

Cutrecomentario de Ramón:
Volver al pueblo, reencontrarte con tu ex… y encima cantar: planazo
La directora Amélie Bonnin juega aquí claramente en la liga del cine francés más íntimo y cotidiano, ese que no necesita grandes fuegos artificiales para contar cosas importantes.
No estamos ante una autora con una filmografía muy conocida a nivel internacional, pero sí ante alguien que demuestra tener sensibilidad para retratar personajes en momentos de cambio vital.
En Elegir mi vida (Partir un jour) apuesta por una puesta en escena sencilla, sin alardes, muy centrada en los actores y en los pequeños gestos, dejando que la historia respire.
Su mirada es cercana, casi costumbrista, y se nota que le interesa más lo emocional que lo espectacular. Y eso, bien llevado, funciona.
Porque la película va justo de eso: de una vida que parecía encarrilada… hasta que deja de estarlo.
La protagonista, interpretada por Juliette Armanet, es una millennial que está viviendo ese sueño tan contemporáneo de abrir su propio restaurante tras haber pasado por un concurso tipo MasterChef francés.
Vamos, lo que antes era triunfar en la tele ahora es montar un negocio con identidad propia y plato estrella con nombre impronunciable.
Pero el enésimo infarto de su padre la obliga a volver al pueblo. Y ahí se activa el mecanismo de las películas que hablan de decisiones: antiguos novios, familia, recuerdos, rutinas olvidadas… y ese restaurante de comida casera que representa una vida que parecía superada pero que sigue ahí, esperando.
El regreso no es solo geográfico, es mental. Porque de pronto se ve atrapada entre dos fuerzas muy claras:
por un lado, el apego familiar, esa obligación moral de cuidar, de estar, de no fallar;
y por otro, su propia vida, su desarrollo personal, económico y social, lo que había empezado a construir lejos de todo eso.
Y claro, elegir no es tan fácil como parece cuando lo ves desde fuera.
El pueblo, además, la recibe como si fuera una estrella, simplemente por haber salido en televisión.
Ese punto tiene bastante retranca, porque refleja muy bien esa fama rápida que hoy te convierte en alguien… y mañana ya veremos.
La película está salpicada de intervenciones musicales interpretadas por los propios actores, sin obsesión por la perfección. Y eso le da un aire muy natural, muy orgánico.
A mí este tipo de mezcla entre historia cotidiana y música siempre me funciona.
Es inevitable acordarse de El otro lado de la cama, y claro, ahí ya me tienes ganado.
Y luego está Juliette Armanet, que sostiene todo con una interpretación que es puro equilibrio: emoción sin exceso, naturalidad sin artificio.
Muy creíble.
Muy de verdad.
De esas que hacen que la película funcione incluso cuando todo es aparentemente sencillo.
Porque sí, esta es una película sencilla. Pero también es divertida, emotiva y con bastante corazón.
De esas que no te cambian la vida… pero te hacen pensar en la tuya, que al final viene a ser lo mismo, pero sin tanto marketing.
Mi puntuación: 7,66/10.

Dirigido por Amélie Bonnin:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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