

M, el vampiro de Düsseldorf (1931): el crimen como espejo roto de una sociedad
1) Fritz Lang: biografía extensa
Un tipo nacido para filmar el miedo moderno
Fritz Lang (Viena, 1890 – 1976) es de esos directores que no “tienen estilo”: tienen una visión del mundo, bastante poco optimista, por cierto.
En la República de Weimar se convierte en figura clave (expresionismo, thriller social, épica), y tras el ascenso nazi se marcha y rehace su carrera en Hollywood.
Lo importante: Lang entiende antes que muchos que el siglo XX iba a ser el siglo de la masa, la vigilancia, la culpa, el crimen urbano y las instituciones jugando al “yo te protejo” mientras te pisan el cuello.
Ese pack está ya en su cine alemán, y en M, el vampiro de Düsseldorf explota como una granada con silbido.
Su etapa alemana: cuando Weimar está a punto de romperse
Antes de M, el vampiro de Düsseldorf, Lang ya había demostrado dos cosas:
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Que podía hacer cine “a lo grande” (producciones enormes, arquitectura, multitudes).
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Que podía convertir una historia en una máquina moral: no te da respuestas, te da dilemas.
En Alemania firma títulos esenciales como Metrópolis (1927) y otros trabajos de fuerte peso simbólico y social.
Thea von Harbou: la coautora incómoda
El guion de M, el vampiro de Düsseldorf lo firman Fritz Lang y Thea von Harbou, su esposa por entonces.
Y aquí viene el punto histórico que siempre hay que explicar sin postureo: von Harbou terminó alineándose con el nazismo (se afilió al partido) y se quedó en Alemania, mientras Lang se fue.
Es un contraste brutal que, sin convertirlo en culebrón, ayuda a entender el clima político y personal alrededor de la obra.
El salto a Hollywood: el mismo pesimismo, pero con sombrero
En EE. UU. Lang encuentra un terreno perfecto para lo suyo: el crimen como sistema, la corrupción, la justicia que llega tarde.
Un ejemplo canónico: Los sobornados (1953), cine negro en vena, seco y cabreado. (Y en España se titula justo así: Los sobornados.)
¿Qué define a Lang como director?
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La ciudad como personaje: calles, escaleras, sótanos, oficinas… la sociedad entera “respira” en plano.
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La culpa como motor: nadie sale limpio.
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Ritmo quirúrgico: corta lo decorativo; se queda con lo que hace daño.
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Moral sin manual: te obliga a pensar, aunque te fastidie.
Y por eso M, el vampiro de Düsseldorf no es solo “una peli de un asesino”: es un diagnóstico social.
2) La película: ficha esencial y contexto de producción
Inspiración “real”
La película se alimenta del pánico social de la época ante asesinos de niños (en especial el caso de Düsseldorf, muy presente en la imaginación pública). Se menciona como “basada en una historia real / inspirada en hechos reales”.
3) Repercusión y críticas en su momento
Recepción crítica: hubo quien vio el misil, y quien solo oyó el ruido
Una prueba buena (y primaria) es la reseña de Variety: califica la película como extraordinaria, fuerte, impresionante, y destaca el trabajo de Lang y de von Harbou.
O sea: no era una peli “de nicho” que luego se canonizó por accidente.
Ya en su época hubo crítica que la olió como algo mayor.
Repercusión social: el tema era dinamita
La película mete en primer plano:
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asesinatos de niños,
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miedo colectivo,
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sospecha generalizada,
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y un submundo criminal “organizado”.
En 1931 eso no era “true crime para merendar”: era un espejo muy feo.
4) Taquilla: lo que se puede decir sin inventar cifras de 1931
Aquí hay que ser serios: las cifras de taquilla de 1931 no están estandarizadas como hoy, y no he encontrado un dato único, sólido y ampliamente aceptado (en plan “hizo X marcos y listo”).
Lo que sí puedo afirmar con apoyo fuerte:
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Se describe como el mayor éxito internacional de Lang y una de sus obras favoritas.
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Eso sugiere impacto y circulación internacional muy considerable.
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Las cifras que aparecen en bases modernas tipo Box Office Mojo / The Numbers (unos 35.566 $) corresponden a re-estrenos limitados modernos (por ejemplo en EE. UU.), no a la taquilla original de 1931.
Traducción: taquilla histórica exacta, no te la voy a inventar; éxito e importancia internacional, sí está bien documentado.
5) ¿Hay crítica al nazismo dentro de la película?
Aquí conviene afinar: M, el vampiro de Düsseldorf no es una película “anti-nazi” explícita con brazaletes en plano.
Es peor (para los totalitarismos): es una película sobre cómo una sociedad asustada se vuelve peligrosa.
La lectura política (que tiene mucho sentido)
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Histeria colectiva: la ciudad entra en pánico y exige “soluciones”.
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Vigilancia + sospecha: cualquiera puede ser culpable.
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Justicia paralela: aparece la tentación del “arreglo rápido”, el tribunal improvisado, el castigo sin garantías.
Eso conecta con lo que vendría: la facilidad con la que una comunidad con miedo compra discursos autoritarios.
Además, hay un dato historiográfico muy citado: el proyecto tuvo como título de trabajo algo parecido a “Murderers Among Us” (asesinos entre nosotros). Criterion recuerda ese título y lo liga al final moral de la película (el “vigilad a vuestros hijos”).
Y hay fuentes secundarias que mencionan que ese título molestó a los nazis; no es el pilar del artículo, pero refuerza la atmósfera política que rodeó al film.
Tras M, Lang se fue alejando del clima político alemán y acabó emigrando para escapar del nazismo.
6) Innovación formal: sonido, silencios y el “procedimental” antes del procedimental
El sonido como herramienta narrativa (no como “mira mamá, ahora hablan”)
Subrayar algo clave: el film destaca por usar sonido fuera de campo y recursos sonoros para aumentar el horror.
Y es que Lang hace magia con tres cosas:
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El leitmotiv silbado (hipnótico, reconocible).
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Los sonidos de la ciudad (sirenas, pasos, murmullos) como psicosis colectiva.
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Los silencios: cuando calla, no descansa; aprieta.
Procedimental + caza humana
BFI y otras fuentes lo colocan como plantilla fundacional del cine de asesinos en serie y del thriller procedimental.
Y lo más brillante: la investigación policial avanza, pero también avanza la del hampa; y el montaje los iguala como si dijera: “mismos métodos, distinto uniforme”.
7) Importancia en la historia del cine
Aquí no hay discusión: M, el vampiro de Düsseldorf está en el ADN del thriller moderno.
BFI la llama directamente “plano/plantilla” del cine de asesinos en serie y explica por qué: aquí ya están el depredador, el miedo urbano, la caza, el debate moral sobre responsabilidad y control.
BFI también la presenta como el primer sonoro de Lang, “tenso” y con un Peter Lorre animalístico, y la coloca como obra seminal.
Y Britannica la señala como película famosa por su iluminación y su uso de sonido fuera de plano.
Vamos, que sin esta peli:
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el noir sería distinto,
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el thriller urbano sería distinto,
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y medio catálogo de “serial killer cinema” tendría que ir a llorar a un portal.
Cutrecomentario de Ramón:
La caza del depredador
M, el vampiro de Düsseldorf sigue siendo una barbaridad.
Y lo más humillante para el cine moderno es que es de 1931, o sea, que no tiene excusa tecnológica: gana por inteligencia.
Empieza como un procedimental policial casi “clásico”: ciudad en alerta, policía presionada, pistas, batidas, sensación de que el orden se resquebraja.
Pero Lang no se queda en el “¿quién lo hizo?”; hace algo mucho más incómodo: te lleva a un terreno donde el crimen no es solo crimen, sino un problema social, moral y casi clínico.
Porque la película, sin ponerse pedante, te plantea cuestiones gordísimas:
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¿Hasta qué punto alguien con impulso homicida decide?
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¿Qué hacemos con la responsabilidad cuando hay compulsión?
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¿Qué significa imputabilidad en un contexto de horror?
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¿Qué es justicia y qué es simple venganza con corbata?
Y mientras tú estás con tu “yo es que a este lo…”, la película te mete la otra parte: las víctimas, el miedo cotidiano, la paranoia social, y cómo una comunidad puede acabar actuando peor que el monstruo si decide saltarse las reglas porque “la causa lo merece”.
Dirigida con una precisión tremenda, con diálogos justos (no hay cháchara de relleno), con un uso del sonido que es medio guion y medio psicología, y con silencios que pesan como una sentencia.
No es solo una obra maestra del thriller: es una obra maestra del “mira lo que somos cuando nos asustamos”.
Y lo mejor/peor: te deja pensando.
Que para una peli de caza de asesinos… es el golpe final.
En resumen: planos inolvidables, una lección de lenguaje cinematográfico, y un retrato tremendo de cómo una ciudad puede perder la cabeza.
Y sí: un acierto total que la programara la Asociación Amigos del Cine de Azuqueca.
Porque esto no es “cine clásico”: esto es cine que sigue dando collejas.
Mi puntuación: 10/10.

Dirigido por Fritz Lang:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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