

Cutrecomentario de Ramón:
Secuestro, cable y mucho señor estadounidense convencido de que él solito arregla el mundo
Vamos con Gus Van Sant, que no necesita demasiadas presentaciones.
El director de Mi Idaho privado, Todo por un sueño, El indomable Will Hunting, Elephant, Paranoid Park o Milk lleva décadas moviéndose entre el cine más indie, el retrato incómodo y alguna incursión más convencional.
Aquí vuelve con una historia real de esas que solo podían pasar en Estados Unidos, país donde a veces la mediación social parece menos popular que una escopeta bien cargada.
Según la ficha de FilmAffinity, la película figura en España como Prime Crime: A True Story, aunque su título original es Dead Man’s Wire.
Cutrecomentario:
Prime Crime: A True Story parte de un hecho real bastante tremendo: el caso de Tony Kiritsis, que en 1977 secuestró al hijo de un empresario inmobiliario y le colocó al cuello un mecanismo letal conectado a una escopeta. O sea, el título no iba de ponerse poético: iba literalmente de que cualquier mal movimiento podía mandar todo al garete de la forma más salvaje posible. La película recrea ese secuestro y el circo mediático que se montó alrededor.
Lo curioso es que la película se mueve entre el drama y una especie de comedia raruna, incómoda, casi absurda por momentos. Y eso le da un aire muy particular. Porque lo que cuenta es terrible, pero está narrado de una manera que deja espacio para lo grotesco, para lo estrafalario y para esa sensación tan norteamericana de “a mí me han agraviado y ya me ocupo yo personalmente del asunto, sin necesidad de sindicatos, plataformas ni cosas colectivas”. Individualismo a granel, con consecuencias bastante peores que escribir una queja en atención al cliente.
Los actores están bien, aunque no siempre parecen del todo ajustados al tono. Pero hay que reconocer que Al Pacino aparece en modo Al Pacino desatado, que al final es un subgénero propio. Interpreta al padre del rehén, un tipo de esos que no van a pedir perdón ni aunque se hunda el edificio, ni aunque la vida de su hijo esté pendiendo de un cable, nunca mejor dicho. Y esa desmesura, la verdad, tiene su gracia.
La película resulta curiosa, interesante a ratos, y con un punto de crítica social bastante evidente. De fondo está esa América donde el agravio personal se convierte en espectáculo nacional y donde la televisión, la policía y el secuestrador acaban formando una función bastante disparatada. Además, varias críticas han señalado justo eso: que Van Sant construye la película como un homenaje al cine americano de los setenta, con ecos de Tarde de perros y de ese cine nervioso y mugriento de otra época.
Ahora bien, también da la impresión de que le sobra algo de metraje. Seguramente esta historia, más apretada y más breve, habría entrado mejor. Y esas imágenes finales en los créditos, subrayando que todo ocurrió de verdad, a mí me sacan un poco. Como si la peli no se fiara del todo de sí misma y necesitara rematar con el clásico “eh, que esto pasó de verdad, no me lo he inventado”. Pues vale, gracias.
En conjunto, una película curiosa, con un caso real potentísimo, tonos un poco descompensados y un Gus Van Sant que sigue teniendo oficio, aunque da la sensación de que lleva tiempo sin dar una de esas películas que te dejan temblando de verdad.
Ésta se ve con interés, tiene momentos buenos y deja poso, pero no acaba de ser redonda. Vamos, que no está mal, pero tampoco como para tirar cohetes. Ni cables.
Mi puntuación: 5,55/10.
“Dead Man’s Wire” se traduce literalmente como “el cable de un hombre muerto”, pero no es una frase cualquiera ni algo poético: viene de este caso real bastante turbio.
Hace referencia al suceso de 1977 protagonizado por Tony Kiritsis, un tipo que secuestró a su banquero y le ató una escopeta al cuello con un cable. La gracia macabra del invento era que, si alguien intentaba liberarlo o el propio rehén se movía demasiado, el cable accionaba el arma. Es decir, una especie de trampa mortal automática.
A partir de ahí, la expresión se usa en sentido figurado para describir situaciones de tensión extrema en las que cualquier movimiento puede desencadenar una catástrofe.
Vamos, ese momento en el que sabes que cualquier paso en falso lo puede liar todo muchísimo… pero sin necesidad de escopetas, a ser posible. “Dead Man’s Wire”.

Dirigido por Gus Van Sant:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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