La buena hija – 2025 – Júlia de Paz – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando papá es un manual de toxicidad con patas

 

La directora Júlia de Paz es una cineasta catalana que ya había llamado la atención con su primer largometraje, Ama (2021), un drama social muy seco y contundente sobre la maternidad precaria que pasó por festivales como Rotterdam y Málaga y que consolidó su mirada hacia personajes femeninos en situaciones límite.

 

Antes había dirigido varios cortometrajes, entre ellos Harta (2020), donde ya exploraba temas de violencia y vulnerabilidad.

 

Con La buena hija (2025) vuelve a ese territorio incómodo: el de las relaciones familiares rotas y las dinámicas de poder dentro del hogar.

 

 

Cutrecomentario

 

La buena hija cuenta una historia que, por desgracia, no suena a ciencia ficción.

 

La película nos coloca en la cabeza de una niña de doce años, interpretada por Kiara Arancibia, que observa cómo el matrimonio de sus padres se desmorona.

 

Y lo vemos todo desde su punto de vista, que es una idea narrativa bastante inteligente, porque cuando uno es niño muchas cosas parecen confusas… hasta que dejan de serlo.

 

El padre está interpretado por Julián Villagrán, y el personaje es de esos que cuando aparece en pantalla ya te dan ganas de esconder la cartera. Un tipo tóxico, manipulador, de esos que parecen simpáticos cinco minutos pero que en realidad son un manual de maltrato emocional con patas.

 

Villagrán, además, está estupendo: consigue que el personaje resulte inquietante sin necesidad de sobreactuar.

 

La madre, interpretada por Janet Novás, se mueve en un terreno más contenido, intentando sostener una situación que se le va escapando de las manos.

 

Y luego aparece Petra Martínez, que directamente se come la película cada vez que sale. Tiene ese talento raro de actriz veterana que entra en plano y automáticamente sube el nivel de todo.

 

La película avanza poco a poco, mostrando cómo ese padre que a ratos parece convincente —sobre todo para su propia hija— va dejando ver su verdadera cara.

 

Ese proceso de desenmascaramiento está contado con bastante cuidado: la niña tarda en entender lo que ocurre, pero el espectador lo va viendo venir desde antes.

 

Es decir, la tensión está en cuándo se va a romper el espejismo.

 

El gran acierto de la película es precisamente ese punto de vista infantil.

 

La cámara y la narración se colocan al lado de la niña, y eso convierte lo que podría haber sido un drama familiar más en algo bastante más incómodo y cercano.

 

Porque todos hemos visto —o intuido— situaciones en las que un adulto manipula a un niño emocionalmente.

 

No es una película especialmente amable ni busca serlo. Es más bien de esas que te dejan con el cuerpo un poco torcido al salir del cine. Pero está bien construida, bien interpretada y tiene momentos muy potentes. Y, sobre todo, tiene a Petra Martínez, que cuando aparece parece decir: “Tranquilos, chavales, que aquí estoy yo para arreglar la escena”.

 

Un drama familiar incómodo, bien interpretado y contado con una mirada bastante lúcida.

 

No es precisamente cine para salir del cine bailando sevillanas, pero funciona.

 

Y deja claro que a veces el monstruo de la película no necesita maquillaje: le basta con ser papá.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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