

Cutrecomentario de Ramón:
La risa y la navaja: tres horas y media de colonialismo, dudas morales… y paciencia zen.
Pedro Pinho es uno de los nombres fuertes del cine portugués reciente, muy pegado al cine político y al realismo incómodo.
Ya avisó con A Fábrica de Nada (2017), larguísima, colectiva y muy a contracorriente.
Aquí vuelve a estirar el tiempo, los silencios y la incomodidad moral.
No rueda para gustar: rueda para remover. Y lo hace a conciencia.
Estamos ante una producción portuguesa de 211 minutos, que se dicen pronto y se sienten largo. Muy largo.
La risa y la navaja se articula alrededor de un ingeniero portugués que viaja a Guinea-Bisáu para validar ambientalmente la construcción de una carretera.
Punto de partida aparentemente técnico, pero en realidad es la excusa perfecta para hablar —y mucho— del colonialismo, de sus mutaciones modernas y de cómo la metrópoli sigue mandando… aunque finja no hacerlo.
El protagonista es un tipo poco carismático, casi transparente, y eso no es un defecto sino una decisión: él observa, se sorprende, aprende y también se pierde.
Los locales lo miran con curiosidad por su sencillez, él mira el país con una mezcla de culpa, desconcierto y fascinación.
En ese trayecto se enfrenta a nuevas relaciones, amistades inesperadas y a su propia homosexualidad, tratada con una naturalidad que resulta muy poco habitual en este tipo de relatos.
Hay personajes potentísimos, como ese João que representa al cacique blanco reciclado, capaz de montar una bronca monumental en una de las escenas más brutales y memorables de la película.
El film está lleno de momentos extravagantes, casi hipnóticos, que a veces te sacuden, otras te abruman… y sí, otras te aburren soberanamente, porque el ritmo es lento, reiterativo y poco amigo del espectador con TikTok en la cabeza.
Y aun así, funciona. Porque cuando Pinho aprieta, duele. Y cuando afloja, te deja pensando.
Es una película más que interesante, muy recomendable, que quizá con menos metraje sería más “amable”… pero también es posible que perdiera parte de su rareza, su incomodidad y su gracia.
No es para todos los públicos ni para todas las sobremesas, pero si entras en su juego, La risa y la navaja se te queda clavada. Como la navaja. Y a ratos, también la risa.
Mi puntuación: 6,56/10.

Dirigido por Pedro Pinho:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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