Con Cartas de Estado (2026) ganó el Oso de Oro de la Berlinale.
La película llega a la Sección Oficial de la 71 Seminci, con Özgü Namal y Tansu Biçer como protagonistas.
Mi puntuación: 8,77/10.

Ficha: En este enlace.
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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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