Winnipeg, el barco de la esperanza (Animación) – 2026 – Beñat Beitia, Elio Quiroga – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La patera más importante de la historia de España

 

 

Los directores

 

Beñat Beitia y Elio Quiroga codirigen Winnipeg, el barco de la esperanza, una ambiciosa producción de animación que recupera uno de los episodios más emocionantes y menos conocidos del exilio republicano español.

 

Elio Quiroga, además de director, es novelista y guionista, responsable de títulos como Fotos, La hora fría o el documental The Mystery of the King of Kinema.

 

Por su parte, Beñat Beitia ha desarrollado buena parte de su carrera en el ámbito de la animación y la producción audiovisual.

 

Juntos firman una obra que combina rigor histórico, emoción y una notable apuesta estética.

 

 

Premios y nominaciones

 

En el momento de su presentación en Lo Que Viene Tenerife 2026, la película iniciaba un más que probable recorrido por festivales especializados en animación.

 

Ya está confirmado que Winnipeg, el barco de la esperanza ha sido seleccionada para competir en la sección Contrechamp del Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, considerado por muchos la Champions League de la animación mundial. Viendo el resultado, la noticia no sorprende lo más mínimo.

 

 

Cutrecomentario

 

Entre tanta serie, tanta comedia regulera y tanto producto diseñado por algoritmos que parecen haber aprendido cine viendo anuncios de detergente, Winnipeg, el barco de la esperanza fue una de las grandes alegrías de esta edición de Lo Que Viene.

 

Estamos ante una película de animación de una belleza visual extraordinaria.

 

La fotografía —sí, también existe fotografía en animación, aunque algún purista esté ya buscando una antorcha— evoluciona desde tonalidades oscuras y apagadas hacia colores cada vez más luminosos. Un viaje visual que acompaña perfectamente el recorrido emocional de sus protagonistas.

 

Y luego está la música.

 

La banda sonora de Diego Navarro es, sencillamente, magnífica.

 

Embriagadora. Emocionante. Fundamental para que la película alcance muchas de sus mejores secuencias.

 

Durante el coloquio posterior pudimos escuchar algunos fragmentos aislados y la sensación fue la misma: estamos ante uno de esos trabajos musicales que no acompañan la historia, sino que la elevan varios metros por encima de lo que ya era.

 

Desde aquí, una felicitación sincera al compositor tinerfeño.

 

La historia sigue a una niña y a su padre, un sindicalista catalán viudo, que deben abandonar Barcelona en enero de 1939 ante la inminente entrada de las tropas franquistas. A partir de ahí comienza una odisea que incluye la huida por la frontera francesa, el internamiento en campos de concentración y, finalmente, la esperanza representada por el famoso barco fletado gracias a la iniciativa de Pablo Neruda para trasladar refugiados españoles hasta Chile.

 

Uno de los grandes aciertos del filme es que evita idealizar a los exiliados. Aquí no hay santos ni héroes perfectos. Hay personas. Algunas solidarias. Algunas egoístas. Algunas destrozadas por el dolor. Otras violentas, pendencieras o directamente desagradables. Como suele ocurrir en la vida real. El personaje de Julen es quizá el mejor ejemplo de esa complejidad moral que atraviesa toda la película.

 

La narración adopta el punto de vista de la niña protagonista, que contempla un mundo incomprensible lleno de injusticias, hambre, miedo y desarraigo. Y precisamente por eso la película resulta especialmente eficaz. Porque los horrores históricos aparecen filtrados por unos ojos que todavía conservan la capacidad de asombrarse.

 

El único inconveniente es que buena parte de la historia es conocida. Ocurre un poco como cuando se vuelve a ver Titanic. Uno sabe perfectamente cómo va a terminar el viaje. La emoción no nace de la sorpresa, sino de acompañar a los personajes hasta el final del trayecto.

 

Probablemente no sea una película para niños muy pequeños, pero sí debería formar parte de la educación sentimental e histórica de muchos adolescentes. Porque conocer la historia no consiste en quedarse atrapado en ella. Consiste precisamente en comprenderla para no repetirla.

 

Y mientras algunos siguen insistiendo en que lo mejor es olvidar el pasado, películas como Winnipeg, el barco de la esperanza recuerdan algo muy sencillo: los pueblos que olvidan su historia suelen acabar estudiándola de nuevo… pero desde dentro.

 

Una magnífica película de animación, emocionante, hermosa y profundamente humana. De las que salen del cine contigo y te acompañan un buen rato después.

 

Mi puntuación: 8,85/10.

 

 

 

Dirigido por Beñat Beitia y Elio Quiroga:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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