Furcy, né libre – 2025 – Abd Al Malik – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Las leyes de la esclavitud

 

Hay películas judiciales donde uno acaba pensando en abogados brillantes, discursos inflamados y jueces golpeando la mesa. Y luego está Furcy, né libre, donde lo que realmente queda claro es que la humanidad puede construir sistemas legales sofisticadísimos para justificar auténticas barbaridades. Porque cuando un imperio necesita esclavos, siempre aparece algún señor con peluca dispuesto a explicar por qué eso “en realidad es perfectamente legal”.

 

El director Abd Al Malik vuelve a mezclar política, identidad y memoria histórica en una película elegante y muy seria, quizá incluso demasiado elegante para la enorme brutalidad de lo que cuenta.

 

El cineasta, escritor y músico franco-congoleño ya había llamado la atención con películas como Qu’Allah bénisse la France y L’Histoire de Souleymane, obras muy vinculadas a la exclusión social, el racismo y la identidad francesa contemporánea. Aquí cambia parcialmente de registro y se mete en el drama histórico con bastante solvencia.

 

La película adapta el libro L’Affaire de l’esclave Furcy del historiador Mohamed Aïssaoui, basado en la historia real de Furcy Madeleine, un esclavo de la isla de La Reunión que inició un larguísimo proceso judicial para demostrar que había nacido libre porque su madre había sido emancipada antes de su nacimiento. Y claro, eso provocó un pequeño problema administrativo para la Francia colonial: descubrir que llevaban décadas esclavizando ilegalmente a un hombre. Un detalle sin importancia, aparentemente.

 

La película tuvo una buena acogida en Francia y ha pasado por varios festivales internacionales ligados al cine histórico y de derechos humanos. Además, encaja perfectamente dentro del eje temático de esta edición del FCAT dedicado a las islas africanas y los territorios insulares vinculados históricamente al colonialismo, ya que la historia transcurre entre la isla de La Reunión, Mauricio, Bourbon y Guadalupe.

 

Y la verdad es que la película funciona bastante bien.

 

Por un lado, tenemos el entramado judicial, que es probablemente lo más interesante del filme. Los dos grandes juicios que articulan la historia son apasionantes porque muestran perfectamente las contradicciones legales de la Francia del siglo XIX respecto a la esclavitud. Conviene recordar que la esclavitud fue abolida durante la Revolución francesa, restaurada posteriormente por Napoleón Bonaparte y abolida definitivamente en 1848. O sea, que la libertad de miles de personas dependía básicamente de los bandazos políticos del momento. Una cosa estupenda para organizar la vida de cualquiera.

 

La película explica muy bien toda esa maraña jurídica sin hacerse pesada. Y eso tiene mérito, porque convertir decretos coloniales y recursos judiciales en algo entretenido no es precisamente sencillo.

 

Pero además está la dimensión humana.

 

Porque seguimos la vida de Furcy durante décadas de sufrimiento, humillación y resistencia. El personaje envejece, se desgasta y prácticamente se convierte en el reflejo de todos aquellos esclavos atrapados en una maquinaria colonial diseñada para triturar personas mientras hablaba de civilización y derechos universales. Ya se sabe: Europa llevaba siglos iluminando el mundo… a latigazos.

 

La película tiene además un reparto francés bastante potente y reconocible dentro del cine galo contemporáneo, lo que le da empaque a toda la producción. Y se agradece que no abuse del tremendismo visual ni de la pornografía del sufrimiento. La violencia está presente constantemente, pero muchas veces se siente más en el ambiente, en las miradas y en la absoluta desesperación burocrática del protagonista que en las escenas explícitas.

 

Eso sí, quizá en algunos momentos le falta un poco más de rabia. A veces la película parece tan elegante y tan académica que uno echa de menos que se descontrole un poco más emocionalmente. Porque la historia de Furcy no deja de ser una barbaridad monumental.

 

Pero aun así, estamos ante una película muy recomendable, muy bien narrada y además bastante aleccionadora sobre cómo los sistemas legales pueden convertirse en armas de opresión perfectamente aceitadas mientras todo el mundo finge que actúa con enorme dignidad institucional.

 

Vamos, más o menos como ahora, pero con pelucas blancas y barcos de esclavos.

 

Mi puntuación: 7,65/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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