
Cutrecomentario de Ramón:
Fama sin pies… ni cabeza
Alerta: spoilers
A fuego tiene buenas intenciones.
Habla del duelo, del suicidio y de una cuestión especialmente compleja: qué podemos hacer cuando alguien necesita ayuda, pero rechaza explícitamente todas las manos que se le tienden.
El problema es que, en cuanto salimos de esos asuntos de fondo, interesantes y delicados, la película empieza a hacer aguas.
La acción se desarrolla principalmente en El Búnker, una antigua fábrica abandonada donde unos jóvenes de la generación Z se reúnen para bailar, organizar fiestas clandestinas y sentirse libres.
La protagonista es Zoe Bonafonte, a quien conocimos en El 47, donde aparecía mucho más aniñada y hasta cantaba. Aquí baila junto a Ruslana, salida de Operación Triunfo 2023 y debutante como actriz.
A mí me encantan el baile y la música en el cine. Pero A fuego no es exactamente un musical, sino una película con escenas de baile.
Y ahí aparece uno de sus grandes problemas.
Estel Díaz filma las coreografías recurriendo continuamente a primeros planos y planos medios. Vemos rostros, torsos y brazos, pero pocas veces contemplamos el cuerpo entero y el movimiento completo de los bailarines.
El musical clásico entendió hace mucho tiempo que el baile necesita planos generales, cuerpos enteros y tomas con suficiente duración. No conviene trocear a los bailarines como si fueran pollos de supermercado.
Aquí, unas coreografías que podían haber sido estupendas quedan convertidas en fragmentos.
La cámara y el montaje pretenden aportar modernidad, pero terminan impidiendo que veamos y disfrutemos realmente del baile.
Incluso dejan la duda de cuánto están bailando los propios intérpretes y cuánto puede esconderse mediante el montaje. No digo que exista trucaje, sino que la puesta en escena permite sospecharlo.
Las interpretaciones del reparto joven me parecen bastante deficientes y poco creíbles. Las situaciones están cogidas con pinzas y el intento de provocar emoción termina cayendo en un sentimentalismo que ni siquiera consigue emocionar.
Zoe Bonafonte, núcleo de la película, es una chica monina, con una sonrisa estupenda, pero aquí llega a poco más.
También se introduce una reivindicación de los espacios autogestionados para uso juvenil. Sin embargo, queda relegada a un segundo plano y acaba desembocando en un mensaje que me parece sorprendentemente conformista, incluso reaccionario: no merece la pena resistir, el local no importa, lo importante somos nosotros.
Pues vaya resistencia.
Las escenas de la intervención policial, con los jóvenes corriendo de un lado para otro, son especialmente penosas. Les falta fuerza, tensión, ritmo y cualquier sensación de peligro. Parecen más bien un desalojo ensayado durante la hora del recreo.
La película tenía asuntos interesantes, un escenario potente y la posibilidad de utilizar el baile como forma de expresar el duelo, la rabia y la culpa.
Pero todo está contado con desgana, poca convicción y escasísimo brío.
Una película desvalida, desganada y muy decepcionante.
A fuego, sí, pero con el gas cortado.
Mi puntuación: 3,22/10.
Después de apagar las luces del Búnker
A fuego es el debut en el largometraje de Estel Díaz, guionista y directora que había trabajado en series como Red Flags y Desaparecido, además de dirigir la segunda unidad de la segunda temporada de Bienvenidos a Edén. Díaz firma el guion junto a Núria Dunjó.
La película se presentó el 1 de agosto de 2026 en el Atlàntida Mallorca Film Fest y llegó a los cines españoles el 21 de agosto, distribuida por A Contracorriente Films.
Zoe Bonafonte fue nominada al Goya a mejor actriz revelación por El 47.
Aquella película obtuvo cinco premios Goya, incluido el de mejor película, compartido ex aequo con La infiltrada.

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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