Tebeos – Historietas basadas en hechos reales, según mis recuerdos

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La vida de los niños de los sesenta está llena de tebeos.

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Los devorábamos con avidez. Eran junto al cine las grandes evasiones.

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El nacionalcatolicismo pesaba como una losa sobre todos nosotros, aunque, tal vez, no éramos conscientes.

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Yo iba a misa diaria en los escolapios. En casa se rezaba el rosario. El pecado estaba por todas partes y lo impregnaba todo. Y la amenaza del infierno era perpetua.

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Una infancia en blanco y negro, que los tebeos nos alegraban.

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Siempre he agradecido mucho el humor, me encantan los chistes y la comedia. De hecho este blog comenzó en 2009 como una página de chistes.

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Los tebeos estaban repletos de buen humor con estupendos y graciosos personajes: Rompetechos, El Botones Sacarino, Anacleto, agente secreto,  Zipi y Zape, Las hermanas Gilda, Superlópez, Carpanta, Pepe Gotera y Otilio, La familia Cebolleta, Pumby (el Gatito Feliz)… y, por supuesto, Mortadelo y Filemón.

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También los había de aventuras, como el Capitán Trueno y El Jabato.

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En aquella época lo habitual era cambiar los tebeos en las tiendas.

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Ibas con tus tebeos leídos y los cambiabas por otros de un gran montón, que no habías visto, pagando una muy pequeña cantidad.

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Si un tebeo valía tres o cinco pesetas, cambiarlo solo costaba cincuenta céntimos.

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Pero mi madre me tenía prohibidísimo cambiar tebeos. Decía que se trasmitía la tuberculosis. Cuestión totalmente falsa.

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Yo hacía estos intercambios clandestinamente. Los ocultaba en la cartera y los leía a escondidas.

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También me proveía de mi vecino Ricardo, más mayor que yo, que me dejaba, sobre todo, los de El Capitán Trueno, del que era un gran seguidor.

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Descubrí pronto a Asterix, que me ha acompañado toda la vida. Aún los sigo coleccionando.

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En la calle San Blas esquina con César Augusto estaba la tienda de Angelita. Allí vendía chucherías, que entonces no se llamaban así, revistas y Montaplex y se cambiaban tebeos.

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Yo también leía Fotogramas, calculo que desde los ocho años, en la tienda de Angelita los podía cambiar. Entonces era una revista quincenal y la leías atemporalmente. Daba igual que su publicación fuera de un año o de dos meses.

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En frente de mi casa había una tiendecilla (“El Tío Miserias“) donde vendían algunos artículos de papelería y el TBO, pero no Pulgarcito, ni Din-Dan, ni Tío Vivo, ni DDT, solo el TBO.

Mi madre me lo solía comprar.

Tenía un aire muy antiguo, pero a mí me gustaba, sobre todo por Los grandes inventos de TBO, que eran fascinantes.

Lo regentaba un abuelo muy delgaducho, con un ridículo bigotito, siempre muy malhumorado. A mí me daba miedo.

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A mi hermana Pili le gustaban los tebeos de Pumby (y a mí también) y nos pulimos 25 pesetas en una modesta colección, pero había un montón. Cuando nos presentamos en casa con ella, Clarita nos echó una tremenda bronca por habernos gastado semejante dineral.

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¡Cuánto tengo que agradecer a los tebeos que hicieron mi infancia mucho más feliz!

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Muchos besos y muchas gracias.

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

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4 Comentarios to “Tebeos – Historietas basadas en hechos reales, según mis recuerdos”

  1. Quién era Pumbi???
    No lo recuerdo en absoluto. Quizás un muñeco cabezón de color azul ????
    Pero sí, por supuesto al “Tío Miserias”, creo que se llamaba Nicolás, aunque ahora me parece un nombre inventando. Le llamábamos así porque era racano, muy racano
    En la tienda le ayudaban los nietos. El hijo era carpintero.
    Tampoco llegué a conocer la tienda de Angelita, o sí… lo tengo borrado.
    Mi regalo más preciado de los Reyes de mi infancia fue un súper libro de Mortadelo y Filemón que creo aún conservo.
    Era una pasada leer esas aventuras… nos llevaban a otra vida en colores.
    Es curioso… hace años coincidí con Francisco Javier Falo (Francis), el hijo pequeño de la eterna viuda Mª Luisa. Vivian en la C/ Pignatelli, eran cinco hermanos, aunque el segundo (el más guapo), falleció de cáncer siendo muy joven. Le recuerdo jugar al baloncesto en Escolapios. Sus hermanos le pasaban la pelota, y él, ya con una pierna menos tiraba a canasta… pero me despisto… el caso es que Francis me contó que recordaba su infancia en “blanco y negro”, y a mí también me pasa.
    Pero además de los TBOS recuerdo una colección de libros juveniles…. “Un yanki en la Corte del Rey Arturo”, “Robinsoe Crouse”, “Veinte mi leguas de viaje submarino”… y muchos otros más
    Ahora siento habernos desprendido de ellos
    Gracias hermano por agitar mis recuerdos.
    Te quiero, y mucho

  2. Ana Cris Bernadó says:

    Mis recuerdos también son en blanco y negro, a pesar de que el gordísimo álbum de fotos familiar me recuerda que fue una infancia feliz y a todo color. Los Rryes nos traían juguetes pedidos y muchas cositas que no pedíamos pero que ese día hacían especial ilusión, lapiceros, pinturas, gomas de borrar que olían muy bien. Los TBOS los íbamos coleccionando cada semana, Mortadelos y Lilys. Y cuando los Reyes acompañaron los juguetes con libros, especial recuerdo para Mujercitas, la cosa adquirió tintes interesantísimos.

  3. Ramón says:

    Muchas gracias por tu comentario. Muchos besos.

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