

Cutrecomentario de Ramón:
Jugada maestra: capitalismo, crimen y piernas kilométricas
John Patton Ford, director y guionista estadounidense, ya había demostrado en Emily the Criminal que le interesa bastante eso de los personajes atrapados por el dinero, la precariedad y las malas decisiones.
En Jugada maestra vuelve a moverse por terrenos parecidos, aunque aquí cambia el thriller seco por una comedia negra mucho más juguetona, elegante y venenosa.
Una película donde todo el mundo sonríe bastante mientras moralmente se despeña por un barranco.
La película está protagonizada por Glen Powell y Margaret Qualley, que forman una pareja con tanta química que prácticamente podrían incendiar una gasolinera solo cruzándose una mirada.
La idea de Jugada maestra es bastante buena: ese deseo enfermizo de hacerse millonario rápidamente y descubrir que, cuando uno cruza ciertas líneas, luego las siguientes ya cuestan mucho menos. El crimen tiene eso. Empiezas con un pequeño desliz moral y acabas hablando de cadáveres mientras eliges vino para la cena.
La película tiene un guion competente, ágil y bastante inteligente. Nunca pretende ser trascendente ni dar lecciones morales subrayadas con rotulador fosforito. Todo se mueve en un tono de comedia negra ligera, soterrada, elegante, casi como si estuviera constantemente guiñando un ojo al espectador. Y eso funciona muy bien.
Glen Powell tiene el carisma suficiente para sostener al personaje principal, ese tipo que empieza jugando con fuego pensando que controla la situación y poco a poco va entrando en una espiral donde el dinero fácil, el lujo y la sensación de poder se convierten en una droga bastante potente.
Pero quien realmente se come la pantalla es Margaret Qualley, haciendo de femme fatale moderna. Está absolutamente arrolladora. Tiene presencia, magnetismo y esa capacidad de parecer peligrosa incluso cuando simplemente cruza las piernas o sonríe. Y sí, esas piernas kilométricas prácticamente tienen código postal propio. La cámara lo sabe, ella lo sabe y el espectador también.
Lo mejor es que detrás del tono juguetón hay una crítica bastante afilada al capitalismo salvaje y a ese viejo lema no escrito de que para hacerse rico vale absolutamente todo mientras no te pillen. O mientras puedas contratar un abogado mejor que el del vecino.
La película funciona. No inventa la pólvora, pero sí sabe cómo prenderle fuego con bastante estilo.
Mi puntuación: 7,78/10.

Dirigido por John Patton Ford:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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