

Cutrecomentario de Ramón:
Saul Goodman se muda a Arma fatal y se encuentra con la Yakuza
Ben Wheatley es uno de esos directores británicos incapaces de aburrirse haciendo siempre la misma película.
En su filmografía conviven propuestas tan peculiares como Kill List, Turistas, High-Rise, Free Fire, Rebecca o Megalodón 2: La fosa.
Capaz de pasar del thriller psicológico al cine de acción más desmadrado sin despeinarse demasiado, lleva años demostrando que la palabra “normal” no suele figurar en su diccionario. (Wikipedia)
La película se presentó en la sección Midnight Madness del Festival Internacional de Cine de Toronto de 2025 y recibió críticas generalmente positivas. (Wikipedia)
Cutrecomentario
Hay algo fascinante en la transformación de Bob Odenkirk en héroe de acción de jubilación activa.
A los 63 años se ha convertido en una especie de primo lejano de John Wick, pero con más pinta de haber venido de hacer la declaración de la renta que de liquidar ejércitos de asesinos. Y funciona.
Lo curioso es que en casi todas estas películas ocurre lo mismo: no busca problemas. Los problemas le encuentran a él. Como cuando sales a comprar el pan y acabas discutiendo con Hacienda, la comunidad de vecinos y un comercial de telefonía en la misma mañana.
Aquí interpreta a un sheriff provisional que llega a Normal, un pequeño pueblo de Minnesota de menos de 2.000 habitantes. Un lugar idílico donde todo el mundo se conoce, los conflictos consisten en pequeñas discusiones en la ferretería o el supermercado y la vida parece transcurrir a velocidad de siesta digestiva.
Le eligen precisamente porque es un tipo conciliador, tranquilo y poco dado a montar follones. Su plan consiste básicamente en no tocar nada, no alterar el ecosistema y disfrutar de una existencia apacible en uno de esos pueblos donde parece que nunca pasa absolutamente nada.
Claro que si una película de acción durase noventa minutos viendo a un sheriff rellenar formularios tampoco vendería demasiadas entradas.
Desde el principio queda claro que hay algo raro detrás de tanta felicidad. Algo relacionado con la Yakuza japonesa. Y hasta aquí puedo leer porque los spoilers son una plaga peor que los mosquitos en verano.
Lo que sí puede decirse es que el bueno de Odenkirk acaba descubriendo que la tranquilidad era una ilusión y que va a tener que desempolvar habilidades que seguramente prefería mantener guardadas.
A partir de ahí llegan los tiros, las explosiones, las bombas, las peleas, la violencia exagerada y todo tipo de barbaridades filmadas con un ritmo que no da demasiado tiempo a pensar. Y casi mejor. Porque la película no pretende revolucionar el cine ni convertirse en objeto de estudio universitario.
Su objetivo es divertir.
Y lo consigue.
Hay algo de Arma fatal, algo de Fargo, algo de Nadie y bastante espíritu de parque de atracciones cinematográfico donde uno se sube, disfruta del viaje y se baja sabiendo perfectamente que probablemente no recordará gran cosa dentro de seis meses.
Pero mientras dura, funciona como un reloj.
No aporta nada nuevo.
No cambiará la historia del cine.
No aparecerá en ninguna lista de las mejores películas de la década.
Pero qué demonios, me lo he pasado estupendamente.
Y a veces eso también cuenta. Mucho más de lo que algunos críticos están dispuestos a admitir.
Mi puntuación: 6,77/10.

Dirigido por Ben Wheatley:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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