Liborio – 2021 – Nino Martínez Sosa – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El profeta del huracán

 

Nino Martínez Sosa es un cineasta dominicano formado también como montador.

 

Liborio fue su debut en el largometraje y se estrenó mundialmente en el Festival de Rotterdam 2021, dentro de la Tiger Competition.

 

Antes de dirigir, trabajó en montaje y colaboró con Jaime Rosales en películas como Las horas del día, La soledad, Tiro en la cabeza y Sueño y silencio. Vamos, que debutante sí, pero recién bajado del guindo, no. 

 

Liborio también compitió en el Festival de Göteborg y ha circulado por espacios internacionales como New Directors/New Films.

 

En el FCAT 2026 aparece dentro de la retrospectiva “Islas”, dedicada a los territorios insulares africanos y afrodescendientes. 

 

La película recupera la figura de Olivorio Mateo Ledesma, conocido como Papá Liborio, campesino dominicano convertido en líder religioso y mesiánico a comienzos del siglo XX.

 

La historia arranca con su desaparición durante un huracán y su regreso como profeta, sanador y guía de una comunidad que se refugia en las montañas buscando vivir al margen del poder establecido.

 

Todo se complica, claro, cuando aparecen los marines estadounidenses con esa delicadeza imperial tan suya: “venimos a poner orden”, frase que históricamente suele significar “agáchense que repartimos”. 

 

Lo más interesante de Liborio es su estructura coral. Nino Martínez Sosa no cuenta la historia desde un único punto de vista, sino que la va construyendo a través de varias miradas: el propio Liborio, su seguidora y compañera, el joven que se une a la causa, el capitán estadounidense que pretende acabar con el grupo, la joven que contempla el desastre y ese niño salvado por Liborio, que lo mira casi como a una figura milagrosa.

 

Ese cambio de perspectivas es lo que da más fuerza a una película que mezcla campesinado caribeño, espiritualidad popular, cristianismo, secta, resistencia comunitaria y represión colonial.

 

La película se desenvuelve bien, con un tono sobrio y una atmósfera muy pegada a la tierra, al barro, al monte y a esa mezcla de fe, hambre y dignidad que empuja a los personajes.

 

Y al fondo aparece lo de siempre: el poder aplastando a cualquiera que se salga un poco del carril. Porque el opresor, sea local o importado, tiene una alergia tremenda a la gente que decide organizarse por su cuenta.

 

Liborio funciona como relato histórico, como drama espiritual y como denuncia de esa intolerancia que siempre encuentra uniforme, bandera o excusa para justificarse.

 

No es una película fácil ni complaciente, pero sí una obra sólida, singular y con una mirada muy interesante sobre la memoria afrocaribeña.

 

Mi puntuación: 6,65/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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