


Cutrecomentario de Ramón:
Miedo y asco en Kazajistán
Pella Kågerman y Hugo Lilja forman un matrimonio y un tándem cinematográfico sueco especializado en futuros poco tranquilizadores.
Debutaron juntos en el largometraje con Aniara (2018), una notable distopía espacial basada en el poema de Harry Martinson.
Lilja había presentado anteriormente el cortometraje The Unliving en la Berlinale, mientras que Kågerman dirigió después Reckless, estrenado en Sundance.
Egghead Republic es su segundo largometraje conjunto y combina la novela satírica de Arno Schmidt con las experiencias de Kågerman trabajando para Vice.
La película ganó el Premio del Público del Festival de Estocolmo de 2025.
También obtuvo cinco nominaciones a los premios Guldbagge de 2026 —película, actriz protagonista, actor secundario, maquillaje y diseño de producción— y Petra Kågerman ganó este último galardón.
El punto de partida tiene mucha pólvora, aunque sea radiactiva.
En una realidad alternativa donde la Guerra Fría nunca ha terminado, una bomba atómica ha convertido parte del Kazajistán soviético en una zona militarizada, aislada y presuntamente poblada por animales mutantes.
Entre ellos, unos centauros radiactivos que ya justifican cualquier viaje, reportaje o baja laboral.
Hasta allí pretende llegar el equipo del sensacionalista Kalamazoo Herald, dirigido por Dino Davis, un magnate de la prensa interpretado por Tyler Labine. Histriónico, manipulador, cocainómano y encantado de explotarlo todo —incluidos sus trabajadores—, recluta a la joven Sonja Schmidt, encarnada por Ella Rae Rappaport.
Sonja es una aspirante a ilustradora que acepta trabajar gratis con la esperanza de publicar sus dibujos.
Su ingenuidad, que en ocasiones roza directamente la estupidez, la convierte en una presa fácil para Dino.
Junto con los operadores de cámara Turan Hiram y Gemma, emprenden una expedición gonzo a la zona prohibida, pertrechados con trajes protectores, contadores Geiger y una irresponsabilidad digna de un máster.
La película debe interpretarse como una sátira y eso permite aceptar sus excesos.
Otra cosa es que el exceso funcione siempre.
La histeria permanente de Dino, la sumisión de Sonja y la competencia enfermiza entre los integrantes del equipo van provocando una descomposición moral que termina contaminando también el relato.
La relación entre la joven y su jefe resulta especialmente desagradable.
Dino es, textualmente, “un asqueroso, misógino, machista y un baboso de mierda”.
El problema no está en que el personaje sea repugnante, sino en que la película insiste tanto en demostrarlo que termina resultando cargante.
Confunde reiteración con profundidad.
Por el camino aparecen ideas interesantes sobre la precariedad laboral, la explotación de los jóvenes, el periodismo sensacionalista y la transformación de cualquier tragedia en contenido comercial.
Las ideas están ahí, pero se desarrollan de manera torpe, irregular y bastante menos incisiva de lo que prometía el planteamiento.
El desenlace pretende ser sorprendente y efectista, pero se queda simplemente en estridente.
Egghead Republic parecía destinada a convertirse en una gamberrada distópica memorable y termina siendo una película cansina, poco entretenida y mucho menos inteligente de lo que cree.
Promete bastante más de lo que ofrece.
Ni siquiera los centauros consiguen rescatarla de la zona de exclusión.
Mi puntuación: 4,45/10.

Ficha: En este enlace.


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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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