

Cutrecomentario de Ramón:
No silbes… o te viene tu yo del futuro a darte la del pulpo
El director Corin Hardy ya ha demostrado que le gusta moverse en terrenos oscuros y con cierta personalidad visual.
Ahí está The Hallow (2015), una película de terror bastante atmosférica ambientada en bosques irlandeses, y también La monja (2018), dentro del universo Expediente Warren, donde jugaba más en terreno de estudio pero sin perder ese gusto por lo inquietante.
No es un revolucionario del género, pero sí alguien que sabe crear atmósferas y manejar el terror con oficio.
En Whistle: El silbido del mal apuesta por una idea potente y la desarrolla con bastante eficacia.
Porque aquí lo importante es la idea.
Un grupo de chavales en un instituto —ese instituto que parece americano aunque esto venga de Canadá, que ya es un clásico— encuentra un objeto extraño: una especie de calavera azteca que funciona como silbato.
Y ojo al concepto, que es donde la película gana muchos puntos: cuando soplas, condenas a muerte a quien escucha el silbido. Pero no de cualquier manera. Lo que viene a por ti es tu yo del futuro, justo antes de morir.
Es decir, te matas a ti mismo… pero con unos años más, más hecho polvo y con cara de haber tenido un día regulero.
Y claro, eso tiene su gracia.
Porque cuando intentas defenderte, en realidad estás peleando contra ti mismo. Contra esa versión futura más decrépita, más enferma, más cercana al final.
Y la película explota bastante bien ese concepto, que es lo más interesante que tiene.
No sé si es completamente original, pero desde luego lo parece, y dentro de un género donde muchas veces todo suena a refrito, se agradece.
Luego, eso sí, la cosa se convierte en lo que es: un slasher.
Muertes truculentas, tensión más o menos bien llevada y una estructura bastante clásica.
No hay mucho más, pero tampoco hace falta mucho más.
Las protagonistas, Chrys y Ellie, a las que dan vida las jóvenes actrices Dafne Keen y Sophie Nélisse, funcionan bien, además dentro de una historia de amor entre dos chicas que está tratada con bastante naturalidad. No es lo que sostiene la película, pero sí le da un pequeño plus emocional.
Y luego están los “malos”, que si te paras a pensarlo tienen su aquel: uno de origen africano, otro un pastor religioso… y otro personaje que aparece después con rasgos orientales. Vamos, que si uno se pone a buscar lecturas, encuentra cosas. Pero también se puede no buscar nada y quedarse tan tranquilo, que tampoco pasa nada.
En el fondo, Whistle: El silbido del mal es eso: una película que quizá no reinventa el terror, pero que tiene una idea lo suficientemente potente como para enganchar.
Está bien construida, es efectiva, tiene momentos bastante logrados y, sobre todo, tiene ese punto de encanto que hace que la veas con gusto.
No va a cambiar el género, pero oye… al menos aquí, si te matan, eres tú mismo. Y eso siempre tiene un punto poético. O inquietante. O directamente fastidiado. Según se mire.
Mi puntuación: 7,66/10.

Dirigido por Corin Hardy:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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