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Cutrecomentario de Ramón:
Abre los ojos, Alicia: la verdad no cabe en una cuna
Recuerdo perfectamente cuando vi La historia oficial en España en 1986.
No conservaba muchos detalles de su argumento, pero sí la impresión que me produjo. Ahora, al volver a verla, la película ha regresado entera a mi memoria.
En aquellos años todavía no éramos plenamente conscientes de las atrocidades cometidas por la dictadura argentina.
Los miles de desaparecidos.
Las torturas.
Los asesinatos.
Los niños robados y entregados a familias acomodadas.
Hemos ido comprendiendo aquella barbarie a lo largo de las décadas. Hoy la película nos muestra una realidad conocida, pero en su momento fue un auténtico puñetazo.
Al menos, yo lo viví así.
Alicia, interpretada por una enorme Norma Aleandro, es una profesora de Historia perteneciente a una burguesía acomodada que prefiere no hacerse demasiadas preguntas.
Su marido, Roberto, al que da vida un magnífico Héctor Alterio, ha conseguido de manera clandestina la adopción de Gaby.
Seguimos el proceso de transformación de Alicia.
Primero acepta la historia oficial.
Después empieza a observar.
Escucha testimonios, se acerca a las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo y comienza a preguntarse de dónde procede realmente su hija.
Los ojos que abre Alicia son los ojos que Argentina había mantenido cerrados.
Y lo que contempla es una realidad nefasta.
Siempre me ha impresionado que las dictaduras, sus secuaces y sus herederos —como ahora Javier Milei y su Gobierno— intenten negar, relativizar o rebautizar los crímenes cometidos.
Si estabais en posesión de la verdad y exterminasteis a 30.000 argentinos porque pensaban de otra manera o eran vuestros adversarios, ¿por qué no lo reconocéis?
¿Por qué no decís: «Lo hicimos y creemos que fue justo»?
Porque ni siquiera tenéis la valentía de asumir vuestra propia barbarie.
Tapáis los crímenes.
Los escondéis.
Los llamáis excesos.
Inventáis una historia nueva y la bautizáis como memoria completa.
En el fondo, esa obsesión por negar lo sucedido es una confesión de culpabilidad.
Lo mismo ocurre con quienes niegan el exterminio de los judíos perpetrado por la Alemania nazi.
Negar las evidencias significa reinventar la Historia.
¿Y por qué necesitáis reinventarla?
Porque sabéis que lo que hicisteis fue una atrocidad.
Como lo que ocurre ahora con el genocidio del pueblo de Gaza.
La historia oficial conserva toda su vigencia porque demuestra que los países pueden volver a caer en sus peores errores.
Ahora tenemos a Milei cuestionando las atrocidades de la dictadura argentina, relativizando el terrorismo de Estado y, posiblemente, abriendo el camino hacia nuevas formas de represión política.
La película quizá haya perdido parte de la potencia reveladora que tuvo en 1985. Ya conocemos esa realidad y sabemos cómo funcionaba el mecanismo de apropiación de niños.
Pero ha ganado otra dimensión todavía más inquietante.
Nos permite comprobar que la memoria histórica no es una batalla ganada para siempre.
Hay que defenderla continuamente porque siempre aparece algún miserable dispuesto a cambiar los hechos por un relato más cómodo.
Donde la película me convence menos es en la dirección de Luis Puenzo.
La veo algo deficiente, poco brillante y por debajo del material que maneja.
Afortunadamente, la historia es tan potente que termina apoderándose de todo.
Y están sus intérpretes.
Norma Aleandro está maravillosa. Su rostro sostiene la transformación de Alicia, desde la comodidad de no saber hasta el dolor de comprender.
Años después sería también la inolvidable madre de Ricardo Darín en El hijo de la novia.
Héctor Alterio está sublime como ese empresario autoritario, violento y ligado a los beneficiarios de la dictadura.
Compone un personaje situado en las antípodas de un actor que había tenido que exiliarse en España tras recibir amenazas de la extrema derecha argentina.
Roberto representa el declive de la burguesía que apoyó a los militares y que, cuando el régimen comenzó a desmoronarse, salió en desbandada buscando salvar el pellejo.
Una interpretación enorme.
La historia oficial continúa siendo una película muy interesante, no solo por lo que cuenta, sino por recordarnos que la Historia puede escribirse con documentos, testimonios y cadáveres.
O puede redactarla el verdugo.
Una película contra el olvido
El cineasta argentino Luis Puenzo (1946-2026) dirigió y coescribió La historia oficial junto a Aída Bortnik.
Su filmografía incluye Gringo viejo, con Gregory Peck y Jane Fonda; la adaptación de La peste, de Albert Camus, y La puta y la ballena.
La película se estrenó en Argentina el 3 de abril de 1985 y se presentó en Madrid durante la Semana del Cine Argentino de octubre de ese mismo año; su estreno comercial español llegó a comienzos de 1986.
La historia oficial ganó el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, convirtiéndose en la primera producción latinoamericana que obtenía ese galardón.
Norma Aleandro recibió además el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes de 1985.
Mi puntuación: 7,48/10.
Dirigido por Luis Puenzo:
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Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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