

Cutrecomentario de Ramón:
Ha nacido una estrella… y necesita un exorcista
Está claro que 2026 pertenece a Anne Hathaway.
Después de El diablo viste de Prada 2 y La Odisea, llega esta Mother Mary, mientras aún aguardan The End of Oak Street y Verity.
Lo de La princesa por sorpresa 3 tendrá que esperar: hasta una reina de Genovia necesita respirar de vez en cuando.
David Lowery es uno de esos directores imposibles de domesticar.
Puede moverse del romanticismo independiente de En un lugar sin ley a una producción de Disney como Peter y el dragón.
En A Ghost Story convirtió una sábana en una reflexión sobre el duelo y, con El caballero verde, se lanzó a una fantasía medieval tan hermosa como desconcertante.
También ha dirigido The Old Man & the Gun y Peter Pan & Wendy.
Con Mother Mary regresa a su territorio más libre, simbólico y extravagante.
Mother Mary me parece una película subyugante y absolutamente arrebatadora.
Mary, una estrella mundial del pop, prepara su regreso a los escenarios después del grave percance que la obligó a retirarse.
Para esa reaparición necesita un vestido y recurre a Sam Anselm, antigua amiga y diseñadora de vestuario con la que mantiene una relación emocional y creativa llena de heridas mal cerradas.
Lo que comienza como la confección de un traje termina convertido en una catarsis. O en un exorcismo. O en una sesión de psicoanálisis con telas, tijeras, canciones y fantasmas. Posiblemente en todo a la vez.
La película mezcla drama musical, melodrama, trauma psiquiátrico, amistad, deseo, terror sobrenatural y thriller psicológico.
También se adentra en el body horror: el cuerpo de Mary termina convertido en campo de batalla, receptáculo del trauma y materia para una inquietante transformación.
Sobre el papel, semejante cóctel podía haber acabado como una ensalada preparada por alguien con fiebre.
Sin embargo, Lowery consigue que todos esos ingredientes formen parte de una misma experiencia emocional.
Durante buena parte del metraje, la historia funciona como una obra de cámara.
Dos mujeres encerradas en un taller, enfrentándose al vestido, al pasado y a todo aquello que nunca fueron capaces de decirse.
Pero esa teatralidad resulta extraordinariamente cinematográfica.
Los cuerpos, los silencios, la iluminación y el vestuario están colocados con una precisión casi litúrgica.
Después, la película se desborda en imágenes oníricas, coreografías, apariciones y composiciones visuales en las que la postproducción no es un mero adorno, sino parte fundamental del relato.
Hay momentos verdaderamente vibrantes y otros que parecen cuadros religiosos contaminados por un videoclip de pop.
Todo está sostenido por una Anne Hathaway intensísima y absolutamente desbordante.
Canta, baila, llora, se analiza, se rompe y vuelve a reconstruirse delante de la cámara.
Michaela Coel, mucho más contenida, supone el contrapeso perfecto: impide que semejante vendaval interpretativo termine llevándose la película y tres filas de espectadores.
Es comprensible que algunas personas puedan encontrarla pretenciosa, excesiva o directamente irritante.
Mother Mary no conoce la palabra discreción y tampoco parece interesada en aprenderla. A mí, precisamente por eso, me ha fascinado.
Un festín visual, emocional y musical, arriesgado hasta el delirio y destinado a dividir al público.
Para mí, una de las mejores películas del año.
Lástima que probablemente no encuentre todos los espectadores que merece.
Mi puntuación: 9,77/10.

Dirigido por David Lowery:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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