


Cutrecomentario de Ramón:
Cómo vivir un golpe de Estado pegado al cogote de un capitán
El chileno Juan Pablo Sallato firma Hangar rojo, una película pequeña en duración pero bastante grande en impacto.
Del director no hay demasiada información pública ni una filmografía extensa y conocida en el circuito comercial internacional.
Todo apunta a que se mueve sobre todo en el ámbito del cine independiente chileno y de los festivales.
Con Hangar rojo parece dar un salto importante de visibilidad.
Y, visto lo visto, sería buena idea seguirle la pista.
Cutrecomentario
La segunda jornada del Festival de Málaga arrancó con una de esas sorpresas que te reconcilian con levantarte temprano para ir al cine.
Porque a veces pasa lo contrario: madrugas, te tragas un café malísimo del festival y luego la película es peor que el café. Pero aquí no.
Hangar rojo es una producción chilena rodada en un blanco y negro precioso, de esos que parecen tallados con cincel.
Dura apenas 81 minutos, lo cual, en tiempos de películas que duran lo mismo que una boda gitana, ya es un alivio.
La historia nos pega literalmente al cogote del capitán Jorge Silva durante las horas previas y posteriores al golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile.
Ese día en el que Augusto Pinochet y compañía decidieron que la democracia era un concepto demasiado moderno para ellos y que el presidente Salvador Allende debía desaparecer del mapa.
El capitán es un militar de carrera: disciplinado, serio, responsable. Un tipo que cree en la cadena de mando.
El problema llega cuando la cadena de mando empieza a exigir cosas que chocan de frente con la Constitución y con la conciencia.
Ahí está el corazón de la película: el dilema moral de un hombre atrapado en medio de una maquinaria que empieza a devorar todo lo que toca.
El actor Nicolás Zárate sostiene prácticamente toda la película sobre sus hombros. Y lo hace con una interpretación sobria, contenida y muy inteligente. Apenas necesita gestos grandes: con miradas, silencios y pequeñas tensiones en el rostro transmite perfectamente la inquietud y el conflicto interno del personaje.
La película funciona como thriller político, como drama íntimo y como reconstrucción histórica. Y lo hace sin necesidad de discursos ni de grandes explicaciones. Todo se respira en el ambiente: la tensión, el caos, el miedo, la sensación de que el país se está rompiendo en pedazos.
En apenas hora y veinte consigue transmitir muchísimo.
Es de esas películas que salen pequeñas en presupuesto pero grandes en densidad dramática.
Ahora bien, no todo es perfecto en esta vida. Porque Sallato tiene una fijación preocupante con los planos de cogote. Mucho plano detrás del capitán, siguiendo su nuca como si la película fuera un documental sobre cervicales. Y ya se sabe: el plano-cogote es uno de los pecados capitales del lenguaje cinematográfico.
Aun así, el resultado es soberbio.
Una película seca, tensa, muy bien medida, que te mete dentro de una situación moral imposible.
Y lo mejor: te obliga a preguntarte qué habrías hecho tú.
Que es, probablemente, la pregunta más incómoda que puede provocar una película. Y también la más interesante.
Mi puntuación: 8,77/10.

Ficha: En este enlace.
Otros posts relacionados

Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
Para poner un comentario:
Hay 3 casillas.
En la superior va tu nombre.
En la segunda, la del medio, pon una dirección de correo electrónico.
La tercera, la de abajo de las tres, puedes dejarla en blanco o poner tu web.