Cuarto día en Málaga, lunes nueve de marzo: del debate sobre Papá Noel a las grietas morales de la sociedad – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuarto día en Málaga, lunes nueve de marzo: del debate sobre Papá Noel a las grietas morales de la sociedad

 

Por Gema Santamaría, crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

La cuarta jornada del Festival de Málaga comenzó temprano, a las ocho y media de la mañana, en los Cines Albéniz, en la sala 1, la más grande del complejo. Un lugar magnífico para comenzar el día de cine con Laponia, la nueva película de David Serrano, uno de los nombres más populares del cine español contemporáneo.

 

David Serrano es responsable de varios éxitos de taquilla que marcaron la comedia española de los años dos mil, como El otro lado de la cama (2002), Días de fútbol (2003) o Los dos lados de la cama (2005). En esta ocasión presenta una propuesta muy distinta: una película abiertamente teatral, basada en la obra de Cristina Clemente y Marc Angelet, que no oculta en ningún momento su origen escénico.

 

La historia transcurre casi íntegramente en una casa situada en la Laponia finlandesa, aunque el rodaje se realizó realmente en Getxo, en Vizcaya, que aquí sirve para recrear el paisaje nórdico. La trama arranca con una situación aparentemente trivial: una familia española viaja al norte de Europa para que su hijo conozca el lugar donde vive Papá Noel. Esa familia está formada por Natalia Verbeke y Julián López.

 

Sin embargo, el conflicto estalla cuando la hija de la otra pareja —un matrimonio formado por un finlandés y una española interpretada por Ángela Cervantes— le dice al pequeño que Papá Noel no existe, que son los padres.

 

Ese pequeño comentario desencadena un intenso debate entre las dos parejas: ¿hay que decir siempre la verdad a los niños o es legítimo mantener ciertas ilusiones? La película convierte esa discusión en un enfrentamiento cultural entre dos maneras de entender la educación, la infancia y la verdad.

 

El resultado son 89 minutos sostenidos casi exclusivamente por el diálogo. Los personajes discuten, se contradicen y se enfrentan con réplicas inteligentes que funcionan bien, aunque la sensación teatral es permanente. Más que una película plenamente cinematográfica, Laponia se percibe como una adaptación escénica trasladada a la pantalla.

 

La rueda de prensa posterior contó con buena parte del equipo. Julián López, siempre cercano y con su habitual sentido del humor, se convirtió en uno de los protagonistas del encuentro con la prensa. Llamó la atención que Natalia Verbeke acaparara más atención mediática que Ángela Cervantes, pese a que ambas tienen un peso dramático muy similar dentro de la historia.

 

Tras la proyección, antes de la siguiente sesión, llegó uno de esos pequeños placeres del festival: un paseo hasta La Malagueta, la playa urbana de Málaga. El día se había vuelto más amable que en jornadas anteriores. El sol aparecía tímidamente y el ambiente era inequívocamente mediterráneo: gente paseando por la arena, algunos valientes tomando el sol y un par de bañistas desafiando el agua todavía fría.

 

Curiosamente, las temperaturas no eran muy distintas a las que estos días se registran en el centro de la península. Málaga, que suele presumir de clima cálido, se mostraba en esta edición algo más fresca de lo habitual.

 

La segunda proyección de la mañana fue Los justos, dirigida por Jorge A. Lara, otra película que también parte de un dispositivo teatral. En este caso, nueve ciudadanos son convocados para formar parte de un jurado popular que debe decidir sobre la culpabilidad de un poderoso empresario acusado de corrupción.

 

Encerrados en una sala, los miembros del jurado —nueve perfiles que representan distintos sectores de la sociedad española— deben responder a una serie de preguntas que determinarán el destino del acusado. El reparto es coral y reúne a intérpretes de gran nivel: Carmen MachiPilar CastroAnne GabaraínBruna Cusí,y Vito Sanz ,entre otros.

 

La película comienza como un drama judicial clásico, explorando el funcionamiento del jurado popular en España. Sin embargo, el relato cambia de rumbo cuando los miembros del jurado reciben una inquietante propuesta clandestina que pone a prueba sus convicciones morales.

 

A partir de ese momento, la historia se convierte en una especie de disección de la España contemporánea. Cada personaje arrastra problemas económicos o personales, y la película muestra cómo esas fragilidades condicionan las decisiones éticas. El planteamiento resulta interesante, aunque su desarrollo vuelve a evidenciar el origen teatral del material. Muchas historias personales se relatan verbalmente cuando quizá habrían ganado fuerza mediante flashbacks o recursos más cinematográficos.

 

Por la tarde llegó el turno de Mil pedazos, una producción chilena dirigida por Sergio Castro San Martín y protagonizada por Daniel Muñoz y Paola Giannini.

 

La película arranca con un retrato de una familia en crisis. Las tensiones entre los padres son evidentes y el viaje que emprenden hacia el interior de Chile termina en un accidente que desencadena una serie de acontecimientos inquietantes.

 

Lo que sigue es un relato austero, incluso áspero, construido con una sobriedad formal extrema. El paisaje chileno aparece desolador, casi inhóspito, y los personajes parecen arrastrar un peso emocional que se transmite al espectador.

 

La película no lo explica todo. Al contrario: exige al público que reconstruya los hechos y establezca las conexiones entre los diferentes fragmentos del relato. Es un cine que demanda esfuerzo y atención, y probablemente no todos los espectadores entren en su propuesta. Pero precisamente ahí reside su interés: es una película que invita a la reflexión y al debate.

 

La jornada concluyó en el Teatro Cervantes con la entrega de la Biznaga Ciudad del Paraíso a la actriz Victoria Vera. La ceremonia incluyó un recorrido audiovisual por su trayectoria, acompañado por intervenciones de diversas personalidades del mundo cultural.

 

Uno de los momentos más recordados fue la evocación de un calificativo que marcó su carrera: el de “musa de la Transición”, expresión acuñada por Francisco Umbral y respaldada posteriormente por figuras como Antonio Gala o el alcalde madrileño Enrique Tierno Galván.

 

La carrera cinematográfica de Victoria Vera se desarrolló sobre todo entre los años setenta y comienzos de los noventa, en paralelo al cambio cultural que vivió el cine español durante la Transición. Aunque su popularidad también estuvo muy ligada a la televisión, participó en varias películas relevantes que marcaron distintas etapas de su trayectoria.

 

Uno de sus primeros papeles destacados llegó con Fulanita y sus menganos (1976), comedia dirigida por Pedro Lazaga. En esta película interpreta a Mapi, una joven que viaja a París para asistir a un congreso internacional de prostitutas. El film se inscribe en el contexto del llamado cine del destape que proliferó en la segunda mitad de los años setenta, y supuso una de las primeras apariciones relevantes de la actriz en el cine comercial español.

 

A mediados de los años ochenta participó en la curiosa coproducción de terror Monster Dog (Leviatán) (1984), dirigida por Claudio Fragasso y protagonizada por el músico Alice Cooper. Se trata de una película fantástica rodada en parte en España que, con el tiempo, ha adquirido cierto estatus de película de culto dentro del cine de terror europeo de aquella década.

 

Poco después protagonizó el thriller psicológico Acosada (1985), dirigido por Sebastià d’Arbó. La película gira en torno a una mujer que urde un plan para asesinar a su marido y que adopta la identidad de un personaje cinematográfico para llevar a cabo su propósito. Este trabajo consolidó a Victoria Vera como una actriz capaz de desenvolverse también en registros dramáticos más complejos.

 

Uno de los títulos más conocidos de su filmografía es Asignatura aprobada (1987), dirigida por José Luis Garci. En esta película interpreta a Elena Álvarez, un personaje central en un drama que aborda las relaciones sentimentales y la crisis personal en la España de los años ochenta. El film tuvo una notable repercusión internacional y fue la candidata española al Óscar a la mejor película extranjera en 1988.

 

A finales de esa década intervino en Pasión de hombre (1989), dirigida por José Antonio de la Loma y protagonizada por Anthony Quinn. Esta coproducción internacional mezclaba drama y romance y situaba a Victoria Vera junto a una de las grandes estrellas del cine clásico estadounidense.

 

Ya en los años noventa participó en Family Express (1991), dirigida por Georges Nicolas Hayek, una producción europea en la que compartió reparto con Peter Fonda. La película, rodada como coproducción entre varios países, representa una de sus últimas intervenciones destacadas en el cine.

 

Aunque estas películas conforman el núcleo principal de su trayectoria cinematográfica, conviene recordar que la gran popularidad de Victoria Vera llegó también gracias a su trabajo en televisión, especialmente con series muy influyentes en la cultura audiovisual española como Cañas y barro (1978) y Los gozos y las sombras (1982), que la consolidaron definitivamente como una de las actrices más reconocibles de su generación.

 

En su discurso de agradecimiento, visiblemente emocionada, Victoria Vera reflexionó sobre la relación entre teatro y democracia, recordando cómo el escenario se convirtió durante la Transición en un espacio de libertad y de expresión artística. También reivindicó la continuidad entre el trabajo teatral y cinematográfico: “los actores somos los mismos”, afirmó.

 

El Teatro Cervantes, inaugurado en 1870 y uno de los espacios culturales más emblemáticos de la ciudad, ofrecía el marco perfecto para ese homenaje. Su decoración historicista y su cuidada iluminación contribuyeron a cerrar la jornada con una atmósfera solemne y elegante.

 

Así terminó un cuarto día de festival que osciló entre el humor, el debate moral y la introspección dramática. Una jornada variada que recordó, una vez más, que el cine sigue siendo un espejo complejo de la sociedad.

 
 
 
 
 
 
Gema Santamaría, crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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