Los olvidados – 1950 – Luis Buñuel – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

 

 

 

 

Ramón junto a Marlon Brando, Monica Bellucci, Humphrey Bogart, Marilyn Monroe, Grace Kelly, Gal Gadot y Cary Grant

 

 

Cartel de Los olvidados, de Luis Buñuel

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Buñuel no reparte consuelo

 

Cada vez que veo una película de Buñuel, me convenzo un poco más de que es uno de los grandes directores de la historia del cine.

 

Esta producción mexicana se mueve en el territorio del neorrealismo. La descripción de la marginación y la pobreza es desgarradora.

 

Pero Buñuel no siente piedad por sus personajes. Tampoco se compadece de ellos. Solo en alguna escena concreta asoma cierta ternura.

 

Si estos niños despiertan sentimientos en mí, es por la situación social en la que viven, no por su personalidad.

 

La película es pesimista, desesperanzadora. Y Buñuel no renuncia a los elementos surrealistas, tan suyos y tan importantes para reconocerlo como autor.

 

Las gallinas que tanto le gustaban están muy presentes.

 

Impresiona Miguel Inclán como Don Carmelo, el ciego: un personaje siniestro que despierta compasión cuando es víctima y repugnancia cuando abusa de los demás.

 

También hay figuras positivas, como el director de la granja escuela, interpretado por Francisco Jambrina. Y está el pobre Pedro (Alfonso Mejía), víctima del abuso y de la mala influencia de Julián (Javier Amezcua), un auténtico malvado.

 

Realismo social sin contemplaciones, sin moralina y sin piedad.

 

Buñuel puro y duro.

 

La obra maestra de un genio.

 

Sobre Buñuel y la película

 

Luis Buñuel ya había dirigido Un perro andaluz y La edad de oro, y después firmaría títulos como Viridiana, El ángel exterminador y El discreto encanto de la burguesía.

 

Por Los olvidados recibió el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes de 1951.

 

El negativo original de la película ingresó en el Registro Internacional Memoria del Mundo de la UNESCO en 2003.

 

Mi puntuación: 10/10. Una obra maestra.

 

 

Fotograma de Los olvidados: un grupo de vecinos y niños rodea a un músico callejero

 

 

Dirigido por Luis Buñuel:

Retrato de Luis Buñuel

 

 

Ficha: En este enlace.

 



Los olvidados: la infancia al borde del abismo

 

Buñuel convirtió un encargo sobre los niños pobres de México en una película sin consuelo, donde el realismo de la calle se quiebra con pesadillas surrealistas.

 

Fotograma de Los olvidados
Un fotograma de la película: dos muchachos en el taller. Imagen difundida por el Museum of Modern Art (MoMA).



La ciudad que no salía en los folletos

 

En 1950, Luis Buñuel filmó en Ciudad de México una película que se negaba a mirar hacia otro lado.

 

Los olvidados sigue a un grupo de niños y adolescentes que intenta sobrevivir en barrios pobres, entre la violencia, el abandono y unas instituciones incapaces de ofrecerles una salida.

 

Pedro, Jaibo, Ojitos, Meche y el ciego don Carmelo no forman una galería de estampas ejemplares: son criaturas contradictorias, a veces crueles, casi siempre atrapadas por un entorno que ya ha empezado a decidir por ellas.

 

La película llegó en un momento en que México se presentaba como un país moderno y en transformación.

 

Buñuel enfocó el reverso de esa imagen: los suburbios que crecían al ritmo de la ciudad y la infancia condenada a arreglárselas sola.

 

No convierte la pobreza en una virtud ni a sus protagonistas en angelitos.

 

La compasión fácil queda fuera de campo.

 

Lo que aparece es más áspero: una sociedad que abandona a los niños y después se escandaliza cuando estos aprenden a defenderse con violencia.

 

 

Un exiliado que volvía a encontrar su sitio

 

Buñuel llevaba años lejos de España.

 

Tras la Guerra Civil pasó por Francia y Estados Unidos; en 1946 se instaló en México, donde empezó una etapa profesional irregular.

 

Gran Casino, su primera película mexicana, fue un fracaso comercial.

 

El gran calavera (1949), en cambio, funcionó mejor y le dio margen para proponer un proyecto menos convencional.

 

Para entonces ya había realizado Un perro andaluz y La edad de oro, pero su carrera no avanzaba como la de un autor consagrado: trabajaba dentro de una industria que le exigía películas capaces de llegar al público.

 

El productor Óscar Dancigers le planteó una historia sobre los niños pobres de México.

 

Buñuel aceptó la premisa y la transformó a su manera.

 

La documentación fue prolongada: el registro de la UNESCO señala que dedicó dos años a investigar y elaborar el guion, además de convencer al productor para que aceptara su libertad estética e ideológica.

 

El resultado no es un reportaje disfrazado de ficción, sino una narración construida con observación social, imaginación y una mirada que nunca se vuelve complaciente.

 

El guion lo firmaron Buñuel y Luis Alcoriza.

 

La fotografía de Gabriel Figueroa —maestro de la luz y del paisaje mexicano— da a las calles y los solares una textura cruda, sin embellecerlos.

 

En el reparto, Alfonso Mejía interpreta a Pedro y Roberto Cobo a Jaibo; Estela Inda es la madre de Pedro, Miguel Inclán encarna a don Carmelo y el pequeño Mario Ramírez da vida a Ojitos.

 

La mezcla de intérpretes jóvenes y adultos sostiene un mundo que parece observado de cerca, no ordenado desde una distancia moral.

 

 

Fotograma de Los olvidados
Fotograma de Los olvidados. Imagen difundida por el Festival de Cannes.

 

 

Rodar deprisa, mirar de frente

 

La película se filmó en escenarios reales de los barrios pobres de la capital.

 

Un estudio académico sobre su producción cifra el rodaje en 24 días, un calendario breve para una obra de esta ambición.

 

Buñuel no convirtió esos espacios en decorado pintoresco: los callejones, las construcciones a medio hacer y los solares vacíos forman parte del drama.

 

La ciudad no es un fondo neutro, sino una fuerza que estrecha las opciones de los personajes.

 

 

Fotograma de Los olvidados

Escena de calle con los muchachos y don Carmelo. Imagen: Instituto Cervantes de Tokio.

 

 

La dureza de la puesta en escena convive con irrupciones inequívocamente buñuelianas.

 

En el sueño de Pedro, la lógica cotidiana se suspende y las imágenes adquieren una intensidad casi física.

 

El surrealismo no aparece como adorno ni como fuga de la realidad: permite entrar en los miedos, deseos y resentimientos que los personajes no saben explicar.

 

La película avanza entre la calle y la pesadilla sin pedir permiso para cambiar de registro.

 

También las gallinas —animales recurrentes en el imaginario de Buñuel— aparecen en momentos cargados de inquietud.

 

Y el final, desolador, no ofrece una moraleja reparadora.

 

Hay, además, una curiosidad de archivo: se rodó en secreto un final alternativo, mucho más convencional, en el que Pedro logra regresar al reformatorio y Jaibo muere durante una pelea.

 

Esa versión, que suavizaba el destino del protagonista, se descubrió décadas después entre los materiales conservados.

 

No está claro quién decidió filmarla; lo que sí sabemos es que la versión estrenada mantuvo el golpe seco que Buñuel quería dar.

 

 

Fotograma de Los olvidados

Los muchachos juegan con un aro. Imagen: Cinémathèque québécoise.

 

 

El rechazo de casa y el reconocimiento de fuera

 

El estreno mexicano tuvo lugar en noviembre de 1950 y provocó una reacción hostil entre sectores de la prensa y de la sociedad.

 

La película fue acusada de ofrecer una imagen injusta del país; su paso inicial por las salas fue muy breve.

 

Las fuentes no coinciden en si permaneció tres días o cerca de una semana, por lo que conviene hablar de una retirada temprana, no fijar una cifra como si estuviera fuera de discusión.

 

En 1951, Buñuel llevó la película al Festival de Cannes.

 

El apoyo del poeta Octavio Paz ayudó a defenderla frente a las objeciones oficiales mexicanas, y el certamen le concedió a Buñuel el premio a la mejor dirección, además del reconocimiento de la crítica internacional.

 

En los premios Ariel de México, Los olvidados obtuvo once galardones, entre ellos película y dirección.

 

El éxito exterior cambió su recepción y permitió que regresara a las salas mexicanas.

 

 

Fotograma de Los olvidados

Pedro y sus compañeros en un solar de la periferia. Imagen: Festival Internacional de Cine de Morelia.

 

 

En España, la censura franquista retrasó su estreno hasta el 14 de septiembre de 1964, según el catálogo del ICAA.

 

La distancia entre el rodaje y su llegada a las pantallas españolas añade otra capa a la historia de una película que incomodó a ambos lados del Atlántico, aunque por motivos distintos.

 

En 2003, el negativo original ingresó en el Registro Internacional Memoria del Mundo de la UNESCO, custodiado por la Filmoteca de la UNAM.

 

No es una medalla decorativa: reconoce el valor documental de una ficción que retrata, sin concesiones, la infancia marginada en una gran ciudad.

 

 

Una película que no concede absoluciones

 

Lo que permanece no es solo la denuncia de la miseria, sino la negativa de Buñuel a simplificarla.

 

Sus personajes no son víctimas puras ni villanos de opereta; tampoco el espectador sale con la cómoda sensación de haber comprendido y resuelto el problema.

 

La película nos obliga a mirar cómo la violencia se aprende, cómo la pobreza reduce el horizonte y cómo la sociedad aparta de su vista a quienes no encajan en su relato de progreso.

 

Los olvidados pertenece a su tiempo —a la Ciudad de México de mediados del siglo XX y al exilio del propio Buñuel—, pero no se deja encerrar en él.

 

Su realismo es demasiado áspero para ser postal y su surrealismo demasiado preciso para ser escapatoria.

 

Setenta y seis años después, la película sigue preguntando quiénes son los olvidados y qué hacemos los demás para no tener que verlos.

 

 

 

Fuentes para la revisión

 

• Festival Internacional de Cine de Morelia, fotograma. Consultar fuente

 

• Cinémathèque québécoise, fotograma de Los olvidados. Consultar fuente

 

• Instituto Cervantes de Tokio, ficha de proyección y fotograma. Consultar fuente

 

• Festival de Cannes, galería de Los olvidados. Consultar fuente

 

• IMDb, curiosidades de la película (enlace aportado por el autor; algunos datos no se consultan directamente desde aquí). Consultar fuente

 

• Sistema de Información Cultural de México, ficha de producción. Consultar fuente

 

• UNESCO, negativo original de Los olvidados y hallazgo del final alternativo. Consultar fuente

 

• Festival de Cannes, ficha y premios. Consultar fuente

 

• Filmoteca de la UNAM / FIAF, ficha técnica y premios Ariel. Consultar fuente

 

• ICAA, catálogo oficial de películas: fecha del estreno en España. Consultar fuente

 

• J. Jones, “Los olvidados and the Documentary Mode”, artículo académico; datos de producción y recepción. Consultar fuente

 

• MoMA, ficha de la película y fotograma utilizado. Consultar fuente




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Muchos besos y muchas gracias.

 

¡Nos vemos en el cine!

 

 

Despedida de holasoyramon.com

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 
 

 

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